viernes, enero 29, 2016

30 años del accidente del Challenger

Ayer se cumplieron treinta años, treinta ya, desde que el Transbordador espacial Challenger explotó en su lanzamiento, en una fría mañana de enero en la Florida. A los 76 segundos de abandonar la plataforma de lanzamiento, el fallo de una junta aislante en uno de los cohetes auxiliares de combustible líquido provocó una fuga de gases que acabó por reventar los depósitos de hidrógeno y oxígeno líquido y todo explotó en una gigantesca bola de fuego. Miles de personas en vivo, millones en televisión, pudieron verlo en directo. En este estupendo artículo Daniel Marín se lo cuenta con todo el detalle, técnica y cariño del mundo.

Pocas cosas nos apasionan más, y son más antinaturales, que el espacio. No tenemos opción alguna de sobrevivir en ese entorno salvo un montón de tecnología cuyo fin, casi en exclusiva, es defendernos. Y para acceder allá arriba sólo hemos inventado, hasta la fecha, una manera, que es subirse a un cohete. Y en el fondo, eso es casi suicida. Un cohete no es más que una bomba explotada poco a poco y cuya deflagración se dirige hacia un punto, el contrario al que se encuentra la tripulación. Un mínimo fallo y todo el cohete se puede ir al traste de la manera más trágica y espectacular posible. Los astronautas que se suben a esas máquinas saben que en todo momento, desde ese punto de no retorno en el que la maquinaria, ya puesta en marcha, no se puede frenar, sus vidas están bajo peligro, un enorme peligro. Miles de personas han trabajado muchísimo, y otras miles lo hacen durante todo el momento del vuelo, (realmente los cohetes espaciales no vuelan, pero nos entendemos) pero el más mínimo fallo puede ser letal, y todos lo saben. Y una vez que el módulo habitado llega a la órbita, en la actualidad a una muy escasa distancia de la superficie, unos 400 kilómetros, los riesgos siguen. Fugas en los trajes, problemas en la estación, basura espacial, radiaciones… Los técnicos de la NASA y el resto de agencias espaciales parecen, en ocasiones, madres que no dejan de ver peligros que amenazan a sus retoños, solo que en este caso esos peligros sí que son todos ciertos, y potencialmente muy graves. Subirse a un cohete, por tanto, es una decisión muy valiente, y que debe ser tomada por el astronauta y sus allegados con la seriedad debida. A lo largo de la carrera espacial varios han sido los accidentes que han costado vidas, algunos de ellos ocultados, especialmente en el entorno soviético durante los años de la guerra fría. Los transbordadores, por la enorme complejidad de su maquinaria y la elevada tripulación con la que se dotaban en cada lanzamiento, eran los que podían causar mayores desastres, y así fue, tanto en el recordado Challenger como en el del Columbia, que se desintegró en su reingreso a la atmósfera el 1 de febrero de 2003. Otra vez fueron siete los fallecidos en ese accidente, que no dejó imágenes tan espectaculares, pero que supuso la señal de fin para un programa, el de los transbordadores, que en ningún momento llegó a cubrir las expectativas soñadas y cuyos costes, astronómicos, nunca dejaban de crecer. Desde entonces, los astronautas de cualquier nacionalidad sólo suben al espacio en los viejos cohetes rusos Soyuz, de una tecnología antigua pero poseedores de una altísima fiabilidad. De tres en tres, encapsulados en lo alto de una máquina destinada a destruirse casi en su totalidad, los viajeros del espacio se ven catapultados rumbo a las estrellas como lo fueron sus predecesores de los años sesenta. Buscan los americanos la creación de naves propias, basadas en esta tecnología de lanzamiento antigua, para no depender de los rusos, pero de momento los prototipos siguen en pruebas y no se espera que, hasta 2018 por lo menos, un cohete norteamericano vuelva a poner astronautas en órbita.

Cuando en una noche estrellada miramos al espacio nos suelen embargar muchos sentimientos. Inmensidad, impotencia, curiosidad, esperanza, miedo… a cada uno varios. En esas miles de estrellas que brillan en lo alto y nos rodean puede haber, o no, inteligencias que también asomen sus cabezas (o lo que sea) y miren a su cielo punteado con sensaciones similares. En ese oscuro y frío espacio aún no yacen cuerpos humanos, pero si los espíritus de aquellos que, a lo largo de estos años, han dado su vida para que en un futuro, lejano, pero más cerca cada día, humanos como usted y yo puedan viajar rumbo a las estrellas. A esos héroes, a sus familias y a todos los que trabajan para hacer posible ese sueño, mi más rendido homenaje, aliento y ánimo.


Subo a Elorrio este fin de semana y cojo dos días de vacaciones. Si no pasa nada raro, nos leemos el miércoles 3 de febrero. Sean muy felices

jueves, enero 28, 2016

El Supremo desastre de Bankia

No hace falta tener mucha idea sobre economía para darse cuenta de que la idea de fijar la sede de un banco en una torre inclinada ya era todo un síntoma de estabilidad. De siempre los bancos, para dar sensación de firmeza y solidez, y presumir de su dinero, edificaban sedes poderosas, con enormes columnas grecorromanas y aire de palacio imperial. “Estamos forrados y esto no se cae de ninguna manera” era el mensaje que transmitían. Bankia no. Frankenstein formado por la unión de cajas podridas, opto por residir en la torre Kio oeste, donde moraba Caja Madrid. Un banco en una torre inclinada amenaza con caerse.

La sentencia del Supremo de ayer, que anula la salida a bolsa de la entidad y obliga a reintegrar el dinero invertido a los accionistas, eleva el rango legal de lo que siempre se supo y nunca se admitió. Bankia fue un desastre desde el principio, su salida a bolsa a punto estuvo de llevarse la entidad y con ella toda la economía española, y sólo el engaño a clientes y coacciones a inversores lograron una colocación, que apenas sirvió para retrasar en unos meses la evidente quiebra de un monstruo que no había por dónde cogerlo. De la primavera de 2011 al verano de 2012 existió la Bankia zombi. Cuando cayó, porque no podía ser de otra manera, arrastró al sistema financiero español en su conjunto y nos obligó a pedir un rescate a Europa para tapar ese agujero. Muchos de los que ahora gobiernan en funciones siguen negando que hubiera rescate, y los que gobernaron durante el proceso de generación del espantajo y su salida a Bolsa afirman que nada malo hicieron. Todos ellos, a sabiendas, mienten y son culpables de lo que pasó, cada uno en su ámbito de responsabilidad, porque nada hicieron para frenar una idea, nefasta, que sólo podía acabar mal. En relación a su volumen como entidad, no ha sido Bankia la que ha salido más cara al país. Creo que ese dudoso honor lo ostenta Caixa Catalunya, pero por su enorme tamaño, su implantación geográfica, y por las implicaciones políticas de su consejo de administración, Bankia resume perfectamente bajo su nombre todo lo que se pudo hacer mal en la crisis financiera que empezó en 2008 y, en efecto, se logró incluso empeorar. Cada una de las entidades originarias, sumidas en una irresponsable burbuja de crédito moroso una vez que reventó la burbuja inmobiliaria, trato de salvarse mintiendo, ocultando las cifras, maquillándolas, y recurriendo en todo caso a las amistades políticas para que salvasen, sobre todo, la cabeza de los dirigentes. En esto el PP, tanto en Madrid como en Valencia, aparece como el primer culpable, pero dado que las cajas eran entidades de gestión pública (sí, sí, eran banca pública, qué bien nos salió, eh??) en su consejo de administración residían, mullidos y resguardados, representantes de todos los partidos políticos y entidades sociales, muchos de ellos en las antípodas ideológicas y morales del PP, pero todos amantes del buen vivir, mejor yantar y del sin freno gastar. La idea de salvar a la quebrada Bancaja uniéndola con unas pequeñas cajas regionales echas un desastre y la gran CajaMAdrid, cebada bomba de relojería, era un desastre absoluto. No hacía nada más que agravar la dimensión del problema, creando una entidad mucho más sistémica e igualmente quebrada. Pero todos, desde el gobierno de ZP, hasta el Banco de España de MAFO hasta el ala marxista leninista de IU aplaudieron la operación. El día de la salida a Bolsa Rato pulsaba una campana virtual en una pantalla en la antigua sala de corros del palacio de la bolsa de Madrid, y miles de personas aplaudían al gurú. Muchos de los que estaban allí sabían que todo aquello era falso, pero que la entrada de engañados inversores privados les permitiría salvar su pellejo. En cierto modo, tenían razones para celebrarlo.

La que sucedió después lo sabemos todos y lo han sufrido mucho. La llegada de Gorigolzarri a la entidad, después de su nacionalización, y el giro copernicano de la gestión es la parte positiva de una historia que, quizás, logre salvar la entidad y los empleos asociados, pero que a lo largo de la historia se estudiará como el mayor y más estúpido fracaso del sistema financiero español. Hoy es un día de esperanza para muchos de los que, forzados, engañados o a ciegas, acudieron a un pozo de frío lodo oscuro que se les vendía como el último grito en spa hidrotermal. Pero aún hoy altos cargos de aquella época siguen queriendo eludir sus responsabilidades, como MAFO. Al menos, esta vez, el Supremo ha estado en su sitio.

miércoles, enero 27, 2016

Schengen y la supervivencia de Europa

Recordaba a finales de año que, para el nuevo 2016, cuatro eran los grandes retos que amenazaban la supervivencia de la UE. La crisis económica, la inmigración, el terrorismo islamista y el referéndum de salida del Reino Unido. Todos ellos son de largo plazo, aunque los dos últimos sólo aparecen en los medios de manera esporádica y violenta (y esa violencia, tristemente, no siempre es metafórica). Los dos primeros son los que, en el día a día, van a condicionar que este frágil pero apasionante experimento que llamamos Europa llegue algún día a ser una unión real o no. Y ambos frenan el impulso integrador, ambos son fuerzas centrífugas que alejan países y sociedades.

En el caso de la inmigración, las dos últimas noticias conocidas son para hacérselo mirar. Una, local, es la ley que ha aprobado el parlamento de Dinamarca para requisar bienes y dinero de los refugiados que lleguen allí. Una norma que, de haber sido aprobada por España o Italia o cualquier otro país del sur hubiera escandalizado a todos los moralistas del norte de Europa, empezando por los daneses, que tanto se preocupan de los derechos de los demás hasta que los “demás” llaman a su puerta. La otra noticia, general, y muy grave, es que los controles fronterizos instaurados de manera temporal entre los países del espacio Schengen, puestos en marcha tras los atentados de París, y reforzados con motivo de la gestión migratoria, van a prolongarse durante dos años más, y no descarten que luego, ya puestos, se extiendan. Schengen es el nombre que recibe ese acuerdo por el que un comunitario entra y sale de otro país comunitario sin pasar controles y sin la sensación de que realmente haya una frontera. El euro y la eliminación de fronteras (y quizás el programa Erasmus) son los símbolos más cercanos y reales de una unificación que ha avanzado estos años, y ambos factores, moneda única y aduanas abiertas, impulsan aún más el proceso de unión. Y se retroalimentan, dado que fortalecen un mercado común de bienes y personas. La libre circulación es, de hecho, una de las condiciones necesarias para que las economías puedan integrarse y, por tanto, el euro adquiera un pleno sentido como moneda global. Reinstaurar fronteras, bloquear mercados, es el camino directo a la fragmentación, a la ruptura, a la vuelta a un mundo de sociedades que se dan la espalda, de países que recelan de unos a otros, de volver a dar al término frontera todo el aspecto peyorativo que ha tenido desde siempre y que, durante estos últimos años, la UE ha permitido eliminar. La crisis de refugiados no hace otra cosa que levantar vallas, físicas y mentales, entre países y sociedades que se ven amenazadas por aquellos que llegan huyendo del horror. Es necesaria una gestión compartida, solidaria, lógica, estructurada y a largo plazo del problema de la inmigración, eso no lo discute nadie, pero lo que vemos a medida que pasa el tiempo es una UE que realmente no es “U”, sino que sólo representa a un foro de países que tratan de eludir sus responsabilidades, blindarse ante los extranjeros, bloquear pasos y que sean otros los que apechuguen y carguen con el problema. Países de tránsito, de destino, ricos y pobres, de tradición democrática o recién llegados a club. Con la excepción de Alemania, el resto de naciones europeas actúan como un desagradable patio de vecinos en el que nadie quiere hacer frente a sus responsabilidades. La imagen que se ofrece es patética, y peligrosa.

Peligrosa, y mucho, porque la reacción de las sociedades europeas, espoleadas por sus gobernantes, se basa en el miedo y el fantasma nacionalista. Y bien sabemos los europeos el desastre absoluto que puede causar el nacionalismo en nuestro continente. A la vanguardia de estos movimientos se encuentran algunos de los países del este, recién incorporados al seno de la UE, grandes perceptores de fondos estructurales y de solidaridad, pero que a las primeras de cambio han optado por el cerrojo, el aislamiento y un discurso duro que es, además de trasnochado, muy perturbador. ¿Son Hungría o Polonia el modelo a seguir en Europa? Si esto es así, el riesgo de que la UE se acabe convirtiendo en la nada podría ser el menor de nuestro problemas.

martes, enero 26, 2016

Cuando un niño se suicida (para Diego y James Rhodes)

Ver que la vida, convertida en la más cruel pesadilla, requiere su final, y darse cuenta de ello a los once años, es un drama elevado a una potencia inexplicable. Eludimos los suicidios adultos, convertidos ya en la primera causa de muerte no derivada de una enfermedad, porque nos incomodan, alertan y preocupan. Pero los suicidios infantiles, el colmo de la perversión, de la tristeza, siguen ocultos en el fondo de las sombras que los generaron, manteniendo muchas veces a salvo a los criminales que, con sus infames hechos, llevaron a esos críos al desastre. A escoger su propia muerte como salvación.

El caso de Diego es el último de los conocidos. Con once años dejó escrita una carta, de una calidad que muchos adultos serían incapaces de hacer como ejercicio, y se quitó la vida, incapaz de soportar el acoso que sufría en su colegio. No se los datos concretos de este caso, si el chaval sufrió acoso por parte de sus compañeros, profesores o cualquier otra persona del centro, si fue un asunto entre chavales, en eso que ahora se llama “bullying” para seguir la manía de usar un palabro que suene a inglés para darle más importancia, o el problema derivaba de la presencia de un adulto (o varios) en la vida de Diego. Lo cierto es que Diego no podía más, se suicidó, y ni con su muerte nadie hizo nada para investigar qué es lo que había pasado, qué había motivado ese comportamiento, esa decisión límite. Todo lo que pudo fallar en la institución escolar, en la educativa, en la social, en la gubernamental... todo falló, y Diego se mató para huir del infierno en el que se encontraba. ¿Cuántos casos hay como los de Diego? ¿Y cuántos casos, que no acaban de esa misma manera, se ocultan y destruyen las vidas futuras de los niños? Hace una semana terminé de leer el libro “Instrumental” de James Rhodes, un pianista de música clásica que ronda los cuarenta años y que, durante varios, a lo largo de su infancia, sufrió devastadores abusos sexuales por parte de profesores de su colegio. Rhodes vio cómo su alegría vital, su curiosidad, su infancia, eran destrozadas por cada embestida que esos sádicos realizaban sobre cualquier orificio de su cuerpo. Llegaba a casa y, día tras día, no sabía qué hacer, qué decir, optaba por callarse, llorar sólo, tratar de superar el dolor físico y emocional que le desgarraba piel y alma. Convencido, amedrentado por sus abusadores de que la culpa de lo que le pasaba era suya, de su rareza, de su carácter, Rhodes no encontró ayuda en ninguna parte, y es un auténtico milagro que superase aquellos años vivo. Evidentemente todo eso le produjo secuelas de todo tipo, físicas y psicológicas, que le llevaron a transitar por lo más oscuro del mundo de las drogas, las autolesiones, los comportamientos psicóticos y todo tipo de patologías de las que, en parte recuperado, sabe que siguen existiendo tan cerca de él como para aterrarle cada mañana. Al igual que el recuerdo de esos años de sadismo que nunca podrá borrar. Rhodes es un superviviente, alguien que ha vuelto del otro lado del infierno y lo puede contar. Su historia es de una crueldad y dureza que asusta, y la cuenta de manera descarnada, sin disimulo alguno, sin edulcorantes. Tan crudamente como sucedió. Rhodes está entre nosotros para contarlo y que su testimonio sirva para que no vuelva a suceder algo así. Diego ya no está aquí. Está muerto.

La Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid anuncia que va a reabrir la investigación sobre lo que pasó en el colegio de Diego, pero no por la petición de los padres ni por conmiseración o sentido profesional, no, sino por el revuelo mediático creado a partir de la publicación de la carta de Diego. Es patético. Y vuelve a cumplirse una de las máximas que describe Rhodes en su libro. El niño que sufre abusos, que sufre acoso, está sólo. Es una víctima abandonada, en la que nadie cree y a la que nadie escucha. ¿Cuántos Rhodes, cuántos Diegos, han deseado esta noche morirse para que cese su infierno? ¿Cuántos? ¿Cuántos? ¿Cuántos?

lunes, enero 25, 2016

Rajoy, Sánchez e Iglesias juegan a tronos

A falta de saber en detalle las consecuencias del terremoto que ha sacudido el mar de Alborán esta madrugada, y que se ha sentido con fuerza en Melilla y toda la costa andaluza, vamos con el terremoto político del viernes, cuyas consecuencias tampoco están nada claras. Merecidos ríos de tinta se han escrito este fin de semana sobre lo que pasó el viernes, que nos dejó a todos muy sorprendidos, a mi el primero, no vayan a creerse. La situación sufrió un golpe que hizo tambalearse a todas las cartas y las ha dejado aún más al descubierto. Pero, de momento, siguen desemparejadas.

El primero en romper la baraja fue Iglesias, que proclamó una oferta de gobierno al PSOE en el que él figuraba como vicepresidente, asignaba los ministerios y dejaba a Sánchez como presidente honorario de un gobierno formado por la gracia de Iglesias. Tanto las formas del anuncio, sin que el PSOE supiera nada, y el fondo del mismo, denotan el absoluto desprecio que Iglesias tiene por el PSOE y, en general, por todos aquellos que no son él mismo. Su adanismo político y la soberbia que lo caracteriza son cada vez mayores, y está claro que tiene a los socialistas en el punto de mira. Como pasó con IU, los considera una palanca para sus intereses, un instrumento en el que apoyarse para, una vez superado, abandonar en la cuneta, lo más destrozado del todo si es posible para que ya nadie pueda usarlo. Sánchez se encontró con esta oferta en la boca del Rey y, supongo, su sorpresa fue mayúscula, pero su reacción, al contrario que la de otros notables de su partido, no estuvo a la altura no ya del reto, sino del insulto con el que Iglesias había tratado al partido. En el órdago de la presidencia, el único al que puede jugar Sánchez, con una sola posibilidad de disparo, cada vez está más aislado entre los suyos. No tengo claro si fue este tejemaneje entre la izquierda lo que llevó a Rajoy a declinar la propuesta de ser candidato a presidente. Él sabía que iba a perder la votación, tanto en primera vuelta con mayoría absoluta como en segunda por simple, y que de realizarse destruiría sus opciones a la presidencia. Pero la opción de no presentarse por ahora, que nadie había barajado en serio, le proporciona un tiempo que debiera ser capaz de utilizar para algo, aunque esto ya sea mucho pedir para un Rajoy que, estratega o no, parece no ser consciente de lo que las matemáticas y los destrozos ideológicos que ha provocado se reflejan en el actual parlamento. Así, amanecimos el vienes pensando que esta semana tendríamos votación en el Congreso con un Rajoy tratando de convencer (suplicar, mendigar, implorar) el voto de alguien que no sea su grupo y un Sánchez a la expectativa, negociando en la sombra con Podemos. Y terminamos el Viernes con un Rajoy que ni está ni no está, en una especie de extraño limbo, con un PSOE hostigado y despreciado por Podemos y un Sánchez sobre el que cae muchísima más presión de la que esperaba. A día de hoy ninguno de los dos tiene garantizada la presidencia, más bien no la tienen en absoluto. Es Rajoy quien pinta con peor aspecto, pero su jugada del viernes demuestra que los muertos, en política, no parecen existir. Sánchez es quien lo tiene menos difícil, pero su supervivencia pasa por ser abrazador por quienes quieren asesinarlo, metafóricamente hablando. Y los suyos lo saben mucho mejor que él, por lo que parece.


Lo que a mi me gustaría que sucediera es un acuerdo tripartido entre PP, PSOE y Ciudadanos, que puede expresarse de múltiples maneras, sobre todo mediante una abstención activa del PP, que hiciera innecesario un acuerdo del PSOE con Podemos y otras fuerzas rupturistas, pero parece evidente que estamos muy lejos de ese escenario… o no. Realmente no se en qué escenario estamos, y todo puede ser posible. De momento esta semana vuelven las consultas con el Rey, que empieza a situarse en una posición incómoda y llena de presión, y el reloj de los plazos, dado que no ha habido pleno de investidura, aún ni ha empezado a correr. Endiablado, apasionante, y complejo escenario. Mucho más que el argumento de Juego de Tronos. Aquí no te valen los caminantes blancos, Iglesias

viernes, enero 22, 2016

Corromperse por cuatro pelos mal puestos

La corrupción en España, variada y extensa hasta un grado difícil de imaginar, nos ha ofrecido muchos episodios chuscos en los que, en lo que a mi respecta, el asombro ha vencido a la indignación en la mayoría de las veces. Asombro no por lo que se haya robado, no, sino a cambio de qué se han producido los sobornos y las compras de influencias. Para destruir la carrera política de un Camps que era un valor seguro en Valencia bastaron, al parecer, unos cuantos trajes y relojes, unas fruslerías, que pueden costar miles de euros cada uno de ellos, pero que no valen nada. Venderse por un reloj me pareció patético, insuperable.

Pero, ay, la realidad siempre nos pone en nuestro lugar, y mi capacidad de asombro se ha demostrado mucho menor que la exigua moral de tantos que se corrompen por nada. El caso de Acuamed, conocido esta semana, y cuyas ramificaciones no dejan de crecer, cual canalizaciones construidas por esa sociedad pública, marca un nuevo hito en el grado de bochorno y estupidez humana. El Director General del organismo, llamado Arcadio, cuyo sueldo público era de 130.000 euros anuales (80.000 en nómina más 30.000 en complementos más 20.000 por otras partidas) era calvo. Se miraba por la mañana en el espejo, antes de ir al trabajo, y echaba de menos los tiempos en los que una cabellera, no se muy bien de qué tipo y estilo, cubría su frente y cabeza. Es de suponer que, a lo largo del día, Arcadio pensase más de una vez en su perdido pelo, lo añorase, hablaría de él con sus allegados y compañeros, y estos serían conscientes de hasta qué punto la calva d Arcadio era su cruz, su dolor, su pena y angustia. ¿Hasta dónde estaría dispuesto a llegar Arcadio por volver a tener pelo? Sería capaz de gastarse mucho dinero para lograrlo? ¿Le daría igual de dónde procediera ese dinero? ¿Estaría dispuesto a ser sobornado por ello? Seguro que las primeras preguntas las formuló en público más de una vez, y las segundas se las hicieron en privado, presuntamente, los contratistas que trataban con Acuamed, que descubrieron en esa frente despejada el eslabón débil que les permitía romper la cadena de la legalidad. Seguro que en más de una reunión y cena alguno de los enviados de las constructoras confraternizó con Arcadio y le hizo ver que la vuelta del pelo a su cabeza supondría para él el retorno de la perdida juventud, de la época de libertad en la que disfrutaba de la vida de manera más intensa que como nunca llegó a hacerlo, de aquellos tiempos en los que las chavalas se fijaban en él y su pelo formaba parte de sus atractivos. Y Arcadio poco a poco, es un suponer, se lo fue creyendo, se despertó en él esa ansia de tener, de volver a recuperar lo perdido, de creer que el dinero lo compra todo, esa fuerza vital que, desde tiempo inmemorial, nos corroe y vence a los humanos, seamos cómo seamos y vivamos donde vivamos, y que los que tienen los fondos utilizan para comprar a los que no los tienen. Y llegó un día en el que Arcadio se lo creyó, y acordó ciertas compensaciones para las constructoras a cambio de que su pelo volviera. A cambio de algo de juventud en su despoblada calva. Arcadio viajó a Turquía y se hizo un implante capilar que cambió su aspecto, su rostro, su imagen. Y como Sansón, poblado de pelo, se creyó invencible.

Y ese pelo que hoy sigue luciendo en su frente es, curiosamente, su perdición. Arcadio no se vendió por unos relojes, o trajes, o coches, o pisos, o cualquier otro bien, cosa, que se pudiera esconder, transferir, vender u ocultar. No, se vendió por un implante de pelo que, ostentoso, llamativo, luce en su cabeza para todo el que lo quiera ver. En su celda preventiva, Arcadio podrá mesarse sus cabellos en un gesto típico de desesperación, sabiendo que, calvo, era más honrado. Vencido por su ego, sus pelos son el nuevo elemento con el que medir el grado de corrupción del país. Su frente oscurecida es el sinónimo de la negra sombra corrupta que, sin cesar, nos persigue.

jueves, enero 21, 2016

El derrumbe de la bolsa se acentúa

Menudo año está siendo este 2016 para las bolsas y mercados de todo el mundo. Llevamos tres semanas naturales del mismo y el desplome de las cotizaciones en, por ejemplo, el Ibex, alcanza ya el 13%, todo un crash que amenaza con no frenarse, más allá de rebotes ocasionales, aprovechados por cazadores de gangas, que no pueden maquillar la descomposición de muchas carteras, cuyos gestores preferirán no informar a sus clientes de las potenciales pérdidas que llevan acumuladas. Es momento de aguantar la tormenta y, si uno no necesita el dinero invertido durante una buena temporada, apagar las noticias y dedicarse a la lectura de los clásicos o al cultivo de orquídeas.

¿Por qué pasa esto? Hay explicaciones de todo tipo. La correlación que presentan las bolsas en estos meses con la cotización del petróleo es enorme. A medida que el barril se convierte en mero botijo, los mercados caen, en una secuencia que yo creo que se deriva por una doble vía. La bajada del petróleo, que para el consumidor de un país que lo importa en su totalidad como España es un regalo, tiene efecto negativos en enormes industrias de todo el mundo, que realizan grandes inversiones y poseen stocks de capital y empleados en cifras desorbitantes. La quiebra del fracking norteamericano arrastrará a muchas financieras que dieron créditos para ponerlo en marcha, la suspensión de prospecciones o de nuevas plataformas hará mucho daño a la industria de bienes de equipo, los fondos soberanos alimentados por el crudo sufrirán mucho y dejarán de invertir en mercados exteriores, etc. Por otro lado la bajada en sí misma es un síntoma de caída de demanda. Los principales consumidores de petróleo son los países occidentales, cuyas economías crecen, pero a bajo ritmo, y los emergentes, cuyas economías se frenan. En un mundo en el que Brasil se encuentra en recesión, cayendo más de un 3% interanual (pocas alegrías espero en los Juegos de Río este Agosto) y la economía china se frena, en un proceso de transformación y, sobre todo, estallido burbujil de diversos sectores, las perspectivas de consumo de crudo no van a crecer. Así, el barril es un indicador de debilidad económica global. Como todo está muy relacionado y es complejo, el derrumbe del crudo supone, por ejemplo, para España, un estímulo a las familias y empresas, vía reducción de costes, que puede compensar en parte el frenazo en la demanda de bienes que puede venir por parte de economías compradoras que ahora no lo van a hacer tanto. Yo echo gasolina cada varios meses (el coche está en Elorrio y se mueve menos que las hojas de los árboles en primavera) pero si usted es usuario habitual verá como se está ahorrando dinero al llenar el depósito, dinero que puede dedicarlo a ahorrar o a consumir, y que en el fondo es un imprevisto, un especie de “transferencia” que el estado o alguien le hubiera hecho. Por eso para nosotros su efecto es ambiguo y, en gran parte, positivo. Pero para la economía global la cosa no es tan sencilla. Por así decirlo, esto se parece a la tensión arterial. Una muy baja garantiza supervivencia larga de las arterias, pero genera desmayos en un cuerpo débil y es peligrosa. Lo mejor es tener la tensión en su sitio, ni alta ni baja, y el precio actual del crudo es muy bajo respecto a los años precedentes. Por eso, entre otras cosas, bajan las bolsas.

¿Y por qué lo hacen ahora? ¿Y hasta cuándo lo harán? Si supiera ese tipo de cosas puede que les escribiera no desde la oficina donde trabajo, sino desde mi mansión. Si uno ojea los medios verá analistas de todo tipo, desde los que dicen que esto ni es grave y será pasajero hasta los que ven el inicio de una crisis tan devastadora como la de 2008. Probablemente en el medio esté la razón. Tras años de subidas de los mercados financieros por los estímulos de los Bancos Centrales, puede que toque ahora una temporada de bajada en una economía global que sigue sin encontrar un rumbo sólido que le garantice ganancias de productividad y crecimiento sostenible a medio plazo. Pero recuerden, nadie conoce el futuro, ya que ninguno hemos estado en él.

miércoles, enero 20, 2016

Podemos y su nihilista asalto al cielo

Tras una tarde bastante cómica, a las 20:00 de ayer se cerró el plazo para presentar las propuestas de grupos en el Congreso, que serán hoy aprobadas (o no) por la mesa. Podemos exigió desde un principio contar con cuatro. Uno para su marca madre y otro para cada una de las agrupaciones regionales “potentes” con las que había concurrido, en Cataluña, Galicia y Comunidad Valenciana. Lo que ellos llaman confluencias en ese alambicado y bastante confuso uso del lenguaje, tan habitual por parte de Iglesias, Errejón y toda su tropa. Finalmente los valencianos de Compromís quieren ir a su bola y todos los demás estarán juntos.

Desde que Podemos está en el Congreso han cambiado muchas cosas, y sinceramente, ninguna para bien. Son unos genios para el marketing, venden como nadie sus acciones y gestos, y logran que todos los miren, pese a que nada profundo aporten. Saben chupar cámara, y la cámara se enamora de ellos a la primera. Dos han sido las expresiones más usadas por su parte en estos días, las dos sumamente injustas, crueles, falsas y despreciativas, que dejan bien claro, por si alguien tiene aún dudas, cómo funcionan las huestes de Iglesias. La primera es esa en la que afirman que, tras el acto de la semana pasada, por fin los ciudadanos y trabajadores han entrado en el Congreso. Me pregunto entonces a quiénes han representado los cientos de congresistas que, desde 1977, han estado sentados en ese hemiciclo y han sido elegidos por voto popular. ¿Caían de los árboles? ¿Eran recolectados por fuerzas oscuras? La legitimidad de los congresistas de Podemos es idéntica a la del resto de congresistas que les rodean, e igual a la de los que les han precedido. Expresiones como esa denotan, además de una soberbia propia de quienes no ven más allá de su ego, una injusticia hacia el pasado y un desprecio por el mismo, y por el resto de votantes de otras fuerzas y elecciones, que no se a que esperan para emitir una disculpa. La otra expresión, relacionada con el asunto de los grupos en la mesa y la elección de Patxi López como Presidente de la Cámara, ha sido la de calificar como búnker a PP, PSOE y Ciudadanos, menospreciando así su acuerdo. Recordemos que búnker, en el parlamento español, hacía referencia en los años setenta al grupo de procuradores de Cortes franquistas que se negaban a realizar la transición. No estaban elegidos por voto, sino por el dedo del dictador, mantenían las esencias de aquel vergonzoso régimen y trataban de obstaculizar todos los cambios hacia la democracia. Búnker era franquismo, era dictadura, y Podemos utiliza esa expresión para confrontar al resto de fuerzas, dictatoriales según ellos, frente a la democracia legítima, auténtica, verdadera, única, prístina y pura que representan sus votos y diputados. Ellos son la democracia, y todo lo demás es búnker, residuo de un régimen dictatorial que se hunde y que tiene que dar paso a la nueva tierra de libertad, en la que Iglesias y los suyos guiarán al pueblo hacia la prosperidad y la luz. Y los que representan a los partidos que no son Podemos no son otra cosa que residuos de una pasado que, de una manera u otra, debe desaparecer.

Lo cierto es que, analizando un poco las declaraciones de Podemos y sus dirigentes, no hace falta ser un lince para encontrar en ellas un tufo dictatorial, bananero, estalinista y retrógrado que bien podría inscribirse en un reportaje de historia sobre los años veinte y treinta del pasado siglo en Europa, donde diferentes movimientos, en las antípodas ideológicas, enarbolaban el mismo discurso de superación en pos del hombre nuevo, de la nueva patria, y en contra de la burguesa, corrupta, traidora y débil democracia. Bajo yugos, flechas, esvásticas, hoces y martillos, esos regímenes sólo trajeron horror y destrucción. Esos tics en el discurso de Podemos solo dan, de momento, pena. Veremos a ver si en el futuro el sentimiento que generan es distinto.

martes, enero 19, 2016

Corruptos en Acuamed, héroes en el tenis

Parece que no hay día sin su caso de corrupción. Es lamentable. Ayer, para rizar el rizo, conocimos dos, que a buen seguro son juzgados por la opinión pública de manera muy distinta. Uno de ellos tiene como protagonista a Acuamed, empresa pública del Ministerio de Agricultura encargada de realizar obras hidráulicas en la franja mediterránea (desaladoras, canalizaciones, etc). A buen seguro, sea cual sea el resultado de la investigación y proceso, casi todo el mundo se enfadará cuando oiga el nombre de esa entidad y odiará con saña a sus responsables, empleados y todo lo vinculado con ella. Serán socialmente juzgados y condenados sin remisión.

El otro caso tiene relación con el tenis, y lo ha destapado la BBC. Se trata, al parecer, de una red que se dedicaba a sobornar a jugadores para que ganasen o perdiesen para, así, manipular los resultados y ganar mucho dinero en los negocios virtuales de apuestas. Afirma la cadena británica que figuras muy relevantes en el escalafón han estado involucradas y llevándose comisiones de los tramposos, mafias del este e italianas, y que revelarán nombres y perfiles para su público conocimiento. Si en el primero de los casos, en los que se contratan obras por decenas, cientos de millones, hay corrupción, no hay que extrañarse demasiado de que en el segundo, donde las cifras pasan de la escala de los cientos a los miles de millones, la corrupción se dispare. De hecho el deporte profesional es, en mi opinión, un ámbito de absoluta impunidad en lo que hace a la corrupción, de todos los tipos imaginables. Sin embargo, es muy probable que la reacción social que veamos ante este caso sea muy distinta que ante el primero. Digamos que la corrupción deportiva no la sancionamos de ninguna manera, no sólo legal ni judicial, sino sobre todo social. Millones de personas vitorean todos los días a deportistas de las más diversas especialidades que, a conciencia, son perfectos ejemplos de lo que no debe ser un ciudadano ejemplar. Chulos, procaces, obscenos en su fortuna, carentes de todo tipo de empatía, orgullosos, prepotentes… el deporte ha generado un olimpo de dioses modernos intocables, inmaculados, adorados con una fe absoluta por parte de una afición, en algunos casos toda la sociedad, que raya en lo absurdo. Y esos deportistas no cometen falta alguna. Si son pillados conduciendo a 200 por hora cualquier excusa será buena para justificarlos. Si Hacienda osa investigar sus cuentas y llevarles a un proceso judicial, a las puertas de los tribunales estarán miles de hinchas que, tras haber abucheado horas antes a un ejecutivo bancario o funcionario corrupto, jalean con gritos desaforados a su estrella y le ofrecen todo el apoyo del mundo, incluso económico. Los medios de comunicación dedican horas y horas sin fin a glosar la gloria deportiva de estos héroes y, si se producen problemas de este tipo, ese tiempo se invierte en limpiar su figura, en poner los colores, sean del equipo o de la bandera, por delante de todo, en no dudar ni por asomo de la integridad del jugador y serle fiel en todo momento. Y si la cosa se pone muy complicada, justificarle, darle argumentos, exculparle a él y acusar a una sociedad ajena, o a una mano negra que busca culpabilizar, perseguir a la pureza del héroe, ajeno a todo, lleno de bondad y dicha, que sería incapaz de cometer acto impuro alguno.


Hasta ahora ha sido el ciclismo, por el dopaje, y por la debilidad de sus figuras, sobre todo por el poco dinero que ingresan y generan, el único deporte en el que la justicia ha actuado de manera seria, y es visto por muchos como un nido de delincuentes y tramposos. Pero es en el fútbol, tenis, atletismo, baloncesto (fútbol americano y béisbol en EEEU),son los deportes de masas, los que mueven enormes sumas de dinero, los que siguen viviendo en la impunidad y en los que la única ley que se cumple, parece ser, es la que marca quien más dinero pone. Puede que algunos directivos de Acuamed, teniendo que ir, acaben en la cárcel. Es casi seguro que no pasará lo mismo con tenistas, futbolistas, etc.. Y si hacen apuestas al respecto, cuidado con los amaños.

lunes, enero 18, 2016

El acuerdo con Irán puede cambiar el mundo

Este fin de semana ha entrado en vigor el acuerdo que EEUU y el resto de potencias occidentales suscribieron con Irán hace unos meses. Resumidamente, el pacto consiste en que tú, Irán, dejas de construir la bomba atómica y nosotros, potencias mundiales, te levantamos las sanciones y consideramos como otro país más, con el que poder comerciar y hacer negocios. La puesta en marcha de los acuerdos ha sido inaugurada con un canje de rehenes, la mayor parte norteamericanos, que llevaban ya varios años detenidos en Teherán. Créanme si les digo que esta nueva relación con Irán es de lo más importante que ha pasado en mucho tiempo.

Por de pronto, nos va a obligar a cambiar los nombres de lo que denominamos “aliados” y “enemigos”, expresiones que casi siempre, no hacen sino responder a nuestros intereses y prejuicios. Irán ha sido, desde la revolución de Jomeini en 1979, enemigo declarado de occidente. Su discurso y actuación ha dio en favor de grupos terroristas que, en su entorno y mucho más allá, han sembrado el caos, luchado contra regímenes de todo tipo, y buscado la extensión del imperio persa y de sus influencias. Para contrarrestarlo, occidente y otras naciones han fortalecido aún más sus vínculos con Arabia Saudí y otros regímenes de la zona, casi todos ellos monarquías de tipo feudal, confesadas en un islam tan radical como el de Teherán, pero de la rama suní. Este ha sido el status quo de la zona durante décadas, en las que las monarquías del golfo garantizaban un suministro estable de crudo a los países desarrollados a cambio de que estos contuvieran a Teherán. Este equilibrio fue llevado a su máxima tensión por parte de Ahmadinejad, el famoso “Ahma” al que dediqué varios artículos en su momento. Exponente máximo del radicalismo chií, su empeño en lograr la bomba atómica para Irán como vía para solucionar la prisión en la que el país se encontraba llevó a que el resto del mundo, asustado, impusiera no sólo duras, sino muy efectivas sanciones contra los ayatolás, llevando al país a una crisis económica sin precedentes y a un descontento social que amenazaba con romper la estabilidad del régimen teocrático que, de una manera muy extravagante, rige los designios de la nación. “Ahma” fue capaz de sofocar una revuelta que reclamaba la democracia, usando para ello toda la fuerza que fuera necesaria, y no fue poca, pero la sanciones seguían e Irán empezaba a ver que el pulso contra occidente no daba mucho más de sí. La desastrosa intervención de EEUU en Irak de 2003, que arrasó con el régimen Baaz de Sadam Huseein y dio el poder a los chiitas en Bagdad ofreció a Teherán una inesperada, y maravillosa, ventana de oportunidad para poder extender su influjo en la zona, sin necesidad de recurrir ya a guerrillas ni operaciones encubiertas. Para ello sólo tenía que renunciar a la bomba. Y comenzaron entonces, en serio, las negociaciones de Teherán con las potencias occidentales, que concluyeron con un acuerdo hace unos meses, que fue recibido con cierto escepticismo en muchas naciones, con alegría en Washington, principal impulsor del mismo, y con profundo rechazo en Israel, enemigo acérrimo de Teherán, sufridor de sus embates y guerrillas, y en Arabia Saudí. De hecho el pánico al acuerdo con Teherán se vivió de una manera muy impostada en Jerusalén, pero de forma mucho más profunda en Rihad. El enemigo eterno, el chií del otro lado del golfo, ahora se convertía en socio del aliado norteamericano. Los monarcas saudíes empezaron a ver como su dominio en la zona peligraba.

Y la puesta en marcha del acuerdo, la inundación de más petróleo en un mercado ya saturado, y el levantamiento de las sanciones hacen que la guerra poco fría que viven Irán y Arabia Saudí, una guerra entre chiís y sunís, entre presas y árabes, por el control de la región y el liderazgo en la fe, se pueda convertir en algo mucho más serio y peligroso. Son varias las guerras de todo tipo que ahora mismo se superponen en la zona en la que dos grandes potencias, que se odian a muerte, ahora se van a volver a encontrar en igualdad de oportunidades una frente a la otra. Créanme que este acuerdo va a cambiar esa zona del mundo y, quién sabe, también el nuestro.

viernes, enero 15, 2016

El juicio del Madrid Arena

Han comenzado esta semana en España, con años de retraso respecto a lo que hubiera sido debido, un par de juicios de amplio interés mediático y social. El mayor es el que sienta en el banquillo a los implicados en el caso Noos, Infanta Cristina de Borbón incluida. No espero grandes sorpresas de este proceso, aunque se escribirá de él más que de todos los juicios habidos en el país. El otro, más pequeño y local, sienta ante el juez a los encausados por la tragedia del Madrid Arena, sucedida en Todos los Santos de hace ya algunos años. No hay tanta prensa como en el primer asunto, aunque se mantiene la cobertura de los medios, en un caso infame como pocos.

Comentaba el otro día, al respecto del caso de las horribles violaciones de Colonia (por cierto, ¿han vuelto ustedes a saber algo más? ¿no? ¿les extraña?) que allí todos habían actuado mal y que, salvo las víctimas, nadie había cumplido con su labor. Lo mismo se puede decir del Madrid Arena, un asunto turbio y muy desagradable en el que cinco chicas murieron, otros muchos jóvenes podían haber corrido la misma mala suerte y sólo la fortuna lo evitó, y en el que promotores privados, responsables municipales, autoridades de todo rango y funcionarios de todo tipo ofrecieron lo peor de sí mismos para que el desastre fuera inevitable. El único interés que han tenido todas las partes involucradas en esta historia ha sido el de acusarse unos a otros para exculparse a sí mismos y no asumir su responsabilidad en la tragedia. Eso que llamamos arrepentimiento aquí no se ha dado en grado alguno. Tampoco debiera extrañarnos, dado que desde el primer instante se dio una total falta de vergüenza. Por parte de los organizadores de la fiesta, un grupo de delincuentes que contaban con conexiones en el Ayuntamiento y otros organismos necesarios, que superaron todos los aforos posibles y no gastaron un euro en prevención de riesgos ni seguridad, para que todo fuera beneficio en negro camino de sus bolsillos. Por parte de un Ayuntamiento que consintió organizar un evento a todas luces ilegal en un recinto que no cumplía los requisitos y en unas condiciones no ya tercermundistas, sino mucho peores, y que cuando se produjo el desastre trató de eludir sus culpas de una manera patética (recuerden aquella escapadita de Ana Botella, superada por completo, a un spa portugués con los cadáveres de las víctimas aún sin enterrar) y luego maquilló la responsabilidad mediante algunas bajas y dimisiones que se notan a kilómetros que son falsas, meros placebos que se arrojan a los medios para calmarlos y rebajar la presión. En todo el tiempo transcurrido no he oído a ninguno de los actores de esta trama decir “lo siento” o arrepentirse públicamente por todo lo que pasó. No me consta que ningún responsable municipal de “lo que sea” haya ido a visitar a los padres y familiares de las fallecidas para mostrarles un mínimo gesto de disculpa y honrar la memoria de sus seres perdidos. Nadie, nada. Un vacío moralmente aterrador, una negrura en la que parece que viven todos los implicados, que siguen teniendo en mente la única obsesión de salvar su pellejo y que otros sean los castigados. No hay cárcel suficiente para alojar, me gustaría que muchísimo tiempo, a todos los indecentes que, por acción u omisión, causaron el desastre que dejó a la ciudad sin sentido hace ya algunos años. Ese Todos los Santos, en el que se celebraba una fiesta de Halloween, si que tuvo como preludio una noche de difuntos negra, oscura, cerrada.

En todo el tiempo transcurrido las familias de la cinco chicas han tenido que reconstruir sus vidas, acostumbrarse al vacío de una habitación, de una cama, de una silla en la mesa, de un asiento en el coche, que ya nadie volverá a ocupar. Y a la sensación de saberse traicionados por los medios que una sociedad pone para que este tipo de cosas no pasen. Sus hijas fueron a una fiesta en la que todo estaba organizado para que se generase un desastre, como al final sucedió. No me consta que nadie haya ido donde ellas para disculparse, y creo sospechar que esas familias, desde el primer día tras la muerte de sus hijas, no esperan acto de conmiseración alguna por parte de los desalmados que, por acción u omisión, causaron la muerte de sus niñas.

jueves, enero 14, 2016

El último Estado de la Unión de Obama

Una de las noticias río que van a air evolucionando y llenando la actualidad a lo largo de todo este 2016 son las elecciones presidenciales norteamericanas, que tendrán lugar, siguiendo esa costumbre heredada de la época agraria, el primer martes después del primer lunes de noviembre, que si no me equivoco, en esta ocasión, es el día 15. Eso quiere decir que este año, tras siete en el cargo, es el último de Barac Obama en la presidencia del gigante. Me asombra lo rápido que han pasado estos años, porque recuerdo la emoción de la noche electoral de 2008 como si fuese ayer.

El discurso del Estado de la Unión que pronunció Obama el martes pasado fue, por tanto, su último discurso de este tipo. La presidencia se encamina hacia el final y, junto con la carrera de los sucesores, comienzan los primeros balances de cómo han sido los años de Obama al frente del gobierno. Recordemos que su mandato empieza en un 2008, salpicado por las guerras de Irak y Afganistán, que generan un continuo goteo de muertos que se tratan de ocultar a la población estadounidense, y una crisis económica de proporciones devastadoras que, iniciada en EEUU, se convierte en global. Siete años después la situación en ambos frentes ha cambiado mucho, pero esa evolución dita mucho de ser positiva. Es en la economía donde Obama puede exhibir sus mejores credenciales. La crisis no se llevó por delante al sistema financiero internacional ni a los ciudadanos, pero ha cambiado por completo el panorama productivo y laboral de nuestras economías. La rapidez y contundencia con la que se actuó en EEUU, unido a ventajas objetivas como el ser un enorme mercado único y poseer la moneda internacional de reserva, le permitieron recuperarse mucho antes que una Europa que sigue sumida en el marasmo. Pero no hay que olvidar que la economía norteamericana, recuperada, exhibe datos malos que son graves. La tasa de participación en el mercado laboral sigue bajando, la precariedad crece a la vez que lo hace la desigualdad, los créditos para pagar estudios universitarios amenazan con reventar como una burbuja de impagos masivos, las inversiones en fracking, una de las revoluciones de esta era, caminan hacia la ruina a medida que el barril perfora cifras de precios a la baja, y la señales que hoy mismo emite la economía son presagio de un año, o más, turbulentos y, quien sabe, recesivos. En el plano internacional la situación es, objetivamente, más compleja y peligrosa que hace siete años. La guerra de Irak ya no sale en la tele pero sigue existiendo, y el protagonismo se lo ha robado Siria y el Estado Islámico, que se han convertido en las grandes amenazas regionales y globales. EEUU ha intentado estos años abandonar ese escenario para centrarse en el Pacífico, donde el interés económico y geoestratégico crece a la vez que lo hace una China cada vez más poderosa, pero la realidad, la crudeza de la guerra, ha impedido consolidar este movimiento. Hace un par de años Obama no cumplió sus amenazas de actuar cuando el régimen de Asad traspasó las líneas rojas del uso del armamento químico y, a mi modo de ver, abandonó a su suerte a esa guerra, que ahora está comandada por Asad, el islamismo radical y una Rusia fanfarrona y débil, pero quizás por ello más rabiosa y peligrosa. El escenario es muy complejo para ser analizado y más aún para emitir juicios sobre quién ha actuado mejor o peor.

En el plano interno, los años de Obama se recordarán, quizás, por ser los de la vuelta del poderío empresarial norteamericano, esta vez comandado desde un Silicon Valley en el que Apple, Google, Facebook y demás monstruos gobiernan nuestras vidas, carteras, datos y, esperan conseguirlo, voluntades. Parece que, quizás como resaca de esa grave crisis económica no superada del todo, la ilusión del sueño americano se ha debilitado algo, y los conflictos raciales, quién lo iba a decir con el primer presidente negro, han vuelto a la primera plana de las noticias en un país en el que la violencia interna y el uso de las armas sigue fuera de cualquier tipo de control. Obama, ya como pato cojo, espera sucesor o, más probablemente, sucesora.

miércoles, enero 13, 2016

Patxi López, Presidente del Congreso

Es curiosa la carrera política de Patxi López, porque cada vez que ha alcanzado un cargo de relevancia pública lo ha conseguido como fruto de un consenso entre formaciones políticas, algo realmente raro en nuestro país y que lo convierte, desde luego, en un personaje excepcional. Llegó a Lehendakari mediante la abstención voluntaria del PP en un momento trascendental de la política vasca y de la lucha contra el terrorismo de ETA y hoy, si no pasa nada raro, será nombrado Presidente del Congreso, tercer cargo en relevancia jerárquica tras el Rey y Presidente del Gobierno, gracias a la abstención forzada del PP

El acuerdo, conocido ayer, es muy importante, por ser el primero a tres bandas de la legislatura que hoy comienza, y porque puede abrir la nueva a otros consensos, en un tiempo en el que van a ser muy necesarios. Obsérvese que antes comentaba que la abstención o apoyo del PP ha sido decisiva, en las dos ocasiones, para elevar a Patxi López al cargo, pero los dos casos fueron muy distintos. En el primero el PP actuó con plena generosidad, a sabiendas de que un no por su parte abocaba a otro gobierno nacionalista, y que la única opción de generar una mayoría constitucionalista era la de votar a favor del PSE. Fue una actitud leal y proactiva, sin recibir cargos a cambio en un gobierno monocolor socialista. Lo que hoy veremos es algo bastante diferente, ya que el PP renuncia a presentar candidato a Presidente del Congreso a sabiendas de que iba a perder la votación. Hay una mayoría absoluta en la cámara que iba a rechazar el candidato popular, fuera quien fuese, y las posibilidades de sacarlo adelante eran nulas. Ante la idea de perder y escenificar, en el primer día de la legislatura, la posición de debilidad que tiene, el PP ha optado por retirarse de una batalla perdida de antemano y jugar a la carta de que, otorgando al PSOE el primer gran cargo, tenga más argumentos morales de cara a la negociación de una investidura popular que pueda ser efectiva. Es una buena jugada, quizás la única posible para un PP que, pese a haber ganado las elecciones, sabe que no depende de sí mismo en nada de lo que emprenda. El muñidor del acuerdo de ayer fue Ciudadanos, que se reunió con los dos partidos mayoritarios, cada vez con uno, y logro aunarlos sin que entre ellos se vieran, lo que puede ser interpretado como un síntoma de lo mal que se encuentran la relación entre ambas formaciones y de lo complejo que será que puedan llegar a acuerdos más profundos y de una mínima estabilidad. Rivera y los suyos pueden estar satisfechos, porque han actuado como puente, que es como se presentaron ante los electores, para cambiar las cosas. Por primera vez en democracia el presidente de las Cortes no pertenecerá al partido más votado, y aún está por ver si lo será del partido del gobierno. Algo, poco quizás, pero distinto a lo que hasta ahora habíamos visto como norma casi inamovible, no escrita, pero de estricto cumplimiento. Por algo se empieza. Podemos, que no se ha sumado al acuerdo, sigue con su campaña a favor de los cuatro grupos parlamentarios, donde se junta razones a favor (principalmente el hecho de presentarse en formaciones distintas a las elecciones) y motivos en contra, dado el desmadre que supondría en el Congreso el disparo del número de grupos. Es asombroso comprobar que, desde las elecciones, Iglesias y los suyos es encuentran subidos a la deriva de peticiones cada vez más absurdas y propias de una casta añeja (referéndums de autodeterminación, grupos con sus subvenciones, etc) Se les nota demasiado que quieren forzar nuevas elecciones para tratar de mejorar resultado.

Sea como sea, la imagen que nos va a ofrecer hoy el Congreso es muy distinta a la que hemos visto no sólo durante los pasados cuatro años, sino en décadas. Por primera vez cuatro grupos juegan en la liga de los primeros, y las caras nuevas van a ser las predominantes. Pocas veces el hemiciclo se va a parecer tanto a las tertulias televisivas que nos invaden, donde los intervinientes mediáticos se van a convertir en señorías de pleno derecho. La responsabilidad que asumen todos, a partir de hoy, es inmensa. Espero que estén a la altura de la misma, de los retos sociales, políticos y económicos a los que nos enfrentamos, y que trabajen para el país, no para ellos mismos y sus partidos.

martes, enero 12, 2016

Las violaciones en Colonia, el desastre absoluto

Nada de lo sucedido en Colonia, como la más representativa de todas en las que eso pasó, durante la nochevieja de 2015 es ni comprensible ni justificable. Todo es asqueroso, sucio y reprobable. Lo que empezó como un rumor por parte de algunas mujeres, que denunciaban un asalto coordinado para violarlas por parte de hordas concentradas expresamente para ello ha derivado en un suceso en el que policía, políticos, medios de comunicación, autoridades locales y nacionales... todos han fallado de manera vergonzosa. Y las víctimas, cuyas denuncias crecen sin parar, se han sentido completamente abandonadas.

Poco se sabe de lo que pasó en esa nochevieja, entre otras cosas porque nadie se ha molestado en averiguarlo. Si no hubieran sido mujeres las atacadas seguro que ya sabíamos quiénes eran los causantes de la agresión. Si no hubiera habido inmigrantes ilegales entre los atacantes la corrección política no hubiera funcionado y la prensa y la policía habrían actuado al momento. Si no existiera miedo por parte de las autoridades a que un hecho de este tipo fuera utilizado por grupos ultras y xenófobos la alcaldía y el gobierno federal habrían tardado tres nanosegundos en condenarlo y movilizar a la sociedad en la condena y rechazo. Pero nada de todo esto ha pasado. Lo de Colonia es la tragedia perfecta en la que el buenismo, la estupidez y la incompetencia se juntan para lograr crear el desastre más absoluto. La presencia de inmigrantes y refugiados entre los asaltantes asustó a las autoridades y la prensa, que vieron el potencial que tendría la noticia de que algunos de los acogidos por Alemania se dedicaban a violar a mujeres germánicas junto a la catedral de Colonia, y cundió el miedo. No se pensó en las víctimas en ningún momento, más bien se las despreció por completo, y se decidió levantar una cortina de humo, un silencio cómplice que tapara la noticia, para que el paso del tiempo la amortiguase. Que las pobres mujeres denunciaran si querían, pero no iban a obtener eco mediático y, por tanto, nadie sabría lo sucedido ni le daría importancia. Los medios de comunicación, tanto públicos como privados, colaboraron en este apagón, siendo lo más correctos posibles, no diciendo nada o, como mucho, poniéndolo en columnas pequeñas en lugares inhóspitos de una página perdida, que no trascendiera mucho. Al cabo de los días, cuando las violaciones han ido saliendo a la luz y las denuncias se elevan ya a centenares, medios de todo tipo empiezan a pedir perdón porque en su momento no le dieron al tema la relevancia debida, pero ninguno ha salido a la palestra para confesar que eso fue una decisión consciente, no un olvido. Miembros del gobierno alemán tampoco han comparecido para explicar su inacción o, más bien, orquestada desidia. Y a buen seguro ambos colectivos culpan de todo a las mujeres que, como les recomendó la alcaldesa de Colonia el 2 o 3 de Enero, debieran mantener una distancia prudencial con sus potenciales agresores, dejando implícito el mensaje de que nadie, ni la policía ni ningún otro cuerpo del estado, las va a proteger, porque no lo considera ni relevante ni necesario. Si les violan es su responsabilidad, no la del atacante que abusa de ellas. ¿Diría lo mismo la alcaldesa, medios de comunicación y políticos alemanes en el caso de que los violadores fueran neonazis locales, o hinchas del fútbol inglés, o un grupo de universitarios norteamericanos? Apuesten todo su dinero al no. Ese es el problema de fondo.

La gestión de la inmigración es muy difícil, ya lo se, y la solución planteada por casi todos los países, excepto Alemania, de impedir la entrada, es la más fácil en principio y la más cruel e inútil. Debemos acoger a la gente que necesita ayuda, pero dejando claro, siempre, que tanto para ellos como para nosotros la ley es la misma, y los delitos y penas asociados también. Si alguien delinque nos debe dar igual su nacionalidad y origen. No sólo es injusto tener en cuenta ese factor, sino que es racista en el sentido estricto del término. La Ilustración derribó las barreras de la etnia para crear el imperio de la ley. Ahora en Europa, nacionalismos xenófobos tratan de restaurar esas barreras. La nefasta gestión de lo sucedido en Colonia nos debiera avergonzar a todos.

lunes, enero 11, 2016

El caos de la política catalana

“Lo de Cataluña” se parece bastante al tiempo que hace hoy en Madrid. Ventoso, lluvioso, agitado, desapacible, caótico… tan pronto te viene una ráfaga por un lado como por otro, y el paraguas te sirve en contadas ocasiones, transformándose en veleta las muchas de ellas, siendo imposible saber de dónde va a venir la siguiente ráfaga. De la misma manera, realizar predicciones sobre lo que va a pasar en Cataluña es tarea imposible, como lo era el vienes determinar si iba a haber acuerdo para descabalgar a Mas o no. Finalmente lo hubo, pero la posibilidad de acertar era la misma que tirando una moneda.

El nuevo presidente, Carles Puigdemont, al que yo no conocía de nada, es de la rama soberanista de la antigua Convergencia, de la que ya no queda más que un tronco pelado y la citada rama, habiéndose secado todas las demás. Su investidura fue el fruto de un pacto de Junts pel Sí, con la CUP, los de la CUP, que han disfrutado de tres meses de gloria, y que ahora se encaminan nuevamente a la oscuridad mediática. A lo largo de los meses de conversación se ha visto que Mas, el gran caballero independentista, el gran loco Mas, era el mayor obstáculo para lograr la unión de las fuerzas independentistas que, en su mayoría, y pervirtiendo el sentido de una manera totalmente hispánica, se declaran de izquierdas, en general muy de izquierdas. Los soberanistas de Convergencia, todos ellos de carácter liberal, y que durante décadas han sido los representantes de la tradicional burguesía Barcelonesa, hace mucho tiempo que se habían quedado en minoría en un movimiento al que se subieron para mantenerse en el poder. Ahora, descabezada la figura del padre Mas, consumado su ritual sacrificio en el altar de la patria, Convergencia se encamina hacia su más que probable desastre final, dado que va a perder poder a chorros en un nuevo gobierno, que encabeza uno de los suyos, pero que carece de autoridad y prestigio, y que tiene a Oriol Junqueras como vicepresidente, mostrando nuevamente que es ERC la ganadora de este pulso. De hecho el escenario del viernes mostraba que ERC ganaba en todos los casos. Si había elecciones seguramente se presentaría en solitario y vencería, dejando a Convergencia en la cuneta. Si había acuerdo, como así ha sido, se haría con el control del gobierno, convirtiéndose en el partido fuerte del “prusés” y de toda la política catalana. Desde su única vicepresidencia, Junqueras es el hombre fuerte del gobierno y del parlament. Él es el que va a dictar la estrategia a seguir, tanto en los pasos del proceso de desconexión, como así lo han llamado, como en la gestión del día a día, en lo económico y social. Y también, no lo duden, en todo lo que tenga que ver con la destrucción de Convergencia. Si yo fuera del partido de Mas empezaría a tener cuidado, porque mi futuro político y económico sería muy oscuro. La antigua Convergencia, asediada por querellas y juicios en torno a sus múltiples corruptelas, ha perdido el amparo de la Generalitat que, si bien hará declaraciones comprensivas, dejará de respaldar y defender a los convergentes. Es muy probable que en la sesión de ayer Mas dedicara más tiempo en su mente a pensar cómo salvar su patrimonio, el 100% del mismo, no sólo el 3%, que a cuestiones soberanistas. Y con él otros muchos pesos pesados de su formación, que ayer pasaron a ser pesos sobrantes de un “prusés” que les ha arrollado. Más buscaba su supervivencia y la de su partido, se unió a la ola soberanista y ha conseguido destruir su partido y su carrera. Bonito bagaje.

¿Y ahora? Ni idea. El pulso entre la Generalitat y el gobierno central seguirá, y probablemente se encone cada vez más. En teoría la investidura de ayer impulsa un gobierno de gran coalición en Madrid entre PP y PSOE para poder afrontar el reto soberanista, pero vaya usted a saber. En una coyuntura económica internacional que se enturbia por momentos, en una nacional cogida por alfileres y en una local en la que Cataluña está completamente quebrada, este problema no va ayudar en anda a recuperarnos. Gastará energías, esfuerzos, voluntades y tiempo, y generará costes de todo tipo. Es deprimente contemplar el panorama.

viernes, enero 08, 2016

China, no sólo ella, golpea a las bolsas

Ya el final de diciembre fue de fuerte marejada en las bolsas. El tradicional rally de Navidad, en el que se maquillan las carteras para que a finales del ejercicio presenten unos resultados más bonitos para sus suscriptores, no tuvo lugar. Más bien fue al contrario, los índices consolidaron caídas y el año se cerró con unas pérdidas que, en el caso del Ibex, superaron el 7%. 2016 ha empezado peor si cabe, con descensos generalizados que afectan a los parqués de todo el mundo, siendo el peor arranque anual en la historia del Dow Jones. ¿Por qué sucede todo esto? ¿Es grave? Vaya par de preguntas.

La segunda es más fácil de contestar que la primera. Aún sin saber si es grave o no, bueno no es, y es una señal más de que algo en la economía global no funciona. El porqué de los descensos es más complejo, como siempre. Verán que en los medios se habla de dos causas fundamentales, la desaceleración china y la bajada del precio del petróleo. Realmente lo segundo es, en una parte, consecuencia de lo primero. Los mercados bursátiles están bajando ahora como ya lo hicieron hace ya muchos meses los mercados de materias primas (el petróleo es una de ellas, aunque su bajada tiene muchos motivos adicionales), en lo que fue el primer indicio serio de que el impulso de la economía global se estaba acabando. Los países emergentes, que eludieron la crisis global que arrancó en 2008, y se convirtieron en refugio de inversores, han sido los que esta vez han comenzado el ciclo bajista. Brasil está instalado en una recesión que supera el 3% de caída del PIB y China ve como sus cifras de PMI, indicador del comportamiento industrial, no dejan de caer desde hace meses. China, es verdad, se frena, como por otra parte sería lógico esperar de una economía que lleva creciendo demasiado tiempo a tasas muy altas y con un patrón, basado en la inversión, que debe revertir a un modelo de crecimiento endógeno basado en el consumo. El desplome del precio de las materias primas ha ido acompañado, durante todo 2015, de una bajada en los indicadores de comercio internacional, que son de lo más variado, pero que señalan inequívocamente que los flujos comerciales entre países se están reduciendo. Caen las compras y ventas de manera global, aunque haya casos locales, como el español, en el que las exportaciones sigan creciendo. Todos estos indicadores señalan una sola cosa, que es que el crecimiento global se frena. Los países emergentes entran en crisis y los países desarrollados no son capaces de tirar de la economía global, con una Europa que, pese a haber vivido un 2015 económicamente mejor de lo esperado, aún presenta tasas de crecimiento de PIB muy discretas y unos EEUU que, pese a seguir creciendo, se encuentran en una fase muy madura de su ciclo y es de prever que pasen por trimestres de bajo crecimiento, o incluso de contracción. A todo esto se le debe sumar la decisión de la FED de iniciar una (creo que necesaria) subida de tipos para purgar excesos bursátiles y mandar un mensaje de normalidad a unos mercados financieros dopados por tipos de interés anormalmente bajos, que tiene unos efectos secundarios muy intensos en los mercados de divisas, revaluando el dólar y haciendo mucho daño a las economías, muchas de ellas nuevamente emergentes, que están endeudada en esa moneda y no en divisas locales, que se debilitan cuando los capitales salen corriendo en busca del rendimiento que puedan ofrecer los tipos crecientes dictados desde Washington.

Como ven, todo un lío, pero que apunta a la misma dirección. Frenazo global. ¿Crisis global? Todavía es pronto para afirmarlo. Algunos indicadores podrían estar diciendo eso, y el que empiecen a salir voces de expertos afirmando que “esta vez es diferente y no estamos ante una nueva crisis” me produce bastante miedo. Hay mucha información que no tenemos, sobre todo en lo referente a la economía china, cuyo sector bancario “en la sombra” (shadow banking) es enorme y tan opaco como tantos otros sectores económicos del país. Las turbulencias en los mercados seguirán, y está por versión estamos ante una contracción global que nos dejaría un 2016 decepcionante (eso es bastante probable) o algo mucho más serio.

jueves, enero 07, 2016

Corea del Norte juega con la bomba H

¿Se portaron bien los reyes con ustedes y sus hijos? Seguro que sí. Ayer era el día de desenvolver muchos paquetes, estrenar juegos y juguetes y bajar a la calles, si el tiempo lo permitía, para darles uso y enseñárselos a los demás. Todos los niños practican en esta fecha el mismo ritual, y Kim Jong-Un, el dictador de Corea del Norte, que tras su gruesa figura esconde a un niño, o puede que por volumen a varios de ellos, también practicó el mismo ritual. Se autohizo un regalo de reyes en forma de bomba, H dice, salió a la calle y jugó con ella para que todos nos enterásemos de cuál era su nuevo capricho.

Es realmente difícil saber qué es lo que sucede en Corea del Norte, la dictadura más paranoica, oscurantista y errática del mundo. Más allá de saber que el país entero es una cárcel que mantiene a millones de personas alienadas y encerradas, el resto es misterioso. Sólo conocemos lo que el régimen permite que sepamos, y cuando hace pruebas de estas tengan por seguro que no realiza esfuerzo alguno por ocultarlas, como ha sucedido esta vez. Hace ya algunos años Corea del Norte hizo una prueba nuclear llamémosla convencional, una bomba de fisión estilo Hiroshima, y desde entonces el régimen se convirtió en intocable, llevando a la práctica una de las grandes lecciones de la guerra de Irak de 2003, que es que si te acusan de tener armas de destrucción masiva y las utilizas no te invadirán, de lo contrario pensarán que vas de farol y te harán la guerra. La bomba demostró que los coreanos del norte, a la hora de resolver el problema que vivieron los rusos durante la guerra fría, la disyuntiva entre cañones y mantequilla, poderío militar versus desarrollo civil, han optado por profundizar aún más en la intensidad de sus hambrunas. Para cualquier nación el desarrollo de la bomba supone un gran esfuerzo tecnológico y presupuestario, como se ha visto estos años con el caso de Irán. Avanzar el siguiente paso, que es la bomba de hidrógeno, una de fusión en la que la bomba atómica original actúa como detonador (háganse una idea de la potencia que se puede obtener) es algo mucho más difícil y complejo. De hecho, en el club nuclear formado por los países que poseen la bomba, lo hayan declarado o no, creo, aunque puedo equivocarme, que sólo EEUU y Rusia (puede que China y Reino Unido también, pero no estoy seguro) poseen armas termonucleares, la forma elegante de llamar a la bomba H, y además miniaturizadas de tal manera que pueden cargarse en la ojiva de un cohete, lo que da como resultado las “cabezas nucleares” de las que tanto se hablaba en los ochenta, y que o bien convencionales o H, alcanzaban cifras de millares para cada uno de los dos contendientes en la guerra fría y de decenas, o pocas centenas, en el resto de países, muchos de ellos sin tecnología portadora de cohete. La capacidad destructora que posee una bomba de este tipo es, simplemente, inimaginable, y al contrario de lo que sucede con las convencionales, carece de límite teórico para su crecimiento, dado que si en las clásicas la cantidad de uranio o plutonio que se puede fabricar para la bomba es siempre restringida, el hidrógeno que actúa como explosivo en las H (se fusiona formando núcleos de helio como en el Sol) es casi ilimitado y, una vez puesta en marcha la reacción, la potencia de la bomba depende de la cantidad de hidrógeno que contenga. El fin último de estos monstruos era el de destruir, de un solo golpe, las grandes ciudades del país rival, y destruir quiere decir arrasar por completo cientos de kilómetros cuadrados desde el punto de impacto, sin que nada pueda sobrevivir. El infierno nuclear.

Hay muchas dudas sobre lo que realmente hizo estallar ayer el psicótico régimen norcoreano, pero parece aceptado que fue otro artefacto de origen nuclear, según algunos expertos una bomba atómica convencional reforzada. Habrá que esperar a los análisis y estudios, pero en todo caso supone un nuevo paso adelante en la paranoica y absurda escalada de una dictadura infecta que, cuando caiga, que algún día lo hará, nos mostrará hasta qué punto de horror y vileza han llegado sus métodos. Lo más relevante de lo sucedido ayer es que no podemos olvidar que Corea del Norte es una tiranía absoluta, y que sus más de veinte millones de personas viven encarceladas. Eso es lo nuclear del asunto.

martes, enero 05, 2016

Navidades de política, sol y viento sur

Día extraño el de hoy, en el que la ciudad se levanta sabiendo que por la tarde la cabalgata de reyes llenará calles y ocupará a padres e hijos sin límite ni mesura. Poca animación espero en la oficina a la que, después de reyes, empezarán a llegar a los compañeros y contarán su experiencia navideña, de cómo les han ido sus reuniones familiares, si tuvieron bastanteo creen que un año es poco tiempo como para recuperarse de las heridas sufridas. Como anticipo a sus historias, que ustedes no conocerán, les relataré algo de la mía, que en lo personal ha sido tranquila, sin sobresaltos y sin mucho que destacar.

Lo más noticioso, de lo me muchos hemos hablado estos días, es de lo poco navideñas que han sido estas fiestas respecto a años anteriores. La campaña electoral, que llevó casi a convertir las urnas en bombos de lotería (y visto el resultado la metáfora es de lo más acertada) y el buen tiempo han hecho que la navidad de 2015 sea atípica. La tele se llenaba de eslóganes, campañas, mensajes de vótame, seguidos de pacta o no pactes, y la chica que busca a Jacqes se ha transmutado en representante de partido buscando gobierno. Y no, se m mire como se mire, no es lo mismo. Y el buen tiempo nos ha proporcionado las primeras navidades tropicales en mucho tiempo. Antes del estallido de la burbuja irse al caribe en nochevieja se convirtió en algo rutinario, no hacerlo era señal de atraso. En esta ocasión, en recuperación, aún en planta del hospital económico, ha sido el caribe el que ha venido a visitarnos. Constantes ráfagas de viento sur han azotado toda la costa cantábrica a lo largo de un extraño mes de diciembre en el que no era raro picar la cota de los veinte grados, y en el que no ha llovido prácticamente nada. Día tras día el amanecer traía nubes altas, cinceladas por la brisa, y hojas que se movían como locas por el suelo, en función de lo que dictasen las ráfagas de un viento que no cesaba. Contaminación, aire sucio, y sensación de calor han sido constantes durante todo el mes, y en el norte, acentuado por esa sequedad del terreno y el viento que no cesaba, los incendios forestales han hecho aparición, especialmente en Asturias y Cantabria. Algunos por descuidos o imprudencias, otros por fatalidad, la mayoría provocados, las lamas se elevaban al cielo enmarañado desde el verde norteño como si de pleno agosto se tratase, y los bomberos y equipos antiincendios se las veían y deseaban para contener unos fuegos que no había manera de controlar, impulsados por ese aire constante que, día y noche, no cesaba. Hizo muy buena noche en noche buena, tanta que alguno quizás pensó en celebrarla en su terraza, si no fuera por el dichoso viento. Y después de Navidad el buen tiempo siguió, y visité a algunos amigos de la universidad y doctorado, con los que pude comer en Bilbao el día 28, en una jornada de las que pocas salen en Bilbao en verano, casi despejada, rozando los veinte grados y con sensación de calor, extraña. Veías iluminadas las calles con las luces navideñas y las chaquetas te sobraban. Mirabas los escaparates y en las televisiones no lucían perfumes ni juguetes, sino políticos desesperados, algunos catalanes, otros no, nunca los de la CUP, que estaban siempre reunidos y votando, y se decía uno a sí mismo “qué extraña Navidad la de este año” carente de casi todo. Hasta en Roquetas de Mar, donde cayó el gordo, la alegría no duró ni un par de días, con el asesinato de un magrebí y los disturbios que le sucedieron.


Los que hayan pasado las fiestas bajo las pertinaces nieblas de Castilla o del Ebro tendrán la sensación de que han sido frías. Los de Galicia, donde llovía mucho antes de que esa bendición llegara al resto de regiones, dirán que han sido secas y desérticas, y cada uno las contará en función de todo lo que ha vivido, sudado o digerido. Seguro que habrá anécdotas de todo tipo, pero no lo duden, el tiempo que nunca falla, y el “amor” a los políticos estará en boca de la mayoría. Y es que esta, tampoco, ha sido una blanca Navidad. Cuando eso suceda sólo se hablará… del tiempo.

Que les traigan muchas cosas los Reyes, hasta el jueves!!