miércoles, febrero 28, 2018

¿Vencerá la inmunoterapia al cáncer?

La muerte de Forges, acaecida la semana pasada, hizo que nuevamente nos enfrentásemos a la realidad del cáncer. El pobre sufrió uno de páncreas, uno de los más rápidos y devastadores, que a día de hoy supone una casi certera condena. Pero no debemos obviar una realidad, y es que miles y miles de pacientes con cáncer, que hace pocas décadas hubieran muerto, hoy siguen entre nosotros, han convertido su enfermedad en un recuerdo, que deben seguir chequeando para evitar rebrotes, y han eliminado el concepto de muerte del significado de cáncer. Es algo que, si se lo contásemos a la sociedad de los años sesenta o setenta nos tacharían de lunáticos. El avance es enorme.

Pero sólo estamos realmente al principio de una nueva lucha contra el cáncer que, ojalá, acabe convirtiéndolo en una enfermedad benigna o, al menos, sobrellevable. Las terapias clásicas que utilizamos, basadas en quimio y radioterapia, tienen como objetivo fundamental la destrucción del tumor, localizado a lo antes posible para ser efectivas, y actúan como una especie de bombardeo aliado en la II Guerra Mundial, sometiendo a la zona donde se encuentra el tumor y, en general, a todo el cuerpo, a un ataque intensivo, que destroza el núcleo canceroso pero que, como es fácil de entender, supone muchos efectos secundarios, y muy variables en función de cada persona. Una de las muchas preguntas que los investigadores se han hecho frente al cáncer, desde el principio, es el por qué el sistema inmunitario propio, el que nos defiende de las enfermedades comunes, no hace nada frente al cáncer. En nuestro cuerpo se desarrolla un ser extraño, usurpador y que empieza a consumir recursos, pero que no es asaltado por los glóbulos blancos y nada detiene su avance. ¿Por qué? Hace ya tiempo que se descubrió que los tumores fabrican una, por así decirlo, capa de invisibilidad como la de Harry Potter, poseen una serie de proteínas y sustancias que hacen que no sean detectados por el sistema inmunitario, que no los ve, y por tanto no actúa. Al descubrirse este asunto el paso obvio era preguntarse cómo desmontar esa capa, cómo hacer ineficiente esa protección del tumor y ver qué pasaba si el sistema inmune, viendo al enemigo, lo atacaba. La teoría de este proceso es así de simple, y la práctica no puede ser más complicada. Ha requerido años y años de estudios, de enormes desarrollos técnicos e informáticos, pero poco a poco científicos de todo el mundo han empezado a descifrar esas estrategias de invisibilidad, distintas entre distintos tumores, comunes en algunos de ellos, y procedido a su desmontaje. Y tras ello, el sistema inmune de esos pacientes “ha visto” el tumor y se ha puesto a atacarlo. Esto, dicho de manera muy burda, y que me perdonen los expertos, es lo que se conoce como inmunoterapia, y los primeros resultados que se están obteniendo, aún en fases experimentales, son realmente asombrosos. Cada cierto tiempo surgen noticias no ya esperanzadoras, sino que parecen sacadas de un compendio de milagros religiosos, en las que animales de laboratorio logran sanar completamente de afecciones cancerosas después de que su sistema inmune haya destruido, literalmente, el tumor. Es asombroso. Y una vez desprotegido el enemigo, la capacidad que tenemos de atacarle se multiplica. Hace unas semanas se supo que ha tenido éxito la variante que supone usar virus, como los que nos provocan la condenada gripe u otras enfermedades, para que, inoculados en el tumor desprotegido, lo asalten y combatan. Y funcionan. Y los pacientes así tratados ven como sus tumores se reducen en cuantía y ferocidad, y la enfermedad remite. Lo repito, una y mil veces, es asombroso. Se dan casos de cobayas curadas y de pacientes que van camino de estarlo.

Muy probablemente “inmunoterapia” llegue a ser, con el tiempo, una de las palabras más importantes del diccionario y la salvadora de muchas vidas, quizás también la suya o la mía. Pero junto a ella hay otras muchas que debemos asociar para que funciones, empezando por todas las relacionadas con la medicina personalizada, porque cada cáncer en cada paciente puede tener características muy distintas y requiere un estudio pormenorizado, que la tecnología empieza a hacer posible. Y la detección precoz, y las biopsias líquida, que nos permitirán descubrir a ese mal muy pronto, cuando sea débil y más fácilmente combatible. Y detrás de todas esas palabras, miles de profesionales en todo el mundo que investigan y desarrollan, y fondos públicos y privados que lo permiten. Y la ciencia, que salva vidas.

martes, febrero 27, 2018

Guta. Siria. El horror

En el catálogo de horrores universales que se dan en nuestros días, la competición está disputada y se centra en dos focos no muy alejados uno de otro, con un común decorado desértico, arenoso y cálido, pese a estar en Febrero. Apenas nos enteramos de lo que pasa en Yemen, inmerso en una cruel guerra, desatada por su poderoso vecino Arabia Saudí, y en la que los enfrentamientos civiles se suman a las luchas religiosas entre sunís y chiís, y todo ello aderezado con una epidemia de cólera que crece sin cesar y que mata tanto o más que la propia guerra. Como de eso no sabemos nada ni vemos imágenes, ni nos indigna ni impresiona, y en el desconocimiento encontramos la excusa para la inacción.

Para el caso de Siria tenemos que recurrir a otro tipo de excusas para argumentar nuestra indiferencia, porque poco y mal, que ya se encargan los combatientes de que así sea, pero algo nos enteramos de lo que allí sucede, y cada día supera en horror al anterior. Alepo se convirtió hace un año en un remedo de Stalingrado, con menos víctimas, pero igual crueldad urbana, infinita y desatada. La caída de la ciudad en manos de las tropas del régimen de Asad y sus amigos iraníes y rusos supuso el exterminio de la oposición, y en este caso no estoy recurriendo a metáforas literarias, y la pacificación que siempre llega tras la conversión de lugares habitados en cementerios. Y con ello Alepo desapareció de los titulares. Parecía que la guerra de Siria se acababa, y eso siguen afirmando los expertos, que su final está cerca, una vez que las tropas aliadas del régimen acaben con todos los reductos de insurgencia. Y uno de esos últimos bastiones rebeldes es Guta, un enclave muy cercano a la propia ciudad de Damasco, que está siendo golpeado con saña y fiereza por parte del régimen para destruirlo del todo y anexionarlo a la zona controlada por Asad, quizás con vistas a una futura negociación de paz (qué hipocresía) en la que cada ciudad y trozo de arena controlado supone una ventaja más en torno a una mesa diplomática. Por cientos se cuentan los fallecidos en estos últimos días en Guta, masacrados por la aviación del régimen y las fuerzas rusas, que laminan sin cesar la zona, sin distinguir si el objetivo que alcanzan es un combatiente rebelde, un islamista, un yihadista, un kurdo o un civil ajeno a todo. Da igual, el objetivo de la campaña es laminar Guta, exterminarlo, convertirlo en otro erial en el que, si nadie queda, nadie pueda ser opositor al régimen. Las reglas de la guerra, arcaicas convenciones de caballeros de épocas pasadas, hace tiempo que fueron olvidadas en los conflictos entre hombres, y en Guta se dispara de manera indiscriminada, se bombardea sin precisión alguna con cargas brutas, esos llamados “barriles bomba” que destruyen edificios completos sin que sea posible controlar el lugar de su impacto ni su posterior deflagración, y abundan los testimonios de heridos que están afectados por cloro y otras sustancias químicas, nueva muestra de que el régimen de Asad no ha dejado nunca de usar armamento no convencional, de destrucción masiva si lo prefieren, pese a los bloqueos y admoniciones de una acobardada, e inútil, comunidad internacional. En una muestra de quién y cómo se controla la guerra de Siria, portavoces del gobierno ruso han anunciado que en breve se pondrán en marcha corredores humanitarios en Guta, para cumplir la petición de la ONU de un alto el fuego. Quizás por esos corredores transiten gatos y perros, únicos supervivientes de la ciudad, ya se encargarán Asad y sus socios (y jefes) rusos e iranís de “regular” el tráfico de personas.


Y mientras tanto, hora tras hora, día tras día, la muerte se enseñorea de Guta, convierte a los hospitales en morgues, incapaces de realizar cualquier tipo de asistencia sanitaria en unas condiciones que son inimaginables para cada uno de nosotros, y las voces de algunos de los residentes allí, de los que sobreviven, usan Twitter y otras redes sociales para relatarnos su horror, para “molestarnos” a la hora de comer y cenar con, otra vez, la interminable guerra de Siria. Esa “molestia” es una llamada de auxilio a la que no contestamos en el pasado, a la que no contestamos ahora, y a la que, probablemente, no vamos a contestar nunca. La tragedia Siria es su guerra, y nuestra indiferencia, el mantener la duda de si pudimos hacer algo para evitar este horror y, siendo capaces, no quisimos.

lunes, febrero 26, 2018

Cómo cargarse el Mobile World Congress

Hoy comienza en Barcelona el Mobile World Congress, MWC, congreso sobre telefonía móvil y redes inalámbricas más importante del mundo, y uno de los congresos que, en su conjunto, mueve más dinero y profesionales de los que se celebran a lo largo del año en cualquier ciudad y de cualquier temática. Junto con el CES de Las Vegas será, probablemente, la feria tecnológica más relevante del año, y el sector, ya se sabe, es de los más dinámicos, pujantes y presentes de nuestro tiempo. Barcelona recibe decenas de miles de profesionales dispuestas a aprender, enseñar sus tecnologías y gastar. Se calcula un impacto superior a los 400 millones de euros y no hay sector de la urbe que no se vaya a beneficiar, desde el más selecto al más turbio.

¿Seguirá celebrándose el MWC en Barcelona los próximos años? Es una enorme pregunta que muchos empiezan a hacer en alto y que tiene una difícil respuesta. El mero hecho de que nos lo preguntemos se debe a que asumimos el riesgo de que no sea así. La entidad organizadora del evento tiene firmado un acuerdo con Barcelona para que allí este la sede del acto al menos hasta 2022, si no recuerdo mal, pero es verdad que los rumores de traslado crecen sin parar y que otras ciudades, suenan Munich y Dubai, los omnipresentes Emiratos Árabes, se quieren postular como futuras sedes. ¿Por qué este temor a la marcha de un negocio seguro y que, desde 2008, se celebra con seguridad y (muy) creciente importancia? Pues por lo que todos sabemos, por la deriva independentista catalana, por la obcecación de una parte nada pequeña de su clase política y el clima turbio que este proceso ha generado en la imagen de la ciudad. Todo lo que allí ha sucedido desde que empezó esta locura ha supuesto un deterioro del clima de negocios y de la posición turística y comercial de Barcelona, y con ella de Cataluña, en el contexto internacional. La esperanza que tenían algunos de que esto no fuera sino un pequeño bache empieza a difuminarse a medida que la cerrazón, por no llamarlo locura, de parte del independentismo, mantiene bloqueadas a las instituciones regionales, con una Generalitat intervenida, y un Ayuntamiento seguidista de esas desquiciadas posturas que no hace sino ahondar en la crisis institucional. Las escenas vividas ayer durante la recepción previa al inicio del Congreso, en las que representantes públicos del Ayuntamiento y las instituciones autonómicas volvieron a actuar como agitadores de parte, y no como portavoces del conjunto de la ciudadanía la que se deben, son la peor tarjeta de visita para que los que vienen al Mobile, que apenas conocen nada de la realidad catalana o española, se lleven una buena imagen. Algo les chirriaría de los discursos que escucharon, donde un completo ausente de nuestra actualidad (afortunado por perdérsela, sí) percibiría una tensión nada disimulada y una constante referencia a términos como libertad, derechos humanos o necesidad de conciliación, más propios de zonas en conflicto civil. Si ese es el mensaje que quieren transmitir los independentistas, en parte, lo consiguen con su actitud diaria, y es evidente que eso se traduce en perjuicios, que no van a pagar los líderes de esas formaciones, siempre bien cubiertos ante cualquier pérdida económica sino el trabajador a pie de calle, el ciudadano normal que paga sus impuestos y, sobre todo, trabaja día tras día para sacar adelante su vida, negocio y familia. El año pasado Barcelona perdió la sede de la Agencia Europea del Medicamento, una de las mejores a las que se podía optar, contando con edificio e infraestructuras preparadas, en una candidatura excelente, que fue saboteada por el independentismo y la ceguera nacionalista. El impacto de esa sede en la ciudad hubiera sido enorme, tanto como lo fue la sensación de pérdida que produjo su no adjudicación.


En su discurso de ayer ante las autoridades y representantes de las empresas participantes, el Rey Felipe VI apeló a la colaboración entre instituciones y al trabajo conjunto para mantener el Mobile en Barcelona, para no perderlo, para no expulsarlo. Palabras llenas de lógica que, tristemente, no serán atendidas por un sector de la política catalana. En el País Vasco tenemos experiencia de décadas sobre el daño económico que supone la cerrazón nacionalista (por no hablar de otros daños infinitamente más graves e irreparables). Ahora Cataluña empieza a sufrir los costes reales de la deriva de Puigdemont y de todos los personajes que, día a día, nos llenan la actualidad, nos aburren y, también, empobrecen, no sólo de manera metafórica. Que el Congreso sea un éxito para las empresas y la ciudad, y que el año que viene y todos los que vengan, sea siga celebrando allí. Y cuando los móviles sean algo que ni imaginemos, también.

viernes, febrero 23, 2018

Una tarde con el astronauta Pedro Duque

Fue el de ayer un día triste, marcado por la muerte. El fallecimiento de Forges lo empañó todo, llenó las caras de muchos de una congoja que se mantendrá cada día que veamos que nos falta su viñeta y luz. Por la noche, un ertzaina fallecía en Bilbao a causa de los violentos incidentes protagonizados entre fanáticos de un equipo ruso y otro local de eso que se hace llamar fútbol, que algunos asimilan a deporte, y no es sino un enorme negocio bajo el que se refugian personajes de vida confusa y hordas salvajes que gritan, chillan y destrozan envueltas en sus “colores”, con el beneplácito de autoridades y risas cómplice de tantos. Mis condolencias a las familias de las dos personas que ayer nos dejaron.

En medio de todo este despliegue de tristeza, acudí, por la tarde noche, a una charla que daba Pedro Duque, astronauta, de momento el único español que puede ser llamado así. Nunca le había visto en persona, y era una gran oportunidad para oírle y saber su opinión ante la, aparente, nueva carrera espacial que se nos viene encima, con competición de naciones y, sobre todo, empresas privadas que buscan hacerse un hueco en el mercado y empezar a rentabilizarlo. Duque habló un poco de todo esto, de la vida de un hombre en la Estación Espacial y de los retos que tenemos por delante para emprender viajes largos, algunos de ellos ya superados, otros aún no. Pero sobre todo Duque mostró lo humilde y generoso que puede ser alguien que ha llegado al triunfo absoluto de su profesión y es calificado como genio por muchos. Trató en todo momento de motivar al público, de demostrar tanto la utilidad de la investigación espacial como la naturaleza descubridora del hombre, unidas ante la necesidad de sobrevivir en el espacio, el medio más hostil que uno pueda imaginarse. Y no sólo comentó cuestiones de ciencia. La economía estuvo presente en el fondo de su exposición, y posterior debate con uno de los becarios de La Caixa que hizo de anfitrión del acto. Economía en forma de financiación de proyectos, de fondos públicos para sostener las investigaciones avanzadas y privados para lanzar los proyectos comerciales, de necesidad de ser pacientes a la hora de desarrollar proyectos en el espacio que, por definición, son largos, complejos y sumamente arriesgados. Esa financiación permite crear un tejido productivo en torno a la industria espacial que suma puestos de trabajo de alta cualificación y productividad, y son una manera de hacer mucho más competitiva la economía y sociedad de un país. Recalcó varias veces que en EEUU se sigue invirtiendo en estos temas, de manera pública vía NASA o privada con SpaceX, Virgin o Blues Space, y los avances que ellos logran el resto luego tenemos que comprarlos y pagarlos, por lo que nos cuestan muy caros. Les permite mantener una ventaja sobre el resto del mundo, que se traduce en éxitos en sus proyectos, sí, pero también en ganancias económicas. En España tenemos empresas privadas que están desarrollando proyectos muy meritorios en el tema espacial, como son Zero2infinity o PDL; pero viven en el filo de la navaja financiera. Gracias a las inversiones asociadas a nuestra participación en la ESA existe una pequeña red de empresas y estructuras que trabajan día a día en el espacio, construyen satélites (como el PAZ, lanzado ayer por SpaceX desde Vandemberg, California) pero es poca cosa en comparación con lo que podría ser. De hecho, hizo mucho hincapié en que el conjunto de Europa, cuyo desarrollo espacial se da en torno a la ESA, se está quedando atrás, por falta de proyectos ambiciosos, visión de futuro y, sobre todo, financiación. Musk y los innovadores, y China como potencia política, nos han superado en visión comercial y capacidades. ¿Queremos seguir en la carrera espacial? ¿Queremos desarrollar una industria europea competitiva, productiva y señera en este ámbito?


Las experiencias que contó Duque sobre su estancia en la EEI fueron divertidas, y en gran parte coincidían con el relato que ha escrito Scott Kelly en su libro Resistencia, de lectura más que recomendable. La necesidad de habituarse a un entorno tan hostil y extraño se repite al volver a la Tierra tras una estancia espacial. En todo momento Duque se mostró abierto, franco, modesto, diciendo “no se” a aspectos de tecnología y prospectiva que se escapaban de su ámbito de conocimiento, y a buen seguro sirvió de inspiración a algunos de los que estaban en la sala. Había niños, con sus padres, que quizás vieran en él un ejemplo a seguir. Les aseguro que es de los buenos. Y ese sería el mejor de los frutos posibles, y más en un día tan aciago como el de ayer.

jueves, febrero 22, 2018

Se ha muerto Forges

Es peligroso arrancar la mañana con el sonido de las noticias. Te levantas, vas a la sala, pones la televisión y puedes recibir un golpe que te deja seco y deshecho para el resto de la jornada, quizás para mucho más tiempo. En 2016 fueron varias las ocasiones políticas que nos despertaron con sabor a angustia y derrota, Brexit y Trump por ejemplo. La muerte de alguien cercano, que apenas conocías en persona, pero que llevas toda la vida con él, es mucho mucho peos. El 8 de febrero de 2017 me levanté y supe que había muerto Jose Luís Pérez de Arteaga. Hoy me he vuelto a levantar y, como diría Mecano, no debí hacerlo. Ha muerto Forges, a los 76 años, de un cáncer detectado hace poco más de uno. El humor gráfico, la vida, ya no será igual.

No conozco a nadie que no haya tenido un ataque de risa al ver sus chistes, que no eran especialmente cómicos en lo que contaban, pero sí en el fondo que describían, Todos nos hemos visto retratados una y mil veces en el absurdo de sus viñetas, en unos personajes geniales que nos retrataban hasta el fondo, que nos hacían reír, sí, pero que al poco te llevaban a la melancolía más profunda e intensa, porque sabías que el genio había logrado que te rieras de tus defectos, tus fallos, tus angustias. Mariano, Concha, los Blasillos, las viejas de la aldea, los náufragos, el becario y el jefazo explotador… personajes que cada uno podemos considerar de nuestra familia, que hemos visto una y mil veces recreando escenas que hemos vivido en carne propia, que podemos relatar una y otra vez y que, en ese momento, las calificamos como propias de un chiste de Forges. La vida laboral, la política, especialmente la social… no hay faceta de la España del último medio siglo que no haya sido diseccionada por el maestro sin que quede completamente al descubierto. Ver un chiste de Forges y reírse es, en cierto modo, acudir a una lección magistral de sociología, en la que el dibujante lograba, con unos personajes apenas definidos en cuatro trazos y grandes narices, describirnos a todos. No creo que haya una oficina o centro de trabajo en España en el que no cuelgue un chiste de Forges, casa en la que alguna de sus viñetas o libros se encuentre presente y memoria de viñetas que nos trasciendan. Junto con Ibáñez y sus maravillosos Mortadelo y Filemón, Forges era, sin duda, el viñetista más famoso de este país y el que llegaba a una mayor franja de población. Su humor era más adulto, pero sólo por el hecho de que tocaba sobre todo materias adultas, como la política y las crisis económicas y sociales. En muchas ocasiones sus viñetas eran editoriales, estaban cargadas de profundas convicciones políticas, con las que uno podía estar de acuerdo o no, pero que no dejaban indiferente, hacían pensar y conmovían. Que me venga a la memoria, sólo Mafalda como personaje era capaz de llegar a ese grado de compromiso social y gracia humorística, que es quizás lo que todo viñetista de prensa aspira a alcanzar. Los dibujos de los periódicos, que algunos consideran un género menor, son en muchas ocasiones la más cincelada obra de arte de toda la edición, y es maestro el que, con trazos, espacio cerrado y pocas letras, es capaz de conmover, hacer reír y pensar. Nunca nada de lo que yo pueda escribir estará a la altura de las reflexiones de las viñetas de Forges y, desde luego, por mucho que me empeñe, alcanzaré la más mínima gracia en comparación a cualquier de sus viñetas. Funcionarios, matrimonios, empleados, pensadores, políticos de la actualidad, amas de casa, agobiados trabajadores, esa mujer que siempre leía en el sofá y no se animaba a acompañar a su marido a bajar la basura, quitando así oportunidades de salir juntos a la pareja... hoy están todos en el cielo del humor y la memoria.


Colaborador habitual de Pepa Fernández en No es un Día Cualquiera, de Radio Nacional, llevaba Forges más de un año sin salir en antena y, en ocasiones, Pepa le mandaba un fuerte abrazo, lo que nos hacía sospechar a muchos de que algo no iba bien. Y así ha sido. El País, su casa de casi toda la vida, y TVE, donde aprendió y pasó tantos años, están hoy de luto. La verdad es que creo que hoy todo este país lleva un luto prendido en su corazón, al saber que mañana ya no habrá viñetas de Forges, al descubrir que tendremos que seguir adelante sin su diaria dosis de humor y reflexión, que para muchos, desde luego para mi, era de visión obligada antes de hacer casi nada. No descanses allá donde vayas, genio. Sigue con pinceles, quizás traces en las nubes narizotas de desolados curritos que llegan a casa y sólo desean esconderse de la realidad. Seguro que sigues dibujándolos.

miércoles, febrero 21, 2018

Cantar por amor al arte (para Delia Agúndez y todos los músicos)

Este pasado sábado estuve en un concierto de música antigua celebrado en una iglesia del centro de Madrid. No pertenecía al ciclo del Festival de Arte Sacro que se celebra ahora en la ciudad, pero se realizaba en paralelo. Algo más de media entrada, que era de pago, en un edificio de buena acústica y muy baja temperatura, y con la polifonía de Cristobal de Morales como protagonista exclusivo. Actuaron Gradualia, formación encabezada por Simón Andueza y en la que participó la soprano Delia Agúndez, a la que conocía de anteriores conciertos. Polifacética y presenten múltiples proyectos, la carrera de Delia es un gran ejemplo de lo bello, y difícil, que resulta ser el trabajo del artista en un país donde tan poco se valora esta profesión.

Al final del concierto me quedé un rato para felicitar a Delia por su actuación, exquisita, como la del resto de cantantes, y entre una cosa y otra acabamos en un local cercano tomando algo los artistas y algunos de los miembros del público, a los que yo no conocía de nada. En una charla distendida, en la que yo aprendía mucho más de lo que era capaz de aportar, la música fue el tema fundamental de conversación, como era de esperar. Música en torno al concierto que habíamos vivido, que todos calificamos como excelente, tanto que incluso nos había permitido olvidar por momentos el frío de la iglesia. Y música como forma de vida de todos los que allí estaban reunidos, como intérpretes en el caso de los concertistas y como relacionados con ese mundo. Había un chico que era crítico de la revista Codalario, y otros dos, con los que tuve la oportunidad de charlar más en profundidad, que dedicaban su tiempo musicológico a rescatar partituras de lugares en los que yacen escondidas y abandonadas. Iglesias, monasterios, palacios, casas señoriales, edificios ruinosos, su vida era un deambular por España tratando de convencer a los dueños o gestores de lugares y posesiones de la necesidad de dar a conocer el patrimonio que se atesora, y que tantas veces corre el riesgo de pudrirse y perderse. En bastantes ocasiones habían tenido éxito, y algunos de los conciertos del citado Festival de Arte Sacro antes comentado van a ser posibles gracias a su labor. En otras ocasiones, no pocas, recurrían a argucias como sacar fotos indiscretas de pergaminos roídos por el tiempo (y algunos animalitos) sin que el responsable del archivo se diera cuenta. Y en no pocos casos su historia era la del fracaso, la imposibilidad, el no acceso a las fuentes, a veces ni siquiera a los lugares en los que se encuentran. Era una labora, tal y como la contaban, apasionante, detectivesca y proclive a encontrar joyas, pero también muy mal remunerada, a veces de ninguna manera, por lo que la vida de esos chicos buscadores era, como mínimo, precaria. Trataban de encontrar vías de ingresos alternativos, que les permitieran desarrollar su labor de arqueólogos musicales, y todo ello les obligaba a una vida frugal y llena de limitaciones. Y comentaba Delia, cuya carrera va viento en popa, que su caso era igual, que la vida de autónomo es dura, se ingresa algo, no se sabe muy bien cuanto, el día que se actúa, y al día siguiente nada es seguro. Y comentaban todos ellos como los grupos asentados, los que tienen nombre, muchas veces no pueden salir al extranjero porque no tienen dinero para pagarse unos viajes que, otras naciones, sabedoras de la importancia de la promoción cultural, sí cofinancian a sus grandes grupos musicales, que todos conocemos, y que cuentan con ese colchón que les permite mostrar su calidad, enorme, y hacer promoción comercial de su origen. Contamos en España con grupos e intérpretes de igual calidad, eso ya es una evidencia, pero sin ese apoyo ni músculo financiero que les permita girar y promocionarse, y de ahí que muchas veces parezca que el nivel musical nacional es mucho menor. Qué errónea, e injusta, percepción.


En ese rato de conversación, que fue sumamente agradable e instructivo, me encontré con un grupo de profesionales que, literalmente, daban su vida por amor al arte, y que reflejaban muy bien la precariedad en la que se mueven muchos profesionales de nuestro país, de diversos sectores y procedencias (piensen en los periodistas, tantos falsos autónomos, empleados de restauración y servicios, etc) agudizada en su caso por el abandono que el arte y la cultura sufren en nuestro país, en muchos casos por la indolencia de gobiernos que, esto es lo peor, reflejan el comportamiento de una gran parte de la sociedad. Poco más puedo hacer que dar apoyo y sentir admiración ante estos estajanovistas de la cultura. Y alentar para que todos los que puedan vayan a sus conciertos, compren algún CD, les aplaudan y animen. Viven del favor del público.

martes, febrero 20, 2018

Marta Sánchez y la letra del himno

Sea buscado o no, tampoco importa mucho, Marta Sánchez ha conseguido que durante un par de días no se hable de Puigdemont en los medios, lo cual ya es algo de lo que debemos estarle agradecidos, pero el tema de debate no han sido sus cualidades como cantante (no me gusta ese tipo de música) ni su buen ver (en eso no hay discusión posible) sino su versión del himno de España con letra propia. Ya en los noventa tuvo la oportunidad de, emulando a Marilyn, ir a cantar a las tropas españolas que participaban en la primera guerra del golfo, y desde entonces no se veía la cantante en una situación tan patriótica ni mediática. Hace bien en aprovechar el momento, dado que todo artista vive de él.

Sobre el tema de fondo, el de la letra del himno, poco les voy a poder aportar, porque soy de los que opina que hace mucho tiempo, al menos más de un siglo, que se perdió la oportunidad de ponerle versos a una marcha granadera, el himno nacional, que no es especialmente llamativa en lo musical y que, sin texto, es como la hemos vivido durante toda la existencia. No pocas han sido las iniciativas de ponerle un texto, que han acabado estrellándose en el debate público para que todo lo que sea necesario fuera recogido y nadie se sintiera ofendido, algo que era imposible ya antes de las redes sociales, y que ahora, al parecer, es un imposible a la altura de la paz perpetua entre cuatro tuiteros. Los himnos de otros países de nuestro entorno poseen letra, sí, que tiene varios siglos de antigüedad y que, si examinamos con cuidado, nos retrotrae a épocas presuntamente gloriosas de batallas cerriles y enfrentamientos. La Marsellesa menciona la necesidad de degollar a los enemigos, el “God save the Queen” es una alabanza a los cielos a ya la monarquía eterna, y así podríamos ir uno a uno, traducidos, viendo textos que casi todo el mundo hoy en día consideraría como imposibles. Si los habitantes de esos países los recitan es por tradición, más que por el significado, y no habiendo lo primero en España, parce imposible encontrar lo segundo que genere unanimidades. El himno de la UE, la oda a la alegría de la novena de Beethoven, tiene letra, el poema alemán de Schiller, pero ¿cuántos españoles se la saben? Muchos piensan que el texto es el que cantó Miguel Ríos en sus años mozos, pero esa no es sino una versión muy libre del texto originario. Hay himnos laicos, como el de Star Wars, que a todo el mundo emociona, y que no necesitan un texto asociado, pero que representan a millones de personas. ¿Es por ello necesario recitar algo mientras se escucha la música? No lo creo. Se aduce que en competiciones deportivas, quizás el lugar en el que más se escuchan estas composiciones, el equipo español parte en desventaja frente al resto, que unidos en una melodía y texto, reafirman su unidad de grupo antes de salir al campo. Pero estamos hablando de deporte, algo menor en la vida y donde el componente de mercenariado es mucho más importante que cualquier bandera, insignia o color. Seguro que los neozalandeses tienen un himno bonito y con texto (ya me pueden disculpar, no tengo ni idea de cómo suena ni lo que puede decir) pero sabido es que su selección de rugby se motiva con una danza ritual maorí que, sospecho, poco tendrá que ver con el sonido oficial del país, que apuesto a que hará alguna mención a la reina de Inglaterra y a la Commanwealth. El problema de fondo del himno, la bandera y los símbolos nacionales en España viene de la época franquista, cuando fueron usurpados por una parte de la sociedad y usados como arma frente a la otra. Poco a poco ese trauma, afortunadamente, se va superando, pero el poso que ha dejado es el de un profundo, y quizás sano, descreimiento en la simbología patria. La locura “Puigdemoníaca” ha hecho que afloren bandereas y sentimientos nacionales españoles como nunca las ha habido, pero es una respuesta ante las ofensas que un grupo de exaltados han hecho a toda nuestra sociedad, empezando por la que más cerca les toca a ellos, a la catalana. La vuelta a la normalidad, ojalá a no muy tardar, hará que muchas banderolas se caigan de los balcones.


En esto de los himnos, a cada uno le vuelve loco el suyo, y reconozco que mío, que me emocione, no está ninguno asociado a nación, región, terruño o, desde luego, club deportivo. Ese citado pasaje de la novena de Beethoven, el coro final de la Pasión según San Mateo de Bach, o cualquiera de sus arias, muchas de las arias de Häendel, varios pasajes de Star Wars, algunas fanfarrias de Monteverdi, Gabrielli o Praetorius… Canten con fuerza el himno con la letra que deseen, usen el “chunda chunda” o el “lo lo lo lo” versiones genéricas que se usan día tras día, entonen el “Asturias, patria querida” himno oficioso del país y, según dicen, oficial con unas copas de más, y respeten todos los demás. Eso es lo más importante, respetar los símbolos, no usarlos como objetos arrojadizos.

lunes, febrero 19, 2018

Munich, Israel e Irán

La imagen es muy gráfica y expresa, de una manera clara, como la tensión puede seguir creciendo en una zona del mundo que siempre vive sobrada de motivos de disputa y peligros. Sobre un modesto atril, desde el que habla a la concurrencia, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu sostiene con su mano derecha un trozo de chatarra sucia, y se dirige al jefe de la diplomacia iraní, presente en la sala, para pedirle que se la quede, porque es suyo. Con este golpe de efecto el primer ministro da consistencia al incidente producido hace un par de semanas, cuando el ejército israelí derribó un dron, que Jerusalén afirma era de procedencia iraní, en lo que luego se convirtió en un acto de guerra que acabó con el derribo de un avión israelí por los antiaéreos sirias

Munich ha sido el escenario de este nuevo enfrentamiento regional en Oriente medio. En la ciudad bávara se celebra, todos los años, la llamada conferencia de seguridad, un foro de debate entre representantes diplomáticos de medio mundo que, sin tantos focos ni alharacas, algunos asemejan a una especie de mini Davos, centrado en exclusiva en las relaciones internacionales, y con la presencia de no muchas figuras, pero siempre relevantes. En Munich siempre se producen debates y declaraciones interesantes, y más en estos tiempos en los que eso que llamábamos orden internacional va cayendo, progresivamente, en un desorden cada vez más preocupante. La retirada de la primera fila de EEUU como gendarme global y, en paralelo, el ascenso de una China que, pese a todo, sigue sin tener un papel global en el mundo, están creando una especie de tierra de nadie en la que los diferentes actores locales actúan de manera muy “suelta” por así llamarla, y mantienen en marcha conflictos sobre los que las grandes potencias no quieren establecer frenos. El caso de Oriente Medio, siempre convulso, ejemplifica bien esta situación. La tensión regional va a más y está creando dos claros bandos con extraños compañeros de cama. Por un lado, Irán, enorme potencia regional, que extiende sus tentáculos chiíes por Siria, Irak y Líbano, controlando en parte en la actualidad esos países o regímenes. Frente a ese poder se está creando una coalición en la que la suní Arabia Saudí e Israel, enemigos acérrimos, acuerdan posturas, movimientos y declaraciones, en lo que no es sino una relación envenenada, unida sólo por el odio y temor hacia un enemigo común más poderoso. Cada uno de estos socios contra natura mantiene escaramuzas propias en su vecindad, relativamente controladas las israleítas y degeneradas en una cruel guerra las saudíes en el Yemen, pero no consta oficialmente que colaboren en el teatro común de enfrentamientos de la zona, que es Siria, aunque sí se sabe que actúan por separado. De hecho en el teatro sirio todos se enfrentan a todos, de una manera desorganizada, desde hace años, y aunque la guerra parece dirigirse hacia su final, las escaramuzas y combates continúan, y no están nada claro cuál será el tablero final que se componga cuando, algún día, se firme una especie de armisticio en ese torturado país. En un fantástico artículo de ayer, Lluis Bassets describía perfectamente el cenagal en el que se ha convertido Siria, los enfrentamientos cruzados que se dan entre todos los actores que allí tratan de ganar posiciones y cómo la guerra ha ido creciendo en dimensión y peligrosidad con el avance de los años, haciendo que más y más países se involucren, grandes potencias incluidas. Rusia lo ha hecho de manera descarada, y lleva las de ganar, EEUU de manera más o menos discreta, y lleva las de perder, y a China ni se le ha visto ni se le espera, en un escenario en el que, como mínimo, es ajena. ¿El posible final de la guerra de Siria supondrá una mayor estabilidad en la región o será el preámbulo de otro enfrentamiento, entre nuevos actores? Esta es, quizás, la pregunta más importante que tenemos sobre la mesa.


Muchos apuestan por la inevitabilidad de una nueva guerra. Si no pasa nada raro la victoria ruso iraní sobre el terreno crea un poder regional enorme que intranquiliza a todos sus vecinos, que es difícil que se queden de brazos cruzados esperando los futuros pasos de un liderazgo encabezado por un crecido Teherán. Israel, con el beneplácito de Trump, ya ha asegurado que se reserva el derecho de actuar, y la principal pieza que garantiza algo de seguridad en la zona, el acuerdo nuclear entre occidente e Irán, se ve asediado por todas partes. Su ruptura sería un desastre, y quizás la espita para que algo mucho más serio, e igualmente grave a lo visto en Siria, se diera en un lugar del mundo en el que la palabra guerra se invoca día a día en todos los idiomas posibles. Mucho ojo a lo que vaya a pasar allí en los próximos meses y años.

viernes, febrero 16, 2018

Un erasmus a los ochenta

Ha hecho bastantes entrevistas en los medios estos días ese señor que, con ochenta años cumplidos, se va de Erasmus a Italia los próximos meses para continuar sus estudios de Historia. Miguel Castillo, que así se llama el señor, es un notario jubilado, casado en segundas nupcias tras enviudar, que estudia en la Universidad de Valencia y que va con su mujer a pasar unos meses estudiando en el extranjero, probablemente sin acudir a las fiestas universitarias que los “orgasmus” montan de manera tan afamada y residiendo no en un colegio mayor, sino en un piso de alquiler. En sus encuentros con los medios contrastaba la naturalidad de Miguel con el asombro de los entrevistadores, que no entendían lo que veían. Menudo ejemplo nos da Miguel.

En un tiempo en el que se asume que todo se sabe, que todo es trivial y que uno tiene las soluciones para todos los problemas, y se pregona a los cuatro wifis esa soberbia, Miguel es un señor que, tras jubilarse, quería seguir aprendiendo, admitía que no sabía de algunas materias lo que desearía, y en palabras suyas, en vez de dedicarse a sestear, se apuntó a la Universidad. Miguel no ejerce eso que ahora se llama “cuñadismo” extraña expresión que todos entendemos, y que seguramente hace unos años se denominaba de otra manera, porque sabiondos los ha habido siempre. En estos tiempos que vivimos decir “no se” es uno de los mayores atrevimientos posibles, y una de las muestras más profundas de asumir la cada vez más compleja realidad. Y es que esto es lo más absurdo de todo, el mundo que nos rodea no hace sino complicarse cada vez más, acelerarse, volverse incomprensible. Las certezas que uno puede tener fallan sin cesar, y en distintos ámbitos de la vida la sensación de descontrol no hace sino crecer. En el trabajo, en la actualidad, en lo que nos rodea, mi sensación personal es que cada vez se menos, y me equivoco más, no tanto porque pasen los años, que quizás también, sino porque todo se complica y cada vez hay que tener en cuenta más y más factores. Trato de informarme de la realidad que me rodea y me sumerjo en un enorme océano descontrolado de datos y opiniones de los que apenas puedo sacar algo de conocimiento, pero que sobre todo acrecientan mis dudas. Dicen que es muy grande la osadía del ignorante, y Miguel muestra justo el reverso contrario de esa perversa sensación de dominio. Seguro que una larga charla con él nos mostraría a una persona que duda, que cree saber algunas cosas pero, sobre todo, es consciente de todo lo que desconoce, que se equivoca en sus predicciones y que apenas es capaz de atisbar razones o lógicas en muchos, muchísimos campos de la vida. A sus años ha visto mucho, muchísimo más que otros, infinitamente más de lo que he visto yo (y probablemente vea) pero eso no le ha saciado, porque cuanto más ha visto más ha deseado saber. Seguro que cuando comentó en su entorno que quería apuntarse a la universidad hubo cierto cachondeo entre amigos y familiares, tanto por una idea que algunos calificarían de excéntrica como por la inutilidad de “a esa edad, querer saber esas cosas” argumento que, a buen seguro, alguien empleo. Y ante esa frase Miguel, y uno mismo, no puede argumentar nada más que la ignorancia, la asunción de lo mucho que no se sabe y de lo que queda por aprender, y de la oportunidad que ofrece la vida y, hoy en día, los medios y tecnologías existentes, para poder aprender. Quizás el saber historia era algo que preocupaba a Miguel desde hace mucho tiempo, pero su trabajo y ritmo de vida diario no le permitieron hacer el hueco necesario para que esa materia se expandiera como deseaba. La jubilación, ese enorme caudal de presunto tiempo libre, le dio la oportunidad, y la aprovechó.


Muchos mirarán a Miguel como un caso exótico, sobre todo sus compañeros de clase, la mayoría de los cuales están ahí más por obligación que por ganas, pero Miguel es, para ellos, y para todos nosotros, no sólo un ejemplo de fuerza de voluntad y de ausencia de miedos, que también, sino sobre todo una señal, una guía, para que admitamos que no lo sabemos todo, que nuestra palabra no pontifica, que el conocimiento es amplio, complejo y está muy repartido, que cuando creemos estar en posesión de la verdad la mayoría de las veces sólo hacemos el ridículo, y que nunca, nunca, es tarde para aprender cosas nuevas. Disfrute del Erasmus italiano, Miguel estudie mucho, conozca la vida de aquel país y, también, cate la experiencia de la “bona vita” italiana. Muchas gracias por su actitud y ejemplo.

jueves, febrero 15, 2018

Otra matanza escolar en EEUU

Uno ya no sabe que decir o pensar cuando se repiten escenas que, aún vistas una y mil veces, estremecen como si fuera la primera vez. Esas carreras, angustias, disparos, policías entrando en recintos, en este caso educativos, a la caza del asesino solitario. Esa impotencia de las personas que, en un instante, pasan de estar viviendo un día rutinario a saberse asediadas y en el punto de mira de alguien que no tendrá piedad con ellos. Esos vídeos que ahora circulan por todas partes, rodados de manera improvisada, guionizados por la angustia, en los que la imagen temblorosa nos muestra carreras, chillidos e intentos de escape, a veces recompensados por la seguridad, otras no.

La última matanza escolar en EEUU deja un saldo de, al menos, 17 muertos, todos ellos en un colegio de Florida, asesinados a balazos de arma automática por un excompañero que fue expulsado del centro por su conducta violenta y su amor a las armas. El guion de estas masacres se replica una y otra vez, con escasas variantes, y siempre con un saldo despiadado de víctimas. Nos enteramos de aquellos que alcanzan grandes proporciones, como es el caso, pero cada semana, cada pocos días, tiroteos vengativos se producen en EEUU y aumentan, de manera incesante, el balance de víctimas por armas de fuego hasta unas proporciones que, en Europa, nos parecen simplemente inasumibles. Volverá el debate sobre la legislación, tan relajada como absurda, respecto a la venta de armas y su tenencia y exhibición, y esa discusión eterna se acallará en pocos días, hasta que una nueva matanza la reabra, y así hasta el infinito, y demasiadas muertes por el camino. Resulta evidente que dificultar el acceso a las armas es la primera medida, la más obvia, para que no sean empleadas, y que eso, a buen seguro, reduciría las tasas de homicidios en aquel país, pero también es verdad que existe una cultura de la violencia en EEUU que hace que, haya armas de fuego o no, muchas disputas se arreglen a las bravas de una manera que se nos antoja incomprensible. La seguridad ciudadana, como la salud, son cosas que se valoran de manera extraordinaria cuando no se disfruta de ellas, y que si se poseen se dan como obvias y se relativiza mucho su existencia. En Europa, y más concretamente en España, la seguridad de la que disponemos en nuestras ciudades es enorme, e incluso en Madrid, por mucho la más grande de ellas, se vive con una sensación en la que el miedo está ausente de las calles. Incluso tras pasar lo peor de la crisis económica, que muchos temieron supondría un repunte de la violencia en forma de atracos, las cosas siguen pacíficas hasta un punto en el que los asesinatos, muy escasos, son noticia de portada en los informativos, precisamente por su extrañeza. Esto no es así en todas partes, ni mucho menos. En esta web pueden ver un gráfico comparando las tasas de homicidio entre los EEUU y Europa, datos de 2015, y los números hablan por sí solos. Los estados norteamericanos se encuentran muy a la cabeza de esta clasificación, siento Lituania el primer país de Europa que figura en ella. Para encontrar a España debemos irnos muy al extremo positivo del gráfico. Somos el cuarto país menos violento de los analizados, sólo mejoran nuestra posición Irlanda, Austria y Holanda, pero nos encontramos en un nivel cercano a los 0,5 homicidios intencionados cada 100.000 habitantes, cifra veinte veces, veinte veces, menor que la registrada en Louisiana, que es quien encabeza este ranking. La preponderancia de los estados norteamericanos muestra que la violencia es un problema de primer orden en aquel país, y que la venta libre de armas se realimenta con la tendencia a ser expeditivo a la hora de “arreglar problemas”. Viendo el gráfico, ¿en qué país preferirían ustedes vivir? Seguro que son rápidos a la hora de tomar la decisión.

De hecho, es en las ciudades norteamericanas donde este problema se vive de una manera más intensa y, al ser un goteo constante, apenas aparece en los medios. Pongamos un ejemplo. En 2017 Chicago mejoró notablemente sus estadísticas criminales, con una bajada del 16%, pero se registraron 650 asesinatos. Tremendo, en una ciudad. En 2016, en España, se registraron, según el INE, 282 casos. Ni la mitad. Todos estos fríos números pueden darnos consuelo y alivio, y lo hacen, pero de nada sirven al contemplar las angustiosas imágenes que hoy llenan portadas de medios impresos y audiovisuales. La reiteración del horror y sinsentido del asesinato masivo. Hoy, esta vez, en un colegio de Florida. La semana que viene, no se dónde.


miércoles, febrero 14, 2018

Oxfam y los abusos sexuales

Acusaciones sobre altos cargos institucionales de haber cometido prácticas sexuales predatorias con personas indefensas, a las que forzaron sin darles oportunidad alguna, indicios de corrupción con los fondos destinados a ayudar a los más necesitados, noticias sobre abusos, también sexuales, practicados a empleados de la organización en establecimientos por ella regentada, en los que los contratos de trabajo a veces dependían directamente de si uno se dejaba acostar o cosas por el estilo con el superior, cortinas de engaños, excusas y tardanzas para estudiar estos casos y ponerles freno….

¿Les estoy describiendo algo que les suena? Sin añadir mucho más la mayor parte de ustedes empezarían a pensar en alguna institución religiosa, un convento, un colegio de curas, o algo por el estilo, dado que es allí donde más se han destapado este tipo de casos. Pero no, frío frío… los tiros no van por ahí. Todo lo anterior resulta ser una pequeña descripción del escándalo que está arrasando la imagen, y mucho más, de Oxfam, una de las ONG británicas más conocidas en todo el mundo, con cientos de miles de voluntarios repartidos por todo el planeta y un presupuesto que, constituido a base de negocios propios, aportaciones voluntarias y subvenciones públicas, se encarama a cifras de cientos de millones de euros. Oxfam no es un chiringuito, no, sino una de las ONG más potentes, poderosas e influyentes del mundo. Las revelaciones sobre el comportamiento de algunos de sus dirigentes en Haití, en lo que resulta ser un compendio de nauseabundas prácticas en medio del desastre, ha abierto la caja de los truenos y las denuncias se suceden en todos los estratos de la organización, revelándola como un lugar siniestro en el que el delito, de marcado carácter sexual, se extiende por todas partes. Y junto al delito, otra grave característica que replica casos similares en el pasado, la ocultación. La sensación para el público que observamos este caso que, otra vez, una y mil veces después, la organización sabía que cosas de este tipo estaban sucediendo, pero nada hizo para impedirlo. Todos los esfuerzos se dirigieron a acallar a las víctimas, a ocultar el delito, a tratar de mover a los presuntos responsables de puesto y nación para enmascarar sus actos e impedir que la información se propagase ¿Les suena? Sí, siempre es la misma actitud. Llámese Oxfam u Obispado de Boston, la gravedad y extensión de los delitos es coincidente con las estrategias de ocultamiento por parte de una estructura, una dirigencia, cuya principal, y al parecer única preocupación, es que la organización no sufra por los escándalos. Huelga decir que a los responsables de Oxfam les daba absolutamente igual los proyectos desarrollados, la cooperación o la ayuda a los necesitados. Sobre todo les importaban sus cargos, sus remuneraciones, su posición en la sociedad, la defensa de los otros cargos, que en el fondo eran como ellos y la persistencia de la organización que les daba de comer. En el caso de las tarjetas black de Bankia, afortunadamente sin connotaciones sexuales de por medio, vimos un comportamiento muy similar, de asociación colectiva en defensa mutua para ocultar delitos, en aquella ocasión financieros, y una organización corrompida hasta el fondo cuyo único interés era la pervivencia y el saqueo. Observar que delitos de este tipo y comportamientos similares se dan, con un paralelismo asombroso, en estructuras creadas en principio para ayudar a los demás, posean componente religioso o no, resulta más indignante y, sobre todo, desmoralizador. ¿Acaso hay alguna organización en la que este tipo de prácticas no existan? ¿ o se persigan? ¿O, incluso, se denuncien?


El daño que puede provocar el caso Oxfam en el sector de la cooperación al desarrollo es, potencialmente, inmenso, y nos vuelve a poner sobre la mesa la manera en la que, sea cual sea el ámbito en el que nos encontremos, gestionamos el tema de los abusos sexuales y de poder. Depredadores de este tipo son minoritarios, estadísticamente apenas residuales, pero sus efectos e impacto resultan devastadores. No puede ser que admitamos como normal que organizaciones, empresas, estructuras, sirvan de parapeto a estos sujetos. Lamentablemente pueden encontrarse en todos los lugares de la sociedad y posiciones, poderosas o no, cultas o incultas, urbanas o rurales, civiles o religiosas, y es trabajo de todos desenmascararlos, denunciarlos, y reformar las organizaciones que les puedan servir de defensa.

martes, febrero 13, 2018

Pruebas médicas

Sí, hoy el artículo va con un cierto retraso respecto a lo habitual, pero no se preocupen, que no ha pasado nada trascendente. Hoy me tocaba realizar el chequeo médico obligatorio del trabajo, al que no nos citaban desde hace varios años, y allí he acudido, a primera y frío hora de la mañana, para hacerse las revisiones habituales de vista, oído, electros, movimientos musculares, extracciones de sangre, depósitos de orina y cosas por el estilo. Como estaba citado a muy primera hora no había mucha gente, por lo que no se me ha acumulado el típico retraso que provoca que las citas se vayan acumulando y, al final, sirvan de bien poco.

¿Suelen ustedes ir al médico? ¿Son hipocondríacos? ¿Se toman la tensión en casa? Vivimos en una época en la que la salud sigue escalando puestos en el mundo mediático y se convierte en tema de conversación en todos los contextos. Internet ha puesto mucha documentación médica al alcance de todo el mundo y, también, a todo tipo de charlatanes que se aprovechan de la superchería y angustia asociada a toda enfermedad. En este mundo, en el que nunca se ha vivido mejor, la comida ha sido más abundante y de mayor calidad, la higiene más omnipresente y la tecnología y ciencia más efectiva frente a las enfermedades, surgen cada dos por tres bulos, rumores falsos y alarmismos que se centran en nuestra salud, o más bien en su deterioro. El negocio en torno a todo esto es enorme, y no deja de crecer. Todos estamos preocupados, en algún momento, por nuestra propia salud o por la de los que nos rodean, y el nerviosismo que existe, de manera natural e inevitable, en torno al mundo de la enfermedad requiere una gestión serena, seria y profesional. Alarmismos, histerias, búsqueda de remedios milagrosos, escapismos y demás artimañas son sólo formas de equivocarse, de perder mucho dinero y, casi siempre, deteriorar más aún la salud herida. Pese a la labor de divulgación de expertos y docentes, se ponen de moda tonterías como la de beber agua cruda, la última de la que tengo noticia, y muchos se lanzan a ello porque algunos millonarios de alguna parte, en este caso californianos de Silicon Valley, se dedican a venderla a precio de oro como si fuese un remedio naturista o el último grito en curativos naturales. Un poco de “new age”, algo de orientalismo, una pizquita de ancestral sabiduría y toneladas de marketing basadas en la añorada vuelta a la naturaleza envuelven todos estos productos basura, dotados de etiquetas que relatan sus supuestos (y falsos) beneficios, y una cifra asociada, el precio, que es tan disparatado como absurdo y estafante. Hay quien compra botellas de esa agua no tratada a precios muy superiores a los de la gasolina, sin que me quede muy claro que es peor, si beber esa agua portadora de gérmenes o pegar un trago en el surtidor de la sin plomo, y de mientras, a un precio irrisoriamente bajo, agua potable tratada, sana, limpia, maravillosa, sale de los grifos de nuestras casas con una calidad impecable, en forma de lujo que no es accesible para millones y millones de personas, que tiene que hacer enormes esfuerzos cada día para encontrar alguna fuente de agua potable. Cada día la diarrea provocada por la ingesta de aguas insalubres causa cientos de muertes, y garantizar el acceso de agua en condiciones sería una de las medidas que más reduciría la mortalidad en amplias zonas de Asia y África. Y de mientras, en el mundo de los ricos, algunos se hacen aún más gracias a la venta de aguas insalubres. Es incomprensible, ¿verdad?


Afortunadamente las autoridades empiezan a tomarse en serio este asunto. Ayer se supo que la Generalitat de Cataluña va a imponer sanciones a los organizadores de la basura de encuentro que tuvo lugar hace unas semanas, centrado en el cáncer, donde sólo se dijeron peligrosas mentiras y falsedades. Cuiden su salud, lleven una vida sana, aliméntense bien y disfruten de los placeres de la vida. Y en cuestiones médicas, por favor, hagan acaso a su médico, a los profesionales sanitarios y a todos aquellos que sí saben de eso, que no acertarán siempre, porque la medicina es una ciencia y, también, un arte, pero que no buscarán arruinarles vendiéndoles basura. Y no se obsesionen con la enfermedad y la salud, eso solo les provocará disgustos.

lunes, febrero 12, 2018

¿Deshielo en Corea?

Se han inaugurado los Juegos Olímpicos de invierno, en la localidad surcoreana de Pyeongchang, no confundir con la Pyongyang, capital de Corea del Norte. No consta que esta similitud y la dificultad de ambos nombres hayan sido tenidos en cuenta por el COI para escoger la sede de los Juegos con el objeto de hacerlo pasar muy mal a los periodistas que acudan o comenten los deportes. A buen seguro habrá una larga colección de presentadores atascados en la “ngch” que darán juego a los imitadores. Como en los juegos de invierno no hay fútbol ni nada por el estilo es poco probable que alguna noticia trascienda de ellos en los espacios de deporte de nuestro país.

Los juegos, el frío y el argot internacional están permitiendo que el uso de la expresión “deshielo” aparezca en todas partes refiriéndose a la actual situación entre las dos Coreas. Ha resultado curioso, como mínimo, ver lo rápido que los dos países, técnicamente aún en guerra, han acordado la presencia de los participantes norcoreanos y la implicación del régimen de los Kim en los juegos y en la propia ceremonia, con la presencia de la hermanísima Kim Yo Jong, quizás la mujer más poderosa del Norte, y responsable de la gestión de imagen y propaganda de su gordito y todopoderoso hermano. Este viaje y la invitación cursada a los mandatarios de Corea del Sur para que, de manera oficial, visiten Pyongyang suscita muchas preguntas. ¿Estamos ante un intento serio de negociación y apertura? ¿Qué pretenden los Kim? ¿A qué viene ahora este comportamiento “convencional”? Como es imposible saber lo que sucede en Corea del Norte resulta muy difícil, siendo generoso, determinar cuál es el objetivo último de estos gestos, y los analistas están algo desconcertados. Tras una serie de amenazas y pruebas balísticas y nucleares amenazantes, ahora Kim y los suyos ofrecen una cara amable y negociadora. ¿Doble estrategia? ¿tacticismo? Tanteo? Quién sabe. Comentaba ayer un analista de una universidad china, el principal y único aliado que le queda a Corea del Norte, que pueden ser dos los motivos que lleven a los norcoreanos a comportarse de manera amable. Uno, el económico, el daño que ya están produciendo las cada vez más intensas sanciones y bloqueos, y la necesidad de que Corea del Sur le abastezca de bienes, tratando así de buscar una salida a una situación económica interna que, puede ser, se está deteriorando. Otro motivo, este es muy interesante, es que los Kim pueden haber pensado que, tras los últimos ensayos y pruebas armamentísticas, ya son de facto una potencia nuclear respetable, ya infunden miedo, demasiado como para ser obviado, y que se han ganado el respeto de la comunidad internacional (pueden sustituir, si quieren, respeto por acojone) y que pueden empezar a hacer gestos de magnanimidad y apertura, en la confianza de que han asegurado la pervivencia de su régimen. Quizás sea cierto que, aunque mínimo, se ha establecido una especie de equilibrio del terror entre EEUU y Corea del Norte, en el que las abismales diferencias de capacidad militar entre ambos países no eliminan la sombra, certera, de que si se lo propone, Corea del Norte sí podría atacar a ciudades norteamericanas. No es una mera hipótesis ni escenario virtual, sino el resultado de las últimas pruebas, realizadas con todo el boato y exhibicionismo posible, para que a nadie le quepan dudas de hasta qué punto Corea del Norte es capaz de cumplir las amenazas que anuncia su más duro dirigente, la presentadora de las noticias de televisión. Si esto fuera así, Kim y su tropa de generales y familiares adictos estarían desarrollando una peligrosa, sí, pero de momento exitosa estrategia para consolidarse en el poder, y no deja de ser cruel que la, quizás, dictadura más férrea y perfecta del planeta haya encontrado la manera de perpetuarse en el contexto internacional.


Las declaraciones de hoy mismo del Vicepresidente de EEUU, Mike Pence, sobre la disposición norteamericana a establecer un diálogo con Corea del Norte avalarían esta idea de que, con su tecnología y capacidad demostrada, los norcoreanos se han vuelto respetables, o demasiado peligrosos como para ser ignorados, que viene a ser lo mismo. Aún está por ver si Trump lanza algunos tuits salvajes de los suyos ciscándose en su vicepresidente, pero algo, no se muy bien qué, parece moverse en el escenario coreano. Todo lo que no sea una guerra, de devastadoras consecuencias fuera cual fuese el armamento utilizado, es una gran noticia. Parece que Kim sabe jugar a este Póker internacional, y se ha hecho con buenas cartas. De todas maneras, precaución máxima, sigue siendo un juego muy peligroso y entre jugadores inestables.

viernes, febrero 09, 2018

Un invierno como los de antes

Las previsiones meteorológicas a corto y medio plazo se han convertido en plenamente fiables. Es raro que se produzcan fallos a tres cinco días, aunque es posible en zonas localizadas y en épocas, como la primavera, más inestables. El trabajo de los profesionales de AEMET y de equipos como el del El Tiempo de TVE es enorme y se nota, tanto en la precisión como en la capacidad divulgativa. Obviamente, la tecnología, la capacidad de recoger cada vez más datos y la enorme potencia informática que los modela y trata está también detrás de ese éxito. Pero, como siempre, si no hay expertos que analicen, estudien y tengan “ojo” para ver lo que pasa de nada sirven los ordenadores y sus simulaciones. Esto debemos aplicarlo a todos los campos.

Lo que no está nada pulida es la previsión a medio plazo, la estacional, la que nos indica cómo se va a comportar, por ejemplo, una estación. Hay las dificultades son de todos los tipos posibles. Tenemos menos datos para poder simular, la complejidad de los modelos crece, el comportamiento caótico de la atmósfera hace que cualquier previsión sea totalmente diferente de las anteriores a poco que alteremos el más mínimo parámetro o dato y, muy importante, existen muchas cosas de la dinámica atmosférica global que todavía no somos capaces de modelar o, directamente, desconocemos la influencia que pueden tener. Esto hace que los cambios de estación y las tendencias que nos cuentan los del tiempo para la entrante sean, muchas veces, poco más que ejercicios de futurología, más cercanos a los vaticinios bursátiles que a otra cosa (sí, ayer otro grandioso porrazo en Wall Street). Expresiones como “verano dentro de lo normal” o “verano un poco más cálido de lo normal” han escondido en los últimos años estíos de record que se han sucedido, casi, en las primeras posicione entre los más cálidos y secos de los registros existentes. Aquí también la variabilidad local juega muy en contra del pronosticador, porque un verano normal en el norte no tiene nada que ver con el verano mediterráneo o el del interior, y las sensaciones que ofrece cada lugar y geografía pueden condicionar la visión que tenemos de lo que está sucediendo y la valoración que, finalmente, le otorgaremos. Mala es la memoria humana, pero nefasta resulta ser en lo que hace a la meteorología, área en la que nadie recuerda un verano o invierno como el último, haya sido como haya sido. En este invierno de 2018, que se presentaba como normal dentro de la media, se están registrando nevadas “como las de antes”, fríos extremos y sensaciones gélidas que muchos no recuerdan haber vivido nunca. Dense cuenta de la enorme contradicción que existe entre no encontrar precedentes de lo vivido y rememorar épocas pasadas en las que estos fríos y nevadas eran calificados como habituales. No puede ser, o lo uno o lo otro. Habrá que esperar a que pase la temporada, pero sí parece que las nevadas que se están viviendo este año son superiores a la media de las registradas en España, y están siendo especialmente significativas en el Cantábrico, con Asturias y Cantabria como zonas más afectadas. Noticias como esta, de rescates en alta montaña de personas que lleva aisladas un cierto tiempo no son raras estos días, y las incidencias que está ocasionando el temporal en carreteras y la vida diaria, mitigadas por la experiencia y el aprendizaje tras fracasos como el de la AP6 en Reyes, son constantes. Los espacios meteorológicos son, desde hace bastantes días, un recuento incesante de incidencias, más parecidas a una versión blanca de un parte de guerra que otra cosa, y el despliegue de corresponsales de los medios de comunicación “a pie de frío” resulta tan aparatoso como, hasta cierto punto, absurdo. No es tanta noticia que nieve en invierno, aunque sí lo es la afectación de servicios esenciales.


No logró hacerlo en Reyes, pero sí este pasado lunes, cuando los copos llegaron a Madrid con fuerza, y eso, definitivamente, declaró como oficialmente riguroso el invierno que estamos viviendo. Si recuerdan, hubo una pequeña tregua a mediados de enero, tras el primer temporal, con un fin de semana en Madrid de tiempo espléndido, soleado e incluso con atisbos primaverales, pero luego, con febrero, volvió el temporal, que parece que afloja este fin de semana pero que puede volver a insistir para inicios de la semana que viene. Yo llevo mal el frío, no me gusta nada, me aletarga. Y pese a ello se que es necesario. Y la bendita nieve y lluvia que nos ha caído es la mejor medicina para paliar, en parte, la sequía horrenda que vivimos. La gente del campo debe estar con una sonrisa enorme al ver sus cultivos blancos, porque saben que la nieve es el mejor regante. Que siga, que siga, que siga

jueves, febrero 08, 2018

Se complica el año bursátil

Si ustedes acuden a cualquier página web, por ejemplo esta, y consultan la gráfica del índice Dow Jones, el más famoso de la bolsa de Nueva York, pueden empezar a remontarse hacia el pasado, los últimos años, y verán como la subida del índice ha sido constante, imparable, sin apenas sobresaltos. En febrero de 2013, hace cinco años, cotizaba en el entorno de los 14.000 puntos. Hay en octubre de 2015 y enero de 2016 un parón en las ganancias, que se revela temporal, y luego vuelta a subir sin freno. La victoria de Trump espolea aún más el mercado y acentúa la pendiente de una curva que se dispara hasta los 26.616 puntos del 25 de enero. La ganancia de quienes hayan estado invertidos en bolsa norteamericana durante estos años es asombrosa.

No les aconsejo que comparen con el Ibex, más que nada para no entrar en un proceso de angustia existencial. Si se siguen fijando en la gráfica del Dow verán que el bajonazo de estos últimos días supone un corte abrupto de esa imparable senda ascendente. Como es obvio, no sabemos si esto es algo puntual o indica una corrección más seria. Hay opiniones para todos los gustos y todas ella respaldadas por datos y sensaciones que las justifican, por lo que les dejo a ustedes que escojan, pero sí creo, desde mi desconocimiento del mundo bursátil (porque en esto nadie sabe nada, créanme) que este va a ser un año mucho más complicado para el inversor de lo que se nos vendía apenas hace un par de semanas. Durante la cumbre de Davos, celebrada hace muy pocos días, hubo un término que salió de la boca de varios periodistas y autoridades presentes en el encuentro, y que me produjo escalofríos cada vez que era pronunciado. Era la palabra complacencia, una de las más peligrosas que existen, asociada al exceso de optimismo, a la relajación ante el futuro y la negación de los problemas. En demasiadas ocasiones, cierto que no en todas, la complacencia antecede al desastre. La pregunta es si nos encontramos ante un momento como ese, el mayoritario, o no, y eso después de que todos los analistas predijeran a principios de año que 2018 iba a ser un excelente ejercicio bursátil. Pues hay motivos para estar preocupados, aunque sólo sea por el hecho de que las cosas no vayan a ser tan color de rosa como se pintaban. El lunes, día del derrumbe de Wall Street, más de un 4% de caída, juraba en su cargo como responsable de la FED, el Banco Central de allí, Jerome Powell, un hombre de la casa escogido por Trump para pilotar la política monetaria norteamericana. Powell debe hacer frente a este mercado, desde una posición de mayor restricción monetaria de la que han ejercido sus predecesores. Janet Yellen, su antecesora, ya empezó a virar el rumbo de la FED hacia unas primeras subidas de tipos y mensajes de que la fiesta, el ponche libre de liquidez que otorga la casa, se acaba a medida que la fortaleza de la economía norteamericana va a más. Sigue sin haber muchas tensiones inflacionistas, pero los tipos de interés de los bonos de largo plazo han empezado a subir, anticipándose a las medidas de la FED, y empezando a pinchar la que muchos denominan como la madre de todas las burbujas, la de la renta fija. Es probable que tanto la FED como el BCE tengan este año muchos más problemas de los esperado para llevar a cabo su proceso de retirada de estímulos, porque pese a que muchos agentes del mercado lo tienen descontado, han sido muchos años de dopaje monetario que ha permitido sobrevivir a muchos, empresas privadas y gobiernos, y es más que seguro que una normalización de los tipos de interés, aún a tasas muy moderadas, suponga quebrantos financieros en entidades sobreendeudadas, que sobreviven muy bien a tipos cero pero que no son viables en condiciones normales. Y todo ello con un dólar devaluado de fondo, y unas disputas comerciales que van a más entre, al menos, EEUU y China y Europa.


Como siempre en estos casos, toca hacer apuestas, escoger, predecir uno mismo qué es lo que va a suceder y tomar las decisiones de inversión, y que el tiempo nos diga si hemos acertado o no. En unos años volveremos a la gráfica histórica y podremos decir si las bajadas de estos días son una tormenta de invierno de corto recorrido o un punto de inflexión que altera el fondo del mercado. En todo caso, la volatilidad es alta, no parece que vaya a volver en un tiempo a la nada en la que se encontraba hace apenas un par de semanas y es probable que los índices den bandazos. Mucha precaución, sangre fría, capacidad de aguantar pérdidas, asumir que nos hemos podido equivocar y esperar a ver qué pasa. En bolsa no hay magia. A veces se gana, otras se pierde, y muchas veces es imposible justificar plenamente lo uno y lo otro.

miércoles, febrero 07, 2018

Elon Musk triunfa con el Falcon Heavy

Me ausento un par de días por ocio y la que se organiza en todos los frentes. Alguno de ellos era previsible, como las nevadas, muy anunciadas y muy bien pronosticadas, que han sido intensas y “como las de antes” que tanto gusta decir ahora. Otras cosas no estaban tan previstas, aunque alguno las advertía, como el derrumbe parcial de la bolsa, que empezó ya el viernes con una mala sesión en Wall Street que no hizo sino agravarse el lunes, con una bajada de más del 4%. El Ibex, para el que cortas son las alegrías y densas las tristezas, cayó el viernes, el lunes y ayer, dejándose todo lo ganado en el año 2018 y gran parte del 2017. Nos hemos quedado en unos rácanos 9.800 puntos.

Pero no quiero hablar hoy de eso, ni de la desgracia diaria en el serial de Puigdemont y sus fieles, no, sino de algo mucho más maravilloso. También estaba programado para ayer el lanzamiento del Falcon Heavy, la versión más poderosa de la familia de cohetes que posee la empresa SpaceX, del innovador Elon Musk, el dueño de Tesla. El Heavy es, en la actualidad, el lanzador más potente del mundo, capaz de situar 64 toneladas en órbita baja, LEO en el argot espacial, y unas 14 en órbita de transferencia marciana o lunar. Es una evolución de los cohetes Falcon que ya posee la empresa y, simplificando mucho, se construye enganchando tres de los lanzadores uno junto a otro, para tener potencia por triplicado. El lanzamiento de ayer era una prueba, un experimento a lo bruto, con el que Musk pretendía, en palabras suyas, no destruir la torre de lanzamiento si las cosas iban mal y, en caso de que saliera bien, afirmar ante el mundo la capacidad de su empresa y la potencia del trabajo de investigación y la inversión que han efectuado. Hoy Musk debe ser una de las personas más orgullosas y felices del mundo, porque ayer nos dejó a todos embobados. El lanzamiento del Heavy, con un retraso de algo más de dos horas sobre el horario previsto, lo que me permitió verlo en directo desde casa, fue un éxito enorme y una proeza en lo que hace a la cohetería espacial. Estaba prevista la recuperación de los tres cohetes lanzadores, y no ha podido ser posible en el caso del central, el que más alto se desprende, que se estrelló en el Atlántico, pero los otros dos aterrizaron de una manera sincronizada, exacta y, créanme, bella, en las plataformas de tierra diseñadas para ello. La última etapa del cohete se encendió como es debido y dejó en órbita terrestres a la carga útil del viaje. En este tipo de vuelos experimentales se suele poner un lastre, o algo pesado y muermo, que simule lo que en el futuro serán satélites o naves, para comprobar que el cohete puede con ellas. Musk, a quien eso le parece una horterada carente de sentido, propuso que la carga del cohete fuera un coche, un Tesla Roadster, un deportivo descapotable de lujo fabricado por su empresa automovilística, pilotado (es un decir) por un muñeco como el que se usa para las pruebas de impacto de los coches, vestido de astronauta y al que le gusta mucho escuchar el “Space Odittyde de David Bowie. Como todo ha ido como la seda, está lleno internet de imágenes asombrosas de un señor subido a un coche que, con ganas de salir de un semáforo, contempla La Tierra a su frente, enorme, rodeada de negrura, mientras viaja en una especia de autopista espacial. Un nuevo encendido de la última etapa del Heavy pondrá el coche en trayectoria hacia la órbita marciana, donde obviamente no va a aterrizar, pero sí se va a convertir en un satélite que girará en torno a las trayectorias de La Tierra y Marte durante miles, millones de años. Si el objetivo del vuelo era demostrar que SpaceX puede hace posible lo que promete, lo ha conseguido plenamente. Ayer millones de personas de todo el mundo, amantes o no del espacio, alucinamos ante un despliegue de fuerza y tecnología que, por momentos, era más propio de una película de ciencia ficción que de algo real.


Como campaña de promoción de sus empresas, como anuncio de coches, como estrategia de marketing, lo que hizo ayer Musk fue de una grandiosidad difícilmente comparable. Y como desarrollo científico y tecnológico, tres cuartos de lo mismo. A buen seguro más de uno, niño o adulto, habrá descubierto una vocación de futuro al ver el despegue, vuelo, aterrizaje y “conducción” de un compendio de ingeniería y ambición como pocas veces se han visto. SpaceX demostró ayer estar a la vanguardia mundial en lo que hace a tecnología espacial, y sus alocadas propuestas de viajes futuros son, desde ayer, algo más que un canto al sol (y las estrellas). Sabiendo que cada lanzamiento tiene un riesgo enorme, lo de ayer fue un triunfo aplastante del sueño de Muswk y del trabajo de miles de personas movidas por él. Alucinante.

viernes, febrero 02, 2018

Polonia, el Holocausto y la deriva nacionalista

No se crean que el nacionalismo, mal que asola Cataluña y tanto dolor nos provoca, reside sólo en la cabeza bien poblada de Puigdemont y sus secuaces, o en el nuevo casoplón que se ha alquilado a las afueras de Bélgica (pirado, sí, pero forrado y con pudientes amigos). Esa epidemia se extiende por otras muchas partes. Cuando Trump pregona su “America first” está ejerciendo un nacionalismo excluyente, lo mismo que los defensores del Brexit. En los países del este de Europa, los últimos incorporados al club de la UE, el nacionalismo ha arraigado con fuerza y, triste, ante una de las mayores oportunidades de desarrollo de su historia, no hacen más que poner palos en la rueda, en una actitud tan absurda como perjudicial.

Como muestra manifiesta de esta deriva, irracional, aprobó ayer el parlamento polaco una ley en la que impide vincular al país y a sus ciudadanos con el Holocausto, cuyo día internacional se conmemoró este pasado sábado, aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz. La ley impone multas y penas de cárcel a quien afirme que Polonia o algún polaco participó en todo aquello, en lo que no es sino una aberrante, y falsa, forma de tratar la historia y a los que la protagonizaron. Si ayer me refería a Orwell como creador de la imagen del totalitarismo, la ley polaca parece recién salida de ese Ministerio de la Verdad que tanto protagonismo tenía en 1984, que sancionaba las mentiras como fuente de realidad y reescribía la historia en todo momento. Polonia fue anexionada al III Reich en 1939 y gestionada como una provincia más, partida primero tras el acuerdo Molotov Ribbentrop y luego totalmente ocupada tras el lanzamiento de la operación Barbarroja para la conquista nazi de la entonces URSS. Auschwitz y otras instalaciones nazis estaban en Polonia, y en ellas colaboraron, trabajaron, sirvieron, estuvieron… da igual el verbo que usemos, personas de nacionalidad alemana, y de muchas otras. Algunos ciudadanos alemanes confraternizaron con el régimen del terror y le sirvieron, bien por convicción o por obligación, muchos huyeron, miles fueron asesinados en un proceso de destrucción de la nación polaca en la que tanto nazis como soviéticos se emplearon a fondo (el episodio de la matanza del bosque de Katyn sigue siendo olvidado por muchos), y la realidad de lo que pasó en aquellos años es tan horrenda y compleja que produce casi más pena que ira que el actual gobierno polaco apruebe semejante legislación. La base ideológica que sustenta esa ley no es otra que la de la uniformidad, la ideología nacionalista del “buen polaco”, del ciudadano patriota unido a la nación pura que lo acoge y protege. En ese sueño ideal de todo nacionalista su mundo es pleno, feliz, superior, frente a todos los demás, oscuros e inferiores que son enemigos. En Polonia, pura y prístina, no pudo haber campos de concentración ni nada por el estilo, nunca se ejecutó a nadie, nunca un polaco colaboró con actos semejantes. Todo vino de fuera, era ajeno, extraño, extranjero. Es absurdo, ¿verdad? Es infame que se pretenda reescribir una historia que todos debiéramos recordar, porque ha marcado nuestro continente, y gran parte del mundo, tras el horror que supuso su existencia. El texto de esa norma no sólo es una gran mentira, que también, sino una forma de supremacismo, ahora lo podemos apellidar polaco, que trata de elevarse sobre todo y contra todo, y que no es sino un reflejo de un gobierno e ideología que ahora, desde Varsovia, traiciona la libertad que tanto anhelaba la sociedad polaca y que Solidaridad y otros movimientos alentaron en los oscuros años de la dictadura soviética. El autoritarismo implantado en el régimen polaco crea estos frutos. Es desolador.

Y para dar la razón a aquel que dijo que lo único que se aprende de la historia es que no se aprende de la historia, prueben a cambiar el discurso que inspira la ley polaca y, donde pone Polonia, sustitúyanlo por Cataluña, Euskadi, Alemania, España, Reino Unido, Francia, etc. Las sociedades se componen de individuos diversos, diferentes, de opiniones, creencias y gustos dispares, y todo nacionalismo trata de oprimir esa diversidad para obtener su pura patria, altar en el que sacrificar a los que no comulguen con el credo verdadero. Este mal, que arrasó Europa y gran parte del mundo en el siglo XX, despierta nuevamente, y nos debe poner otra vez en guardia para combatirlo. En Cataluña, en Polonia, en donde sea. La libertad vale más que cualquier patria.


Subo a Elorrio este fin de semana y me cojo festivo lunes y martes. Intenso temporal de invierno el que se prevé, así que cuidado en las carreteras y ojo a las declaraciones del director de la DGT. Si no pasa nada raro, nos leemos el miércoles 7 de febrero.

jueves, febrero 01, 2018

Hasta corriendo nos hacemos visibles para el Gran Hermano

En su excelente novela 1984, Orwell imagina un futuro en el que el poder se ha hecho absoluto y controla a los ciudadanos hasta en sus más íntimos detalles. Los medios de comunicación audiovisuales son de doble sentido, permiten ver y ser vistos, y el ciudadano es un eslabón prescindible de una cadena que, cuanto más le oprime, más fuerte hace al poder que todo lo controla. Inspirado en el nazismo y estalinismo que conoció, y sufrió, Orwell describió la dictadura perfecta, o eso es lo que parecía en su momento a todos los que la leyeron y rezaron para no vivir en un mundo así.

En la actualidad Orwell estaría asombrado porque, aunque acertó en el fondo, se equivocó completamente en la forma en la que el poder omnímodo se haría con todo. Resulta que no es necesario someter a los individuos para que estos confiesen sus intimidades al estado y se conviertan en vulnerables, no, los individuos las van pregonando libremente por ahí, para que todos puedan escrutarlas, y ceden parcelas de vida privada de manera absurda, gratuita y descarada a cambio de no se sabe muy bien qué. En la distopía de Orwell el poder daba miedo, y en la realidad el poder, oculto, otorga satisfacciones en forma de descuentos por la compra de objetos, ofertas personalizadas y chollos sólo al alcance de nosotros mismos. Como en el episodio de la Nutella, pero a nivel planetario, el poder sabe extraer, cada vez mejor, lo que es el anhelo de cada uno de nosotros y utilizarlo de la manera más efectiva posible para sacarnos el dinero que desea obtener, el mayor posible. Hoy ese poder no está tanto en los estados, que se han quedado atrás en la conquista tecnológica, como en empresas como Google, Facebook, Amazon, Ali Baba, etc, que conocen cada vez mejor las particularidades de cada uno de sus clientes, y de los que aún no lo son, pero acabarán siendo. Es un sistema mucho más sibilino y encubierto del que describe Orwell en su libro, pero no por ello menos efectivo y opresor. ¿Estamos cayendo poco a poco en una dictadura en la que estas empresas acabarán por condicionarlo todo? La versión del Gran hermano que desarrolla el gobierno chino, en el que los ciudadanos son monitorizados por sistemas de videovigilancia y en la que la Inteligencia Artificial los identifica, sigue y evalúa es sólo un salto de escala de este proceso. Pretenden en china que los comportamientos humanos sean completamente accesibles para el gobierno, que para eso es una dictadura, y que sirvan para premiar o castigar al individuo en función de cómo se porte en su vida diaria. Cuanto más social, educado, limpio, amable, servil al gobierno y cumplidor de la ley, más puntos se obtendré en esa especie de juego público, puntos canjeables luego por rebajas fiscales, ayudas del gobierno y reducción de castigos o multas en caso de cometer actos “malos”. Lo que resulta más asombroso de esta historia es que el gobierno sabe que, en el fondo, sea dictatorial o no, la mayor parte de la población participará de buen grado en esta experiencia, porque no es sino un refinamiento de lo que ya sucede en las redes sociales privadas, donde los individuos son libres en teoría, pero sometidos en la práctica a normas de comportamiento políticamente correcto y presiones de todo tipo, que coartan su pretendida libertad. Las empresas privadas que gestionan esas redes ya actúan como el gobierno chino, otorgando ofertas y descuentos a los que actúan de determinada manera y se ofrecen a colaborar. Beijing depurará este sistema, y lo va a poner al servicio de sus idearios políticos y a la mayor gloria de la cada vez más dirigente casta dictatorial china, pero las bases de este fenomenal invento socio político las ponemos cada uno de nosotros, cada día, con nuestro comportamiento y uso de la tecnología.


En cosas como estas pensaba hace un par de días, cuando salió la noticia de que gracias a una simple pulsera que se usa para controlar el ejercicio físico se han podido descubrir bases secretas de varios gobiernos y ubicaciones reservadas de todo tipo. Si la empresa que gestiona estos dispositivos, que es enana en comparación a los gigantes de internet, tiene todos esos datos, gracias a que se los regalamos, y conoce todo eso, ¿qué no sabrán monstruos como Google o Amazon? ¿Qué quedará fuera de su alcance? ¿hasta qué punto son capaces de exprimir nuestra renta, condicionar nuestros gustos, patrones de comportamiento, decisión y destino? Y casi todo gracias a la información que les proporcionamos. Orwell alucinaría.