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miércoles, junio 10, 2026

Apache vs Dron

Si busco en Google cuánto cuesta un helicóptero Apache, Gemini me contesta que la cifra básica es de unos 52 millones de dólares, a los que se debe incorporar munición, sistemas de radar y demás, y toda una serie de conceptos que se incluyen en los contratos de compra, como mantenimiento, simuladores, formación de pilotaje, repuestos, etc. Un elemento de este tipo no funciona sólo, sino que requiere una logística enorme. Señala la IA de Google que los últimos acuerdos firmados por EEUU con Israel o Polonia para suministrar estos helicópteros a sus ejércitos han hecho que cada unidad salga a un coste de unos cien millones de dólares.

Pues bien, ayer por la tarde noche un dron iraní derribó uno de estos helicópteros en las proximidades del estrecho de Ormuz. Los dos tripulantes del aparato pudieron salvarse, pero la nave se perdió por completo. No se que tipo de dron sería el empleado, a priori, puede que un shahed de los que Irán hace versiones y unidades a lo loco, pero pudiera ser de otro tipo. En todo caso, el objeto que derribó al helicóptero era no tripulado, con lo que el riesgo para el operador iraní era realmente bajo comparado con el de los tripulantes de la aeronave, y sin determinar el objeto atacante preciso no puedo buscar cuánto ha costado, pero se estima que un shahed cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares la unidad. Pongámonos en lo más caro, hacemos unas pocas cuentas y deducimos que un Apache cuesta lo mismo que dos mil drones shahed. Un helicóptero por el coste de dos mil drones. La ratio es realmente asombrosa. Desconozco cuál es la efectividad de los shahed en el caso de un enfrentamiento entre ellos y los Apache, cuántos drones son necesarios, de media, por ataque, para derribar a un helicóptero, pero sospecho que harán falta menos de dos mil. Cualquier que vea estas cifras puede empezar a pensar, fríamente, hasta qué punto compensa hacerse con unos helicópteros o con la licencia para fabricar drones. Piense usted que los drones, obviamente, no están tripulados, por lo que no sólo el riesgo de que el piloto pueda sufrir algún tipo de lesión o baja queda descartado, es que simplemente no hay que aprender a pilotar. El dron vuela al objetivo teledirigido parcialmente en plan videojuego o lo hace de manera autónoma con sensores en los que el software juega el papel determinante y donde la IA empieza a tomar sus propias decisiones una vez que se ha marcado cuál es el objetivo que atacar. El dron puede emplearse contra elementos en vuelo, como helicópteros o aviones, o blancos fijos, bien sean tropas, infraestructuras militares, residencia de civiles o cualquier otro tipo de objetivo, y aunque las capacidades destructivas de un Apache son elevadas, dada la munición que porta, vemos cada día en el frente ucraniano como oleadas de cientos de drones causan daños generalizados en las zonas a las que son dirigidos, tanto por los rusos como los ucranianos. Los porcentajes de drones interceptados son elevados, normalmente superiores a la mitad de los que forman parte de la oleada de ataque, pero basta que unos pocos logren llegar a sus objetivos para infringir daños y atemorizar al rival. En el ataque por drones precisión es una palabra importante, sí, pero aún más lo es saturación. No hay sistema de defensa que sea capaz de parar la totalidad de una embestida en la que cientos de naves proyectil se dirigen contra un escenario. Hay experimentos con métodos de inhibición de frecuencias y cosas por el estilo, incluso el uso de láseres para poder eliminar a los drones, en ejercicios que parecen películas futuristas, pero ahora mismo eso está en plan experimental, y a un nivel de coste disparatado frente a lo que supone un enjambre de cientos de unidades. Y pensemos que los shahed son drones de un cierto tamaño, y por ello coste. Imagine usted un enjambre de drones minúsculos, como esos que se usan en los parques para grabar vídeos, cargados de explosivo y que se concentran en un objetivo (avión de combate, helicóptero, etc). La escena puede ser fantasiosa, pero empieza a darse.

Si algo ha enseñado la guerra de Ucrania al resto del mundo es que las tecnologías militares han revolucionado la estrategia, y que ahora mismo las grandes y caras plataformas como tanques, fragatas o helicópteros son muy muy vulnerables ante ataques de drones de coste ridículo. Ucrania, Turquía o Irán han marcado el camino al resto, pero EEUU muestra lo poco que algunas naciones han aprendido sobre lo que lleva sucediendo desde hace pocos años. Y si los norteamericanos están así ni les cuento los europeos, que ahora han fracasado a la hora del diseño conjunto de un nuevo caza de combate, cuando probablemente los cazas se están quedando obsoletos. Hagan números.

lunes, marzo 09, 2026

Errores militares de EEUU

Ya llevamos más de una semana de guerra iraní, y se pueden extraer las primeras conclusiones del enfrentamiento armado. EEUU e Israel tienen prácticamente el control del cielo iraní, de tal manera que la aviación persa, lo que aún exista de ella, apenas puede operar, y las defensas antiaéreas no son efectivas. Las campañas de bombardeo se pueden realizar sin excesivo riesgo por parte de quienes las desarrollan y el número de objetivos alcanzados crece día a día. La respuesta de Irán se materializa en forma de misiles balísticos que atacan a los países vecinos, centrados en las bases conjuntas con EEUU, e infraestructuras como aeropuertos o desaladoras.

Y claro, los drones. Esta es la gran arma iraní y el gran fracaso norteamericano. Desde hace cuatro años asistimos todos, en Ucrania, a la eclosión del dron como arma en todos los sentidos. Ataque, defensa, observación, suministro, apoyo…. La evolución tecnológica y de capacidades de estos cacharros ha resultado asombrosa, y dignade estudio para todo aquel que le ha prestado una mínima atención a lo que allí pasaba. Al parecer, en EEUU, poseedores de una fuerza abrumadora, han descuidado este aspecto, lo han considerado menor, pobre, propio de naciones carentes de alternativa, y es en estos momentos cuando descubren que los drones les pueden suponer un enorme problema. Varios de los objetivos militares norteamericanos en la zona, entre ellos algunos radares de importancia estratégica, han sido alcanzados y destruidos por drones iraníes sin que se haya visto ningún tipo de defensa actuando frente a ellos. Asombroso. En los ataques que se producen contra los países vecinos e Israel Irán lanza drones de coste bajo frente a interceptores de respuesta que pueden costar diez veces más, y cuyos stocks no son precisamente ilimitados, dadas las dificultades que existen para producirlos, por coste y tecnología. A finales de la semana pasada se dio el ofrecimiento, por parte del atacado Zelensky, por parte del despreciado Zelensky, de ayuda a los EEUU para suministrarles y adiestrarles en el uso de drones interceptores, diseñados para evitar el impacto de drones de ataque, que poseen una efectividad similar a los interceptores clásicos (no son infalibles) pero que cuestan mucho menos, no necesitan costosas plataformas para operar y se pueden lanzar en masa, como los de ataque, de tal manera que neutralizan el efecto de saturación que un enjambre produce. El ejército de EEUU ha aceptado la oferta y se ha mostrado muy interesado, demostrando primero la mezquindad de la administración que desprecia al ucraniano atacado, y en segundo lugar, cómo la soberbia de quien tiene el mejor ejército del mundo se cree invulnerable. Es evidente que en un enfrentamiento convencional nada se puede hacer frente a las capacidades norteamericanas, pero claro, un país atacado que quiera responder no puede hacerlo de manera convencional, a sabiendas de su derrota, por lo que escoge otras vías. Irán es castigado duramente noche tras noche en bombardeos de alta intensidad, que acabarán destruyendo sus capacidades industriales y militares si siguen a este ritmo, pero la posibilidad de generar disrupciones en el tráfico aéreo, de meter miedo a sus vecinos, de colapsar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y, en definitiva, de hacer daño a los que le atacan sigue, dado que se recurre a unas capacidades versátiles y muy móviles, que no son tan fáciles de identificar ni de eliminar mediante el ataque aéreo convencional. Los silos de misiles balísticos y sus plataformas de lanzamiento fijas es probable que ya hayan sido eliminados, pero perseguir lanzadores de drones es bastante más difícil. Uno supone que, a sabiendas de todo esto, el régimen de los ayatolas posee suministros guardados de drones en abundancia para aguantar el tiempo necesario para agotar la paciencia del ególatra Trump, causando de mientras un daño económico elevado a la economía occidental. Esa es su mejor estrategia de supervivencia.

Los drones han revolucionado el escenario militar, y EEUU no se ha enterado de ello. Paradójicamente fue de las primeras naciones en usarlos, con los modelos raptor, de gran tamaño y altura, que podían realizar labores de observación y ataque preciso, pero eran, por así decirlo, una versión de aviación teledirigida. Lo que nos ha enseñado el frente ucraniano en estos años de guerra es otra forma de combate muy distinta, basada en enjambres pequeños, baratos, manejados o autónomos, que actúan de manera coordinada en distancias cortas sobre la trinchera o largas cuando se usan como elementos de ataque estratégico. Ahora mismo Ucrania y, tristemente, Rusia, son las grandes potencias en este tipo de armamento. El resto estamos muy lejos de ellos.

martes, junio 03, 2025

Ucrania altera la ecuación de seguridad

No está claro si la acción ucraniana del domingo va a servir para cambiar el rumbo de la guerra, y por ahora Rusia adopta un perfil bajo, sin cambiar de postura ni admitir daños, una táctica muy monclovita, pero es innegable que lo sufrido es un enorme golpe para sus capacidades aéreas y de disuasión nuclear. También, claro, es un mazazo para su moral e imagen en el mundo, porque nuevamente ha quedado claro que la pretendida superpotencia militar es una chapuza carente de servicios de información de tal nombre y con limitaciones logísticas y operativas de primer grado. Rusia da miedo, pero es tan peligrosa como patética.

Pero más allá del escenario ucraniano, la acción de Kiev ha vuelto a poner de manifiesto una de las lecciones que todo el mundo está extrayendo de la guerra que se libra desde febrero de 2022. Es un conflicto extraño, que mezcla posiciones fijas con trincheras propias de la IGM de hace más de un siglo con la más moderna tecnología de hoy en día. Una de sus rarezas es la ausencia de combate aéreo. Ucrania apenas tiene flota y la patética Rusia, a la que antes me refería, no ha logrado imponer un dominio de los cielos en el país invadido en ningún momento, motivo por el que la aviación de Moscú tampoco opera plenamente. Es una guerra en la que las grandes plataformas, especialmente aviones, barcos y tanques, están fracasando como elementos de combate. Los primeros, ya les comentaba, por inoperancia, y los otros, porque los avances tecnológicos los han convertido en blanco fácil de elementos destructores como los drones, que son la gran revolución de esta contienda. El caso extremo lo hemos visto este domingo. Inteligencia y un dron de 500 euros pueden destruir un bombardero estratégico valorado en cientos de millones de dólares. A escala, la situación con los tanques se reproduce, y el número de unidades destruidas en el frente por parte de Ucrania mediante el empleo de drones es altísimo, hasta convertirlos en figuras esporádicas de un campo de batalla en el que los soldados atacan y repelen en posiciones muy pequeñas, de cinco a ocho unidades, apoyados por fusilería y sus zumbones propios, y el equipo pesado sólo aparece cuando una posición ha sido tomada y el enemigo abatido. En la costa del mar negro, donde Kiev apenas tenía flotilla militar digna de tal nombre, la armada rusa ha sido humillada con el hundimiento de varias de sus naves mediante el uso de drones subacuáticos, que como torpedos teledirigidos han logrado una serie de blancos tan efectivos como disuasorios, de tal manera que los buques rusos se encuentran a resguardo en las zonas más lejanas a las capacidades ucranianas y ese es un frente tenso, pero en el que apenas se registra actividad. Ucrania ha logrado controlarlo. En los ataques aéreos es donde más hemos visto el disparo de uso de drones, en este caso de mayor porte, capaces de desplazarse a una gran distancia y cargar con un explosivo significativo lo que, unido a su velocidad y energía cinética, hace que sean armas muy destructivas. Y baratas. Respecto al empleo de un misil hipersónico, el uso por parte de Rusia de los drones de origen iraní Sahel, que ahora ya se fabrican dentro de la federación, se ha generalizado, permitiendo ráfagas de ataques en los que un par de centenares de estos aparatos se lanzan sobre parte del territorio ucraniano. Aunque algunos puedan ser detenidos, sólo por saturación es imposible que un sistema defensivo sea capaz de pararlos todos, y así Moscú mata y destruye en las ciudades ucranianas de una manera económica y persistente. No son ataques de magnitud devastadora, pero sí actúan con la machacona insistencia capaz de debilitar el aguante y moral de cualquier tipo de persona. Ambos bandos, Ucrania por necesidad, Rusia por respuesta, han aprendido a emplear los drones como arma ofensiva y extraen diariamente lecciones sobre su uso y capacidad. Y cogen ventaja al resto del mundo, que observa y toma nota.

Que unos aparatos de un coste ridículo sean capaces de poner en jaque a plataformas de millones de euros de presupuesto es algo que ha alterado la percepción de los ejércitos de todo el mundo. Ahora mismo parece obvio que las necesidades de inversión en defensa debieran centrarse en artillería masiva y de precisión, munición infinita para ambas y en drones de todo tipo. ¿Son los drones el arma definitiva? Por supuesto que no, y hay contramedidas que los pueden inutilizar, como los bloqueos magnéticos y algunos experimentos que se están publicitando sobre el uso de láseres, pero ahora mismo son una baza obligatoria, un recurso primordial. Y no hay objetivo en el mundo que pueda estar plenamente a salvo de su presencia.