jueves, noviembre 13, 2025

Aquí nunca tendremos BBC

Una medida bastante fiable del grado de hipocresía de un periodista español es contar cuántas veces desea que el medio público en el que trabaja sea la BBC española, o tenga como referente a la cadena inglesa. Es una frase obligada de todo trabajador del medio y, normalmente, sirve para esconder la incapacidad de ese empleado para escapar de la manipulación que el gobierno de turno impone en la empresa en la que trabaja. La BBC es el paradigma del rigor y la neutralidad (aunque cometa fallos) y recitar ese mantra es una manera de asumir que el medio en el que se trabaja está muy lejos de todo eso. De hecho, en España, cada vez más.

A las múltiples causas que han generado la crisis que vive el periodismo, tanto económicas como tecnológicas y sociales, se le ha sumado una que ha venido propiamente generada por los profesionales del ramo, y es el activismo. El periodista ha entendido que su labor no es informar, sino proclamar el dogma político que o se le impone o le permite mantener su puesto, o ambos. Esto es una grave enfermedad que convierte a los medios en vulgares voceros de un poder establecido, por lo que su representatividad disminuye y, sinceramente, se convierten en algo prescindible a mi entender. Em España se ha sobreentendido que la ideología está en la base de los medios y que, en el caso de los públicos, la simbiosis de ellos con el poder debía ser total, se convertirían sí o sí en correa de transmisión del partido que detentase el poder en ese momento. Es decir, serían la antiBBC. Y todos hemos, han tragado con ese discurso. El ejemplo paradigmático es el de las televisiones autonómicas, engendros catódicos que no hacen sino loar de una manera tan servil como ridícula al presidente de la CCAA de turno y a su partido, elevándolo constantemente a los altares de una santidad laica extravagante pero tan sacralizada como la original religiosa. Ver entero un informativo de TeleMadrid, ETB o TV3, pueden añadir ustedes aquí el resto de canales de este tipo, es una prueba de tortura que soy incapaz de soportar. No sólo es aburrido, que también, sino que llegan a un nivel de burdez impropio de algo creado por personas adultas. Es, de hecho, una estafa, porque dicen vender información y todo es propaganda. Los que trabajan en el medio cobran su nómina, casi todas ellas más elevadas que la mía, y nadie observa con sonrojo una situación que es indigna. La bajeza de las autonómicas tenía su contraste teórico en RTVE, la pública nacional, que siempre ha estado regida por el gobierno de España, pero que como se ve en todo el país y se escruta sin cesar ha tenido habitualmente una serie de frenos para que no degenerase. Ha habido épocas de más o menos manipulación en el ente, especialmente en la televisión, que es lo que más le importa al gobernante, pero en general estaba clara cuál era la línea editorial de los informativos, “el gobierno tiene razón”. De un tiempo a esta parte, esa sutileza que pudo estar más o menos presente en el pasado ha sido sustituida por la manipulación más grosera. Ahora mismo RTVE, especialmente la parte de televisión, ha alcanzado cotas de manipulación que la dejan casi a la altura de una tele autonómica. Aún no del todo, porque ese nivel de bajeza es cierto que hay que trabajárselo con empeño, pero en ello están. Al sesgo descarado en los informativos de bandera se han unido toda una serie de programas de “entretenimiento” consistentes en tertulias políticas en horario continuo que, además de ser de lo más soez en su planteamiento ideológico, desvirtúan por completo la labor de los espacios puramente informativos. El consejo de informativos de RTVE lleva meses criticando con fuerza lo que pasa en la corporación, el intrusismo de presentadores y productoras ajenas a la casa que se llevan notables ingresos a cuenta de este tipo de programas y que pretenden ser vistos como informativos cuando no lo son. Sus quejas caen en saco roto, porque directivos muy bien pagados y colocados por el gobierno harán lo que sea para merecerse sus elevadísimas nóminas, y el peloteo salvaje a Moncloa es lo que se debe hacer, sin cesar, hora tras hora.

Ni nuestra sociedad quiere una BBC y, desde luego, nuestros políticos, que son fruto de ella, la desean. Más bien todo lo contrario. Mazón, la tarde de la maldita DANA, sólo tenía ojos para la periodista a la que quería colocar al frente de Canal9 para que fuera su sierva. Sánchez, al día siguiente, sólo tenía ojos para aprobar el decreto que modificaba el estatuto de RTVE y le daba pleno control sobre el consejo de administración del ente. Dos sujetos necios, sectarios, soberbios, que adoran que les hagan la pelota, deseaban poseer un medio por encima de todo. Si quieren BBC, vayan aprendiendo inglés, aquí no dejarán que la haya nunca.

No hay comentarios: