viernes, enero 31, 2020

China se desconecta del mundo


Es deprimente comprobar cómo la actualidad política española viaja sin rumbo al albur de las improvisaciones de su presidente y condicionada por los vientos independentistas que la mantienen a la deriva, como bien lo cantaba Remedios Amaya. Sánchez volvió a evidenciar ayer que es capaz de cambiar de postura en horas si Esquerra le estruja lo suficiente, demostrando que su gobierno y su poder es representativo, y poco más. A este paso el episodio de Ábalos y las multiversiones incongruentes va a ser la tónica general de lo que nos espera en la legislatura, dure lo que quiera Esquerra que dure. Va a ser desolador, sí, pero al menos nos reiremos un poco de nuestra propia desgracia. No queda otra

Así que larguémonos rumbo a China, aunque eso sea algo que cada vez, en el mundo real de los viajes, empieza a ser más complicado. Allí, epicentro de la infección del coronavirus, las cosas se complican por momentos, sobre todo porque el número de afectados no deja de crecer, el de muertos también (aún en cifras muy escasas, afortunadamente) y se puede ya afirmar que todas las provincias chinas están afectadas por algún caso, por lo que la cuarentena de Wuhan ha tenido un efecto que no parece muy relevante, como era de esperar dada la dimensión que ya tenía el brote cuando se empezó a propagar. Ayer la OMS declaró la alerta internacional por este virus, medida que llevaba varios días en estudio y que se resistía a aplicar, quizás escarmentada tras el fiasco de la gripe A de hace unos años, en los que el revuelo mediático y médico no estuvo a la altura de las consecuencias de lo que fue una gripe muy menor. Pese a ello yo me quedé sólo defendiendo que en ese caso las autoridades y especialistas médicos habían actuado correctamente, porque es mejor prevenir y declarar una alerta y que luego el resultado sea nulo que confiar a que todo sea pasajero y la situación se descontrole. Es una elección entre situaciones de riesgo sometidas a alta incertidumbre, y en estos casos lo mejor es ser prevenidos. A medida que el brote se extiende por China y otros países la situación médica se complica, y la social más. Esta semana numerosas aerolíneas han suspendido sus vuelos con el gigante asiático por el miedo al contagio y por el derrumbe de la demanda, y hoy es ya el gobierno de EEUU el que pide a sus ciudadanos que no viajen allí, por lo que el tráfico de personas entre China y el resto del mundo tenderá a la nada en breve. Ayer mismo el gobierno ruso decretó el cierre de más de cuatro mil kilómetros de frontera que comparten ambas naciones, así que China misma se enfrenta a una situación de cuarentena nacional, aunque quizás sea algo que ya no tenga mucho sentido, dado que le brote se ha extendió más allá de sus fronteras. A medida que los cierres crecen el efecto económico del virus va a más y los problemas futuros causados por ese efecto económico se amplían. Una cosa es una crisis de horas, días, y otra una situación en la que durante un tiempo indefinido la producción de uno de las mayores naciones del mundo, que representa un 18% del PIB global, se detenga. Se anuncia en varios medios que las vacaciones por el año nuevo lunar se prolongarán durante toda la próxima semana de febrero, por lo que la inactividad se extiende. El efecto que eso provocará en las cadenas logísticas de producción de todo el mundo puede ser enorme, como una ola de retrasos e incumplimientos que se extienda desde allí a fábricas y empresas de todo el mundo. Stocks de piezas, almacenes, plantas de montaje… piense por un momento en todas las industrias que utilizan fábricas y / o componentes chinos en su proceso de creación, y quizás no haya alguna que se libre. Desconectar a China del mundo puede ser sencillo, el miedo corre mucho y logra hacer cosas inauditas, pero el coste de esa decisión será global y, sin duda, intenso.

Y todo esto sucede al inicio de un proceso de expansión que aún puede prolongarse durante bastante tiempo. En esta web pueden ustedes seguir el crecimiento de las cifras oficiales de infectados, muertos y recuperados en todo el mundo. Ahora mismo estamos en 9.776 contagiados y 213 fallecidos, pero verán que la curva de infectados crece sin cesar, lo que es normal en un proceso de contagio de este tipo. La crisis del coronavirus está creciendo y no se va a acabar a corto plazo. Sería deseable que, en un par de semanas, estas cifras se estabilizasen, síntoma de que los contagios empiezan a reducirse. Veremos a ver si es así o no.

Subo a Elorrio y me cojo un par de días. Si no pasa nada raro, el siguiente artículo será el miércoles 5 de febrero

jueves, enero 30, 2020

A un día del Brexit


Ayer el Parlamento Europeo vivió uno de los días más importantes, y tristes, de su historia, y me fastidia mucho que el indigno Puigdemont fuese uno de los testigos de ese acontecimiento. En una votación, por mayoría absoluta rotunda, aprobó el acuerdo del Brexit y ratificó el amputamiento de la UE, el corte de uno de sus miembros. Entre la congoja generalizada y el mínimo entusiasmo de los populistas de Farage, uno de los principales causantes de este desaguisado, la ratificación da vía libre legal a la desconexión del Reino Unido de la UE, que se producirá a las 24 horas de mañana viernes 31. Se acabará el mes y la pertenencia de los británicos al club común

Desde que se produjo el condenado referéndum de 2016 todo ha sido un camino de penalidades y sufrimientos autoinflingidos para el club comunitario y, sobre todo, para el Reino Unido. El que ha sido uno de los países más pragmáticos y serios del mundo, responsable con sus compromisos e intereses por encima de todo, fue abordado por una ola de populismo que consiguió llevar el patético comportamiento que despliegan los adolescentes guiris en las urbanizaciones de Magaluf hasta el mismo corazón de las instituciones que flanquean toda la avenida de WhiteHall, sede del poder en aquel país. Todo lo sucedido es la crónica de un fracaso político y social, de una decisión errónea que no deja ganancias para nadie, y que sólo alberga la duda de cuántas serán las pérdidas futuras para todos los implicados y cómo se repartirán. La existencia de un gobierno estable en Londres garantiza que los acuerdos que se puedan firmar entre la UE y Reino Unido sean ratificados y llevados a cabo a la práctica sin dilaciones ni rémoras, pero nada dice sobre las posibilidades de que esos acuerdos sean realmente alcanzados. De hecho, el acuerdo de Brexit ratificado ayer por la cámara europea no es sino el primero de los muchos acuerdos que deben suscribirse entre ambas partes para establecer cuál será la relación futura. Y esa relación es, como la niebla cuando se impone en el canal, una sombra misteriosa. La complejidad de lo que viene ahora para ambas partes es enorme, y la presión mutua también, y la incapacidad de alcanzar acuerdos un riesgo compartido que aumentará los daños. De momento el 1 de febrero el Reino Unido ya no tiene voz y voto en la UE, sus parlamentarios dejan de serlo y su representación institucional decae, pero la relación comercial sigue sujeta a las normas que estaban el vigor el 31 de enero. ¿Cuál será la relación futura entre ambos lados del canal? Nadie lo sabe. La pretensión británica de recuperar soberanía chocará en la práctica con el tupido tejido de relaciones profesionales, empresariales y de todo tipo que existen entre las economías y sociedades de ambos lados, y el desligar esas bridas que nos unen es mucho más costoso y difícil. ¿Jugará Londres a ser un paraíso fiscal a las puertas de la UE? ¿Qué tipo de tratado comercial firmará con unos EEUU en los que la veleta Trump les da una imprevisibilidad absoluta? ¿Cuándo será consciente el Reino Unido de que, al salir de la UE, se convierte en otro pequeño país europeo, cada vez más irrelevante? Las naciones de esta parte del mundo que llamamos Europa pintamos algo en la economía global si trabajamos de manera conjunta y coordinada, su aunamos esfuerzos y posiciones, porque ante el gigante norteamericano y chino nuestra insignificancia es cada vez mayor. Muchos británicos añoran la época, no tan lejana, en la que ellos eran el centro del imperio, pero eso ya pasó. Como España hace más de un siglo, tienen pendiente la digestión de la pérdida del poder global, la asunción de que no serán ya más los rectores del mundo. Y eso es un proceso duro, difícil, que exige madurez como nación y templanza. Hace unos años hubiera dicho que Reino Unido era un país capaz de afrontar ese reto con las mejores garantías posibles, pero hoy ya no puedo afirmar eso.

Una derivada interna para los británicos, que se abre con toda su crudeza a partir del sábado 1 de febrero, es su estabilidad interna como nación, su unidad como reino. El problema de Escocia e Irlanda empezará a adquirir una dimensión mucho más relevante una vez que el Brexit empieza a convertirse en realidad, y no está nada claro cómo van a gestionar desde Londres esas dos tensiones territoriales, de una complejidad enorme. Eso será un gran quebradero de cabeza para el gobierno británico y añadirá confusión a las negociaciones con la UE para la relación futura. El próximo fin de semana los populistas y nacionalistas están de fiesta, para el resto será una fecha triste, en la que no habrá nada que celebrar, y sí mucho que lamentar. Se nos van los british.

miércoles, enero 29, 2020

Versiones Ábalos


A estas horas de la mañana del miércoles 29 puede que el gobierno haya vuelto a fabricar una nueva versión del caso Ábalos, retorciendo un poco más las cosas y llegando a cotas insuperables de cinismo, dado que las tolerables fueron rebasadas con creces con cada una de las versiones anteriores. Ahora estamos en la pantalla “gestión diplomática” en una especie de videojuego chusco en el que las nuevas fases se crean e improvisan a gran velocidad, todo ello transitando por zonas de un aeropuerto, el madrileño, donde los extraterrestres pueden llegar cuando les plazca y, legalmente, estar seguro no sólo de no pisar España, sino ni siquiera el planeta tierra. Eso es al menos lo que argumentaría este desgobierno.

El caso Ábalos es bastante sencillo. Al Ministro le han pillado haciendo algo ilegal y se ha ido inventando mentiras y excusas para ocultarlo, y cuando la bola le ha sobrepasado ha habido órdenes desde arría, su único jefe, para fabricar mentiras aún más gordas para cubrirle. Es una pieza de caza mayor, no tanto por el ministerio que ocupa, que sí es de los gordos, como por su cargo en el PSOE, y Sánchez no puede ofrecer su cabeza. Sabiéndose protegido, Ábalos no ha dudado en tirar de chulería propia de taberna cutre en apariciones en las que ha afirmado que “vino para quedarse y a él no le echa nadie” palabras que, en boca de cualquier político que no fuera del PSOE o de Podemos (o nacionalista) hubieran provocado un escándalo. Como las ha expresado alguien de la facción política que es tratada con mimo en este país, no se le han criticado. Ábalos ha metido la pata hasta el fondo, y lo sabe, y sabe que le han pillado metiendo la pata, y el error ha sido mayúsculo. Obviamente iba a reunirse con Delcy, la vicepresidenta de Maduro, a sabiendas de que esa reunión era ilegal porque sobre Delcy pesan sanciones de la UE y no puede estar en suelo comunitario. No se si forzado por la rama podemita del gobierno o no, no se con qué objeto ni fin, pero Ábalos acudió a Barajas para reunirse con Delcy, amparado en la noche y en la creencia de que nadie se enteraría. Pero no, ahí estaba la prensa, que se enteró. No se puede comprar a todos los medios, y en este caso el mérito de la noticia corresponde a Voz Pópuli, que se enteró y permitió que nos enterásemos los demás. A partir de ahí, ya lo saben, la secuencia clásica que se produce cuando a uno le pillan en una mentira, que se da de vez en cuando con los niños en el colegio o en casa o en la política cada dos por tres. De la negación absoluta de “no estuve en Barajas” a la “gestión diplomática” actual media un sinfín de comunicados, desmentidos, rectificaciones y palabrería barata que ha ido enredando el caso cada vez más y que, como toda sucesión de excusas prefabricadas, sólo sirve para agrandar el tamaño de la mentira originaria y mostrar la cobardía profunda de quien la cometió y de los que ahora se unen a él para ocultarla. Pase lo que pase Ábalos no va a dimitir si Sánchez no lo considera necesario, y de momento no es el caso. Su figura queda tocada, hundida, para muchos, pero seguirá aferrado a un cargo que cree propio y que quien se lo ha dado considera que, de momento, le pertenece. El resto no importa para Moncloa y su complejo de comunicados y medios, que parecen tan encantados de haberse conocido como siempre. Si se fijan, no hay muchas diferencias entre el patetismo de las explicaciones dadas en este caso como en las creadas por Cospedal cuando lo del despido de Bárcenas. A ambos partidos les pillaron con el carrito del helado de la mentira, y en ambos casos las órdenes supremas han sido las mismas. Miente para tapar una mentira, y da igual si das pena o no, te comes el marrón. En ambos casos hubo medios afines a cada partido que compraron la mercancía averiada, o más bien directamente la difundieron, obligados por su seguidismo a consignas ideológicas y otros que criticaron lo que el partido hacía. Es curioso, o no, que los que entonces hicieron lo primero hoy hacen lo segundo y vicecersa.

Por eso, no puedo evitar pensar, en este caso concreto, en ese periodista de El País o de la SER, como antaño fueron los del El Mundo o ABC, que recibe órdenes de reescribir el artículo sobre el caso Äbalos que redactó hace apenas unas horas, sabiendo que era una pura mentira, porque desde Moncloa ha llegado “nueva información” (nuevas mentiras) que amplían (confunden aún más) la información inicial. Sabe el periodista que cada tecla que pulsa traiciona su compromiso profesional y se convierte en mera correa de transmisión del poder al que debiera controlar, pero sabe también el periodista lo fácil que es ser despedido, y cómo su profesión se ha devaluado económicamente hasta el punto de que cobrar por ella es casi un milagro. Periodista, te entiendo. A tus jefes serviles y al poder que les controla, les temo.

martes, enero 28, 2020

El coronavirus empieza a cotizar


Hasta ahora el impacto económico de la epidemia del coronavirus de Wuhan había sido anecdótico, algunas vacilaciones en los mercados internacionales, pero nada parecido a una respuesta clara. Ayer la cosa cambió, con caídas generalizadas en las bolsas de medio mundo, de un 2% de media en Europa y un 1,5% en EEUU, bajada del petróleo, subida del oro como activo refugio y ascenso de los valores de la deuda pública. Bien es cierto que algunos mercados, como los estadounidenses, cerraron el viernes en máximos históricos, por lo que tarde o temprano era de esperar una caída. El consenso de analistas, sirva para lo que sirva, achaca lo de ayer tanto al virus chino a, un poco, porque tocaba hacer un parón. Veremos a ver.

Lo cierto es que empiezan a surgir análisis sobre cuáles pueden ser los impactos de esta crisis en la economía, tanto china como global, y de momento el consenso, nuevamente, señala que podríamos estar ante una situación bastante similar a la vivida en crisis pasadas comparables, como la del SARS. Se apuesta por un evento de impacto intenso pero breve, basándose en un comportamiento epidémico que sea controlado en un tiempo razonable y sin consecuencias desastrosas. El SARS llegó a causar cerca de ochocientos muertos, y se extendió por varias naciones del sureste asiático. Por lo que se sabe del nuevo virus, su capacidad de contagio (lo que se denomina R0) es bastante más elevada que la del SARS, de tal manera que un enfermo podría contagiar de entre tres a cinco personas, y su mortalidad es inferior a la del brote que usamos como comparación. Nos encontramos, por tanto, y siempre teniendo en cuenta los datos que poseemos, ante una enfermedad de extensión más rápida y menor virulencia. Sin embargo, hay dos factores nuevos que juegan en contra nuestra, y permite amplificar el impacto económico del presente virus. Uno es que, desde que se produjo el SARS, el peso económico de China no ha dejado de crecer, y hoy en día es imposible entender la economía global sin ella. El nuncio que hizo ayer el gobierno de Beijing de prolongar las vacaciones de año nuevo introduce un retraso en el sistema productivo chino no contemplado y que, como un efecto dominó, se va a trasladar a las cadenas logísticas y de producción de medio mundo, donde China es omnipresente. Las afectaciones que puedan sufrir estos procesos de producción globales son las que más preocupan, porque son fácilmente desestabilizables y cuesta volver a poner en orden. Por usar el clásico símil norteamericano, pocas veces más apropiado en su literalidad, puede que China ya sea lo suficientemente grande como para que, cuanto en Beijing estornuden, la economía global se constipe. El otro factor es el de las redes sociales, que tienen una doble cara. Muy positiva porque su uso por parte de la comunidad científica está ayudando a compartir la información que se posee del virus y todo lo relacionado con su origen, funcionamiento y alternativas de curación. La secuencia de ADN del mismo circula desde hace días en la red y trabajos de investigación son compartidos en tiempo real, aumentando por tanto el poder de la ciencia como técnica distribuida para poder encontrar un remedio. Pero ya sabemos que en las redes se grita mucho y se viraliza más la basura que lo bueno. Extienden los nervios, la histeria y el alarmismo, y eso genera evidentes efectos económicos, casi ninguno bueno. Frente a los que antes comentaba en la logística y producción, pueden ser más intensos pero más breves, más en formato pico que valle, pero se unen a todo lo demás. Es evidente que las cifras futuras de PIB del primer y segundo trimestre chino de este 2020 van a estar lastradas por lo que está pasando. La dimensión del efecto aún es casi imposible de determinar.

Un factor económico chino que es muy relevante para España es el del turismo. Recientemente China se ha convertido en una potencia exportadora de turistas, que gastan mucho, y España lleva ya algunos años intentando conseguir un trozo de ese goloso pastes. Las entradas de turistas y divisas provenientes de China no han dejado de crecer y lo que ahora sucede puede ser un golpe a esta tendencia, que empezaba a asentarse. El enorme Corte Inglés de Nuevos Ministerios, cerca de donde trabajo, está rotulado en chino, además de en ruso y árabe, y no por casualidad. La suspensión de viajes y restricciones similares puede afectar mucho a esta industria tan importante para nuestra economía. Hay que estar muy atentos a lo que pasa y tratar de distinguir, entre el ruido, la información certera.

lunes, enero 27, 2020

75 años de Auschwitz


Hoy se cumplen setenta y cinco años desde la fecha en la que las tropas soviéticas, en su avance por Polonia rumbo a Berlín, descubrieron Auschwitz, y según el relato oficial, lo liberaron. Creo que el término liberación no es muy exacto en este caso, porque lo que encontraron los soviéticos fue a unos pocos miles de personas que eran espectros, humanos en su más baja condición, despojos que no habían sido aún exterminados por la maquinaria nazi ni llevados por los guardias en su huida del campo, donde unos sesenta mil presos fueron conducidos por bosques y estepas en las caravanas de la muerte. Lo que encontraron los soviéticos era casi la nada, apenas seres vivos.

Auschwitz se escapa de la comprensión humana y, paradójicamente, es uno de los lugares y conceptos que mejor nos puede definir como especie. No ha sido la matanza nazi la mayor de la historia, es probable que el gulag soviético la superase en dimensión, se quedó en poca cosa respecto a la masacre perpetrada por el maoísmo en china, en proporción nada es comparable al exterminio organizado por los jémeres rojos en Camboya, y en velocidad nada alcanza el grado al que se llegó por parte de los hutus contra los tutsis en Ruanda, con meses de machetazos, pero es Auschwitz el epítome del mal porque expresa el deseo concienzudo de su ejecución, la expresión de la más frías mentes a la hora de diseñar, ejecutar y terminar un plan trazado negro sobre blanco, cuyo fin es el exterminio de un grupo humano. Hay un componente de racionalidad profunda en la concepción de Auschwitz que aterra mucho más que todos los anteriores casos, porque no es fruto de un calentón, de un estallido de ira incontrolado, alentado por fanáticos o desatado de la nada, no, sino el fruto de esfuerzos de pensamiento humano, de trabajo de ingenieros, funcionarios, militares, industriales, y otros muchos gremios y profesiones, que se encaminaron hacia el objetivo común del exterminio. Es Auschwitz una fábrica industrial moderna diseñada para matar, para exterminar, una estructura que consume almas y cuerpos para generar ceniza, calor y vacío. Una empresa como cualquier otra que uno pueda imaginarse, con su contabilidad, sus gestores, sus empleados, sus analistas, que cuenta cadáveres en vez de, pongamos, fertilizante empleado, y lleva una tabulación del número de exterminados con unos objetivos de una manera casi idéntica a los que un banco analiza su cuenta de resultados. Auschwitz eleva el asesinato a una dimensión y frialdad tan absoluta como pavorosa, y por eso produce un vértigo total, porque algo así sólo puede ser fruto de la mente humana, de la poderosa y desarrollada mente humana. Nada en el mundo que no sea humano es capaz de crear algo así, y nada que no sea la mente humana puede acabar de abarcarlo. Un sentimiento común de los supervivientes es el de la incredulidad, la incapacidad de relatar de manera creíble lo que han vivido, porque es imposible hacerse a la idea de lo que allí pasaba, es necesario que uno sea capaz de imaginar lo que sucedió para asumirlo como real, pero lo más aberrante de Auschwitz es, precisamente, el absoluto raciocinio humano que impera en todo su concepto. En su diseño, en su ubicación planificada, en su proceso de crecimiento desde un campo de concentración hasta el núcleo del exterminio judío en el este, en la creación de campos paralelos hasta la conversión en un complejo con Birkenau como satélite y un entramado industrial anejo que se surtía de esclavos para sus fines productivos, en la logística de transporte necesaria para abastecer de trenes cargados de personas que, a un ritmo de varios miles al día, eran asesinadas de una manera tan eficiente y rápida como hasta entonces no se había visto nunca… en todas sus dimensiones Auschwitz es, sin duda, una creación que sólo puede ser humana, y asomarse al horror absoluto de su concepción es comprobar que, en cada uno de nosotros, puede llegar a existir un monstruo capaz de diseñar, colaborar y apoyar algo semejante. Auschwitz nos demuestra, sin posibilidad de escapar, que el mal está en nosotros mismos, y su recuerdo se convierte en una señal que marca lo que, si una vez llegó a pasar, puede volver a suceder.

Hoy, setenta y cinco años después de que el mundo empezase a ver aquello, los testigos se mueren, apenas quedan puñados. Cuando desaparezcan del todo será responsabilidad absoluta de los que ahora vivimos el mantener vivo su recuerdo, para evitar que algo así pueda volver a suceder jamás. En la bruma de unas historias personales que empiezan a ser historia pasada, la llama del antisemitismo y del fanatismo nacionalista vuelve a brotar, y ese mal que nunca cesa se revuelve otra vez ante nosotros, usando nuestros miedos para buscar culpables de las dudas que nos corroen. Hace no mucho, no muy lejos, fue el lema de una exposición itinerante que el año pasado recaló en Madrid. Recordemos siempre para no repetir nunca.

viernes, enero 24, 2020

Confinados en China


Menudo nivel el de la política nacional. El leninista Iglesias, coherente con su arcaica y fracasada ideología, sigue apoyando con todas sus fuerzas al régimen dictatorial de Nicolás Maduro y considera a Guaidó como un representante de la oposición venezolana, nada más. Quizás sea la influencia del vice lo que provocó que Ábalos se reuniese, de manera fortuita (en fin…) con la vicepresidenta de Maduro en un avión en Barajas, una persona que tiene prohibido el acceso a territorio Schengen por los cargos de corrupción y abuso de poder que ejerce al frente del régimen que aprisiona Venezuela. Con quién te reúnes y con quién no dice mucho de tus ideas y tu catadura moral.

Así que me largo de este cutre lodazal para irme a china, donde la cosa se complica cada vez más. En medio de mensajes tranquilizadores de un gobierno que, de momento, controla la comunicación, ya son algo más de veinte millones de personas las que se encuentran confinadas en cinco ciudades chinas. Lo que empezó como una medida drástica en Wuhan, el lugar en el que se originó el coronavirus se ha extendido a diversas urbes de su entorno, en una extensión de una forma de actuar a la que sigo sin verle mucho sentido una vez que los focos ya se han diseminado por buena parte de la propia China y de otras naciones. En todo caso, el gobierno y ejército chino no se andan con tonterías y han decretado un cierre que es tan aparatoso como atemorizante. De momento no tenemos ni idea cierta de si las cifras que hablan del entorno de una veintena de fallecidos y varios cientos de enfermos son veraces o no, pero los millones de personas que residen en esas localidades afectadas, que redondeando equivalen a media España, están encerrados en sus urbes sin poder entrar ni salir. Esto no es sólo un enorme problema a la hora de llevar a cabo trabajos y tareas comunes, porque no hay transportes internos ni nada por el estilo, sino sobre todo es una situación de agobio creciente dado que, como nada puede entrar tampoco en la ciudad, las provisiones que los ciudadanos tengan en casa serán lo único que les sirva para alimentarse y sobrevivir. Circulan por la web vídeos en los que se muestra a los militares cortando autopistas, estaciones de tren y otros transportes completamente vacías, muertas, y colas e incidentes en supermercados por parte de ciudadanos que buscan llevarse lo que puedan en previsión de que lo que desaparezca en las baldas no será repuesto. En tiempos de bulos cibernéticos es difícil saber si estos vídeos son ciertos o no, pero así lo parecen, y en todo caso reflejan una situación que es fácil suponer que sea cierta. Póngase usted en su lugar, que un gobierno dotado de un poder duro intenso y que no duda en utilizar le avise que su ciudad, supongamos Madrid, queda cerrada a cal y canto por tiempo indefinido, que nadie puede entrar ni salir, y que metro, autobuses, trenes, aviones, todos los transportes dejan de funcionar. Imagino que el instinto primario será abastecerse de gasolina en su coche para tratar de que le sirva como medio de transporte el mayor tiempo posible e ir a comprar comida para aguantar una situación que no depende mucho de uno mismo, ni en la duración ni en las consecuencias. También hay vídeos de servicios médicos abarrotados, quizás hospitales, en los que se ven escenas de agobio, bronca, con presuntos enfermos que llenan pasillos. Nuevamente, ciertos o no, pueden ser verosímiles. Si los transportes no funcionan y uno se pone enfermo en casa, ¿cómo acude al centro de salud para buscar cura? ¿cómo es visto por el médico en una ciudad de enormes dimensiones en la que hospitales y centros de referencia pueden estar a varios kilómetros de distancia de casa?. Las consecuencias prácticas del confinamiento que vemos, si el gobierno es capaz de forzarlo en el tiempo, pueden ser mucho más letales que cualquier enfermedad.

En cierto modo, asistimos en directo en el caso chino a una distopía absoluta de esas que tan de moda están en los medios audiovisuales. Los ciudadanos de Wuhan viven en un experimento coercitivo que ha transformado su urbe en una cárcel, con el miedo de la enfermedad de fondo, y sin que sepamos muy bien desde aquí qué es lo que pasa, imagino que en las calles de la ciudad la actividad se habrá reducido casi a la nada, ofreciendo escenas propias de relatos de apocalipsis destructivo, que generan morbo en mucha parte de la audiencia. Es asombroso lo que está pasando allí y, sea lo que sea lo que suceda con la enfermedad, Wuhan es, ahora mismo, un gigantesco laboratorio humano sometido a una prueba de estrés como no se recuerda.

jueves, enero 23, 2020

China confina Wuhan


En China todo se hace a lo grande, y por decreto, por imposición de un gobierno despótico que posee el poder y el control sobre la sociedad, no conformada por individuos libres, sino por súbditos sometidos. Si se decide hacer un aeropuerto, los técnicos determinan dónde debe estar, y el gobierno se encarga de que ahí esté en un plazo no muy breve de tiempo, y si alguien vivía en ese lugar, será el gobierno el que se encargue de que deje de vivir ahí, y si es necesario, que deje de vivir, y punto. Sin reglas democráticas, la eficiencia de la economía china es elevada y su crecimiento asombra, pero no debemos nunca olvidar que su régimen se parece mucho al franquismo que regía España en los cincuenta, con el comunismo ocupando el lugar del nacional catolicismo.

¿Qué se desata un brote neumónico en una megalópolis? No hay problema, se confina a toda la población y se le prohíbe salir de allí. Esto es lo que ordenó ayer el gobierno chino sobre Wuhan, una ciudad de once millones de habitantes (repita, piense en la cifra y mire a su alrededor imaginando once millones de personas) en la que comenzó el brote del coronavirus neumónico que ahora está en muchos informativos de todo el mundo. La medida es, en sí misma, absurda, sobre todo porque el virus ya se ha extendido fuera de esa urbe, y controlar a la población que vive allí sólo permitirá confinar el foco inicial de la enfermedad, pero no los focos secundarios que ya se han detectado fuera del lugar de inicio. Ahora, si el gobierno quiere mostrarse duro ante la enfermedad y lanzar un mensaje internacional de que hace todo lo posible para luchar contra la enfermedad, quizás sea algo que tenga sentido. Tampoco hace falta ser muy perspicaz para, viendo esta noticia, pensar que los mensajes de tranquilidad que lanzan las autoridades de Beijing son, cuando menos, poco realistas. Si el brote es pequeño y leve, ¿por qué tanto alarmismo? Y si no es tan pequeño ni tan leve, ¿de qué sirve un confinamiento en un foco que ya no es el único? Como verán, un montón de preguntas para las que carezco de respuesta alguna. Lo único cierto es que desde hoy no se puede ni entrar ni salir de una ciudad de dimensiones gigantescas en la que viven muchos millones de personas. Imaginemos, europeos, que se cierra París o Londres, ciudades más pequeñas que Wuhan, y se prohíbe a sus habitantes escapar. Se cancelan trenes, se bloquea el aeropuerto y lo que hasta ayer era una viva metrópoli conectada con medio mundo se convierte en una isla que empieza a asimilarse a una prisión. Las dimensiones de las ciudades modernas las hacen impracticables para ser abandonadas a pie por las personas, por lo que es probable que, conocida la orden, muchos intentasen anticiparse a la salida cogiendo coches u otro tipo de vehículos para abandonar la ciudad por su red de carreteras. Se supone que estas carreteras también estarán cortadas, en ambos sentidos, aunque es casi seguro que será escaso el flujo de entrada a la ciudad. ¿Y dónde acaba una ciudad hoy en día? El término municipal y la corona de edificios quizás pueda tener un límite físico, pero en el día a día del trabajo cualquier urbe, pongamos Madrid, tiene unos complejos flujos de entrada y salida que la expanden mucho más allá de sus propios límites conceptuales. Hay gente, no poca, que va y viene diariamente a trabajar a Madrid y que vive en Toledo, Segovia, Guadalajara, etc… pensemos en Londres o París, que se expanden como manchas de aceite a su alrededor. ¿Dónde se acaban? ¿Cerrar, pongamos Madrid, incluye sólo la ciudad pura o toda la Comunidad, que vive y trabaja en simbiosis con la capital? ¿Incluimos ahí todo el corredor del Henares? En Madrid el río que la atraviesa, muy adecentado en los últimos tiempos, sigue siendo un juguete, pero Londres, París o, también, Wuhan, poseen un señor río que permite un flujo de mercancías y viajeros. ¿Dónde acaba aguas abajo Londres? En el mar.

Y todas estas reflexiones y dudas, y miles más, surgen a cuenta de un virus del que sabemos bien poco. Como mínimo debiéramos conocer su tasa de contagio entre individuos y el tiempo de incubación del mismo en el que resulta contagiable para modelizar cómo puede expandirse la enfermedad, y a ello añadirle la tasa de mortalidad que genera para realizar estimaciones sobre la gravedad del problema al que nos enfrentamos. De momento es seguro que la gripe convencional, que apenas causa alarma ni genera noticias, posee tasas mucho más mortíferas que las de este coronavirus. Una buena fuente de información de lo que está pasando es el blog Microbiolog de Ignacio López-Goñi, un experto absoluto en la materia. Acudan a él.

miércoles, enero 22, 2020

El nuevo coronavirus chino


Hace unas semanas, no mucho después de reyes, empezó a circular la noticia de que una nueva enfermedad infecciosa se estaba dando en la ciudad china de Wuhan, una urbe que no nos suena a nada y que tiene una población aproximada de once millones de personas, más que Londres, algo así como Moscú. Los primeros casos afectados parece que se dieron en personas que habían frecuentado un mercado de marisco local, en el que también se vendían carnes y otros alimentos frescos. Las autoridades chinas anunciaron a los pocos días que todo estaba controlado, el mercado clausurado, el causante del mal controlado y con él la enfermedad.

Dos semanas después el panorama es bastante distinto y, sin llegar a ser alarmistas, empieza a coger un tono preocupante. El número de fallecidos ya no es nulo, sino que se eleva a nueve, los contagiados a varios centenares y la dispersión de la enfermedad hace bastante que ha dejado la ciudad en la que se originó y se encuentra ya en bastantes urbes chinas, del sureste asiático y, gran novedad, ayer se detectó el primer caso en los EEUU, en una persona proveniente de allí que llegó a Seattle. Los modernos sistemas de transporte de nuestro tiempo son el mejor de los aliados para que las enfermedades infecciosas puedan moverse con una velocidad y extensión que jamás hubiera sido imaginable hasta hace apenas un siglo, y las noticias las acompañan a una velocidad mucho mayor si cabe. Ayer por la tarde esta nueva enfermedad empezó a escalar posiciones en el ranking informativo global después de la bajada de las bolsas asiáticas que provocó en gran parte y la confirmación del primer caso en territorio occidental. El proceso de creación de un problema global es arquetípico, y hoy esta enfermedad se empezará a colar en conversaciones, cafés y tertulias de medio mundo como otra posible amenaza. ¿Lo es? Poco es lo que sabemos por ahora de la misma, pero todo invita a ser prudentes, a escuchar a los expertos en la materia y estar preparados para lo que muchos señalan como una repetición del caso del SARS que afectó al sureste asiático hace ya algunos años y que provocó problemas moderados y de duración temporal limitada, setecientos muertos mediante. Lo que está conformado es que nos encontramos ante un coronavirus, un tipo de virus que provoca una infección similar a la neumonía, y que es capaz de contagiarse entre personas. Las primeras informaciones hablaban de un contagio producido en el mercado de Wuhan entre personas que habían o comido o tocado algún producto contaminado, y es bastante probable que ese fuera el origen real del brote, pero que una vez que el virus saltase al huésped humano hubiera mutado para convertirse en algo capaz de saltar entre persona y persona, siguiendo el caso clásico de evolución que presenta el virus de la gripe. En general todas estas enfermedades surgen por contaminación entre animales y humanos, y se convierten en epidemias cuando el virus muta, como acaba de suceder en este caso, para convertirse en puramente humano. Poco se ha publicado de las características del virus, pero parece que el ya mencionado SARS pudiera ser un referente válido para aproximarnos a lo que tenemos delante, y el número de casos tratados y la información que se tiene es aún muy escasa como para poder determinar la tasa de mortalidad y la peligrosidad intrínseca de la enfermedad. Sería muy distinta la situación si los afectados y fallecidos son personas ya enfermas de otras cuestiones y, en general, personas ya debilitadas como pueden ser ancianos que si nos encontramos ante enfermos que caen sin patologías previas. Como antes señalaba, en estos temas la prudencia debe estar en primera línea informativa, acompañada de la profesionalidad de los expertos en enfermedades infecciosas, que son los únicos capaces de valorar la dimensión e importancia de lo que tenemos delante. Cuando se produjo el SARS no existían las redes sociales, ni la viralidad tóxica de los bulos. Ahora sí, por lo que el motivo de prudencia informativa debe ser reforzado.

China, el origen del brote, es uno de los primeros agentes que debe responder claro y sin ocultamientos a las peticiones de información que la OMS y profesionales asociados han empezado a recabar sobre el terreno. La tradicional opacidad de las dictaduras a la hora de contar las cosas malas que pasan en ellas es un lastre cuando se trata de prevenir problemas globales, y este es un buen ejemplo. Además, casualmente, el inicio inminente de las festividades del año nuevo chino y la ingente cantidad de viajes internos que ello genera obliga a ser muy rigurosos en las medidas de protección e identificación de los enfermos. La opacidad mostrada hasta ahora por las autoridades chinas es tan lesiva como el propio virus, y uno de sus principales aliados.

martes, enero 21, 2020

Sánchez en TVE


Ayer Pedro Sánchez concedió su primera entrevista desde, creo, la victoria electoral del 10 de noviembre. Más de dos meses en los que no ha pasado casi nada en la política española sin una sola entrevista del principal protagonista. Resulta curioso, o no, con qué facilidad los políticos buscan a los medios para vender su mensaje cuando se encuentran en campaña y cómo la rehúyen una vez que alcanza el poder, y descubren que es ese mismo poder que atesoran el que les permite vender el mensaje, sin necesidad de que los periodistas sirvan de intermediario. Los utilizan como correa de transmisión, y algunos de ellos están encantados. Curioso, o no.

Poco fue lo noticioso de la entrevista de ayer, concebida como un ejercicio por parte de Sánchez para colocar argumentos políticos que llevamos oyendo ya semanas y que se van a convertir en el mantra de los próximos meses. Confirmó la subida del salario de los funcionarios un 2%, que le aconsejo que lo ahorre en vista del cada vez más desatado déficit público. A preguntas sobre cómo se va a poder controlar esa variable y las limitaciones que Bruselas impone en materia económica, Sánchez se mostró evasivo, diciendo que todo se cumpliría como es debido, pero sin dar una muestra certera de cómo va a implantar algo de seriedad presupuestaria. Su objetivo pasa por aprobar unos nuevos presupuestos antes del verano, pero conseguir los 176 votos necesarios para ello se antoja difícil y, sobre todo, muy caro para las exiguas arcas públicas. Sobre el otro gran tema, Cataluña, fue algo más locuaz, pero no evitó algún momento de estilo “Rajoyesco” en una nueva muestra de que, como los martes son los nuevos viernes en lo que hace a reuniones del Consejo de Ministros, Sánchez es cada vez más Rajoy en su modo de expresarse y parecer. Anunció que se reuniría con Torra en Febrero y lo enmarcó en una gira que va a hacer por todas las Comunidades Autónomas para reunirse con todos los presidentes regionales (atenta, Greta, las emisiones de CO2 que pueden emanar del Falcon en esos viajes serán de órdago) pero dejó clara su visión de que estamos ante un conflicto político, cuando una semana antes de las elecciones era de convivencia, que sería buena idea reformar el código penal para adaptar algunas figuras que son las que han permitido la condena a los golpistas catalanes, cuando una semana antes de las elecciones pedía mayor dureza contra ellos y nuevas penas relacionadas con los referéndums ilegales… en definitiva, cada palabra suya sobre este asunto estaba rellena de un adanismo propio del inconsciente, dejando caer en todo momento que estamos ante un problema heredado del gobierno anterior, y una debilidad de quien se sabe cogido por parte de los independentistas. No esperen muchas soluciones prácticas en este asunto y sí mucho, muchísimo márketing, que de eso vamos a estar servidos hasta el hartazgo en las próximas semanas, meses, años… lo que vaya a durar el gobierno. Muy habilidoso estuvo Carlos Franganillo al preguntarle qué opinaría el PSOE si el PP hubiera nombrado a un ministro como Fiscal General del Estado, a lo que Sánchez respondió con una excursión por la tangente alabando las cualidades técnicas y profesionales de una Dolores Delgado que, si no me equivoco, sigue siendo diputada del PSOE y que participó activamente en la campaña electoral de noviembre, no precisamente alentando en exclusiva a la participación. La figura del rector de la fiscalía ha sido manipulada por todos los gobiernos, quizás de manera sublime por Felipe González cuando nombró para ese cargo a un ya olvidado Eligio Hernández que fue de lo más desastroso y partidista que hubo en el mundo parajudicial. Dolores Delgado ha sido leal y fiel a Sánchez y al partido, y obtiene como premio un puestazo, para el que técnicamente está capacitada pero éticamente no. Su nombramiento, como si lo hubiera sido por parte del PP en una situación similar (pensemos en Enrique López y los cargos que ha ocupado a lo largo de su carrera) es una cacicada, lo diga un portavoz político del grupo que sea o su porquera. Y el silencio de la facción de Podemos ante este nombramiento no es sino una muestra de cómo el poder exige pleitesía, y qué rápido la otorgan quienes en su vida sólo desean aspirar a él.

Justo al final de la entrevista salió el tema de RTVE, del concurso público para su administrador, que duerme en el limbo deseado por todos los partidos, la situación de absoluta interinidad en la que se desenvuelve el ente y la necesidad de profesionalizar un medio que todo partido y gobierno ansía por controlar (Iglesias, admítelo, sueñas con ello cada noche ahora que lo tienes tan cerca). Ahí Sánchez volvió a ser evasivo, aunque sí acertó al señalar que el consumo vía plataformas y los servicios de streaming han cambiado lo que entendemos por televisión, y que RTVE debe ser una potencia global en ese nuevo ecosistema. ¿Cómo? ¿Con qué gerencia? De eso seguimos sin saber nada. Carlos Franganillo y Ana Blanco se fueron sin respuestas.

lunes, enero 20, 2020

Putin se perpetúa


En medio de nuestro fragor diario, cada vez más ruidoso y vacío de contenido, una de las noticias de la semana pasada que menos eco alcanzó en nuestros medios fue la del anuncio de Putin de reforma de la constitución rusa y la remodelación de su estructura de poder. Este anuncio fue una sorpresa para todo el mundo, porque tras la victoria en las últimas elecciones presidenciales, que fueron un mero trámite, Putin ostenta la presidencia hasta el lejano 2024. Sin embargo, ha empezado a planificar su sucesión, quizás porque, como buen dictador, quiere dejarlo todo atado y bien atado, y esta vez de verdad.

Putin es un maestro de la manipulación del poder y de las leyes para su propio interés. Inauguró lo que podemos denominar la autosucesión mediante un truco parecido al cambio de cromos. Presidente de Rusia durante dos mandatos consecutivos, el máximo de lo permitido, buscó a un hombre de paja, el valido Mevdeved, para que optase a la presidencia, que logró sin problemas, y Mevdeved le nombró primer ministro a Putin, cargo bastante vacío de competencias pero que el bueno de Vladimir se encargó de ejercer como si de una presidencia ejecutiva se tratase. Tras eso, en las siguientes elecciones presidenciales, Putin volvió a presentarse, y claro, ganó, y repitió victoria, que es donde estamos ahora. No puede volver a optar a un nuevo mandato ni directa ni indirectamente según la carta magna de aquel país, por lo que si quiere conservar el poder, o algo similar, debe modificar las estructuras nacionales, y a eso se va a poner tras el anuncio de la semana pasada. Probablemente lo que busca es la creación de una especie de Consejo de Estado deliberativo, que pueda emitir opinión sobre los asuntos del gobierno, Consejo que, sin duda, presidiría él con carácter, casi seguro, vitalicio. Ese Consejo asesoraría a la Presidencia del país, que sería despojada de algunas de sus funciones para debilitarla y hacerla mucho más maleable. Sí, Putin siempre consigue que los cargos que él ocupa estén revestidos de poder y desvestidos cuando los deja. El anuncio del Kremlim llevó a la dimisión del gobierno y de su actual primer ministro (seguro que lo adivinan, era el valido Mevdeved) y el nombramiento de un gris funcionario de Hacienda llamado Mijaíl Mishustin como nuevo primer ministro. Desde luego por ese lado del poder Putin no va a tener problema alguno para manipular y reformar a su antojo. No ha sorprendido tanto esta maniobra como su prontitud, estando tan lejos el límite del actual mandato presidencial. ¿Por qué esas prisas? Una de las opciones es que Putin desea que el nuevo sistema sea ya algo estable y asentado para 2024 y su transición a sí mismo se vea como algo natural, sin que pueda interpretarse como un apaño burdo y precipitado. Otro motivo puede estar en la caída de la popularidad de su figura en los últimos tiempos. La economía rusa sigue languideciendo en medio de un envejecimiento tecnológico y social que no cesa, y el subidón nacionalista que supuso para el país la anexión de Crimea ya ha sido digerido. El coste de la intervención militar en Siria sigue lastrando las cuentas públicas y los ingresos del país, completamente dependientes del precio del crudo y del gas no dan para mucho más. Rusia sigue en un proceso de decadencia, lento e imparable, y la figura de Putin y su omnímodo poder logran disimular esa situación, pero no ocultarla del todo. La autocracia que ha construido, un régimen autoritario de los duros que no lo parece tanto, tiene éxito en el mercado exterior, y dirigentes como Orban y Trump en el fondo admiran las formas y autonomía con la que el ruso ejerce su poder. Les gustaría a ellos ser el Putin de sus naciones. Afortunadamente personajes tan sagaces y siniestros como Putin no abundan, pero él mismo sabe que sus principales esfuerzos deben centrarse en mantenerse en el poder y que la sociedad no se le revuelva en exceso, y como buen ex espía de la KGB, sabe, conoce y actúa en consecuencia.

En el fondo que Rusia esté presente en multitud de foros internacionales y posiciones estratégicas globales (sin ir más lejos, ayer en Berlín, en la conferencia sobre el desastre de Libia) es un mérito de Vladimir y una sobrerepresentación de un país que es mucho menos de lo que aparenta y puede, pero que sigue pensando en global, y así dictamina su política exterior, que es muy interior a efectos de propaganda. A su manera, Putin ha sido un líder muy exitoso y ha marcado a su nación de manera decisiva todos los años que lleva en el poder. Seguro que muchos rusos de a pie no opinan lo mismo, pero allí está prohibido opinar si es en contra del régimen. Es lo que tienen las dictaduras.

viernes, enero 17, 2020

Han nacido los biobots


El mundo sigue avanzando y no nos espera, y seguimos sin darnos por enterados. Así nos irá. Científicos norteamericanos han anunciado esta semana la creación de los primeros biobots, un palabro que esconde un artilugio creado mediante células biológicas vivas y que actúa como nosotros deseamos que lo haga. Realmente, el título que le he puesto al artículo de hoy no es certero, porque esas “cosas” no nacen, sino que son creadas en un laboratorio, pese a estar compuestas de componente vivos no son objetos vivos en realidad. Estas estructuras nos desafían en lo intelectual y lo conceptual, ya que de paso nos vuelven a poner encima de la mesa el complicado debate de definir lo que es vida, que sigue sin estar nada claro.

El término más correcto para definir a estos seres sería del de máquinas vivientes, porque realmente son una máquina, un objeto creado para que haga un determinado trabajo, sólo que sus piezas no son bielas o palancas sino células. El trabajo de creación de estos objetos reúne lo más avanzado en biología y computación, porque ha sido necesario un enorme trabajo informático para saber realmente cómo juntar las células que queremos para que la creación haga lo deseado. De momento estos objetos se mueven tal y como lo desean sus creadores, y para ello se han utilizado células de un tipo de rana, concretamente dos de ellas, unas musculares activas y otras de su piel, pasivas. Las activas son las que, con su capacidad de contracción, pueden otorgar movimiento al conjunto, y su disposición es la que está muy pensada para que la respuesta móvil sea la esperada, mientras que las otras sirven de soporte y estructura general al objeto creado. En el fono podríamos pensar que los científicos han hecho un robotito con piezas de LEGo que se mueve tal y como desean, pero que esas piezas no son plásticas y en forma de ladrillo sino células. El salto tecnológico que supone algo así es enorme, es la culminación de años y años de trabajo en disciplinas aparentemente inconexas que han logrado crear algo que no existía con anterioridad y que apenas si había sido soñado en la ciencia ficción. No son pocas las novelas en las que la nanotecnología cobra un papel importante, y enjambres de nanorobots actúan de manera coordinada con consecuencias muchas veces funestas, que para eso son novelas interesantes. En este caso uno puede lanzar la imaginación al vuelo y pensar en que máquinas como esa puedan ser creadas en masa y actuar de manera coordinada para hacer funciones que se busquen por parte de, pongamos, la medicina. Es obvio el papel que objetos como estos pueden tener en el tratamiento de enfermedades de todo tipo, dada la capacidad de actuación que les podemos otorgar y lo degradable de su estado una vez que la hayan realizado. ¿Estamos ante el surgimiento de un nuevo tipo de “fármaco”? Muy probablemente, pero eso es adelantarse mucho. Lo que hemos conocido esta semana es la primera pieza que abre una nueva tecnología cuyo futuro no sólo nos es desconocido, sino que en gran parte es inimaginable. Estamos, por así decirlo, como si nos acabáramos de enterar que los hermanos Wright han tenido éxito en algo llamado vuelo en un campo del este de los EEUU, pero que aún no podemos decir nada de algo llamado aviación y de su influencia en el futuro. Las posibles aplicaciones que pueden tener descubrimientos de este tipo son, potencialmente, enormes, y ya hay voces que, como antes señalaba la medicina, están poniendo sus ojos en otros campos como el medio ambiente, con la degradación de los residuos como una de las posibles vías obvias. Es pronto para pensar en cosa por el estilo, pero el mero hecho de contemplar cómo esa cosa, de ínfimo tamaño, avanza en medio de la nada propulsada por sí misma gracias a un diseño humano que la ha concebido resulta, en sí mismo, tan alentador como sorprendente. Es un logro.

Es importante señalar que esas cosas, compuestas de tejido vivo, no están vivas como tales, pero se encuentran bastante cerca del concepto de virus, que tampoco está exactamente vivo tal y como lo entienden los expertos en la materia, pero no es menos cierto que el comportamiento y composición de estos objetos, estas máquinas biológicas, hace que uno se pregunte dónde está el límite de lo vivo y de lo no, si la vida no es sino una propiedad emergente de sistemas como el creado en laboratorio, que aparece cuando la complejidad de los mismos se dispara hasta un punto de no retorno. En el fondo usted y yo también somos, complejas hasta el infinito, máquinas biológicas, sea eso lo que sea que quiere decir.

jueves, enero 16, 2020

Cartas de amor


¿Hace cuánto tiempo que no escribe una carta? ¿O que no la recibe? No cuente entre estas últimas las de los bancos o facturas diversas, que se entienden caligráficamente bien pero conceptualmente mal. Escribir y recibir misivas se ha convertido en una rareza, los buzones físicos de nuestros pisos rebosan de propaganda, pero toda esa palabrería apenas nos dice nada. Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que el correo era la única manera de comunicarse en la distancia, y las noticias llegaban por esa vía. Se escribían con esmero, se enviaban con ilusión, se esperaban con ansia, se leían a muy alta velocidad. No hace demasiado de aquella época, aunque pueda perecernos antediluviana.

En Cartas de Amor, que se representa en el Teatro Bellas Artes, se rememora la vida que en esos tiempos pudiera girar en torno a la correspondencia, y como la recepción y el envío son dos caras de una misma moneda, la del deseo, la necesidad, de comunicarse entre dos personas que se quieren. Vista ayer, en compañía de ABP, la obra merece mucho la pena y supone una exhibición, contenida como no podía ser de otra manera, de dos extraordinarios actores como son Irene Gutiérrez Caba y Miguel Rellán. Ambos dan vida a una pareja norteamericana, Melissa y Andrew, que se conocen desde la infancia. La primera carta se la mandan los padres de Melissa a los de Andrew para invitarle al niño al octavo cumpleaños de la niña. A partir de ahí surge una relación de amor entre ambos cuya evolución vemos descrita entre idas y venidas de cartas, respuestas y contra respuestas que se suceden durante décadas. Es una relación asimétrica, en la que el niño cae completamente rendido ante la sofisticada niña, y le quiere con inocencia desde un principio, mientras que ella lo observa con cariño pero sin esa pasión asociada al romance. En la adolescencia queda claro que ella le quiere, pero no le ama, mientras que por parte del él querencia y amor se unen en deseo hacia ella. La evolución de los personajes empieza a ser evidente a medida que avanza la obra y los textos nos revelan a un Andrew que se ve forzado a construirse una vida alternativa al amor a su Melissa del alma, porque ella le sigue dedicando ojitos, cariños y deseos, pero nunca el amor que él espera. La vida de ella, adinerada, pretenciosa y llena de alternativas, contrasta con la de él, que proveniente de una familia sin tantos recursos ha tenido que construirla a base de estudio y esfuerzo. El progreso en la vida de Andrew, al menos en lo profesional, es creciente, mientras que la de Melissa da tumbos entre una afición y otra, soportado todo ello por el caudal de dinero que le permite vivir sin trabajar. En amores él busca fuera de su adorada el cariño que ella no le da, y tiene aventuras más o menos intensas hasta que encuentra una mujer con la que casarse, tener hijos y formar una familia convencional. Melissa también se acaba casando y creando una familia, pero el destino de la misma será bastante distinto, y mucho más sombrío, que la de Andrew. La posición de él no deja de afianzarse en lo profesional mientras que la carrera de ella se hunde poco a poco en la irrelevancia y el abandono por parte de los que, en algún momento, le acompañaron. Asistimos al derrumbe de uno de los protagonistas sin que el otro apenas pueda hacer nada para evitarlo, y el proceso se acelera con los años, en una gestión del tiempo vital que la obra logra condensar en algo más de una hora de intensidad creciente. Al final, la última carta que escriba Andrew se la mandará a la madre de Melissa, después de asistir al sepelio de su amor eterno, que ha muerto envuelta en las sombras de la adicción, el olvido y la soledad. Quien tanto brillaba se apaga por completo, y quien de su luz obtenía vida debe aprender a subsistir en la oscuridad.

El montaje, discreto, envuelve la trama en la que los actores, sentados cada uno en un extremo de una especie de inmenso sofá, van leyendo y tirando al suelo las cartas que se remiten uno a otro, lo que acaba por dejar el escenario lleno de papeles, que son sus vidas redactadas. Las voces, inflexiones, los tonos que los actores ponen logran la magia de representar sus papeles sin que necesiten levantarse en ningún momento del lugar en el que están sentados. Gesticulan a veces, pero es todo y sólo voz lo que tienen para crear escenas y sentimientos. Como dice Andrew en un momento dado, las cartas quedan, el papel permite recrearlas, mientras que las conversaciones por teléfono, artilugio que nace a medida que ellos crecen, se las lleva el viento.

miércoles, enero 15, 2020

Borja Sémper lo deja


Ayer hizo pública Borja Sémper su renuncia a la actividad política, tras toda una carrera en el Partido Popular del País Vasco, en el que ha llegado al liderazgo de la rama guipuzcoana. Considerado por muchos como un verso libre, su ideología sincera siempre ha estado por detrás de sus convicciones personales, detrás en el sentido de relegada, de secundaria. Constitucionalista en tierra hostil, hostigado por el terrorismo, dice Sémper que se va por motivos personales, pero que el actual clima de enfrentamiento, de sectarismo, de bandos, no le motiva, y considera que eso no es política. No puedo estar más de acuerdo con él.

En teoría la política debiera ser una aspiración entre las más nobles posibles, a la que aquellos dotados de ideas y corazón quisieran llegar, porque es la política la vía para gestionar y resolver las disputas diarias y trabajar en pro de la comunidad, de toda ella. El político está al servicio de la comunidad, y bajo el imperio de la ley rige sus destinos y toma decisiones. Es el ministro, que viene del latín “minister” el menor entre todos ellos, por estar al servicio de todos ellos. Si te nombran Ministro no te puedes sentir engrandecido, sino abrumado por la responsabilidad. Tras estas palabras bonitas, la realidad. La política se ha convertido, desde hace tiempo, y no sólo aquí, en una ciénaga de la que es imposible escapar impoluto. El fango se extiende por todas partes y las ambiciones personales de todo tipo chapotean en él buscando asomar un poco más sobre el resto, sin importarles nada más. En España además todo se adereza con un extremismo en la calificación ideológica que es tan infantil como ridículo, pero que ha prendido entre muchos, desde luego entre los que habitan las redes sociales y las convierten en una versión suprema de esa ciénaga a la que antes aludía. En pocos meses hemos vivido la marcha de dos figuras relevantes del escenario político, ayer la de Borja Sémper, a mediados del año pasado la de Toni Roldán. Sirvan ellos como exponente de profesionales modernos, con convicciones, que llegaron al mundo de la política de la mano de liderazgos inclusivos, abiertos, prometedores, que iban a traer la regeneración y, de paso, valorar como es debido a los técnicos que conocen las materias, que saben de lo que habían, que las han estudiado y que no suponen que tres tuits equivalen a un máster y cinco a un doctorado. Con el paso del tiempo, esos profesionales han comprobado con amargura no sólo que no podrán llevar a cabo muchas de sus ideas desde puestos de responsabilidad, sino que los equipos en los que se integraron se han convertido en otra cosa muy distinta. Máquinas de adulación al líder, sometidas a los designios de quien dice ver más allá de los demás y que les lleva irremediablemente a los arrecifes, en medio del silencio y peloteo generalizado. Además vieron como el sectarismo anidaba en la política, promovido y espoleado por aquellos que son los más sectarios, que se mueven a gusto en el grito y la descalificación, en la mentira, en el supremacismo de lo que consideran suyo, y han logrado extender esa forma de comportarse por todo el tejido político. ¿Qué papel le queda a un técnico, a un moderado, en un debate de esencias? ¿Cómo alzar la voz de la razón en medio del griterío? No lo se. Quizás ellos vieron que había llegado el momento de no seguir esforzándose en el vacío, de no perder más fuerzas en una batalla perdida de antemano porque el gritón, el faltón, el que carece de argumentos es el que va a imponer su voz. Y optaron por la retirada, dejando el campo vacío, por el que cada vez se mueven con más soltura los extremistas, los mediocres, los que nada saben y de todo presumen, los que sólo azuzan el ruido y la furia que mencionaba Shakespeare. Ellos, desde luego, saben lo que es eso, aunque a buen seguro apenas hayan leído al bardo de Avon.

Perder a figuras como Sémper es dramático para la política nacional, ahonda el proceso de degradación que vive, en el que los cuadros de los partidos se hacen cada vez más monolíticos en lo doctrinario y huecos en lo intelectual. “El que se mueve no sale en la foto” dejó dicho Alfonso Guerra cuando en los ochenta era el guardián de las esencias socialistas, en una era que en su momento nos pareció políticamente decadente y que ahora, en comparación, luce como la Atenas de Pericles. Toda la suerte del mundo a Borja Sémper en su vida y carrera a partir de ahora. Se le echará de menos, al menos este que les escribe lo hará. Cada vez estamos más solos los que, teniendo alguna ideología o pensamiento, escapamos de doctrinas y confesiones. Desde ayer somos uno menos.

martes, enero 14, 2020

1917, la guerra

Antes de que las tropas nazis desatasen la más cruel e inmensa de las guerras que en el mundo han sido, hubo otra guerra europea, que al terminar se denominó “la gran guerra” porque dejaba empequeñecidas a todas las anteriores en crueldad, destrucción o absurdo. Tras la derrota del fascismo se denominó a esta como II Guerra Mundial y a aquella anterior como I Guerra Mundial. Los desastres, extensión y consecuencias de la segunda opacaron a la primera, pero es curioso ver que cuando uno visita localidades del centro y norte europeo muchos memoriales y placas se dedican a los caídos en la primera, de ella es el recuerdo más intenso.

1917, la última película de San Mendes, no sitúa en uno de esos frentes europeos de la ya avanzada contienda, donde soldados de uno y otro ejército se miran y controlan desde trincheras que horadan el suelo hasta convertirlo en madrigueras de topos y tumbas de hombres. En ese momento de las hostilidades todo el centro del continente, especialmente la frontera franco alemana y la zona de Bélgica son un hervidero de trincheras, una especie de estructura similar a las arterias y vena de un cuerpo que se extiende kilómetros y kilómetros sin fin, sin que sirva para llegar a ninguna parte, sin que permita hacer nada más que disparar, recibir, sufrir y morir. Cada cierto tiempo nuevas remesas de jóvenes llegan para reemplazar a los muertos que se pudren por doquier, y son lanzados al exterior de la fosa, siendo liquidados muchos de ellos en apenas minutos, formando parte desde entonces del abono de un terreno torturado que no deja de ser molido por la artillería, convertido en un paisaje lunar de vacío, destrucción y mierda. Y así es Europa desde hace algo más de dos años, y así seguirá siéndolo aún durante un año más, la misma expresión del infierno que soñaron los poetas y pintores de tiempos pasados, que tuvieron en la miseria y las guerras medievales una aproximación a tan funesta idea pero que ni en sus sueños más horrendos hubieran sido capaz de imaginar hasta qué punto se podía hacer de intensa y real su figuración demoniaca. La película, que técnicamente es un prodigio, pone todos sus recursos al servicio de una historia que, como miles, se sucedieron en ese frente, donde unos soldados tratan de sobrevivir en medio de la locura, buscando en todo momento conseguir su misión, que es trascendental para que algunos pocos se salven. Seguramente todos son conscientes de la inutilidad de sus esfuerzos, pero luchan de manera denodada por ello, y ese absurdo, esa determinación, ese cumplir la obligación, es lo que la película trasmite de manera ejemplar. Y sobre todo, lo que transmite es el miedo, la desolación, el absoluto horror que viven sus protagonistas, encarnando piezas de quita y pon, soldados cuya valía como personas es nula en un contexto en el que las picadoras de carne trabajan a destajo y en el que los cuerpos no son sino osarios andantes que van camino de convertirse en podredumbre. El reparto, con caras muy desconocidas, al menos para mi, recrea esas sensaciones con autenticidad, y el espectador, introducido hasta el tuétano en un lugar que aborrece y del que desea escapar con todas sus fuerzas, no puede hacer otra cosa que mirar, mirar sin parar, casi sin pestañear, conmovido por lo que observa y muerto de miedo ante la imposibilidad de escapar. Cada escenario que se muestra, que tiene un grado particular de belleza, esconde lo peor imaginable, no en forma de monstruo fantástico, sino de presencia certera de la muerte encarnada en el otro, en el enemigo, a veces muy real, casi siempre oculto, pero en todo momento presente en el desánimo general. No hay ejercicios de patrioterismo ni mensajes de unas naciones sobre otras, sólo hombres perdidos que cumplen órdenes, buscando salvarse del morir.

En su obra, además de todos los méritos cinematográficos que puedan imaginarse, Mendes muestra la guerra en toda su crudeza y vacío, como ya lo hiciera antes Spielberg en su salvado soldado Ryan o Nolan en la playa de Dunquerque, por no remontarnos a clásicos imperecederos del pasado, pero en la obra que hoy nos ocupa no hay descanso, no hay redención, no hay momentos de relax, no existe la huida, ni el refugio, apenas da sombra el árbol junto al que pretende descansar uno de los protagonistas, todo es desolación. Y eso era Europa en 1917, y lo fue en siglos pasados, y lo volvió a ser pocas décadas después. Está en nuestra mano, cada día, evitar que vuelva a suceder algo así, evitar que, como hemos hecho a lo largo de casi toda nuestra historia, nos matemos con la mayor de las sañas posibles. Eso también lo cuenta 1917.

lunes, enero 13, 2020

Irán derribó el avión ucraniano


El sábado, a muy primera hora de la mañana, y ante la acumulación de pruebas y acusaciones, el gobierno de Teherán tuvo que salir en público a reconocer que el desastre aéreo del miércoles no fue un accidente, sino un derribo. Como los medios norteamericanos habían avanzado, fue un proyectil de la defensa antiaérea iraní lo que impactó contra el avión, provocando su inmediata volatilización. Nos queda el consuelo de que los fallecidos apenas se enteraron de lo sucedido y que su final fue tan absurdo y cruel como brusco. Es muy probable que cuando los restos del aparato impactasen contra el suelo hacía ya varios segundos que nada albergaban con vida.

Como adelantaba el viernes, la posibilidad de que estuviéramos ante un derribo era la peor de las pesadillas posibles para el régimen de los ayatolas, y ahí es donde se encuentran ahora mismo. El ridículo que han protagonizado sus fuerzas de defensa y las víctimas causadas, entre las que se encuentran muchas de otras nacionalidades, además de iraníes, son un enorme baldón sobre la espalda de un régimen al que nunca le ha temblado la mano para disparar contra su propia población, pero que acostumbrado a un hermetismo casi total con respecto a la cobertura mediática de sus actos, apenas se ha sentido cohibido por las reacciones externas. En esta ocasión las cosas son bastante distintas. El ánimo de unidad nacional que se creó tras el asesinato del general Soleimani se ha deshecho y vuelven las protestas a las calles de la capital y de otras ciudades por parte de una población que vive encarcelada bajo un régimen de tiranía al que, sorprendentemente, siguen defendiendo buena parte de los estandartes del buenismo internacional. Que la posición de Trump en este avispero empeore la imagen que tenemos de EEUU no sirve de excusa para que eso pueda absolver los males y desmanes que, sin cesar, desarrolla la dictadura teocrática que rige los designios de Irán. Y es una pena, porque la sociedad iraní, que es persa, es con mucho la más proclive a un entendimiento con occidente de entre todas las que se encuentran en esa parte del mundo. De hecho, es en Irán donde podemos decir que se encuentra una sociedad como tal, porque en sus países vecinos, empezando por las monarquías del golfo, el nivel de represión de las dictaduras que las rigen es tal que resulta irónico hablar de sociedades tal y como las entendemos. Con una edad media ridículamente baja, alto nivel de estudios y una cultura propia milenaria, la sociedad iraní demanda desde hace décadas un apertura política y mental que le permita salir adelante y escapar de la miseria e insatisfacción en la que vive, pero el régimen ha diseñado un sistema tan estructurado como eficaz para mantenerse en el poder y reprimir todo tipo de oposición. La existencia del enemigo externo, sea real o inventado, es genial para toda dictadura como excusa para actuar como tal y como aglutinante de la población, y es real que Arabia saudí supone una amenaza para los intereses de Teherán, pero en esa lucha se enfrentan tanto intereses geoestratégicos como, sobre todo, visiones religiosas, con el chiísmo iraní frente al sunismo saudí. Si hasta hace décadas identificábamos la primera de estas alternativas islámicas como la radical frente a la moderada, los últimos años nos han puesto sobre la mesa cómo la radicalización ha ido mucho más de la mano del sunismo, con DAESH y Al Queda como fuerzas de choque militar de una visión del islam que es tan arcaica y radical que puede dejar a los ayatolas convertidos en paganos. El papel de socios suministradores de crudo que suponen para nosotros las monarquías del golfo oculta estos problemas de fondo y hace que, en muchas ocasiones, malinterpretemos la realidad de esa zona, que es muy complicada por sí misma. Quizás debiera ser Irán nuestro socio preferente en la región, y alcanzar con él acuerdos que permitan mantener la confianza y seguridad regional, todo ello bajo la estricta condición de supervivencia del estado de Israel. La retórica de Teherán es muy incendiaria, pero la sociedad que vive bajo esa manta de opresión demanda una libertad que nos suena mucho a todos los que un día no la tuvimos y también la buscábamos.

¿Qué futuro tienen las actuales protestas en Irán? Muy difícil saberlo. Es una oportunidad de oro para que, con inteligencia y sigilo, EEUU pueda sentar bases para debilitar el régimen desde dentro y hacerle ver la necesidad de que cambie, de que vire. Sin embargo, lo se, esa posibilidad es muy pequeña, tanto por la falta de luces (cortas, largas, de todo tipo) que actualmente existen en la Casa Blanca de Trump como por el agobio del régimen iraní, que interpreta cualquier cesión como una vía para perder un poder que necesita como si fuera el aire para seguir existiendo. La tensión en la zona va a seguir alta durante mucho tiempo y lo vivido en la pasada semana, de pesadilla, nos muestra cuán cerca estamos de que un accidente cause una desgracia localizada o global.

viernes, enero 10, 2020

¿Fue un accidente aéreo?


El miércoles por la mañana, en medio de las represalias iraníes y con la tensión desatada, tuvo lugar un grave accidente aéreo en Teherán. Un Boeing 737 ucraniano se estrelló al poco de despegar y, como consecuencia, falleció toda la tripulación y el pasaje. A los nervios que se vivían en medio mundo por la disputa geopolítica se sumó el luto intenso en Ucrania y Canadá, las de las que procedían la mayoría de los fallecidos en el siniestro. Escenas clásicas de recogimiento y ofrendas en la terminal a la que debía haber llegado el vuelo y de la que partía, y la necesidad de estudiar qué es lo que había pasado para evitar nuevos accidentes similares.

Hoy, dos días después del desastre, la gran pregunta es si realmente estamos ante un accidente aéreo o un incidente militar, si el avión se cayó por la causa que fuese o fue derribado por un proyectil. Ayer empezaron a circular vídeos, en los que no se aprecia mucho, e informaciones de fuentes fiables que achacaban al fallo militar como causa del desastre, y a última hora de la tarde tanto el gobierno canadiense como en norteamericano consideraban que, en efecto, no estamos ante un accidente. Se inclinan por pensar que las defensas antiaéreas iraníes se equivocaron al detectar ese vuelo como el de un posible enemigo y actuaron en respuesta, derribando al aparato con un misil de ese tipo, no con los balísticos empleados en la respuesta iraní frente a EEUU. De ser así, el gobierno de Teherán sería el único responsable de este desastre y debiera hacer frente a todas las responsabilidades civiles y penales que de él surgieran. Así mismo, si se logra demostrar esta causa, el ridículo al que harían frente los sistemas militares iraníes sería de los más sonados, porque al contrario de otros derribos de aviones civiles, que fueron ejecutados de manera premeditada en el pasado (el caso coreano, por ejemplo) en este caso estaríamos ante un burdo error de objetivo, una errónea identificación de enemigo y, por tanto, una falla completa en los sistemas de detección de la defensa de Irán. De momento, a lo largo de la tarde de ayer se produjo, en paralelo a estas declaraciones desde el continente americano, una retirada progresiva de muchos de los aviones que volaban el cielo iraní, y la cancelación de rutas que usan ese espacio aéreo. Si uno acudía a la web de seguimiento de vuelos por radar comprobaba que el cielo de Irán se iba despejando, convirtiéndose en un agujero para la aviación, en lo que era una muestra de precaución de las compañías ante la posibilidad de que, realmente, el accidente no lo fuera. Las consecuencias geopolíticas de todo esto no están claras, pero no son menores. De ser un derribo, la hostilidad de occidente hacia Irán crecerá, con motivos evidentes, y la imagen del régimen, como antes les comentaba, puede quedar muy dañada, no sólo fuera, sino sobre todo dentro de la nación. El asesinato de Soleimani ha creado, como derivada, una unidad dentro de Irán que no se veía desde hace mucho, unidad que es mala para el futuro de la oposición democrática y genial para el régimen de los ayatolas. Este suceso aéreo puede volver a ser una vía para que se muestren fracturas en esa unidad, y que el estamento militar, elevado ahora a los altares junto al cadáver de quien fuera su miembro más prestigioso, pierda respetabilidad ante los ojos de la castigada población iraní. Obviamente el régimen sigue diciendo que estamos ante un accidente de origen técnico y que no hubo intervención de su ejército en ningún caso. A medida que pasan las horas la presión crece y parece que desde Teherán se empieza a abrir la mano para que expertos de aviación internacional acudan al lugar del siniestro y puedan investigar sobre el terreno. Se mantiene la negativa de dar a Boeing las cajas negras del aparato, pero es probable que en eso el régimen también tenga que ceder. Por el bien de la seguridad aérea y por el respeto a las víctimas, es obligatorio saber qué las mató.

En medio de este turbio asunto termina una semana que ha sido de infarto en Oriente Medio, con la tensión disparada y con tambores de guerra sonando. Parece que la acabamos de una manera mucho más tranquila que como empezó, lo que es objetivamente bueno, pero no debemos bajar la guardia. Los motivos de tensión que anidan en esa zona no han desaparecido, y si realmente irán pone nuevamente en marcha sus procesos de enriquecimiento de uranio como ha comentado sólo estamos ante la cuenta atrás de una nueva crisis, que será más grave. Tarde o temprano alguna de las piezas de ese tablero se va a mover de manera brusca, es demasiada la tensión que se acumula allí para que así no sea. Ojalá me equivoque (lo hago mucho)

jueves, enero 09, 2020

Se rebaja la tensión en Irán


Máxima era la expectación ante lo que pudiera decir Trump en el mensaje que programó ayer, a media mañana de EEUU, tarde nuestra, para responder al ataque perpetrado por Irán contra dos de las bases que el ejército norteamericano tiene en Irak. El golpe fue dado mediante el lanzamiento de misiles contra la instalación y, pese a las declaraciones oficiales de Teherán, no hay constancia de que causase bajas entre la tropa y civiles allí asentados. La dimensión misma del ataque, no mucha cosa la verdad, era un indicativo de que el régimen iraní no había querido lanzar un acto de gran dureza, y desde primera hora europea los mercados cotizaban sin histeria, en un indicador de apaciguamiento.

En su comparecencia Trump logró mantener esa sensación de desescalada de la tensión que se vivía a lo largo del día, y lanzó dos mensajes importantes; que no quiere una guerra con Irán y que aumentará la intensidad de las sanciones económicas a ese país. Eso bastó para que las bolsas europeas, casi ya en el cierre, subieran y la americana lo hiciera con más fuerza, y que el precio del petróleo cayera con ganas, midiendo de manera nítida la relajación de la situación que se estaba viviendo. Consideraba Washington que lo que había hecho Irán era poco más que una rabieta sin mucho fundamento, y que, de momento, las cosas podían quedarse ahí. ¿Es esto el fin de este episodio de tensión? A corto plazo sí, pero a medio y largo no. Está por ver no si ya el propio Irán sino las milicias que eran comandadas por el finado Soleimani respetan una posición en la que el gobierno de Teherán ha escenificado mucha ira pero ha ejecutado bien poca. Quizás ellas traten de actuar de manera alternativa, separada de la contención mostrada por el estado mayor iraní. Y con lo volátil que está la cosa no debemos perder la perspectiva de que cualquier error de cálculo o acción armada que se descontrole puede iniciar una secuencia muy peligrosa de respuestas mutuas. A un plazo más largo, el problema de fondo sigue ahí, y no es otro que la nefasta relación entre los dos regímenes y el programa nuclear. No se ha hecho mucho hincapié en ello, pero Trump también lanzó el mensaje de que va a impedir por todas las vías posibles que Teherán se haga con la bomba, y sabemos que una de las más claras consecuencias de todo lo que ha pasado es la muerte, casi irresoluble, del antiguo acuerdo nuclear. Si Irán mantiene lo que dijo hace unos días y reanuda sus procesos de enriquecimiento de cara a buscar ese armamento ¿qué puede pasar? En el pasado EEUU e Israel recurrieron a la ciberguerra para detener el programa nuclear, y tuvieron un destacado éxito con el virus “stuxnet” que dejó fuera de servicio muchas de las centrifugadoras que se emplean en el proceso de enriquecimiento de uranio, pero a medida que el programa avance será más complicado detenerlo. Por otro lado, y aunque nadie parece mencionarlo mucho, el ataque suave de ayer sí mostró al mundo la capacidad balística que posee Irán, dado que sus cohetes lograron alcanzar los objetivos previstos y con un elevado grado de precisión. Es decir, el armamento que se nos muestra en las paradas militares que se suceden en las calles de la congestionad Teherán funciona, es de verdad, no es mero atrezo, y eso también es un mensaje de cara a la seguridad tanto de las tropas estadounidenses que se encuentran dispersas a lo largo del Golfo Pérsico como a los intereses de naciones vecinas, como es el caso de la eterna rival Arabia Saudí. Irán ha demostrado que tiene a tiro, y sabe y puede darle, las instalaciones que desee, y que sus amenazas militares tienen un armamento detrás que puede hacerlas reales. Como maniobras militares, el ataque de ayer ha sido un éxito para el régimen de los ayatolas. En el fondo, el episodio puede haber mostrado una debilidad en el régimen que es preocupante para sus fieles.

¿Qué va a pasar a partir de ahora? Más allá de escaramuzas de intensidad variable, parece evidente que no hay deseo por parte del gobierno de ambos países de enfangarse en una guerra abierta, que a ninguno convendría especialmente. En Teherán conocen muy bien sus posibilidades, nulas, respecto a un enfrentamiento con EEUU y sabe Trump que el patriotismo le da votos de cara a las elecciones de noviembre pero que una guerra con cadáveres se los quita. Es de esperar, por tanto, un compás de espera y que la tensión se reconduzca. Pero ojo, los problemas de fondo siguen y el riesgo de que se compliquen más allá de los cálculos particulares de los actores implicados, también.

miércoles, enero 08, 2020

Ira en Irán


Casi imposible imaginar una secuencia de acontecimientos más acelerada y peligrosa que la vivida en los últimos días, antes y después de la entrada en el nuevo año, en el escenario de oriente medio, con Irán de fondo e Irak como escenario. La muerte de un contratista norteamericano en un ataque de brigadas chiíes, la respuesta norteamericana atacando un convoy de esos brigadistas y matando a varios, la reacción de repulsa orquestada por las fuerzas iraníes que derivó en el asedio de la embajada norteamericana en Bagdad y, como gran traca, la ejecución por parte de drones estadounidenses del general Soleimani, en un acto que mantiene en vilo al mundo desde entonces.

No era Soleimani un militar cualquiera, sino el de mayor relevancia del país, y según muchas fuentes el auténtico número dos del régimen de los ayatolas. Creador de las fuerzas Al Quds, y gestor de la inteligencia militar del país, había logrado tejer una red de entidades proxy que actúan en cuatro de los escenarios de relevancia del régimen de Teherán, a saber: Líbano (Hezbola es el más famoso), Siria, Irán y Yemen. En esas naciones Irán actúa como si se tratasen de semiprotectorados, con total libertad, y siempre con fuerzas no regulares, o al menos que no enarbolan los distintivos oficiales del ejército persa, y eso por obra y gracia de Soleimani. Nada hacían los grupos iraníes de esos lugares sin que el general lo supiera. No era, por tanto, un desconocido para la inteligencia occidental ni para nadie, ni un sujeto que viviera escondido, como lo fueron Bin Landen o Al Zarqawui, no. Soleimani paseaba consciente de su poder, inmenso, y la inmunidad que le proporcionaba, porque nadie quería atacarle a sabiendas de las posibles consecuencias de dicho movimiento. Es conocido que tanto Bush hijo como Obama tuvieron opciones y planes para eliminarlo, pero finalmente no lo hicieron, a sabiendas de que ese movimiento podría desencadenar reacciones virulentas y fuera de control. Extrañamente ha sido Trump, cuyo credo es aislacionista, y que no deja de repetir que quiere largarse de todos los sitios en los que las tropas norteamericanas actúan, el que ha ordenado este movimiento, sin que se tenga muy claro si era consciente de las posibles consecuencias del mismo ni sin que se sepa exactamente el porqué del momento escogido para ello. ¿Justifica la secuencia antes comentada un movimiento de ese calado? Aparentemente no. Trump ha dicho que informaciones en su poder confirmaban que Soleimani pretendía llevar a cabo un potente golpe contra intereses y vidas de estadounidenses, y conociendo al militar iraní no es algo que suene a raro, dado que se dedicaba en gran parte a esos menesteres, pero ya se sabe, ante un acto trascendental, tiene que haber información del mismo grado de importancia que la justifique. Evidentemente todo esto ha exacerbado la tensión en la zona, puesto a EEUU e Irán ante su mayo crisis quizás desde la de la toma de rehenes en la embajada de Teherán de hace ya cuarenta años y de paso ha convertido al ya moribundo acuerdo nuclear internacional en poco más que papel mojado. Irán ha anunciado, en una de sus respuestas, que ya no respetará los límites de enriquecimiento de uranio que se fijaron en ese texto, por lo que la relación actual entre la potencia persa y el resto del mundo va camino de la inexistencia. Terceros países, como la UE, que nada pesa en este escenario, o Rusia, que últimamente es la potencia dominante en la zona, se han ofrecido a mediar y tratar de aplacar la tensión entre ambos, pero todo parece indicar que, de momento, este es un juego de dos en el que el resto no pintamos nada.

Las impresionantes manifestaciones de duelo en Teherán ante el cadáver de Soleimani, que han causado unos cincuenta muertos víctimas de avalanchas y aplastamientos, enmarcan un grito de venganza que, dada la figura del eliminado, es obligada por parte de Irán para tratar de salvar la cara y no quedar en ridículo. Una respuesta que puede ser a su vez contrarrestada por otro movimiento del ejército norteamericano y así entrar en una espiral que puede llevar a una guerra abierta entre ambas naciones, que todo el mundo dice no desear pero que se acerca a cada paso, como si la dinámica de la violencia empezase a cobrar vida propia más allá de lo que afirmen los actores implicados. Hoy parece que hemos visto la primera respuesta de Irán, pero esto no ha hecho más que empezar. Mucho mucho cuidado.