viernes, octubre 20, 2017

Europa y el creciente poder chino

Daba ayer por la tarde una conferencia Jesús Fernández Villaverde en la Fundación Rafael del Pino que tenía muy buena pinta. Una disertación sobre el papel y futuro de Europa, tras el Brexit, en un mundo bipolar con EEUU y China como potencias hegemónicas. Me apunté para asistir, pero el trabajo me desbordó y salí de la oficina cuando, supongo, charla y preguntas ya estaban más que acabadas. Una pena. En todo caso debió ser una oportunidad para debatir sobre cuestiones trascendentes, de largo plazo, que van más allá del localismo cerril de nuestro debate diario y la nula mirada a futuro de los que, nacionalismo mediante, nos quieren hacer volver varios siglos atrás.

Uno de los temas que a buen seguro surgió en la conferencia (a ver si en los próximos días la ponen en la web de la fundación y le puedo echar un ojo) es el de China y el liderazgo de Xi Jinping. Estos días se celebra el congreso del partido comunista chino, un evento al que acuden todos los jefes del partido único, el que manda y al que trae a cuenta obedecer. Si algunos “oprimidos” de aquí se lamentan de su aplastamiento, que se den una vuelta por China para ver cómo se las gasta el régimen. La estética de los congresos comunistas chinos es muy soviética. En un edificio imponente, lleno de símbolos alusivos a la estética leninista, un auditorio rígido y entregado y un politburó enorme, lleno de cargos, que copan todo el poder. La imagen es lo más antidemocrático que uno pueda esperar y refleja, a la perfección, el régimen político de Beijing. Lo establecido en este sistema es que el líder, elegido entre cargos y familias del partido por cargos y familias del partido, está al frente del país durante dos mandatos de cinco años. En el segundo de ellos presenta a quien va a ser su sucesor, para que se vaya rodando, y cogiendo imagen púbica de poder. No está siendo así en esta ocasión. El actual presidente, Xi Jinping, es uno de los más poderosos de las últimas décadas y no parece que esté muy por la labor de ceder el poder, al menos de manera inmediata. Su discurso, y las intervenciones de los líderes en los que se apoya, se basan constantemente en el nacimiento de una nueva China, de una China que sea una potencia internacional, que recupere importancia, prestigio y atractivo en el mundo global. Con aspiraciones a convertirse en la primera potencia económica del mundo en la próxima década, superando en PIB a EEUU, Xi se ve a sí mismo como un líder global, y quiere convertir a su país también en un actor de referencia. Hasta ahora China se ha centrado en el desarrollo económico, con unas cifras como resultado que apabullan, y unos costes medioambientales y sociales asociados que no son menos asombrosos. Xi quiere continuar por el camino de las reformas, sabedor de que el modelo exportador de bajo coste ya no vale como tractor de la economía nacional, y de que la redistribución de la riqueza, la renovación tecnológica y el compromiso medioambiental tienen que ser las nuevas banderas que impulsen el desarrollo de su economía. Sabe también que esta economía tiene graves amenazas, siendo las más serías, a corto plazo, la de la sempiterna burbuja inmobiliaria que nunca estalla y la competencia de otras naciones a sus exportaciones y, a largo plazo, los costes medioambientales de su desarrollo explosivo y el envejecimiento acelerado de la población. Los retos chinos son tan inmensos como las cifras que definen a aquel país, y los miembros del partido comunista lo saben. Funciona en aquella sociedad una especie de pacto no escrito por el que, a cambio de prosperidad y riqueza creciente, el poder sigue en manos del partido único y no hay revueltas. Crecer sigue siendo la obsesión de Xi y los suyos, y lo necesitan para mantenerse en el poder. Harán todo lo necesario para que el PIB no baje del 6% de incremento anual.


El siglo XX ha sido el de los EEUU, y también el inicio del XXI. ¿Será este en el que vivimos el siglo de China? No lo se. Muchas veces se ha predicho eso y ya ven, no acaba de suceder. Cierto es que la presencia de un inepto como Trump supone un freno para los EEUU pero China aún es un país débil, con una renta per cápita muy baja y enormes problemas. Y su imagen internacional como dictadura autoritaria no es el menor de ellos, precisamente. Lo que sí es claro, y enseña la historia, es que un papel predominante en lo económico es, tarde o temprano, seguido de una relevancia similar en lo político. Muy probablemente caminemos a una bipolaridad en muchos temas, y ese es un mundo más complejo que el de la potencia única. Tocará adaptarse.

jueves, octubre 19, 2017

Fuego y agua, tiempo sin tregua

Sabida de todos es esa expresión que dice que en España no sabe llover, que hace referencia a las duras sequías que se alternan con breves episodios de lluvia torrencial. Esos chaparrones bruscos que, caídos sobre un terreno reseco, agostado tras meses de inclemente Sol, se lo llevan todo por delante. No hay alcantarillado que pueda encauzarlas, y menos tras tantas semanas de abandono en el que muchas cañerías y desagües se han convertido en vertederos de hojas y basuras de todo tipo. Ayer, en Jerez y otros puntos del país se vivieron momentos de angustia, con calles convertidas en ríos tras meses en los que el asfalto se derretía por el calor.

En Madrid llovió, bastante y, hasta cierto punto, bien. El registro de precipitaciones de este verano en la ciudad es casi como el relato de descubrimientos arqueológicos, tan escasos como valiosos. Junio no fue especialmente generoso, y sí irregular con las temperaturas, dejándonos los primeros registros de cuarenta grados en ese mes, y obligando a cerrar aulas de colegios, no preparadas ante temperatura propias de los meses de las vacaciones escolares. Julio fue un mes raro, con subidas y bajadas, y tres días de lluvia, el 6, 7 y 8, que provinieron de una DANA que cruzó la península y la tarde del viernes 7 vivió con nosotros. Esas lluvias, espectaculares, tropicales, monzónicas, batieron los récord de precipitación acumulada para el mes en la ciudad, pero lo hicieron de manera tan brusca como inefectiva para pantanos y terrenos, que apenas pudieron recoger nada de la catarata que se les vino encima. Tras ese episodio extraño llego el verano pleno, y se puede decir que no se acabó hasta prácticamente ayer. Temperaturas altas, sin olas de calor como tales, pero sostenidas en el tiempo en una secuencia de días monótonos, aburridos, estacionarios, en los que no corría el viento y el cielo parecía un decorado inmutable. Día a día la luz iba recortando pero sin causar variación alguna en los termómetros. El suelo, ya muy agostado en julio, pasó un agosto de cuarteo, en el que las grietas casi se podían ver en el asfalto y aceras, resecas como pasas. Los árboles, golpeados diariamente por el mazo de un Sol al que nada obstaculizaba, bajaron sus ramas muy rápido, en clara señal de rendición, y día tras día mostraban un aspecto más mustio, sobreviviendo en medio de mi incredulidad. Un día llovió en todo agosto, el lunes 28, con fuertes tormentas, cuyo rastro pude ver por mi barrio en forma de arenales que cubrían parte de las aceras cuando llegue a casa de noche tras pasar el fin de semana largo en Elorrio. No me cayó gota alguna, porque por la tarde ya habían cesado. Y la lluvia no volvió a pisar la capital hasta el tímido goteo de este pasado martes. A lo largo de septiembre el verano, simplemente, siguió, inalterable, cada vez más corto en luz, sí, pero igualmente intenso en temperaturas y quietud, con hojas de árboles que no se movían y empezaban a caer fruto directamente del estío y, quizás, también el hastío. Llegó el 21 de septiembre, entramos en otoño, pero fue un mero formalismo de calendario. El verano seguí, y la llegad de octubre no fue sino una hoja caída más en los calendarios, un trozo de papel que seguía el rumbo de los mustios tallos de celulosa que eran vencidos por el calor. Ni gota en octubre ni esperanza de verla. Semanas y semanas de abulia, de mapas clónicos en los espacios del tiempo, de repetitivos y omnipresentes soles, y caras de circunstancia de los presentadores, sabedores de ser portadores de malas noticias. Y así hasta este pasado martes, donde apenas mojó el suelo, y hasta ayer miércoles, donde con ganas, llovió en Madrid.


Cosa curiosa de este reseco año, y preocupante a la vez. Los dos grandes episodios de lluvias que hemos vivido, el de julio y el de estos días, se han debido a que fenómenos anormales han logrado romper el pertinaz bloqueo anticiclónico. En julio fue una DANA y esta vez ha sido Ophelia, huracán de categoría tres. En ningún caso se ha debido a la clásica entrada de un frente atlántico, que proporciona suaves y regulares precipitaciones, las más beneficiosas de todas. Ha hecho falta que algo extraordinario rompa un bloqueo que, por su dimensión y persistencia, es excepcional. ¿Es esa la tónica que nos espera en el futuro? Ojalá no. Que venga un otoño e invierno lluvioso. Seguimos bajo una grave sequía, y necesitamos mucho la lluvia.

miércoles, octubre 18, 2017

Qué lejos quedan Mogadiscio y sus atentados

Este pasado sábado se produjo un devastador atentado en Mogadiscio, la capital de Somalia. Un camión bomba explotó junto a uno de los hoteles más importantes de la ciudad, en uno de los barrios céntricos, y devastó todo. El balance sigue estando incompleto, pero ha superado los 300 muertos. Trescientos asesinatos en un ataque terrorista, lo que deja convertido en poca cosa a nuestro 11M, la mayor de las tragedias terroristas vividas en nuestro país, en la que 192 personas fueron asesinadas. Las imágenes que han llegado del atentado son escasas, y muestras una escena propi de la guerra, con destrucción y muerte por doquier. Las sospechas de la autoría apuntan a Al Shabab, la rama local de Al Queda

Ahora párese un momento a reflexionar. No sobre la maldad de un acto de este tipo y la pena y dolor por las víctimas, que con heridos pueden cifrarse fácilmente en millares. No, piense en si era usted conocedor de que algo así había pasado este fin de semana. Pongamos en que ha visto informativos, leído periódicos o boletines en la radio, o se ha dado vuelta por algunas webs, a ser posible de las serias. ¿Logró enterarse de un acto de semejantes dimensiones? Más allá del infinito ruido que causa el monotema catalán, que absorbe la actualidad de una manera acaparadora, ¿cuánto tiempo y espacio dedicaron los medios a este atentado? En los telediarios del fin de semana de TVE, que son los que veo, poco, muy poco, en el tiempo de relleno, en el momento en el que ya entra la modorra de la siesta. Apenas unas imágenes rápidas y comentarios de agencia, asépticamente leídos, sin testimonios locales. Sospecho que en otras cadenas debió ser similar, sino peor. En la prensa el espacio dedicado fue algo mayor, pero por lo que pude hojear no logró conseguir página propia en cabeceras como El País o ABC. A la inmensa crueldad de lo sucedido se suma la indiferencia absoluta con la que el resto del mundo, de nuestro mundo, ha respondido. ¿Vio usted iluminarse la Torre Eiffel con los colores de la bandera de Somalia? ¿Lo hizo algún otro monumento emblemático? Por cierto, ¿Cuáles son los colores de la bandera de Somalia? Se los diré, ahora que lo estoy viendo en Wikipedia, porque yo tampoco los conozco. La enseña es azul, claro, en toda su extensión, con una gran estrella blanca en el medio. Y no tengo ni idea de dónde está la embajada de Somalia en Madrid para poder ir a manifestarme. Las autoridades españolas, como las de muchos otros países, mandaron tuits de condena y telegramas de condolencia a las autoridades somalís, pero poco más fue la respuesta oficial ante la barbarie. Las noticias locales, que en la tarde del domingo se convirtieron en incendiarias, lo llenaron todo, y en los informativos del domingo noche apenas nada puso escaparse de Galicia y Cataluña. Y mientras tanto el recuento de víctimas en Mogadiscio subía y superaba las tres centenas, en medio de cascotes y ruinas. Estremece pensar que algo así podría pasar en nuestro entorno, y sería asombrosa la respuesta que un suceso de estas dimensiones alcanzaría en el planeta. Pero Mogadiscio está muy lejos de nosotros. No en kilómetros, sino en emoción. Es un mundo ajeno. Las noticias, y nuestra respuesta a ella están muy condicionadas por una especie de ley de la gravedad, en la que su importancia es directamente proporcional a su tamaño e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia emocional que nos separa de ellas. Algo que sucede en Londres, Albacete, Los Ángeles, Tokyo o Sidney pasa en nuestro mundo, en lo que conocemos y nos suena familiar, y como tal nos impacta. Mogadiscio, Liberia, Myanmar y otros tantos sitios son, para casi todos nosotros, poco más que denominaciones que hacen referencia a lugares ignotos, que apenas somos capaces de colocar sobre un mapa físico, y menos emocional. Casi nada nos dicen y, por tanto, casi nada nos afecta lo que allí sucede. Es así de duro y cruel.


Por esta misma regla, a cada uno de nosotros nos afecta más la noticia de que ha fallecido alguien conocido de nuestro pueblo que cualquiera de las otras muertes que, cada día, se producen en nuestro país o entorno. La proximidad, o sentirlo así, genera añoranza y apego. Y dolor ante la pérdida. Es humano, pero genera situaciones de flagrante injusticia ante actos como el vivido en Mogadiscio, en lo que sin duda es uno de los peores atentados terroristas de la historia moderna en todo el mundo. Y que quizás pase a ella como poco más de un pie de página en comparación a los ataques, afortunadamente mucho más leves, que se viven en Europa. Somalia, hoy miércoles, sigue perdida en la bruma y, como el Madrid de hoy, oscuro y lluvioso, parece no ofrecernos nada que pueda llamar nuestra atención.

martes, octubre 17, 2017

El caso Weinstein y la complicidad

Los norteamericanos son únicos a la hora de dotar de sentido del espectáculo a lo que sucede, narrarlo y empaquetarlo como un producto comercial. Cada suceso que ocurre en aquel país puede ser el preludio de películas, series y todo tipo de merchandising que inunde estanterías hogareñas en medio mundo. Aún vivimos de los rescoldos del juicio de OJ Simpson, y si no que se lo pregunten a las horteras Kardashian, que surgieron como realidad paralela de aquel espectáculo. En Hollywood este sentido del negocio está aún más acentuado, y eso hace que lo que pase en la meca del cine sea, directamente, noticia en todo el mundo, sea justificado o no.

El caso de Harvey Weinstein sí merece la relevancia que está teniendo. Pocos conocían a Weinstein en persona, o al menos eran capaces de ponerle rostro, uno asociado a un cuerpo muy grande, de tamaño más o menos similar a su cartera y, por lo visto, sinvergonzonería. Weinstein ha sido, junto a su hermano, el productor de la mayor parte de los éxitos cinematográficos de Hoollywood de las últimas décadas, y ha logrado para ellos tantos premios Óscar como cuentas tiene un collar. Era uno de los hombres más poderosos de aquel mundo, y su decisión sobre un actor o actriz determinaba una carrera. Ahora sabemos, todos, (matiz fundamental en esta historia) que ese poder era usado por Weinstein para acostarse, sobar y, en general, abusar de toda mujer que se pusiera en su camino, como una especie de peaje básico para acceder a la autopista a los sueños que era su productora, Miramax, que quizás si les suene de algo. El “todos” que he incluido antes es determinante, porque hasta hace unas semanas este comportamiento delictivo de Weinstein era sabido por muchos en el mundo del cine californiano, e incluso se hacían chistes al respecto. Se veía como habitual, como normal que un productor poderoso abusase de mujeres si le placía, y que luego las recompensase, o no, con papeles que podrían convertirles en estrellas. “Pequeño el precio que se les cobra a las chicas por crearles una carrera” parecía ser el mensaje implícito que circulaba por Hollywood. Aquellas mujeres, pocas, que osaban a rechazar las proposiciones y abusos de Weinstein eran, directamente, condenadas al ostracismo, y sus nombres no nos sonarán de nada porque sus carreras se habrán frustrado antes de empezar. Una vez abierta la veda han sido decenas de actrices las que han denunciado haber sufrido abusos por parte del personaje, en medio del clamoroso silencio, cuando no apoyo al acusado, de la mayoría de los hombres del negocio. ¿Cómo interpretar esos silencios? ¿Cómo actuar ante declaraciones que no parecen ser interpretadas? El caso Weisntein nos pone, otra vez, ante el dilema de un grupo de personas, de un sector, de un espacio de la sociedad, en el que el delito, en este caso sexual, se consiente, justifica, normaliza y no se ve como algo inmoral o ilegal. Hace años nos enteremos de algo parecido, que sucedió en la sacrosanta BBC, que durante años alojó a Jimie Saville, estrella de la casa, y pederasta en sus ratos libres. La superioridad del hombre frente a la mujer se ve como algo natural, propio de un derecho anterior a la ley, y como tal se ejerce. En ambientes en los que el dinero y el poder se amasan y exhiben de una forma tan ostentosa como en Hollywood este tipo de actuaciones se dan más si cabe, y los incentivos a ocultarlas son mucho mayores. Hay mucho que perder si uno, más bien una, se niega a entrar en esa rueda de abusos y sometimiento. Es muy fácil comprar el silencio a cambio de un final como el de La La Land.


¿Puede la caída de Weinstein cambair algo de todo esto? Sinceramente, lo dudo. Tras el ruido y el escándalo vendrá el silencio y la vuelta a prácticas antiguas. Weinstein pagará como chivo expiatorio ante la sociedad, pero el microcosmos de Hollywood, como otros tantos, mantendrá sus reglas internas de comportamiento, porque muchos las ven con naturalidad. En el fondo esto se parece bastante al tema de los incendios que comentaba ayer, que se producen de manera reiterada porque la sociedad, en su conjunto, no les da la importancia que debe y no los ve como un mal. Violar a una mujer sigue siendo visto por muchos como algo a lo que un hombre tiene derecho. Ese es el fondo que genera el mal. Y erradicar esa perversa idea es algo que, aunque ayude, no lo conseguirán unos grandes titulares y la imagen de un productor arruinado.

lunes, octubre 16, 2017

El terrorismo incendia Galicia

Aún es de noche, pese a que un tímido resplandor anuncia por el este el nacimiento del día. Eso quiere decir que queda un buen rato, cerca de media hora, para que ese atisbo de luz asome por Galicia, la zona sita más al este de la península, y con ella los medios aéreos puedan volver a reincorporarse a las tareas de lucha contra los incendios que asolan la región desde este fin de semana. En medio de la oscuridad, el balance de hectáreas quemadas es imposible, pero sí el de fallecidos, tres hasta el momento, el de miles de evacuados y el de tantas y tanas escenas de pánico vividas ayer por millones de ciudadanos.

Quizás sea necesario ser incendiario a la hora de calificar lo que está sucediendo, aunque tengo dudas sobre si el juego de palabras viene a cuento en horas como estas. Asistimos a unos hechos que sólo pueden calificarse como de terrorismo, de actos viles y siniestros pensados para causar el mayor daño posible. Ayer, con el huracán Ophelia a las puertas de la comunidad, con previsión de viento sur de más de 100 kilómetros por hora, ausencia de lluvias y terreno reseco tras meses y meses de sequía, prender fuego al monte era garantía de incendio devastador. Si uno quería arrasar no ya una ladera, sino una localidad, sólo tenía que prender con el viento a favor y ya se encargaría el temporal de arrasarlo todo. Más de cien focos de incendio se desataron ayer por la tarde, muchos de ellos, la mayoría, con toda la pinta de haber sido provocados. Las escenas que se vivieron anoche en Vigo y otras localidades cercanas eran de pura histeria, de vecinos de la ciudad que veían como sus casas eran tacadas por el fuego, que se adentraba en calles y avenidas. Imágenes de autopistas cortadas, de túneles bloqueados por conductores que no eran capaces de ir en ningún sentido, rodeados por el fuego en ambas bocas. Escenas de desolación causadas por gentuza que tendrá motivos de todo tipo, se apunta siempre a venganzas e intereses económicos, pero que nunca acaba siendo detenida, juzgada, condenada y encarcelada como es debido. ¿Por qué en España, el país más seco y árido de Europa, no hay conciencia del inmenso delito, y daño, que supone quemar un bosque? ¿Por qué a los pirómanos y sus inductores no se les castiga con toda la fuerza de la ley? ¿Por qué las leyes son tan laxas con ellos? Decenas y decenas de años de cárcel debieran caer sobre las cabezas de los autores de estas barbaridades, auténticas catástrofes naturales que nos afectan a todos, y que generan efectos en el espacio y el tiempo de enormes consecuencias. Un bosque quemado tarda muchos años en volver a ser algo parecido a lo que fue. La riqueza que proporcionan los bosques, tanto económica como ecológica, es inmensa, y el árido terreno de cenizas fruto de su incendio sólo sirve para ser erosionado y convertido en yermo, páramo. Galicia, y Portugal, sufren desde hace décadas episodios de incendios masivos que no son atajados por las autoridades, y que por lo visto cuentan con cierta complicidad por parte de las poblaciones locales, que no denuncian a los autores o inductores de estos hechos ¿Por qué? ¿Hay una especie de mafia forestal, por así llamarla, que controla los terrenos y compra los silencios? Distintos colores políticos han pasado por la Xunta de Galicia pero, año tras año, se repiten episodios de este tipo sin que haya avances no ya en prevención o extinción, que tampoco, sino en la persecución de los delitos. Quizás, lo peor, esto suceda porque la sociedad no lo ve como delito, no le importa, se queja amargamente cuando sucede pero olvida enseguida, porque le da igual que se queme el monte. En medio de esa indiferencia surge el desastre y, visto lo visto, la impunidad.


Quiere amanecer en Madrid, en otro día de cielo turbio y contaminado, en el eterno verano de 2017, que quizás sea preludio de la lluvia que puede caer mañana y lavarnos, limpiarnos, refrescarnos, bautizarnos en otoño. Parece que las lluvias irán a más en Galicia a lo largo del día y, con Ophelia lejos y los vientos en calma, la situación será más fácil de controlar. Pero los daños son inmensos, las muertes irreparables, y el terror vivido esta noche, imposible de olvidar para miles de personas angustiadas. No puede repetirse algo así nunca más. Es hora de cambiar las leyes, la mentalidad de la sociedad, y perseguir a estos terroristas como lo que son, y condenarles con la mayor de las penas posible.

viernes, octubre 13, 2017

La muerte de un piloto (para Borja Aybar y familia)

La fatalidad no avisa. Sucede de improviso, siempre espera su momento y, cuando llega, nos coge por sorpresa, generando conmoción y rabia. Hay actividades y profesiones más arriesgadas que otras, pero en cualquier momento se puede producir algo que nos lleve al desastre, un accidente., lo que sea. Poco antes del inicio del verano vivimos la dura experiencia del accidente de ascensor que costó la vida a un grupo de adolescentes en Madrid, en un hecho tan absurdo como dramático. Nadie podía esperar algo así, en esa etapa de la vida ni, tampoco, en un lugar tan rutinario y seguro como un ascensor.

Ayer vivimos otro accidente, otro hecho inesperado, en este caso en una de esas actividades donde, aunque no lo parezca, el que la desempeña se juega su vida en todo momento. Borja Aybar, piloto de las Fuerzas Aéreas, falleció al estrellarse el Eurofighter que pilotaba en la maniobra de aproximación a la base de Los Llanos, en Albacete. Había sobrevolado pocos minutos antes el cielo de Madrid junto a otros tres compañeros, formando parte del desfile aéreo del 12 de octubre. Era un ejercicio de rutina, un vuelo controlado y ensayado unas cuantas veces, ensayos que tengo el lujo de poder contemplar cada año desde la oficina, y todo ello en un día de cielos bastante despejados, nubes anecdóticas y buena visibilidad. Aybar llevaba cuatro años como piloto al frente de esa aeronave, acumulaba según he creído leer por ahí unas 600 horas de vuelo y no era, por tanto, un novato, sino un piloto experimentado que sabía lo que hacía. No hizo uso de la posibilidad de eyectarse con su asiento, según algunas fuentes para evitar que el avión, con el control perdido, se estrellase contra algunas viviendas cercanas a la base, aunque no estén nada claros los detalles de los últimos minutos del trágico vuelo. Nada ha trascendido sobre lo que ha podido pasar, la causa última del accidente, y será la investigación oficial la que dilucide ante qué tipo de problema, o problemas, nos encontramos. En todo caso este hecho empañó un desfile vistoso en un 12 de octubre especial, donde Cataluña sigue acaparándolo todo. Para las familias de los que ayer viajaban a Madrid para lucirse bajo uniformes y banderas, lo más importante eran los suyos, no el acto ni las fanfarrias ni los espectadores. Las tropas de tierra suelen contar con el apoyo de los suyos a pie de tribuna en muchas ocasiones, pero eso no pasa con los pilotos de aviones o helicópteros, que residen en las bases o en sus proximidades, en muchas ocasiones lejos del Madrid de las ceremonias, y a ellas acuden a despedirles cuando despegan y retornan para recibirles cuando aterrizan. Era el caso de la familia de Borja. Su mujer y una criatura de cuatro meses estaban en Los Llanos esperando la vuelta del desfile para ir a casa, tras una mañana de rutina. Esa mujer vio ayer cómo la rutina tornaba en la más negra de las desgracias, en la fatalidad convertida en accidente. La criatura, no se si niño o niña, ya es huérfana sin que sea apenas consciente de nada, y algún día descubrirá de qué manera tan cruel y absurda falleció su padre. Quizás para entonces esté muy claro lo que pasó y eso le ayude a superarlo, pero ahora el niño vive en la feliz ignorancia. La madre no, y conocer las causas de lo sucedido no le ayudarán demasiado a sobrellevarlo. Seguro que estaba orgullosa de la curiosa profesión de su marido, porque pocos son los pilotos en el mundo, y menos los que manejan cazas, y ahora el dolor es lo único que puede portar, y precisamente el cielo protector es el lugar en el que no encuentra consuelo, sino vacío y pérdida.


Ayer, festivo, mañana de paseo, acabé en el estanque del Retiro a eso de las 11:30 a sabiendas de que sería un bonito sitio para poder ver pasar los aviones a ras de suelo. Y así fue. Poco después de esa hora empezaron a surcar el cielo cazas, aviones nodriza, aeronaves de todo tipo y helicópteros, en un pase que duró unos pocos minutos. Una de las primeras formaciones que surcó el cielo fue un grupo de cuatro Eurofighters en agrupación de cruz. Uno de ellos, no se cual, iba pilotado por Aybar. Era impensable en ese momento suponer que apenas quedaban minutos antes de que se produjera la tragedia. Los aviones pasaron, el desfile terminó, se oyeron algunos aplausos sueltos en el parque, los fotógrafos empezaron a revisar sus cazas y Aybar roló su avión rumbo a casa, donde le esperaban los suyos. DEP.

miércoles, octubre 11, 2017

Valle Inclán, Berlanga, Cataluña

Créanme que me cuesta hablar de la crisis catalana. Me agobio, me molesta, me deprime e inquieta, supone un dolor de cabeza muy serio y una fuente de angustias permanentes. Además deprime comprobar como cada minuto que pasa decenas de problemas de enorme trascendencia para el país, para cada uno de nosotros, se ocultan y no son abordados por el pleno esfuerzo que exige seguir y digerir cada uno de los pasos de esta crisis, que no hace sino enrevesarse y ahondarse ante los ojos de todos. Y de fono, una enorme tristeza, es el sentimiento que me surge en todo momento ante lo que vivimos.

Ayer, la sesión del Parlamento de Cataluña, nuevamente, pasó a los anales del bochorno, en un acto caótico, desordenado y carente por completo de sentido democrático. La comparecencia de Puigdemont, encargado de dar validez pública a los resultados de un falso referéndum amparado en una ley inexistente, se convirtió en un amago de declaración independentista, en la que nada más ser proclamada fue envainada, lo que dio lugar a todo tipo de metáforas de fracaso sexual, en medio de una completa alegoría nacionalista sobre los logros alcanzados con vistas al erial que empieza a ser la economía catalana. Tras los turnos de réplica, y sin votación alguna, los representantes de Junts per si, la coalición gobernante, se fueron al auditorio del parlamento para firmar un papel sin validez jurídica que es la llamada Declaración de Independencia, un documento no votado ni publicado en el que un grupo de parlamentarios catalanes se autoerigen como representes únicos de la voluntad del pueblo de Cataluña y la constituyen en forma política propia, en nación a imagen y semejanza de sus sueños desatados. La validez legal de lo sucedido ayer es nula, el desprecio por las leyes, la representatividad del parlamento y los diputados de otras formaciones, absoluto, y la ridiculez de todo el acto, total. Y sin embargo para muchos medios extranjeros y parte de los nacionales, lo que hizo ayer Puigdemont volvió a ser una llamada al diálogo, al entendimiento, aunque sólo viéramos un proceso de aplastamiento, otro más, a una vejada democracia que en Cataluña apenas ya es sino vestigio de lo que fue. La declaración suspendida es un limbo que pretende enredar al gobierno de Rajoy, que vuelve a jugar con negras, respondiendo a cada movimiento de los independentistas, sin llevar la delantera en ningún momento, y a todo el mundo. De momento los efectos más directos de lo sucedido ayer es el enfado de la CUP, que quería no ya la independencia, sino la revolución y quizás convertir la Plaza de Cataluña de Barcelona en un nuevo escenario similar a la de la Concordia en tiempos de Robespierre. La pérdida de apoyos de la CUP al gobierno Puigdemont puede ser suplida por Catalunya Sí que es Pot, la marca de Podemos en la cámara regional, que ayer vio con buenos ojos la actaución del President, indicando que padece un grave problema de vista. Por ello, una de las posibles soluciones de este embrollo, la de convocar elecciones autonómicas para redefinir el Parlament, no está más cerca en el tiempo de lo que estaba ayer. Siendo técnicos sí, un día más cerca, pero nos entendemos, no se esperan en próximos meses. Puigdemont y el PDCat saben que serían laminados en los comicios y no los van a convocar y Junqueras y ERC no dudan de que, sean cuando sean, los ganarán, por lo que les da igual esperar o no. ¿Tiene sentido hablar de escenarios de contubernio político en medio de semejante crisis política? ¿Es una frivolidad? Sí, y de las gordas, pero los que nos han metido en este problema saben mucho de frivolidades, y de cómo explotarlas para su beneficio.

Dentro de poco más de hora y media hay Consejo de Ministros extraordinario en Moncloa para tratar este asunto y tomar medidas. Rajoy no tiene una posición tan nítida y segura como pudiera parecer, y es más que seguro que esta noche habrá hablado con líderes europeos sobre los pasos que puede dar y serían respaldados por una Europa asombrada. Y de mientras, la economía se resiente, la sociedad ahonda su fractura y la crisis se profundiza, devorándolo todo. Trágico. En una dimensión difícil de ser superada, y manteniendo la tradición hispánica, lo vivido ayer en Cataluña fue otro esperpento que a Valle Inclán o a Berlanga les hubiera encantado. Sabrían bien cómo sacarle chispa a toda esta cruel farsa.


Mañana es fiesta, y no me cojo puente, por lo que el viernes aquí estaré. Descansen y, si viajan, ojo en la carretera.