En el primer fin de semana de la campaña electoral para las elecciones de Castilla y León estalló la guerra de Irán, y desde entonces, tanto las dos semanas de mítines como la jornada electoral han estado sepultadas por lo que iba sucediendo en el país persa y sus alrededores. El ojo de los informativos ha estado muy alejado de esa Comunidad Autónoma, y sólo ayer, el día de las votaciones, los informativos se centraron en ella, pero incluso en los programas especiales se mantenía un ojo fijo en Ormuz, con las últimas noticias que llegaban desde allí, entre escaño bailante y porcentaje de escrutinio.
Los resultados no han sido demasiado sorpresivos, aunque sí hay algunas diferencias respecto a lo que señalaban las encuestas. El PP gana, como se esperaba. Sube en escaños, de 31 a 33, y en porcentaje de voto, algo más de cuatro puntos, siendo este su dato más positivo de la noche. La mayoría absoluta queda muy lejos para Mañueco, pero eso lo daba todo el mundo por descontado. Frente a los resultados extremeños o aragoneses, buenos, pero por debajo de las expectativas, el PP puede estar bastante satisfecho. El PSOE sube en escaños, pasa de 28 a 30, y gana casi un punto porcentual. Esta es una de las sorpresillas de la noche, porque las encuestas daban por sentado que iba a perder los comicios, como así ha sido, pero le otorgaban un resultado peor. Tras la debacle de Extremadura o Aragón el PSOE puede sentirse aliviado, aunque no el sanchismo. En este caso el candidato no es un exministro, sino alguien local, que lleva siendo alcalde de Soria bastante tiempo, y que ha hecho una campaña propia en la que Ferraz no ha tenido papel relevante. Huir del sanchismo le ha beneficiado al PSOE, lo que es algo que todo el mundo sabe menos en la menguante secta de los adoradores al líder monclovita. ¿Extraerá alguna lección de esto el partido? Probablemente no, ya que los siguientes comicios, Andalucía, presentan a la Vicepresidenta de candidata, por lo que el voto de castigo al sanchismo, como en las dos primeras elecciones regionales de este año, se repetirá. VOX ha quedado tercero, como se esperaba. Sube un escaño, llegando a 14. Es un muy buen resultado numérico, pero confrontado con las expectativas resulta un gatillazo. Ansiaban llegar al 20% de los votos y, por poco, no han logrado el 19%. Su trayectoria de disparo, que se dio en Extremadura y Aragón, se ve frenada en estas elecciones, y por primera vez se pueden encender algunas señales de alerta en los cuarteles, nunca mejor dicho, de la formación. Supongo que las purgas de estas últimas semanas y la deriva psicótica que caracteriza a esa formación desde sus inicios, que no hace sino acentuarse, no contribuirán a que su ascenso sea sostenido. Un partido que se dice amigo de los agricultores y que sigue de manera servil al magnate que está provocando una subida de los precios de los combustibles por sus aventuras en Irán debiera hacérselo mirar. Pero no esperen reflexión en VOX, me sorprenderían si así fuera. En todo caso, mantienen el control de la investidura, porque sus votos son necesarios para ella, por lo que están en una situación de chantaje similar a la que presentan Extremadura y Aragón. Es probable que, tras la jornada de ayer, se empiecen a desencallar los pactos de coalición entre PP y VOX en estas regiones, pero no es menos cierto que hoy VOX tiene una posición algo más débil que la que mantenía ayer antes de los comicios. El resto de procuradores se atribuyen a fuerzas regionalistas como la agrupación leonesa, con tres, Ávila existe con uno y Soria ya con uno. Esta última formación pierde dos parlamentarios, uno de ellos va a parar al PSOE, por lo que sale derrotada de esta noche. La izquierda de la izquierda a la izquierda de la izquierda del PSOE consigue unos resultados lamentables. Con unos veintitantos mil votos lo que es IU Sumar se convierte en una resta absoluta. Pablemos alcanza un tercio de esa cifra de votantes, y es duplicado por lo que saca la cutrez de Alvise. Las tres formaciones son escombros.
El resultado de ayer es beneficioso para el bipartidismo, ya que las dos formaciones nacionales salen ganando, y malo para los extremos, que menguan. El espectro extremo de izquierdas sufre, como les comentaba, un resultado tan lamentable que Rufián empieza a temer seriamente por la vidorra que se pega a cuenta de representar las presuntas esencias de algo que se disuelve. La extrema derecha también ve un primer escalón, el del 20% de los votos, que se le vuelve resistencia, que no logra franquear. Ojalá esto suponga el inicio de su bajada y que, junto con Pablemos y cía, llegue a la irrelevancia absoluta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario