lunes, julio 16, 2018

Nunca cumpliremos el objetivo de déficit


Desde esta humilde ventana he criticado con intensidad la gestión del déficit que ha realizado el ministro Montoro durante los últimos años. Sometido a una elevada presión, derivada entre otras cosas de la minoría parlamentaria, el gobierno de Rajoy se olvidó del cuadre de las cuentas públicas y, con una economía creciendo a un ritmo del 3%, generaba déficits sin parar. Cada escenario remitido a Bruselas prometía una reducción de los mismos, pero era sistemáticamente incumplido, y la Comisión nos ha alertado sin cesar sobre este hecho. Los presupuestos de este año, expansivos, seguían esa línea de aumento de gasto y de bajada, insuficiente, del déficit.

Cayó el gobierno, llegó el nuevo equipo socialista, y uno de sus compromisos ha sido el de mantener los presupuestos aprobados por el PP, más que nada por la imposibilidad parlamentaria de hacer otra cosa. Los mensajes en los primeros días, especialmente por parte de Nadia Calviño, ministra de Economía, fueron rigoristas, centrados en el cuadre de las cuentas públicas y en la necesidad de ser serios en este aspecto. Como toma de postura no sonaba mal, pero el tiempo, escaso, trascurrido desde la llegada del nuevo gobierno, empieza a mostrar que esa toma de postura era más bien postureo. Cada uno de los nuevos ministros ha formulado u catálogo de políticas públicas que se basan, casi en exclusiva, en el aumento del gasto. El propio gabinete, sobredimensionado, es una muestra de querer gastar mucho más. Para afrontar esos incrementos de gasto se ha recurrido a la fórmula mágica de siempre, subir los impuestos, bien los ya existentes o creando algunos nuevos. Algo de esto ya apuntó Montoro al final de su mandato, con aquel debate sobre la llamada tasa google para financiar las pensiones. El nuevo gobierno mantiene esa posible tasa a las empresas tecnológicas, y amplia notablemente el campo de subidas, con impuestos medioambientales (van a crujir el diésel), destope de las cotizaciones sociales y nuevos impuestos a la maligna banca (que ellos creen que no repercutirán a los pobres clientes). ¿Qué escenario surge de todo esto? Supongo que los expertos de economía del PSOE estarán haciendo cuentas, pero de momento las cifras descuadran aún más de lo que ya lo hacían las populares. De momento Calviño ya ha comunicado a Bruselas que los objetivos de déficit prometidos no se cumplirán, con desvíos que hacen que el objetivo de este año pase del 2,2% al 2,8% y el de 2019 de 1,3% al 1,8%, medio punto o un poco más de añadidura a lo que ya se estimaba. Esto supone aumentar más , aún más, el volumen de deuda pública con el que cargamos, que está en el entorno del 100% del PIB, con leves movimientos. Como el PIB crece con vigor, a tasas superiores al 2%, el cociente deuda respecto al PIB se mantiene estable, incluso se reduce, a pesar de que el volumen de deuda crezca, pero esa estabilidad del cociente es engañosa, porque si el total de deuda crece es obvio que la carga que eso supone para el conjunto de la nación lo hará, poco en épocas de bonanza, mucho cuando vengan mal dadas. Llevamos un tiempo con los intereses de la deuda en mínimos y la prima de riesgo sin salir en las noticias, porque no presiona en exceso. Y eso es bueno, porque nos da margen, pero es muy irresponsable, tanto por el anterior gobierno como por el que acaba de empezar, no aprovechar esta ventana de oportunidad para reducir lo más posible el volumen de deuda, porque estas condiciones maravillosas no durarán para siempre. El Tesoro, emisor de deuda, que hace lo que el gobierno le pide, lleva tiempo realizando una estrategia de reducción de la carga de intereses de la deuda, de tal manera que sustituye emisiones antiguas de altos intereses por nuevas de bajos, con lo que el volumen total se mantiene estable pero el coste medio de la misma se reduce, lo que es la mejor de las estrategias cuando te obligan a emitir sí o sí, pero esto es un apaño. Lo ideal sería reducir el volumen. Y eso no se ve.

La estrategia de financiación del gobierno, el pasado y el presente, ha sobrevivido gracias al BCE (San Mario Draghi, que en gloria estés) y a la recuperación económica, que ha generado ingresos extra mediante unas figuras tributarias arcaicas pero que responden muy bien al ciclo. Reformar en profundidad los impuestos, modernizarlos y ser originales podría servir para aumentar la recaudación incluso permitiendo bajar los tipos en determinados tramos y sectores, pero no esperen reformar de calado en este ámbito, entre otras cosas por la división parlamentaria. Y por el lado del gasto, y de cara a las siguientes elecciones generales, que a saber cuándo serán, supongo que no habrá freno alguno para ofrecer promesas que se traduzcan en votos. Y la deuda, creciente, esperando su momento para agobiarnos a todos, de verdad, sin remisión.

viernes, julio 13, 2018

Con Trump, poca alianza, menos atlántica


Es deprimente asistir a encuentros internacionales en los que participa Trump. Se lleva todo el protagonismo por hechos absurdos, despiadados, vacíos y negativos, y acaba disolviendo consensos que, en algunos casos, han costado tiempo y esfuerzo en enormes cantidades para ser alcanzados. G8, Alianza atlántica, etc, sea el foro que sea, su presencia es corrosiva y ofrece la imagen no de un país en retirada, que también, sino la de un personaje enfrentado al mundo, un líder absolutista y ciego ante la realidad que le rodea, al que el contacto con el poder de Washington no ha domesticado ni ha logrado que aprenda que el mundo es mucho más complejo y retorcido que lo que pueda expresas en unos calientes y tronantes tuits.

Se puede discutir mucho sobre cuál es la inversión que las potencias europeas deben hacer para la defensa en el marco de la OTAN, y si es correcto que Europa haya subcontratado la seguridad a EEUU desde hace tantas décadas, en una medida que nos ha liberado presupuesto para otras cosas pero que nos genera dependencia. Todo eso es un gran debate, que algunos mantienen desde hace tiempo, y que posee diversas implicaciones, pero la seriedad y el rigor necesarios para abordar este tema se disuelven en el ácido de las palabras de Trump. Uno no puede venir a una cumbre de la OTAN con el mensaje de que sólo me interesa que el gasto en defensa de mis aliados suba, y a ser posible mucho más de lo que ninguno de ellos es capaz de afrontar, para garantizarme un no como respuesta y volver a casa con cara de “os lo dije, son unos cagados y aprovechados”. No se puede venir a una cumbre de la OTAN y lanzar constantes mensajes de ataque contra algunos de los aliados, especialmente Alemania, en relación a la dependencia del gas ruso (hecho cierto) con el telón de fondo de una guerra comercial y el odio visceral de Trump y sus asesores a la eficiencia de las empresas germanas, que inundan con sus coches las calles de EEU y el resto del mundo porque, sobre todo, son excelentes. Y menos aún son tolerables declaraciones de este tipo por parte de un personaje que está lleno de sospechas de connivencia, colaboración o incluso chantaje, con respecto a los servicios secretos rusos. Recordemos que sigue en marcha una investigación en Washington sobre la llamada trama rusa de las elecciones de 2016, y que independientemente de lo que concluya, nos hace ver que Trump tiene vínculos demasiado estrechos con un Putin, al que verá la semana que viene, y que esos enlaces no conocidos pueden condicionar sus políticas y medidas hasta extremos que no somos capaces de calibrar. Tienen las democracias, europeas y del resto del mundo, la cruda sensación de que Trump se lleva mucho mejor con dictadores, autócratas y personajes por el estilo que con mandatarios elegidos en las urnas. ¿Se considera a sí mismo como un hombre fuerte, como esos dictadores, frente a los blandos que se eligen y caen con tanta velocidad? La OTAN es un club variopinto en el que se juntan democracias consolidadas con países que están en procesos de involución, Turquía como caso paradigmático, pero que tiene en la autodefensa frente a potencias imperialistas, pongamos Rusia, uno de sus principales pilares. Que el país más poderoso de la tierra, el que posee el mayor presupuesto militar del mundo y el más potente ejército jamás conocido adopte posturas en las que flirtea con el autoritarismo y el desprecio a la democracia resulta, cuando menos, tan chocante como alarmante. Nunca pensamos que el vínculo trasatlántico se resquebrajaría porque fueran los norteamericanos los causantes de la fractura. Lecciones amargas te da la vida cada día.

Tras su paso por Bruselas, y antes de la cita con Putin, seguro que el encuentro que más desea de esta gira, Trump está en reino Unido en una visita oficial disimulada, por las protestas populares que genera y el descabezamiento del gobierno de May. Allí se ha vuelto a posicionar a favor de un brexit duro y en contra de la propuesta mixta de May, que ha causado la dimisión de Johnson. Las declaraciones de Trump vuelven a ser, sobre todo, anti UE. Es inaudito. Es cierto que Europa necesita a EEUU más de lo que EEUU necesita a Europa, pero comportamientos y declaraciones de este tipo son inadmisibles. ¿Cómo responder? ¿Cómo gestionar una coyuntura en la que desde el Atlántico vienen vientos de tormenta? No lo se.

jueves, julio 12, 2018

El futuro del diésel es muy oscuro


El coche que tengo, heredado, duerme en una lonja casi todo el mes hasta que, el fin de semana que subo a Elorrio, lo uso, no mucho, y compruebo con asombro cómo es capaz de arrancar cuando giro la llave. Es un C3 con un pequeño motor 1.1 gasolina, que no tira mucho, y que consume más de lo debido, o esa es mi sensación. Es lógico dado el escaso uso que se le hace y lo “dormido” que se irá quedando el motor a cada mes de inactividad. Pero funciona correctamente y hace el servicio debido a plena satisfacción Y, visto lo visto, al ser gasolina, podrá entrar en todas partes cuando dentro de unos años las restricciones se pongan serias.

Y es que los dueños de vehículos diésel se enfrentan a un serio problema. El aviso de ayer de la ministra de transición ecológica afirmando que el diésel tiene los días contados es el último de una cadena de advertencias que responsables políticos de todo el mundo lanzan sin cesar contra este combustible y los motores por él alimentados. Se preguntará el dueño de uno de estos coches sobre si el mundo se ha vuelto loco, porque hasta hace no mucho tiempo las recomendaciones de los gobiernos, tanto por sus mensajes explícitos como por la fiscalidad, eran que el coche diésel era más eficiente y ecológico que el gasolina, gracias a nuevas tecnologías como los motores TDI. Eso disparó sus ventas y provoca que, hoy en día, el parque de automóviles esté dominado por el diésel. La reversión de las ventas que se está dando en estos últimos meses años aún no ha logrado dar la vuelta a esas cifras globales, que se mueven lentamente. ¿En qué quedamos? ¿es peor un motor diésel o gasolina? Pues como siempre, depende de para qué. En emisiones de CO2 el gasolina es peor, dado que para igualdad de potencia y consumo sus emisiones son más altas. En emisiones de NOX, los óxidos de nitrógeno, el diésel es peor que el gasolina, cumpliéndose la inversa de la regla anterior. Si lo que queremos evitar es la contaminación directa, el CO2, es mejor usar diésel, mientras que si queremos reducir las emisiones nitrogenadas, muy relacionadas con cánceres, debemos utilizar gasolina. Es un lío, ¿verdad? Los últimos datos muestran que el disparo de ventas de coches de gasolina y la absurda moda de los SUV está haciendo aumentar las emisiones netas de CO2 del parque automovilístico, lo que parece un contrasentido dado que buscamos reducirlas a toda costa. Los vehículos actuales son más eficientes que los antiguos, pero los SUV poseen cilindradas altas y pesa mucho, por lo que sus consumos son elevados frente al del típico utilitario que, hasta no hace mucho, era el rey de las ventas. A medida que las restricciones al diésel aumenten, en forma de limitaciones de acceso y de subida de los impuestos asociados a ese carburante, los titulares de este tipo de vehículos se van a encontrar con graves problemas prácticos y con un mercado de segunda mano que se va a hundir, dado que nadie querrá comprarles su coche, a sabiendas de los problemas que arrastra. Los fabricantes también están metidos en un problema con este tema, dado que gran parte de sus líneas de producción siguen teniendo a la tecnología diésel como uno de sus pilares, y cambiar eso es lento y muy costoso. Hay innovaciones tecnológicas que logran minimizar en extremo las emisiones de NOX en los nuevos motores diésel, pero si se asienta la idea en la sociedad de que es un combustible sucio de poco servirán las inversiones de ningún tipo, ya que las ventas seguirán cayendo.

¿Acabarán los gobiernos por subvencionar la retirada de los coches diésel a los particulares para que estos no reciban la carga del coste? No lo se, ni se si es justo o no, porque eso lo financiaríamos todos, tengamos coche diésel, gasolina o no se tenga vehículo alguno. ¿Y qué va a suceder con el transporte pesado, léase autobuses y camiones, que es diésel casi en el 100% de los casos? Para ese uso intenso e intensivo el diésel es una tecnología mucho más robusta y eficiente que la gasolina. Como ven, el futuro de la movilidad limpia, eléctrica, parece aún lejano en la práctica, pero el presente de algunos combustibles (y negocios) pinta muy feo. Una buena crisis puede surgir de todo esto y, también, oportunidades enormes. A ver qué pasa.

miércoles, julio 11, 2018

Setién, o el religioso que no deja de pecar


Ayer, a los noventa años, falleció José María Setién, el que fue obispo de la diócesis de San Sebastián durante cerca de tres décadas y, sin duda, la figura más poderosa del clero vaso en todo ese tiempo y el que vino después. Y poder en la iglesia vasca, hasta hace nada, quería decir poder de verdad, sin adjetivos, del que se ejerce y genera respuestas, pleitesías y sumisiones. Nada sucedía en la iglesia vasca sin que Setién lo supiera y aprobara, y nada era permitido fuera de su idea de iglesia, de sociedad y de, por supuesto, patria. Llevaba alzacuellos Setién, sí, pero sobre todo portaba una ikurriña tatuada en su corazón y un deseo independentista.

A todos nos escandalizan esas imágenes en las que, en un blanco y negro que no sirve para dulcificarlas, vemos a unos obispos entronizando a Franco como glorioso caudillo vencedor de una reconquista imaginaria, paseándolo bajo palio y ejerciendo de lacayos de un militar que ganó una guerra y dictó un país. ¿Qué clase de fe juraron cumplir esos abades? ¿Cuál era su evangelio? De una manera similar, sin imágenes tan duras, pero con el mismo fondo, durante décadas la iglesia vasca sustituyó el nacional catolicismo por el nacionalismo católico. Curas de mayor o menor rango se fueron haciendo fuertes en los movimientos que luchaban contra el régimen y apoyaron a ETA y sus ramificaciones como estandarte de una lucha liberadora en la que creían, desde luego mucho más que en cualquier mensaje evangélico. El fin de la dictadura, la transición y la democracia no significaron nada para ETA y, desde luego, tampoco para muchos de esos religiosos, que seguían viendo con simpatía a los luchadores de la patria soñada, y que no dudaban en lo más mínimo en mostrar el vacío, el desprecio, la ignorancia, ante las víctimas y sus familiares. Y Setién, desde lo más alto de su púlpito y cargo, encarnaba perfectamente ese papel. Autor de discursos y libros alambicados, densos, llenos de palabrería en los que la ética aparecía sin cesar como hilo conductor, sus palabras eran el muro tras el que se ocultaba el fanatismo del que cree que para lograr sus fines no importan las almas de aquellos que se les oponen. Hubiera sido Setién uno de los grandes en los tiempos de la inquisición, pero quiso el destino que le pillara muy tarde para los autos sacramentales. En su lugar, bendecía al nacionalismo más extremo, disculpaba a los terroristas y sus cómplices, constantemente establecía una equidistancia entre aquellos que mataban y los que los perseguían, como si fueran los dos ladrones crucificados a los lados del magnánimo pastor, al que él, por su puesto, encarnaba. Y no dejaba de arengar a las masas nacionalistas, para que persiguieran su sueño y no descansasen nunca. Junto con Xabier Arzallus, encarnó la simbiosis perfecta entre el poder terrenal y el supremo en un nacionalismo, el vasco, imbuido de clericalismo hasta límites absurdos y en una sociedad, la vasca, en la que la palabra de un sacerdote era más poderosa que la de mil personas, fueran estas quienes fueran. Setién se hizo con un enorme poder y lo uso mal, no sólo mal. Lo uso de manera pecaminosa, violando todo aquello que, en algún momento, juró creer. Como los curas nacional catolicistas, como aquellos que son detenidos por abusos, Setién fue un religioso que abusó de una parte de la sociedad para que la otra pudiera dominarla. Y nunca, nunca, mostró arrepentimiento alguno por sus hechos.

Hoy en san Sebastián habrá un funeral de los de gran boato, pompa y ceremonia, con una catedral llena y muchos en ella, mostrando condolencias y pena. Durante muchos muchos años en esa iglesia, y en otras tantas de su diócesis y anexas, los familiares de las víctimas de ETA no podían celebrar funerales a sus víctimas, porque no se les dejaba. Esa iglesia, vasca y española, que hoy entonará duelo, pegaba simbólicamente el último disparo al cadáver del asesinado, mostrando así el desprecio absoluto por él y los suyos, que no eran sino unos traidores a la causa de la liberación nacionalista. Versioneando la palabra, vale más una lágrima derramada en la soledad por una de esas víctimas que todas las que hoy se den en una abarrotada catedral, en la que Dios, si existe, hace tiempo que dejó de visitar.

martes, julio 10, 2018

Caos en el Reino Unido por el Brexit


Hace poco se recordaba, celebrar no es el término adecuado, el segundo aniversario del malhadado referéndum del Brexit, cuyo resultado favorable a la salida nos conmocionó a casi todos. Transcurrido ese tiempo las negociaciones Reino Unido UE no han avanzado demasiado, y lo que ha progresado, y mucho, es el proceso de descomposición de la política británica, horadada por completo por este asunto, que no deja de ser un trauma para formaciones de uno y otro signo que no son capaces de gestionar aquel nefasto resultado ni de, con honestidad, reconocer que lo mejor sería anularlo, mediante una nueva consulta, en la que debieran dejarse la piel por la reentrada.

En dos días han dimitido dos ministros del gobierno de Theresa May, justo después de que el viernes ese gabinete alcanzase un principio de acuerdo sobre la postura final en la negociación con las autoridades europeas. Ese acuerdo fue calificado por muchos como blanco, componenda, solución de compromiso, y adjetivos similares que dejaban ver cómo los duros del Brexit estaban siendo arrinconados, o al menos ya no tenían el control de la situación. David Davies, encargado principal de la negociación con la UE, que no creía en el acuerdo que el gabinete en el que participaba le había impuesto, fue el primero en abandonar, y Boris Johnson, el extravagante, vocero y nada diplomático ministro de exteriores, ha sido el último. Ambos representan, dentro de los conservadores, el ala dura de los partidarios de la salida, los que proclaman una ruptura lo más brusca y unilateral posible con los socios europeos, los más encantados de que la isla se aísle, los más ciegos. Esa corriente ve, con amargura, como la débil y provisional May está logrando diluir su mensaje de dureza, y ay no aguanta más. El portazo de ayer puede no ser el último pero, sobre todo, es una manera de abrir el camino para derribar a la propia May, y para que esa corriente dura de los conservadores se haga con el control del gobierno y la cámara. Comentó ayer un corresponsal de radio en Londres, con agudeza, que por momentos la situación de May le recordaba a la de Rajoy. A los pocos día de haber aprobado unos presupuestos que, en teoría, le garantizaban estabilidad, el gobierno de Rajoy cae con una moción de censura que nadie había previsto. Y a los poquísimos días del acuerdo interno para el Brexit, que ofrecía a May un agarradero y un argumentario para sostener su discurso, el gobierno se le descompone entre las manos y no son pocas las voces que anuncian una posible moción de censura orquestada por esos duros del Brexit, con las ambiciones gubernamentales de Johnson, nunca ocultas, ahora libres de ataduras, y con la prensa sensacionalista, y parte de la otra, clamando contra la pusilánime primer ministra a la que nada respetan y ni consideran. ¿Va a pasar allí lo mismo que sucedió en Madrid a finales de mayo? Quién lo sabe, pero no lo descarten. No debemos olvidar tampoco que esta crisis que corroe al partido conservador se desarrolla, casi de igual manera, entre los laboristas, que poseen dos corrientes en su interior sobre el Brexit, siendo su actual líder, Jeremy Corbin, nada europeísta. Es absurdo, pero así es. Y de mientras tanto el tiempo avanza, la incertidumbre crece, las decisiones de inversión se aplazan, la economía real se resiente y el futuro de los ciudadanos británicos se oscurece por culpa de las necedades de muchos de sus políticos, que imbuidos por un sueño de nacionalismo tan falaz como peligroso, alumbraron la criatura llamada Brexit que, poco a poco, parece ir comiéndoselos uno a uno, devorando la estulticia de los que estaban llamados a liderar el país. Tan patético como asombroso, en una nación seria, racional y dominada siempre por el interés práctico como el Reino Unido.

Y esta crisis le estalla a May en un momento que no podía ser peor. Las relaciones con Rusia se agrietan aún más tras la muerte de un ciudadano británico intoxicado por accidente con veneno presuntamente utilizado por los servicios de espionaje de Moscú, justo cuando Inglaterra puede llegar a la final de eso que se está desarrollando en Rusia y que algunos llaman deporte. Y la cancillería de exteriores queda vacía a las puertas de una cumbre trascendental de la OTAN y la visita al reino de Isabel II de Donald Trump, abanderado del Brexit donde los haya. Mientras Suanzes analiza todo esto con una calidad que para mi es inalcanzable, el “Anarchy in the UK” de Sex Pistols suena con más fuerza y sentido que nunca. Lo dicho, tan triste como asombroso.

lunes, julio 09, 2018

El doble juego de Sánchez con los independentistas


Recibe hoy Sánchez en Moncloa a Quim torra, President de la Generalitat, y avatar del fugado Puigdemont, que debe estar muerto de celos al ver que la actualidad le resta protagonismo. No consta que Torra tenga ideas propias más allá de las que se le dicten desde Alemania, al menos en lo que hace a la gobernanza (es un decir) de Cataluña. Donde Torra tiene ideas muy suyas es en cuestiones identitarias, que asimila a genéticas y de raza. ¿Qué sentirá al estrechar la mano de un subhumano español esta mañana? ¿Cuánto tardará en acudir al baño para lavársela mediante unas friegas compulsivas? No dudo mucho de que algo así hará.

Lo interesante de la reunión de hoy es el juego al que se va a enfrentar Sánchez y, creo, la primera situación en la que no va a poder escabullirse del problema catalán. La forma de abordarlo, una vez llegado a la Moncloa, ha sido la de cambiar el talante de los discursos y hacer una serie de gestos, legales y posibles, para distender el ambiente. El traslado a cárceles catalanas de los políticos presos y las manifestaciones de una Meritxell Batet demasiado locuaz han sido la mano tendida al independentismo. En paralelo, especialmente con Borrell, se ha seguido una línea de firmeza ante el mensaje separatista, con respaldo expreso, como no podía ser de otra manera, a la valiente actitud mostrada por Pedro Morenés en Washington ante el desquiciado discurso de Torra de hace un par de semanas. Ya ven, una versión del clásico juego del “poli bueno, poli malo” en el que Sánchez aparece como el justo entre los dos extremos. ¿Qué busca esta estrategia? Probablemente agotar el catálogo de excusas, falsas, que los independentistas esgrimen ante cualquier posición negociadora. Que si el estado opresor, que si la falta de democracia, etc. Quizás busca Sánchez ofrecer una imagen de suavidad inversa a la que mostraba el gobierno de Rajoy para, en ese caso, resaltar aún más la intransigencia de los nacionalistas y retratarles ante todos como la caterva de extremistas que son. ¿Es válida esta interpretación? Puede serlo, pero si es así debe saber Sánchez que es una estrategia en la que corre serios riesgos, y que no puede mantener mucho tiempo en marcha si ni logra frutos claros. Si, como es lo más probable, los independentistas se mantienen en sus trece la táctica buenista puede acabar tan naufragada como la operación diálogo de Soraya. Si hay frutos, debe ser cuidadoso el gobierno para calibrar hasta dónde se cede y se ve como una debilidad. Y si no hay avances de ningún tipo el juego no podrá prolongarse mucho más allá de la paciencia del votantes socialista, que de momento ha ofrecido su confianza al nuevo gobierno, pero que reaccionaría con dureza ante lo que pudiera ser visto como un compadreo con fuerzas y personas que han mostrado hasta qué punto están dominados por el sectarismo y ejercen la villanía con el resto del país. Supongamos que, como se rumorea, se adelantan las elecciones andaluzas a octubre. Un acuerdo con los independentistas que fuera visto como cesión sería nefasto para las aspiraciones de voto de Susana Díaz, que difícilmente podría vender a su electorado un pacto o componenda en la que no creyese. Y sería gasolina para las expectativas de voto de Ciudadanos, que siguen desorientados desde la moción de censura.

¿Expectativas ante la reunión de hoy? Pocas. Más allá de la foto y de los lugares comunes, es previsible que se escenifique un desacuerdo profundo. El hecho de que se vaya a hablar de derecho de autodeterminación es grave, pero no lo será tanto si Sánchez mantiene la postura lógica de que es inexistente, y ante eso torra no podrá hace otra cosa que protestar y desgranar su lista de agravios ideológicos (y buscar el baño para lavarse con fruición). Quizás se ofrezcan, y acuerden, cuestiones económicas y competenciales, pero eso no soluciona el mar de fondo. Y la verdad es que ante un racista convencido como Torra no hay nada que los subhumanos hagamos que le pueda satisfacer.

viernes, julio 06, 2018

Soraya vs Casado


Con una participación muy alta, superior al 80%, del exiguo censo de votantes que podían hacerlo, la votación para la elección del presidente y compromisarios del PP celebrada ayer otorgó unos resultados más que interesantes, y que dejan bastante abierto el Congreso de dentro de dos semanas. El extraño sistema de doble vuelta, una abierta otra cerrada, credo por el PP puede hacer que los resultados finales sean confusos y, sobre todo, contestados por parte de la militancia. De momento, y por mil quinientos votos, algo más del 2,5% de margen, Soraya Sáenz de Santamaría ha ganado a Pablo Casado y al resto de candidatos. Ellos dos se disputarán el poder popular.

Muchos, antes de la proclamación de candidaturas, esperaban un duelo S vs C, Soraya vs Cospedal, pero finalmente esa “C” combatiente representa a Casado, un candidato no esperado hace semanas y que ha hecho una campaña que a punto le ha dado la victoria en votos. Las dos figuras representan almas distintas del partido, más ideologizado él, más práctica ella, con experiencia de mitineo y de partido él, con conocimiento de gobierno ella. De cara al éxito de la formación, lo ideal sería un perfil que tuviera ambas características, y dado que eso no existe, un acuerdo entre ellos, pero no parece que vaya a darse algo así, tras lo escuchado la pasada noche. Casado ha visto ante sí la oportunidad de su vida de alcanzar el poder real y Soraya tiene por delante la ardua tarea de hacer que los compromisarios que pudieran apoyar a otras candidaturas no se unan en su contra. En los discursos de anoche ya se vio esa diferencia de forma clara. Casado estaba exultante, se le escapaba la sonrisa en todo momento, sonrisa que no ocultaba un colmillo afilado que ansiaba ser clavado en la faz de Soraya. Sus declaraciones dejaban claro que él y el resto de candidatos tenían en común algo relacionado con las esencias del partido y las ideas (de las que nadie ha dicho nada en varios años, por cierto) frente a otros (queriendo decir otras). El discurso de casado era de ataque, de lucha hasta el final, y de ganas de ganar. Su ambición era enorme, como la de cualquier político. Soraya, en su alocución, sabedora de lo anteriormente dicho, tiró de la táctica de la magnanimidad. Como ganadora, ofreció pacto, cesión, acuerdo y reparto de poder. Llamaba a la unidad en todo momento, ofreciéndose como garante y gestora de la misma y, por tanto, acusando a los que no acepten su oferta, de ser los causantes de la desunión. Su discurso, mucho más amable en las formas, escondía también cargas de profundidad destinadas al resto de contrincantes, y dejaba claro que había partido, y que en estas dos semanas puede pasar de todo. Se sabe ganadora débil frente a la fortaleza del derrotado. Ahora, desde ya, los compromisarios elegidos para el congreso, más de tres mil, van a recibir constantes llamadas de ofertas, de puestos, de cargos, de colocaciones futuras para ellos y los suyos, por parte de ambos equipos. De la capacidad de convicción, de las promesas hechas, del precio que pongan los compromisarios, de todo lo que suceda entre las bambalinas justo antes de la votación del 20 – 21 de julio, dependerá quién sea el ganador. Y la cosa está muy abierta. Como en pasados congresos políticos, el del PSOE que eligió a ZP por ocho votos es un buen ejemplo, la política es así.

Creo que, de cara a unas elecciones generales, Soraya es mejor candidata que Casado de cara a que el PP recupere voto, pero mi opinión en este caso es irrelevante. De todas maneras, los compromisarios están mucho más pegados al cargo público electo que los militantes. Muchos son concejales, alcaldes y cosas por el estilo, y deben hacerse en todo momento la pregunta de Keynes. Si quieren acertar no deben votar al candidato que ellos prefieran, sino al que creen que el electorado le puede otorgar el voto. El PP, como todos los partidos, lo que busca no son las ideas y el discurso, sino el poder. Y eso es lo que está en juego. Y todo ello con el caso del máster de Casado que, en dos semanas, pudiera dar novedades.