En una entrevista que concedió ayer a su canal amigo de televisión, la FOX, el vicepresidente de EEUU, JD Vance, mano derecha de Trump y más que posible sucesor, a la pregunta del entrevistador sobre en qué iba a mejorar la vida del norteamericano medio con el ataque a Venezuela, se mostró tan directo y carente de escrúpulos como su jefe. Afirmó que ahora mismo los inmensos recursos naturales del país están en manos de EEUU y que en un futuro no muy lejano la gasolina y otros costes que pagan los americanos verán reducido su precio por la explotación que de esos recursos se va a llevar a cabo.
Es un perfecto ejemplo de mentalidad colonialista del siglo XIX. Si algo me interesa, me lo quedo, y si es de alguien, si soy más fuerte, se lo quito. Hasta no hace mucho EEUU mantenía un discurso de promoción de la democracia en el mundo, mezclado no pocas veces con explotación de recursos de por medio, pero existía un sustrato ideológico de desear la expansión de los regímenes liberales por el mundo, sobre todo cuando existía un antagonismo dictatorial como fue el caso de la época de la guerra fría. Ya no. Los actuales líderes de esa nación actúan desde la prepotencia más absoluta, la de saberse poseedores del mayor ejército del mundo y de la capacidad de imponer una fuerza desproporcionada sobre todos los demás que se les crucen en el camino. En el caso de Venezuela el argumento exprimido por la administración Trump ha sido el del vínculo de Maduro con redes de narcotráfico, y esa es la causa por la que va a ser juzgado en suelo norteamericano, pero es obvio que si Maduro estaba compinchado con cárteles, cosa que es perfectamente posible, otros miembros de su régimen no se dedicaban a la beneficencia. Diosdado Cabello o los hermanos Rodríguez también formarían parte de una estructura delictiva. Lo que es obvio es que todos ellos componían la cúpula del poder dictatorial venezolano, cúpula descabezada, pero que se mantiene casi intacta en el resto de niveles, tras el ascenso de Delcy al poder. Ayer varias fuentes de la administración Trump hablaban de que el control del país se puede mantener durante años, porque expoliar sus recursos no va a ser tarea fácil ni rápida. Eso va a requerir notables inversiones, presencia sobre el terreno de compañías privadas petroleras y fuerzas militares de defensa, y más que sustanciosos ingresos tanto para la potencia colonizadora como para los jerarcas actuales del chavismo, que van a ver cómo lo que antes robaban se queda convertido en poca cosa frente a lo que van a poder llevarse ahora. Con estos réditos a la espera es más que lógico suponer que Delcy, y otros, traicionasen a Maduro para quedarse con el poder y repartirse un jugoso botín. La falta de escrúpulos está bastante bien repartida entre todos los personajes de este drama. Y algo que también comparten todos ellos es el absoluto desprecio al pueblo venezolano. Los millones de ciudadanos de ese país que malviven en él y los que han tenido que huir, por la miseria o por la persecución, no cuentan para nada en esta ecuación, son comparsas, decorado sobre el que actúan los poderosos. Quizás algo de las inmensas cifras que se acaben deduciendo de toda la corrupción que se va a poner en marcha ahora caigan hacia algunos sectores de la población del país, pero lo que les pase a los venezolanos, en su futuro político y económico, es lo que menos le importa a Trump y a su camarilla, y a Delcy y los suyos. Ambos han firmado un pacto bañado en crudo, la necesaria sangre y fortunas futuras a la espera. Todo lo demás es disimulo, ruido y algo de propaganda, tampoco mucha, que no hace falta vestir demasiado la colonización que viene.
Ayer fueron liberados en Caracas cerca de un centenar de presos políticos, de esos que los que apoyan al régimen entre nuestros ciudadanos dicen que no existen, en lo que parece un gesto de buena voluntad, pero que no cambia mucho las cosas. La represión se mantiene, la posibilidad de reconocer a Edmundo González, ganador de las elecciones de 2024 como presidente es nula, y la estabilidad de Delcy y los suyos en el poder se consolida día a día en medio de cesiones ante los mandatos de Trump y promesas de enriquecimiento para los que le sean leales. El futuro del país es oscuro, y la esperada transición democrática no es deseada por ninguno de los que ahora mismo detentan el poder, tanto en Caracas como en Washington.