lunes, marzo 02, 2026

El ataque fue por la mañana

A lo largo de la tarde noche del pasado viernes se sucedieron los mensajes de alerta lanzados por los ministerios de asuntos exteriores de gran cantidad de países, empezando por China y siguiendo por los europeos, solicitando a sus nacionales que abandonasen Irán. A su vez, saltaban alertas de aerolíneas que decidían suspender sus vuelos a Teherán en un movimiento que, casi siempre, precede a un ataque, aunque a veces se produzca con una antelación muy elevada respecto al momento preciso en el que comienzan las hostilidades. Veía todo eso y mi apuesta de que, tras las conversaciones en Ginebra, Trump había decidido golpear, crecía en probabilidades. ¿Cuándo será el momento preciso? ¿Cómo?

No hubo que esperar demasiado, ya que al levantarse el sábado todo el mundo supo que la acción había sido madrugadora, no nocturna, como suele ser en estos casos, sino de día, iniciada ya la mañana en Irán, pasadas las siete en España, con el alba empezando a asomar en la península en una mañana tranquila, fría y soleada. La operación, denominada Furia Épica, en un intento bastante casposo de copiar a lo que parece más una secuela del universo Marvel que a otra cosa, se desarrolla conjuntamente desde el inicio por las fuerzas de EEUU e Israel. En una primera tanda de ataques, en la mañana del sábado, las fuerzas israelíes se centraron en los objetivos de control y mando del régimen, incluyendo las residencias del líder supremo y de numerosos altos cargos del ejército y la seguridad iraní, mientras que los norteamericanos atacaban, vía aviación y el empleo de misiles desde barcos, instalaciones militares, capacidades balísticas, depósitos de munición, complejos relacionados con el desarrollo nuclear y, en general, todo lo relacionado con la capacidad militar del país. Un doble golpe, muy intenso, que buscaba tanto descabezar el régimen como debilitar sustancialmente sus capacidades ofensivas, degradándolas hasta el punto de que no supusieran un problema. Una guerra intensa, de salvas, como se dice ahora en la literatura especializada, sin desplazamiento de tropas sobre el terreno, sólo de lanzamientos de precisión buscando causar el mayor impacto posible en un tiempo breve, que cause una conmoción en el país atacado, una desestabilización de las estructuras de poder. Lo que en un principio parecía ser una operación de advertencia se convirtió, a las pocas horas, en una clara intentona de derrocar al régimen en su conjunto. Hay muchas dudas sobre el por qué de la operación y el cuándo escogido, pero parece que la inteligencia norteamericana detectó a muy primera hora del sábado una reunión entre el líder supremo y gran parte de su cúpula en las instalaciones oficiales del régimen, no en un búnker o algo similar, y la posibilidad real de cazar a todos ellos de un golpe precipitó la ofensiva. Desde el mediodía las fuentes israelíes daban como probable que Ali KAmenei, el líder supremo iraní, con casi cuatro décadas al frente de la dictadura, había caído, junto con una buena parte de su cúpula de seguridad y control. Los norteamericanos no difundieron esta información hasta ya entrada la noche del mismo sábado, dando entonces por segura la muerte del número uno del régimen iraní, y un presentador de la televisión oficial persa lo confirmó, entre sollozos a lo Arias Navarro, en la madrugada europea. El intento de decapitación había sido un éxito, la dimensión del golpe, enorme, las consecuencias potenciales de la acción, espectaculares. El escenario regional había sido completamente alterado de un plumazo y el impacto de la noticia era, a lo largo del domingo, el monotema en los canales informativos de todo el mundo. Esta vez Kamenei no iba a acompañar a Maduro en una celda de Brroklyn, no. Estaba ya en el mundo de los muertos.

A lo largo del fin de semana se han sucedido los ataques norteamericanos e israelíes, y la respuesta iraní, en forma de lanzamiento de misiles y drones contra objetivos situados en todas las naciones ribereñas del golfo pérsico. Estos ataques han causado daños leves, algunas bajas, el absoluto caos aeroportuario en una de las principales regiones de conexión logística de pasajeros del mundo, el corte preventivo del tráfico de buques en el estrecho de Ormuz y la alerta generalizada en toda la región. A esta hora de la mañana, golpeado, el régimen iraní sigue, no ha caído, y se esperan días de bombardeos, respuestas y contrarespuestas en una nueva guerra desatada en la zona. En esta ocasión, con el destino de Irán de fondo. Alucinante.

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