viernes, marzo 06, 2026

Errores profundos de EEUU

Más allá del aprovechamiento partidista de la guerra de Irán por parte del presidente del gobierno y de las declaraciones anómalas, siendo diplomático, del ególatra que rige en la Casa Blanca (vaya dos castigos nos han tocado) el desarrollo de la guerra ofrece ya algunas lecciones interesantes, y EEUU no sale precisamente victorioso de ellas. Sospecho que los generales veteranos del ejército de ese país deben estar con un profundo cabreo al ver cómo se desarrollan los acontecimientos y comprobar como sus estudios de estrategia se han sustituido por tuits baratos, consumibles y de rápido olvido. Triste, pero es lo que hay.

Lo más importante, EEUU parece no tener una estrategia sobre qué es lo que quiere hacer. Más allá de la eliminación de la cúpula del régimen y la destrucción de sus principales capacidades militares ofensivas, ¿cuál es el objetivo de la guerra? Desde Washington se ha esgrimido el cambio de régimen como uno de los fines buscados, pero eso ha sido los días pares, ya que los impares lo de que el régimen cayera se consideraba como algo accesorio. Trump alentó a los iraníes sometidos a la dictadura teocrática a que se levantasen contra los tiranos cuando las bombas cesases, pero ayer mismo afirmó que desea que el poder lo tutele alguien a quien el pueda seleccionar y le sirva, al estilo Delcy, de tal manera que la dictadura pudiera mantenerse en pie sin problema. Este continuo cambio de posición es una muestra de desnorte asombrosa por parte de la principal potencia global, algo inédito en los EEUU, donde las cosas se piensan y planifican en detalle, independientemente de que luego, como es obvio, los planes salgan como estaban previstos. Aquí todo parece fruto de la improvisación, de las prisas, del seguidismo a un Israel dominado por la facción dura de Netanyahu que no tiene mucho que perder arrasando su vecindario pero que ha logrado enfangar a su gran aliado en una guerra que, como mínimo, va a causar serios costes económicos. Si esto fuera normal EEUU llevaría el liderazgo de las operaciones e Israel acataría sin rechistar lo que se le dictase desde Washington, porque está claro quien manda, pero no sucede nada de eso. Una muestra de la precipitación es que EEUU sólo dispone de fuerzas navales y aéreas para atacar el país, por lo que puede realizar campañas de bombardeo más o menos intensas, que obviamente debilitarán mucho al ejército iraní y a todas sus capacidades de ataque, pero que por sí mismas son incapaces de lograr una revolución en el país, una nación inmensa, unas tres veces España, con cien millones de habitantes y con millones de ellos formando parte de los cuerpos estatales afectos al régimen. Irán no es un barrio de las afueras de una urbe, sino un país complejo y difícil, y pensar que se puede lograr un control y sometimiento del mismo sólo con el empleo de la fuerza aeronaval se me antoja de una ingenuidad propia de primaria. Las noticias de estos días de que los norteamericanos están alentando a los kurdos para que ataquen a los iraníes son, a mi entender, otro disparate propio de la improvisación, que sólo va a conseguir que más kurdos fallezcan, si comienzan las hostilidades, cuando los norteamericanos les abandonen nuevamente a su suerte. Esta no es manera ni de hacer guerras ni de trabajar sobre el terreno ni nada de nada. Es un desastre como operación estratégica y muestra, como en todo lo que hace Trump, una combinación de riesgo, soberbia, ignorancia y desprecio por la realidad que resulta asombrosa, casi patológica. Y si eso es peligroso en economía o en otras cuestiones sociales, en temas militares ni les cuento.

Dada la improvisación absoluta en la que estamos, tampoco es descartable que Trump, como el niño caprichoso que es, se harte en unos días de todo y de por concluida la operación tras unos cuantos días de ataques, decretando una victoria en el punto en el que desee sin que nadie tenga claro qué es lo que se ha podido ganar. Estaríamos ante el tramposo que mueve la portería, o cambia las reglas a mitad de juego, para determinar que así ha ganado y ya está. Y todo el mundo se quedaría con la cara de asombro y mosqueo que se nos ha perpetuado desde que este personaje volvió a la presidencia del país más importante del mundo. Su proceso de destrucción de esa nación y de la cordura progresan adecuadamente.

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