lunes, junio 15, 2026

SpaceX o el negocio espacial

El pasado viernes inició en Wall Street la cotización de SpaceX, la empresa de cohetes de Elon Musk. Salió a bolsa una parte pequeña de la compañía, en torno al 5%, con un valor estimado de 75.000 millones de dólares, así que multipliquen por veinte para calcular lo que la empresa estima como su propio valor. Como se esperaba, el debut fue exitoso, las acciones subieron por momentos por encima del 20% y acabaron cerrando con una revalorización del 19%, lo que supone una ganancia muy notable para todos los que estuvieron metidos en el ajo. Desde el viernes muchos de los empleados de la empresa son millonarios. Lo de su jefe ya está en otra dimensión.

¿Vale tanto SpaceX? Es difícil decirlo, porque el plan de negocio de la compañía es un compendio de realidades conseguidas y ambiciones fantasiosa que no se las cree casi nadie, salvo el propio Elon Musk. Lo seguro es lo que ha logrado ya. SpaceX ha revolucionado los lanzamientos con el desarrollo de un cohete reutilizable, uno que pone en órbita la carga útil, principalmente satélites, y luego vuelve a la Tierra, logra aterrizar y se puede volver a utilizar tras una revisión relativamente rutinaria. Es algo asombroso de contemplar, e inaudito. Nadie lo había conseguido. Hasta entonces lanzar cohetes era como coger un autobús para ir de un lugar a otro sabiendo que, una vez alcanzado el destino, el autobús se destruye. Tantos viajes a realizar, tantos autobuses a construir. Ruina garantizada. Este avance tecnológico ha supuesto una enorme reducción de los costes operativos y, con ello, ha permitido a la empresa hacerse con el mercado de lanzamientos, siento ahora mismo la dominante absoluta de los mismos. También ha logrado que su cápsula Dragon sea operativa, de tal manera que es capaz de poner astronautas en órbita baja, la Estación Espacial Internacional, de manera sencilla, eficaz y segura. Todo esto le ha costado no pocos accidentes, como es habitual en este mundillo, pero lo han conseguido, y sólo con eso SpaceX ya sería, es, la principal empresa espacial del mundo. Pero las ambiciones de Musk van mucho más allá. Desde hace tiempo mantiene en pie el proyecto StarShip, una nave de gran tamaño que serviría para llevar tripulaciones amplias y carga, en principio, bastante más allá de la órbita terrestre, con la Luna y Marte como principales objetivos. Cada pocos meses se realiza un lanzamiento de prueba del sistema StarShip, actualmente el mayo cohete del mundo, desde la base que SpaceX tiene en Bocachica, Texas, muy cerca de la frontera con Méjico. Ahí el número de incidentes está siendo elevado, y caso cada uno de estos intentos acaba con algo explotando de manea más o menos controlada, predominando lo segundo. “Proceso de desmontaje no programado” es como denomina Musk a todos esos incidentes. El proyecto StarShip es prometedor, pero hoy en día no cumple ninguno de sus objetivos y queda bastante para que pueda convertirse en una nave con un mínimo de fiabilidad. En lo que hace a la apuesta lunar, SpaceX tiene numerosos contratos con la NASA para poder dar servicio a las ambiciones de la agencia norteamericana de volver al satélite, tanto en lo que hace al mero retorno y poner el pie en él como para el desarrollo de una futura base estable que pueda mantener una tripulación constante en el satélite. Para ello SpaceX se ha comprometido a entregar un modelo de módulo de aterrizaje lunar, equivalente al LEM de los Apollo, que sufre una serie de retrasos nada anecdóticos, y en paralelo Musk sigue espoleando a sus ingenieros para que diseñen habitáculos y plataformas de aterrizaje lunares en las que las StarShip funcionarían como lanzaderas de conveniencia, haciendo posible el viaje que el viaje a la Luna sea algo tan rutinario como lo que ahora es un lanzamiento de satélites de su empresa. Pero, por ahora, todo esto son promesas, como la idea de instalar centros de datos para la IA en órbita terrestre, huyendo así de las restricciones que imponen los costes energéticos de los emplazamientos terrestres. Las ideas de SpaceX son numerosas y bastante rupturistas, pero por ahora muchas de ellas no pasan de bocetos.

No les he comentado nada de Marte porque, sinceramente, si lo de la Luna está verde, lo de Marte es pura fantasía, con el nivel tecnológico actual. Así pues, SpaceX es una empresa disruptiva a más no poder y trabaja en un campo de potencial enorme, costes que pueden convertirse en prohibitivos y riesgos muy elevados. Su apuesta es muy alta, y puede ser exitosa, lo que redundaría en beneficio propio y en el de toda la humanidad, o fracasar en varios de sus objetivos, creando agujeros económicos de imposible cobertura. Tener al desquiciado de Musk al frente vista su secuencia de éxitos empresariales, es uno de sus mayores activos. Invertir en ella es arriesgado, pero puede ser todo un pelotazo. El viernes pasado ya lo fue.

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