jueves, agosto 16, 2018

El derrumbe del puente Morandi en Génova


Quizás sean los puentes la obra de la ingeniería que más fascina. Los túneles parecen también muy difíciles de construir, pero no los vemos en su totalidad y, por definición, las inmensas obras necesarias para construirlos suceden de manera oculta. En los puentes no. Todos hemos visto construir alguno, pequeño o grande, y maravilla la forma en la que los tableros, pilares y demás estructuras son erguidas, venciendo a su propia fuerza de la gravedad, logrando autosostenerse y soportar el peso de los que por ellos pasan. Son logos científicos y, en muchos casos, obras de arte.

Los puentes también se caen. Si no se les dedicara un mimo y mantenimiento continuo, todos lo harían, porque la gravedad no cesa de realizar su trabajo de tiro hacia el suelo. Cuando un puente se cae la catástrofe anda cerca. No son demasiados los casos habidos en estos últimos años, pero es evidente que con el número de puentes crecientes que hay en nuestro mundo, y de unas dimensiones cada vez más asombrosas, el riesgo existe. A media mañana del 14 de agosto, en medio de una fuerte tormenta, se desplomó el puente Morandi en Génova, obra que surcaba parte de la ciudad y que formaba parte de la autopista A10, que enlaza la costa azul francesa con Milán, pasando por la ciudad portuaria. No conocía esa obra, no me sonaba su estructura y forma cuando vi las primeras noticas que anunciaban el desplome, pero su dimensión, enorme, y el más que concurrido tráfico que se supone albergaba hacía temer lo peor. Y ese “lo peor” se cifra ahora mismo en cerca de cuarenta muertos, una ciudad colapsada, un país en shock y un montón de preguntas que se lanzan entre la incredulidad y el desasosiego. ¿Era seguro el puente? Esa es quizás la más importante de todas, y no esperen respuesta alguna por mi parte, porque ni soy ingeniero ni especialista en estos temas. Hay multitud de artículos por ahí que relatan como las estructuras de Morandi, el ingeniero que lo diseñó han sufrido una mala vida y peor destino tanto por los materiales empleados como por el inadecuado diseño de las mismas. ¿Estamos ante un desastre previsible? No me arriesgaré a afirmar algo así sin saberlo con certeza, porque los accidentes de este tipo se parecen bastante a los de la aviación. Normalmente no falla un solo punto de la estructura, sino que se producen una serie de fallos concatenados que acaban haciendo mella en el puente y lo condenan al colapso. El estado de la cimentación, las obras de reforma que se hicieron en el pasado y que se estaban desarrollando en la actualidad, los materiales que se utilizaron en su momento para levantarlo y los que se han ido añadiendo con el tiempo, el diseño de reparto de cargas y el de la estructura en sí.. todo deberá ser analizado por los técnicos en un proceso de carácter muy forense que tendrá que dar respuestas a lo sucedido, y en función de ellas, podremos establecer acusaciones a la empresa concesionaria de la autopista, al gobiernos regional o nacional, a las ingenierías y constructoras implicadas en todas las obras que se hayan desarrollado en el puente en los últimos meses y años. Lanzar acusaciones a la brava sin tener información segura es muy precipitado, y más aún cuando todavía estamos asistiendo a la recuperación de víctimas de la tragedia. Lo peor, en estos momentos de dolor, en la incoherencia y las declaraciones salidas de tono.

Y en este sentido, el comportamiento de Mateo Salvini, el ministro de interior y hombre fuerte de La Liga y el gobierno italiano, ha superado todas las cotas de la infamia. Acusar a las políticas de austeridad de la UE de ser las responsables de este desastre es tan falso como mezquino, tan erróneo como nauseabundo, y es un nuevo ejemplo del maldito populismo que nos rodea por todas partes, que no duda en usar a las víctimas de esta desgracia como munición para alimentar sus discursos falsos y cobardes. Todas las infraestructuras acabarán cayendo si no se mantienen adecuadamente, pero en manos de infames populistas como Salvini, las instituciones lo harán mucho antes gracias a su denodado trabajo de derrumbe y poda. Desgracia tras desgracia.

martes, agosto 14, 2018

Al borde de la tragedia en Vigo


Al borde de la tragedia, al borde del mar, alguna de las vírgenes a las que rezan los marineros, una trainera llena de cármenes se les apareció a los cientos de personas que, disfrutando del último concierto del festival “O Marisquiño” se vieron en unos instantes convertidas en despojos arrojados al agua, al fallar la plataforma en la que se encontraban, una especie de prolongación del muelle del puerto, construido en paralelo al mismo, pegado a él, y con el suelo de madera. El peso ejercido por tanta gente, presumiblemente en movimiento, junto con el estado de la infraestructura, parecen ser las causas de un derrumbe que, milagrosamente, deja cientos de heridos pero ninguna víctima.

Era cuestión de tiempo que alguno de los infinitos festivales que se celebran a lo largo del verano en España fuera noticia por un suceso, y ha tenido que ser en este de Vigo. La proliferación de festivales en los que, cada vez más, las masas convocadas no dejan de crecer, se convierten en lugares perfectos para que se produzcan accidentes por el mero hecho de la concentración humana, que de por sí es un factor de riesgo de primer orden. Este verano hemos visto denuncias referidas al Mad Cool y al concierto que, unos días antes, ofreció Vetusta Morla en el entorno de la Caja Mágica, al sur de Madrid. Todas ellas incidían en la aglomeración, en los problemas para desalojar el espacio, en escenas de tensión y nervios, que afortunadamente se quedaron sólo en eso, pero que mostraban que, ante una situación convencional, la logística del evento no daba de sí. Si en uno de esos conciertos llega a producirse un hecho no deseable, fortuito o intencionado, las consecuencias podrían haber sido nefastas. ¿Piensan en ello los responsables y organizadores de estos eventos? Tengo mis dudas. Los festivales se han convertido en fabulosas máquinas de recaudar dinero, tanto para la organización como para los grupos asistentes, que encuentran en los directos la fuente de dinero que ya no existe en la venta de canciones, y claro, cuanta más gente consigamos reunir mayores serán los ingresos para todos. La tendencia de los festivales a agigantarse es clara, y con ello los riesgos se disparan. Muchos se siguen realizando en recintos similares o cercanos a donde nacieron, y en algunos casos dejan ver que esos lugares ya no dan de sí para poder albergarlos. Otros, como el siempre nombrado Mad Cool, cambian de ubicación en busca, se dice, de mejores condiciones, pero lo que se intenta es aumentar la capacidad de aforo del recinto. Como en el secarral que rodea Madrid sigue habiendo espacio de sobra para lo que uno pueda imaginar, se escoge uno cualquier y se ponen allí escenarios, alcohol y palmeras, naturales o de goma, qué más da, y los accesos y evacuaciones ya se estudiarán una vez que pase el primer día de festival y se vea cómo funcionan. Hace no mucho en Madrid vivimos el desastroso acontecimiento del Madrid Arena, en la noche de todos los santos, que se saldó con la muerte de cinco chicas en un escenario de pesadilla en el que se incumplían todo tipo de normativas, sea cual sea la que pudiera afectar al acto. Todo era ilegal, todo se transgredió, y el resultado, cinco fallecidos, parecía poco una vez que se empezaba a descubrir lo que era aquel acto y cómo estaba organizado (es un decir) ¿Aprendimos algo de lo que pasó allí? ¿Sacamos algunas lecciones de ese desastre? Pocas, visto lo visto.

Ahora, pasado el susto en Vigo, con los heridos recuperándose, y sin tener que lamentar víctima alguna (viendo las crónicas, me reitero, es milagroso que así sea) comienza la batalla política, entre el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria, que se acusan el uno al otro de ser el responsable de la dejación en la que se encontraba esa plataforma, aunque a buen seguro ambas autoridades estarían dispuesta a cobrar el día anterior al suceso por el uso de la misma, quizás repartiéndose los ingresos. El PP local denunció hace pocas semanas el inadecuado estado de aquel lugar para acoger concentraciones y, por una vez, una denuncia política fue premonitoria. Habrá que investigar lo sucedido y quién era el responsable de mantener aquello. Quizás sepamos lo primero, pero dudo mucho que logremos averiguar lo segundo.

Mañana es fiesta, así que nos leemos el jueves. Pásenlo bien y descansen

lunes, agosto 13, 2018

La lira turca hunde el mercado


No fue el viernes un día tranquilo en los mercados, sino uno de esos que recordaba a los agostos fatídicos que algunos pensaban ya olvidados. La lira turca siguió cayendo, como lo hizo en sesiones precedentes, y por fin, las acciones y el resto de mercados respondieron como era de esperar, con caídas, tras unos días en los que ese movimiento apenas había tenido consecuencias en las plazas financieras. Todas fueron afectadas, y nuestro Ibex más, por la exposición de bancos como el BBVA al mercado turco. Su cotización cayó algo más del 5% y tiñó de rojo casi todos los valores en una sesión de viernes que fue de mal en peor.

¿Qué pasa ahora en Turquía? Que una serie de problemas viejos y nuevos se han plantado encima de la mesa y han convertido a la economía, y a ese país, en un quebradero de cabeza. La deuda e inflación turca ya eran problemas conocidos, pero se sustentaban en crecimientos de PIB vigorosos, que han flaqueado en estos últimos años. El drenaje de divisas fruto de la desbandada de turistas, por los atentados y el golpe de hace un par de veranos, supusieron un dolor muy serio para las finanzas turcas, y la inestabilidad política de estos últimos tiempos no le ha sentado bien al país. Con Erdogan convertido en sultán autoritario la seguridad jurídica de la nación se ha derrumbado y la imagen de que el nepotismo presidencial lo ocupa todo ha generado muchos recelos entre los inversores. El reciente nombramiento del propio yerno de Erdogan como ministro de economía ha sido una clara señal a los mercados de que la nación está en manos de su familia y que la seriedad se ha esfumado. A todo esto debemos añadir cuestiones geopolíticas. Las tensiones entre Turquía y occidente no han hecho nada más que crecer a medida que ha avanzado la guerra siria y que, de facto, se ha organizado una alianza entre Ankara y Moscú para combatir a kurdos (financiados por EEUU) y sunitas. Las acusaciones cruzadas entre Ankara y Washington han subido mucho de tono en los últimos tiempos y existen clérigos cruzados, retenidos en ambos países, que son exhibidos como piezas de canje en una negociación en la que Trump y Erdogan actúan como dos machos encabritados, indiferentes ante los destrozos que puede originar su pelea en las economías de ambos países, especialmente en al turca, que es la más débil. La explosión de la lira del viernes, que continúa ahora mismo, ha sido la más aparatosa de las consecuencias de estos enfrentamientos, y la que ha logrado poner sobre el tapete las debilidades de la economía turca y sus riesgos. En aquel país los tipos de interés viven en el 17%, y aun así se descapitaliza. Compárelos con la nula rentabilidad de nuestro sistema de depósitos y la atonía en la que vive la zona euro y se dará cuenta de que vivir en un paraíso es algo que sólo se percibe cuando se sale y pisa el infierno. Los llamamientos del viernes de un patético Erdogan para que la gente de su país convirtiera euros, dólares u oro en liras turcas eran la viva imagen de la impotencia. Un dictador derrotado por su propia moneda, no me digan que, aunque es sangrante, no tiene su gracia.

En el plano local, la banca europea, y especialmente el BBVA, es la directamente afectada por todo esto. El banco de Francisco González obtiene cerca de un 15% de su beneficio del mercado turco, y este derrumbe de la lira puede hacer que esas ganancias se evaporen en una gran parte. La apuesta turca, a través del banco Garanti, es una inversión estratégica para la entidad, y de largo recorrido, que lleva tiempo dando frutos. En medio de este marasmo es difícil saber qué va a hacer el banco para controlar daños, más allá de elevar previsiones, lanzar avisos de bajadas de beneficios (profit warnings) y esperar a que la tormenta amaine. Y de mientras, el dólar se encarece, el euro cae a 1,13 y los aranceles de Trump crecen a medida que el resto de monedas se debilitan, y se hacen más competitivas, contra la norteamericana. Menudo lío.

viernes, agosto 10, 2018

Sigue la cruel guerra de Yemen


Esta vez ha sido un autobús en el que viajaban muchos niños la víctima de los bombardeos que los aliados del régimen han alcanzado en su última ofensiva. El balance de víctimas es provisional, pero se habla de cerca de las cincuenta, la mitad de ellas niños, aunque ya se sabe que en las guerras hay que desconfiar de lo que cuentan las fuentes de parte. Las pocas imágenes que nos han llegado relatan angustia, dolor y muerte, en un escenario polvoriento y desolado, roído por los bombardeos de una guerra que se arrastra desde hace años y que ha dejado el país reducido en gran parte a escombros y a su economía completamente devastada.

¿De qué nación estoy hablando? Casi todos pensaríamos en Siria, dado que el relato anterior cuadra con lo que hemos vito estos últimos años. Y sí, podría ser Siria, pero no, es Yemen. Y al nombrar Yemen seguramente muchos preguntarán qué es eso, y luego quizás dónde está, y por último, si pasa algo allí, en ese lugar ignoto y perdido. Yemen está en la península arábiga, en su extremo sur, es un país montañoso que está rodeado de ricos vecinos como Omán y Arabia Saudí. Por desgracia para los yemeníes, bajo sus montañas y el trozo de desierto arábigo que les ha tocado sólo se esconde más piedra y arena, ni rastro de petróleo, y por ello el país siempre ha sido pobre, y ha contado con regímenes autoritarios que en nada han ayudado a su desarrollo. Profundamente dividido entre chiíes y suníes, hace unos tres años se produjo una revuelta de una de las etnias locales, los hutíes, en contra del gobierno de Saná, la capital. Los hutíes chiíes fueron apoyados desde el principio por Irán, y el poderoso vecino saudí contempló con estupor como era posible que una revuelta de sus odiados chiíes se pudiera estar dando en el patio trasero de su nación, y sin pensárselo dos veces, empezó a actuar militarmente en apoyo del gobierno que hasta entonces regía en el país. De una manera no prevista, el alzamiento hutí se convirtió en toda una guerra civil y en una guerra “proxy” entre Irán y Arabia Saudí, como las que libraban en sus tiempos EEUU y la URSS en Afganistán o en muchos de los conflictos africanos y centroamericanos. Las pocas noticias que llegan desde Yemen son siempre horrendas, y es en parte esa misma opacidad, síntoma de indiferencia, lo que está permitiendo a los contendientes elevar el grado de crueldad de su enfrentamiento y abocar a la población civil yemení a aun situación de crisis realmente aterradora. Varios han sido los brotes de cólera que se han desatado en el país en estos años y, se cree, han causado más víctimas que la propia guerra. En lo que hace al conflicto bélico la situación es de un angustioso empate en el que ninguna de las partes ha llegado a imponerse a la otra. Pese a la implicación saudí, los hutíes resisten y desde hace un tiempo el gobierno de Saná no es sino una farsa en una nación que se ha convertido en el caos, con zonas controladas por ambas partes y sin que esté nada claro cuál va a ser el final de este conflicto. El aumento del poder en Riad del príncipe MBS se ha traducido en mayores bombardeos por parte de los saudíes en Yemen, con el objeto de dar por liquidado un conflicto que se prolonga en el tiempo mucho más de lo que nadie hubiera esperado, pero el sobreesfuerzo saudí no está logrando resultados prácticos. Incluso se han producido respuestas hutíes en forma de lanzamientos de misiles sobre Riad, que hace unos meses obligaron a cerrar el aeropuerto internacional por unas horas, en lo que fue un episodio bochornoso para la potencia saudí.

En esta guerra, cruel hasta el extremo, se juntan todas las maldades posibles, y en lo que nos toca a nosotros se junta la indiferencia ante lo que sucede en un lugar remoto, del que apenas tenemos referencias visuales o emocionales, junto con el deseo de mirar hacia otra parte cuando es Arabia saudí, el controlador del precio del crudo, quien soporta a una de las partes. Los saudíes representan una visión medieval, dictatorial y oscurantista del islam y los derechos humanos son para ellos algo que se puede pisotear cuando se desee. No nos enfrentamos a Riad porque nuestros surtidores, en el fondo, dependen de ellos, y lo sabemos. Los iraníes no son mucho mejores. Y en medio de este desastre, los yemeníes y su patrimonio mueren. Y a (casi) nadie le importa.

jueves, agosto 09, 2018

Sánches, presidentes y primeros ministros


Han sido varios los titulares de prensa que, en las últimas semanas, han hecho alusión a Pedro Sánchez criticándole por ser un presidente del gobierno no votado, y por ello quitando legitimidad a su mandato. Lo cierto es que a Sánchez se le puede criticar por muchas cosas, y más veremos aún con el paso del tiempo, pero no precisamente por su forma de elección ni por la legitimidad de la misma, que es plena. Sánchez es un presidente del gobierno tan legítimo como todos los que han ocupado ese cargo durante de la democracia española, dado que ninguno de ellos ha sido elegido por voto popular. En el fondo, ninguno son presidentes, sino primeros ministros.

Asociamos la figura del presidente al cargo con más poder, y al resultado de una elección directa de voto popular, como sucede en nuestro entorno en Francia o, por ejemplo, en casi todas las naciones de América, pero el caso de España es distinto. De hecho en España no hay una sola institución o cargo cuya figura dirigente sea escogida por voto popular directo. Cuando votamos en las elecciones del tipo que sea, lo hacemos a una lista de nombres dada restringida a una circunscripción, sea la provincia, el ayuntamiento o, como el caso de las europeas, todo el país. Esa lista tiene una serie de nombres que ocupan los escaños del parlamento que se trate en orden del primero al último hasta agotar los escaños que la formación que imprime la lista obtiene en la circunscripción (sí, el senado es un poco distinto, pero para lo que lo utilizamos podemos obviarlo). Por ello, todos los miembros seleccionados en esa lista han recibido el mismo número de votos en esa circunscripción, y sólo en esa. En las elecciones generales, la tradición dicta que los candidatos a presidente se presentan por Madrid, por lo que sólo los empadronados en esta provincia pueden votarles. Toda la familia pontevedresa de Rajoy jamás pudo votar la lista que encabezaba su familiar. Esos votos asignan escaños y esos escaños se agrupan en formaciones políticas, que han recibido X votos, miles o millones, en el conjunto del país, pero el voto ha sido a la marca política, no a la persona. La elección del presidente del gobierno se realiza en el Congreso por parte de los 350 diputados, y para ser escogido por ellos, que son los que han sido votados, se requiere ser español y mayor de edad. Nada más. Si usted, querido lector, convence a 176 diputados para que le voten, se convertirá automáticamente en lo que mal llamamos presidente del gobierno. Curioso, pero así es. Este sistema es el mismo que impera en, por ejemplo, Reino Unido, Italia o Alemania, donde ha sido habitual, especialmente en los dos primeros países, la elección de primeros ministros que no se habían presentado anteriormente a elecciones o que no eran cabeza de cartel de su formación. En Reino Unido, por ejemplo, tras la dimisión de Cameron por su maldito referéndum del brexit, los conservadores escogieron a Theresa May como primera ministra. May era una parlamentaria de los Comunes, y llegó a Ministra, pero nada más que eso. No encabezó contienda electoral alguna. Al año, convocó elecciones para, ya como cabeza de cartel, reforzar su posición, y todos sabemos lo mal que le salió el negocio, perdiendo la mayoría absoluta que le dejó el desastre de Cameron. ¿Era May una primera ministra carente de legitimidad? Lo fueron Letta, Monti, Gentiloni y otros tantos que se han sucedido en Italia en estos años? No. Tampoco es ilegítimo Sánchez.

Fijémonos que ni siquiera para la elección de alcalde votamos nominativamente al candidato. Escogemos listas que, en este caso, sí pueden ser votadas por todo el censo afectado por la decisión, el municipio, pero luego el alcalde saldrá elegido en la votación que hagan los concejales, no siendo por tanto un alcalde presidente. En Francia, presidencialistas hasta el extremo, se realiza una segunda vuelta entre los candidatos más votados, y en ese caso el escogido sí lo es en cada municipio por voto popular. Cada vez que hay mociones de censura y cambios de alcaldes en los ayuntamientos españoles se produce un “efecto Sánchez” por así llamarlo, y los hay de todos los signos políticos. ¿Es ilegítimo? No. Critiquemos a los cargos por sus actos y decisiones, pero no por cómo han llegado al poder que, en nuestro país, es por vías legales y por todos acordadas.

miércoles, agosto 08, 2018

Incendios sin culpables


El suave, liviano, desacostumbrado inicio de verano de este año nos había proporcionado una tregua en el tema de los incendios. Un julio de calor moderado y la humedad derivada de las intensas lluvias de primavera y de las tormentas imparables en el este habían dejado el terreno húmedo y difícil para los malvados que prenden los montes, pero todo llega, también la sequedad, y agosto nos ha saludado con una ola de calor, que ya remite, que ha disparado los termómetros y calentado el terreno para que, por accidente, descuido o terrorismo ambiental, el fuego pueda hacerse con todo. España y Portugal, junto con la siempre doliente california, vuelven a ser escenarios de graves incendios.

No quiero esta vez extenderme en la descripción del mal absoluto que es el incendio, la peor de las catástrofes naturales, sino la profunda indiferencia que sigue existiendo en nuestras sociedades sobre este tema y, derivada de ella, la impunidad de los pirómanos. Hace unas semanas era en Grecia donde, presuntamente provocados, unos incendios arrasaban una zona turística y causaban la muerte de más de noventa personas, el año pasado en Portugal fueron cerca de sesenta las víctimas de los incendios, y en california ya van ocho o nueve en el voraz incendio que, como todo lo norteamericano, posee unas dimensiones inimaginables. Y ni por esas. Ni acudiendo al balance de víctimas logramos que la sociedad se percate de lo grave que es un incendio. Pensemos ahora mismo en los vecinos valencianos que viven el incendio de Llutxent, que sigue descontrolado. El perjuicio económico y el trastorno, la pura angustia, de vivir el desalojo de su pueblo al verse cercados por las llamas, de convertirse en refugiados en su comarca. Cuando el fuego se extinga, que todo al final se acaba, volverán a un entorno destruido, desvalorizado, arrasado, en el que tardarán años en volver a ver riqueza vegetal y belleza en el paisaje. Parece que este incendio ha sido provocado por un rayo, pero los que la semana pasada se sucedieron en Huelva han sido provocados. ¿Cuántos han sido detenidos por ello? Quizás recuerden los pavorosos incendios gallegos del año pasado, que arrasaron comarcas enteras y estuvieron a punto de rodear la ciudad de Vigo. La inmensa mayoría de los mismos fue provocada. Se vivieron días horribles en la zona, con escenas propias de una guerra, y con un impacto posterior digno, sí, de una conflagración bélica. Las acusaciones de provocación y de intereses tras los fuegos fueron múltiples ¿A cuántos se detuvo y procesó por aquello? Creo recordar que sí se capturó a una anciana que, hojas de periódico en mano, iba prendiendo fuego a los montes de su pueblo, pero es evidente que un desastre como aquel no lo provocó sola aquella señora, por muy punible que sea su actitud. ¿Hay noticias al respecto? ¿Se sabe algo sobre las investigaciones que, “sin falta y lo más rigurosas posibles” se iban a poner en marcha por parte de todas las administraciones para detener a los culpables del desastre? Sospecho que la ausencia de noticias revela la ausencia de resultados, y no se qué es peor, el vacío de respuestas o la indiferencia social ante ello. En el momento del fuego todos nos alarmamos pero, tras él, nos da igual lo que pase en el monte, si ha ardido o no, si el desastre es total o parcial. Vivimos de espaldas a la naturaleza, que usamos como vía de promoción de artículos y objeto de postureo, pero nos da igual si nuestro entorno, en el que vivimos, se destruye por un fuego que se pudo evitar. No será así en todos los casos, pero es lo que percibo.

El martes comprobé como, al igual que todos los años por estas fechas, ha vuelto a arder el trozo de la cuña verde de O’donell que está junto a mi casa, el último tramo de dicha cuña, que es el más cercano a la M30 y la M23, y es el que falta por adecentar para convertirlo en un parque disfrutable, como ya lo es el resto de la cuña hasta la M40. Es una zona irregular, donde crecen los matojos cuando llueve, con árboles dispersos y una hondonada en la que viven unos chabolistas que acumulan desperdicios y enseres. Todos los años en primavera esa zona muestra una cara amable y verde, y al llegar el verano alguien le prende fuego y la convierte en un chamuscado erial. Así siempre, sin que nadie haga nada ni para adecentar el terreno ni, desde luego, impedir el fuego o buscar a quien lo ha provocado.

martes, agosto 07, 2018

El master persigue a Casado


Raudo, y más para ser seis de agosto, convocó Pablo Casado una rueda de prensa, en la que hubo una audiencia periodística muy alta, para nada la de un soñado agosto, para explicarse y opinar sobre la decisión judicial que le complica su carrera política. La jueza que instruye el caso del máster cree que hay delitos que Casado puede haber cometido, pero como es aforado, se inhibe ante el Supremo. Ella seguirá llevado la causa de los compañeros de clase, sujetos a las mismas sospechas, pero será el Supremo el que investigue a Casado. Es un tema secundario, sí, pero en este caso el aforamiento vuelve a dar ventaja al cargo público frente al ciudadano de a pie. Esto habría que revisarlo profundamente.

El meollo del asunto es que, quiera reconocerlo o no, Casado tiene un serio problema con ese máster, y no sólo derivado de su actitud en aquel momento de estudio, cosa que serán los jueces los que tendrán que investigar, sino por todo lo relacionado con el organismo de la Universidad Rey Juan Carlos que detentaba el profesor Álvarez Conde. Visto desde fuera, ese instituto público adscrito a la universidad tenía todo el aspecto de ser un chiringuito destinado a expedir títulos a quienes debían tenerlos por una u otra causa, pago mediante. Son varias las causas abiertas al respecto, en las que no sólo está implicado Casado, ni mucho menos, pero que le acabarían afectando desde el momento en el que se ha convertido en una figura de gran exposición mediática. La imagen de regeneración que quiere vender el PP casa mal con un tema tan turbio, menor si se quiere en comparación a otros casos corruptos que todos tenemos en la cabeza, pero que indica unas prácticas, una forma de hacer las cosas, que nos lleva nuevamente al mundo de lo oscuro, lo podrido, lo otorgado por lo que soy y el cargo que ocupo, no por mi mérito. Casado y su equipo van a intentar, como todos los políticos, jugar a la baza del victimismo, la persecución, la cacería, que a veces funciona y a veces no, pero que siempre es enarbolado por aquel que ha sido pillado en falso. Si logra convencer a sus votantes para que no tenga efecto el caso logrará el control de daños que aspira alcanzar, pero con sus votantes en exclusiva sabe Casado que no puede volver a ganar elecciones. Sólo un sobreseimiento por parte del Supremo de este asunto le dejaría limpio de polvo y paja ante los suyos y los demás, y con las puertas abiertas para poder disputar el voto del espectro no socialista. Pero de mientras el caso esté en trámite podemos desayunarnos cada día con novedades al respecto, algunas ciertas, otras no, que pongan su figura y la del PP en entredicho. Esa debilidad ofrece una ventana de oportunidad aún mayor al PSOE para caer en la tentación de adelantar las elecciones. Imaginemos que, en un escenario negativo para Casado, el Supremo le imputa y le llama a declarar. Su imagen pública quedaría tocada, más allá de lo que puedan amortiguar las estrategias de comunicación del partido, y en ese caso una convocatoria electoral pillaría al PP en un estado cercano a la interinidad, con el líder debilitado y la formación dudosa sobre qué hacer. Sánchez ha dicho que no quiere adelantar las elecciones, pero esa es otra de las mentiras que todo político, y más siendo presidente, debe decir para no perder el privilegio y oportunidad de ser el que las convoque. Y más allá de especulaciones, parece seguro un adelanto electoral en Andalucía para octubre o enero, según lo que uno lea. El caso del máster no va a ser breve, me temo, y se puede convertir en un serio dolor de cabeza para el PP.

Una reflexión final sobre el valor de los estudios. Casado ha demostrado en las primarias tener más olfato (y colmillo) político que Soraya, pese a que las carreras académicas de ambos son opuestas. Vemos las dudas en torno a la de él, mientras que ella es licenciada y titular de una durísima oposición a abogacía del estado, en la que demostró su valía intelectual y memorística. ¿Quién tiene ahora mismo mejor carrera política? La respuesta ahora mismo parece obvia, aunque está por ver qué sucederá en unos meses, dada la afición de la política española a darnos sorpresas. En todo caso, padres, menuda papeleta tenéis para convencer a los hijos de que estudiar les dará un futuro más próspero, porque como se pongan a comparar entre uno y otra…