viernes, junio 27, 2014

El centenario de la I Guerra Mundial


El año 1914 es uno de esos en la historia en los que es más increíble la diferencia que existe entre sus inicios y su final, sino es el que más contraste presenta entre ambos puntos. Visto con perspectiva, asombra la felicidad, optimismo, orgullo desenfrenado con que empieza en medio mundo, regido todo él desde Europa, con un grado de confianza inusitado entre las clases dirigentes y el común de la población. Un estado de ánimo que, para que se hagan a la idea, era similar al que vivíamos en España antes del estallido de la burbuja, a mediados de la década de los ceros, cuando todo era posible, y nos creíamos felices y ricos para siempre.

Transcurridos algo más de año y medio desde el hundimiento del Titanic, su recuerdo permanece entre los familiares de las víctimas, pero poco más. Los viajes trasatlánticos siguen a un ritmo endiablado y los vapores cruzan todos los mares del mundo moviendo mercancías y personas como nunca antes lo habían hecho. Pequeños modelos de avión empiezan a surcar los cielos y, aunque todavía son vistos con incredulidad, anuncian un tiempo en el que ya no sólo los pájaros podrán levantarse en el aire, también los humanos volarán. En las ciudades empiezan a aparecer vehículos movidos a motor, ruidosos y con tendencia a estropearse, pero que no comen alfalfa ni cagan como los caballos, y que pueden correr más y cargar con muchos más bultos y personas. Los atascos, un nuevo invento de este tiempo, empiezan a darse en cruces concurridos en los que hasta entonces era un entretenimiento ver pasar a las damas en sus calesas o a los señores bien acompañados. Calles que, desde hace algo más de una década se iluminan con farolas eléctricas, alimentadas por algo que va en unos cables, que es limpio, no como las antiguas farolas de gas, y que proporciona luz intensa y constante. Ese extraño fluido eléctrico empieza a colarse en las casas de manera masiva, tras algunos experimentos de principios de siglo, proporcionando también en ellas luz que, por primera vez, rompe la noche de una manera definitiva. En medio de tanta luz surge el sol de un científico llamado Albert Einstein, que nueve años antes ha publicado algo llamado “teoría de la relatividad espacial” y que, según se comenta, está trabajando en una ampliación de esa teoría (general la denomina) que amenaza con poner patas arriba los pies de una física que año tras año, encumbrada a los hombros de genios como Ernest Rutherford, empieza a desentrañar la forma en que se compone la materia y encuentra partículas llamadas “subatómicas” que presentan comportamientos extraños y posibilidades infinitas. La globalización, que entonces no se llama así, es mucho más intensa que en nuestros días, la proporción de viajeros que se mueven y residen en otras partes del mundo alcanza cifras nunca vistas y la sensación de domino que el hombre tiende de la naturaleza y su destino es total. En las cancillerías europeas, dominadas la mayor parte de ellas por monarquías antiguas y emparentadas en un grado u otro, también crece esa sensación de dominio. Desde hace años se encuentran todas embarcadas en un proceso de modernización y ampliación de sus efectivos militares por si llega un enfrentamiento que, en el fondo, muchos desean, dado que esa sensación de optimismo y superioridad que se vive en la calle también se da en cada uno de los palacetes desde donde se gobierna una parte del mundo, parte que siempre aspira a ser ampliada por unos y por otros. Tensiones en las colonias de África y Asia y nacionalismos emergentes en la propia Europa empiezan a generar tensiones que pueden ser peligrosas en un futuro pero que, de momento, a nadie alarman.

Relata Stephan Zweig en sus memorias “El mundo de ayer” (léanlas, son maravillosas) cómo el verano de 1914 empieza con un calor intenso y una huida de las clases pudientes a los balnearios para buscar el refresco, en un ambiente generalizado de fiesta y desenfreno. Cuenta como a esos lugares de ocio llega la noticia de que en Sarajevo, un 28 de Junio por la mañana, un nacionalista serbio ha asesinado al archiduque Francisco Fernando de Austria, y que rumores de guerra se extienden entre los palacios y salones de Europa. Casi todos los testigos acogen la posibilidad de guerra con entusiasmo, como una diversión más de cara a un largo verano. Un enfrentamiento corto, rápido y sin muchos daños, que ofrezca emociones y algunas escenas heroicas. Sí, si hay guerra en 1914 será breve y limpia, piensan casi todos….

Subo a Elorrio el fin de semana y me cojo el Lunes festivo. Pásenlo bien y disfruten del sol.

jueves, junio 26, 2014

La bici y Madrid. Amor y odio


Ayer, tras ser avisado por parte de la tienda que ya tenía mi bici reparada (cambio de cámaras por unas antipinchazos y nueva cubierta trasera) me fui de casa en bus hasta el taller pertrechado para, una vez cogida y pagada la reparación, lanzarme a uno de los deportes de riesgo más emocionantes y peligrosos que existen, casi comparable al salto base o al descenso de cañones en época de tormenta y crecidas. Me refiero, obviamente, a meterse con una bici entre el tráfico urbano de Madrid, de vuelta para casa. Una sensación única, irrepetible, y que demanda piernas pero, sobre todo, doce ojos, seis oídos y grados de atención más allá del alcance del cerebro humano.

Justo en esta semana se ha puesto en marcha el programa público de alquiler de bicicletas, impulsado por el Ayuntamiento para engancharse a la moda de la bici que surge en todas las ciudades y como una nueva vía de recaudación. Tras un inicio titubeante, en el que el sistema informático se cayó, habrá que esperar algunas semanas para ver cómo funciona en una esta ciudad la nueva oferta de movilidad. Lo cierto es que espero los datos con bastante curiosidad, porque los años que llevo viviendo aquí me han demostrado que Madrid es una ciudad especialmente hostil a todo lo que no sea coche. Motos, bicis, peatones, todos vivimos en un entorno no sólo diseñado exclusivamente para los coches, que también, sino en un entorno social en el que el uso de la bici, más allá de lo deportivo de fin de semana, sigue viéndose como algo excéntrico, propio de un postureo modernista y, en la mayor parte de los casos, objeto de mofa y ridículo. A ello se debe sumar que esta ciudad, inmensa, no es llana, ni mucho menos. Aunque esté en la meseta y eso pueda hacernos pensar que es plana, hay cuestas por todas partes, algunas tendidas pero constantes y muy largas como, sin ir más lejos, toda la castellana, y otras cortas y duras, como las que llevan desde Lavapies o puerta de Toledo al centro, por ejemplo. Frente a un Berlín o Amsterdam, en los que parece que el terreno se niveló de manera artificial para hacerlas llanas, y con una simple pedalada uno puede llegar casi hasta el final de la urbe, Madrid exige al ciclista esfuerzo físico y sacrificio en la cuesta. Esa es la razón esgrimida para justificar que todas las bicis del programa de alquiler sean eléctricas, ofreciendo así una ayuda en las cuestas. Pero salvadas las dificultades orográficas, que no son pocas, dos son los principales obstáculos para extender el uso de la bici en la ciudad. Uno, solucionable a corto plazo, es el de la creación de infraestructuras de uso, carriles acondicionados y rutas por las que poder utilizar la bici de manera segura. Más allá del anillo ciclista, que circunvala la ciudad, y que está bien para hacer deporte pero no para ir de un lado a otro, el Ayuntamiento ha construido algunos carriles por el centro que sirven más para el lucimiento turístico que para el uso del pedal. Hay que empezar a reservar espacios, delimitarlos y controlarlos, para otorgar a la bici un entorno en el que pueda servir y ser segura. Sino, en la selva del tráfico, soltada en medio de la marabunta, perecerá. El otro problema, el de fondo y de solución más lenta y compleja, es el del hábito social, al que antes me he referido un poco de pasada. La bici no es un obstáculo, un petardo que ocupa mi carril, un estorbo que me impide avanzar, sino otra persona en otro vehículo, distinto al coche, que va camino a su destino como yo. Cambiar esta idea y lograr que las calles y sus carriles sean de quienes transitan por ellas, independientemente del vehículo en el que lo hagan, va a ser lo más difícil de todo, y requerirá mucha educación, concienciación, vigilancia de las autoridades y, sospecho, sanciones, para que finalmente la convivencia se imponga y se haga natural.

¿Qué acabará pasando? No lo se, pero quiero ser optimista. El hecho mismo de que este debate ahora mismo esté en la calle es un avance, porque hace unos años hubiera sido, directamente, impensable. La crisis ha contribuido mucho a que la gente vea también la bici como una forma de ahorro económico, pero creo que es un vehículo que, más allá de la coyuntura, tiene un enorme futuro como alternativa de movilidad urbana. El caso de Sevilla es una muestra del éxito que ha tenido una iniciativa ciclista por la que casi nadie apostaba y muchos veían como exótica, y hoy en día es una realidad consolidada. Así que manos a la obra, a los pedales mejor dicho, y a ver si empezamos a civilizar las calles de esta querida, pero agreste, ciudad.

miércoles, junio 25, 2014

Música para todos los gustos


Ayer tuve la oportunidad de darme otra velada musical de esas que merecen ser recordadas. Acudí al Auditorio Nacional al concierto extraordinario de Ibermúsica, en el que jóvenes intérpretes ya consagrados mostraban su talento, casi carente de límites. Andrés Salado al frente de la orquesta Opus23 interpretó obras de Ginastera y Gershwin en la segunda parte, mientras que en la primera, para el lucimiento de los solistas, se acompañaba de Manuel Blanco a la trompeta en una pieza de Haydn, Judith Jaúregui al pino con Chopin y Leticia Moreno al violín interpretando a Ravel. Un programa de lo más variado y atractivo.

No me gusta hacer apuestas porque casi siempre pierdo, pero estaría casi seguro que a ninguno de los que lean hoy mi blog (gracias, siempre gracias por hacerlo) les sonará ninguno de los intérpretes que he mencionado anteriormente. Una pena. La música clásica sigue existiendo en nuestros días con un montón de prejuicios adosados a su espalda que impiden que el gran público le preste atención. Aburrida, sosa, cosa de mayores y carcas, soporífera… la clásica se ve por muchos como ese aburrido desván lleno de polvo en el que habitan señores mayores con pelucas y que tocan notas lentas, sosas y carentes de emoción. Nada más lejos de la realidad. La música clásica es, sobre todo, y ante todo, música, en mi opinión la mejor jamás compuesta, pero es un mundo sonoro inmenso en el que hay piezas maravillosas, obras desconocidas, trabajos rutinarios y composiciones del montón, como en todas las ramas. Es curioso ver que en un mundo como el actual, en el que la tecnología ha matado al soporte físico de la música, en el que miles y miles de horas de composición se acumulan en dispositivos cada vez más pequeños, y en el que el poder de los medios de comunicación para crear estrellas se ha visto muy reducido, con la clara agonía del imperio de “los cuarenta” y la radiofórmula, sólo a la música clásica se le trata con mirada despectiva. Los géneros musicales modernos se han diversificado de una manera extraordinaria, los rockeros empiezan a ocupar más páginas en los libros de historia que en los folletos de los conciertos, y el nombre de las distintas tendencias de rock, rythm & blues, soul, funky, tecno, indie, latino, etc, se disgregan en infinitas familias cada vez más especializadas y escuchadas por un público menor. Nunca se ha escuchado más música que ahora, con estilos tan diversos y, probablemente, de calidad tan discutible. Pero eso es lo de menos. Lo importante es que cuando uno escucha un tema que le gusta se lo pasa bien, le emociona, le transmite, como ustedes quieran decirlo. La música, que es el más abstracto de los artes, logra que el oyente alcance un nivel de sensaciones como ninguna otra forma de expresión consigue, sin que se sepa muy bien cómo se produce ese milagro. Una congregación de apasionados de flamenco delante de un cantaor, o un grupo de heavies enfervorizados con las melenas al viento frente a su banda favorita no se distinguen demasiado de los incondicionales que ayer llenábamos el auditorio, porque ambos estábamos haciendo lo mismo: disfrutar de la música que nos gusta y viendo interpretar a quienes consideramos que son maestros en lo suyo. Ambos disfrutamos, nos lo pasamos en grande y vivimos la experiencia del concierto como algo único y especial. La principal diferencia viene al día siguiente, cuando en la oficina o en cualquier otro entorno cuentas que has ido a tal o cual concierto. Las caras de los que te rodean, normalmente, suelen divergir bastante entre un caso y otro, y casi seguro que la mayoría se decantaría por una sonrisa cómplice en caso de oír tus experiencias heavies (muchos pensarán en las chicas del concierto, pero no es este el caso que nos ocupa) y cuando empieces a hablar de música clásica no pasarán muchos segundos hasta que alguien ponga cara de aburrimiento… ¿Por qué?

Dentro de unas horas, a tres manzanas de donde les escribo estas líneas, estarán en concierto los Rolling Stones, un grupo de setentaañeros que siguen rodando por ahí, quizás para poder pagarse sus caros vicios, pero que tienen un montón de grandes canciones y miles de seguidores en todo el mundo. Los críos de hoy en día empiezan a no saber quiénes son los Rolling, o los Beatles, y casi seguro que dentro de un par de centurias esos grupos sean parte de lo que entonces se denomine la “música clásica del siglo XX”. El concierto de hoy será un presumible éxito, con todo vendido desde hace muchísimo tiempo y la garantía de un público enfervorizado que acude a ver a sus ídolos ya  disfrutar de….. la música.

martes, junio 24, 2014

El reconocimiento a un maestro (para DCM)


La semana pasada se acabó el curso escolar para los críos. Estos disfrutan ahora de las largas vacaciones de verano y los padres hacen malabares para tratar de compatibilizar el trabajo, que no cesa, con las obligaciones de unos niños que nunca se cansan. Por su parte, los maestros, que se les supone ociosos, preparan en los colegios el curso que viene y, en no pocos casos, reciben la noticia de que no se cuenta con ellos para septiembre. Para muchos su verano no es sinónimo de vacación, sino de desempleo. Días de contraste entre la alegría de las calles y las aulas, algunas esperanzadas, otras angustiadas.

Este Sábado, cenando en casa de mis amigos DCM y su mujer MCD pude ver el libro de dedicatoria que los alumnos de DCM le han dedicado, ahora que ellos suben de ciclo formativo y él se queda en la sección de primaria en la que les ha dado clase. Mi amigo y yo, aunque con una ligera diferencia de edad (con ventaja juvenil para él) somos de una generación en la que no se hacían cosas de esas y la expresión de las gracias se daba al final del curso en una sonrisa o abrazo, pero sin recuerdos materiales de por medio, o al menos esa es la sensación que tengo yo. Ahora las cosas se han complicado mucho, y parece que este tipo de regalos se dan con cierta asiduidad, en algunos casos de manera rutinaria, en otros, sentida. El libro constaba de una hoja para cada alumno en la que, en el anverso, escribía unas palabras de agradecimiento al profesor y un dibujo que les reflejase a ambos, maestro y alumno, mientras que en el reverso llevaba pegada una foto a buen tamaño del crío en la actitud y pose que hubiera preferido. Como es lógico había hojas más esmeradas que otras, más o menos originales, detallistas y dejadas, pulcras y revueltas, pero a medida que las iba pasando y leyendo con cuidado me daba cuenta de que, en general, todos los alumnos de mi amigo lamentaban sinceramente su marcha. Incluso los que se veían más retraídos, o que en estos años habían tenido más problemas de relación con él, porque de todo hay como es natural, dejaban un recuerdo cariñoso. Y en bastantes casos las palabras y dibujos mostraban tanto cariño como pena. Para casi todos ellos mi amigo ha sido el primer profesor del que, probablemente, guarden un recuerdo certero en su memoria, y él será el primero de los muchos maestros que, a lo largo de sus vidas, deje en ellos un poso de conocimiento y aprendizaje. Muchas alumnas estaban realmente tristes, mezclando la marcha del maestro con un inevitable, y primerizo, sentimiento amoroso, pero era ver aquellas páginas y notar que DCM había logrado llegar al fondo del corazón de aquellos niños. No se había limitado a entrar en el aula, enseñarles a sumar y restar (con llevadas) y hacerles leer y cumplir con el resto de materias docentes. No. Había tratado de enseñarles algo tan profundo y manido como eso de los “valores” el hecho de que ser buenos y comportarse como es debido es tan valioso (realmente lo es mucho más) como saberse la lección, que respetar al resto de compañeros y tratarles como iguales es la lección que más les va a servir en su vida diaria de adultos, en convivencia en sociedad, que dejar las cosas a otros, que tratar con cariño a los demás, que obedecer a los padres y muchas otras cosas similares, que algunos consideran arcaicas y carentes de sentido, son las bases que garantizan la convivencia entre personas, tanto en las aulas infantiles como en la vida adulta. El cariño, respeto y comprensión que se debe aprender, y que alguien nos debe enseñar. Y para esos niños ese alguien, a parte de sus padres, también ha sido mi amigo.

La educación, que criticamos a menudo sin demasiado conocimiento de causa, está llena de graves problemas, carencias y dificultades, pero también abundan, quiero pensar que son una amplia mayoría, los profesionales que ponen su vocación de docente, de enseñante, por encima de todo. En un trabajo tan sacrificado y mal pagado como el de maestro, que muy pocos valoran en este mundo de sueldos altos y cargos pomposos, mi amigo recibió la semana pasada la mayor “paga extra” que un profesional puede obtener, la del reconocimiento de aquellos por los que se desvela, desvive y sacrifica. Ese libro no le ayudará a pagar la hipoteca ni a rellenar su tripa cada noche, pero reconfortará su corazón y le hará saber que ha hecho lo debido, y que ese sacrificio ha tenido recompensa. Gracias, maestros, por otro año escolar de trabajo y entrega!!!!

lunes, junio 23, 2014

Una Reforma fiscal para ganar las elecciones


Este viernes el gobierno presentó en el Consejo de Ministros las líneas básicas de su anunciada reforma fiscal, un intento de suavizar el alza de impuestos que se tomó al principio de la legislatura, y que promete ser el caballo de batalla de la gestión del ejecutivo en lo que queda de mandato. Montoro anunció algunas de las características de esta reforma, esencialmente cuánto bajan los impuestos para según que tramos de renta, pero hoy se darán más detalles, referidos a aspectos tan importantes como desgravaciones, exenciones, tratamiento de algunos productos o negocios concretos, etc.

Este es un asunto sumamente complejo en el que los discursos simplistas naufragan. El mensaje del gobierno es que los impuestos bajan para todo el mundo, y el de la oposición es que sólo lo hacen para las rentas altas, y el de Bruselas es que no le gusta porque el objetivo de déficit es prioritario. La realidad será diversa, cada uno tendrá que hacer sus cuentas en función de lo que gane, ingrese y tenga, y ver en qué cuantía le afecta, y si tras la reforma vuelve al escenario de Noviembre de 2011, momento de la victoria del PP, o se queda en un punto intermedio, sin que esta bajada compense la subida que se produjo tras la llegada de los populares al poder. Lo que no tiene mucha discusión es el argumento electoral que tiene en bandeja el PP con esta reforma para tratar de recuperar el voto perdido y calentar a sus bases de cara a la multicampaña electoral de 2015, que a mi entender ya ha comenzado. El electorado clásico del PP sintió la subida de impuestos de 2011 y 2012 como una estafa, un engaño a sus ideales, una traición por parte de un gobierno que enarboló un discurso de recuperación rápida y que, al llegar al poder, se dio cuenta de que la situación era tan grave como muchos advertíamos, y no se nos hizo caso. Esa sensación de traición está detrás de la desafección con la que las encuestas castigan día sí y día también a Rajoy y su equipo, y explican gran parte de los más de dos millones de votos perdidos por la formación popular en las pasadas elecciones europeas, que iban a ser intrascendentes y han resultado ser determinantes. El mensaje de la recuperación y la bajada de impuestos, por tanto, será un mantra que desde hoy repetirán todos los cargos y líderes del PP en cada acto y entrevista, aunque el tema del que se trate no tenga nada que ver con ello. ¿Funcionará? No lo se. En un juego a una sola carta la apuesta es de doble o nada, y el riesgo es muy elevado. Probablemente la táctica sea que, en ausencia de seísmos económicos en los próximos meses (que me temo que los habrá) el gobierno haga el mayor recorte posible no tanto en tramos impositivos como en retenciones, de tal manera que el ciudadano note rápidamente que entra más dinero a su bolsillo, sin que tenga que esperar a realizar la declaración de la renta de 2015, que en muchos casos tendrá lugar después de las determinantes elecciones municipales y autonómicas de Mayo. Eso, combinado con una buena campaña de imagen, puede hacer recuperar algo del voto perdido. Así mismo se van a intensificar los gestos con autónomos y PYMES, para que voten, mediante bajadas en sus cotizaciones sociales y disminución de otras cargas fiscales. Todo esta inyección de dinero en el bolsillo de los contribuyentes puede, en condiciones normales, aumentar más el crecimiento económico y, con él, la recaudación, que el incremento del déficit generado por la bajada de impuestos (la curva de Laffer en acción) pero no estamos en condiciones normales, y me da que el efecto conjunto será un aumento del nivel de déficit, aunque es sólo una sensación personal, no tengo datos para soportar mi argumento.

En todo caso a Bruselas no le gusta mucho la música de esta reforma, en la que sólo suena lo de la bajada de impuestos, y exige revisarla y, con el objetivo de déficit por encima de todo, enmendarla si cree que no es adecuada. Lo que me da más pena es que se pierde otra oportunidad de hacer una reforma fiscal de verdad, modificando en profundidad el sistema de impuestos, que se ha quedado obsoleto y que sólo afecta realmente a los asalariados con nómina, que pagamos mucho y siempre. Lo que se vende como reforma es un apaño con vistas al corto plazo, y está por ver qué efectos netos tendrá en la economía, en el bolsillo de cada uno y en los resultados electorales.

viernes, junio 20, 2014

El discurso del Rey (Felipe VI)


Finalmente la proclamación de Felipe como el VI de los monarcas de tal nombre en la historia de España fue, aunque parca, lo suficientemente solemne y pomposa como para no parecer rácana. El acto en el Congreso, el desfile por las calles de Madrid, no muy llenas, y la salida al balcón del Palacio Real ofrecieron imágenes bonitas, dignas, lejos de la exuberancia de otras casas reales europeas y de repúblicas cercanas (miren la que montan en Francia cada cinco años) pero suficientes para que el acto transcurriese de acuerdo a la magnitud de lo que se estaba celebrando, y sin excesos de ostentación, en unos tiempos en los que nada de eso está permitido.

Lo más interesante del todo era el discurso que debía pronunciar el ya Rey. Se le notaba nervioso, quizás porque era el momento que llevaba esperando toda la vida, y lo declamó peor de lo que en él suele ser habitual. Hay muchas cosas relevantes en lo que dijo, pero yo quiero fijarme especialmente en el aspecto de la ejemplaridad, y lo que ella pueda proporcionar de soporte a la propia vigencia de la monarquía como institución. Ser Rey en occidente en el siglo XXI es poco más que portar un título vacío de significado y lleno de obligaciones morales. Puede que la legitimidad de quien ocupa el trono se derive de unos derechos dinásticos provenientes del pasado, pero realmente es el pueblo, el dueño de la soberanía, quien determina que exista (o no) un Rey. Por ello, vaciado de poder, la figura de monarca debe encarnar los valores que la sociedad reclama, dado que no siendo elegido por ella, a ella se debe por entero. Esto Felipe VI lo sabe muy bien. Su comportamiento, actitud, discurso, mensaje, debe estar libre de toda mancha asociada a corrupción, despilfarro, y a cualquier otra categoría de comportamiento que asociemos a indignidad. Frente a su padre, que recibió la corona del pasado y supo ganársela como garante de la democracia durante sus primeros años, Felipe llega al trono investido con el título de Rey pero con una corona pendiente de adquisición, que ocupa en alquiler, y que sabe muy bien que deberá ganársela día a día, con sus actos y hechos. Y sólo desde una posición de conducta ejemplar podrá ir adquiriendo la legitimidad que ayer se le refrendó legalmente, pero que no tiene aún valor social. En una sociedad descreída de todo, harta de ver como su dirigencia es incapaz de atajar la corrupción que parece no tener fin, y en medio de una crisis económica y política que amenaza con arrasarlo todo, sólo el ejemplo de virtud podrá arrastrar a las masas, sólo un Rey que se vea como estandarte del compromiso social, de la buena fe, de la acción valiente en favor de las causas justas, y que no robe, no delinca, no estafe, no se apropie dinero de la caja, no aparque en doble fila y no eluda sus obligaciones podrá ser elevado a rango de Rey para un pueblo que y no confía en casi nadie, y no le falta razón para ello. En su filosofía, Javier Gomá ha desarrollado ampliamente el concepto de ejemplaridad, y la teoría profunda del ejemplo como auténtica y profunda palanca de cambio, como llave que abre las puertas, frente a las palabras que muchas veces se quedan en el dintel. En una actualización del dicho bíblico “por sus hechos les conoceréis” Gomá parece querer decir algo así como “por su ejemplo lo juzgaréis” y es así efectivamente como sucederá. En el largo y complejo camino que tiene Felipe VI por delante su ejemplo será la vara de medida de su reinado, y la vía por la que será juzgado por la sociedad y su tiempo. El reto es enorme, confiemos en que sea capaz de superarlo.

Pero, pese a todo, debemos tener muy en cuenta algo que los medios y la sociedad parecen estar olvidando. Vivimos en una monarquía constitucional en la que el Rey reina pero NO gobierna. Sus funciones son las de representar al estado y el ser moderador y árbitro en la vida política, pero sin meterse en ella. Son los políticos, y la sociedad a la que ellos representan quienes deben, debemos, solucionar los problemas que padecemos. Felipe VI ni tiene poder para hacerlo ni, afortunadamente, puede acceder a él. Su papel será importante, sin duda, pero no caigamos en el error de pensar que él nos salvará de nuestra desgracia, porque ni puede ni debe.

miércoles, junio 18, 2014

Irak abdica


La actualidad española estará hoy y mañana, inevitablemente, centrada en el proceso de abdicación del Rey Juan Carlos I y el juramento del nuevo Rey Felipe VI, hechos que se producirán esta tarde y mañana por la mañana respectivamente. No olvidemos que no dejan de ser formas protocolarias para dar envoltorio a lo que no es sino la entrada en vigor de una Ley, lo que es la forma habitual de proceder de los estados constitucionales. Legalmente a las 12 de la noche de hoy entrará en vigor la abdicación y, de manera simultánea, Juan Carlos dejará de ser Rey y Felipe pasará a serlo. Tan profundo y, a la vez, tan sencillo.

Pero de mientras eso sucede aquí, la atención de medio mundo gira poco a poco para volver a fijarse en las ardientes arenas del desierto iraquí, siempre calientes, más a la entrada del verano, y especialmente sangrientas en estas fechas. En medio de la lógica desinformación que rodea toda guerra, parece que las fuerzas del EIIL avanzan rumbo a Bagdad, y algunas crónicas les sitúan apenas a unos sesenta kilómetros de la ciudad. Lo que parece evidente es que Irak, como país, se enfrenta al riego cierto de ser despedazado, de pasar a la historia como nación, y dejar de existir, poniendo fin a las fronteras que fueron trazadas con gran uso de escuadra y cartabón en el siglo XIX por parte de los geógrafos del imperio británico. Ahora mismo el norte del país se encuentra bajo el control de los kurdos, que aspiran a tener un estado propio, y es la zona más estable de todas. El centro está sometido al ataque del EIIL y allí la violencia es total, sin que exista lugar en el que poder refugiarse de ella. Y de Bagdad hacia el sur se concentra la población chií, huida en parte del resto del país, residente de siempre en esa zona, que trata de ponerse cerca de alguna frontera en caso de que los combates prosigan y que desea la intervención de fuerzas internacionales, especialmente de la vecina e igualmente chií irán, para poder soportar los envites de los islamistas sunitas. ¿Es factible que Irak acabe convirtiéndose en tres naciones, Kurdistán, sunistán y chiistán? Puede parecer un chiste, y hace unas semanas hubiera sonado a eso, pero hoy en día es un escenario que, de no controlarse la situación, amenaza con ser verosímil, y todo ello en el marco de un conflicto en el que cada vez la intervención de las potencias regionales es más clara y los riesgos crecen. Los países del golfo pérsico, sunitas, apoyan a los guerrilleros de EILL y desean ver a Irak dentro de su órbita de influencia, mientras que Irán no dudará en apoyar a sus hermanos chiís en caso de que vea el riesgo de que los sunitas se hagan de manera efectiva con el control de la situación. Así, lo que empezó siendo un ataque terrorista muy organizado y que ha derivado en una cruenta guerra civil y religiosa entre los propios iraquíes corre el riesgo de convertirse en toda una guerra regional entre distintas facciones del islam que puede poner a toda la zona en gravísimo peligro. Como se pueden imaginar, las implicaciones de un conflicto descontrolado son inmensas, tanto en los planos políticos y militares como en el de la seguridad mundial y la economía. De momento el petróleo, sí, el condenado y necesario petróleo, se ha acomodado por encima de los 110 dólares el barril, a la expectativa de lo que pueda pasar, pero puede subir más, mucho más, en caso de guerra a gran escala. Además es evidente que occidente no puede quedarse mirando sin más a lo que allí sucede, porque tarde o temprano le va a afectar. Sin embargo, la sola mención de la expresión “guerra de Irak” despierta fantasmas pasados que, hoy en día, impiden cualquier tipo de intervención con soldados en la zona. Para seguir lo que se supone que puede estar pasando sobre el terreno, les aconsejo esta web, en la que diariamente se actualiza el mapa de Irak can las posiciones (supuestas) de los combatienetes.

Así mismo, un consejo sobre la información y los medios y la red. Si uno brujulea por internet no va a tardar mucho en encontrar vídeos y fotos colgadas por los terroristas del EIIL de una crudeza y salvajismo atroces, difíciles de imaginar. Tengan cuidado porque su visión puede resultar sumamente desagradable, y recomiendo a los medios de comunicación que no se dejen llevar por el morbo y tengan un cierto control sobre la emisión de dichas escenas. Ahora mismo se puede ver una imagen de ese tipo en la portada de la web de un periódico nacional sin aviso y accesible para todo el mundo. Siempre defiendo la necesidad de mostrar la crudeza de la guerra para que no pensemos que no es lo que es, pero de ahí al exhibicionismo hay varios pasos. Cuidado, por tanto.

Mañana es festivo en Madrid, previsto desde mucho antes de que se supiera que iba a tener lugar la coronación de Felipe VI, por lo que no habrá blog, pero el Viernes sí.

martes, junio 17, 2014

El caos absoluto se cierne sobre Irak


Si hay un país en el que se cumple ese dicho de que todo es susceptible de empeorar, ese es Irak. Hace tiempo que no salía en las noticias, y no porque la situación allí hubiera mejorado, no, sino porque otros focos de violencia y guerra demandaban una atención más urgente, y convertían el larvado conflicto iraquí en algo tedioso y carente de atractivo para los medios. Sin embargo, las elecciones sirias de hace un par de semanas y la salida de aquel país de milicianos yihadistas que combatían frente al ejército de Asad ha generado una compleja carambola que ha llevado a Irak a su mayor crisis desde la invasión de 2003 y pone en riesgo todo oriente medio.

Esos yihadistas, se estima que varios miles, no más de una docena, agrupados en torno a una organización llamada el Ejército Islamico de Irak y el Levante, EIIL en sus siglas españolas, se han hecho fuertes en el este de Siria y, desde allí, hace unas semanas que han lanzado una ofensiva para controlar la zona fronteriza de Irak. Frente a ellos, el ejército iraquí, mucho mejor dotado en material y adiestramiento, teóricamente, ha sucumbido como si fuera un helado expuesto al sol del verano. Rápidamente estas tropas irregulares se han hecho con el control de numerosas localidades del norte y centro del país, y ahora mismo se encuentran a unos sesenta kilómetros de la capital, Bagdad, en la que el gobierno del primer ministro Al Maliki apenas es capaz de ejercer su control más allá de la zona verde de seguridad extrema en la que residen las instituciones del país. En su avance por el norte, los islamistas han sido contenidos por las tropas pastunes de origen kurdo, que desde hace tiempo se rigen con una cierta autonomía respecto al gobierno de Bagdad y pueden tener en esta guerra su oportunidad de oro para hacerse con un territorio y fundar el estado kurdo con el que llevan soñando desde hace décadas. A este enjambre de actores militares debemos sumarle el componente religioso. Los combatientes del EIILson sunitas, en su origen vinculados a Al Queda, pero ahora parece ser que autónomos de la organización y con un líder propio, Al Bagdadi, que es cruel y sanguinario como pocos. Frente a ellos, el gobierno de Bagdad y parte de la población del país, chiita, vistos como blasfemos por el EIIL, son los que rigen el país desde la conquista por parte de las tropas americanas en 2003, tras la pérdida del poder de los sunitas que apoyaban a Sadam Hussein. Cada vez que una de las facciones del islam se ha hecho con el poder en Bagdad lo ha ejercido sin piedad alguna frente a la otra, y por ello la guerra del EIIL ha hecho aflorar fatuas y llamadas a las armas por parte de los líderes religiosos de ambas ramas, deseosos de acabar con sus enemigos más íntimos. En Irak se sitúan los santuarios chiitas más venerados, en Kerbala y Nayaf, y los miembros de esta confesión reciben el apoyo del vecino Irán, el único país musulmán del mundo en el que el chiismo es mayoritario, y que está empezando a mandar, de tapadillo, tropas y armamento al sur de Irak para tratar de contener el avance sunita del EIIL. Por el otro lado, las monarquías del Golfo, Arabia Saudí y Qatar especialmente, integristas sunitas y acérrimos enemigos de Irán, ven al EIIL como un ejército de aliados, al que han apoyado militar y financieramente durante sus campañas en Siria, y no verían nada mal su victoria en Irak, lo que les proporcionaría el control del país y una nueva amenaza al odiado Irán. Así, desde múltiples perspectivas, Irak vive desde hace semanas una enconada guerra civil entre musulmanes chiitas y sunitas, entre laicos y creyentes, entre kurdos y árabes, y todas las combinaciones que uno se pueda imaginar. El desastre total.

Y EEUU, implicado hasta las trancas en aquel país hasta hace poco, y ya en claro proceso de retirada, observa con asombro y temor cómo todos los años, muertos y millones de dólares empeñados en controlar el país se acaban convirtiendo en granos de arena de un infinito desierto en la nada. Obama, sin gana alguna de implicarse, contempla como la pesadilla de Irak, que condicionó en parte su llegada a la Casa Blanca, vuelve a apenas dos años de finalizar su mandato, y la implosión del país le lleva a negociar una colaboración con el eterno enemigo de Irán y agria aún más las relaciones con la monarquía saudí, que empieza a ser vista más como un riesgo futuro que como el aliado fiable que siempre ha sido. Si esto no es un Juego de Tronos en pleno desierto que venga George RR Martin y lo desmienta.

lunes, junio 16, 2014

En el Retiro, con los libros


Libros y parques siempre han combinado bien. La imagen de alguien sentado a la sombra de un árbol sobre un suave césped verde, en una tarde de verano, absorto en la lectura que sostiene entre sus manos es un arquetipo de lo que podríamos definir como tranquilidad, sosiego, esparcimiento, tiempo libre. Ir a leer al parque suena muy buen, tal como se dice, y la sensación que se obtiene de ejercitar esa práctica es aún mejor. Es justo esta época, cuando empiezan a apretar los calores pero a la sombra todavía corre aire fresco, el momento ideal para practicarla, con unas tardes que son infinitas, en las que el sol se pone pero parece no querer ocultarse nunca, y su luz ilumina páginas sin fin.

La apoteosis de los libros y los parques es la feria del libro de Madrid. La idea de juntar un montón de casetas en el Retiro y, durante una semana, vender libros y poder encontrarse con sus autores me pareció magnífica desde un principio, y con el paso de los años se ha convertido en el acontecimiento al que asisto con mayor fidelidad de todos los que suceden en esta ciudad. El ambiente es buenísimo, la variedad de estilos, casetas y oferta literaria es inmensa y la cantidad y diversidad de gente que por allí se pasa contribuye a que las tardes se evaporen en un paseo entre casetas y salga uno del recinto con la sensación de que hay futuro para el mundo de las letras. En una época en la que se dice que no se lee, y las encuestas y los índices de así parecen ratificarlo, encontrarse con miles de personas que, como yo, acuden a la llamada de los libros parece algo mágico, y sin duda puede que lo sea en estos tiempos de pantallas infinitas que todo lo llenan. Padres con niños, familias completas, cuadrillas de adolescentes, personas mayores, solitarios.. gentes de todo tipo de condición, de gustos y opiniones muy diversas, y probablemente incompatibles, coincidimos en un mismo espacio, bajo la misma sombra, en busca de ese libro que teníamos apuntado en casa, o esa referencias que una vez nos dijeron y que ya no recordamos bien, pero que tras preguntar al señor de la caseta vamos perfilando hasta que la encontramos del todo. Los libros nos unen a todos los que allí acudimos, y pueden ser tan distintos como imaginarse uno pueda. Desde los de brillantes colores e ilustraciones que adornan las casetas infantiles, que logran llamar la atención de unos niños para los que todo es estímulo, hasta los volúmenes escritos (se supone) por famosos televisivos, que llenan las avenidas de la feria de colas de penitentes en busca de la firma de una celebridad que conocen de verla todos los días, seguramente mucho más tiempo que a algunos de sus seres queridos, o los fenómenos adolescentes, quizás incomprensibles, pero que logran que quinceañeros de ambos sexos lean unas páginas en un mundo en el que si no pones el dedo encima de una pantalla no eres nadie, pasando por esos escritores solitarios, que acuden a firmar sus obras, poco conocidas, y que pasan la tarde viendo como pocos, a veces ninguno, se detienen frente a ellos, que saben que su bolígrafo no se va a quedar sin tinta de formar autógrafos ni van a salir de allí con dolor de muñeca ni de garganta, pero que han visto editada su obra y se sienten felices por el mero hecho de verse en el templo, en el interior de la caseta, desde donde se ve al lector. Muchos de los ahora consagrados vivieron ferias como desconocidos, como personas anónimas a las que apenas unos familiares visitaban y pocos más les hacían caso. Esa esperanza anida en los nuevos creadores que, en un mundo radicalmente diferente al del pasado, siguen con el mismo nervio en el cuerpo ante el proceso de la creación literaria y el temor de si gustará, o no, lo que han escrito.

Es cierto que en este panorama idílico que he pintado hay muchas sombras. Las ventas de obras comerciales de escaso valor sigue acaparando tiradas y éxitos, el libro electrónico está aquí para quedarse y ha abierto la puerta al pirateo de las obras, como ya le pasó a la música, las ventas se concentran en grandes operadores y la pequeña librería agoniza en casi todo el mundo, las pantallas de los móviles restan tiempo y ocupan horas que ya no serán de lectura.. sí, los problemas son muchos, y complejos, pero la feria es el momento de no pensar en ellos, de comprar nuevos títulos, de arruinarse (como es mi caso) pensando que es para bien, y acumular una buena selección con la que, en los momentos de ocio, ponerse bajo el árbol que más sombra proporcione… y leer.

viernes, junio 13, 2014

Sexo y drogas en el PIB


Es típico de España, y supongo que de otros muchos países, que a la salida o entrada de cada pueblo, tanto mona, se encuentre el puticlub local. Normalmente un sórdido edificio, pequeño, cutre, iluminado siempre con fluorescentes de colores chillones, creando formas eróticas que tratan de decorar la sordidez del lugar, brillando horteramente en la noche, como si de una capilla de sexo se tratase para que los adoradores del polvo acudieran prestos a reclinarse ante su altar. Pasan los años, las crisis, la tecnología, y esos locales siguen ahí, impertérritos sin recibir inversión alguna, con la misma pinta, pero sin aspecto de estar cerrados, boyantes independientemente de la coyuntura económica.

Evidentemente en ellos se usa dinero, se paga por los servicios prestados, siendo eufemístico, y no se emite factura ni se carga IVA ni nada. Son pura economía sumergida, fuera de la ley, pero que funciona a todo trapo. Lo mismo se puede decir del consumo de drogas, en un país como este en el que la cocaína parece ser tan común como el azúcar (nunca la he probado, aviso) y que en verano, en pleno despliegue de la industria el ocio, las pastillas y demás drogas sintéticas mueven cifras difíciles de imaginar y más de calcular. Estos son dos casos claros de sectores económicos ilegales que no se contabilizan en ninguna parte, pero que existen, y negarlo es ser irreal. Teóricamente forman parte de la economía, porque cuando diseñamos modelos y decimos que la renta se consume o se ahorra, no dividimos el consumo en “bueno” y “malo”, Legal o ilegal, moral o inmoral. No, ponemos una C que lo engloba todo y empezamos a hacer supuestos para que nuestras ecuaciones alcancen equilibrios majestuosos y no nos lleven a un desastre parecido al del mundo real. Sin embargo las cosas parece que empiezan a cambiar. Una directiva europea va a alterar la forma de medir ciertas partidas del PIB y va a obligar a contabilizar esas “otras” que se evitaban. Se cambiará de tipología contable a las partidas de I+D+i, que pasarán de ser gasto a considerarse como inversión, lo que tiene mucha lógica. También se amplia y pormenoriza todo lo relativo a la comprar, producción y almacenamiento de armamento, industria puntera en varios países europeos, y se abre la puerta a contabilizar en el PIB el mundo de la prostitución y las drogas. Esto supone un enorme reto para los organismos encargados de recoger datos, en España el INE, porque veamos, ¿cómo sabe uno el dinero que mueve el negocio del sexo? Salvo que se sea asiduo consumidor, y nadie lo va a ir pregonando, una de las formas obvias es preguntarlo, y eso puede dar lugar a escenas muy surrealistas, como las que se recogen en este artículo, en la que empleados del INE acuden a burdeles para saber cuántos servicios de media realizan cada una de las empleadas, cuánto cuestan los servicios y cosas por el estilo. Es fácil imaginarse la cara de póker del dueño del establecimiento cuando unos señores de estadística le hacen esas preguntas y no miran a las fuentes productivas de su negocio. Estas semanas están saliendo algunas cifras y estimaciones, que no se muy bien cómo se han calculado, que hablan de incrementos del PIB de hasta un 4,5% si contabilizamos ambos sectores, lo que supondría valorarlos en, redondeando, 45.000 millones de euros, una cifra inmensa, pero que no se si refleja realmente esas actividades, si las exagera o se queda corta, porque no tengo ni idea de cómo poder contabilizarlas. En Septiembre el INE debe empezar a incorporar esos datos a sus estimaciones de PIB, y es de esperar que durante bastante tiempo las cifras de esas partidas sea, cuanto menos, inestables, hasta que se pueda precisar de alguna manera la forma de medirlas con un cierto grado de precisión.

Se podrá preguntar uno el por qué antes esto no se medía y ahora urge mucho. Una respuesta simplista es que es una vía rápida de aumentar el PIB en medio de un estancamiento, y toda subida se vende como crecimiento. Una visión más retorcida, y también certera, es que todo negocio contabilizado por el gobierno es susceptible de, llegado el momento, ser gravado con un impuesto. Si sabemos cuánto factura el prostíbulo local podremos ponerle una tasa en función de sus ganancias, que antes eran supuestamente nulas. Así, contabilizar es un paso previo, y necesario, para legalizar. Y con la legalización llega el impuesto. Así que no se extrañen si en un par de años el consumo de las llamadas drogas blandas o la prostitución se legalizan y se les impone un IVA del 21%. Habrá manifestaciones de los nuevos sujetos (nada) pasivos, seguro, y muy animadas.

jueves, junio 12, 2014

Un tetrapléjico y el Mundial de Fútbol


Me temo que, si nada lo impide, y parece complicado que así sea, hoy se inaugurará en Brasil el Mundial de fútbol, apoteosis de la pesadez balompédica que nunca cesa, que todo lo inunda y que mantiene una férrea dictadura sobre los medios de comunicación y las conversaciones humanas del día a día. Como no me gusta nada el fútbol no pienso hablar aquí de lo que suceda en el país carioca, salvo que se produzcan hechos desafortunados que nadie desea pero lo cierto es que en la inauguración de hoy se va a producir un acto que tiene su relevancia científica y tecnológica, y que va a dejar a mucha gente sorprendida. Un tetrapléjico va a realizar el saque de honor.

Antes que nada quiero destacar que hay mucha polémica entre los especialistas sobre lo que realmente se va a producir hoy, y hasta qué punto es un avance, espectáculo, estafa o promesa cumplida a medias. Con rigor y claridad lo cuenta el bueno de Antonio Martínez Ron en su artículo de hoy (léanlo, merece mucho la pena) pero simplificándolo mucho se trata de que un exoesqueleto movido por el control de las ondas cerebrales del paciente será capaz de levantarlo, hacerlo caminar y llevarle hasta el balón, dado una patada al mismo. El tetrapléjico se levantará de la silla, como si de un milagro se tratase, y andará, movido por una estructura metálica con la estructura de unas piernas, que llevará adosada a sí mismo, un casco con electrodos, que serán capaces de captar el pensamiento que señale el deseo de caminar, y un ordenador que procese toda la información y mueva las piernas artificiales, y con ellas al cuerpo, para generar un movimiento de caminar. Más allá de hasta si realmente el caminar será inducido o no, de que el exoesqueleto no está integrado en el tejido medular del paciente, como se había previsto, y que todo se puede quedar en un ejercicio más cercano al ilusionismo que a la ciencia, lo cierto es que la tecnología de los exoesqueletos ha pasado de estar confinada a las películas de ciencia ficción a ser algo que, siendo aún muy novedoso, empieza a aparecer como real. La teoría es muy sencilla, pero la práctica es de lo más complejo. Se trata de crear una estructura que replique la parte del cuerpo que ha dejado de funcionar, especialmente las piernas, adaptarla al cuerpo del paciente mediante correajes y anclajes, y dotarla de un sistema de control que “ande” a voluntad del paciente y que le permita a éste moverse de manera autónoma, abandonando la silla de ruedas. ¿Fácil, verdad? Pues no. Las complicaciones son enormes y han supuesto, principalmente, y simplificándolo todo de manera aberrante, tres retos. Uno, el mecánico, diseñar unas piernas robóticas que repliquen el movimiento natural de caminar, aspecto que está ya bastante resuelto, pero que aún tiene que pulirse y que ha resultado ser más difícil de lo esperado (nos parecerá fácil, pero andar requiere una coordinación muscular en las piernas y unas articulaciones complejísimas). El segundo problema, casi resuelto, es el de la capacidad informática que permita procesar las piezas del exoesqueleto para dotarle de movimiento, equilibrio, estabilidad y dinamismo. Antes era necesario un supercomputador para eso y ahora (la ley de Moore de la que hablaba el martes) lo puede hacer un chip muy pequeño. Y el tercer paso, el más complejo, es el lograr que la máquina actúe a la “voluntad” del paciente. Se puede hacer (cutre) que el artilugio tenga unos mandos y el usuario los maneje con las manos (poco operativo) o conectar el artilugio al cerebro de tal manera que éste lo interprete como nuevas piernas, y las maneje como si fueran las originales. Este es el ideal, que se pretendía mostrar en la inauguración, pero la ciencia neuronal no parece haber avanzado lo suficiente para lograrlo, de ahí el uso del casco que lee el pensamiento neuronal y lo transforma en órdenes, que es un paso intermedio.

Lo significativo, por tanto, del espectáculo de hoy, es la presentación en sociedad de una tecnología a la que aún le falta mucho por recorrer (y abaratarse de precio, claro está) pero que tiene por delante unas enormes posibilidades. Pensemos no sólo en enfermos confinados en sillas de ruedas, sino en personas mayores, de movilidad reducida, o cualquier otra situación en la que los miembros del cuerpo ya no responden y son capaces de actuar como es debido. Las posibilidades de autonomía para los usuarios de estas prótesis, por llamarlas de una manera, son inmensas, y supondrían, como mínimo, el fin de las sillas de ruedas. Aún queda mucho para eso, no hay que hacerse falsas ilusiones, pero por ese camino vamos, pasito a pasito.

miércoles, junio 11, 2014

Uber, blablacar y la huelga de taxis


Hoy será un día complicado para el tráfico en Madrid. Al Pleno en el Congreso para la tramitación de la Ley Orgánica de Abdicación de Juan carlos I, que traerá manifestaciones y cortes en las calles adyacentes se suma el riesgo de chubascos, que de momento se traduce en calor y nubes, y la huelga de taxistas, que protestan por la extensión de varias aplicaciones móviles que les hacen la competencia. Desde luego no es el mejor día para sacar el coche para dar una vuelta… o sí, si usa alguna de estas aplicaciones. En todo caso, viva el transporte público y que nos lleve a todas partes.

Lo de las aplicaciones de transporte es otro magnífico ejemplo de cómo la irrupción de las tecnologías genera ganadores y perdedores en todos los sectores. ¿Pensaba usted que esto sucedía sólo con las discográficas y los cines? Pues no. Ese efecto se extiende poco a poco y, como ha sucedido siempre, creara nuevas oportunidades de empleo y destruirá trabajos que llevaban tiempo consolidados, es ley de vida. Ahora mismo hay dos aplicaciones fundamentales que permiten el uso del coche privado como servicio de transporte, que son bastante diferentes en su concepción y sistema de negocio, pero que sirven igualmente. Blablacar permite poner en contacto a personas que van a hacer un viaje con otras que desean hacerlo. Supongamos que yo quiero ir de Madrid a Burgos y alguien tiene que hacer ese viaje esta mañana, por la causa que fuera. Si a ese viajero no le importa llevar compañía y al que quiere viajar no le importa llegar a un acuerdo con el viajero para sufragar gastos de una manera convenida, blablacar los une y permite viajar a ambos. La aplicación, por tanto, logra asignar de manera más eficiente recursos disponibles con preferencias, y nótese que no hay un ánimo de lucro, porque blablacar no cobra y los que viajen acordarán qué paga cada uno. Uber es un poco distinta, y funciona como una empresa virtual de taxi en la que los taxistas son particulares que, o bien se ofrecen por un tiempo dado o van a realizar rutas prefijadas y pueden llevar pasajeros. En este caso la aplicación dispone de una base de datos de “profesionales” que venden su oferta de transporte y cobra unas tarifas mínimas, por lo que el ánimo de lucro existe en los que gestionan el negocio, y hay una serie de personas que, de una manera u otra, trabajan para uber, cosa que no sucede en Blablacar. Por lo tanto, financieramente los dos sistemas son bastante diferentes, y la repercusión económica también lo es, ya que en el primer caso estamos hablando de una economía de trueque, de intercambio de favores, y en el otro sí existe un oferente que presta servicios remunerados, de una manera original, pero con un aspecto de empresa más consistente. Si Blablacar hace la competencia sobre todo a las empresas de medio y largo recorrido, Uber se lo hace a los taxistas, y a cualquier medio de transporte urbano en general. De ahí la huelga que hoy se ha convocado en Madrid, y en otras capitales europeas, y las movilizaciones que los trabajadores del taxi llevan realizando en Barcelona desde hace bastante tiempo para luchar contra la aplicación, que de momento sólo funciona de manera operativa en la ciudad condal, no en Madrid. Taxistas, transportistas, abogados, empresas de internet, usuarios, todas las partes que uno pueda imaginar discuten acaloradamente estos días sobre el uso, abuso, ventajas e inconvenientes de estas aplicaciones, y sus efectos, que van mucho más allá de lo que parece, y el Ministerio de Fomento ha amenazado con sanciones a empresas y particulares usuarias de estos servicios, por realizar competencia desleal, aunque luego ha aclarado que nunca penalizaría al usuario final del servicio. La polémica, como ven, está servida.

¿Qué es lo que va a acabar pasando? No lo se, pero viendo lo que ha sucedido en otros sectores, parece ingenuo suponer que se podrán poner puertas al campo. Las aplicaciones han llegado para quedarse, y el gremio del taxi, regulado y licenciado hasta el extremo, se enfrenta al mismo problema que viven las empresas que luchan contra las descargas en internet, que no es otro que renovarse o morir. Hace unos días hablamos aquí del coche autónomo. El día que llegue empezará a morir el trabajo de conductor, tal y como lo conocemos, y habrá protestas del gremio, lógicas, y en unos años el empleo será un recuerdo. Así, las nuevas tecnologías vuelven a ser disruptivas en un campo no esperado, y el mundo del transporte, gracias al móvil, ya no será nunca el mismo.

martes, junio 10, 2014

Un ordenador supera el test de Turing


La capacidad de procesamiento de los ordenadores no deja de aumentar, a la par que se reduce su dimensión física, y hoy en día casi todos llevamos en la mano un ordenador, que aunque lo llamemos teléfono, es usado para casi todo menos para llamar. Este progreso es una de las manifestaciones más espectaculares de la Ley de Moore, que fue propuesta en los años sesenta, y que viene a decir que el número de transistores que por unidad de superficie en un ordenador, y por tanto su capacidad de procesamiento, se duplicaría cada dieciocho mees. Y así viene sucediendo desde entonces. Y el progreso no cesa.

Esto hace que los ordenadores sean capaces cada vez más de realizar tareas no ya repetitivas, que es para lo que siempre se han usado (son muy buenos haciendo iteraciones a toda velocidad) sino labores complejas, que siempre han sido incapaces de llevar a cabo. Estos pasados días se ha hablado mucho de los coches que conducen solos, lo que sería una revolución en nuestro modo de entender la movilidad y las ciudades, y que muestra sobre todo hasta qué punto los programas de software empiezan a ser capaces de reconocer patrones de comportamiento reales y ofrecer respuestas a los mismos, mediante la toma de decisiones. Si un coche entra en la carretera debe saber ir por su carril, obviamente, pero sobre todo debe ser capaz de interpretar la información que le llega desde todos los puntos y actuar en consecuencia, frenando, acelerando o cambiando de dirección llegado el caso. Parece algo muy futurista, pero cada vez está más cerca. Pues bien, ayer se dio un nuevo paso en este sentido al hacerse pública la noticia de que un ordenador ha superado, por primera vez que se sepa, el llamado test de Turing, que toma su nombre d matemático Alang Turing, un genio absoluto, que fue decisivo para que el equipo inglés asentado en Bletchley Park desarrollara la tecnología necesaria para decodificar las claves cifradas de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, logrando romper las contraseñas de las máquinas Enigma y permitiendo a los aliados adelantarse a muchas de las operaciones que, en secreto, planificaba el ejército de Hitler. La historia de Turing es apasionante y su final, desgraciado, dado que se suicidó en medio de la depresión provocada por el tratamiento químico que se le impuso para eliminarle su homosexualidad (sí, sí, como suena). Turing fue uno de los padres de la programación tal y como la entendemos hoy y el desarrollo de la informática, y entre sus muchas aportaciones está la del test que tiene su nombre, que trata de medir hasta qué punto un software artificial es inteligente o no. Como la mera medida de la inteligencia es una nebulosa en la que nadie se pone de acuerdo, Turing se salió por la tangente y determinó que un software será inteligente si nos lo parece ser. La idea se basa en entablar, mediante el teclado, una conversación con el software, y el test dice que si los humanos que interactúan con él no son capaces de distinguir si quien les responde es una persona o no, el software superará el test y será inteligente. Así, o bien hay un humano suplantando al ordenador al otro lado (que es inteligente) o un ordenador haciéndose pasar por humano (que demuestra inteligencia) y por tanto, el interlocutor, a la fuerza, debe ser inteligente. Que se sepa nunca una máquina ha podido superar una prueba similar, y desde luego los asistentes de voz que a veces acompañan a posicionadores o smartphones están muy lejos de lograrlo, por poner un ejemplo de softwares de este tipo que puedan resultarles familiares al querido lector.

En la noticia que nos ocupa, el software se llama “Eugene” y ha sido desarrollado por informáticos de San Petersburgo, y ha sido capaz de emular una conversación equivalente a la que desarrollaría un niño de trece años. Dado que el test se basa en la percepción que tiene la parte humana de cómo le responde la máquina, y que esa percepción siempre es relativa, la precisión del mismo es, por definición, escasa y muy subjetiva, pero el que por primera vez se haya logrado un consenso sobre que se ha superado la prueba es un hito en el campo de la informática y la llamada inteligencia artificial, y nueva prueba de que el desarrollo de estos campos cada vez adquiere una velocidad mayor y, aparentemente, carece de límites. Apasionante

lunes, junio 09, 2014

El debate entre monarquía y república


Es fascinante la capacidad que tenemos los españoles de abrir, de golpe, debates trascendentes sobre asuntos de la máxima importancia, enconarnos muchísimo mientras discutimos y, casi a la misma velocidad, olvidarlos sin conclusión alguna para pasar a toda prisa a otra discusión, igualmente apasionada, sobre otro tema de la máxima importancia. Diríase que usamos esto como si fuera un pasatiempo, un entretenimiento con el que alternar las conversaciones para darles algo de vidilla, como si el tiempo no nos bastase como tema común de discusión. Ahora mismo el debate, intenso, es entre monarquía y república.

En cierto modo es normal que este asunto surja tras la abdicación de Juan Carlos, porque si los republicanos no aparecen cuando se marcha un Rey, cuándo lo van a hacer? La monarquía, como institución, está hoy en día desfasada. Tiene difícil justificación que en estados democráticos donde impera la ley haya una familia, un linaje de apellidos, que mantenga una posición de privilegio sobre el resto, aunque ese privilegio se mucho menor del que parece. En general la monarquías han ido evolucionando hasta convertirse en una especie de representación institucional del país, en un gran edificio decorativo que luce y que da la imagen de la nación, pero que no poseen prebendas ni poder alguno. Sólo el Reino Unido en nuestro entorno posee una monarquía que aún detenta poder real, tanto económico como político. A efectos prácticos, no hay diferencias significativas en, por ejemplo, Europa, entre monarquías o repúblicas, dado que todas se desarrollan en sistemas democráticos, que es lo realmente importante. Si usted quiere meterse en un embrollo plantéese un par de preguntas. Qué prefiere, ¿una monarquía como la sueca o una república como la centroafricana? Todos querríamos la fría monarquía de Ikea. Ahora piense, qué prefiere, ¿Una república como la francesa o una monarquía como la de Arabia Saudí? Y nada más terminar la pregunta todos nos ponemos una escarapela tricolor y cantamos orgullosos la marsellesa. Por tanto, los términos justos del debate son dictadura versus democracia (la elección es sencilla, si ya residimos en un país libre, claro) y luego cada nación se organiza a su modo. Igual que no hay dos monarquías exactamente iguales, como señalaba antes, casi todas pintan poco menos la británica, sí hay muchos tipos de repúblicas, de tono más o menos presidencialista. La norteamericana y la francesa son de las que más poder otorgan al presidente, elegido por voto popular, pudiendo hacer y deshacer su gobierno cuándo y cómo desee, y teniendo prerrogativas muy importantes en el plano legislativo e, incluso, judicial. A partir de ahí las repúblicas van derivando a regímenes en los que es el Primer Ministro ( el Rajoy de turno) el que acapara más poder y el Presidente de la República se va convirtiendo poco a poco en una figura institucional, con un simbolismo y poder (nulo) muy similar al de nuestra monarquía. Alemania es un ejemplo de este tipo, en la que el Presidente de la República es elegido por el Parlamento y apenas es conocido por los no germanos (y tampoco mucho por ellos mismos) siendo el Canciller, ahora la señora Merkel, la que realmente detenta el poder. Por ello, cuando se discute sobre este asunto, hecho mucho en falta en las propuestas republicanas qué tipo de república se quiere, qué tipo de presidente y qué competencias se le otorgan para ejercer el cargo, porque hay presidentes de muchos muchos tipos.

En la práctica, y en España, yo soy como creo que lo son la mayor parte de los ciudadanos, monárquicos utilitaristas. Sin estar muy convencido de la figura, es lo que de momento mejor ha funcionado, y dada la tendencia que tienen los políticos patrios de gobernar sólo para quienes les han votado, careciendo del necesario sentido de estado, permite que el cargo que representa a la nación no sea usurpado por ideologías o siglas. La supervivencia de la monarquía no dependerá tanto de los republicanos como del comportamiento de quien ostente esa figura, y la ejemplaridad que transmita. Si lo hace bien, permanecerá. Si la monarquía empieza a ser vista como un problema por la sociedad, caerá, como cayó en el pasado. Así de simple.

viernes, junio 06, 2014

Caras largas en Normandía


Esta semana está plagada de acontecimientos o aniversarios históricos. En España la abdicación del Rey sigue ocupando titulares y opiniones de todo gusto y tipo, como es normal, y tras el aniversario ayer de los veinticinco años de la matanza de Tiananmen, justo el mismo día en el que Polonia cumplió también los veinticinco años desde la vuelta de la democracia, hoy 6 de Junio, es el día D. Se cumplen setenta redondos años desde el inicio de la apabullante operación anfibia que permitió colocar una cabeza del ejército aliado en el continente europeo, lo que acabaría siendo determinante para derrumbar el frente nazi occidental y acabar con la Segunda Guerra Mundial.

Con tal motivo, junto a las playas de Normandía, en Utah, Omaha, Sword Beach… allí donde miles de soldados aliados fueron masacrados por los nazis para que otros miles pudieran ganar la guerra, se reúnen los jefes de estado de los países que se unieron para vencer al psicótico poder que anidaba en Berlín. EEUU, Francia, Rusia y la Alemania vencida vuelven a verse las caras en un acto que cada año suele estar marcado por el recuerdo de la victoria, y el homenaje a los supervivientes, pero que en esta ocasión estará condicionado por la tensión que viven las potencias occidentales frente a Rusia por el conflicto de Ucrania. Con motivo de este encuentro, prefijado desde hace mucho tiempo, se están desarrollando frenéticas reuniones diplomáticas a varias bandas para tratar, sino de llegar a un acuerdo, mantener controlada la tensión que, por momentos, parece desbordarse de una manera como no se recordaba desde los tiempos de la guerra fría. Ayer a Hollande le tocó hacer de chico de los recados de los jefes, cenando primero con Obama en un restaurante parisino para, posteriormente, volver a cenar, esta vez en el Elíseo y con Putin, lo que seguramente acabará pasándole factura en sus analíticas de sangre. No está nada claro el resultado de ambas cenas, ni que hoy se produzca la esperada imagen conjunta de Obama y Putin, pese a que ambos estarán en Normandía y se verán. Ayer, en la cumbre del G7, que vuelve a ser impar y primo tras la expulsión de Rusia, se hizo oficial el apartamiento de Moscú de este tipo de encuentros y de muchas otras reuniones multilaterales en las que Rusia participaba no tanto por su poderío económico, cada vez más menguante, sino por su importancia estratégica y militar, ambas incuestionables. Si del encuentro social de hoy, centrado de cara a la opinión pública en el recuerdo al pasado, surge alguna iniciativa que permita vislumbrar un futuro más tranquilo para Europa, mejor que mejor, pero mantengo un profundo escepticismo al respecto. La posición de fuerza de Putin le está reportando enormes beneficios en su país, tanto en imagen como en apoyo popular, y de mientras gran parte del occidente europeo sea dependiente de sus exportaciones de gas sabe que no se producirán sanciones más allá de las estéticas o aparentes. De momento juega con cartas ganadoras y, por curioso que parezca, no le va mal. El resto de los invitados a Normandía también lo saben. Admiten que en Crimea Putin jugó un órdago importante y lo ganó sin despeinarse, y que en el este de Ucrania la partida es más compleja pero, evidentemente, algunos de los actores que en ella juegan son dependientes de Moscú. Y no parece que el jugador ruso esté dispuesto a pedir un descanso o a dar oportunidades a la banca para hacerse con la partida.

Y todo esto mientras sobre el terreno que preocupa a los mandatarios que hoy se reúnen en las playas, el este de Ucrania, los tiros no cesan, los combates cada vez son más intensos entre un ejército ucraniano que apenas puede con sus propios efectivos y unas milicias prorrusas que cuentan con todo el apoyo de sus hermanos del otro lado de la frontera. Setenta años después se vuelven a oír tiros y bombas en el este de Europa, una zona que, cuando los aliados trataban de alcanzar las costas francesas en 1944, era lo más parecido al infierno en la tierra, tras el arrollador paso de las tropas nazis camino al este y la reconquista rusa, dejando entre ambos una tierra arrasada, llena de muerte y destrucción. Ese recuerdo nos obliga a no repetir los mismos errores. Por eso, también, hoy es un día importante.

jueves, junio 05, 2014

25 años ya de la matanza de Tiananmen


Hoy tendría fácil escoger el tema del artículo en la actualidad nacional, en el apenas demandado en la calle debate entre monarquía y república, en las imágenes de despedida del Rey de ayer, y todo eso. Podría irme a la economía y hablarles de la trascendental reunión del BCE de hoy, en la que está tan descontado que Draghi vaya a anunciar de todo que el riesgo de decepción es muy elevado, y de cómo las burbujas de deuda pública y de bolsa americana parecen estar inflándose cada vez más… pero no. Me voy a ir a Pekín, a recordar algo sucedido hace medio siglo, de enorme importancia, y de lo que casi no se habla.

No se como era China en 1989, tampoco se cómo lo es ahora, aunque tengo pocas dudas de que el cambio producido en este cuarto de siglo ha sido fenomenal. La imagen de las ciudades chinas ha pasado a ser en estos años de inmensas praderas llenas de casitas bajas y barrios arracimados a megalópolis futuristas en las que los rascacielos brotan como los trigales en primavera. La riqueza económica del país ha crecido a la par que las construcciones, y hoy China es la segunda economía del mundo, en algunas estadísticas la primera, y va camino de convertirse en una superpotencia en todos los sentidos. Sólo el estallido de su propia burbuja inmobiliaria y financiera (que la tiene, y es inmensa) puede hacerle retroceder parte del camino andado estos años. La fábrica del mundo, como llaman algunos a esa nación, ha transformado la manera de producir y comercializar los productos en todo el mundo, y con una flagrante ausencia de calidad y tendencia infinita a la copia, el Made in China es omnipresnete en casi cualquier cosa que compremos, da igual en qué país del mundo Así, el país se ha transformado de una manera vertiginosa. Sin embargo, hay una cosa que era igual en China en los años setenta, en 1989 y hoy en día, que es la dictadura de partido único, se hace llamar comunista, que impera en el país. China es una dictadura, así de fácil es resumir su forma de gobierno, en la que los oligarcas y peces gordos del país se sitúan al frente del PCCH, el Partido Comunista Chino, se reparten los cargos y prebendas, y rigen los destinos de la nación y sus habitantes con mano de hierro. La censura, las detenciones ilegales, las torturas, la violación continuada de los derechos humanos, el abuso de la autoridad, la persecución de los disidentes, todas esas y muchas otras prácticas dictatoriales se practicaban en china hace cincuenta y veinticinco años, y hoy mismo, en esta misma noche horario de Beijing. Hace un cuarto de siglo miles de estudiantes chinos salieron a las calles a protestar, a reclamar libertar, una libertad que veían como crecía en el este de Europa en medio del derrumbe de la dictadura soviética. Esos estudiantes reclamaban para sí y sus compatriotas derechos básicos, que nunca habían podido ejercer en su país. Se convirtió en icono de aquellos días la imagen de un hombre, con unas bolsas de plástico en las manos, que hacía frente a un tanque que trataba de esquivarlo para no tener que llevárselo por delante. La revuelta cogió fuerza, movilizó a miles de personas en varias ciudades, y la dictadura china decidió aplastarla antes d que fuera a más. No se sabe cuánta gente murió aquellos días, se habla de cientos o miles, pero no hay duda de que el régimen hizo todo lo debido para sofocar la rebelión. Y tuvo éxito. Hoy la matanza de Tiananmen, la gran plaza que se extiende frente a la ciudad prohibida, en el centro de Beijing, sólo es recordada en Hong Kong, que aún se conserva como un reducto de libertad, rodeado por la garra dictatorial que, cada vez más, le impide respirar.

En el resto del país, simplemente, esos sucesos no existen. Apenas se necesita disuadir a los disidentes para que no protesten porque, en un grado de perfección orwelliano que produce escalofríos, la dictadura ha conseguido que la mayor parte de la población del país ni siquiera sea consciente de lo que allí pasó. El hecho no se estudia en las escuelas, no hay libros ni páginas web que traten del tema, ni nada. Para la mayoría de los chinos en 1989 no sucedió nada en su país, no tienen recuerdo de que algo pasase. La dictadura perfecta, que borra el pasado para que no suscite protestas, existe hoy, se llama China, y con su poder económico, nos tiene a todos agarrados por las partes bajas, manteniendo callada a nuestra justicia (véase al Audiencia Nacional en España) y sumisa a nuestra cartera. Da miedo.

miércoles, junio 04, 2014

Papistas, Juancarlistas y pelotas


Es incuestionable que la abdicación de Juan Carlos I es un hecho histórico, su reinado dura ya 39 años y es la primera abdicación que se da en España desde hace unos tres siglos, por lo que es comprensible el despliegue de los medios de comunicación, y vayan preparando los carritos si quieren adquirir los ejemplares que editen las revistas del corazón cuando se produzca la coronación de Felipe, el sexto de idéntico nombre. Pero junto con este despliegue aparecen, como no podía ser de otra manera, los aprovechados, los que todo lo sabían ya cuando nadie lo sabía y los que hasta el Lunes a las 10 de la mañana tenían una opinión sobre el tema y, media hora después, defienden ardorosamente la contraria.

Recuerdo cuando en Enero, con motivo de la Pascua militar, el rey pronunció un pequeño discurso en el Palacio Real, y ofreció una imagen muy triste. Desorientado, cansado, incapaz de terminar el texto que tenía escrito, con notables problemas de dicción, y con la sensación de que podría caerse de un momento a otro. Tras esa escena surgieron nuevamente voces que demandaban una abdicación, una renuncia, aunque fuera simplemente por las condiciones físicas que había ofrecido el monarca. Pues bien, una corte inmensa salió en tromba negando la mayor, aduciendo que todo había sido por problemas de iluminación de la sala (silencioso pero indisimulado cachondeo general el que produjo esta cutre excusa) y que el Rey ni iba a abdicar entonces ni lo haría en el futuro. Fueron muchos los articulistas, opinadores y editoriales que se manifestaron en este sentido, defendiendo una postura que, a la vista de lo sucedido, se antojaba imposible. A medida que la salud del Rey ha ido mejorando a la vista de todos la posición de los minoritarios abdicacionistas se iba apagando, pero llega el Lunes, Rajoy sale a la palestra para comunicar esa decisión nunca deseada… y todo son elogios, loas y aplausos a la actitud de renuncia del monarca. Los que, furibundos, acusaban a los defensores de la renuncia de atacar la figura del Rey y menospreciar a la institución llevan un par de días ensalzando el gesto de modernidad y sacrificio que ha realizado Juan Carlos en aras de la institución, el país y su hijo, usando exactamente los mismos argumentos que vilipendiaban hace escasos meses, en un ejercicio de transformismo tan veloz como arriesgado. Todo esto es bastante cómico. Y de hecho lo vimos de una manera muy similar hace un año con motivo de la histórica renuncia de Benedicto XVI quien, por cierto, tras su abdicación como Papa, dejó claro a todo el mundo que ya no hay cargos vitalicios, y que la renuncia nos puede llegar a todos, salvo a la Ministra de Sanidad de Ana Mato, o a Maleni, la del BEI, que no se irán salvo que los prorusos de Kiev les ataquen con fuego de mortero. Bien, vimos como Juan Pablo II moría ante el mundo en un proceso lento y doloroso, y los que defendían que debía renunciar se enfrentaron a críticas feroces, en las que les acusaba de todo, incluidos pecados mortales, dado el cariz religioso del asunto. Fallecido el Papa polaco, llega Benedicto XVI, un hombre bueno, carente del carisma de su predecesor, culto, sin fuerzas físicas ni estratégicas para poder poner en orden un Vaticano desmadrado, en lo económico y lo moral, y viéndose incapaz de ejercer la tarea que debe emprender, va y renuncia. Bombazo. Y entonces todos los apologetas de la continuidad hasta la muerte… viran en cinco minutos y se convierten en adalides de la renuncia, alaban el sabio gesto de Su Santidad y reescriben artículos, editoriales, libros y pensamientos, que eran constantes desde hace décadas, quedándose con el culo al aire, expresión no muy vaticana pero si muy gráfica.

¿Qué sucede? Que la vida es mucho más compleja de lo que uno pueda llegar a imaginar, y toda esa cantidad de opinadores no son en el fondo nada más que pelotas, aduladores de un personaje, figura o cargo, que dirán que todo lo que de ese personaje emane está bien, sea una cosa o la contraria, y que si la referencia vira, se verán obligados a virar con ella. Esa actitud es, aunque no lo parezca, una de las que más daño hace a la persona a la que dicen venerar. Todos podemos y debemos estar sujetos a críticas y alabanzas, porque haremos cosas bien y mal. El seguidismo ciego es infantil, irracional y acaba generando enormes ridículos. Evitémoslo, tanto nosotros como aquellos que dicen saber y opinan al respecto de casi todo, pero que demuestran en demasiadas ocasiones que poseen un guion muy cerrado.

martes, junio 03, 2014

La abdicación de un Rey


Una de las señales que distinguen realmente a los días importantes de la historia respecto a los demás es que, pasados los años, cuando los acontecimientos que se produjeron en esas fechas surgen en las tertulias o conversaciones, nos preguntamos unos a otros dónde estábamos el día en el que pasó eso, cómo nos enteramos de la noticia, cómo nos pilló y de qué manera la digerimos. El Golpe de Tejero, el 11S, el 11M son momentos en los que se, al recordarlos, se hacen referencia tanto a los sucesos que bajo ellos se esconden como a las vivencias personales de cada uno en ese día, independientemente de que nos pillará el evento o no.

Dentro de unos años nos preguntaremos: ¿Y tú, qué hacías el día en el que abdicó Juan Carlos I? ¿Cómo te enteraste? ¿Qué comentarios hubo en la oficina, en el trabajo, en la calle, en el café de esa jornada? A mi me cogió ayer en Elorrio, completamente de sorpresa y al poco de llegar del dentista, al que había acudido para que me revisase una muela que, intermitentemente, molesta y que al final del mes será dormida para siempre, previo pago de una onerosa cantidad, claro está. Volví a casa y me comentó mi madre que Rajoy había convocado una comparecencia institucional urgente en Moncloa a las 10:30. Raro raro. Lo primero que pensé es en una crisis de gobierno, dados los resultados de las elecciones europeas y la necesidad imperiosa que tiene de dar un impulso al gobierno en este tramo final de legislatura, pero al entrar en twitter y ver que muchas fuentes oficiales descartaban expresamente la crisis me entraron dudas. Pocos minutos antes de la hora fijada la web de elconfidencial se lanzaba en tromba anunciando que Rajoy iba a anunciar la abdicación del Rey, y eso sí que me sorprendió. Era un tema que, desde la explosión del caso Noos y el incidente de caza de Botsuana, por llamarlo de una manera, salía cada cierto tiempo al debate público, pero se acallaba rápidamente, sin que fuera más allá. Precisamente Jose Antonio Zarzalejos, periodista bien informado y que trabaja en el citado medio web, llevaba ya más de un año defendiendo la idea de que el Rey debía abdicar, asegurando incluso que era un tema que el mismo monarca ya había hablado en alguna ocasión con allegados suyos y la presidencia del gobierno. Cada vez que Zarzalejos escribía en estos términos recibía grandes críticas de todos los bandos posibles, y el tema no iba más allá. Sin embargo, al oír a Rajoy resultaba claro que la renuncia era un asunto meditado y que, a lo largo de estos últimos meses se había trabajado sin descanso en él. De hecho hoy un Consejo de Ministros extraordinario aprueba el Real Decreto de Ley Orgánica de la sucesión de la corona, que nunca se quiso hacer antes de ayer y que hoy es necesario, pero que ha sido redactado a lo largo de estas últimas semanas para poder aprobarlo a la mayor celeridad posible en las Cortes y que se pueda proceder al relevo de manera reglada, constitucional y coherente. Tras acabar Rajoy su discurso la bomba informativa había explotado, los periodistas, de Lunes por la mañana, tras la vuelta de un fin de semana que hubiera sido más o menos intenso, se encontraban con una de esas noticas que lo rompen todo, que desmontan la actualidad y que exigen plena dedicación. Los documentalistas empezaron a sudar tinta, rescatando de los archivos todo lo que hubiera, que es mucho, de la vida pública del Rey, la gente empezó a asimilar la noticia en medio de la sorpresa, y las redes sociales bulleron como casi nunca, en una mezcla de asombro, cachondeo y trascendencia que resultaba de lo más curiosa.

A lo largo del día la información ha sido apabullante sobre el tema, y es que lo debe ser, porque no abdica un Rey en España desde hace unos tres siglos, más o menos, y el legado del reinado de Juan Carlos I es tan enorme, tanto por su significado y acción como por la dimensión temporal del mismo, casi cuarenta años, que la labor de hacer balance requerirá muchas décadas, en las que se ponderará lo mucho bueno hecho y los errores cometidos, que de todo hay. El saldo es, a mi juicio, evidentemente favorable para el país, y ahora empieza otra etapa, que será distinta a lo vivido, porque nada puede ser igual a lo pasado. Cambia la jefatura del estado, pero el país sigue estando en las mismas manos de siempre. Las nuestras.Las de todos.