miércoles, marzo 18, 2026

Piezas cobradas en Oriente y EEUU

Ayer Israel volvió a demostrar que posee los mejores servicios de información del mundo, y que ese trabajo de análisis se puede traducir, en breves instantes, en operaciones de ejecución tan frías como certeras, capaces de eliminar a aquellos sujetos que el gobierno tenga identificados como de interés. Pese a las precauciones tomadas, Israel ha descabezado nuevamente a la cúpula del poder iraní, no al proclamado nuevo líder supremo Jamenei hijo, del que se sabe bien poco, sino a los que actualmente regían los designios del país: el líder de la seguridad iraní, Ali Larijaní, y el jefe de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani. Dos hombres fuertes capaces de controlar las riendas del poder, lo militar y la represión social.

Por su parte, en EEUU caía el responsable de la seguridad interna antiterrorista, John Kent, pero no eliminado físicamente ni nada por el estilo, no. Dimitía de sus cargos, y en una carta hecha pública acusaba al lobby israelí de haber engañado a Trump y sus asesores para embarcarse en una guerra inútil contra un Irán que no suponía una amenaza para la nación. Ante esta baja, la respuesta del ególatra supremo ha sido de calificar a Kent como “débil”, literalmente, y no darle importancia alguna a su marcha, pero el hecho es que lo tiene. Por una parte, lo que dice en su escrito de renuncia es lo que se defiende desde muchos altavoces, de ideologías variada, la idea de que EEUU ha sido arrastrado a una intervención en la que no creía y que veía con más problemas que ventajas, que es Netanyahu el que lidera las hostilidades y el que tiene una posición de fuerza, entre otras cosas muy necesaria para salvar su propio pellejo político respecto a las acusaciones de corrupción que no pueden actuar contra él mientras se mantenga la guerra. Por otra, Kent, el dimitido, no es precisamente un demócrata que viene de la administración Biden y que, en su momento, no fue relevado por Trump. No, Kent es un miembro activo del MAGA, el movimiento populista que creo Trump y que ensalzó a Trump como su mesías. Es un conservador furibundo, alguien para el que el republicanismo clásico llega, como mucho, al nivel de derechita cobarde, para entendernos por aquí, y que se ha apuntado a todas las campañas de desinformación habidas y por haber desarrolladas por el entorno MAGA respecto a la actualidad nacional e internacional. Es un nacionalista norteamericano radical y un aislacionista patológico. Si ha dimitido no es por la conciencia de que EEUU esté actuando erróneamente, o por el miedo a que las consecuencias económicas de la guerra castiguen al bolsillo del votante o cosas por el estilo. No, si lo ha hecho ha sido porque considera que Trump ha traicionado los principios con los que se presentó a las elecciones y cosecho millones de votos, entre ellos el suyo. Trump vendió la idea de que EEUU no se iba a meter en más guerras inútiles, de esas que duran muchos años, llevan cadáveres a los pueblos del interior del país y acaban o en espantadas humillantes o en derrotas sonoras. Eso era cosa de los demócratas, de esos intervencionistas que olvidan al pueblo norteamericano. Él se iba a centrar en el país, en arreglarlo, en olvidar lo que pasara fuera y dejar que si alguien tuviera problemas en el exterior se las apañase. Poco después de cumplir el primer año de mandato Trump y su gabinete e han desatado en una política internacional intervencionista en grado sumo de una manera tan bruta, improvisada y macarra que tiene estupefactos hasta a los suyos. La base de votantes MAGA se está revolviendo contra las directrices de una administración, por llamarla de una manera, que se ha convertido en la más intervencionista y belicosa de las que ha habido en las últimas décadas, y eso de momento sólo se ha traducido en cadáveres volviendo al país, por ahora pocos, y unos precios que amenazan con volver a dispararse y asediar al consumidor, y votante.

Con este panorama es normal que las encuestas pronostiquen la elevadísima probabilidad de que, en las elecciones de medio mandato, a celebrar en noviembre de este año, los demócratas se hagan tanto con el Senado como con la Cámara de Representantes, cercenando notablemente los poderes presidenciales. Trump dice que eso le da igual, y lo peor es que quizás sea cierto, tanto por la absoluta indiferencia que muestra hacia todo lo que no sea él como por el hecho de que pueda osar a incumplir la voluntad de las cámaras, mandando en contra de sus elecciones, o incluso porque ya tenga pensado que eso de las elecciones de medio mandato es un incordio que no debe celebrarse, para no distraerle de sus ensoñaciones. Todo puede ser.

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