miércoles, noviembre 14, 2018

¿Acuerdo para el Brexit? Ojalá


La sorpresa saltó ayer por la tarde en forma de noticia no confirmada por Bruselas pero sí pregonada por los medios británicos. Se había alcanzado un principio de acuerdo para el Brexit que soslayaba el problema de la frontera de Irlanda del Norte, permitiendo así cerrar negociaciones en muchos capítulos y poner en marcha el proceso de ratificación del acuerdo por las partes para llevarlo a cabo. No ha trascendido mucho del texto acordado, y según algunas fuentes el consenso se ha logrado dando una patada adelante al problema irlandés, en vista de que resulta imposible poder hacer algo realmente definitivo en este momento. La noticia es gorda, y tiene muchas repercusiones, si finalmente el acuerdo sale adelante.

Y ese condicional sobre el acuerdo recae, fundamentalmente, en la parte británica, sumida en el más absoluto caos, que se encuentra dividida sea cual sea la sección de su sociedad que estudiemos, y que no ofrece garantía alguno de respaldo ni a este ni a otro acuerdo posible. Ayer por la noche empezó el peregrinaje de ministros ante la sede del gobierno de May, esa casa de ladrillos negros sita en el 10 de Downing Street, recibiendo cada miembro del gabinete una copia de lo acordado y comprometiéndose a estudiarlo y, hoy decidir si lo apoyan o no. Para un seguidor de la política resulta asombroso, y genera una envidia infinita, ver como el presidencialismo al que estamos acostumbrados en España se difumina en Reino Unido, con un gabinete en el que no sólo está permitido discrepar, sino que el mero hecho de las unanimidades se observa con suspicacia. May está en una posición muy difícil desde que llegó al gobierno, y quizás sea hoy el primer día en el que se juegue su puesto de verdad. Si esta tarde su gobierno no ratifica el acuerdo, o se fractura en exceso (se dan por sentadas algunas dimisiones) carecerá de fuerza para elevar al Parlamento el texto y, quizás, decaiga como primera ministra. Si consigue el apoyo de su gobierno, o de lo que vaya quedando de él, mantendrá el cargo y se lanzará a convencer a los comunes conservadores para que apoyen el texto en Westminster, porque si en esa votación parlamentaria se rechaza el acuerdo, propugnado por ella, su figura caerá sin remisión. Dado que existen profundas divisiones entre los conservadores, los laboristas, el gobierno May, los poderes económicos, la sociedad en su conjunto y, si me apuran, el arzobispado de Canterbury, resulta absolutamente imposible saber que va a pasar una vez que se reúna el gabinete, a eso de las 15 horas españolas, por lo que supongo que los aficionados a las apuestas, que en las islas son legión, estarán ante una jornada apasionante en la que uno de los retos será definir posibles escenarios, y ni les cuento el que uno de ellos sea el que realmente se produzca. ¿Mirará May de reojo las deliberaciones del Supremo español para aprender cómo no hay que hacerlo? Me temo que bastante tendrá con vigilar su espalda de las puñaladas que, día sí y día también recibe de sus presuntos compañeros de partido, convertidos en una jauría descontrolada que no cesa de pegar gritos en contra de la UE y d cualquier entente cordial. Personajes como el exministro de Exteriores Boris Johnson han convertido la flema británica en algo muy alejado de las formas y al ironía para llevarlo al terreno del esputo, mostrando una actitud y formas propias de un pub del centro del país en plena noche de fútbol europeo. ¿Es realmente posible alcanzar un acuerdo con esa facción conservadora? Parece que no, y de ahí el mérito de una May sometida a todas las presiones y odios posibles, que trata de salvaguardar una situación para la que ni ella ni nadie estaban preparados, y que mantiene a su país y al resto de la UE en la incertidumbre total.

La reacción de las finanzas ayer por la tarde, con las bolsas europeas cerradas, fue la de un ascenso de la libra y bajada del interés de la deuda británica, lo que es un respaldo a la economía británica, porque todo el mundo sabe que un mal acuerdo es mejor que un no acuerdo, excepto los Johnson y sus alocados seguidores. Pero como ven el escenario es de una complejidad enorme, y las posibilidades de que lo pactado ayer descarrile hoy o los próximos días es muy elevada. Como señaló ayer un corresponsal de la BBC, “I haven’t got the foggiest idea” lo que viene a decir que la niebla (fog) impide saber qué puede pasar, así que si quieren, si queremos, respuestas, toca esperar y ver.

martes, noviembre 13, 2018

Tres años desde Bataclán


Seguimos mirando a París y a amargos sucesos. Hoy se cumplen tres años de los atentados yihadistas que sacudieron la capital francesa y dejaron helado a medio mundo. Varios comandos asesinos atacaron las inmediaciones del estadio de Francia, donde se jugaba un partido de fútbol, algunos locales de ocio y, sobre todo, la sala de fiestas Bataclán, en la que se celebraba un concierto de rock que acabó convertido en una masacre. Cerca de ciento treinta muertos repartidos a lo largo de los escenarios del ataque resumen lo que allí pasó y dan una idea del horror vivido. No se si París ha vuelto a ser la que fue, pero la herida que supuso en su espíritu y población fue tan severa como profunda.

¿En qué estado estamos actualmente en la lucha contra el yihadismo terrorista? Es esta una pregunta peligrosa, porque no tengo información precisa al respecto y porque una de las maneras de responderse, el tiempo que llevamos sin atentados, puede ser falaz. El último gran ataque islamista que sufrió Europa tuvo lugar en Barcelona, en el verano del año pasado, así que vamos camino del año y medio sin hechos de este tipo. Ese dato es un indicador positivo, porque significa que, o bien los terroristas no han logrado crear planes operativos de ataque o estos, en desarrollo, han sido frustrados por las fuerzas de seguridad, produciendo en ambos casos la nada en la que nos encontramos, vendida nada. ¿Por qué es una impresión de seguridad que resulta falsa? Porque en la trastienda del día a día sigue la lucha constante entre la seguridad y el ánimo terrorista, y bien sabido es que basta que falle una de las piezas de seguridad para que el atentado pueda llevarse a cabo, y de nada sirven decenas de intentonas frustradas frente a una efectiva. Por ello, pese a que podamos tener la sensación de relajación, humanan, natural e inherente a este periodo de no actividad, debemos mantenernos alertas y prevenidos ante lo que pueda pasar. Uno de los miedos que tenían las fuerzas de seguridad a la hora de prevenir atentados en nuestras naciones era todo lo relacionado con la guerra de Siria, tanto el entrenamiento en tácticas de combate que allí se ha dado por parte de los que han viajado al conflicto como el retorno de los mismos, convertidos en personas muy distintas a las que eran cuando marcharon, y el mismo efecto propagandístico que la guerra en levante y el emblema de DAESH ejercía en las células locales, contuvieran o no componentes retornados. Se hablaba de miles de posibles retornados y, evidentemente, el riesgo que comportaban esas cifras se hacía inasumible. ¿Qué es lo que ha pasado finalmente? No está muy claro ni tengo cifras en la mano para decirlo, pero por lo que he leído por ahí me da la sensación de que la mayor parte de los supuestos retornados que se contabilizaban en su momento yacen ahora en las arenas del desierto sirio. La crueldad y extensión de la guerra siria ha destrozado a la mayor parte de fuerzas combatientes, que han sido laminadas por el ejército de Asad con el imprescindibles apoyo ruso. Uno de los grandes derrotados ha sido el propio DAESH. Privado de territorio, ciudades y población dominada, me da la impresión de que una de las órdenes de combate emitidas en su lucha ha sido la de no hacer demasiados prisioneros, en la idea de que un yihadista muerto deja de ser peligroso. Leo precisamente hoy la situación en la que se encuentran algunos centenares de yihadistas occidentales en Siria, retenidos allí en terreno reconquistado por las fuerzas del gobierno, que no son juzgados por los tribunales locales y que no vuelven a los países de origen porque esas naciones, las nuestras, así lo desean. Las cifras son considerables, pero aun así reducidas respecto a lo que uno pudiera esperar. Parece que Siria ya no será caladero de terroristas, al menos de manera tan masiva como lo fue en un principio y se llegó a temer.

Pero el yihadismo es una fuerza terrible, y que actúa en plazos largos, en dimensiones temporales que se escapan al cortoplacismo en el que vivimos los occidentales. Mientras Siria se estabiliza bajo el yugo de Asad, otras regiones como Afganistán o el Sahel vuelven a erupcionar con bandas yihadistas muy conocidas por todos (como los malditos talibanes) u otras de nuevo cuño, especialmente en África. ¿Surgirán de allí movimientos y combatientes que vuelvan a atentar contra nuestras ciudades? Pudiera ser, dado que ya pasó lo mismo en el pasado. Por lo tanto, como reiteraba antes, toca mantener alta la guardia, intensificar el trabajo de las fuerzas de seguridad y, en días como el de hoy, mirando a París y a otros lugares azotados por la barbarie islamistas (en Madrid hay tantos en los que poder fijarse, demasiados) recordar a las víctimas y a sus allegados.

lunes, noviembre 12, 2018

Centenario de la Primera Guerra Mundial


En un París frío y lluvioso, que poco albergaba de lo que se entiende como ciudad de la luz, se reunieron ayer jefes de estado y de gobierno de medio mundo, en el entorno de las setenta naciones, para conmemorar la firma del armisticio que, a las 11 y 11 del 11 del 11 de 1918 dio por terminada lo que luego se conocería como Primera Guerra Mundial. En su momento, y aún hoy, se le llamo Gran Guerra, pero empequeñecida quedó por la contienda que vino después, lo que hace que ese apelativo de “Gran” sea más una cruel ironía que otra cosa. En su momento fue la mayor de las guerras conocidas, y lo que sucedió un par de décadas después la condenó a un olvido, a o un segundo plano, injusto y peligroso.

Esa fue, quizás, la última guerra a la que se acudió a los campos de batalla con deseo de gloria, sentimiento de honor y optimismo juvenil. Resulta asombroso leer las crónicas del verano de 1914, de unas naciones europeas que se empiezan a enfrentar en un clima de aventurismo y deseo auténtico de las poblaciones y de los opinadores de las mismas de alcanzar la gloria en los campos de batalla. Cuatro años después, el continente está lleno de ruinas, zonas extensas de Francia y Alemania son paisajes lunares, arrasados, en los que nada vive y sólo contienen restos de miles de muertos. Las bajas de todos los ejércitos superan cualquier cifra conocida y el balance global de pérdidas es escalofriante. El surgimiento de la guerra se ha estudiado en detalle, considerándose por todos los expertos como un ejemplo fascinante, y aterrador, de lo que las malas decisiones, basadas en mala información, y los prejuicios, pueden ser capaces de provocar. Años de crecimiento económico, de globalización, de revolución tecnológica y desarrollos nunca antes imaginados habían cambiado la faz del mundo, y envalentonado a las naciones europeas a creerse todas ellas superiores a sus vecinos. La rivalidad, tanto en el continente como en las colonias, era total, y el deseo de lograr la hegemonía global parecía estar al alcance de los rivales de Reino Unido, entonces el imperio más poderoso del mundo. Esa confianza, ese exceso de creencia en las capacidades de cada uno, el desarrollo de carreras armamentísticas por todas partes y los recelos mutuos eran la combinación perfecta para provocar un gran error. Quiso la historia y el azar que fuera el asesinato del archiduque austriaco en Sarajevo la mecha que puso en marcha una reacción en cadena de errores que llevó a la declaración global de la guerra, pero las condiciones eran tales que si ese día de verano Gabrilo Prinzip no llega a ejecutar el atentado (sucedió finalmente por los pelos) cualquier otro hecho fortuito hubiera sido capaz de desencadenar el desastre. Una vez iniciada la guerra todos los contendientes pensaban, y así lo decían, que sería breve, rápida y no muy dolorosa, y que en la misma Navidad de 1914 ya estarían otra vez las naciones europeas encalmadas. Esa Navidad fue la primera en la que miles de soldados la pasaron hacinados como ratas en apestosas trincheras, en las que el barro, las enfermedades, los disparos y el gas mataban a los humanos de manera industrial sin que los frentes avanzaran en lo más mínimo. Decenas de miles de británicos murieron el primer día de la inútil batalla del Somme, y en Verdún se aniquiló a gran parte de la juventud francesa y alemana para, al cabo de unas semanas, constatar que aquello no llevaba a ningún avance en las posiciones militares de ambas fuerzas. Muchos son los lugares en centroeuropea torturados hasta el extremo por esa guerra, llenos hoy de cenotafios, memoriales y enterramientos. La Gran Guerra fue un desastre absoluto, una carnicería inútil que arrasó gran parte de lo que era y pudo ser Europa, y sembró las semillas de una destrucción aún mayor, pese a que los combatientes, tras lo visto, se perjuraron que jamás volvería a suceder algo así. Para eso están las promesas, para incumplirlas.

Un siglo después, las lecciones de aquella guerra siguen vivas, y también lo está el temor de que no las hayamos aprendido como es debido. En su discurso junto al arco del triunfo napoleónico, Macron lanzó un alegato a favor del patriotismo entendido como el amor a lo propio siempre en colaboración con los demás, frente al nacionalismo, que sólo quiere a lo propio y se enfrenta a los demás. Lleno de buenas palabras y razón, su discurso era escuchado por los líderes poderosos de hoy en día, que tienen el multilateralismo no como una de sus prioridades, sino como un obstáculo para sus ambiciones. Con un Trump que desnorta a los EEUU de su senda de dominio global, con Rusia como poder económico decrépito pero militarmente creciente, y una china que ayer apenas fue vista pero que camina hacia el liderazgo global, ¿fue la ceremonia de ayer un aldabonazo efectivo? No lo se, el tiempo lo dirá. Ojalá que sí, y que los millones de muertos que costó aquella maldita guerra no se vuelvan a repetir jamás. En nuestras manos está.

jueves, noviembre 08, 2018

¿Cuándo es bueno legislar en caliente?


Estaba claro que había que aprovechar la ventana de oportunidad que la sorprendente sentencia del Supremo abría de par en par para que los políticos se colgasen la medalla de salvadores de la ciudadanía. El miércoles por la tarde todos, más o menos claros, eran partidarios de legislar para que el efecto de la sentencia no se extendiera a las nuevas hipotecas, y fue ayer Sánchez, desde el gobierno, cuando anunció que en el Consejo de Ministros de hoy se aprobará u Real Decreto que declare que la entidad financiera es el sujeto pasivo de la hipoteca, por lo que los nuevos titulares de la misma no pagarán el tributo, aunque a partir del lunes verán cómo se encarece el producto hipotecario y, en el fondo, tendrán, tendremos, que pagarlo.

Y a lo largo de la tarde de ayer me surgía una duda, infantil, inocente, de esas que no tienen malicia ni respuesta, relacionada con las polémicas sociales y judiciales. Cada vez que se produce un suceso violento o que genera un amplio rechazo social se reclaman, desde asociaciones de afectados, modificaciones legislativas para que cosas así no vuelvan a pasar o para que, realmente, cuando se reiteren, los causantes de las mismas afronten un castigo más duro. Y la respuesta común de políticos y legisladores es la de que legislar “en caliente” es un error, y que no debemos caer en esa actitud precipitada, simplista y algo demagógica. Respaldo bastante esta argumentación, pero para tratar de ser coherente, la respaldo independientemente de cuál sea el caso al que nos estemos enfrentando. Y compruebo con asombro como ayer se produjo un proceso de legislación no en caliente, sino en plena ebullición, sin que a nadie le haya resultado extraño o precipitado, o al menos que así lo haya manifestado públicamente. Cierto es que la actitud del Supremo en esta historia ha hecho necesaria que se produzca una revisión de la norma por parte del legislador, ¿pero cambiar una ley tributaria por un Real Decreto ofrece todas las garantías posibles? ¿Deja una puerta abierta a que una entidad financiera que se sienta perjudicada por el cambio de norma recurra la misma y pueda tumbarla? Mis conocimientos de derecho son escasos, por lo que las preguntas las lanzo porque no se sus respuestas. La precipitación a la que hemos asistido en este caso, celeridad asombrosa, contrasta notablemente con reformas legislativas requeridas por parte de la población, que se agudizan en casos concretos, y que son dilatadas en el tiempo por los partidos de una manera asombrosa. El caso de la edad penal de los menores y el tratamiento al que deben ser sometidos si cometen crímenes graves es uno de ellos. Pocos son afortunadamente los casos, pero cuando se producen inquietan especialmente, y ante ellos, y la demanda automática que surge entre las víctimas de esos delitos y parte de la sociedad, que se siente solidaria y amenazada junto a los sufridores del caso, la respuesta suele ser casi siempre la misma, la de que legislar en caliente es peligroso y se debe producir un debate entre expertos sobre las consecuencias que tiene un cambio normativo en esa materia. En el caso hipotecario el número de afectados es muy elevado, el clamor social generado enorme, pero también son amplias, complejas y de calado las consecuencias de tocar la norma que rige el mercado de las hipotecas. Si los bancos repercuten el impuesto a los clientes, cosa que hace todo aquel que tiene un tributo y puede pasárselo a otro, los costes de la hipoteca no variarán para el particular, pero se oscurecerán, enmascarados en subidas de tasas y de diferenciales, y al final puede que acabemos pagando aún más que lo que sería el importe tasado de un (anacrónico, injusto y necesitado de revisión) impuesto. ¿Alguien ha pensado en las consecuencias de todo esto? A buen seguro no, pero cargaremos con ellas, sea lo que sea que acabe pasando en ese mercado.

Realmente, ahora que no nos oye ni lee casi nadie (¡¡gracias, querido lector, por estar ahí!!) la pregunta del título de hoy se responde de una manera muy sencilla. Depende del número de votos que se puedan pescar con la reforma. Los cambios de normas de carácter penal tiene partidarios y detractores muy acérrimos y los votos que ganas por un lado los pierdes por el otro, y el saldo de legislar en caliente no está muy claro. En el caso de las hipotecas, todos se apuntaban al carro de la reforma porque era una ganancia de votos segura, sea quien sea el hacedor del cambio normativo, y cuando hay votos que ganar, no hay tiempo que perder, y la prisa todo lo domina. Así de simple y crudo. Hay quien a esto le llamará demagogia o cinismo. Y sí, es eso, que también son términos adecuados para describir lo que es la política del día a día.

Mañana es fiesta en Madrid ciudad, la Almudena, así que no habrá artículo. Hasta el Lunes 12

miércoles, noviembre 07, 2018

El Tribunal Supremo se hipoteca su futuro


El concepto de carga, de losa, de piedra de Sísifo que se esconde bajo la figura jurídica de la hipoteca se puede explicar de la manera más precisa posible estudiando la situación en la que queda el Tribunal Supremo tras la sentencia de ayer. En una enconada votación de 15 a 13, la decisión tomada dejó a todo el mundo asombrado, me atrevo a decir que incluso a la propia banca, que no esperaba una sentencia plenamente favorable para sus intereses. Daba por hecho que de ahora en adelante le tocaría pagar y rezaba (y peleaba) para que no tuviera efectos retroactivos, pero logró librarse de una y otra carga. Y la imagen del Tribunal, sumida en las sombras, ha quedado bastante en entredicho.

La gestión por parte del Tribunal de un asunto tan delicado y fácil de manipular ha sido nefasta, no por la decisión final acordada, sino por el procedimiento por el que se ha llegado a la misma. No puede ser que primero se decida A, luego B, luego se pida suspender el efecto de B y finalmente se opte por A como si aquí no hubiera pasado nada. Así no se hacen las cosas, sean A o B cualquiera de las opciones posibles que ustedes deseen ante cualquier problema. Ahora la indignación popular es palpable, y se va a acabar legislando a favor del cliente y en contra del banco para revertir el efecto de la decisión de ayer, y ningún partido votará en contra, pero el roto que se ha hecho a la institución judicial es enorme, tanto como el prestigio perdido. Es difícil defender tras lo sucedido que no ha habido presiones bancarias encubiertas, y el discurso demagógico y facilón de que los poderosos siempre ganan ha encontrado un filón en lo que ha sucedido estos días, filón que resulta muy difícil de rebatir. Y en medio de todo este ruido, dos asuntos en los que poca gente repara y que tienen la clave de lo que se esconde tras esta polémica. El primero es el de por qué tiene que estar gravado con un impuesto la constitución de una hipoteca. El afán recaudatorio del gobierno no conoce límites, y el mero hecho de firmar un papel con consecuencias legales conlleva pagar, lo que es algo tan arcaico como injusto. Un hipotecado paga un impuesto que un alquilado no, ¿por qué? ¿Somos los hipotecados una especie diferente que tenemos obligaciones superiores al resto? Si se quita el impuesto nadie lo paga, y este debate desaparece. En algunas naciones europeas existe y en otras no, no es algo que sea consustancial al hecho de existir, como es el respirar o mojarse cuando llueve con viento racheado, como sucede hoy en Madrid. El otro detalle es que este impuesto es cobrado por las Comunidades Autónomas, no por el gobierno central, y ellas deciden el importe del mismo, que oscila entre el 0,5% y el 1,5%. Tenemos gobiernos en las CCAA de todos los tipos; socialistas, peperos, coaliciones y hasta independentistas, y todas cobran el impuesto. ¿Ha propuesto alguna de ellas retirarlo o renunciar a él? Por supuesto que no. Esta figura es una de las causas por las que, durante la época d la burbuja, las CCAA también estaban encantadas con el disparo de los precios de los pisos, porque ganaban mucho dinero con ello. Pisos más caros son hipotecas más elevadas y más impuestos asociados a las mismas, y con ello más ingresos, destinados en unos casos a inversión, en otros a gastos superfluos y, visto lo visto, no poco a mordidas y prácticas clientelares de opaca legalidad. Ya ayer por la mañana la actual Ministra de Hacienda cuantificó el impacto para las arcas de las CCAA en cerca de 5.000 millones de euros de producirse una sentencia favorable al cliente con una retroactividad limitada de cuatro años, que era por lo que muchos apostaban, y dejó muy claro que el efecto no se daría en las cuentas nacionales, sino en la de cada una de las regiones, que son las que han cobrado el impuesto, cada una a un tipo que ella ha determinado.

De todo esto no se hablará ni hoy ni mañana ni nunca. Tras la noche de sorpresa y primeras reacciones, hoy vendrán las declaraciones solemnes, los anuncios de reformas legislativas y la idea de que algo habrá que hacer para que la pérfida banca pague lo que debe, cuando hasta hace tres semanas nadie se había fijado en este asunto. Todos los partidos, que son los que recaudan el impuesto, se pondrán de acuerdo para cambiar el sujeto pasivo del mismo, pero no para reducirlo o eliminarlo, e intentarán ponerse medallas ante un problema que, como otros tantos, es fruto de su avaricia recaudatoria. Y al Supremo no le defenderá nadie, y lleno de heridas tras un proceso kafkiano, tendrá que arreglárselas él solito para sanarlas. Sí, todo son hipotecas, algunas en dinero, las más en prestigio e imagen. Las primeras se pagan y saldan, las segundas son mucho más difíciles de pagar y, aun así, a veces no se acaban nunca.

martes, noviembre 06, 2018

Test a Trump en EEUU


Cada dos años, desde hace siglos, el primer martes después del primer lunes de noviembre se celebran elecciones en EEUU, lo que entre otras cosas demuestra hasta qué punto está arraigada la democracia en aquella nación y lo ridículas que suenan nuestras críticas, de recién llegados a este virtuoso sistema, a los que llevan ejerciéndolo desde mucho antes de que nacieran nuestros abuelos. En cada elección se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes, más de cuatrocientos escaños, escogidos en proporción a la población, y un tercio del Senado, que consta de dos miembros por cada uno de los cincuenta estados. Y elección sí elección no, se escoge presiente de los EEUU.

Las elecciones que no escogen presidente, como las de hoy, se conocen como las “mid term” de medio mandato, y suelen ser un test para ver cómo son acogidas por la población las políticas presidenciales. Habitualmente movilizan mucho menos lectorado que en las presidenciales y eso hace que no sean frecuentes movimientos bruscos de voto. ¿Va a ser esto así en esta ocasión? Muchos signos indican que no. La presencia de Trump lo cambia y condiciona todo, y esta es la primera ocasión en la que la parte de la sociedad que se opone a sus políticas, por llamarlas de alguna manera, se puede expresar en las urnas. Sabemos que se ha producido una movilización mucho más alta que en ocasiones anteriores, y hay constancia de ello porque en EEUU es obligatorio el registro previo para poder votar, registro que requiere un acto expreso del votante (aquí por defecto ese registro lo realiza el INE y todos somos votantes potenciales). Se asocia esa mayor inscripción a que colectivos de votantes que en las elecciones de hace dos años se quedaron en casa, y en cierto modo permitieron la victoria de Trump, esta vez no lo van a hacer y se molestarán en ir a su colegio y meter su papeleta. El supuesto de que esto sea así puede ser cierto o no, y eso condiciona todos los análisis previos que se están haciendo desde este lado del Atlántico. El deseo de que pierda Trump es elevado en muchos, también en mi, pero no debemos confundir deseos con realidades, porque ese el camino más rápido al error. Hace dos años ¿cuántos apostaban por la victoria del magnate? Muy pocos, y acabó sucediendo. Los periodistas y politólogos se convirtieron, de repente, en los nuevos economistas, expertos que fracasaban estrepitosamente en sus predicciones de futuro pero que luego eran grandiosos a la hora de encontrar razonamientos que justificasen lo que había sucedido, razonamientos que no fueron capaces de ver antes de la jornada electoral. Las apuestas para el día de hoy señalan como muy probable la victoria demócrata en la Cámara de Representantes y que los republicanos mantendrán el Senado. Que con las polémicas, salvajadas y demás acciones que desarrolla Trump cada día desde su despacho oval su partido no sea claramente derrotado demuestra muchas cosas, pero sobre todo una de ellas, la incapacidad de los demócratas para ejercer una línea de oposición coherente y que arrastre voto. Obama se ha movilizado en estas últimas semanas de campaña, creo que desesperado por lo que ve, pero sobre todo urgido a hacerlo por la ausencia de una figura de referencia en su bando que sea aglutinante y levante el voto. Como sucede también aquí, el mérito del gobernante lo es tanto como lo sea el demérito del oponente, y ahora mismo Trump monopoliza la vida política norteamericana, es la estrella absoluta, y en frente hay ruido, mucho ruido, pero disperso. Si los resultados finales son los anticipados los demócratas podrán bloquear algunas de las iniciativas presidenciales, y podrán tener tiempo para pensar en cómo afrontar la elección presidencial de 2020, y sobre todo, pensar con qué candidato hacerlo. Ahora mismo el liderazgo no existe en sus filas, y eso en muestra de su división y de las corrientes que viven en ellos. Y así difícilmente podrán volver al poder.

Junto a las elecciones legislativas, en este martes electoral se renueva la jefatura de muchos de los estados de la Unión, y en algunos casos también se pueden dar vuelcos, aunque sean cambios que apenas lleguen a nuestros medios. El mundo de los gobernadores de los estados es también una gran cantera de candidatos presidenciales, y puede que de ahí surjan sorpresas que se materialicen a lo largo de 2019. Y claro, también se votan numerosos refrendos locales de todo tipo, en una jornada de votaciones que empezó hace mucho, porque ya son mayoría los estados que permiten el voto anticipado. El resultado de lo que pase hoy es muy importante, y quizás lo conozcamos antes que la decisión hipotecaria del Supremo. Atentos a lo que pase.

lunes, noviembre 05, 2018

Sánchez se vende por un presupuesto


“Mi reino por un caballo” gritaba, por boca y letra de Shakespeare, Ricardo III en los campos de la batalla de Bosworth mientras sus tropas eran derrotadas en la que sería la última batalla de la guerra de las rosas. El rey muere en combate y con él se acaba la dinastía Plantagenet. En su desesperación Ricardo III promete todo lo posible y lo imposible para recabar ayuda, miente a los que le rodean para conseguir apoyos y vende como victoria futura lo que ya es una presente derrota. El texto de la obra os conmovedor, pero no esconde la vileza de lo que allí sucedió ni perdona al personaje real ninguna de sus culpas y males. Su cadáver, encontrado hace pocos años en bajo un aparcamiento en Leicester, devolvió a la actualidad el drama y aquellas historias.

Algo parecido hizo Pedro Sánchez la semana pasada al modificar las conclusiones de la abogacía del estado en las peticiones de delito de los encausados por la intentona golpista catalana del año pasado. Forzando a la abogacía a discrepar de la fiscalía y rebajar la condena, eludiendo el delito de rebelión, quería ofrecer un gesto a los independentistas a cambio de que estos apoyasen el proyecto de presupuestos. Que ese gesto abra la puerta a que la futura sentencia del Supremo al respecto pueda ser recurrida en el caso de condena por rebelión y que la imagen de las euroórdenes españolas dictadas en el extranjero, y rechazadas, hayan sido vapuleadas por el propio ejecutivo poco le importa. Sánchez ofrece un reino que no es suyo a cambio de un caballo presupuestario que bien poco vale, salvo el tiempo comprado en el ejercicio del poder, que es lo que más ansía todo gobernante. La decisión del viernes conllevó dos escenas de lo más ridículas, que dejan la imagen del gobierno a la altura de la nada. En una de ellas Carmen Calvo, vicepresidenta, ante la evidencia de que hace seis meses, seis, Sánchez defendía el delito de rebelión, argumentó que Sánchez, como presidente, nunca ha dicho eso, dejando el concepto de “hechos alternativos” fabricado por las huestes de la actual Casa Blanca asimilado a profundas verdades. Ante un renuncio de tal calibre lo mejor que podía haber hecho Calvo era eludir la pregunta y contestar con otra cosa, pero cometió la imprudencia de pretender engañar a la ciudadanía mucho más allá de lo que resulta posible. Ya se sabe, todos los días nos cuelan mentiras en todas partes, pero nunca tan exageradas que parezcan tomaduras de pelo. El segundo momento bochornoso lo protagonizo la Ministra de Justicia, Dolores Delgado, que debiera reunirse con Cospedal para dimitir ambas a la vez y buscar, de manera secreta, la manera de vengarse de Villarejo. Afirmó Delgado que la decisión de la abogacía del Estado había correspondido en exclusiva a criterios técnico jurídicos, sin presión alguna por parte de instancias políticas. Nadie la creyó cunado lo contaba, y aún así reiteraba el argumento en medio de la soledad. Al día siguiente, una clarificadora editorial de El País, la desmentía de manera definitiva, afirmando que “Los cambios de criterio de la Abogacía del Estado responden a una decisión política, y es en tanto que tal como debe ser juzgada” incidiendo en que esto no era sino un gran gesto que el gobierno mandaba a los independentistas, y que no debía ser considerado insuficiente por ellos. ¿Alguna rectificación de la ministra de justicia? No que conste, aunque quizás ha llamado este fin de semana a Villarejo para pedirle ayuda, o a Cospedal para encontrar consuelo. En efecto, como señala el editorialista, el gesto es grande, y abre una puerta a recursos posteriores a una sentencia del Supremo, el único que puede decir si estamos ante rebelión, sedición o cualquier otra figura jurídica, otorgando a los encausados una baza de primera división.

¿Y cuál ha sido la respuesta de los independentistas ante este comportamiento, inadmisible, del gobierno? El desprecio más absoluto, el ninguneo, la pataleta y, de momento, la negativa a apoyar los presupuestos, lo que pone al gobierno de Sánchez en la picota y a la legislatura en un brete. ¿Qué ha cosechado Sánchez con esta manipulación de la fiscalía? Nada. Baldío derroche de institucionalidad para nada. Tras el acuerdo de Munich, vendido como solución ante el creciente riesgo de guerra con los nazis, Churchill le dijo a Chamberlain: "Se te ofreció poder elegir entre la deshonra y la guerra y elegiste la deshonra, y también tendrás la guerra". Pues algo así es lo cosechado por el gobierno. Creía yo que Iván Redondo, el gran asesor de Sánchez, sabría que iba a pasar esto. La verdad, me lo imaginaba bastante más listo.