Esta noche ha vuelto a ser de ataques intensos en el entorno de Ormuz. El ejército norteamericano ha disparado contra numerosos objetivos relacionados con instalaciones de la guardia revolucionaria iraní, y tras el relajo que se vio en los precios a principios de la semana, el barril de crudo vuelve a superar los 90$. Las erráticas declaraciones de Trump no hacen sino añadir confusión a una guerra que se prolonga de una manera gris. Un día dice que va a lanzar un ataque muy duro y al par anuncia que la negociación va muy bien, y luego otra vez. Es evidente que no tiene el control de la situación en la zona y que, militarmente, las cosas no le van como quisiera.
Durante los últimos días varias fuentes han hablado, y no poco, sobre los posibles problemas de suministros de armas a los que se enfrenta EEUU tras lo que lleva de campaña iraní. En los primeros meses de guerra se lanzó contra la nación persa un gran número de misiles, bombas y demás artefactos que tenían dos características muy importantes. Eran precisos y caros, muy precisos y muy caros. EEUU tiene un elevado catálogo de armas de este tipo, pero sabe que, al contrario de lo que pasa con la munición convencional de disparo, debe emplearlos con mesura, porque no es nada fácil reponer las existencias frente a, digamos, balas y obuses convencionales. Son armas pensadas para dar golpes duros y significativos a instalaciones militares, infraestructuras críticas y centros de mando y decisión, pero no para hacer barridos ni para ir a por objetivos menores. Frente a ello, la respuesta iraní, es sabido, ha consistido en el lanzamiento de algunos de sus misiles, y de muchos muchos drones de bajo coste que han logrado alcanzar no pocos de sus objetivos. El daño que pueden hacer estos drones es bastante menor que el de la munición precisa norteamericana, pero se pueden lanzar en oleadas de decenas o cientos de elementos, y su fabricación puede seguir siendo sostenida día tras día. Es una de las lecciones básicas que ha dejado la guerra de Ucrania. Precisión y potencia pueden ganarse con saturación de bajo coste. Estas fuentes analizaban los stocks que, se supone, constaban en los inventarios de defensa norteamericanos, de todo tipo de elementos: misiles Tomahawk, interceptores patriot, y una amplia gama de dispositivos similares. No pocos de los analistas que han hablado estos días estiman que EEUU ha gastado entre un tercio y la mitad de lo que tenía guardado en los almacenes, en apenas unos meses de combates contra Irán. A cambio ha obtenido… bueno, no se muy bien lo que ha obtenido, si no se puede calificar directamente como fracaso. Si esos cálculos son ciertos, EEUU tiene un problema, porque la producción de repuestos de este tipo de munición es cara, carísima, y lenta, sobe todo comparado con el proceso de elaboración de drones de ataque. El resto del mundo ha visto estos informes y comparte de la idea de que EEUU ha derrochado material de gran valía de una manera irracional, por el mero hecho de presumir de ella, pero que está mostrando unas notables carencias en el caso de que la guerra se prolongue. La estrategia de defensa de EEUU se diseña en base a su abrumador poder de intervención, pero no está planteada para conflictos largos de ataque de invasión. Sí para una entrada masiva y breve que, por aplastamiento, le de el control de la situación, pero no para un conflicto prolongado en el que el consumo de material de lata calidad se dilate en el tiempo. Simplemente, no hay lo debido de eso. Por eso no son pocas las voces que dicen que detrás de esas llamadas erráticas de Trump a la negociación se encuentran asesores militares que le advierten de que no se va a poder prolongar mucho más tiempo esta tipología de ataque a riesgo de ver seriamente comprometida la capacidad defensiva del país por el mero hecho de quedarse sin armas de primer nivel que poder disparar. Si esto es así, y es plausible, el fracaso de la estrategia norteamericana en Irán alcanzaría cotas antológicas.
En parte EEUU no ha aprendido nada de lo que sucede en Ucrania desde hace años por mera soberbia, por creerse invulnerable y operar desde una posición de privilegio absoluto. Este es uno de los caminos más directos hacia el error. El avance tecnológico que ha sufrido la guerra de drones ha vuelto obsoletas varias de las armas y tácticas clásicas de los ejércitos, y esa tecnología, masiva y barata, permite a naciones como Irán enfrentarse a EEUU con el conocimiento de que no van a ganar, cierto, pero tampoco van a ser derrotados, y eso, para el Pentágono, es una muy mala noticia. Terceras naciones, pensamos todos en China, toman buena nota de lo que está sucediendo, de lo que funciona y de lo que no y, en silencio, aprenden.