jueves, mayo 28, 2026

Descomposición

Quizás recuerden ustedes cómo acabó el felipismo a mediados de los noventa. Se sucedía una causa tras otras de corrupción, a cada cual más escandalosa, en la que se veían implicados ministerios, todas las ramas del PSOE e instituciones como el Banco de España o el BOe, era un no parar de sobresaltos, con dos procedimientos largos que, día a día, proporcionaban noticias. Uno era el relacionado con los GAL, la X famosa y las pesquisas del entonces prestigioso Baltasar Garzón, quién le ha visto y quien le ve. La otra era la trama de financiación ilegal del PSOE, lo de Filesa, Malesa y Time Export, instruida por el vilipendiado juez Marino Barbero.

El aire de derrumbe era constante, la parálisis dominaba todo y, tras los fastos de 1992, la sensación era de desplome, de abatimiento, de lo que se pudo hacer en un país por modernizarlo y el destrozo que, desde el gobierno, estaban realizando una panda de mangantes insaciables. González, al frente de todo aquello, negaba sin cesar su participación en las tramas y decía sentirse traicionado por ellas, en unas declaraciones que quizás reflejasen la verdad, pero que no eran sino insultos dirigidos a los pagadores de impuestos, usted y yo entre ellos, que éramos los que financiábamos la juerga. Aquello no podía seguir y se acabó en las elecciones de 1996, donde el PSOE sacó un muy buen resultado, perdiendo sólo por 300.000 votos frente al PP, el ganador. Ni todo el descrédito de la corrupción sangrante pudo erosionar la base socialista, que sí se derrumbó en las elecciones de 2000, cuando Aznar logró una mayoría absoluta. ¿Soy el único que ve paralelismos entre aquel año socialista de 1996 y este de 2026? Treinta años son bastantes, la verdad, pero la similitud de los procedimientos que se ven resultan tan tiernos como curiosos. Tenemos una trama que afecta a las finanzas del PSOE, en la que, por ahora, no ha salido financiación ilegal, pero sí el uso ilegal de fondos para obstaculizar a la justicia en los procedimientos en los que el gobierno se vea implicado. La ristra de procesos que afectan a antiguos miembros del gabinete de Sánchez y a organismos del estado por ellos controlados no dejan de crecer, aportando nombres y estructuras a unas tramas que son cada vez más difíciles de comprender, aunque en todas ellas algunos seres se repitan y sean los nexos que permiten ir saltando de unas a otras. El destino del dinero de las corruptelas sigue aún sin ser descubierto en plenitud, y las mordidas de las que se está hablando en los medios se cifran en los centenares de miles o unos pocos millones, pero tramas como la presunta del ex presidente Zapatero en los negocios petrolíferos de Venezuela pueden elevar estos importes en varios órdenes de magnitud. La precariedad del actual gobierno es mucho mayor que la del de Gonzalez de finales de los noventa, dado que entonces sólo dependía de la que sería la procesada familia Pujol y ahora está en manos de una banda de aprovechados a los que les importa más el dinero que cobran por sus cargos parlamentarios o gubernamentales que cualquier otra cosa, a sabiendas de que jamás volverán a tener semejante oportunidad de acceso a sueldos y prebendas equivalentes. Una de las diferencias del pasado respecto a la actualidad es la talla de las cúspides de ambos gobiernos. González acabó deshecho por la corrupción, pero tuvo años de gloria en los que revolucionó el país y creo instituciones, derechos y conceptos que lo modernizaron por completo, la historia se lo ha ido reconociendo. Frente a él Sánchez ha demostrado ser un perfecto arribista, un sujeto arrogante obsesionado por el poder personal, que ha destrozado la imagen de su partido y de todo aquel que se le ha acercado, sin que eso le suponga rubor alguno. Poco quedará del sanchismo para la historia, salvo su obsesión por la resistencia personal, y un comportamiento más propio de un psicótico que de una persona en sus cabales.

Como pasó en 1996, creo que aún falta mucha trama por descubrir, y grandes tracas explosivas. Recuerdan sin duda la que se organizó cuando Roldán escapó de España para huir de la justicia tras su fraude en la Guardia Civil. Ese fue quizás el momento más chusco de todo aquello, y em da que aún veremos a alguno de los implicados en estas tramas, y a nombres nuevos que saldrán, escapándose para eludir la justicia, apuesten por República Dominicana como destino, en medio de la comprensión de no pocos medios de comunicación y periodistas, así se hacen llamar, que les defenderán hasta que, seguro, también aparezcan sus nombres en listados de cobro de mordidas. Sí, esto tiene pinta de derrumbe.

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