Predecir el futuro es un arte, sujeto a errores constantes. También, por supuesto, en el caso de la tecnología. Cosas que parecen revolucionarias pueden llegar a serlo o acabar arrumbadas en una esquina sin impacto relevante, mientras que otras que pasan desapercibidas a primera vista pueden cambiar el mundo. La ley de Moore sobre el crecimiento exponencial de las capacidades de los chips lo ha transformado todo, pregunte usted en su entorno a ver quién conoce esa idea y de lo que se refiere. La presentación del Iphone de Apple también es un caso paradigmático de revolución total, que no lo parecía en su momento, y vaya que si lo ha sido.
En 2021 y 2022, saliendo de la pandemia, Facebook, la empresa de Marck Zuckerberg, que ya se había hecho con Instagram y Whastapp, y era la reina de las redes sociales de origen occidental (lo sigue siendo) se lanzó de cabeza a la idea del metaverso, hasta el punto de cambiarse de nombre para pasar a denominarse Meta, con un logo similar a un símbolo de infinito doblado en los extremos para tratar de parecerse a una M. El metaverso es un mundo virtual, informático, al que se accede mediante dispositivos como gafas o cascos, y en el que uno interactúa mediante un avatar, personaje informático que lo representa, en un entorno en el que todo está construido de manera informática. El suelo, los espacios, el resto de entidades, la vida que ahí se desarrolla, es como una especie de juego inmersivo, y buscaba ser una realidad paralela en la que desarrollar otra vida. Meta se lanzó a un plan masivo de inversiones con el objeto de desarrollar el soporte informático que diera servicio a toda esta idea y los dispositivos físicos que permitieran acceder a él. Las cifras comunicadas rondaban los 80.000 millones de euros, cantidades enormes, y se produjo un cierto éxito mediático del concepto. Se habló bastante de él durante un tiempo y no fueron pocas las empresas que empezaron a invertir para crear sus espacios en ese mundo virtual, empresas que venden cosas reales, o no, pero que proporcionaban recursos en ese mundo. El avatar con el que uno entraba al Metaverso tendría que “vestirse” de alguna manera, portar algo que fuera visto por el resto de usuarios, y habría tiendas en ese mundo virtual, fueran ZARA u otras reales o entidades originarias de él, que venderían ropa. Y así decenas y cientos de negocios posibles, todos ellos con publicidad, también el de los espacios mismos, porque ese avatar viviría en un punto de ese metaverso, donde se podría construir una vivienda y venderse, previa compra venta del “suelo” virtual en el que se asentase…. La idea, coherente desde un cierto punto de vista, es que un número creciente de usuarios de este mundo generarían un ecosistema en el que actividades y negocios de todo tipo irían surgiendo, por lo que el volumen de transacciones financieras crecientes sería, también, una manera de financiar el soporte tecnológico y de generar beneficios para Meta, pero potencialmente para el resto de entidades que quisieran participar en ello. En 2021 se hablaba bastante de esto y cada poco tiempo surgían iniciativas particulares, o corporativas, que se apuntaban al metaverso y creaban ahí sus espacios, tiendas, negocios, productos, etc. Meta apuntaba a que este negocio iba a sr su gran matriz de facturación e ingresos, sustituyendo poco a poco a las redes sociales. El mundo parecía prometedor para esa idea y Zuckerberg la pregonaba con la fe del convencido y la necesidad del vendedor.
La semana pasada Meta anunció el cierre de los desarrollos del Metaverso, el fin del proyecto, que ha pasado de ser la esperanza de la compañía a la nada. Replicando de una manera curiosa lo que ya pasó con Second Life hace bastantes años, una idea similar en una época de conectividad y capacidad de procesamiento muy inferior a las actuales, el Metaverso ha ido muriendo porque no logró captar audiencia, no se produjo la demanda esperada, ese mundo virtual era poco más que un páramo, y no había nada relevante en él. Y desde luego, tampoco negocio. Meta ha fracasado en una apuesta que parecía buena, y ahora destina recursos ingentes a la IA. En este caso no está sóla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario