viernes, febrero 27, 2026

Cocaína por doquier

Esta semana otra mujer, al parecer actriz, ha presentado demanda contra Íñigo Errejón por abusos sexuales, por haber sido forzada por el que parecía un crío inocente. Sobre el personaje, su hipocresía y demás ya he escrito, y otros lo también lo han hecho mejor que yo. Quiero fijarme en un detalle secundario de la denuncia En ella la demandante describe sucintamente la situación que derivó en abuso haciendo hincapié en el consumo de alcohol y cocaína por parte de ambos, agresor y agredida, en un contexto de fiesta, consumo que, por lo que se intuye, no tenía nada de esporádico ni de mínimo. Lo de ponerse de copas hasta arriba no es algo excepcional, pero por lo que parece, colarse con rayas tampoco.

Y digo esto porque los datos, siempre muy imprecisos en este campo, hablan de una realidad de consumo de cocaína que es más que abundante en nuestro entorno. Las principales estimaciones se hacen en función de los alijos decomisados, cada vez mayores, los que se estiman que no se interceptan, y la mejor de las pruebas, el estudio de las aguas residuales de las ciudades, que sirvió en sus tiempos para prevenir las olas de Covid y ahora también señala que la gente se mete polvos en su interior más de lo que podría imaginarse. A grosso modo se estima en un 7% el porcentaje de la población que consume cocaína, y eso en un país de casi cincuenta millones de habitantes es mucho. Mucho. Los consumos se supone que se disparan el fin de semana, por eso del ocio, pero esta droga está muy vinculada también al trabajo, a la activación máxima del cuerpo ante situaciones de tensión, y es por ello que, aunque sí hay picos, se ve que los valles de los días laborales no son muy profundos. Hay un consumo regularizado y sostenido por parte de cientos de miles de personas que ven en esta droga algo de lo más convencional en sus vidas. Por lo que me cuenta alguna persona bastante joven, en su entorno casi es más frecuente el recurso a la cocaína y a drogas sintéticas que al alcohol en sus múltiples variedades, lo que no deja de ser algo chocante. La cocaína es una droga que mata, que destruye al que la consume, que deja secuelas y que destroza los entornos personales y sociales de los lugares en los que penetra, pero aun así sigue teniendo una imagen positiva. A un consumidor de cocaína no se le ve como un adicto, un enganchado, un drogata. Si me apuran incluso lo contrario, como alguien de éxito que recurre a eso para mantenerse en la cresta. Es una droga que tiene un estatus muy especial y que no ha conseguido perder con los años. Así mismo se ha dado en estos últimos tiempos un fenómeno curioso, que es su abaratamiento. Mientras el precio de la cesta de la compra no deja de subir, el de la dosis de coca ha ido bajando a medida que parte de la producción que era consumida en EEUU se derivaba a Europa dado el impacto que el fentanilo ha tenido en el mercado de los adictos norteamericanos. Europa está invadida de alijos, no cesan de llegar de cualquier manera imaginable y sus efectos económicos empiezan a ser más que serios en naciones como Países Bajos, donde la economía de la droga comienza a tener mucho más poder del debido en un sistema político que no es un narcoestado, pero que empieza a tener algunas de sus características. Lo cierto es que el consumidor accede hoy en día a un producto más barato que antaño y de mejor calidad, en el que la pureza es mucho más elevada de lo que solía ser. Ponerse renta más en todos los sentidos. Fuerzas de uno y otro sentido alientan el crecimiento de un mercado que no parece tener techo, y las noticias en las que sucesos de todo tipo tienen implicados a personas que han consumido cocaína se suceden, y son vistas con la naturalidad que refleja la extensión de su consumo en nuestra sociedad. ¿Cómo no va a tomarla él si yo lo hago, o conozco a alguien que lo hace?

¿Toma usted cocaína? ¿Lo ha hecho alguna vez? No, no me conteste, por supuesto, píenselo en su interior. Les confieso que mi papel de recatado en la vida no es una pose, y pese a que he podido hacerlo, nunca he consumido esa droga (y creo que ninguna otra, salvo alcohol) No me llama la atención para nada, no me resulta atractiva, no me estimula su presencia, no me pone, no….. Nunca la he probado, se lo confieso. Lo cierto es que tenemos un problema social con la normalización de algo que no lo es, con el consumo de una sustancia tan dañina. ¿Cuántos de su entorno de trabajo darían positivo en cocaína si se hiciera un control aleatorio un día cualquiera? ¿Cuántos entre su familia o amistades?

No hay comentarios: