lunes, marzo 23, 2026

Desgobierno absoluto

En la reunión especial del consejo de ministros del pasado viernes, en la que se aprobaba el Real Decreto de medidas de urgencia con motivo de la guerra de Irán, tuvimos un “deja vú” de lo que se vivía en la época pandémica cuando se celebraban reuniones extraordinarias para aprobar medidas semana a semana. Si recuerdan, esos consejos se anunciaban para el viernes por la mañana, no empezaban antes del viernes por la tarde y, ya de noche, a veces de madrugada, se publicaban en el BOE lo que se había acordado tras horas y horas de bronca interna que evidenciaba la fractura del gabinete. Era bastante patético.

Bueno, pues algo así tuvimos este viernes. La rueda de prensa para anunciar lo acordado se retrasó más de dos horas porque ese es el tiempo en el que los ministros de Restar estuvieron ausentes de la reunión, plantados sin entrar a ella. Al parecer sí había consenso entre todos los miembros del gobierno sobre el grueso de las medidas, muchas de ellas vilipendiadas hasta horas antes de la reunión por los portavoces oficiales y mediáticos del ejecutivo, al ser bajadas de impuestos propuestas por el PP, pero los de Restar querían incluir entre las medidas toda la batería relacionada con los alquileres, las prórrogas y congelación de los contratos que se mantienen de manera excepcional. Sabido es que Junts, esa formación tan de izquierdas y progresista con la que Sánchez mantiene una enamoradiza relación, no va a aprobar ninguna norma en el Congreso que suponga intervenir más el mercado de los alquileres, por lo que desde el sanchismos e enfatizaba que incorporar eso en el decreto de medidas económicas supondría casi seguro la garantía de que no iba a ser ratificado por el Congreso. Finalmente, tras el enfrentamiento, se optó por una solución absurda, que es la de crear dos decretos. Uno, con las medidas económicas energéticas, que es casi seguro que será respaldado, y otro con el paquete exigido por Restar, que casi con la misma seguridad que en el caso anterior será rechazado por el Congreso. En la rueda de prensa en la que se explicaron las medidas acordadas, Sánchez calificó de “salseo” la muestra evidente de ruptura que se vive en su gabinete, la incapacidad de mostrar una unidad, aunque sea falsa, en la mesa del consejo de ministros, y la evidencia de que la campaña electoral para las generales ya está en marcha, sean cuando sean. Los ministros de restar, que ya han vendido toda la dignidad que pudieron llegar a tener a cambio de puestazo y salario, y que viven a crédito desde hace mucho tiempo, saben que nunca, salvo mayúscula sorpresa, van a volver a ostentar cargo de representación tan significativos y tan bien remunerados. Nunca van a tener nóminas como las de ahora, y eso les importa mucho más que su propia dignidad o la formación política a la que dicen pertenecer. Elección tras elección las marcas de eso que se llama la izquierda de la izquierda, a la izquierda de la izquierda del PSOE, que supongo se puede llamar extrema izquierda de la misma manera que lo que está a la derecha del PP se llama extrema derecha, cosechan resultados más decepcionantes, hasta el caso de las últimas elecciones, las de Castilla y Léon, donde directamente no han obtenido representación. La habitual fragmentación con la que se presentan, las constantes rencillas sobre la pureza ideológica de unos grupos en los que el carácter dogmático se impone ante cualquier otra premisa, y la incompetencia manifiesta demostrada durante su acción de gobierno han acabado con la estrella que alguna vez pudo brillar en ese espectro ideológico, y ahora, los más pusilánimes buscan aventuras fuera de la política y los que más se han acostumbrado a la vidorra que les proporciona un escaño tratan como sea de mantenerlo, no vaya a ser que tengan que trabajar alguna vez. Porque ya se sabe, el que más defiende al trabajador sabe muy bien hasta qué punto es de pringados trabajar, y eso es lo último que quiere para sí.

La división del gobierno y la decadencia de Restar, con sus batallas internas abiertas, pone al actual ejecutivo en la tesitura de ser poco más que un trampantojo, como siempre al servicio de su sanchidad, pero sin capacidad operativa real. Con una oposición necia que no es capaz de alcanzar las cifras para una moción de investidura, el presidente sigue día a día al frente de un cargo que no ejerce, pero que engorda su infinito ego. Su partido sigue el proceso de demolición que se acentúa en cada cita electoral y la vida política nacional se convierte en una cutrez de dimensiones épicas, de la que huye cualquiera que tenga dos dedos de frente. Con estos mimbres afrontamos lo que pueda llegar del desquiciado exterior.

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