lunes, mayo 25, 2026

Posible acuerdo entre EEUU e Irán

A lo largo del fin de semana se ha ido consolidando la posibilidad de un acuerdo entre EEUU e Irán para poner fin a las hostilidades mediante un compromiso escrito de cese el fuego. El plan que ha trascendido incluye que, en el plazo de un mes, se produzca una apertura progresiva del estrecho de Ormuz y se reestablezca el tráfico de buques, con lo que volvería a fluir el petróleo de esa zona al resto del mundo. En dos meses se lograría un acuerdo respecto al programa nuclear, dejado aparte para permitir que el resto de los asuntos salgan adelante. Si todo lo demás es impreciso, en el caso nuclear la bruma es total.

Si se llega a un acuerdo de este tipo, se puede afirmar claramente que EEUU ha perdido la guerra de Irán, una guerra electiva, no buscada, de la que ha salido dañado en varios aspectos. La derrota no es de las clásicas, como no lo es la victoria de Irán, dado que no se ha producido un enfrentamiento terrestre ni toma de posiciones sobre el terreno. Irán ha soportado bombardeos intensos que han dañado todos sus intereses como país; infraestructuras, recursos, capacidades militares, edificaciones, instalaciones industriales…. Es difícil calibrar los daños, pero a buen seguro son extensos e importantes. Sin embargo, lo que más le interesa al régimen que oprime a esa sociedad, que es su supervivencia, se ha dado. La dictadura teocrática se mantiene en el poder, debilitada en sus capacidades, pero fortalecida al presentarse ante el mundo como un resistente. Ha ejecutado una táctica muy similar a la que ha desarrollado Ucrania, de tal forma que su objetivo era no perder mediante una resistencia asimétrica, con el empleo de drones y técnicas de ataque que han infundido el pánico en todos sus vecinos, y ha descubierto que Ormuz es casi más relevante para el mundo que el programa nuclear. Si el acuerdo se firma, la dictadura islámica seguirá al frente de la nación y ya podrá centrarse en la represión interna, por lo que para los habitantes del país todo habrá ido a peor. Por su parte, EEUU, que se embarcó en una campaña de bombardeos improvisada, animado por lo que parece por el deseo de Netanyahu de que le hiciera el trabajo sucio en su conflicto con los Ayatolas, ha terminado pidiendo la hora en este conflicto al verse superado. Entiéndaseme, la capacidad militar norteamericana es abrumadora, pero sólo resulta efectiva contra un enemigo después de un planificado proceso de despliegue y concentración de fuerzas, y nada de eso se ha dado aquí. Los drones iraníes, baratos y abundantes, se enfrentaban a los caros y escasos proyectiles de precisión norteamericanos, diseñados para otro tipo de misiones, más quirúrgicas que masivas. El consumo de munición carísima por parte de EEUU ha sido muy alto, y es de suponer que sus stocks han quedado bastante reducidos, debilitados en exceso, cosa de la que es consciente él y sus enemigos que observan lo sucedido. Además, aunque ha costado reconocerlo, ha sufrido daños significativos en algunas de sus bases en la zona y ha perdido instalaciones de radar que son vitales a la hora de coordinar ataques, gestionar la información y mantener el seguimiento de las operaciones. Los daños que Irán ha infringido a EEUU son superiores a los que el imperio puede permitirse, mientras que, desde la óptica contraria, al régimen teocrático bien poco le importa lo que sufra la población de su país. Esta asimetría también ha jugado en contra de EEUU, que pensaba ingenuamente que la dictadura de Teherán caería tras su descabezamiento, sin tener en cuenta el martirologio que impera en la zona y en la creencia chií, mostrando nuevamente como el uso de la inteligencia por parte de EEUU deja mucho que desear. La sensación de que estaba improvisando a cada paso ha sido evidente, y la imagen que deja el comportamiento de su ejército no ha sido la mejor posible, ni mucho menos.

En el frente interno, el castillo de naipes que iba a ser el régimen iraní, tal y como se le vendió a Trump por parte de algunos ilusos, se ha transformado en un petróleo disparado por encima de los 100 dólares y una gasolina cara que golpea al consumidor, y votante. Trump podía permitirse un par de semanas o tres de conflicto, no los casi tres meses que llevamos, y que han erosionado aún más sus perspectivas de cara a las elecciones de medio término de noviembre, para las que quedan menos de seis meses. Desesperado, el acuerdo es una manera de ganar tiempo de cara a esos comicios. En definitiva, si se firma, EEUU venderá una victoria, pero cosechará un fracaso.

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