martes, diciembre 23, 2025

Final de 2025. Resumen internacional

Este año ha estado completamente marcado por lo que pasó el 20 de enero. Como se esperaba, Trump juró su cargo como presidente de EEUU, en una ceremonia interior por las gélidas temperaturas que se registraban en Washington, y a partir de ahí ya nada fue previsible. La llamada Trump II, su segunda presidencia tras el periodo 2016 – 2020, es un acelerón obsceno y despiadado de todas sus fobias, una trituradora de realidades y todo lo que uno soñó como pesadillesco. En el cuarenta aniversario del estreno de Regreso al futuro ya estamos en el 1985 alternativo de la segunda parte con Beef como obsceno potentado y dueño de todo.

Trump ve el mundo como un negocio transaccional, no cooperativo, de suma cero, en el que él encarna la fuerza al dirigir el país más poderoso, y eso le permite imponer condiciones a todo el mundo. No busca alianzas, sino sumisiones, no cree en la cooperación, sino en el sometimiento, y el enriquecimiento de EEUU y, por encima de todo, el suyo propio, está por delante de todo lo demás. Le da igual el régimen político de la nación que sea si consigue hacer un trato que le reporte beneficios, y su admiración por los líderes autoritarios es más que descarada, despreciando a los que rigen naciones en las que la ley y los contrapoderes suponen freno a las ambiciones personales de sus regentes. Trump quiere relacionarse de tú a tú con mandatarios que no tengan cortapisas, que no se vean frenados por nada, y su máximo objetivo sería ese mismo, el de permanecer en el poder sin tener que recurrir a elecciones y otro tipo de trámites que considera propios de naciones débiles. Trump es la ley, su voluntad es la ley. En este marco mental, todo lo que suponíamos que era estable y consolidado va saltando por los aires de manera estrepitosa. EEUU ha dejado de ser el garante de la seguridad global y el defensor del llamado mundo libre, de la idea que domina la geopolítica de occidente como un espacio de normas, derechos, libertades y prosperidad. EEUU ha roto, en la práctica, el pacto trasatlántico y dejado a Europa de un lado, tanto por declaraciones altisonantes como por los hechos, siendo aquella infame reunión con Zelensky en la Casa Blanca, todo un ejercicio de matonismo, la perfecta imagen de cómo se rompe una relación con los que han sido los socios desde hace ochenta y cinco años. Trump no respeta las alianzas suscritas por EEUU en otras áreas globales, como Asia Pacífico o AUKUS, porque todo se supedita al interés personal del mandatario. La seguridad de los acuerdos que se suscriben con Washington ya no existe, porque lo que hoy se firma con pompa y boato mañana puede ser reescrito de arriba abajo porque a Donald se le ha ocurrido. EEUU deja de ser el socio fiable, y dado que, en este mundo, su papel como el socio fundamental para casi todo sigue siendo determinante, el factor de desorden que eso genera es enorme. El caos ha ido creciendo en este año en el que Rusia ha seguido devastando Ucrania, con avances escasos en el frente, Israel ha destruido Gaza y a no pocos de sus habitantes, a la vez que ha realizado ataques de todo tipo en su entorno, incluida una breve “guerra de salvas” con Irán, la guerra civil de Sudán ha registrado episodios de una intensidad atroz que apenas han trascendido, India y Pakistán se han enfrentado en breves conatos militares que casi acaban en guerra abierta, Thailandi y Camboya han comenzado dos veces una guerra fronteriza a la que se le presta menos caso del debido, en el Sahel africano los golpes de estado se han sucedido y la región se sume cada vez más en un desorden en el que el islamismo puede ser el gran vencedor final…. El panorama global se revuelve, y el papel de las instituciones internacionales, como pudiera ser la ONU, se evapora, porque las reglas globales bajo las que actúan y consiguen imponer su autoridad se basan en que alguien poderoso, EEUU, las impone a un resto que, más o menos, las acata. Las cosas ya no son así, la gobernanza global declina a toda velocidad.

En un mundo de esferas de influencia al que paree que nos dirigimos China, la otra gran potencia, contempla encantada como EEUU se pega tiros en los pies y destruye su poder blando global, mientras que ella ocupa espacios en África, Ásia o Latinoamérica que el gran poder va dejando libre. Europa, nosotros, hemos asistido como espectadores a nuestro desprecio por parte del garante de nuestra seguridad, y terminamos el año en una posición mucho peor de la que nadie hubiera imaginado. El miedo empieza a calar en las capitales de la UE al verse desnudos ante un escenario global de depredadores carentes de escrúpulos, que nos ven como lo que somos, un lugar privilegiado en lo económico y de una pasmosa debilidad en lo que atañe a seguridad colectiva. No imponemos nada en un mundo que comienza a dominarnos. Así comienza el ocaso de occidente.

Subo a Elorrio a pasar las navidades, y cojo vacaciones algo más largas de lo habitual. Si no pasa nada raro nos leemos el jueves 8 de enero. Pásenlo genial, abríguense y mis mejores deseos para estas fiestas y el nuevo año.

lunes, diciembre 22, 2025

Final de 2025. Resumen nacional

El resultado de las elecciones autonómicas extremeñas de ayer es un buen colofón a este año, e indicativo de por dónde van los tiros en la desquiciada política nacional. En una de las regiones tradicionalmente más a la izquierda del espectro, la suma de PP y Vox alcanza el sesenta por ciento del voto emitido. El PP gana pero sin lograr la mayoría absoluta, Vox más que duplica su peso en votos y escaños, Podemos, la lista de extrema izquierda que se presentaba, mejora sus resultados y el PSOE obtiene los peores de su historia en esa región, dejándose once escaños y haciendo suelo en diputados y porcentaje de voto.

Todas las encuestas, menos la que se inventa Moncloa y publica con la marca del CIS, muestran un crecimiento sostenido del bloque de la derecha, un desgaste profundo de un PSOE noqueado y la reducción global de las posiciones de Sumar y Pablemos, si se quiere con un relativo trasvase de votos de la agónica marca de Yolanda Díaz a la de los morados. Este escenario se da en casi todas las comunidades autónomas, excepción hecha de País Vasco y Cataluña, con dinámicas políticas propias, que no obstante, en el caso catalán, también muestran la emergencia creciente de una posición de extrema derecha nacionalista, Alliança, que sube y sube. A lo largo del 2025 quizás la constante más clara que ha dominado la política, además de su absoluta infantilización, es la de los casos de corrupción que han ido rodeando cada vez más a la figura de un Sánchez asediado, que se ha acastillado en Moncloa contra propios y extraños, queriendo hacer ver que todo lo que sucede en su entorno no tiene nada que ver con él. El caso Ábalos y Koldo ha ido creciendo con personajes de todo tipo, algunos sacados de un vodevil cutroso como es Leire Díez, la llamada fontanera, y otros de gran calado político, como el de Cerdán, el que fuera secretario general del partido y que acabó dimitiendo pocas horas antes de que desde el partido y gobierno se le defendiera sin pudor alguno. Los informes de la UCO, hechos poco a poco y publicados con periodicidad, han sido como misiles dirigidos a la línea de flotación de un PSOE que no asume lo que pasa, y ha decidido ir por el camino de la negación. La debilidad del gobierno es palmaria desde que los sediciosos puigdemoníacos, aterrados con el ascenso de Alliança, han decidido romper con el gobierno y pasarse a la oposición con su habitual estilo elegante y comedido. Todos estos hechos aumentan la sensación total de parálisis, de bloqueo total en las cámaras y la imposibilidad de aprobar normas que sirvan para el bienestar del país. De los presupuestos mejor no hablar, porque este vuelve a ser otro año en el que se incumple la obligación legal de presentarlos, y se asume por no pocos que la incompatibilidad entre mantener el ejecutivo y no tener presupuestos es cosa de tiempos pasados, de gente pringada que no vivía en estos momentos de nueva política. Las perspectivas de bloqueo, como se podrá ver a partir de hoy en las negociaciones de gobierno en Extremadura, no son sólo propiedad de la presunta izquierda gobernante. Durante el año se han roto varios de los gobiernos liderados por el PP que estaban apoyados por Vox, y eso va a generar un cierto carrusel de elecciones regionales en 2026 (Aragón, Castilla y León y Andalucía) en donde es probable que se repita el patrón de lo sucedido ayer en Extremadura, de tal manera que el espectro político gobernante se traslade de la izquierda a la derecha, pero el problema del bloqueo siga. En unas hipotéticas elecciones generales pocos dudan de que la suma de PP y Vox alcanzaría una holgada mayoría absoluta, pero las disputas entre ellos pueden ser de tal calibre que veamos absurdeces como las reproducidas durante los primeros gobiernos del PSOE con Pablemos.

Sí, la política nacional está en un estado de degeneración absoluto. Hace tiempo que dejó de ser una vía para solucionar problemas de la sociedad para convertirse en una forma de proteger la vida de quienes a ella se dedican. Ayer, Gallardo, el candidato del PSOE, que cosechó el peor resultado visto por ese partido, no dimitió, y en su comparecencia acuso al PP de fracasar. El personaje está imputado en la trama de amaños para favorecer al hermando de Sánchez y busca un aforamiento por encima de todo para cubrirse las espaldas. Ayer lo logró, y eso es lo que le importa. Hay Gallardos en el PSOE, en el PP, en VOX, en Sumar, en Pablemos, en los sectarios partidos nacionalistas…. Así está el panorama.

viernes, diciembre 19, 2025

Libros recomendados del año 2025

Este año una famosa de las redes sociales, de cuyo nombre no quiero acordarme, ha dicho que leer está sobrevalorado y no te hace mejor persona. Aunque les choque, puede que tenga que darle la razón en lo segundo, porque la bondad personal es algo intrínseco, que si no se tiene es poco probable que los libros la otorguen. Pero lo que resulta indudable es que leer un buen libro entretiene, divierte, enseña, acompaña, relaja, proporciona consuelo, evade, forma, genera curiosidad, sirve de refugio, te hace preguntas, a veces te da respuestas… parafraseando al maestro Delibes, “es algo que, con su sola presencia, aligera la pesadumbre de vivir" Y eso, coincidirán conmigo, es mucho.

Recuerden que no tienen por qué ser libros editados en este año sino los que más me han gustado de entre los que he leído. Salvo los ganadores de cada categoría, el orden del resto de libros reseñados no indica una mayor o menor calidad, sólo que son los que más destaco.

Mejor libro de ficción.

Los vencejos, de Fernando Aramburu, editorial Maxi Tusquets 704 páginas

Aramburu partía con el hándicap de haber escrito Patria, una de las indiscutibles obras maestras de la literatura española de este siglo, por el fondo y la forma, y tras algo así son pocos los autores que logran escapar de la propia sombra que han tejido. Y lo logra. Para ello se escapa de sí mismo y se vuelva en un relato enorme en el que Toni, un profesor de instituto chamuscado por el trabajo y la vida, decide poner fin a sus días con un plazo programado. El texto supone la descripción precisa del pasado y presente de un hombre y de su contexto, familiar, sexual, vital, en el que una catarata de personajes aparecen como fruto de los recuerdos del protagonista, que nos desvela cómo ha llegado hasta ese punto de hartazgo. Te hace reír, te hace llorar, te atrapa… en ningún momento puedes ser indiferente a lo que te está contando.

* La autopista Lincoln, de Amor Towles, editorial Debolsillo, 592 páginas. 
Me fastidia que las ediciones de Bolsillo de Twles salgan con la tardanza con la que lo hacen, porque los dos libros que llevo suyos me han parecido excelentes. Este tiene el componente clásico de la “road movie” americana de fondo, con unos chavales que se llevan muy mal pero que emprenden el viaje desde el medio oeste hacia Nueva York en busca de una presunta fortuna que allí le espera a uno de ellos. Traiciones, engaños, sustos, descubrimientos, la trama se sucede sin cesar hasta un final que es deslumbrante. Es muy entretenida y está escrita de maravilla.
 
* La última función, de Luis Landero, editorial Tusquets, 224 páginas
Landero va recortando el tamaño de sus libros a medida que se vuelve más y más preciso con el lenguaje. Es admirable cómo escoge sus términos para, en un par de trazos, como un maestro caricaturista, describir la personalidad de una de sus creaciones con toda la consistencia posible. En este caso una extraña función de teatro en un pueblo de la sierra es el marco en el que dos personajes, hombre y mujer, unen sus vidas separadas de manera que queden marcadas pasa siempre. Un ejercicio literario inmenso.
 
* Klara y el Sol, de Kayzo Ishiguro, editorial Anagrama, 336 páginas
Ishiguro es el Nobel de la generación británica gloriosa que conforma con Amish, Barnes, McEwan… y es el más distinto de todos ellos en cuanto a temáticas. En este libro la protagonista es Klara, una Amiga Artificial, un robot dotado de IA general al nivel humano, que se vende para que sirva de amistad y compañía para, en este caso, críos en edad preadolescente. La novela se sumerge en una especie de futuro muy cercano de relaciones frías, distantes, en las que las IAs parecen estar más atentas a lo que realmente les pasa a las personas que los propios humanos. Una muy buena novela y una excusa para reflexionar sobre algo que ya casi está entre nosotros.
 
* Me piden que regrese, de Andrés Trapiello, editorial Booket, 400 páginas
Trapiello vuelve al Madrid de postguerra, pero esta vez no para relatar hechos verídicos, sino para novelar una trama de espionaje que se desarrolla en una ciudad con ruinas abundantes, miserias, fiestas de vencedores y violencia soterrada. Un norteamericano de origen español vuelve a su ciudad con un encargo del gobierno de Washington que le acabará metiendo en problemas. Personajes muy creíbles y una trama que mezcla la acción y el costumbrismo de una manera solvente
 
*  Caledonian Road, de Andrew O’hagan, editorial Libros del Asteroide, 672 páginas
Novela amplia, en fondo y forma, de tramas cruzadas y de multitud de personajes., En ella el autor realiza un retrato bastante certero de nuestro mundo. Encuadrada en la salida de la pandemia, Londres y un montón de gente que por ella desfila sirven para conocer cómo es la política, las redes sociales, los negocios, las influencias, las corruptelas y todo lo que se mueve en torno al dinero y el interés de los humanos modernos. Corre el riesgo de hacerse liosa, pero si se hace uno con ella es muy disfrutable. ¿Incluye bitcoins en la trama!
 
* El jardinero y la muerte, de Georgui Gospodínov, editorial Impedimenta, 224 páginas.
“Mi padre era jardinero. Ahora es jardín” es el perfecto resumen de este texto no muy amplio, fragmentado en abundantes capítulos, que se inscribe en el género del duelo a la pérdida, en este caso, del padre. El autor ve como la vida del mayor se consume ante sus ojos, asiste impotente a la decrepitud y no puede hacer mucha cosa más allá de describir lo que a él le pasa y lo que su padre ha supuesto a lo largo de su vida. Obviamente, al temática es triste, pero el texto resulta luminoso, por lo natural, sencillo y sincero.
 
El canto del cuco, de Robert Galbraith, editorial Salamandra Bolsillo, 544 páginas
Galbraith es el seudónimo bajo el que se esconde la escritora JK Rowling. Famosa en todo el planeta por la saga Harry Potter (muy buenos libros, merecen mucho la pena) ahora se ha pasado al policiaco, con el detective privado Cormoran Strike como su personaje principal. Londinense veterano de la guerra de Afganistán, Strike malvive con su agencia de investigación, un cuchitril en el que medio vive, donde necesita ayuda para sacar adelante el trabajo que le llega. Es una novela muy entretenida, densa y escrita con estilo. Es el inicio de una serie, de las que me he leído cuatro entregas. El personaje de Robin Ellacott es fantástico.
 
* Archipiélago, de Mariana Enríquez, Ampersand ediciones, 300 páginas
Debo reconocer que aún no he leído obras literarias de Mariana, por lo que me pierdo a una de las mejores cuentistas de nuestra lengua, según comenta la crítica. Ha querido la casualidad que comience con ella con esta especie de memorias de lectora, en la que en capítulos breves de dos o tres páginas describe decenas de referencias que le han marcado en la vida, tanto literarias como de cualquier otro tipo de expresión artística. Se descubre a una personalidad de lo más inquieta, interesante, con gustos eclécticos y muy personales, más que atractiva.
 
* V2, de Robert Harris, editorial Debolsillo, 304 páginas

Las novelas de Harris aseguran entretenimiento de calidad, con unas tramas que se suelen basar en hechos históricos, que se recrean con gran fidelidad. Finales de 1944, Alemania está perdiendo la guerra, pero desde la costa holandesa los ingenieros y militares nazis lanzan los primeros cohetes de la historia, misiles balísticos que atacan Londres y aterrorizan a la población. La historia de uno de los ingenieros que han desarrollado esas armas y la de una de las analistas británicas que buscan descubrir desde dónde se lanzan para destruir sus bases se cruzan en una historia de espionaje, guerra y traiciones.
Mejor libro de no ficción.
 
Otro año en el que la calidad de los ensayos me ha parecido algo superior a la de las novelas. La geopolítica manda mucho.

Mejor libro de no ficción

El ascenso de China, de Rafael Dezcallar, editorial Deusto, 352 páginas.
China es la obsesión de occidente, y más aún de todo aquel que la ha conocido recientemente y ha visto a un gigante avanzando sin cesar. En esta obra Dezcallar trata de describir cómo es la China actual, sin olvidar de dónde viene, cuáles son las motivaciones sociales y políticas que la definen y cómo se organiza su sociedad y su sistema de gobernanza. Es un magnífico y comprensible texto para hacerse una idea de cómo funciona la otra superpotencia global.
 
* Tierra baldía, de Robert Kaplan, editorial RBA, 304 páginas
El usar como título del libro el famoso poema de TS Elliot no es baladí, ya que Kaplan, en este análisis geopolítico, plantea una visión descarnada de un mundo en el que, según él, volvemos a esquemas del siglo XIX, de equilibrio tenso entre potencias y dominico exclusivo en las zonas de influencia que cada una considera suya. La Weimar de entreguerras también aparece como metáfora en este muy interesante trabajo.
 
* Guerra nuclear, un escenario, de Annie Jacobsen, editorial Debate, 416 páginas.
En este libro, técnico, detallado, y que se lee como si fuera la mejor novela de intriga imaginable, Jacobsen relata, en tiempo real, la sucesión de acontecimientos que se producirían en el caso de que, desde EEUU, se detectase el lanzamiento de un misil balístico intercontinental, ICBM, con cabeza nuclear, con un objetivo fijado en suelo norteamericano. Una cadena de sucesos se inicia para evitar lo inevitable, y el resultado final más probable es un escenario de destrucción absoluta. La última película de Katherine Bigelow “Una casa llena de dinamita”, excelente, se basa en esta obra.
 
* El tren, de Guillermo Abril, editorial La Caja Books, 328 páginas
China otra vez, pero en este caso como lugar de destino de un viaje apasionante que comienza en la estación de contenedores del Abroñigal, al sur de Madrid, donde acaba la línea ferroviaria más larga del mundo, que en un par de semanas es capaz de transportar un contenedor desde el gigante asiático al centro de Europa. El viaje es un libro de historias en torno a la logística, la producción y el intercambio, una guía sobre los cimientos que sostienen la globalización que nos proporciona servicios procedentes de todo el mundo. Y está escrito con estilo, sin tecnicismos, con mucho sentido.
 
* Los filósofos terrenales, de Robert Heilbroner, Alianza editorial, 528 páginas
Descubierto gracias a un artículo de prensa de Ramón González Férriz, este libro es una excelente introducción a la historia del pensamiento económico A través de ejemplos, se avanza a lo largo del tiempo, con los autores y escuelas más destacadas, mostrándose en cada caso sus visiones principales, sus puntos fuertes y los débiles. Es bastante sencillo de leer y no requiere un conocimiento previo detallado sobre el tema. Y demuestra nuevamente que la economía es mucho, mucho, mucho más que números.
 
* Oppenheimer, de Kai Bird & Martin J Sherwin, editorial Debolsillo, 896 páginas
El año 2023 fue el de la película, pero en este es cuando me he leído el libro en el que se basa, un trabajo monumental por el detalle y la intensidad de lo que se cuenta. La vida del físico norteamericano, analizada en detalle, sirve a los autores para hacer toda una biografía sobre la física cuántica, la geopolítica, el poder y la sociedad de la primera mitad del siglo XX, en una obra que resulta exigente por momentos, pero que en otros es mucho más interesante y atractiva que la propia película.
 
* La factura del cupo catalán, de Jesús Fernández Villaverde y Francisco de La Torre, editorial, Espasa, 356 páginas
El anunciado preacuerdo para la concesión de un cupo a la Generalitat de Cataluña, aún no concretado en nada, sirve a los autores para escribir una obra en la que desmontan tanto el agravio financiero que alega la Generalitat como varios de los mitos que existen en nuestro país sobre las finanzas públicas. Es un resumen acelerado de cómo y quién recauda en España, en qué se gasta, qué partidas son las que consumen la mayor parte del presupuesto, que tiene sentido descentralizar, qué no, cómo se ve afectada la lucha contra el fraude fiscal con este tipo de medidas…. El tema es farragoso, pero lo que se explica se hace con sencillez. Es un libro necesario, no sólo por cuestiones coyunturales.
 
* Quien tiene miedo muere a diario, de Giuseppe Ayola, Gatopardo ediciones, 262 páginas
Dejado por un compañero de trabajo. Es un libro testimonial de Giuseppe Ayala, fiscal antimafia italiano, íntimo amigo de Falcone y Borsellino, jueces asesinados por los delincuentes cuando desde la justicia se organizó, por fin, de manera decidida para luchar contra esa lacra. Crónica de esfuerzos, trabajo, vida, muerte y sacrificios de un grupo de funcionarios, servidores públicos en el mejor de los sentidos, que en no pocas ocasiones fueron abandonados por el estado al que servían. Denuncia de una impotencia, en gran parte, impuesta por las propias autoridades italianas.
 
* Una historia personal de la arquitectura europea, de David, editorial Tusquets, 400 páginas
David Ferrer es arquitecto, y, sobre todo, un amante de su profesión que la explica de manera muy clara para los no iniciados. A lo largo de todo el continente europeo, y desde la Grecia clásica hasta el periodo entreguerras del siglo XX, Ferrer ilustra las bases, condicionantes, evolución, usos, modas y formas de construcción que han dominado hasta conformar los estilos que ahora llamamos como clásico, gótico, neoclásico, la Bauhaus, etc. Es un texto excelente para introducirse en el tema, y sirve como compendio general de la materia.
 
Los extrañados, de Jorge Freire, editorial Libros del Asteroide, 224 páginas
Libro curioso en el que el autor, en cuatro capítulos, recrea la biografía de cuatro escritores famosísimos en su tiempo que acabaron desubicados por completo, y que hoy son muy poco reconocidos por el público general. Wodehouse, Bergamín, Blasco Ibáñez y Edith Warton le sirven a Freire para, con un estilo literario de gran belleza, recrear episodios históricos significativos que los cuatro tuvieron la oportunidad de vivir. Una especie de minimemorias de sujetos en el margen.
 
* El mundo no se acaba, de Hannah Ritchie, editorial Anagrama, 472 páginas
Ritchie es una de las responsables de la excelente web Our World in Data, uno de los mejores repositorios de información de toda la red. Es experta en datos y muy concienciada con la idea ecologista, pero desde una perspectiva racional, y sin caer en alarmismos exagerados. En el libro aborda algunos de los más graves problemas a los que hacemos frente en este campo (contaminación, pérdida de biodiversidad, plásticos, deforestación, etc) evaluando de manera sincera la eficacia de las medidas que se llevan a cabo para mitigarlos, que en algunos casos funcionan y en otros no. Huye en todo momento del tremendismo que tanto vende y supone una visión racional muy necesaria en este campo de estudio.
 
 
…….. y una coda de años pasados, pero que ahora se convierte en profética
 
La conjura contra América, de Philip Roth, editorial Debolsillo, 432 páginas

Todos los libros de Roth son excelentes, cojan cualquiera de ellos y sumérjanse sin miedo en su universo. Este es distinto al resto, es una ucronía, fechada en un 1940 alternativo en el que el candidato aislacionista Charles Lindberg, sí, el aviador, obtiene una clara victoria frente a Franklin D Roosevelt en las elecciones presidenciales de 1940. Con la guerra en Europa lanzada y los nazis conquistando sin freno, Lindberg y el resto de su equipo, con evidentes simpatías respecto al régimen de Berlín, dan un viraje total a la política norteamericana, dejando aislado al primer ministro británico, Churchill, desentendiéndose de todo lo que tenga que ver con el acogimiento de los europeos que huyen del continente, pactando con los nazis un entendimiento cordial, y poniendo en marcha en el territorio americano una política de persecución centrada en la numerosa comunidad judía que reside en el país.
 
Sí, es ficción, sí, pero, en este 2025 que dejamos atrás… ¿se les hace familiar el argumento?
 


Final de 2025. Resumen económico

En lo económico, y no sólo, probablemente el día más importante del año haya sido el 2 de abril. En esa jornada Trump organizó una ceremonia en el jardín de la rosaleda de la Casa Blanca, en lo que denominó el día de la liberación, para presentar ante un mundo asombrado unas tablas con los aranceles que les iba a imponer a cada país, para penalizar las exportaciones que EEUU realiza del resto del mundo. Esa acción grotesca generó una convulsión en los mercados, que les llevó a sus mínimos del año, y obligó a Trump a recular y a establecer negociaciones comerciales algo más serias, pero no mucho, para pulir esas tasas abusivas que pretendía cobrar.

Lo más relevante del acto en sí no fue el hecho económico puro, que también, sino la traición de EEUU al libre comercio, a la seguridad jurídica, al respeto a los acuerdos firmados y, sobre todo, a un mundo de reglas e instituciones económicas que permiten que la globalización en la que nos encontramos funcione y genere beneficios para todos. Las ideas autárquicas, proteccionistas, son un profundo error y surgen de un mundo arcaico en el que los bienes y servicios carecían de la inmensa complejidad con la que ahora se dota casi todo lo que tenemos en nuestras manos. Tras el golpe de Trump los tambores de recesión anunciada sonaron con fuerza en EEUU y otras economías, pero a lo largo del año esos augurios han sido desmentidos por unas economías globales que siguen creciendo, unos índices bursátiles que recuperaron sus caídas primaverales y llegan a final de año, en bastantes casos, en máximos históricos, y unos volúmenes de deuda pública global que, lejos de contenerse, crecen y crecen sin cesar en una espiral a la que nadie quiere ponerle freneo. En España la economía ha seguido creciendo por encima de lo que los analistas pronosticaban a principios del año, y lo ha hecho espoleada por alguna de las fuerzas que ya estuvieron presentes en ejercicios anteriores. El turismo sigue desbocado, aunque parece haber tocado techo, la entrada de población en el país, inmigración latinoamericana principalmente, se mantiene fuerte, y eso genera tirones en la demanda y un crecimiento de la economía, aunque sólo sea por la agregación de los factores. Hemos superado los 49 millones de habitantes. Los fondos europeos del plan de recuperación han seguido gastándose e inyectando fuelle a la inversión en gran número de empresas, aunque los datos a este respecto siguen siendo algo escasos para determinar el efecto global de este aluvión de recursos. A estas fuerzas de crecimiento ya no se le suma el sector exterior, que a lo largo del año ha ido alcanzado un saldo negativo, con importaciones crecientes y exportaciones contenidas. Lo de los aranceles y la demanda interna desatada explican parte de ese comportamiento, pero otra parte también viene de una pérdida de competitividad de nuestros productos por culpa de una subida de los precios mayor que en otras economías. La inflación no baja del 3% y eso se nota, sobre todo, al hacer la compra, donde muchos productos básicos se han encarecido bastante por encima de la media que supone el índice. La renta per cápita del país se mantiene casi estable, mostrando que las ganancias de productividad son muy escasas, y con rentas quietas las subidas de precios suponen detracción neta de capacidad adquisitiva y sensación de empobrecimiento. La economía nacional crece más que las economías de los nacionales. A esto se debe sumar el problema del acceso a la vivienda, que se ha agudizado a lo largo del año, dado que los precios no dejan de subir. Esto ya es un freno evidente no sólo para muchas cuestiones sociales y existenciales de la ciudadanía, sino simplemente para el desarrollo económico. Hay zonas en las que no se puede contratar gente porque nadie puede ir a ellas a trabajar al no tener dónde residir, y eso empieza a pasar no sólo en lugares turísticos en temporada, sino en grandes ciudades como Madrid o Barcelona. ¿Estamos llegando al techo del ciclo?

Con un Ibex en máximos históricos, por encima del 17.100, la pregunta que recorre a los analistas es si la economía global en 2026 se va a estrellar por la existencia de una burbuja en torno a la IA que puede reventar y llevarse las cotizaciones de las enormes empresas implicadas en esos desarrollos y dejar deudas impagadas de dimensiones monstruosas. Algunos de los implicados en el desarrollo de esa tecnología si muestran cuentas y gráficas propias de burbuja, pero otros no. Y ya saben, solo fue burbuja si reventó, no en caso contrario, por lo que habrá que ir viéndolo. El vaticinio para el 2026 es, a priori, positivo, pero con elevadas incertidumbres.

jueves, diciembre 18, 2025

Las plataformas arrasan

¿Cuántas veces ha ido usted al cine este año a ver una peli? Piénselo bien, no cuántas pelis ha visto, sino salas de cine que ha pisado. En esta muestra sesgada y nada significativa que es mi vida, les confieso que apenas una, con un amigo. He intentado ver otras dos o tres más, pero las ventanas de exhibición cortas, por las políticas de estreno de las plataformas, y lo imposible que se me hace entre semana ir a una sala por la tarde han hecho que mi presencia en los cines haya sido testimonial, ínfima. Apenas he contribuido a su negocio y, con unos cuantos como yo, la industria no es que tenga un serio problema, es que desaparece.

Viene esto a cuento de la noticia conocida ayer de que Youtube ha firmado un acuerdo para hacerse con los derechos de la gala de los Oscar, evento que la cadena de televisión ABC retransmite desde hace medio siglo, más o menos. Es todo un notición, porque independientemente del importe del contrato y de las modalidades de emisión que Youtube decida, si lo hará en abierto, será de pago o similar, el hecho supone todo un cambio en la industria audiovisual estadounidense, y un nuevo golpe profundo a la estructura televisiva convencional, a la de los canales lineales, cuya audiencia desciende suave pero constantemente, a costa del visionado en las plataformas, bien sean de producción de contenidos o de mera difusión de vídeos como redes sociales. También está ahora mismo en plena disputa la posesión del estudio Warner Bross, uno de los más importantes y míticos de Hollywood, por el que se están pegando, por un lado, Netflix, que oferta 83.000 millones de dólares por la empresas pero sin la división de televisión (eso deja fuera del acuerdo a Discovery y CNN, por ejemplo) y Paramount, que con el apoyo de contactos trumpistas ha elevado la puja algo por encima de los 100.000 millones por el paquete completo, cadenas de televisión incluidas. Que Netflix fuera la primera que hizo la puja vuelve a poner sobre la mesa el hecho de que, ya, son las plataformas de difusión de contenidos las que dominan el mercado, mientras que el clásico sistema de estudios de Los Ángeles decae, cuando no agoniza. La facturación de las películas no es ya, ni mucho menos, el mayor de los negocios en ese mundo. A veces hay excepciones, como fue el año pasado con Oppenheimer y Barbie, que lograron grandes taquillas, o este con alguna película de animación, pero, en general, los ingresos por exhibición de las cintas (que hace bastante que ya no son cintas) han ido menguando, tocaron fondo con la pandemia y no se han recuperado desde entonces hasta los niveles previos. Empieza a haber generaciones de personas para las que ir al cine ya no es un hábito de sus vidas, sino una rareza, algo incluso propio de mayores. El móvil y la pantalla de casa son los reyes del visionado, y los productos se elaboran para esos formatos y para formas de consumo en los que la demanda del consumidor sea la que determine cuándo y cómo se ve. Los atracones de capítulos, los maratones, ver la serie en el metro de camino al trabajo o de vuelta a casa… el consumo audiovisual se ha fragmentado en tiempo y forma, y en ese mundo la plataforma que distribuye el producto es la que es capaz de proporcionar a cada consumidor no sólo el producto que más le satisfaga, gracias al poderoso algoritmo, sino sobre todo cuándo y cómo le plazca, o directamente pueda. El ver una peli en un lugar físico determinado y a una hora dada del día empieza a ser algo muy restrictivo para mucha gente. Y eso puede acabar convirtiendo al negocio de los cines en una rareza, como la de la ópera, que sigue existiendo, sí, pero que no es relevante ni en lo económico ni en lo social.

Evidentemente todos estos movimientos también afectan a lo que se produce. Las plataformas conocen cada vez más los gustos de sus clientes y les dan visionados que les satisfagan, lo que muchas veces genera una burbuja de contenidos casi clónicos, en los que se hace realmente difícil distinguir entre una y otra serie. Si generan beneficios y satisfacen al consumidor, perfecto. Puede que la originalidad acabe refugiándose en el cine de toda la vida, cada vez con menos recursos, y por ello con la necesidad de experimentar para sobrevivir, y de ese proceso es donde pueden surgir ideas nuevas que, con el tiempo, acabarán siendo absorbidas por las plataformas y nuevamente clonadas hasta el hastío, y vuelta a empezar. El cine no se acaba, pero no creo que vuelva a ser nunca lo que fue.

miércoles, diciembre 17, 2025

Tarde, la UE rectifica con los coches

En el mundo de la competitividad global la UE es un caso digno de estudio. Para ciertas cuestiones mantiene un apoyo sólido a sus empresas a sabiendas de que sólo su buena marcha es la garantía de la prosperidad de sus ciudadanos, pero en otros casos es experta en pegarse tiros en los pies, es cometer errores regulatorios brutales que no pagan otras naciones y sus empresas, sino las europeas. En el caso de la agenda verde, el ecologismo dogmático ha condenado a sectores enteros de la UE a un retraso endémico frente a sus competidores y, lo que es peor, ha destruido ventajas competitivas absolutas que nos servían como soporte para una transición ordenada.

El caso del coche es paradigmático. Las marcas europeas eran líderes globales en producción y ventas, con el coche francés y alemán como líder para la clase media y las marcas alemanas de lujo como referente incuestionable de calidad y prestigio en todo el mundo. La tecnología eléctrica era algo residual en el continente y una de las puntas de lanza de la competitiva industria automovilística china, mientras que la japonesa optaba, sobre todo, por la hibridación, con mezcla de combustión y batería. La decisión política de la UE de fijar una fecha en el horizonte, 2035, para la prohibición de la venta de vehículos de combustión, tomada hace ya algunos años, a la búsqueda de la reducción forzada de emisiones, pilló a los fabricantes europeos sumidos en una tecnología en la que alcanzaban la mayor de las eficiencias y beneficio, y de un día para otro se encontraban con que se convertiría en un objeto prohibido. Consumidores europeos de todo tipo empezaron a hacer cuentas y ver qué podían esperar, y para la inmensa clase media europea, el sostén de los países y sus sociedades, el vehículo eléctrico era, sigue siéndolo, el lujo al que se puede aspirar en caso de disponer de un segundo coche, pero en ningún caso la solución tecnológica válida para poder usarse como vehículo único para todos los servicios que presta un coche en nuestra vida diaria. China, que es mucho más lista de lo que somos capaces de imaginar, supongo que festejó con lo que allí sea menester en esos casos cuando vio que el gran competidor global en el mercado del automóvil decidía suicidarse tecnológicamente. Poseedor de tecnología avanzada, economías de escala dadas las dimensiones de su país y del acceso privilegiado a las tierras raras necesarias para su desarrolló, se lanzó a la producción en masa de vehículos eléctricos con la idea de romper el mercado global, en el que la UE es uno de los más deseados. Sin barreras arancelarias y con una legislación que parecía estar redactada en Beijing y no en Bruselas, el desembarco del coche chino comenzó entre nosotros hace no muchos años, y desde entonces sus ventas se han disparado, comiendo gran parte de la tostada en el mercado de los eléctricos puros, donde dominaba Tesla en el sector del lujo en el que se mueven, y haciéndose un notable hueco en el de las motorizaciones híbridas, donde Toyota y el consorcio Kia Hyundai se han hecho muy fuertes. BYD, Omoda, Jaeeco, Ebro, MG… no son pocas las marcas chinas que ya se ven de manera regular entre nosotros. Mientras tanto, las marcas europeas tradicionales, piense usted en Stellantis (Peugeot, Citröen, FIAT, Opel y otras) Renault o el consorcio Volkswagen han ido perdiendo cuotas de mercado de una manera constante durante estos años, provocando la paralización de varias líneas de montaje y toda una crisis en el sector auxiliar de automoción, que vive con pánico el descenso de ventas de una tecnología que los requiere en abundancia, cosa que no sucede con el coche eléctrico, mecánicamente un juguete. Las marcas alemanas de lujo, Mercedes, BMW, Porsche, Audi…se han enfrentado al mismo problema y, pese a contar con un nicho de mercado más protegido, sufren de igual manera y ven reducida su presencia entre nosotros y en el mercado chino, donde las marcas de lujo locales ya les miran de igual a igual.

La decisión que ha tomado ahora la UE de enmendarse es la correcta, porque la tecnología dominante en el futuro será la que el mercado, la economía y las posibilidades técnicas determinen, pero no lo que indique un reglamento. Sin embargo, gran parte del daño ya está hecho, la viabilidad del sector de automoción europeo no va a verse salvada por este giro, que llega tarde, y miles de empleos de ese mundo, y de su auxiliar, se van a ir perdiendo en estos años a medida que las marcas chinas, que ya han hecho lo más difícil, se consoliden. Difícil encontrar un ejemplo mejor sobre cómo infringirse, de manera voluntaria, de manera voluntaria, el mayor de los daños posibles.

martes, diciembre 16, 2025

Enajenación

La historia demuestra que el poder es como el alcohol, algo que apenas deja inmune a quien lo prueba. La borrachera de poder se traduce, entre otras cosas, en una egolatría desatada que hace que el gobernante pierda poco a poco el contacto con la realidad y se crea un mundo fabricado en su mente, un mundo que puede ser relativamente real en su entorno, donde quienes habitan dependen de él para seguir y no hacen otra cosa que adularle para mantener en pie sus privilegios sociales o económicos. Siempre llega el momento en el que ese castillo imaginario se derrumba, a veces de manera suave, no pocas con estrépito y furia.

La comparecencia de Sánchez de ayer, adelantada con respecto a lo habitual para, muy probablemente, librarse de dar explicaciones sobre el resultado del PSOE en las elecciones extremeñas de este próximo domingo, fue un ejercicio perfecto de esa irrealidad en la que vive el gobernante encastillado en su fortaleza, ajeno a lo que pasa fuera. La mayor parte de los presentes en el acto cobran un excelente sueldo mensual por loar a quien estaba subido en la tribuna, y casi lo mismo se puede decir de no pocos de los que acudieron al evento en calidad de lo que antes se llamaba periodista. Un discurso el del presidente evasivo, en el que empleo varias veces esa nueva fórmula, inventada por el departamento de comunicación y propaganda de Moncloa, que consiste en decir que se asumen responsabilidades por las cosas que pasan, pero no se hace absolutamente nada. Un nuevo juego de prestidigitación basado en palabras huecas, falsas, que no dicen nada. A la catarata de escándalos, tanto de corrupción económica y política como de encubrimiento de acosos sexuales, la respuesta del líder consiste en decir que nada es culpa suya, que si ha habido fallos otros serán los responsables, y que, en todo caso, fuera de la organización que el preside con autoridad extrema, las cosas son mucho peores. Nulos ceses, nada de dimisiones, todo es maravilloso y cada elección futura se convertirá en el abrumador respaldo de la sociedad española al mejor dirigente que en su historia ha habido, él mismo, por si tenían alguna duda. Fuera de ese recinto, de ese grupo de personas subvencionadas que contemplan con pánico la posibilidad de que se les acabe el chollo del que viven, y que su tren de vida descarrile al estilo de las Cercanías de RENFE que ya nunca pisan, el país vive ajeno a las palabras de un mandatario que ha resultado ser, para muchos, uno de los mayores fraudes de la historia moderna. Un excelente vendedor, genio del marketing, que subido a la ola de escándalos y fracasos de un PP noqueado, consiguió montar un discurso que aunó muchas voluntades en la idea de una regeneración, modernidad y cambio de estilo, que se han demostrado la pantalla perfecta para que la corrupción se mantenga en muchas de las instituciones y procedimientos administrativos del país, sin sonrojo alguno. Sánchez ha sido una maestro en eso que ahora se llama el uso de la realidad alternativa, convertir en verdad, a fuerza de machaqueo mediático, lo que para él, en cada momento, conviene que sea la verdad. Lo que era inconstitucional e imposible el martes por supuesto que es plenamente legal el miércoles, y así todo el día, de fracaso en fracaso, manteniendo el puesto de la presidencia del gobierno a pesar de las derrotas electorales y del incumplimiento de unos compromisos que han mostrado el nulo valor de su palabra. Sánchez ha inaugurado una nueva manera de hacer política en España que es nefasta, y que tras su marcha, me temo, otros emplearan, porque si el objetivo es permanecer en el cargo, es evidente que le ha funcionado durante no pocos años. Abrir esta espita en el paisaje político nacional, la de la destrucción absoluta de la verdad por mera conveniencia personal, es un peligro. Será una de las peores herencias que nos deje.

Curiosamente, aunque dicen mantener posiciones ideológicas muy distintas, en esto Sánchez y Trump son muy similares. Ambos tienen un problema de egolatría absoluta, de narcisismo desatado, de necesidad de ser los únicos a los que el resto del mundo deba prestar sus ojos, y para ello no dudan en mentir, manipular y usar todas las herramientas a su alcance para corromper la legalidad en su propio beneficio. Su personalidad es lo único que les domina, carecen de empatía para el resto de sus semejantes, y son peligrosos para sus sociedades. Dado el poder que maneja, el peligro que supone Trump es, evidentemente, mucho mayor, pero nuestro sociópata particular al mando no es poca cosa, no.

lunes, diciembre 15, 2025

Matanza en la playa

La escena es muy rápida, improvisada, sin dirección alguna, pero con más fuerza que muchas de las películas imaginadas. El tirador, fusil en mano, apunta y dispara bajo unos árboles con unos coches aparcados a su espalda. Desde esos vehículos surge un hombre, calvo, gordito, que corre hacia el que dispara y se le echa encima por la espalda. Le agarra el cuello con el brazo derecho y trata de doblarle es espinazo. Son un par de segundos o tres los que los dos individuos aparecen unidos, con el rifle asomando por el lado izquierdo de la imagen, y transcurrido ese tiempo el asaltante pierde el control del arma, el que se le ha abalanzado se hace con ella, y las posiciones de fuerza se invierten, quedando el atacante desorientado.

El señor que se hizo con el arma e impidió al terrorista seguir disparando se llama Ahmed al Amed, tiene 43 años y es frutero, y ayer pasó de la irrelevancia en la que vivimos casi todos a la fama global por su acción, de un heroísmo extremo, en las cercanías de la playa de Bondi Beach, en Sidney, un lugar que todo el mundo asocia al relax, disfrute, sensación de paraíso, pero que la intolerancia antisemita convirtió ayer en el escenario de una matanza. Dos eran los atacantes que decidieron exterminar a cuando judíos pudieran, aprovechando que en la playa ese día se celebraba una concentración con motivo de la fiesta de Hanukkah. Armados con fusiles, apostados en una especie de puentes que parecen situarse en una posición que permite observar gran parte de la playa, las imágenes de lo sucedido muestran a los tiradores recargando su arma y disparando sin piedad una y otra vez sobre la multitud que, presumiblemente, se expone ante su mirada, haciendo blancos como si se tratase de una jornada de caza de perdices. El proceso de recarga del arma es manual, por lo que se aprecia, y eso aletarga un poco la secuencia de disparos, pero uno intuye que cada uno de los que se escucha hace mella en una persona, por la concentración y seguridad con la que el tirador ejercita su siniestra labor. En segundos la playa ha pasado de ser un lugar de ocio a convertirse en un insospechado escenario de pesadilla donde los gritos y las carreras se unen al sonido de los disparos que lo llenan todo. Miles de personas allí congregadas no saben lo que pasa, pero escuchan los tiros, e inevitablemente ven algunas de sus consecuencias, con cuerpos en el suelo, sangre y muerte. La situación se descontrola rápidamente y la llegada de los primeros cuerpos de seguridad no es capaz de poner en jaque a unos atacantes que actúan con una organización precisa, fruto probablemente de un entrenamiento eficaz y una voluntad a prueba de todo. Más y más policía llega al lugar del atentado, y la escena que van descubriendo les dejará, como al resto, en shock durante bastante tiempo. Se ha producido una matanza, no estamos ante un mero pánico y algunos heridos, sino ante un atentado con muchas víctimas mortales. Los esfuerzos de la policía empiezan a dar sus frutos, y uno de los atacantes acaba siendo abatido por ellos en un enfrentamiento armado. El otro es el que aparece en la escena del héroe que da la vuelta al mundo, y posteriormente a perder su arma, es detenido por la policía y custodiado. Se descubre un vehículo, en el que al parecer los atacantes han llegado al lugar de su acción, en el que según varias fuentes se hallan algunos artefactos explosivos, que no han sido utilizados. Quizás la idea fuera arrojarlos contra multitudes congregadas en la playa, o convertir al coche en una trampa para que, en medio de la confusión, estallase y aumentara el balance de fallecidos y contribuyera al caos. No se sabe con precisión. Las autoridades logran acotar el escenario, confirmando que los atacantes eran esas dos personas, la abatida y la detenida, padre e hijo según algunas fuentes, y que tras su neutralización el ataque ha culminado. Esa noticia llega cuando la zona de la playa y aledaños ya es un desierto, tras la huida de todos los que han podido, y sólo queda un rastro de fallecidos y heridos diseminados a lo largo de un amplio espacio. El balance es desolador.

Quince son las personas asesinadas y decenas las heridas por este ataque terrorista, el más grave de la historia de Australia, creo, una nación en la que la violencia es escasa. La motivación es claramente antisemita, y habrá qué estudiar cuáles han sido los orígenes de todo esto, si esas dos personas se han radicalizado por su cuenta o no, si han contado con apoyo externo, eran una célula durmiente islamista, estamos ante una venganza por lo sucedido en Gaza…. En todo caso, más allá de lo que dictamine la investigación, el horror por lo sucedido es enorme, el trauma para los supervivientes inmenso, y la sinrazón de la violencia, otra vez, dejándonos al resto mirando sin entender nada, sólo padeciendo.

viernes, diciembre 12, 2025

Marina Corina Machado en Oslo

Mientras en España las tramas corruptas del desgobierno sanchista empiezan a reventar una detrás de otra y los juzgados se preparan para años y años de trabajo, en medio del silencio cobarde de los que respaldan o viven del agónico mandato de lo que antaño fue el PSOE, en Oslo, al día siguiente de al entrega del Nobel de la Paz, Marina Corina Machado pudo llegar a la ciudad y presentarse ante la multitud congregada en el hotel en el que se alojan las personalidades relacionadas con ese galardón. Fue su hija la que subió al estrado el jueves y pronunció el discurso de agradecimiento y aceptación. Ayer Marina era, nuevamente, la protagonista.

Su huida de la cárcel que es Venezuela refleja bastante bien lo que supone vivir en una dictadura, llevar una vida en la clandestinidad y oponerse, jugándose el tipo, a los designios del omnímodo poder que no duda en golpear con toda la fuerza posible a quien ose levantarse contra él. Las dictaduras funcionan como cárceles en ambos sentidos, acceder a ellas es difícil desde el exterior, y escaparse resulta aún más complicado, porque una de las obsesiones de todo régimen autoritario es que la población viva confinada, ajena al exterior, sin posibilidad de evadirse. Por eso la salida de Machado del país ha debido de ser una aventura de lo más rocambolesca, y con peligros de todo tipo, porque si llega a ser descubierta es más que seguro que las fuerzas del régimen la hubieran encarcelado en alguna prisión y su hubiese frustrado toda posibilidad de viajar a Oslo. Una vez que ha llegado, Machado tiene dos retos importantes por delante. Uno, el de intentar volver, algo poco recomendable y difícil de lograr de manera clandestina. El otro es el de lidiar con la situación en la que se encuentra ahora mismo su país fruto de la presión militar norteamericana y de sus desconocidas intenciones. Machado, y con ella todos los que ansiamos la libertad, soñamos con la caída del dictador Maduro y de su régimen, pero mi opinión es que esto no puede hacerse mediante una intervención militar expresa de EEUU que, por así decirlo, tome Caracas, o detenga al dictador, o se lo cargue. Esa no sería la manera de lograr la libertad para aquel país, porque contaminaría el proceso de oposición democrática que lleva años enfrentándose al régimen de manera pacífica. Machado lo sabe, y en sus declaraciones desde que ha llegado a Oslo se ha mostrado ambigua, alabando por un lado la presión que Trump está haciendo contra el régimen, pero dejando claro que serán los venezolanos los que recuperen su libertad. La imagen de soldados norteamericanos asaltando el país es lo que necesita un personaje siniestro como Maduro para convertirse en mártir a los ojos de una parte de la opinión pública global, y de, también, capas de la población venezolana. Si, como se ha dicho, se ha negociado una salida para el dictador de tal manera que tenga inmunidad y pueda dejar el país a la búsqueda de un exilo en lugares amigos (Rusia, Bielorrusia, no descarten Madrid) el fruto de esta movilización militar de EEUU puede hacer que caiga la dictadura sin que se produzca un enfrentamiento real, y en ese caso el amago habría sido válido, pero como realmente nadie sabe lo que planea Trump y su círculo más íntimo la inquietud no hace sino crecer en todas partes. El último de los movimientos ha sido la toma de un petrolero venezolano por parte de las fuerzas norteamericanas, acusado de contrabando. Es cierto que este barco parece que sí figuraba en algunas listas que recogen material usado por redes ilegales en sus procesos de tráfico de sustancias y mercancías, pero la imagen de los helicópteros y soldados de EEUU tomando el buque ha desatado aún más nerviosismo.

¿Estamos ante un proceso de amenazas crecientes para que Maduro se de cuenta de que no tiene alternativa y debe huir? ¿La marcha de Maduro provocará que el régimen, en manos de los militares, se avenga a razones y acepte un proceso de transición? ¿Tiene planes EEUU respecto al petróleo y recursos naturales de Venezuela que no ha hecho públicos? ¿Es Venezuela el primero de una serie de intentos de volver a someter bajo su dominio a los países latinoamericanos, renovando la doctrina Monroe del “patio trasero”? Nadie lo sabe, Machado tampoco. Por ahora, festejemos que disfruta de días de libertad y reencuentros con los suyos, pero el futuro de Venezuela es una total incógnita.

jueves, diciembre 11, 2025

Puertas giratorias con nueces

La cascada de casos de corrupción que se acumulan en las postrimerías del sanchismo sólo es comparable a la verborrea de Trump. Ambos fenómenos son imposibles de abordar en su conjunto, saturan al que los recibe, estresan sin piedad al consumidor de noticias, que no logra enterarse de uno de los asuntos cuando aparece otro que lo sepulta. El ruido es total, la sensación de derrumbe creciente y la percepción pública, al menos en lo nacional, bastante coincidente en que esto es la agonía de un desgobierno que no arrancó traicionando su promesa electoral de no amnistiar y que acabará con un rosario de vistas a los juzgados y, quizás, a las prisiones.

Pero siempre los hay que sacan tajada en todas las ocasiones, y en esto es justo reconocer que el PNV es el maestro absoluto a la hora de llevárselo, crudo, cocinado o a medio hacer, da igual. Una de las peores consecuencias de la corrupción es la disolvente evidencia de que uno es imbécil, y que el corrupto así te trata a la cara. Véase lo que pasa en Telefónica. En esa empresa los gobiernos de turno siempre han metido más o menos mano, en función de la época y de la participación que el estado tenía en la compañía y, también, el descaro con el que se actuaba. Ahora mismo, con una posición del 10% en el capital de la empresa, Moncloa manda mucho y se cree el mandamás de la compañía, y eso afecta a todas las líneas estratégicas de la empresa, a sus negocios presentes y futuros, al valor depauperado de la acción y a un montón de cosas. En este contexto, se ha presentado un nuevo ERE que afectará a varios miles de personas. Se empezó a hablar de unas seis mil y ahora la cifra que se baraja ronda los cuatro mil. En todo caso, mucha gente, un porcentaje significativo de la empresa, que afecta a todas las estructuras de la misma. Vendidos como una herramienta para optimizar las cuentas, normalmente estos EREs suelen ser bastante generosos, y esconden en sus condiciones el desprecio que supone el que personas valiosas que puedan llevar mucho tiempo trabajando en la empresa y conocen del negocio sean echadas a unas edades en las que su productividad aún es alta para, en general, ser suplidos o por gente joven inexperta, que debe formarse, pero que cobra mucho menos, y en no pocos casos amiguetes que ni saben ni se espera que trabajen, pero que suponen la devolución de favores pasados en forma de lustrosos despachos, cargos con gran pompa en su denominación y presencia garantizada en eventos y todo tipo de saraos públicos, junto a un sueldo equivalente a varios de los válidos empleados echados de manera indigna. Ayer se supo que Movistar Plus, una de las grandes divisiones de la compañía, va a incorporar como consejero a Andoni Ortúzar, hasta hace poco presidente del PNV. El conocimiento de Ortúzar sobre el mercado audiovisual, el mundo de las plataformas, la conectividad y otras tareas que desarrolla la empresa en la que desembarcas es, probablemente, casi nulo, pero eso da igual. A Ortúzar no se le coloca por su valía o por los contactos, otra de las excusas que se usa en estos casos, a veces con cierto peso argumental, sino para compensarle por lo mucho que ha hecho para que el actual gobierno de Sánchez siga en el poder, empezando por el apoyo de los diputados peneuvistas a la moción de censura que descabalgó a Rajoy. Ortúzar siempre ha sido muy de Euskaltel, la operadora de telecomunicaciones vasca, lo que es una manera de decir que su nacionalismo siempre ha estado por encima de todo, un nacionalismo en versión chulesca en el que siempre ha tenido claro hasta qué punto él y los que considera “los suyos” tienen derecho a una posición de privilegio absoluto sobre todos los demás, a los que considera inferiores en todos los aspectos. Ortúzar siempre ha tenido a gala que el vasco, lo que él entiende como el vasco, claro está, está por encima de todo lo demás, en una visión medieval y retrógrada que puede ser blanqueada como “progresista” si se vota a favor de las medidas de los que venden el carnet de “progresista”. Visto lo que se va a embolsar ahora, es evidente el buen negocio personal que ha hecho.

Póngase usted en la piel de uno de los empleados de la empresa, pasada la cincuentena de años, con la vida a medio hacer y aún un montón de retos por delante, que recibe la comunicación de que es expulsado de la entidad a la que ha dedicado tiempo y sacrificios de todo tipo, y ve como alguien como Ortúzar es aupado (le encantaría a Andoni ese término) a la dirección de la entidad con unos costes que el empleado y gran parte de su departamento juntos jamás alcanzarían. La sensación de cabreo, de estafa, de engaño, es inevitable. Y sí, la sensación de que quienes nos gobiernan consideran que somos imbéciles, y como tales nos tratan.

miércoles, diciembre 10, 2025

Prohibidas las redes sociales a menores en Australia

Hace un tiempo alguien dijo que el móvil era el nuevo tabaco, y me pareció en su momento una expresión bastante acertada para definir el grado de enganche que nos genera el dispositivo y las perniciosas consecuencias, aún muchas en duda o estudio, que puede generar en nuestro cuerpo y, sobre todo, mente. Desde entonces el proceso de adicción al dispositivo ha ido a más en todo el mundo y las redes sociales se han convertido en el gran absorbedor de tiempo, atención y recursos de muchos millones de personas, en mayor proporción si se es joven, pero con un patrón de adicción que se da en cualquier edad y grupo social.

Desde hoy, en Australia, está prohibido al acceso a redes sociales para menores de 16 años. X, Facebook, Tik Tok, Snapchat, Instagram…. Todas ellas y algunas más exigen ya conocer la edad real del usuario y para ello requieren documentación o registros, lo que se haya determinado en la norma por parte del gobierno de Camberra, para verificar que quien realmente accede a ellas realmente ha cumplido, al menos, esa edad límite. Las plataformas dueñas de las redes, casi todas ellas norteamericanas (gran excepción la china Tik Tok) se quejaron ante el gobierno cuando se produjo la presentación de esta idea y su debate en el legislativo, pero han acabado aceptando a regañadientes instalar sistemas de control de acceso, a sabiendas de los costes que esto les va a suponer y, sobre todo, las futuras ganancias que pueden perder. La idea de la norma es que, conocidos ya algunos estudios en los que se señala el impacto de la sobredosis de redes sociales en el desarrollo de patologías como la ansiedad, depresión o el autismo social, los jóvenes australianos se vean forzados a volver a la vida “exterior” de antaño en la que las relaciones entre personas se hacían cara a cara, no con pantallas mediante. La norma es, por ahora, única en el mundo, y supone todo un experimento sociológico, tanto para ver si realmente llega a ponerse en la práctica como, si lo logra, ver si genera efectos. Prohibir es un recurso fácil de proclamar y difícil de llevar a la práctica, ya que siempre genera un mercado negro alternativo en el que la prohibición se vulnera, creando de paso una cierta aura de transgresión, que a esas edades juveniles tiene un atractivo evidente. Hay soluciones tecnológicas que permiten saltarse cortafuegos, muros y demás sistemas de restricción de acceso, y en el mercado internacional no serán pocos los que ofrezcan pasarelas a los chavales australianos para que puedan entrar en las redes saltándose los límites. Habrá que estudiar todo eso, pero es probable que también haya numerosos grupos de críos que sí cumplan la norma y se restrinjan en su uso del móvil, y serán estos los que sirvan como base para comprobar si algunas de esas patologías que antes les comentaba, que se sospecha se han acelerado notablemente por la presión de las redes y el mundo virtual, se frenen, revierten o mutan de alguna manera. A esas edades la presión del grupo, el pertenecer a uno y el papel que se desempeña ante los amigos son fuerzas inmensas que condicionan notablemente el comportamiento de la gente. La adolescencia es, en esencia, la gestión de la presencia de la persona en el entorno social una vez que la autoridad familiar ya no es la única que rige. Durante ese periodo, en el que siempre hay problemas, la influencia que recibe el chaval de lo que y quienes le rodean es máxima y suele socavar lo que las familias han ido inculcando de una u otra manera, a veces de forma violenta, otras no, cada persona es un mundo. Y es evidente que las redes, que a los adultos nos condicionan mucho en nuestro día a día, suponen para los menores una entidad de una fuera irresistible. El triunfo, la visibilidad, el dolor, el reconocimiento, todo ahora mismo gira en torno a ellas, para los críos y para nosotros. Piense usted que me lee, que puede que tenga la sensación de que el móvil y las redes le oprimen, lo que pasará por la cabeza en formación de un crío ante un mundo virtual desbordante e infinito.

A priori, sin ser un experto en el tema, sí creo que hay que establecer una serie de limitaciones en el acceso a dispositivos y a su uso a edades tempranas. Eso de que los jefes de Silicon Valley llevan a sus hijos a colegios donde escriben a mano y se prohíben las pantallas no es un mito, sino una realidad, y parece demostrada la pérdida de ciertas habilidades sociales y mentales tras el consumo indiscriminado de pantallas. Como pasa con el coche, que podemos usar y tiene enormes ventajas, la sociedad ha ido creando un código de circulación para evitar accidentes e impedir su suso cuando no se conoce la normativa ni las consecuencias de emplear la máquina sin control. Puede que Australia, pionera en este caso, marque el camino. Habrá que ir viendo cómo se desarrolla esta iniciativa.

martes, diciembre 09, 2025

Acoso y derribo a la UE

Durante este pequeño puente, en el que en España hemos estado de ocio prenavideño, el mundo no se ha detenido. Más bien lo contrario, ha acelerado en algunas de las dinámicas más perniciosas de las que han eclosionado en este condenado 2025. Mientras que la presión a Ucrania por parte de EEUU crece, en lo que ya es un evidente chantaje que pone sobre las cuerdas al gobierno Zelensky, desde la Casa blanca se ha dado la orden de atacar con saña al conjunto de la UE, con la idea de debilitar nuestro vínculo con Ucrania y los propios lazos que nos unen en el proyecto europeo compartido.

Era asombroso ver, a lo largo del fin de semana, como un desquiciado Elon Musk se dedicaba en su red X a escribir in freno basura tras basura contra la UE, en la que mezclaba noticias ciertas con errores de la Unión y muchas muchas falsedades, todo ello apoyado en la idea general de que la soberanía de los estados debe estar por encima del poder dictatorial de una UE que restringe la libertad de expresión y los derechos en Europa, continente sometido a censuras sin fin. Leer algunos de estos mensajes lisérgicos era como ponerse a ver una película de serie Z en la que la producción es tan cutre que todo resulta cómico, solo que en el fondo no hacía gracia alguna. Muchos de esos escritos se basaban, sí, en errores cometidos desde las instituciones comunitarias, porque la UE también se equivoca, como todo el mundo, pero el contenido general y el tono de los mensajes superaba por mucho lo insultante para llegar directamente a la agresión. El lema que acompañaba a todos ellos era el de CancelUE, eliminar la UE, disolver la UE, así que, al menos, no se puede acusar al personaje de actuar de manera disimulada. Busca sin ambages nuestra destrucción como unión de estados. Lo más cachondo de todo era que cada gracia que soltaba Elon era apoyada fielmente por personajes como Dimitri Mevdeved. Alexander Dugin, Orban, Fico y otros sujetos reaccionarios que, o bien dirigen una dictadura o aspiran a hacerlo en sus naciones. Musk acusa desde su red X de censura a la UE y desde Rusia dirigentes de la nación lo apoyan, en un país en el que no se puede usar X porque, como casi todo, está prohibida. En la UE la red de Musk y todas las demás plataformas tecnológicas dominantes, de nacionalidad norteamericana, son plenamente operativas, y se usan a diestro y siniestro, generando beneficios a terceros y, claro, también a sus dueños, incluido el propio Musk. En Rusia X está tan prohibido como Facebook, Google y demás, y sólo a través de subterfugios como las VPN privadas el ciudadano ruso puede escapar de la cárcel cibernética que el régimen de Putin le ha impuesto. Pero no, la dictadura es la de la UE, el mal radica en Bruselas, y Moscú es el paraíso de las libertades. El mundo al revés, fruto no se si de una ingesta excesiva de sustancias, pero sí de una visión global desquiciada en la que no se es capaz de distinguir las fantasías de la realidad. Los ataques se han sucedido sin freno a lo largo de estos tres días, y desde ayer el propio Trump se ha sumado a los mismos, haciendo suyos los contenidos más vitriólicos de la nueva estrategia de seguridad que ha publicado el gobierno norteamericano, en la que califica a Europa de lugar decadente (algo de razón tiene) sometido a una invasión multicultural y en riesgo de desaparición. Dejamos de ser para ellos un aliado, un socio, un semejante, para convertirnos en un paria, en un estorbo, en alguien débil en un mundo de hombres fuertes que pueden reconfigurar el globo de acuerdo a sus deseos, creando esferas de influencia en las que la soberanía regional esté al mando de los designios de la potencia dominante. Se ve que a nosotros nos toca Rusia, y que Washington ve con buenos ojos todo lo que sean los deseos del Kremlin, en Ucrania y más allá, y claro, para eso la UE es un estorbo. Hay que cargársela, hay que liquidarla, hay que separar a las naciones para debilitarlas.

La tardanza en la reacción de Bruselas ante semejante andanada de disparates ha sido evidente, probablemente también porque allí aún no son conscientes del lío en el que nos hemos metido una vez que el garante de nuestra seguridad, EEUU, nos desprecia. Creo que aún domina en las cancillerías europeas el estupor cuando debiera ser el pánico lo que les moviera a actuar. Hay una negación colectiva, una especie de “esto no puede estar pasando” en la que París, Londres o Berlín, por poner los núcleos reales de poder del continente, no asumen que quien ha sido nuestro aliado determinante desde hace ochenta años está pactando con nuestros enemigos.

viernes, diciembre 05, 2025

Ejecuciones en alta mar

Sigue sin estar nada claro cuál es el objetivo del despliegue milita norteamericano frente a las costas de Venezuela, peo sí sabemos lo que hace con las presuntas lanchas de narcotraficantes que navegan por esas aguas. Las elimina. Desde que empezó esta campaña son numerosas las embarcaciones que han sido atacadas y hundidas por impactos de misiles lanzados desde aviones de EEUU, y la cifra de fallecidos se estima que ya anda por los ochenta, que no son pocos. Uno sería más que suficiente para que estuviéramos ante el dilema de lo que está sucediendo, porque lo que hace EEUU en esas aguas es completamente ilegal.

Cierto que esas embarcaciones pueden ser de narcos, portar drogas y servir para abastecer las líneas logísticas de los traficantes que luego las introducen en el país norteamericano y en otros, no lo niego, pero aun suponiendo esto, ¿Cuál es la legitimidad que tiene una nación para ir ejecutando a personas en el mar? Se puede hostigar a esas naves y forzarlas a que regresen a sus puertos, establecer un cierto bloqueo que permita el tráfico comercial y que ante naves sospechosas se ofrezca resistencia, pero esto de atacarlas como si estuviéramos ante un videojuego resulta inconcebible. Por la misma regla de tres la Guardia Civil podía avisar al ejército cada vez que se detecta una narcolancha en el estrecho o en la zona del Guadalquivir, y que un helicóptero artillado acudiese y la hiciera estallar en mil pedazos, asesinando a sus ocupantes. ¿Cómo lo veríamos? El ajusticiamiento del presunto delincuente no es justicia, sino dictadura. Por esa regla de tres Trump puede decretar que todo lo que no le guste es susceptible de ser disparado, y a buen seguro que estaría encantado de que así fuera. En fin, en medio de este debate en el que poca gente entra sobre lo que pasa en el Caribe, esta semana sí se han oído voces críticas en EEUU contra estas actuaciones porque en una de ellas se ha producido un hecho aún más grave. Se produjo el ataque aéreo sobre el buque y las imágenes posteriores mostraron que algunos de sus tripulantes seguían con vida, y desde el Departamento de Defensa, ahora renombrado como de Guerra, se ordenó rematarlos, cosa que la marina norteamericana hizo. Varios medios del país y congresistas han clamado diciendo, con razón, que si el ataque a las lanchas es un acto de difícil soporte jurídico, esta escalada no puede sino considerarse como una ejecución para la que el gobierno norteamericano carece de justificación ni de cobertura legal. Es un acto de lo más crudo y cruel y no hay forma de defenderlo. Ante el revuelo organizado, el Secretario de Guerra, Hegseth, trumpista hasta la médula, ha ido usando discursos alternativos en los que, en unos casos, admitía lo sucedido y en otros decía no saber si realmente había supervivientes tras el ataque inicial o no. Como buen cobarde que es, ha descargado las culpas de todo lo que haya podido suceder en un almirante naval, y se ha reafirmado en el discurso de dureza de la actual administración contra las drogas, la delincuencia, la inmigración y todo lo que suene a no trumpista. Hegseth es un ex presentador de la Fox, un Javier Ruiz de allí para entendernos, un indocumentado que poco más sabe a parte de mirar bien a la cámara, y que está al frente de la mayor maquinaria militar del planeta. Pillado ya en más de una ocasión compartiendo planes secretos de operaciones militares con conocidos en una red social no protegida, un grupo de Signal, Hegseth es de las personalidades más polémicas y peligrosas de toda la administración Trump. Su desprecio a todo lo que no sea él mismo es elevado, y las muestras de desafección que ha dirigido a Ucrania, y en general a toda Europa, lo definen muy bien. De gatillo fácil, no duda en usarlo, y ha convertido a las aguas del caribe venezolano y aledaños en su particular campo de tiro en el que, como si fueran platos, no duda en lo más mínimo a la hora de ejecutar. Le da absolutamente igual la vida de los que van en esas lanchas, sean quienes sean.

Estos son los prolegómenos de lo que pueda llegar a pasar en una Venezuela que sigue sometida a la opresión de la dictadura de Maduro, pero que puede enfrentarse a un ataque, quizás quirúrgico, de las tropas de EEUU. Derrocar a Maduro es una necesidad para que Venezuela pueda llegar algún día a la democracia. Hacerlo mediante una invasión o golpe auspiciado por EEUU es una de las peores maneras posibles de lograrlo, y puede convertir al sátrapa en una especie de mártir para los suyos, blanqueando los crímenes que ha cometido en estos largos años de dominio en Caracas. Todo lo que Trump toca se ensucia, puede que también la esperanza de la oposición venezolana.

jueves, diciembre 04, 2025

Salazar o la hipocresía absoluta

Supongo que ustedes no conocían hace unos meses, allá por el verano, a Francisco Salazar, alto cargo de la Moncloa sanchista. Yo tampoco. Le puse nombre y cara cuando, durante unas horas, sonó como sustituto de Cerdán al frente de la secretaría general de algo que en sus tiempos se llamaba PSOE, pero que apenas duró un par de días en las quinielas al destaparse unas denuncias de acoso sexual durante su desempeño como gran jefazo en el entorno laboral de la presidencia del gobierno. Después de ese incidente sus opciones decayeron y se le apartó de la vida pública, según informaron fuentes del partido.

Pues bien, Salazar ha vuelto a la actualidad pública no porque se ha solventado el expediente que se le abrió en su momento y se han determinado sus culpas, no sino por todo lo contrario, porque el partido ni le apartó de verdad ni, en la práctica, ha realizado gestión alguna para averiguar qué había detrás de las denuncias ni para escuchar a las posibles víctimas de los abusos señalados ni nada de nada. En estos meses lo que ha hecho el partido son dos cosas. Por un lado, dejar que el tema se duerma y desaparezca de los medios, y por otro, trabajar para rehabilitar a Salazar y devolverle algún cargo relevante. Sobre el acoso y las denuncias, nada de nada. Ahora, con el intento de recolocación del personaje, ha saltado a la web la denuncia de las víctimas de la total inacción del partido, de todas sus estructuras, de los altos cargos que las ocupan, a la hora de hacer algo en defensa de las mujeres que denunciaron unos comportamientos no se si delictivos, quizás sí, pero desde luego asquerosos y reprobables. Esas víctimas han sido tratadas por la organización, por eso que un día se llamó PSOE, con el mismo respeto con el que unos críos perciben a una papelera en la calle cuando pasean. Ante semejante desprecio, las víctimas han alzado su voz y la reacción del partido, pásmense, no ha sido la de darles la razón y rectificar lo hecho, no, sino intentar silenciarlas. La obsesión del PSOE ha sido en todo momento la de que nada de todo esto trascienda, de que una especie de omertá se imponga entre los militantes y cuadros directivos de la organización, que las vergüenzas se tapen de la manera más oculta y discreta posible, que esto no pueda ser utilizado como arma política por parte de ninguno de los adversarios del arco parlamentario. Realmente eso último es lo único que les importa. Tras un par de días de escalada en las noticias, y vista la imposibilidad de tapar lo que era una gestión imposible de defender, han empezado a surgir voces significativas que tachan a Salazar de lo que parece que es, voces que durante estos meses han callado con toda su fuerza y que, hasta hace apenas un mes, mantenían una relación de cordialidad absoluta con el personaje, porque el que tuvo poder algo mantendrá, y todo lo que hay en Moncloa tiene capacidad de decisión sobre el partido de una manera tan absoluta como no se ha visto nunca en esa organización que se llamaba PSOE. Ayer por la noche, a ser posible sin testigos, se convocó una reunión telemática en Ferraz con las delegaciones territoriales de igualdad para tratar el caso. Por lo que parece, las directrices del partido, léase de Moncloa, no han cambiado. Actuaremos, prietas las filas, silencio, fe en la organización y nada de preocupaciones. El mantra habitual de estos casos en los que la complicidad y el fracaso lo impregnan todo, pero por lo que se sabe esta sarta de mentiras tan repetidas ya no han colado como antaño, y la bronca entre las agrupaciones regionales del partido debe ser significativa. Quizás Ferraz, es decir, Moncloa, deba hacer algo de una vez, algo como tomarse en serio las denuncias de las víctimas y acudir a la fiscalía. Basta que pongan en los rostros de las acosadas un carnet de partido distinto al suyo para que empiecen a verlas como lo que parece que son, mujeres abusadas, no herramientas de disfrute al servicio del alto cargo de los “míos” que como tal a todo tiene derecho.

Quizás lo más relevante de este caso de inmensa hipocresía política, que ahora sucede en el PSOE, pero se repite a buen seguro en el resto de partidos de nuestro entorno, es que las informaciones que han destapado la necedad de la organización han partido de un medio afín, de eldiario.es, uno de los más fieles de la sincronizada sanchista, y el trabajo de ocultamiento de la televisión, radio y prensa oficiales no ha servido para cerrar la brecha. Si esta información la hubiera publicado, digamos, El Mundo, ¿qué recorrido habría tenido? Como siempre en la mierda de sectarismo político que vivimos en estos tiempos, no es el qué, sino el quién, y la víctima que se joda si no puedo usarla políticamente. Todo muy asqueroso, pero sin el estilo literario de Santiago Lorenzo

miércoles, diciembre 03, 2025

La mesa de Putin

Ayer la delegación norteamericana que actúa como presunta mediadora en las negociaciones de paz en Ucrania acudió a Moscú a reunirse con la parte a la que defiende y admira. Estaba encabezada por Steve Witkoff, millonario amigo de Trump y rendido admirador del dictador rusos, y Jared Kushner, yerno de Trump, marido de su hija Ivanka. Si había algún representante del Departamento de Estado sería para llevar los papeles a esos jefes o para barrer el camino por el que transitarían el par de personajes. El desprecio a la diplomacia, la propia y la ajena, por parte de Trump, es absoluto.

No contento con el ejercicio de pleitesía que se iba a producir, Putin escenificó de una manera bastante clara quién está al mando de la situación, controla los tiempos e impone las condiciones. El encuentro se celebró con algunas horas de retraso sobre lo previsto por necesidades de la agenda del líder ruso, y eso permitió ver entrañables escenas de Witkoff y Kushner paseando por la plaza roja como dos turistas, haciendo tiempo hasta que el mandatario les recibiera. Como muestra del desprecio que le produce a Putin todo este paripé de negociación poco más es necesario. Cuando la reunión se produjo, el sátrapa quiso escenificar su proximidad con los visitantes, de tal manera que les reunió en una mesa más pequeña de las que se suelen estilar en el Kremlin, y ambas delegaciones no se pusieron en los extremos, sino en los laterales de tal manera que se encontraban una frente a otra con una gran proximidad. Algo así como “lacayos míos que son, merecen estar cerca de su amo”. Escenas de sonrisas mutuas, relajadas, justo de este tipo que no son ofrecidas por los norteamericanos ni a ucranianos y europeos, que sólo reciben gestos adustos en cada encuentro. Del teatro escenificado ayer no se podía sacar mucha cosa, y eso es lo que cuentan las crónicas de hoy, con un Putin reafirmando la necesidad de las concesiones territoriales de Ucrania, su semidesmilitarización y prohibición de acercarse a la OTAN no ya como líneas rojas, sino como meros puntos de partida que se dan por descontados. En fin, una nueva muestra de que el ultimátum que lanzó Trump hace un par de semanas no tenía como destino a los contendientes de la guerra, sino sólo a la nación agredida, a Ucrania, no a la invasora, Rusia, que sigue viendo como su ventana de oportunidad global se amplia con las cesiones constantes por parte de una traicionera administración Trump. Pero no contento con esta galería de gestos, Putin decidió que ayer era un buen día para meter miedo a los europeos, cosa que saber hacer muy bien como mafioso profesional que es. En un encuentro con algunos medios, creo que antes de la reunión, mientras sus invitados esperaban, Vladimiro reiteró que el no desea la guerra con Europa (le faltó decir que tampoco la deseaba con Ucrania) pero que si rusia es agredida está más que preparada para responder y añadió que, tras esa respuesta, no sabía si quedaría algún europeo como interlocutor para discutir algo. Todo esta bravata a lo Putin, dicha sin histrionismo, con el rictus serio e impasible de alguien que no duda en mandar matar porque es parte de su cultura y forma de ser. El destinatario de este mensaje no era ni Trump ni Zelensky, sino las cancillerías europeas, los gobiernos de la UE, débiles en lo militar, temerosos en lo estratégico, incapaces en lo que hace a industria de defensa y sustentados por poblaciones que siguen viendo la guerra como una cosa anacrónica que sólo aparece en libros de texto y en monumentos medio olvidados en las calles de sus capitales. El objetivo de esta amenaza era meter miedo a Europa, que no se piensa que su capacidad es válida frente a una Rusia decidida, que no meta las narices en lo que Putin no considera ya su patio trasero, sino directamente una zona en la que posee derechos indiscutibles. Ayer volvió a quedar claro con qué tipo de sujetos nos relacionamos en el patio global.

¿Les da miedo Putin? ¿Debe dárnoslo? El argumento, sólido, de que en estos años de guerra la inoperancia del ejército ruso ha quedado muy de manifiesto contrasta con la capacidad de su industria militar de sobreponerse a los avances tecnológicos y al sobrado poder nuclear que atesora a lo largo de su inmensa nación. Y, sobre todo, al sabido desprecio que Putin procesa por su ciudadanía, por lo que ni les cuento por ustedes y por mi. Jefe de una mafia extractiva que vive de la explotación de los recursos naturales y del sacrificio de sus ciudadanos, Putin no tiene miedo alguno, más allá del de su propio final, y aunque su posición presente debilidades obvias, la nuestra es mucho más precaria.

martes, diciembre 02, 2025

Notificaciones

Desde hace un tiempo, no mucho, cuando iniciamos el viaje en bus a Bilbao, el conductor suele añadir a su aviso habitual de la obligatoriedad del uso de los cinturones de seguridad la recomendación de silenciar los móviles y de mantener las conversaciones en tono bajo. Esto viene de esa manía que tienen muchos de usar sus móviles sin auriculares y estar escuchando vídeos o cualquier cosa con la sensación de estar en el salón de su casa cuando ocupan un espacio público y al resto no nos interesa para nada lo que puedan estar escuchando. En el metro siempre hay más de uno en esta actitud, y pedirles silencio es, normalmente, inútil.

Ayer el chófer no dijo nada, lo que fue un inicio de viaje que me preocupó porque, abierta la veda, el descontrol podía ser intenso. Siempre con la espada de Damocles de un vídeo petardo o un tema reguetonero de fondo, el viaje trascurría sin incidentes (al final fue aburrido, ya se lo adelanto) pero con señales de notificación abundantes. Hubo un par de personas que recibieron varias llamadas a lo largo del recorrido y hablaron no poco, afortunadamente sin estridencias, una en castellano y otra en un idioma que no reconocía diría que de aire eslavo, pero no podría asegurárselo. Por fortuna tenían un tono de voz suave y aunque contestaron unas cuatro o cinco llamadas cada uno no causaron problema. Lo que era insistente eran los avisos de notificación que mensajes, whatsapps, actualizaciones o lo que sea que entraban en los terminales de muchos compañeros de viaje. No pasaba ni un minuto sin que sonase alguna campanilla, un “pop”, ping, u otra onomatopeya por el estilo que señalaba una entrada en el teléfono de alguien. Especialmente en la segunda parte del viaje el goteo de señales era casi como un contador de kilómetros, algo incesante. No eran avisos a un gran volumen, pero sí sonidos persistentes. Una de las principales causantes de ellos era una chica que estaba dos asientos delante y a mi derecha, que se pasó la mayor parte del tiempo trabajando con el ordenador portátil, y que simultaneaba dos teléfonos móviles con los que cruzaba mensajes y archivos. Había momentos en los que la pobre me daba pena, porque se le veía realmente agobiada con tanto cacharro y comunicación, y claro, todos los dispositivos emitían sus señales de recepción de mensajes cruzados con una insistencia intensa. De vez en cuando le llamaban y ella hablaba por teléfono, nuevamente con un tono suave y apenas perceptible, pero su conversación era interrumpida por sus propios avisos de entrada de nueva información en el resto de aparatos a los que se mantenía unida. Su compañera de asiento, que asistía en posición de palco de lujo al desfile de comunicaciones y señales, le lanzaba de vez en cuando miradas que, a mi entender, mezclaban hartazgo y conmiseración, pero no le dijo nada en ningún momento. A esa fuente constante de “pips” le acompañaban “pops” intercalados de manera irregular, así que, como les comentó, el viaje transcurría en medio de una noche cerrada y gélida, que en diciembre es lo normal, y con una actividad intensa entre los asientos. Se escuchaban bastantes menos ronquidos que cualquier otro tipo de señal tecnológica, como si en ese entorno también quedara claro cuáles son los elementos que dominan el mundo de hoy, y quiénes son los usuarios, o alguno diría esclavos, que los mantienen todo el tiempo en marcha y requieren saber lo que sucede. Supongo que nada nuevo bajo el sol, en el caso de ayer semi luna, en estos tiempos.

En el trabajo, por las tardes, cuando hay poca gente, me pongo los auriculares y de mientras hago cosas escucho un poco de música para aligerar las largas tardes de números que me suelen tocar, y es entonces cuando aprecio las notificaciones de mi propio ordenador, normalmente mudo dado que siempre están conectados los auriculares a la salida y, así, el sonido ambiente nunca se produce cuando trabajo. Y sí, ahí también los correos, actualizaciones, avisos y otro tipo de mensajes emergentes se suceden sin freno y perturban no poco, en este caso sólo a mi. Lo de captar la atención del usuario se convierte en imposible en medio del constante bombardeo de señales. Y de lo de la concentración, olvídense.