martes, abril 21, 2026

Marineros atrapados en el golfo

Mientras estamos en el brete de si hay negociaciones o no entre EEUU e Irán, y cada uno hace ejercicios de pose cara a la galería mezclado con movimientos profundos, el estrecho de Ormuz sigue cerrado, por lo que la asfixia económica y energética que provoca se cronifica, y sus efectos, que pudieron llegar a ser transitorios, empieza a adquirir dimensiones más y más intensas. Sin embargo, hay un problema muy grave al que hasta ahora muy poca gente le habría prestado atención y que empieza a requerir la debida. No es económico, sino humano, y hace referencia directamente a miles de personas, las atrapadas en el golfo.

Se calcula que hay cerca de dos mil barcos que, en su mayor parte, siguen en las aguas interiores del golfo o están ala espera de entrar al mismo, y que no pueden franquear Ormuz. Y son miles, se estiman en más de veinte mil, los marineros que llevan ya más de mes y medio a bordo de esos buques en una estancia que se prolonga sin visos de que se pueda revertir en breve. En cada barco habrá una tripulación de distintos rangos y cometidos, pero que de manera indistinta come, bebe y duerme. Las provisiones que esos buques llevan tendrán unos márgenes de seguridad, para mantener el abastecimiento de la tripulación en caso de incidencias en el viaje, pero la que se está viviendo ahora es más que probable que haya desbordado muchos de los criterios de precaución con los que armadores y capitanes han planificado el viaje. Comienzan a llegar noticias de racionamiento de agua y víveres a bordo de muchas de las naves, y los problemas irán a más en una zona no precisamente fresca, donde las temperaturas seguirán subiendo cada día y el calor comenzará a ser un serio problema para todos. A todo esto se debe sumar el habitual caos que se produce en el sector marítimo, donde el armador suele ser uno, el pabellón bajo el que se navega otro, y las tripulaciones muchas veces parecen un espejo de la ONU, con procedencias muy diversas, idiomas y culturas de lo más diferente y sólo el trabajo a bordo como nexo común que agrupa a todos. Si las cosas se complican, y pasar hambre y sed son cosas muy complicadas, es fácil suponer que la tensión dentro de las tripulaciones se disparará y habrá incidentes de todo tipo. En el barco la máxima autoridad es el capitán, es un mundo reglado donde está bastante clara la jerarquía, el reparto de tareas y lo que cada uno representa en la vida a bordo, pero en situaciones como estas son clásicos los relatos de motines, revueltas, insubordinaciones, tomas de control, camarillas enfrentadas y todo tipo de incidencias en las que el orden interno va degenerando y la sociedad colapsa. ¿Alguien ha pensado en el estado de esas tripulaciones? ¿Hay previstos planes de reabastecimiento? No se si existe la posibilidad de que esos buques puedan arribar a puerto en el interior del golfo, y más dada como está la tensión bélica. Con ese riesgo, que ya se ha llevado a más de un marinero en los ataques infringidos por parte de los contendientes en este mes y medio de guerra, es la orilla sur del golfo, la que comparte Kuwait, Arabia Saudí, EAU y Omán la única que parece viable para que estas naves puedan tomar puerto y aprovisionarse de víveres y agua. También tengo dudas de en qué estado estarán sus reservas de fuel. Es fácil suponer que eso es algo que se carga con mucho margen, pero también es verdad que en mes y medio de vida a bordo los motores del barco son la única fuente de energía para todo, empezando por la luz de los camarotes y todos los sistemas de navegación. ¿Van a poder repostar? Si alguno de los buques llega a agotar su combustible se convierte en un objeto flotante sin rumbo ni capacidad de imponerlo, un gran objeto a merced de las corrientes que puede convertirse en un peligro para la navegación de todos los demás. Que se sepa aún no ha sucedido nada de eso, pero no es descartable que pase si la situación se prolonga en el tiempo.

Las familias de esos miles de marineros, que sabían que los suyos iban a hacer un viaje por el mar, de esos que siempre llevan su tiempo, ya están esperando más de la cuenta, y su angustia irá creciendo ante la incertidumbre de la situación y la prolongación de algo que nadie esperaba. Los testimonios de personas que se encuentran atrapadas en esta situación empiezan a circular, bien es cierto que, de manera escasa, y relatan miedo, angustia y desesperación creciente. Junto con la guerra hay miles de damnificados que han visto convertido su trabajo en una pesadilla, y su barco en una cárcel de la que no pueden salir de ninguna manera. Una odisea nada poética.

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