jueves, mayo 31, 2018

Máxima incertidumbre ante la moción de censura


Alguien dijo, no recuerdo quién, que un periódico no es más que la diaria crónica de la lucha por el poder, y en jornadas como estas esa definición adquiere todo su sentido. Ahora mismo el poder en España, como ese anillo que pega la barandilla en la película “Match Point” de Woody Allen, se encuentra suspendido en el aire sin que se sepa de qué lado puede caer y sin que seamos capaces de calibrar las enormes consecuencias que tendría cualquiera de los dos escenarios posibles. Consultar en un día como hoy los medios supone empacharse de rumores y no tener nada claro, salvo el mismo hecho de la incertidumbre general, y la colección de teorías y escenarios, todos ellos posibles, que empezarán a desvelarse hoy.

El PNV pasa por todos esos escenarios y, como estrella de la función, sabedor de su importancia y de que todos los focos se fijan en él, se encuentra algo nervioso y excitado pero, sobre todo, orgulloso. Pocas veces cinco diputados han significado tanto como los suyos a lo largo de esta legislatura, y pocos les han sacado el rendimiento político y económico que el PNV ha logrado con ellos. Deshoja a estas horas la margarita el politburó de Sabin Etxea, con vistas a los jardines de Albia y al café Iruña, en pleno centro de Bilbao, a sabiendas de que lo que escoja será valorada y criticado por todos, y con la esperanza de, sea cual sea su elección, mantener atados y bien anudados los compromisos, léase partidas de gasto, logradas en la negociación presupuestaria que culminó con éxito hace apenas una semana. De esa decisión, que se anuncia condicionada a lo que proponga el candidato Sánchez esta mañana, están pendientes todos, y sobre todo el citado Sánchez y en omnipresente Rajoy que, por primera vez, quizás, ve realmente en peligro su presidencia y su futuro político. Una decisión del PNV a favor de la moción desbancaría a Rajoy de la Moncloa y le quitaría de todo el poder del que ahora dispone. Le convertiría en el líder de un partido en crisis, y sin posibilidad alguna de otorgar cargos, prebendas y compensaciones a los suyos, o a los que así se dicen. La posición de Sánchez, aunque pudiera parecer que es la inversa, no es esa. Sabe el candidato socialista que une una amalgama de votos que sólo tienen en común el rechazo al PP, pero que a partir de mañana, si la moción sale adelante, sus posibilidades de gobierno efectivo son muy escasas. En manos de Podemos y su ambicioso líder supremo y de los nacionalistas, poco, casi nada, sería capaz de hacer Sánchez salvo algunas derogaciones de normas que también suscitan amplio rechazo en la cámara, como la llamada ley mordaza o la renovación del estatuto de RTVE, por ejemplo. Su posición sería de gran debilidad y, quizás, un breve interludio de apenas unos meses hasta la convocatoria de unas elecciones. Ciudadanos observa todo esto desde una cierta incomodidad. Ansía las elecciones, aupado por la ola demoscópica que parece llevarle a la victoria, pero teme una unión de izquierdas y nacionalistas que le desbarate los planes y le haga parecer demasiado cercano a un PP que, de perder el poder, podría implosionar desde dentro, porque ya se sabe que nada une más que el poder, y su ausencia lo disgrega todo. Y en esta ecuación no podemos obviar dos factores muy importantes que lo complican todo aún más. Uno es Cataluña, donde la actual posición del PSOE ha sido clara pero que está por ver si los votos a favor de los independentistas cuentan con compromisos de los socialistas en al algunos puntos sensibles (y lo que opinaría parte del PSOE al respecto si así fuera) y el otro es la inestabilidad económica, ahora mismo mucho más centrada en Italia, pero que también nos golpea y hace daño, y que puede agravarse de caer el gobierno y entrar en un escenario de descontrol.

Nunca en España ha triunfado una moción de censura, y esta es la primera que, a priori, tiene posibilidades reales de salir, si es que en el camino de estos dos días no se producen sucesos como la dimisión de Rajoy antes de una derrota, lo que la evitaría. Especulaciones máximas, información mínima, rumores por doquier, muchas sombras y toda la expectación del mundo. Vienen dos días de infarto político que, sea cual sea el resultado final, marcarán un hito en la crónica del parlamentarismo español. Hagan sus apuestas y este fin de semana con los amigos y el lunes que viene, en las cafeterías del trabajo, cóbrenselas o páguenlas. Se admiten todos los escenarios posibles. No me quedo con ninguno.

miércoles, mayo 30, 2018

La prima (de riesgo) siempre llama dos veces

Entre las muchas derivadas que genera el caos político en Italia, una de las más importantes, y graves, es la financiera. Ayer pudimos ver cómo los mercados de deuda periférica europea sufrían un auténtico terremoto y las primas de riesgo, esas viejas amigas que estaban olvidadas por muchos en el trastero, se despertaron con furia y dispararon sus valores. La italiana bordeó los 300 puntos y la española pegó un subidón hasta el entorno de los 140, máximos de los últimos años. Y todo lo que subieron las primas lo bajaron las bolsas. De fondo, el miedo, otra vez, de que el euro se ponga a prueba y de que las tensiones que se vivieron con Grecia hace unos años se repitan, agravadas, con Italia.

Y si hacemos caso a las dimensiones y variables italianas, tenemos serios motivos para asustarnos. Grecia tiene un PIB más o menos equivalente al de la Comunidad de Madrid, pero Italia es la tercera economía del euro, y su ratio de deuda pública, ese 131,8% que mencionaba la semana pasada (y que JLRC me hizo corregir al ver una errata en el texto original, ¡¡gracias!!!) es tan apabullante como inmanejable. Si España era, en aquellos años, lo que se denominaba un “too big to fail” en referencia a que era imposible su rescate, el caso italiano lo desborda aún más. Y eso mete miedo, mucho miedo en el cuerpo. Las instituciones y mecanismos europeos de rescate y resolución financiera aún no están desarrolladas del todo, y parece poco probable que en su estado actual pudieran hacer frente a un envite de la magnitud de Italia. Sólo el BCE, el santo BCE, aparece como posible dique de contención ante la escalada actual de las primas, pero sus medidas serían capaces de frenar estas subidas si cuentan con colaboración en los salones del gobierno de Roma. Y ya vemos que ahora mismo Roma es un desgobierno, en la mejor de sus modernas tradiciones, y con ruido de tambores electorales en pleno verano. ¿Cómo se va a gestionar la ansiedad financiera de los mercados en ausencia de gobierno, y con formaciones populistas que siguen tronando? No lo se. Lo sucedido estos días va a ser pura gasolina para las expectativas populistas de Cinco Estrellas y La Liga, y meteduras de pata como la del comisario Oettinger de ayer parecen hacerles aún más fácil la escalada en votos y escaños. En medio de esta tormenta, y con su particular marasmo político, lleno de rumores y mociones, la economía española se ve golpeada por este ascenso de la prima de riesgo y observa cómo lo que fueron dos de los vientos de cola que impulsaron su crecimiento en estos años empiezan a soplar de cara. Uno, el del petróleo, ya lo comentamos hace unos días, y ahí sigue, en lo alto. Otro, el de la prima, ayer dio un zarpazo en plan tormenta primaveral y, como si fuera un balance meteorológico, dejó calles de deuda arrasadas y árboles caídos en forma de impagados. Cada ascenso de la prima de riesgo supone un incremento en el coste de financiación de nuestra deuda, que no olvidemos que está muy cerca del 100% del PIB. Muchas veces, como un pesado, me han oído y leído decir que era imprescindible que en los años que hemos vivido de primas derrumbadas debíamos aprovechar para reducir deuda, y así generar margen para que ante futuras subidas los efectos fueran menores. No lo hemos hecho. El Tesoro ha tratado de jugar en un entorno de gasto público descontrolado y ha jugado a amortizar emisiones pasadas de deuda, emitida a tipos más altos, con emisiones nuevas, de coste mucho menor, de tal manera que el coste medio de la deuda ha ido cayendo en estos años, lo que es una buena política que debe ser reconocida como tal, pero no ha podido evitar que el volumen total de deuda crezca hasta ese mítico techo del 100%, que a veces rozamos y otras atisbamos. Con ese tamaño de deuda, sean cuales sean sus características, incrementos de la prima se traducen en sustanciales incrementos de costes, y eso es daño puro, sin otro sentido, a nuestra economía.

¿Qué va a pasar? No lo se, ni en el panorama político nacional ni en el italiano, que eso es incertidumbre de primera división, pero lo que sí parece seguro es que el tiempo de serenidad financiera que hemos vivido en la eurozona en los últimos años se ha terminado. Vuelven las viejas tensiones del pasado, agravadas ahora por la presencia de populismos de todo tipo en el gobierno o muy cerca de ellos. Si de las crisis se aprende y, si se sobrevive, se sale fortalecido, me temo que tenemos por delante otra de esas pruebas de madurez que nos va a atener de los nervios durante un buen rato. El día de ayer fue, en todo caso, muy malo sea cual sea la variable que se estudie. No puede haber demasiados así, o de lo contrario la recuperación económica que vivimos se irá al traste. Ya no sólo hay tormentas en el cielo de esta primavera loca.

martes, mayo 29, 2018

Italia es el caos


Si en España vivimos una crisis política que apelamos como tormentosa, Italia se encuentra dentro de un tornado de los de muy alta intensidad en la escala de Fujita. Es habitual en aquel país que haya desencuentros políticos, inestabilidad y caídas de gobiernos, pero el enfrentamiento que se vive en estos días excede todos los precedentes y amenaza, por su intensidad y dimensión, el actual diseño europeo, tanto en su vertiente política como económica. Tras la marcha del Reino Unido, Italia es la tercera economía de la UE y de la Eurozona, por lo que un tumulto allí es algo a tener muy en cuenta. Es también el tercero en población, nos supera con creces, y su influencia en las instituciones es muy elevada, con altos cargos de origen italiano ocupando puestos decisivos. El BCE o la presidencia del parlamento, por ejemplo.

La crisis italiana tiene muchos nombres y una batalla de fondo, la del populismo frente a la estabilidad institucional. Hace no muchos días comentábamos el acuerdo alcanzado entre las dos formaciones populistas que ganaron las elecciones de marzo. El Movimiento Cinco Estrellas (Podemos) y La Liga (movimiento muy derechista con toques supremacistas del norte del país, algo así como un macro PDCat) firmaron un contrato de gobierno que incorporaba medidas económicas nada ortodoxas, y la propuesta para la cartera de economía de un veterano, Paolo Savona, con un conocido perfil antieuro. Desde el primer momento se desataron los nervios en las cancillerías del resto de países y en los mercados de deuda y la prima italiana, y con ella del resto de periféricos, comenzaron a subir con fuerza. Los acontecimientos de los últimos días han tensionado aún más los mercados, con la ayuda no pedida de la moción de censura española. El presidente de la república italiana, Sergio Matarella, que tiene un cargo con un poder parecido al portugués, intermedio entre el testimonial alemán y el omnímodo francés, dejó claro que no iba a avalar un gobierno antieuro por el riesgo que eso suponía para el país. Un par de días de negociaciones a cara de perro entre el presidente y los líderes de los partidos populistas se han saldado con la anunciada negativa de Matarella a firmar el nombre de Savona para regidor de las cuentas italianas y la dimisión de Giuseppe Conte, quien fue nombrado por los populistas como primer ministro de paja. La decisión de Matarella ha sido doble, por un lado la no firma del candidato a ministro y por otro, tras la dimisión de Conte, la propuesta de otro candidato a primer ministro, el tecnócrata Carlo Cotarelli, que ocupó en el pasado puestos de alta relevancia en el FMI. ¿Puede ser primer ministro un candidato que no sea refrendado por el parlamento? Ni allí ni aquí. Cotarellí debe ser votado por la cámara romana y, dado que en ella los populistas tienen mayoría, es más que probable que sea rechazado, lo que abocaría al país a nuevas elecciones, muy probablemente en otoño. Pero en medio de este vodevil ha estallado, como pueden imaginarse, el enfrentamiento crudo entre los líderes de los partidos populistas y el presidente de la república. Di Magio y Salvini acusan a Matarella de haberles robado un gobierno que era suyo, de haberse saltado la voluntad popular y de extralimitarse en mucho en las atribuciones de su cargo. Demandan la caída del presidente y denuncian la falta absoluta de soberanía de Italia frente a los poderes fácticos y los mercados que no permiten que nazca el gobierno que fue fruto del voto popular. Como ven, todo un choque de legitimidades entre instituciones que, a buen seguro, será malo para todas ellas. Tirando de este argumentario, en unas futuras elecciones es más que seguro que las formaciones populistas aún sacarán más votos, y menos los partidos tradicionales, opacados y ocultos en el cenagal en el que ahora se ha convertido la política italiana.

Y para más inri, y dadas las últimas decisiones judiciales, es muy probable que si en septiembre hay elecciones Berlusconi sí pueda presentarse, cosa que no sucedió varias de las pasadas por la inhabilitación que sobre él caía, fruto de numerosas condenas. Se presenta ahora Berlusconi como garantía de estabilidad frente a los movimientos populistas. ¿Es esto así? ¿Puede ser un sujeto como Berlusconi el mal meno? El mero hecho de plantearse esta pregunta demuestra hasta qué punto la gravedad de la crisis italiana se ha profundizado, y el riesgo que corremos en toda la UE si no se ataja o, al menos, se controla. Pongan un ojo a Roma, casi es más decisivo lo que suceda allí que lo que pase en nuestra moción de censura.

viernes, mayo 25, 2018

La Gürtel se puede cargar la legislatura


Diluvia en Madrid con ganas, y caen rayos, a veces esporádicos, muchas veces hermanados, que durante toda la noche han sostenido una celestial batalla particular por quién ganaba en las alturas. A eso de las tres de la mañana el cielo se desplomaba en forma de agua y la tormenta era de una virulencia tan bestial como hipnótica. Rayos, unos tras otros, que no cesaban de golpear y retumbes de truenos que se acoplaban entre sí para dar una imagen apocalíptica que, en tiempos pasados, aterraría a casi todos, y hoy a más de uno. El tráfico esta mañana en la ciudad será imposible, el atascazo de los que marcan época y la llegada de muchos al trabajo, no en riada, sino en goteo.

Sirva esta tormenta como metáfora de la que se ha organizado tras la sentencia de la Audiencia Nacional conocida ayer sobre la trama Gürtel, que establece severas condenas de cárcel para los principales implicados (Correa, Crespo y Bárcenas) y condena a título lucrativo al PP por beneficiarse de una estructura organizada para desviar fondos y obtener financiación encubierta. Es una sentencia dura y que pone negro sobre blanco las acusaciones, hasta ayer presuntas, que recaían sobre los implicados y el partido. El PP ha empezado una desesperada campaña para tratar de distanciarse de los condenados y reducir el impacto de su propia condena, pero a ojos de la opinión pública, hace tiempo que el PP es culpable de corrupción, lo hubiera sido realmente o no. Su nefasta gestión en este asunto, su constante ocultismo, la negación de lo evidente, el uso de la táctica de la dilación para alargar los asuntos y permitir que se vayan olvidando… todas esas son formas de eludir una responsabilidad que se intuye grande. Todos los partidos han actuado igual ante casos similares y todos ellos han acabado condenados, sea la Filesa o los ERE del PSOE o el Palau de Convergencia. Lo niegan hasta que la puerta de la cárcel se abre sin remisión, y entonces lo minimizan. En lo político, ¿Cuáles serán las consecuencias de esta sentencia? Potencialmente, inmensas. El PSOE decide hoy, y parece que lo hará de manera afirmativa, si presenta una moción de censura contra el gobierno, y ya cuenta con el apoyo de Podemos y de gran parte de los nacionalistas. ¿Puede esa moción salir adelante? Es difícil, pero no imposible, y depende principalmente de lo que sea capaz del PSOE de aguantar el apoyo de algunos independentistas y de la postura de Ciudadanos, que ayer se vio ante la tesitura de mantener su apoyo al gobierno de un partido condenado por corrupción. Son muchos los escenarios que se abren a partir de hoy, y los ha analizado con tal precisión Pablo Simón en este artículo que no voy a añadir nada más, pero lo cierto es que desde ayer huele mucho más a elecciones generales, bien sea porque la moción de censura acabe prosperando teniendo como punto principal dicha convocatoria o porque el propio PP, viendo que esa posibilidad sea cierta, decida adelantarlas para provocar su fracaso y dar por terminada una legislatura agónica. En parte el futuro está, como siempre, en manos de un Rajoy que ayer quedó nuevamente golpeado por los tribunales, y en una sentencia que directamente califica como poco creíble su testimonio. Si ya el prestigio del actual presidente es escaso entre la ciudadanía (entendida en extenso, no sólo entre los votantes de Rivera, claro está) desde ayer su propio partido puede empezar a verlo como uno de los mayores lastres que tiene cargados encima, y que le aboca al hundimiento en las encuestas y a un posible resultado electoral adverso ¿es plausible suponer que Rajoy sería el candidato en unas posibles elecciones anticipadas? ¿Existe una marca más quemada que la del líder popular? ¿Está el PP condenado a la derrota si él se empeña en mantenerse en su puesto?

Una derivada interesante, y trascendental, de lo que suceda en este posible escenario de incertidumbre política es Cataluña. Un marasmo en el gobierno central, o su interinidad, o un proceso electoral alargaría mucho los plazos de la anómala situación en la que nos encontramos y pudiera ser aprovechado por los independentistas para forzar aún más la situación. Tampoco queda claro que sucedería con los presupuestos aprobados hace un solo día (ay, ay, qué poco distan los jubilosos abrazos de los lloros y penares) y la gestión de una economía que se enfrenta a frenos e incertidumbres por todas partes. En resumen, hay tormenta en Madrid, las calles llevan agua y los cielos la sueltan, y en la política, caen rayos y truenos sin parar.

Subo a Elorrio el fin de semana y me cojo el lunes de ocio. Si no pasa nada raro, nos leemos el martes 29.

jueves, mayo 24, 2018

Hay presupuestos


Finalmente, al límite del plazo, el PNV dio su brazo a torcer y apoyó los presupuestos del gobierno, y en la última votación de enmiendas otorgo el sí necesario para que las cuentas públicas fueran aprobadas. Aún quedan algunos trámites en el Senado, pero los presupuestos de 2018 serán aprobados casi a mitad de año. Un éxito para Rajoy. En la decisión del PNV ha pesado lo mucho que ha conseguido, la presión de los jubilados vascos, que están día sí y día también en la calle, y su hartazgo, nunca dicho, sobre la situación catalana, la deriva de Quim Torra y demás “Puigdemones” y el enquistamiento de una situación que amenaza su postura pactista y la colecta obtenida mediante esa actitud

¿Me gustan los presupuestos? No. Debiera valorarlos positivamente, porque en lo que hace a mi economía personal recogen una suida de más del 1% a las nóminas de los empleados públicos, y dado que lo soy, me beneficiaré de ello. Así, criticarlos es echar una piedra sobre mi cuenta corriente, pero lo cierto es que resulta obtuso comprobar cómo, otra vez, con una economía expansiva, que crece claramente por encima del 2%, las cuentas públicas presentan un superávit que casi iguala a esa tasa de crecimiento. La Comisión Europea está harta de denunciar que las cuentas públicas españolas incumplen de manera constante los escenarios de déficit y que, pese a que se moderan las tasas del mismo, no se alcanza el cero en ningún momento. Recuerden que el déficit que se genera cada año es lo que se acumula en torno a ese maravilloso concepto llamado deuda, que no deja de engordar dado que ese déficit aporta algo año a año. Como en estos últimos ejercicios el aporte de déficit ha sido menor que la tasa de crecimiento, el ratio de deuda respecto al PIB se ha estabilizado, bajando algunas décimas incluso, pero vivimos en la angustiosa barrera del 100%, un mundo glorioso si se compara con el de nuestros primos italianos, que tienen su 131,8% como una espada de Damocles sobre la cabeza, pero que viven acostumbrados a ella sin sobresaltos. Recuerden que antes del estallido de la burbuja nuestra deuda estaba en torno al 40%. Esa cifra, maravillosa, era irreal, como se ha demostrado, fruto de una burbuja que hacía disminuir el peso de prestaciones sociales como el desempleo y disparaba los ingresos vía impuestos directos e indirectos. La vuelta a la “normalidad” tras lo años de crisis (sí, esto que vivimos es la nueva normalidad, más nos vale que nos acostumbremos a ella y que se mantenga) ha dejado unas partidas de gasto estabilizadas, como las del desempleo, y otras crecientes, como las de las pensiones, con unos ingresos que no suben como antaño, porque la actividad económica no es desatada y nuestro sistema impositivo es arcaico y lleno de parches. Es necesario hacer una reforma intensa tanto en el lado de los ingresos como en el de los gastos para modernizar y adaptar esas figuras a la realidad. ¿Recoge algo de esto los presupuestos? No. Los impuestos se retocan, como siempre, añadiendo complejidad, pero no se remozan como es debido. Y los gastos, ay, los gastos se disparan. Fruto de la necesidad de acuerdo partidas como sueldos públicos, pensiones y otras se ven muy incrementadas cuando era el momento de dejarlas algo quietas, de ahorrar en las cuentas públicas, de sanearlas para cuando vengan curvas y las cosas se pongan malas, para poder tener entonces músculo financiero y afrontar la adversidad. Se dice que el presupuesto debe ser anticíclico. Conservador y prudente cuando la economía crece y expansivo cuando decrece, usando los márgenes generados en el primer escenario para capear de mejor manera el segundo. Aquí hacemos todo lo contrario. Ahondamos los recortes cuando llegan las crisis, porque hemos gastado en exceso en las ápocas de bonanza y no hemos ahorrado. Ya nos pasó en el pasado, y por el mismo camino transitamos. La alegría de gasto de estos presupuestos no creo que sirva para dar muchos votos al gobierno, y sí futuros déficits.

Un pequeño apunte sobre una partida concreta de gasto. Por lo que he visto por ahí la I+D+i vuelve a ser una de las partidas más controvertidas y destinadas a generar polémica. En teoría su importe crece, pero en la práctica, año a año, su ejecución baja, y los organismos públicos encargados de la gestión de las políticas científicas e innovadoras se quejan sin cesar de su ahogamiento. Esto no es novedoso, y no hay día en el que una voz autorizada, la de Cotec esta semana, por ejemplo, denuncie la situación de la I+D+i en el país. ¿Arreglan estos presupuestos este asunto? No, ni lo harán los pasados ni los futuros, porque seguimos viento la I+D+i como un gasto, no como lo que es, inversión de futuro

miércoles, mayo 23, 2018

Ha muerto Philip Roth


Este año está siendo horrible en lo que hace al fallecimiento de gente a la que admirar. Es normal que el tiempo y la parca hagan su trabajo, pero a veces parece que la señora de la guadaña se ceba y quiere recuperar un tiempo perdido para que Proust se sienta más acompañado. Forges e Íñigo han sido grandes pérdidas para el panorama nacional, y en el campo de la novela Phillip Kerr o, la semana pasada Tom Wolfe, nos han dejado para siempre. Y hoy, por la mañana, cada vez me da más miedo levantarme, me entero que ha muerto Philip Roth, a los 85 años, tras haber cumplido su promesa de hace unos años de dejar la escritura. Y me duele, me duele mucho.

Roth es, no quiero decir era, uno de los mejores y mayores escritores de la modernidad. Maestro de autores, prolífico, lleno de ingenio y mala uva, sus novelas abarcan casi todos los tipos de temas que un americano medio considera normales, y todo lo que un judío puede ver en su vida. Afincado en Newark, lo suficientemente cerca de Manhattan para sentirse neoyorquino pero a la distancia prudencial para saber que su país no es como la isla mágica de rascacielos, Roth es el inventor genuino de la autoficción, de tomar episodios de la vida propia y recrearlos como novelas o, directamente, dramatizarlos para convertirlos en literatura. Encarnado en su personaje fetiche, Natham Zuckerman, Roth cuenta su vida y evolución, y con ella la del país que le rodea. La liberación sexual, el macarthysmo, la progresiva pérdida de importancia de la religión en la vida social, la liberación de la mujer, la pérdida de raíces de la comunidad judía en la que se inserta y su progresivo proceso de adultez y decrepitud. Y el sexo. Para Roth el sexo es fundamental. Maestro del onanismo, sus novelas siempre poseen escenas de tono subido, nada de almibaradas y vacías poses eróticas, en las que los personajes obtienen algo de placer y mucho dolor por lo que renuncian o aspiran. Esa carga sexual ha sido siempre muy criticada y le ha hecho ser objeto de burla y escarnio por parte de muchos puritanos, empezando por los más ortodoxos de los judíos, que veían escandalizados como prepucios y Sabbaths eran manchados de un impúdico semen cada vez que las manos de Roth se ponían sobre ellos, a veces en el sentido más literal de la expresión. Las relaciones de pareja y familiares también son una constante en su obra, signo de una vida torturada en la que su matrimonio con Claire Bloom, fracasado y convertido en fuente de escándalos y acusaciones, se ve reflejado en tantas y tantas escenas de parejas que el describe con agudeza, en la que las discusiones pocas veces acaban en las manos, porque es tal la carga de profundidad de los resentimientos que se lanzan unos a otros en forma de frases memorables que no hay arma física que los pueda superar. Sus traumas políticos, su visión de América como una sociedad de destino, de refugio frente a la crueldad del mundo exterior, de una Europa que masacró a muchos de los suyos, y el peligro de que ese paraíso se corrompa y pierda también está presente en toda su obra. Los derechos civiles y la democracia, su necesidad de luchar día a día para conservarlos frente a los que los amenazan, y la fragilidad, alarmante, en la que se sustenta nuestra liberta, no dejan de obsesionarle y le obligan a defenderla en todo momento. La segunda mitad del siglo XX norteamericano es contado por Roth como ningún ensayo o documental histórico es capaz de hacer. Leer sus novelas es adentrarse en la vida del estadounidense medio, con sus grandezas y miserias.

Y la literatura, por encima de todo… Roth escribe de una manera magistral. Sencilla en apariencia, profunda y trabajada hasta el extremo, pero que no ofrece resistencia al lector, que se ve atrapado en la naturalidad de sus párrafos, descripciones y diálogos, poseedores de una fuerza sobrehumana. Decenas son sus títulos y estos días serán reseñados por muchos. Si escogen al azar entre todos ellos no se equivocarán. Eterno candidato al Nobel, la academia sueca ha perdido la oportunidad de enmendar sus actuales faltas al dejar que se vaya sin habérselo otorgado. Algunos en Suecia lo lamentarán en su perdido orgullo, pero hoy seremos muchos en todo el mundo los que sentimos que, en nuestras estanterías, se ha abierto un agujero irreparable. Ahora sí, Roth ya no escribirá nada, nunca más.

martes, mayo 22, 2018

Italia en manos populistas


Finalmente no ha habido sorpresas y Giuseppe Conte, el desconocido profesor universitario que sonaba en los rumores, ha sido el propuesto como primer ministro en Italia por parte de los dos partidos que han firmado el acuerdo de gobierno, La Liga y el Movimiento Cinco Estrellas. Carente de experiencia policía y perfil conocido, Conte asume el papel de ser la cara que se ponga a la ejecución del “contrato de gobierno” como así se le ha llamado. Se busca que su papel sea gris, silencioso, callado, y que no reste protagonismo a Salvini y Di Maio, los líderes de las dos formaciones de gobierno, que serán ministros en el gabinete y dirigirán, de verdad, el país.

A punto ha estado Italia de repetir elecciones a la española, pero finalmente un acuerdo contranatura lo ha impedido. La Liga es un partido que ahora posee mayor implantación nacional pero que, sobre todo, obtiene sus votos en el norte rico del país, de donde procede y antaño contaba con el apellido “Norte” en el nombre de su formación. Nacionalista, identitario, con toques xenófobos respecto al resto del país, y muy de derechas, su programa no escandalizaría mucho al actual presidente de la Generalitat Quim Torra y a locuelos similares. Su líder actual, Mateo Salvini, ha renovado el partido tras la degeneración que le impuso su fundador, Umberto Bossi, se alió con un Berlusconi en horas bajas y ha sabido capitalizar gran parte de sus votos. El Movimiento Cinco Estrellas surgió de la indignación de la crisis, liderado por el cómico Beppe Grillo. De gestación parecida y evolución distinta, se puede asimilar bastante a Podemos. Tiene implantación sobre todo en el sur del país y recoge muchísimo voto frustrado con el sistema político italiano y con las consecuencias de una crisis que allí ha sido de una enorme intensidad. Su programa es abierto, inclusivo, derrochador y se puede calificar de izquierdas, si de algo sirven estos calificativos. Visto así, ¿Tiene sentido la alianza de gobierno que han formado estos dos extremos? Está por ver. Coinciden en algunos aspectos no pequeños. Su demonización de todo lo que no son ellos y el pasado, su adanismo y el deseo de intervención gubernamental. En el contrato de gobierno se juntan medidas como la expulsión masiva de inmigrantes con la reducción de algunos impuestos y el deseo de impagar parte de la deuda, en un batiburrillo de ideas que suena a populismo del clásico. El borrador del acuerdo que se filtró hace unos días era más duro, y hablaba abiertamente de la posibilidad de salirse del euro y de saltarse las medidas que vinieran impuestas por la Comisión o recomendadas por el BCE u otras autoridades económicas internacionales. Una bomba de documento que causó alarma en media Europa y miedo en la otra media. Desde entonces la bolsa italiana no deja de caer, algunos días suavemente, otros más de un punto porcentual, y las variables que miden el estado de la gigantesca deuda pública del país, en torno al 180% del PIB, no dejan de señalar peligro. La prima de riesgo ya se sitúa por encima de los 180 puntos básicos y esa cifra prácticamente duplica a la que marca la deuda española. De todos es sabido que la banca italiana posee aún graves problemas internos, que no han aflorado estos años en medio de la opacidad con la que se gestiona, y el PIB de aquel país no acaba de remontar en estos años de recuperación, tras la caída de la crisis, que todos vivimos, y la ausencia del largo periodo de crecimiento, que en España sirvió de alimento de la burbuja, pero que en el país hermano ni si quiera se vivió como un momento expansivo. La competitividad italiana ha estado siempre muy ligada a la devaluación de la lira y, desde la entrada del euro, es incapaz de posicionarse de manera sólida en los mercados internacionales, cosa que sí han conseguido las empresas y economía española.

Por todo ello, resulta fundamental ver cuáles serán las primeras medidas que adopte este ignoto gobierno, cuáles serán sus declaraciones, tono y destino, y ver si tras unas primeras semanas o meses de marasmo, el panorama se aclara o, al contrario, al estilo Trump, las mañas sensaciones se convierten en aciagas realidades. Es muy pronto para poder evaluar nada pero, potencialmente, Italia ya es un nuevo problema con el que la UE debe lidiar. Y con un panorama económico internacional que se tensa, vía precios del petróleo, aumento de tipos de interés y marasmo monetario emergente, las ventanas de oportunidad europeas empiezan a estrecharse.

lunes, mayo 21, 2018

Mayo del 68 con chalet


Se empieza a ver el final del mes y desde el principio tenía pensado escribir a lo largo de estos treinta y un días un artículo sobre el mayo del 68 francés, cuyo cincuenta aniversario se conmemora en estos mismos días. Ha querido la casualidad que haya estallado la polémica del chalet de Pablo e Irene, y quizás sea esa la guinda al pastel celebrativo, dado que la mitificada revuelta parisina fue una sublevación de estudiantes hijos de las clases pudientes parisinas que buscaban una revolución para salir de su aburrimiento y necesitaban emociones que les acercaran a los pueblos oprimidos a los que admiraban peo, desde luego, en nada querían parecerse.

No estuve en Mayo del 68, quedaban aún años para que naciera, pero lo aclaro porque todo el mundo dice en estas fechas que estuvo por allí, aunque fuese mentira. Se ha convertido en una seña ineludible del currículum del progresista. De aquellas jornadas de revuelta estudiantil no queda casi nada, salvo el aire de aventura que vivieron algunos en las calles del barrio latino, convertidas hoy en día en bello cauce para el río de turistas que las desborda y el recuerdo de unas jornadas en las que algo de violencia y mucho intelectualismo acabaron difuminados en sus propias contradicciones. El libro rojo de Mao, la cháchara vacía de uno de los mayores genocidas de la historia, era el texto de referencia de muchos adolescentes occidentales, que vivían cada uno de ellos mejor que cualquier residente en la China del idolatrado Mao, quizás incluso que el propio Mao. Mientras millones de orientales morían entre hambrunas y desplazamientos vestidos de revolución cultural, los parisinos salían a la calle enardecidos por la igualdad y la ruptura de las clases sociales. Sartre, el gran pensador del momento, estaba en la cima de su gloria, desde la que no hizo sino caer a toda velocidad, un proceso de derrumbe que aún hoy continúa y deja su obra y personalidad sometida a un ostracismo ya nada disimulado, mientras que el trabajo de su entonces secundaria compañera Simone de Beauvoir adquiere cada día más relevancia, no sólo por su lúcido y combativo feminismo, y los textos de Albert Camus, el gran enemigo de Sartre, se han convertido en la mejor cosecha literaria de aquellos años. Más allá del mito, pocas consecuencias prácticas tuvo el levantamiento parisino, salvo quizás, gracias a Simone, la presencia de la mujer, o mejor dicho, el inicio de la reivindicación de su presencia. Los obreros siguieron en sus fábricas, el gobierno gaullista ganó las elecciones que tuvo que convocar un De Gaulle que no entendía nada de lo que pasaba y que vivía el ocaso de su larga y dura vida y las calles parisinas se reasfaltaron, ya sin adoquines, tras el fin de los tumultos. Tras ese inicio de verano, llegó la eclosión de los hippies y la cultura del amor y las flores, pero eso ya no sucedió en la vieja Europa, sino en la soleada y distante California, que si ya para entonces tenía algo de mito, desde ese momento se convirtió en el absoluto centro de la modernidad, el deseo de futuro y la encarnación de todo lo soñado, joven y desatado. Los intelectuales franceses volvieron a sus aulas y sus discursos se hicieron cada vez más obtusos, oscuros y retorcidos, envolviendo en palabrería unas ideologías que estaban condenadas al fracaso. Sólo en países como España, donde la dictadura todavía gozaba de buena salud, eran idolatrados, principalmente por aquellos que no habían sufrido la experiencia de tener que leerlos. La llegada de la democracia a nuestras tierras, tarde, nos pilló con los hippies algo mayores, muchos de ellos inmersos ya en procesos de desintoxicación y con el flower power convertido en exitosa marca comercial, que para eso los americanos son unos genios, generando grandes beneficios. Y del mayo del 68, a mediados finales de los setenta en España, ya se acordaba poca gente, aunque ya quedaba bien decir que allí se había estado, fuera verdad o no,

Lo más relevante de 1968 no pasó en Paría, sino en Praga y en Méjico. Allí, bajo dictaduras reales, los jóvenes, no sólos, salieron a demandar libertad, de la que carecían, queriendo ser como los parisinos, que vivían en un paraíso sin saberlo. En esos dos países el grito de libertad, sincero y desesperado, fue ahogado por tanques y disparos, y el comunismo soviético y los militares mejicanos mataron la esperanza, y con ella a muchos ciudadanos. Y los intelectuales como Sartre nada dijeron, desde sus impolutas torres de marfil. Con el tiempo, muchos se encontraron con que bajo los adoquines que rodeaban la Sorbona no se encontraba la arena de la playa, sino el chalet con piscina. En España, como siempre algo tarde, algunos acaban de descubrirlo.

viernes, mayo 18, 2018

“Fariña” en Algeciras


La sucesión de noticias sobre actos violentos de todo tipo que suceden en Algeciras ha logrado las últimas semanas escalar peldaños en el lodazal de la actualidad, pudiendo disputar en atención a todo lo que (mal) sucede en Cataluña. De repente todo el mundo se ha dado cuenta de que algo pasa en Algeciras. Los medios y la opinión pública han empezado a fijarse en esa localidad, la mayor del campo de Gibraltar, y en su puerto, el de mayor volumen de mercancías de España y el cuarto de Europa, según leí hace poco, y parece que esa localidad va a ser uno de los centros informativos del año. Lo que allí está pasando, grave, demanda nuestra atención.

Si hay dos palabras que describen lo que sucede en Algeciras, son paro y droga. La tasa de paro de esa comarca es enorme, en una provincia Cádiz, con unos niveles de desempleo absurdamente altos. La economía sumergida, que en localidades como estas no tiene nada de encubierta, mantiene a flote una población que, si solo obtuviera ingresos por las vías legales registradas, habría caído hace mucho en la más absoluta indigencia. En todo caso, los ingresos son pequeños e irregulares, y el futuro sombrío. Este es el caldo de cultivo perfecto para que arraigue una industria, la del narcotráfico, que demanda gente valiente, capaz de arriesgarlo todo, sabiendo que se juegan el pellejo, y que tienta con cifras de ingresos que a usted o yo nos harían dudar de casi todo. Un chaval de Algeciras se puede levantar miles, muchos miles de euros, ayudando a transportar, esconder o mover droga, o simplemente por estar callado y seguir con su trabajo en la estiba del puerto, haciendo la vista gorda con lo que pueda pasar por allí. Este enorme negocio acaba manteniendo a muchas familias y supone no un colchón, no, sino una industria que enriquece a gran parte de la sociedad y la hace defensora de los malhechores, convertidos en su fuente de vida y prosperidad. Cuando el tejido social se adapta a estas circunstancias y el poder y dinero de las drogas lo tienen controlado, es muy difícil que la policía o cualquier otro cuerpo de seguridad puedan volver a controlar el terreno. La dinámica de violencia y corrupción adquiere fuerza propia y la sociedad, en cierto modo, se independiza de la ley, se rebela ante ella. Se desarrolla, sí, una estructura mafiosa y clientelar que es sostenida por amplias capas de la población, y la vuelta a la normalidad resulta cada vez más complicada. ¿Ha sucedido esto alguna otra vez en España? Sí, en Galicia, en la época dorada de los narcos, de los Oubiña, Miñanco y compañía, que se enriquecieron hasta el infinito mientras sus negocios de contrabando mutaban en auténticas industrias de traslado de droga, especialmente cocaína, que regaba de dinero unas Rias Baixas en las que sólo los pringados no se metían en un negocio que proporcionaba dinero suficiente para que cualquiera fardase de coches y casas. Críos que veían ante sí la oportunidad de sus vidas, que por llevar planeadoras y esconder fardos ganaban miles de euros, que en las pesetas de entonces parecían incluso más. Una situación que se descontroló por completo y que sólo empezó a tener contestación social cuando muchos de esos críos traficantes pasaron a ser consumidores y empezaron a morir por sobredosis. Y sus madres, que los enterraban sumidas en el forzado silencio de la omertá, empezaron a rebelarse, a no callar. A manifestarse en plazas y calles, llamando a los narcos por sus nombres, de asesinos y traficantes, y no como los benefactores locales que pretendían ser, y que muchos así veían. Este movimiento social, junto con la implicación de la Audiencia Nacional y de la seguridad del estado a nivel nacional permitió frenar aquello, detener a varios de esos narcos, y devolver al redil a la sociedad. No eliminó el problema de fondo, que sigue, pero lo domesticó y controló.

Visto desde fuera, tiene toda la pinta que en Algeciras estamos ante el descubrimiento de una nueva sociedad descontrolada, o más bien, controlada por la mafia de la droga. Puede que aún estemos a tiempo de intervenir, de manera decidida, constante y con firmeza, y nuevamente a nivel nacional, para evitar que la localidad y su comarca caigan en el caos que se vivió en Galicia, pero el tiempo corre en contra. Todas esto lo cuenta magníficamente Nacho Carretero en su libro “Fariña” secuestrado de manera absurda por una decisión judicial que no tiene un pase. Háganse con él, léanlo. Es un excelente reportaje periodístico que pone los pelos de punta y da miedo. Ojalá logremos que Algeciras no llegue a caer en una situación tan grave.

jueves, mayo 17, 2018

Este año no hay Nobel de literatura


Nos fijamos en la cara más aparatosa de la corrupción, la que se traduce en cifras millonarias, en enriquecimiento súbito de personas o grupos y en la ostentación. Pero eso pasa, y al final el dinero que llega tan rápido suele irse aún más velozmente. No nos damos cuenta del destrozo enorme, duradero y muy difícil de reparar, que la corrupción genera en las instituciones en las que se asienta. Prestigio, trayectoria, respetabilidad, credibilidad… valores intangibles, en muchos casos difíciles de definir, que se consiguen tras años de trayectoria, pueden ser demolidos en horas ante una corruptela. Y reconstruirlos es tarea de titanes.

La academia sueca que entrega el Nobel de literatura se enfrenta ahora mismo a uno de estos inmensos retos y, como es lógico, no está nada claro ni cómo ni cuándo podrá superarlo, dando por sentado que lo hará. Corrupciones cruzadas de tipo sexual y económico se han juntado en la figura de uno de sus académicos, el dramaturgo francés Jean Claude Arnault, y la cadena de renuncias que ha provocado este escándalo ha hecho que la academia carezca del quórum que dictan los estatutos para poder otorgar el premio. A medida que la noticia del escándalo iba a más, y con ella el goteo de dimisiones, el miedo a que no se pudiera otorgar el premio pasó de ser una posibilidad ficticia a un temor real, que se vio confirmado por los hechos a principios de este mes de mayo. No es la primera vez que el premio no se otorga, dado que eso ya sucedió en años pasados, pero todas esas suspensiones fueron debidas a las guerras mundiales que asolaron Europa. Es la primera vez que un asunto interno, un problema en la academia, obliga a tomar una decisión de este tipo. Por ello, la situación es realmente grave. Si uno repasa la lista de galardonados con el premio podrá comprobar que hay ganadores totalmente olvidados por el paso del tiempo y ausencias notables que son pura injusticia, pero eso es normal desde el momento en el que uno escoge a un único ganador entre los vivos posibles. Internacionalmente nadie duda de la respetabilidad y prestigio del premio, y aunque algunas decisiones hayan sido contestadas (la concesión a Bob Dylan de hace un par de años sin ir más lejos) nadie ha puesto en duda la seriedad y rigor de la academia sueca sobre el tema. ¿Ahora seguirá siendo esto así? Tras saber que algunos académicos hacían negocio filtrando el nombre del ganador, otro se dedicaba a poner sus manos en cuerpos femeninos que le eran ajenos y se encumbraban carreras de poetisas debido a que estaban casadas con quien tenía el poder para criticarlas con cariño, ¿qué imagen ofrecerá la concesión de un premio como este por parte de una institución como está? Premio e institución van de la mano, y se refuerzan mutuamente. Y a la vez, el daño en uno perjudica al otro y viceversa. La necesaria reconstrucción de la academia, desde unas nuevas bases normativas y una obligada transparencia, puede afectar a los criterios de elección y hacer que el Nobel no sea lo que hasta ahora ha sido, empezando por el hecho de que las críticas a las posibles elecciones serán mucho más fieras a partir de ahora, dada la pérdida del misterio, casi en el sentido religioso, que ha sufrido el organismo que los concede. La decisión de otorgar premio doble el año que viene para compensar la ausencia de galardón en 2018 ya provoca una devaluación del mismo, dado que el año que viene los autores galardonados sentirán, con razón, que comparten premio, que son los una especie de “dos por uno” en versión muy elegante, sí, pero con la misma filosofía de oferta o descuento de supermercado. Es enorme el reto que tiene la academia sueca delante. Y más le vale, nos vale, que lo supere con éxito.

Un pequeño apunte sobre la corrupción global. En España estamos, y con razón, indignados por los casos corruptos que conocemos cada día, que se superan en extensión y originalidad a ojos de todos nosotros. Y hete aquí que los suecos, tan serios, formales, nórdicos y respetables, dinamitan una de las más respetadas instituciones del mundo en medio de abusos sexuales y corruptelas financieras. ¿Nos sirve esto de consuelo? No, ni mucho menos, pero si nos muestra que la corrupción no entiende de fronteras, idiomas, culturas o ideologías. Existe allá donde haya poder, influencia y capacidad de corromper, y la ética sea una fuerza inferior frente a la tentación. Haya donde haya humanos. Nunca dejaremos de perseguirla y denunciarla, pero tampoco de sufrirla.

miércoles, mayo 16, 2018

Una mirada de los carteles de San Isidro


No será porque no hay temas en la actualidad, casi todos ellos bastante desagradables, pero me van a permitir que hoy me centre en un tema muy local y en unas impresiones personales. Ayer fue San Isidro, patrono de Madrid y de otras muchas localidades por la reverencia que le otorgan los agricultores. Con motivo de las fiestas locales, el ayuntamiento ha colgado de farolas y postes carteles, anunciadores de los festejos, algo que se hace siempre en todas partes para señalar ferias, congresos o actos culturales. Los de este año han tenido un éxito muy relevante. Y he de decir que a mi también me gustan mucho pero, sobre todo, uno de ellos, me conmueve.

Son cuatro imágenes, que pueden consultar y descargarse en esta web, creadas por la artista Mercedes deBellard, de la que no tenía referencia alguna. Protagonizados por mujeres, tres de ellos muestran a un solo personaje. Una anciana, una chica joven y una mujer oriunda de Manila, con su mantón. Ambas ríen con intensidad y transmiten mucha alegría. El cuarto de los carteles es el único que muestra dos personas, una niña pequeña que ríe y una madre que la porta en brazos, que mira girada al frente, y pone sus ojos en el espectador. Esa madre no ríe. Es el único de los personajes que no muestra alegría. Si uno se fija en sus ojos se encuentra irremediablemente atrapado, y no logra separarse de ellos. ¿Qué transmiten? Pesadumbre, preocupación, cansancio… y también misterio, intensidad y expectativas. Esa mirada interpela al paseante que la ve en su recorrido por la ciudad y le obliga a pararse. Los otros tres carteles y la niña de este cuarto transmiten un claro mensaje de alegría, contagiosa, y ofrecen escasos motivos para la reflexión. Pero la mirada de este cuarto personaje, de esa madre, no tiene nada que ver con lo anterior. El fin de semana pasado me quedé un buen rato en una esquina, sentado en un banco, mirando a este cartel, a esos ojos, que se asomaban desde el lateral de una marquesina de autobús, apenas una estructura de cuatro travesaños metálicos y cristal, que cobraba vida en la mirada de esa mujer. En medio del bullicio de la calle, con un viento no muy agradable y la sensación de que la primavera florida y hermosa que nos rodea y que se desborda en el mantón que porta la protagonista del cartel no acaba de llegar a los termómetros, la mirada de esa chica no dejaba de interrogarme, de plantearme dilemas, de auscultarme, de obligarme a seguir allí parado respondiendo preguntas ¿Qué se oculta tras ese gesto, esa pose, esa media vuelta? Muchas veces, en exposiciones en los museos, los cuadros famosos nos gustan, pero son otros los que nos llaman la atención, los que nos obligan a pararnos y nos “dicen” algo, reteniendo nuestra mirada sobre ellos y obligándonos a responder a algunas de las preguntas que la imagen nos genera. Ese es el triunfo absoluto del artista, del pintor en este caso, lograr atraer al observador a su mundo y retenerlo, robarle la mirada para hacerla suya y que el espectador no sea capaz de fijarse en otra cosa. Y para lograr algo así es necesaria la técnica, sí, pero ni mucho menos basta. Uno puede dibujar bien, mejor o peor, pero lograr captar el momento deseado y atrapar el espectador es algo que no tiene una clara explicación sobre el cómo, ni el por qué. deBellard muestra en estos carteles saber dibujar muy bien, y usar los colores de una manera luminosa y llamativa, pero nada cargante. Brillan con suavidad, llenan pero no empalagan, y crea una atmósfera relajante, de pasteles horneados y praderas apacibles.

Pero en esa mirada deBellard esconde mucho más que un mero cartel. Trasciende la fiesta que quiere pregonar, efímera por definición, y lleva el mensaje a un punto de trascendencia. Si alguien me hubiera preguntado, cuando sentado contemplaba el cartel, qué estaba haciendo, quizás le hubiera dicho que “nada”, para que no me perturbara, pero debiera contestarle que “contemplar algo bello” es lo que me tenía abstraído, señalando el lateral de la marquesina de autobús desde que ella, impertérrita, no dejaba de mirarme y atraparme con unos ojos oscuros, y un rostro lleno de belleza que sigo sin saber qué es lo que esconde. Porque desde luego hay mucho más de lo que esa mirada muestra. Hay un infinito al otro lado de esos ojos.

lunes, mayo 14, 2018

Quim, o Kim, presidirá la Generalitat


La CUP esperó hasta ayer para recontar el televoto eurovisivo y decidir, sin la emoción de ocasiones anteriores, abstenerse en la segunda votación de investidura que se celebra hoy. No hubo fantásticos empates a guarismos imposibles, ni exaltadas intervenciones, no. Se le da un voto de confianza al candidato a President y se le pone el dedo encima para advertirle que sobre el caerá una fiscalización política intensa para que no se desvíe ni un solo milímetro del rumbo republicando independentista que les ha prometido a los “cuperos”. Este grupo, que tan de izquierda se proclama, nada ha dicho de apoyar a un candidato de la banda del 3%. Se ve que robar, si se hace con la excusa de la patria soñada, es menos delito.

Quim Torra, con esas abstenciones, será hoy elegido Presidente, tras casi cinco meses de las elecciones, y  apenas a una semana del final del plazo para poder constituir gobierno antes de que sean convocadas automáticamente nuevos comicios. Torra va a dar la turra, y mucho. Se que es un chiste fácil, pero no puedo evitar alguna nota de humor en medio de la amargura que supone toda esta historia. En su discurso de investidura no mostró sorpresa alguna. Leyó un texto, de manera suave y sosegada, en el que el Puigdemontismo se ve plenamente representado. La fidelidad a las esencias de la falsa república instituida por el delirio independentista exhalaba por todos los poros de su piel, y la voluntad de seguir adelante en ese proceso hacia la nada era la única hoja de ruta posible que se podía establecer de sus palabras. Hizo llamamientos al dialogo, ese diálogo falso que imploran los totalitaristas, que consiste en sentarse con ellos para alabar sus posturas y actuar como claque entregada. Dentro del delirio de su discurso, Torra llegó a cotas aún más desquiciantes de las ya alcanzadas por el prófugo “Puchi” afirmando que Cataluña vive una crisis humanitaria, encarnada en los presos políticos y la sociedad amordazada. Vergüenza absoluta el que alguien, quien quiera que sea, pronuncie palabras semejantes en la rica y privilegiada sociedad occidental, y más si se elevan desde una tribuna política de un parlamento, institución que no existe en sociedades como las que describía Torra, no desde su ignorancia, sino desde la más vergonzosa y nauseabunda mala fe. Antonio Pampliega, periodista, víctima de la sinrazón de DAESH y conocedor de lo que es una sociedad que padece una crisis humanitaria, ha dicho basta, y le ha puesto los puntos sobre las íes al falso Gandhi que enarboló el discurso de la opresión desde el atril del privilegio. Pero, ¿Acaso nos puede sorprender a estas alturas que el nacionalismo tergiverse realidades, que manipule conciencias y use para sí las desgracias de los demás? El victimismo del privilegiado es una de las principales señas de todo nacionalismo, y el “por su falso dolor les conoceréis” bien pudiera ser una de las formas más obvias para reconocerlos a todos. En la época en la que ETA las víctimas eran los familiares de los presos. Cuando se otorgaban sentencias de muerte en forma de asesinatos mafiosos, era el pueblo vasco nacionalista el oprimido. A escala, es lo mismo que estamos viendo estos días. Cuadrillas de matones, exaltados, miles de personas de buena voluntad, millones de votantes, defienden las ideas de un grupo de iluminados que han encontrado en la mentira, la manipulación y el odio la forma más rentable y segura de esconder su nulidad, que han logrado exaltar a unas masas vendiéndoles un discurso sectario, manipulado, en el que los buenos son ellos y los malos todos los demás, en el que la arcadia de la patria catalana, una, grande y libre, será la salvación frente a la degenerada e inferior vida que les proporciona España, o la UE, o cualquier otro lugar del planeta que no sea su Edén. La misma mentira que a lo largo del siglo XIX y XX ensangrentó Europa, sembrada y recolectada hoy, en 2018.

Torra es un supremacista catalán, un reconocido racista y xenófobo que cree en la existencia de razas, de sociedades superiores e inferiores, que obviamente está convencido de pertenecer a las primeras y que una de sus obligaciones es someter y descartar a las segundas. El discurso de los racistas arios del KKK, de esos supremacistas que aplauden a Trump cada vez que se mete con los mejicanos, de los xenófobos de extrema derecha europeos que atacan a los inmigrantes en el centro y norte de Europa, ese mismo discurso que tanto rechazo nos provoca, lo enarbola aquí un tal Quim, que tanto se parece en sus deseos de sociedad totalitaria a lo que ha logrado su homónimo Kim. Y algunos que se dicen de izquierda, incluso de extrema, le van a votar o consentir. A partir de hoy un racista presidirá la Generalitat. Sí,, progresamos hacia la nada.


Mañana es festivo en Madrid, hasta el miércoles!!!

viernes, mayo 11, 2018

El petróleo, disparado, amenaza económica


Este viernes comienza otro puente en Madrid, en un mes de mayo que en la capital está plagado de festividades. El martes 15 es San Isidro, patrón del municipio, y festivo en la ciudad y, por simpatía logística, en otras localidades de la corona metropolitana. No me cojo días festivos, por lo que el lunes vendré a trabajar (y escribiré) pero habrá muchos que salgan a disfrutar de cuatro días de ocio, con buen tiempo por delante, aunque con temperaturas a la baja para el fin de semana, y al alza a partir del martes. Coches sin fin llenarás carreteras y caminos y consumirán gasolina como nunca, y al llegar al surtidor muchos se van a encontrar con la desagradable sorpresa de que los precios del combustible están subiendo sin freno.

La Super 95 llega en algunas estaciones a 1,4 euros el litro, máximos desde 2015. ¿Por qué? Dos hechos combinados generan este efecto. Por un lado, la caída del valor del euro frente al dólar, de la que hablaba hace unos días. Ha pasado en semanas de cotizar en el entorno de 1,25 dólares por euro a llegar a los 1,18 dólares por euro, lo que es una caída en la cotización ligeramente superior al 5%. Como el petróleo se vende en dólares, por ahí tienen una fuente de subida. La otra, la más importante y, seguramente, estable, es el ascenso de la cotización del barril de petróleo. El Brent, que es la marca con la cotiza el petróleo en Europa (para EEUU se utiliza el WTI, que posee su propio mercado) se situaba ayer en los 77 dólares por barril. En este gráfico pueden ver cómo ha evolucionado en los últimos seis meses, y el aspecto del mismo ofrece pocas dudas. En Navidad se encontraba poco por encima de los sesenta dólares, y el inicio del año ya nos dejó una fuerte subida hasta los 68, que se derrumbó en pocas semanas cunado los mercados financieros vivieron las turbulencias de febrero. Llegó la tranquilidad a las bolsas y, desde entonces, no ha hecho nada más que subir, desde esos 62 dólares que marcó a finales de febrero hasta los 77 actuales, una subida del 24% que ya podían haber experimentado los activos de la cartera suya y mía. Ante una subida de este tipo es imposible que los precios de los combustibles no reaccionen, y lo han hecho con ganas. Recuerdo vagamente, porque uso muy poco el coche, haber repostado a principios de año en la gasolinera barata de Elorrio la Super 95 a poco más de un euro el litro, y hace un mes los carteles marcaban el 1,2 con claridad, y sin duda hoy ese valor es más alto. La subida de la gasolina es un impuesto directo que retrae renta de las familias, hogares y empresas y reduce los recursos de gasto de todos ellos. Si cuando se derrumbó el precio del barril hace unos años hablábamos de las grandes ventajas que ello suponía para un país como el nuestro que importa todo su combustible, hoy podemos revertir ese mismo discurso y cantar las penurias que para nuestra economía supone un petróleo caro. De hecho este ha sido uno de los llamados “vientos de cola” que durante los últimos años ha soplado con fuerza desde el exterior, impulsando nuestra economía, permitiéndonos alcanzar tasas de crecimiento superiores al 3% con una inflación muy reducida. El encarecimiento del crudo es un freno a ese proceso de crecimiento, restará décimas a la subida prevista del PIB e introducirá inflación vía costes en la cadena productiva y en los bienes de consumo. Sus efectos pueden ser más intensos cuanto mayor sea la subida y más tiempo se mantenga. En el lado positivo, la rentabilidad de los vehículos eléctricos o híbridos crece a medida que su competencia contaminante se encarece, y los atascos se pueden reducir algo si la gente, ante precios altos, opta por conducir menos y dejar el coche quieto el fin de semana. Pero claro, eso el que tenga opciones para ello, en su vida laboral y personal.

¿Y por qué sube el barril? Ahora mismo hay causas económicas y geopolíticas que presionan los precios al alza. Las economías siguen creciendo y alargando el ciclo expansivo, con unos EEUU y China que no aflojan, y una Europa que, con datos confusos, también crece. Las tensiones en oriente medio no ayudan a tranquilizar un mercado que actúa, también, como un indicador global del miedo, y las previsibles sanciones que EEUU imponga a Irán restarán barriles persas en el mercado y tensionarán los precios. El fracking, que a estos precios es muy muy rentable, quizás sea el causante de que el techo del barril esté cerca, pero de momento tenemos a la coyuntura de frente, y pinta cara. Si se va de puente, conduzca con cuidado y, también con mucha suavidad, ahorre al volante y destine sus euros a lo que realmente le valga la pena.

jueves, mayo 10, 2018

Argentina, primera víctima de la normalización monetaria


Mucho se ha advertido, desde todas las tribunas posibles, que la época que vivimos de tipos nulos o negativos es anómala, y que quizás no volvamos a eras de tipos disparados de dos dígitos, pero que tarde o temprano subirán desde sus inusuales niveles actuales, y eso generará muchos efectos. Endeudarse es un chollo a tipos nulos, y en estos años de bonanza muchos, en vez de aprovechar para eliminar toda la deuda posible, se han metido en más préstamos, animados por las condiciones de un mercado que casi los regala. Error. La subida de tipos llegará, está por ver su dimensión, brusquedad y cuantía, pero sucederá, y entonces muchos que ahora parecen sólidos caerán. Cuidado.

Argentina, que raro, ha sido el primer país que se ha visto incapaz de afrontar los iniciales síntomas de una futura subida real de los tipos. La revalorización del dólar, intensa en estas últimas semanas, ha generado una fuga de capitales en el país latinoamericano, y en otros emergentes, devaluando sus monedas de manera tan acelerada como imparable. El peso argentino ha caído como un ídem y el gobierno de Macri, con la reforma y modernización con bandera, se ha visto obligado a recurrir a lo de siempre, la ayuda financiera del odiado FMI, de infausto recuerdo para todos los porteños. Ha sido la inflación lo que ha asustado a los ciudadanos de aquel país, en lo que es la reaparición de uno de sus fantasmas típicos. La confianza del argentino en su moneda es tan sólida como los lodos formados tras una tormenta, y el dólar circula por aquel país con una facilidad y naturalidad pasmosa. Décadas de conversiones bancarias, de ajustes y devaluaciones han arrasado la riqueza de varias generaciones de argentinos, que han visto cómo ahorrar en su propia moneda era el camino más seguro para acabar en la miseria. Las primeras subidas de tipos de interés de la FED norteamericana y el repunte del dólar de estas semanas han sido suficientes para generar el primer gran movimiento de capitales desde los países emergentes hacia EEUU. Los bonos norteamericanos a diez años han tocado el 3% de rendimiento y monedas como el peso argentino y la lira turca se han desplomado. En el caso de Argentina, país cuya economía depende notablemente de la exportación de materias primas y que importa gran parte de sus productos de consumo, la devaluación de su mondes supone importar inflación a toda velocidad en el seno de su economía, y los precios responden así con una rápida intensidad a los movimientos de capitales. Durante poco más de una semana el gobierno Macri y las autoridades monetarias de Buenos Aires han tratado de contener este movimiento subiendo mucho los tipos de interés locales, para hacer más atractivo el peso, pero sus esfuerzos no han servido de mucho, incapaces de parar un movimiento que les desborda. Frente a crisis pasadas, muy similares a esta, hay que reconocer en el haber de Macri la rapidez con la que ha asumido la gravedad de lo que sucede y lo rápido que ha renunciado al orgullo propio para solicitar ayuda. Gobiernos pasados del país se empecinaron en ir contra los elementos y sólo agravaron una situación frente a la que nada podían hacer. Cuando solicitaron la ayuda, y se tragaron su orgullo, la economía del país sufría ya un grado de deterioro tan grave que los paliativos de nada servían. Confiemos en que esta vez la urgencia a la hora de tomar medidas reduzca los daños.

¿Es esto el inicio del movimiento al alza de los tipos que tiene que llegar? Probablemente sí, aunque es muy pronto para asegurarlo. Si uno pregunta a los expertos hay coincidencia en señalar que ese momento cada vez está más cerca y que, en todo caso, será gradual y suave, con efectos igualmente moderados y progresivos. Me creo la cercanía, pero no la suavidad. La deuda global sigue creciendo y es ya algo inmanejable, y como antes comentaba, algunos actores, púbicos y privados, han aprovechado los años de bonanza para reducirla, pero otros muchos se han embarcado en mayores endeudamientos. Las subidas pueden hacer daño en la economía global y causar destrozos locales, a los que resulta muy difícil poner nombre y localización en un mapa. De momento los argentinos ya saben, y notan, que el viento ha cambiado y gira en contra.

miércoles, mayo 09, 2018

Trump rompe el pacto nuclear con Irán

Con Trump no funciona la seducción. Me temo que lo único que le va es el impulso y el sexo duro. Hace unos días comentaba cómo Macron había desplegado todas las habilidades francesas, que en este campo son inmensas, para atraerse a Trump a su terreno y lograr concesiones, bien económicas o geoestratégicas, y el mantenimiento de EEUU en el pacto nuclear iraní era uno de los objetivos que buscaba el presidente francés. Posteriores vistas a la Casa Blanca de Merkel y Boris Johnson, ministro de asuntos exteriores del Reino Unido, trataban de lograr lo mismo. Todos han fracasado. Trump dio la razón a la presentación de powerpoint de Netanyahu de la semana pasada y ayer, en un discurso muy duro, anunció la ruptura del acuerdo.

El acuerdo con Irán, suscrito en 2015, levantaba las sanciones económicas que acorralaban al régimen de los Ayatolas a cambio de la renuncia a su programa de enriquecimiento de uranio, que ellos vendían para uso civil, y que ninguno dudaba que era para otros fines muy distintos. Fue firmado por los países más relevantes del mundo, encabezados por EEUU, China y Rusia, sabedores de que una escalada nuclear en oriente medio es la receta perfecta para el desastre global. En la zona sólo Israel posee el arma atómica, y el enfrentamiento constante entre Irán e Israel hace que la idea de que los dos estén dotados de semejante armamento sea demasiado loca. Así mismo, la disputa eterna entre el chií Irán y la suní Arabia Saudí implica que si uno se hace con la bomba el otro la conseguirá, y entonces…. El acuerdo buscaba, sobre todo, ganar tiempo, retrasar en lo posible una carrera armamentística que, quizás, sea inevitable, en la esperanza de que la estabilidad regional y la prosperidad económica fruto de la inexistencia de sanciones aportasen crecimiento y estabilidad a la sociedad iraní y con ello una esperanza de mejor futuro. Los pocos años transcurridos desde la firma del pacto han alumbrado un nuevo mundo, aunque quizás no el esperado por muchos. Irán es, con la ayuda de Rusia, el gran ganador de la guerra regional de Siria, sus milicias de Hezbolá controlan el Líbano y los resortes del poder en Damasco, Irak es, en la práctica, un aliado tan estrecho como acorralado, y la fuerza militar de DAESH está casi liquidada. Tres años después Irán es mucho más fuerte de lo que era, y los vecinos suníes e Israel están cada vez más alarmados. Sus voces, sin duda, han presionado mucho a Trump para que rompa el acuerdo y mande una señal de dureza al régimen de Teherán, para tratar de contenerlo. ¿Es la estrategia adecuada? Creo que no. Esta decisión puede tener muchas implicaciones, casi todas malas, tanto para la imagen de EEUU en el mundo como para la estabilidad de la zona, pero lo que supone, desde luego, es un argumento para los más duros del régimen de Teherán, que siguen tratando de hacerse con el control del país frente a los moderados. La rúbrica de Trump de ayer es una traición a esos moderados, que lograron con el acuerdo mostrar a su país que era posible una vía de entendimiento con occidente que les permitiera alcanzar la prosperidad que demanda la población iraní, tremendamente joven y con un bajo nivel de vida. Ahora los radicales pueden decir en alto que occidente no es de fiar, que traiciona a Irán, que ofrece algo pero que, a las primeras de cambio, lo retira, que no es alguien en quien se pueda confiar. Es darles un argumento de peso. De hecho es deprimente que haya sido precisamente EEUU, el forjador del pacto, el que se haya retirado del mismo, cuando muchos suponíamos que, de romperse, lo haría por el díscolo extremo iraní. Pero claro, no contábamos con Trump….

De entre las miles de piezas que se ven afectadas por la decisión de ayer, algunas bailan en la península coreana. A pocas semanas del encuentro entre Trump y King Jon Un, ¿cuál es el mensaje que lanzó ayer Washington? ¿Es fiable su firma en un acuerdo nuclear? ¿Sirve lo de ayer para meter miedo al dictador norcoreano de cara a la negociación o le muestra que ese procedimiento no es fiable? ¿Compensa renunciar a un arma, que Corea del Norte ya tiene, cuando el país más poderoso del mundo cambia de opinión como una veleta y no respeta los acuerdos internacionales que suscribe? La decisión de ayer, a mi modesto entender, es un grave error, y no soy capaz de imaginar cuántas consecuencias puede llegar a acarrear.

martes, mayo 08, 2018

InSight ya vuela rumbo a Marte


Junto a los programas grandes, centrados muchas veces en la exploración humana del espacio, que por su coste y necesidades de seguridad ofrecen frutos escasos y muy contados, la NASA mantiene una línea de trabajo basada en sondas baratas, pequeñas y de objetivos menos ambiciosos en lo trascendente pero bastante prácticos en lo científico, y que otorgan relevancia y publicidad a la agencia. Marte es uno de los destinos preferidos para estas sondas, aunque no sea el único, y este pasado sábado, tras un retraso de dos años, despegó de la base californiana de Vandemberg el cohete que llevará a la sonda InSight a la superficie de Marte y nos permitirá conocer más sobre el interior del planeta.

InSight no es un rover con ruedas, como Curiosity, el último de los que de momento circulan sobre el planeta rojo, sino una sonda fija. Aterrizará mediante el uso de aerofrenado, paracaídas y retrocohetes, y no se moverá de su sitio una vez que se pose, esperemos que sin problemas, sobre la superficie marciana. El objetivo fundamental de la sonda es estudiar lo que sucede bajo la superficie marciana. Sabemos, dado que son muy presentes, que Marte ha tenido actividad volcánica, aunque no presente ahora mismo síntomas de erupción alguna, y sospechamos, aunque no es seguro, que carece de tectónica de placas como la que existe en la tierra, que es la causante de los terremotos y de, importantísimo, la renovación de la superficie del planeta. Para averiguar algo sobre estos temas, y entre los muchos instrumentos que lleva la sonda, el más importante de todos ellos será un sensor que va a penetrar unos cinco metros en la superficie del planeta, algo que se intenta por primera vez con tal profundidad. Cinco metros pueden parecer pocos, y lo son, pero debemos tener en cuenta que nuestras prospecciones en la superficie marciana no han pasado de los pocos centímetros. Una vez trepanado el agujero la sonda colocará allí algo parecido a un sismógrafo que estará conectado al SEIS, que es el nombre que se le ha dado a la estación principal de la sonda, que será la encargada de recoger los datos que perciba el sismógrafo y analizarlos en detalle. Todo el instrumental es de gran precisión y calibrarlo adecuadamente ha sido uno de los grandes dolores de cabeza de esta misión y el causante del retraso antes mencionado de dos años en el lanzamiento. Los datos de SESI también permitirán conocer, gracias a lo que sabemos sobre cómo funcionan las ondas sísmicas, la estructura interna del planeta, sus capas, cuántas son y qué características poseen, y la posible dimensión y composición del núcleo. Hasta ahora hemos averiguado muchas cosas de la atmósfera marciana, pero ahora empezaremos a saber algo sobre la geología interna del planeta. Este trabajo es el reverso perfecto del que Curiosity está realizando en su singladura de varios años para estudiar la geología superficial de Marte. Este rover nos ha permitido detectar compuestos y estructuras que nos hacen estar seguro de la pasada existencia de agua sobre la superficie marciana, en épocas que se remontan a varios millones de años de antigüedad. InSight nos va a ayuda ahora a cartografiar el interior del planeta, sabiendo hasta qué punto es activo o lo fue en el pasado. Dado que es bastante más pequeño y menos pesado que la Tierra, el proceso de enfriamiento de Marte ha debido ser más intenso y es de esperar una menor actividad que la terrestre, pero la sensibilidad de SEIS permitirá sacar información de los más mínimos temblores que se den en el planeta rojo. Una sonda como esa se volvería loca en nuestro planeta, donde la actividad sísmica es intensa, pero en el somnoliento Marte es perfecta.

El proyecto InSight ha costado 813 millones de dólares, unos 677 millones de euros al cambio actual, de los que una quinta parte corresponden al lanzamiento. Para que se han una idea, un kilómetro de AVE sale a algo más de 20 millones de euros, superando los 30 en zonas agrestes como Galicia o el País Vasco, y el rescate de las radiales quebradas costará algunos miles de millones de euros. Por lo tanto, me parece una sonda más que barata, sin olvidar desde luego el efecto de arrastre a la I+D+i que haya generado en laboratorios e instalaciones industriales, no sólo norteamericanas, que han participado en su desarrollo y fabricación. Como siempre, todo lo que quieran saber de la sonda y la misión se lo cuenta Daniel Marín en su blog de una manera exhaustiva y profesional digna de todo elogio. El 26 de noviembre, si todo va bien, amartizaremos.

lunes, mayo 07, 2018

Jose María Íñigo, mito y creador


No sabemos a qué personas conoceremos hoy, mañana o el resto de nuestras vidas, pero sí tenemos la lista de los que despediremos cuando llegue el momento, cuando se marchen definitivamente, llamadas por la muerte. Nuestras agendas privadas y listas de conocidos públicos engordan con el azar y la fama, y adelgazan cuando uno de ellos cae, sumiéndonos en el desconcierto y haciéndonos recordar cuándo le conocimos, le vimos por primera vez, qué momento inolvidable pasamos a su lado, qué jugarretas nos hizo, etcétera. Dice Philip Roth que la vejez es esa edad en la que sólo se tachan nombres y teléfonos de la agenda, que se va despoblando, y nada puedes hacer ante ello. Quizás crecer sea algo parecido.

Para muchos, Jose María Íñigo forma parte de sus vida de una manera más familiar que muchos con los que comparten apellidos y, quizás, habitación y lecho. Desde que tengo uso de razón su voz, poderosa, su bigote desproporcionado y su pelo, enorme en su momento, inexistente los últimos años, está presente en lo que asocio a la radio y la televisión. Por ser más joven, no llegué a vivir su etapa gloriosa de la televisión, esas entrevistas con actuaciones musicales que, en la cadena única, congregaban a medio país y llevaban hasta las casas de una gris España sonidos y melodías modernas que eran lo más conocido en la Europa de color a la que siempre soñábamos pertenecer. Desde sus inicios Íñigo demostró que el mundo se le quedaba pequeño para lo mucho que quería vivir, conocer y disfrutar, y eso, dicho y hecho por un bilbaíno que abandonó el botxo camino a Londres, es mucho decir. Hizo carrera en Reino Unido, trabajó en la BBC y llegó a España sabiéndoselo todo de la música moderna, de los grupos, estilos y formas de actuación que triunfaban en todo el mundo, en una época en la que la información viajaba mucho más despacio que ahora y en la que lo más moderno musicalmente de la televisión española eran los coros y danzas regionales a mayor gloria del Caudillo. Íñigo cogió la televisión y le pegó un meno brutal, la creo de cero, hizo programas modernos, tan modernos que hoyen día se siguen haciendo prácticamente igual, porque la fórmula no ha sido mejorada. En ellos la música y el entretenimiento estaban por encima de todo, pero era, como bien resaltó ayer Alex Grijelmo en su obituario, un entretenimiento digno, de altura, de calidad. Decía Íñigo que se negaba a hacer algo que le diera vergüenza de ver a él o a su mujer e hijos, y esa fue su máxima. Con los años nuevos profesionales llegaron a TVE y la creación de las privadas cambió el panorama televisivo. Íñigo fue relegado, considerado como algo propio de una época pasada, y su presencia en el medio se fue reduciendo mucho. Pero no estuvo quieto nunca. Los viajes y la gastronomía, otras de sus pasiones, le llevaron por todo el mundo y se dedicó a gestionar webs y portales de viaje con consejos sobre qué hacer y ver en destinos tanto convencionales como exóticos. Hace ya varios años Pepa Fernández, que dirige los fines de semana “No es un día cualquiera” en Radio Nacional, otro espectacular ejemplo de radio entretenida, cultural y de calidad, lo rescató, lo incluyó en su nómina de colaboradores y le dio secciones de todo tipo, que iban cambiando de temporada en temporada. Porque Pepa sabía que Íñigo, al igual que Forges, era un genio, y que le pusiera a hacer lo que fuera, lo iba a hacer de maravilla. Ella ha confesado muchas veces que él era uno de sus grandes maestros, que cada vez que presentaba un programa o hacía entrevistas se fijaba y trataba de hacer que eso tan difícil que lograba Íñigo con naturalidad le saliera a ella, con enorme esfuerzo y tesón. Los responsables de “Aquí la tierra” en TVE, otro muy buen programa, le ficharon hace pocos años, y por toda España le mandaban para que probase platos y descubriera lugares. Y él, como un becario, ahí que se iba, cataba, disfrutaba y daba lecciones de naturalidad y dominio de la cámara.

Creo que ha habido en España tres grandes creadores de la televisión, de sus formatos y programas. Son Chicho Ibáñez serrador, Jesús Hermida y Jose María Íñigo. Ya sólo nos queda vivo Chicho, muy retirado. Este sábado Pepa Fernández se descomponía ante el micrófono al empezar su programa, a las 8:30, dando la noticia de la muerte de su maestro y amigo, pero su profesionalidad le llevó a hacer el programa, todo el fin de semana, como él hubiera querido que saliera, con la congoja de todos los participantes pero con la profesionalidad y el deber por encima de todo. El gruñón de Íñigo seguro que hubiera estado encantado con el resultado, y le hubiera soltado a Pepa uno de sus “Naturalmente que sí” cada vez que ella, a punto de derrumbarse, sacaría fuerzas de donde no las hay para poder seguir con el programa. Él hubiera hecho lo mismo. No podía haber mejor homenaje.

viernes, mayo 04, 2018

¿Se frena la economía europea?


Escribía ayer un excelente artículo Ignacio de la Torre en El Confidencial en el que trataba de explicar el reciente, y no previsto, fortalecimiento del dólar, que en su cambio por el euro ha pasado del 1,25 dólares por euro a 1,20 en apenas unos días. Ignacio explica las causas que pueden esconderse tras este movimiento y las cree de corto plazo, tácticas, frente a una corriente de fondo que debiera mantener un euro fuerte y un dólar débil, pero ya se sabe que el mercado de divisas es el reino de la volatilidad y lo imprevisto, y que sus movimientos, a veces erráticos, desafían cualquier tipo de pronóstico. Apuesten sus movimientos y mucha suerte.

Pero no es de divisas de lo que quiero hablarles, sino de un aspecto que también se menciona en el artículo, y es el desacoplamiento en los ciclos económicos entre EEUU y Europa y el aparente freno que está registrando la economía europea en este 2018. El ciclo americano está muy maduro, va camino de récord en lo que hace a trimestres de expansión, y fruto de esa madurez es la aparición de las primeras señales inflacionistas, que parecen ser verdaderas, en una economía sita muy cerca del pleno empleo. Esas señales, pese a todo, son mucho más débiles de lo que debiéramos esperar en situaciones con cifras macroeconómicas como las presentes, lo que nos vuelve a indicar que ha habido un cambio estructural en nuestras economías, fruto probablemente de la crisis y la digitalización, que altera el comportamiento de las mismas. Frente a ello, en nuestra Europa, los indicadores que se van conociendo apuntan a una mayor debilidad de lo esperado, y desde luego nada que ver con la fortaleza que exhiben los norteamericanos. PMIs industriales y de servicios, encuestas de confianza de los consumidores, estadísticas laborales, como la EPA española del primer trimestre, etc, todas ellas muestran cansancio, como mínimo, una pérdida de impulso que está por ver si es el inicio de un freno verdadero o sólo el punto de llegada a unas tasas de crecimiento más débiles y sostenidas. En el caso español varios son los factores que pueden contribuir a que, por primera vez en bastante tiempo, estemos ante tasas de crecimiento interanuales por debajo del 3%. Los llamados “vientos de cola” aflojan. El petróleo se encarece, la política expansiva del BCE se atisba cada vez más restrictiva y la invasión turística no parece que vaya a más a medida que destinos competitivos parecen recuperarse de los desastres del pasado. Últimos datos muestran que la tasa de ahorro de los hogares españoles ha tocado fondo y que el consumo privado, lógicamente, se frena ante la ausencia de efectivo. Sería fundamental que no comenzase un nuevo ciclo de endeudamiento privado, ahora que el público sigue en máximos, pero no es descartable que se produzca, lo que supondría estirar de manera artificial y perniciosa las cifras de ventas. El mercado hipotecario sigue en aumento, tanto en concesión de préstamos como en cuantía de los mismos, pero pese a todo ello el saldo vivo de hipotecas, la cuantía total prestada por las entidades financieras, sigue cayendo porque lo que se firma es de importe menor de lo que se escrituró en la época de la burbuja y los tipos actuales son más bajos. Es fundamental en este caso que los bancos, hasta ahora prudentes, no se lancen a una nueva guerra de concesión competitiva de hipotecas, lo que sin duda generaría otro proceso de burbuja con tintes similares al vivido en el pasado. Los alquileres ya están en una situación de descontrol comparable y la compra, que aún está lejos de esos males, empieza a calentarse en determinadas ciudades y zonas.

Los bajos salarios y la precariedad en el empleo que caracterizan muchos puestos de trabajo que se han creado tras la crisis hacen que, una vez que se ha cubierto la demanda embalsada, retrasada por precaución en los malos momentos, de bienes duraderos, el consumo no pueda crecer demasiado, al tener una renta disponible menor. Eso actuaría como freno futuro, impidiendo crecimientos vigorosos del PIB, pero que sí pueden ser sostenidos. ¿Estamos ante un punto de inflexión o hemos llegado, tras subir mucho, a una meseta de tasas de crecimiento modestas y estables? No lo se, habrá que esperar a ver qué nos dicen los datos y, como siempre, descubrirlo con retraso. Pero sí parece cierto que este año creceremos menos que el pasado. Y el futuro, a saber.