A lo largo del fin de semana se han ido conociendo detalles sobre el proceso de gestación de la propuesta norteamericana de paz para Ucrania, ese documento de 28 puntos, y la percepción de todo el mundo ha sido que las cosas son peores de lo que ya se sospechaba. La incorporación a última hora de Marco Rubio al proceso de negociación ha permitido confirmar que todo ese documento ha sido elaborado por el enviado especial de Trump, Winkoff, y el representante ruso, y que es una mera recopilación de los deseos del Kremlin. No es una negociación previa entre EEUU y Rusia, sino la asunción norteamericana de las demandas de Moscú. Un texto pensado en la rendición de Ucrania, en su sometimiento.
Los países europeos, bueno, los tres que realmente pintan algo, Reino Unido, Alemania y Francia, han decidido que no pueden permanecer indiferentes ante una propuesta que no sólo reduce a Ucrania a una mera marca defensiva, sino que elimina garantías de seguridad para ese país y para el conjunto de la UE. Han visto, con lógica, que ese documento les agrede, les amenaza, y se han lanzado a colaborar con la parte ucraniana de cara a que las conversaciones que comenzaron ayer en Ginebra sean lo menos desequilibradas posibles. ¿Tienen alguna fuerza esas tres naciones para doblegar el pulso ruso y el de su aliado Trump? Me temo que no mucha, pero es loable el intento desesperado para conseguir apurar algo. Así de grave es la situación actualmente, con una Europa no sólo excluida inicialmente del proceso de negociación, sino sometida a un futuro chantaje en forma de vecino ruso crecido, impune tras su masacre y con ganancias evidentes en lo que hace a territorios, recursos y población. Y es que las naciones europeas podrían esgrimir un peso negociador si tuvieran la fuerza militar suficiente que les otorgase capacidad de disuasión. Una vez que hemos abandonado el mundo de la diplomacia, de las reuniones de presuntos caballeros y las palabras, y hemos entrado en el mundo de la fuerza, de los hombres duros y de la chulería, es el músculo militar, es el poder el que manda, y ese trío de naciones europeas, las que realmente cuentan para algo en el contexto global, carece ahora mismo de capacidad bélica como para impresionar a Rusia o a cualquier otro matón de barrio. Sabe bien Trump y sus asesores que Ucrania sólo puede seguir manteniendo el esfuerzo bélico si logra acceder al suministro de armas de EEUU, bien porque esa nación se lo entregue directamente o bien porque terceros, los europeos, lo compren y se lo pasen. Pero sí o sí el armamento que Kiev emplea para defenderse de la agresión rusa debe provenir mayoritariamente de EEUU, porque es el único país capaz de suministrárselo en cantidad y en el tiempo. Desde el estallido de la guerra en 2022 hemos tenido tres años en la UE para despertar y ponernos a fabricar stocks de munición como locos para convertirnos en suministradores fiables, pero es evidente que no lo hemos hecho. La indolencia, la confianza naif en un futuro de acuerdos, el pragmatismo equivocado, el pacifismo mal entendido, el desgobierno de nuestras naciones…. Muchas han sido las cusas que nos han llevado a la dejadez y que ahora nos muestran como los débiles aliados que somos, frente a un contexto internacional en el que EEUU, China o Rusia no sólo no dudan en exhibir músculo militar, sino que lo usan sin las cortapisas del pasado. Los símiles entre la herbívora Europa y su futuro rodeada de depredadores carnívoros están más que sobados en la literatura en los últimos tiempos, pero son certeros. La urgente y angustiosa necesidad de garantizar nuestra defensa pasa porque nos creamos lo que está pasando desde el jueves, desde que EEUU abrazó sin disimulo la posición rusa y asumen que traicionar a sus socios europeos es lo mejor que puede hacer, por el simple desprecio que le produce nuestra debilidad. No hemos querido verlo y ahora tenemos delante el peor de los panoramas posibles.
Los ucranianos se enfrentan al diabólico dilema de rendirse para conseguir la paz a cambio de la humillación o mantener una resistencia sin el apoyo de EEUU y con unos aliados europeos que poco más que ánimo podrán suministrarles. Es un chantaje cruel, en el que tienen mucho que perder sea cual sea el devenir de las negociaciones. Ucrania es la barrera que se interpone entre las ambiciones de la dictadura rusa y el miedo de las democracias europeas, y pese a la profunda necedad con la que Moscú lleva a cabo su guerra, es precisamente el desprecio por la vida de los demás lo que le hace mucho más fuerte y peligroso ante unos europeos que llevamos el pacifismo clavado en las venas. No somos conscientes del peligro al que nos enfrentamos.
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