lunes, febrero 02, 2026

Burbuja del oro reventada

Enero ha sido un mes apoteósico, le ha dado tiempo a todo lo imaginable, hasta el punto de que hemos asistido al disparo y derrumbe de una burbuja en los metales preciosos, un fenómeno que venía sucediendo desde hace tiempo y que en las primeras semanas de 2026 se exacerbó, alcanzando el oro y plata valores nunca vistos, y registrando sus gráficos un ascenso exponencial que sólo podía acabar de una manera. En esto de las cotizaciones, subir como un cohete es peligroso, porque puede pasar como en los dibujos animados, que en plena subida agota el combustible y se queda colgando un instante en el cielo antes de comenzar a caer a lo loco.

El viernes el oro llegó a caer un 12% y la plata un 32%, pulverizando todas las ganancias deslumbrantes que se habían acumulado desde el inicio del año. El metal precioso por excelencia llegó a superar los 5.500 dólares la onza (escribí aquí sobre ello al tocar los 5.000) y terminó el viernes por debajo de ese nivel psicológico, cotizando ahora mismo en los 4.500 dólares la onza, un valor muy alto en la serie histórica, pero a mil dólares del máximo registrado apenas un par de días antes. Con la plata las cosas han sido aún más exageradas. Tocó techo en 119,87 dólares el mismo viernes 30 de enero y ahora cotiza en el entorno de los 75$, un derrumbe salvaje del -37,43% Son cifras propias de burbuja, de las de toda la vida, y cumplen lo necesario para denominarla como tal, dado que se e el ascenso fulgurante y, ay, el derrumbe, que es lo que permite llamarlas así. Desde que la cotización de oro y plata comenzaron a desplomarse se produjo el típico pánico vendedor de quienes se habían subido al carro de las subidas en máximos, junto con la liquidación de espabilados que llevaban grandes ganancias acumuladas, y que este viernes las convirtieron en efectivo, saliéndose de un mercado en el ellos, y pocos más, resultaban ganadores, y una gran masa se convertía en pagana de un movimiento desquiciado de subida que a buen seguro había obnubilado a más de uno. ¿Cuántos se han arruinado con este movimiento? Conozco a más de uno que se ha metido a jugar en este mercado de materias primas, al calor de las subidas, pero de manera prudente por la poca cantidad de dinero que han puesto, como si fuera un juego y uno coloca un par de fichas ahí a ver que pasa. Han puesto poco dinero que pueden arriesgarse a perder sin consecuencias, y alguno de ellos ya estará en pérdidas, pero no les va a quitar el sueño. Sin embargo es bastante probable que al calor del subidón de las cotizaciones no hayan sido pocos los que sí que se hayan metido en estos valores con cifras respetables, con cantidades serias que, en caso de pérdida o de bloqueo para no ejecutar la pérdida, pueden ser realmente significativas para sus economías. ¿Cuántos se han quedado atrapados en este movimiento? La brusquedad del mismo, por su dimensión y velocidad, es la propia de los mercados actuales donde hay muchísimos operadores particulares jugando desde sus apps y un montón de bots, programas automáticos, que actúan de manera fulgurante y pueden amplificar todo tipo de movimientos en manada. Una caída del valor de un tercio, como la de la plata, deja muertos y heridos, financieramente hablando, supone un desplome de mercado de consecuencias inevitables para casi todo el mundo, y destruye valor de una manera absoluta. Sí, valor que no sería cierto, pero era convertible en real antes del desplome. En el juego de los mercados las expectativas son una pieza fundamental, y el viernes por la mañana la sensación de euforia entre los inversores de oro y plata era generalizada, tanto como la del pánico unas horas después. A más de uno este fin de semana le habrá sentado peor que mal.

A otro que le ha ido mal en estos días es al Bitcoin, que ha pasado de rozar los 90.000 el viernes 28 a encontrarse ahora en el entorno de los 76.000. El, a mi modo de ver mal llamado, “oro digital” no ha servido como valor refugio en medio del desplome de los metales preciosos, porque el Bitcoin es de todo menos refugio. Aquí la pérdida ha sido menor que en los metales, pero nada pequeña, aunque es cierto que los que se meten en el mercado de Bitcoin saben que se lanzan a una selva en la que las posibilidades de ser devorado son elevadas. Hay mucho aventurismo, pero no tantos ingenuos. Desde luego sospecho que menos que los atrapados en el oro y plata.

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