lunes, febrero 12, 2018

¿Deshielo en Corea?

Se han inaugurado los Juegos Olímpicos de invierno, en la localidad surcoreana de Pyeongchang, no confundir con la Pyongyang, capital de Corea del Norte. No consta que esta similitud y la dificultad de ambos nombres hayan sido tenidos en cuenta por el COI para escoger la sede de los Juegos con el objeto de hacerlo pasar muy mal a los periodistas que acudan o comenten los deportes. A buen seguro habrá una larga colección de presentadores atascados en la “ngch” que darán juego a los imitadores. Como en los juegos de invierno no hay fútbol ni nada por el estilo es poco probable que alguna noticia trascienda de ellos en los espacios de deporte de nuestro país.

Los juegos, el frío y el argot internacional están permitiendo que el uso de la expresión “deshielo” aparezca en todas partes refiriéndose a la actual situación entre las dos Coreas. Ha resultado curioso, como mínimo, ver lo rápido que los dos países, técnicamente aún en guerra, han acordado la presencia de los participantes norcoreanos y la implicación del régimen de los Kim en los juegos y en la propia ceremonia, con la presencia de la hermanísima Kim Yo Jong, quizás la mujer más poderosa del Norte, y responsable de la gestión de imagen y propaganda de su gordito y todopoderoso hermano. Este viaje y la invitación cursada a los mandatarios de Corea del Sur para que, de manera oficial, visiten Pyongyang suscita muchas preguntas. ¿Estamos ante un intento serio de negociación y apertura? ¿Qué pretenden los Kim? ¿A qué viene ahora este comportamiento “convencional”? Como es imposible saber lo que sucede en Corea del Norte resulta muy difícil, siendo generoso, determinar cuál es el objetivo último de estos gestos, y los analistas están algo desconcertados. Tras una serie de amenazas y pruebas balísticas y nucleares amenazantes, ahora Kim y los suyos ofrecen una cara amable y negociadora. ¿Doble estrategia? ¿tacticismo? Tanteo? Quién sabe. Comentaba ayer un analista de una universidad china, el principal y único aliado que le queda a Corea del Norte, que pueden ser dos los motivos que lleven a los norcoreanos a comportarse de manera amable. Uno, el económico, el daño que ya están produciendo las cada vez más intensas sanciones y bloqueos, y la necesidad de que Corea del Sur le abastezca de bienes, tratando así de buscar una salida a una situación económica interna que, puede ser, se está deteriorando. Otro motivo, este es muy interesante, es que los Kim pueden haber pensado que, tras los últimos ensayos y pruebas armamentísticas, ya son de facto una potencia nuclear respetable, ya infunden miedo, demasiado como para ser obviado, y que se han ganado el respeto de la comunidad internacional (pueden sustituir, si quieren, respeto por acojone) y que pueden empezar a hacer gestos de magnanimidad y apertura, en la confianza de que han asegurado la pervivencia de su régimen. Quizás sea cierto que, aunque mínimo, se ha establecido una especie de equilibrio del terror entre EEUU y Corea del Norte, en el que las abismales diferencias de capacidad militar entre ambos países no eliminan la sombra, certera, de que si se lo propone, Corea del Norte sí podría atacar a ciudades norteamericanas. No es una mera hipótesis ni escenario virtual, sino el resultado de las últimas pruebas, realizadas con todo el boato y exhibicionismo posible, para que a nadie le quepan dudas de hasta qué punto Corea del Norte es capaz de cumplir las amenazas que anuncia su más duro dirigente, la presentadora de las noticias de televisión. Si esto fuera así, Kim y su tropa de generales y familiares adictos estarían desarrollando una peligrosa, sí, pero de momento exitosa estrategia para consolidarse en el poder, y no deja de ser cruel que la, quizás, dictadura más férrea y perfecta del planeta haya encontrado la manera de perpetuarse en el contexto internacional.


Las declaraciones de hoy mismo del Vicepresidente de EEUU, Mike Pence, sobre la disposición norteamericana a establecer un diálogo con Corea del Norte avalarían esta idea de que, con su tecnología y capacidad demostrada, los norcoreanos se han vuelto respetables, o demasiado peligrosos como para ser ignorados, que viene a ser lo mismo. Aún está por ver si Trump lanza algunos tuits salvajes de los suyos ciscándose en su vicepresidente, pero algo, no se muy bien qué, parece moverse en el escenario coreano. Todo lo que no sea una guerra, de devastadoras consecuencias fuera cual fuese el armamento utilizado, es una gran noticia. Parece que Kim sabe jugar a este Póker internacional, y se ha hecho con buenas cartas. De todas maneras, precaución máxima, sigue siendo un juego muy peligroso y entre jugadores inestables.

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