miércoles, junio 30, 2021

La variante delta

En parte del mundo, especialmente el sureste asiático y Oceanía, se está viviendo una nueva ola de contagios de la mano de la variante delta del coronavirus. Cuando empezaron a aparecer variantes realmente significativas, se les apodó por las naciones en las que se detectaron, y luego, para evitar estigmatizar a esos países, la OMS ha asignado letras griegas a dichas variantes, de tal manera que la británica es la Alfa, la Sudafricana la Beta, la brasileña la Gamma y la de la India la Delta, y muchas otras pueden acabar llegando, en función de la variabilidad aleatoria del virus, su expansión y otros muchos factores.

Resumidamente, se saben tres cosas de estas variantes. Una, segura, es que son más transmisibles que la cepa originaria, por lo que las tasas de contagio se elevan y más gente y más rápido sufre la enfermedad. Lo segundo, bastante probable, es que la virulencia de las variantes no es significativamente mayor, sí parece que acelera el proceso de empeoramiento, pero no tiene una tasa de mortalidad más elevada. Lo que sí genera es un mayor problema sanitario, porque dado que las camas son las que son, si con una variante, pongamos, se duplica el número de contagios y de potenciales enfermos, se llegará antes y durante mucho más tiempo a la saturación hospitalaria, y eso de por sí mata, al carecer de recursos para atender a la avalancha. Por ello, no matan más por efecto directo del virus sino por congestión del servicio de salud. La tercera cosa, también segura, y la más importante, es que las vacunas aprobadas por la EMA europea, las cuatro magníficas, en su pauta completa, son efectivas ante estas variantes, por lo que protegen e inmunizan en los porcentajes que se recogen en los estudios clínicos de esos medicamentos. Es importante señalar aquí lo de la pauta completa, es decir, las dos dosis en la tríada Pfizer Moderna AstraZeneca y unidosis en Jansen, porque sí parece que, ante la variante Delta, la inmunidad preliminar que ofrece el primer pinchazo de las que requieren dos es más baja de lo que se registraba ante la cepa original. Esto supone que, naciones como Reino Unido, que han priorizado la extensión de la primera dosis a más población y que van retrasadas respecto a las pautas completas tienen un potencial problema ante el incremento de casos que allí se están registrando propiciados por la extensión de Delta. En ausencia de variantes, la estrategia de priorizar la primera dosis, otorgando así alguna protección a la mayor parte de la población, puede ser discutible, pero tiene un evidente atractivo, dado que siempre es mejor algo de protección generalizada que plena protección para algunos y nada para otros, todo ello sujeto a los ritmos de vacunación de cada país y estrategia. La curva de positivos lleva ya unos días subiendo en Reino Unido de manera acusada y parece estar empezando a formar una ola de verdad, sin que por ahora esto tenga reflejo en el sistema sanitario local. Aún es pronto para determinarlo, pero si las pautas vacunales se han establecido de una manera similar a la nuestra, y la población de mayor edad está inmunizada, es bastante probable que los efectos de esa ola de positividad sean muy escasos en forma de hospitalizados, críticos y fallecidos, de tal manera que la variante sea derrotada en lo que resulta relevante, no su existencia, sino sus efectos. En España estamos empezando a ver también un cambio de tendencia en la positividad, especialmente tras desmadres como el de Baleares, pero de momento la inmensa mayoría de contagios corresponden a gente joven, no vacunada, y en los que el efecto de la enfermedad es mucho menor. Las pautas completas de vacunación entre los mayores de setenta, el principal grupo de riesgo, son casi completas, por lo que sería de esperar que las citadas variables médicas y mortuorias no se vieran afectadas. Sí hay una ventana de riesgo entre los sesentones, por el retraso en la segunda dosis de AstraZeneca, que hace que la cobertura completa en esa franja de edad sea menor que entre, curioso, los cincuentones, pero así es. Teniendo esto en cuenta, la situación exige prudencia y cuidado, pero creo que la alarma no es necesaria.

Otra cosa son naciones en las que las tasas de vacunación, primera dosis o pauta completa, sean muy bajas, porque allí la expansión de la variante Delta, que va a ser la predominante en el mundo en pocas semanas, puede ser realmente peligrosa. De hecho la presencia de esta variante en nuestro país en, pongamos, la Navidad de 2020, hace seis meses, nos hubiera puesto completamente contra las cuerdas y hubiera disparado hacia un nuevo desastre a todas las variables, que ya registraron picos graves con la cepa británica en enero febrero. ¿Cuál es la diferencia? Otra vez, las vacunas. Sólo ellas marcan la frontera entre el desastre y la esperanza, nada más que ellas. Es tan simple como intenso. Salvan vidas, salvan sociedades, nos salvan.

martes, junio 29, 2021

De juerga por Mallorca

Les llamamos viajes de estudio a las excursiones de los estudiantes a las Baleares tras los exámenes de la misma manera que algunos denominan música a eso que se hace llamar reguetón. Eufemismos baratos para esconder lo que no es sino un viaje de desfogue, de celebración adolescente del fin de curso, en el que la mayor parte de los que lo emprenden estudian mucho de la biología del propio cuerpo, tratando de ver hasta cuál es su límite de ingesta de sustancias, y sobre todo la de los cuerpos ajenos, explorando todo tipo de valles, montículos y protuberancias. De estudios, sí, pero no reglados.

La principal sensación que uno obtiene tras el surgimiento del macrobrote de Mallorca es que, transcurrido más de un año desde el inicio del desastre, seguimos fracasando miserablemente, como sociedad y como individuos, seguimos mostrando una irresponsabilidad en los comportamientos digna de estudio y sólo las vacunas, sólo ellas, nos van a sacar de esta pesadilla, porque si dependemos de nosotros mismos vamos listos. En este evento de contagio, que ya supera el millar de infectados, se han incumplido todas las políticas de prevención por parte de las autoridades, que han consentido la juerga desmadrada sin prestar ninguna atención a la misma, se ha mostrado que la adolescencia es incontrolable, en parte porque es así y en gran parte porque así se le ha enseñado, y se ha vuelto a poner de manifiesto que los padres de los adolescentes no son sino portavoces de los mismos, abogados defensores perpetuos de las conductas de sus hijos, a los que consideran los reyes absolutos de la creación y que se sitúan, por derecho propio, por encima del bien y del mal y, desde luego , muy por encima de todas las personas que en el mundo existen. Asistimos estos días a la réplica mimética de un debate de políticos, en el que cada una de las partes causantes de este brote, que tiene una proporción de la culpa sobre la total, emite todo tipo de quejas, exabruptos y denuncias a todas las demás, pero obviamente no admite error alguno en su comportamiento, y se ve en todo caso como una víctima de lo sucedido y de la negligencia de los demás. Simplemente, es patético. Autoridades sanitarias y políticas de la región balear tienen una parte de la culpa, por hacer la vista gorda, consentir la juerga sin límite y preocuparse sólo por los ingresos del sector turístico, del que viven las islas casi en exclusiva. Los hoteles y establecimientos de ocio tienen una parte de la culpa, porque sabían perfectamente que tipo de viajes y de estudios iban a tener lugar, y evidentemente en ellos las medidas de precaución sanitaria son lo que menos se tiene en cuenta, ante el Covid y otro tipo de enfermedades más conocidas. Pero sin duda, y eso así, los principales responsables de lo sucedido son los que han causado el brote, los adolescentes, que se han ido de juerga sin control alguno y han organizado un lío sanitario de padre y señor mío. Afortunadamente, con la vacunación extendida en las edades altas y la baja severidad de la enfermedad en las bajas, las consecuencias de este episodio pueden ser mucho menores de lo que las cifras de infectados indican, y ojalá sean nulas en lo que hace a hospitalizaciones severas (y obviamente, nada de muertes) pero es obvio que la conducta de esos chavales es incompatible con la situación sanitaria en la que estamos, que hasta que la vacunación se extienda a su franja de edad y se produzca, por tanto, la inmunización de las de edad superior, el desenfreno no tiene sentido, y que estos chicos y chicas siguen viviendo ajenos a la realidad que, desde hace más de un año, nos tiene contra las cuerdas.

No se dónde he leído estos días que quizás la juventud de ahora sea, sí, de las más preparadas de la historia, pero también de las más irresponsables. Creo que la mezcla entre ambos conceptos se ha dado en todas las épocas, pero sólo en la actual asistimos a la justificación por parte de uno de los actores sociales, los padres, de los comportamientos irresponsables de sus hijos. Criados entre todas las comodidades imaginables, las generaciones actuales poseen unos niveles de soporte de la frustración bajísimos, aún menores que los nuestros, que ya habían decaído, y no son capaces de afrontar sus errores ni la responsabilidad de sus actos. Como siempre, es un error generalizar y asimilar conductas generales a todo el mundo, pero algo de eso ahí, y lo de Mallorca vuelve a mostrar un fracaso social general, otro más, en esta pandemia.

lunes, junio 28, 2021

El valor

Sigues con tu café en la mesa, te queda poco. Desde que ella llegó y se sentó a apenas unos metros de ti la tarde ha cambiado completamente su sentido, y el día, que era oscuro, refulge. Se ponga las gafas para leer o se las quite, te deja asombrada la serenidad que refleja su rostro, su insultante atractivo envuelto en una madurez que nada tiene que ver con lo despampanante, y sí con lo pleno. Parece que espera. De vez en cuando deja la lectura, consulta el móvil que a todos nos esclaviza y mira a la entrada del local, como buscando a la persona con la que teclea. En ese momento quieres ser esa persona, y a la vez te parece infame que ese otro ser humano haga esperar a quien no merece ningún segundo de tedio.

Sigue la lectura y la espera, y tu café se acaba. Lo apuras, está bueno, pero ya no importa su sabor. Tus tripas empiezan a revolverse en una mezcla de emoción, angustia y miedo que te intranquiliza. Sabes que no puedes hacer nada. Es más, no debes hacer nada, pero quieres hacerlo. Empiezas a darle vueltas a escenarios, opciones, y todos te parecen payasadas propias de un crío que sigue viviendo en sueño absurdos. La situación no puede seguir así, y muy nervioso, te levantas. Empiezas recoger tus cosas, llevas la taza a la barra y pagas la consumición, tras lo que dejas en espacio de la cafetería, pero rodeada como está de estanterías de libros aprovechas para echar unas miradas a los tomos y seguir pensando qué hacer. Ella sigue enfrascada en su lectura, de un clásico breve de la novela norteamericana del pasado siglo, escrito por una mujer. Se enfrenta a él en inglés, con el enorme valor que eso supone. Tú has leído esa novela, y un par de ellas más de la misma autora, te gustaron por lo bien escritas que están, pero no mucho por lo triste de la historia que relatan, reflejo de la vida tortuosa de la escritora. Denota un excelente gusto al escoger esa lectura, y pese a que se le ve impaciente en una espera que se alarga, no cesa en su lectura. Haces tiempo frente a unos estantes para tratar de ordenar tus ideas, decidir si alguna de las estupideces que piensas puede llegar a ser realidad o no, y te das cuenta que la distancia física que existe entre tú y su mesa es una medida de la infinitud del universo, tan inmensa que es absurda, tan imposible de recorrer como ni siquiera de intentar. Tienes delante un anaquel de novelas juveniles, en las que se mezclan historias distópicas con amoríos y romances, y no eres capaz de distinguir en qué tipo de textos la fantasía de lo relatado es más increíble. Ella vuelve a consultar el móvil y mirar a la salida del local, hace ademán como de empezar a recoger sus cosas, pero se frena, y se vuelve a la posición de lectora. Es inevitable observar un cierto gesto de contrariedad en su rostro, algo no le ha cuadrado esta tarde, alguien no está haciendo lo que estaba previsto y no se encuentra en el lugar adecuado, el que miles de millones de años de evolución, azar y física teórica han fabricado para su regocijo, en esta tarde y junto a ello. Y tú lo observas desde una falsa distancia, sopesando alternativas en tu desquiciada mente, descartando unas y otras, inventando escenas de esas que en las novelas, o en las películas, resultan factibles, pero que la realidad se encarga de estrellar contra el suelo y hacer añicos como si de delicada porcelana se tratasen. Dice Marta Fernández en su último libro que autoayuda es que Woody Allen se quede con la chica, y tú, que tienes un aspecto no muy alejado del cómico neoyorquino, pero que careces por completo de su gracia y brillantez, asientes plenamente, a la vez que te acuerdas de la madre y del resto de familiares de los que escriben esos libros que no compras, que inducen a la gente a creer que todo lo pueden, para acabar frustrándolos. En medio de la escena, piensas, ya estás frustrado, pero al menos te ha ahorrado el precio de esos libros y el tiempo desperdiciado en hojearlos.

Esto no puede seguir así, es patético, te dices. Y entonces, contando hasta cero, decides que hoy es un día tan bueno como cualquier otro para hacer uno de esos ridículos a los que, de vez en cuando, acostumbras, y que para nada sirven. Dejas los estantes de libros adolescentes, soñando no tanto con volver a serlo, sino con recuperar algo de eso que debió ser aquella época, por la que dudas haber pasado, y caminando cerca de su mesa, la dejas atrás y vuelves a la barra, donde la camarera limpia unas tazas, sacas la tarjeta y mirando a una mujer que te ha cobrado hace bien poco y que no entiende qué vuelves a hacer ahí, te dispones a rodar el guion que te mente ha fabricado, y que en nada se convertirá cuando se enciendan las luces de la razón en la sala.

viernes, junio 25, 2021

Cierran el periódico de Hong Kong

Al hilo de lo que les comentaba el miércoles, saben bien los periodistas lo cuesta arriba que se pone ir contra el poder. Supone, como mínimo, obstáculos económicos y profesionales, que pueden llevar a despidos, frustradas carreras profesionales y ostracismos varios. En España sabemos, en la época etarra, lo que implicaba que el periodista se implicase por la libertad y frente al fanatismo. Más de uno ha acabado siendo sangre sobre la acera, con el silencio cómplice de muchos, fruto del miedo bien sembrado, y sin las bendiciones obispales, que dejaban sus oraciones para el resguardo de asesinos y otros futuros delincuentes.

Pues bien, hoy mismo. tenemos el perfecto ejemplo de lo que supone para un medio ir en contra de un régimen dictatorial. Entrar en la web del Apple Daily News de Hong Kong supone pegarse de bruces contra la cruda realidad de la represión. La página es, ahora mismo, un monumento al internet de los inicios, un crudo conjunto de líneas de texto sobre fondo blanco, con unos ideogramas orientales en la parte de arriba y apenas unas frases anunciando el fin del servicio web, de las suscripciones y, en definitiva, del medio. Perseguido desde hace tiempo por las autoridades chinas, detenidos algunos de los ejecutivos de su empresa matriz, bloqueadas sus cuentas y finanzas por acusaciones de blanqueo, amedrentados sus periodistas por las autoridades de Beijing… los últimos meses del rotativo de Hong Kong han sido la crónica de una muerte informativa anunciada, ante la que apenas se podía hacer nada. La deriva represiva china sobre la excolonia ha tenido en este medio libre su más perfecto exponente, sometiéndolo a un cerco del que era imposible escapar, y todo ante la mirada del resto del mundo, que no ha hecho nada, que no hemos hecho nada, para impedirlo, porque el poder económico y geopolítico de China empieza a ser tan grande que pocas son las voces que se atreven a discutirlo. El estatus de Hong Kong como emblema de lo que se denominó “un país, dos sistemas” es algo que decae a la velocidad a la que crece el poder al otro lado de la bahía. Hubo un tiempo, hace pocas décadas, en el que Hong Kong era una isla de enorme prosperidad adherida a un continente pobre de solemnidad, en la que el poder financiero occidental, que ya no del imperio británico, le otorgaba unos derechos especiales frente a la China continental, en la que la pobreza y la represión eran una misma cosa. Si hoy no echa un vistazo al mapa se encuentra que, al otro lado de la excolonia, ya no hay arrozales y campesinos, sino una enorme conurbación llamada Shenzhen, que rivaliza en tamaño y altura de sus rascacielos con la de la próspera colonia comercial, y que es la sede de empresas como Huawei, que a buen seguro le resulta muy familiar. Hong Kong, su sistema financiero y de cambio de moneda, siguen siendo vitales para la prosperidad de China, pero ya no es, ni mucho menos, la única estrella luminosa, sino una más en la constelación de urbes que dan a ese mar. El intento por parte de los habitantes de la excolonia de mantenerse al margen de las garras del gobierno de Beijing y sus imposiciones pudo ser sostenido cuando la asimetría de poder entre ambos territorios era enorme, pero ahora desde los rascacielos de las ciudades chinas se otean las torres de aquella bahía, y nada parece ser capaz de detener los deseos de sometimiento que albergan las autoridades nacionales. Los habitantes de la excolonia han recibido con el cierre del periódico, otra vez, el mismo mensaje que, desde que empezaron las revueltas de 2019, ha transmitido Beijing. Sois nuestros, y vuestros derechos civiles serán extinguidos, como el del resto de ciudadanos chinos. Dados los hechos, sólo hay dos alternativas para el ciudadano de Hong Kong, quedarse y someterse o hacer las maletas e irse. La decisión de Borish Johnson de otorgar la ciudadanía británica a los residentes para abrirles la posibilidad de irse al Reino Unido es una señal de que se les ofrece un bote salvavidas, sí, pero que nadie va a rescatar un barco que se hunde, torpedeado por China.

Las lecciones que ofrece la situación de Hong Kong son amplias, y en general deprimentes. No sólo para la libertad de prensa y los medios allí asentados, que como se ve se enfrentan a su extinción, sino sobre todo por la creciente impunidad con la que el gobierno chino muestra su poder al mundo y ve como éste, resignado, le deja hacer. Para Beijing Hong Kong es un interesante experimento de hasta dónde puede tensar las relaciones con occidente en la búsqueda de su dominio territorial en la zona y los costes que eso le puede acarrear. De momento, la victoria de Xi y los suyos es plena y la derrota de la libertad total. En Taiwán se mira con mucha atención, y cada vez más miedo, lo que sucede en Hong Kong. Temen, con razón, ser los siguientes.

jueves, junio 24, 2021

Obispos sediciosos

Como es lógico, los impulsores de los injustos indultos han celebrado cada una de las voces que, por convencimiento, interés o vaya usted a saber por qué, se han unido en apoyo de esa medida. Los que me respaldan son los buenos y los que no los malos es una estrategia simplona pero que se repite con insistencia en todas las facetas de la vida. Seguro que usted también ha pensado así alguna vez. No importa que quien se sume a mi causa sea un enemigo acérrimo al que critico con saña día tras día. Si en algo me apoya, tiene toda la razón y se lo reconozco. Si en la vida normal la hipocresía triunfa, en la política es el estandarte que todos enarbolan.

Quienes se han sumado con alborozo al indulto han sido, qué sorpresa, los obispos catalanes, y con ellos el silencio consentidor del resto de obispos de España, mostrando una vez más la catadura moral de este conjunto de personas. Es un caso de estudio este el de los obispos, porque a lo largo de la historia, la vida les pone ante bretes para posicionarse y siempre lo hacen de la manera más injusta posible. Un obispo nunca defenderá al pobre, al débil, al oprimido, sino que se unirá con todas sus fuerzas al rico, al poderoso, al violento que oprime. ¿Demagogia? No, nada de eso. Durante las décadas de franquismo casi todos los titulares de cátedra se dedicaban a pasear bajo palio al dictador sin sonrojo alguno, recibiendo por ello prebendas sin cesar. El evangelio, al que se debían, era manipulado día tras día, pero bueno, no parecía importar mucho. Pocos eran los que se oponían al régimen, la mayor parte silentes, unos cuantos valientes y otros, minoría, exaltados, que pasaron de abrazar la religión cuartelera a la nacionalista. La íntima asociación entre iglesia y nacionalismo vasco, existente desde la fundación del segundo, llegó al punto en el que toda manifestación nacionalista era respaldada desde los púlpitos, y el terrorismo etarra era una más de esas manifestaciones. A medida que ETA crece y se convierte en el monstruo que, durante décadas, asesinará y dejará el terror como única seña de identidad allá donde pise, los obispos vascos apenas modifican sus posturas de apoyo hacia la banda mafiosa, y los del resto de España se van sumiendo en un silencio tan cobarde como cómplice. Nada cambia con la caída del franquismo y la llegada de la democracia. ETA sigue su paseíllo militar oprimiendo vida y libertades y los obispos lanzan constantes mensajes de comprensión, de entendimiento, que esconden su profundo desprecio a las víctimas de la banda, el absoluto abandono en el que sumen a sus familiares y la complicidad casi total con gran parte del ideario xenófobo que defienden los de la serpiente y el hacha (por sus logos les conoceréis). Nuevamente el evangelio es pisoteado, esta vez en nombre de otra dictadura, que pretende llegar a serlo. Hay unidad de acción obispal ante temas como la enseñanza de religión, el aborto o el asunto de los gays, en los que los obispos de todo el país marchan unidos por las calles y alientan manifestaciones ruidosas, todas ellas buscando mantener unos privilegios que les vienen de antaño, pero cuando ETA pone una bomba y mata a dos o tres, silencio, ni una palabra, un funeral clandestino celebrado a oscuras y largo. Hubo excepciones, sí, sería injusto no referirse a ellas, pero en curas de calle, en sacerdotes individuales que se jugaron el pescuezo sin respaldo alguno de su jerarquía. ETA nunca atentó contra un cargo eclesiástico, síntoma de que nunca salió de la boca de un preboste de la iglesia palabra alguna que ofendiera los sensibles oídos de la chusma terrorista.

Llega el procés, un movimiento civil alentado por las élites económicas catalanas, que buscan en medio de la crisis mantener sus privilegios manipulando a la opinión pública para crear un problema político que enmascare la ruina de gran parte de la sociedad, y ¿qué hacen los obispos? Sí, lo de siempre, sumarse al bando de los privilegiados, de los manipuladores, de los que coartan la libertad, de los que siembran el enfrentamiento. La verdad es que, como brújula moral, la de un obispo español es buena para ser seguida, siempre que se haga exactamente lo contrario de lo que predica en público. Pocos estamentos sociales han caído más bajo en su acción pública, pocos han pecado más en su vida que todos ellos, investidos de autoridad por un evangelio al que no dejan de despreciar.

miércoles, junio 23, 2021

Periodistas de partido

Pocas sorpresas entre los apoyos registrados por la iniciativa indultante de Sánchez. Prietas las filas del partido, sometido al líder con la disciplina que ahora se lleva, quienes en el PSOE se oponen son los que, o no se juegan su puesto en las próximas listas electorales o voces muy dispersas, como las de García Page, que parecen valorar sus opciones personales por encima de las siglas, en la esperanza de que eso le sirva para mantener el cargo dentro de dos años. El resto de adhesiones están muy condicionadas por la capacidad que tiene el ejecutivo de otorgar, vía fondos europeos y no, subvenciones y ayudas. El dinero lo engrasa todo.

Me sorprende, cierto que cada vez menos, la beligerancia con la que los periodistas afines al ejecutivo recitan, con una exactitud milimétrica, el argumentario elaborado por el departamento de persuasión y propaganda de Moncloa (expresión que le copio a Alsina, si pudiera le copiaba todo menos la barba). Voces diversas, medios distintos, pero exactamente las mismas frases hechas, los mismos adjetivos, la misma retórica, sin una sola duda. Supongo que los militantes de un partido se deben a él, y cuando firman la inscripción depositan en la mesa parte de su encéfalo para no pensar en lo más mínimo sobre las decisiones del siempre acertado líder, pero veo que este comportamiento se repite entre los profesionales de la información con la misma capacidad de sumergir la inteligencia entre toneladas de propaganda. Sí, es algo que se da en todos los medios y espectros ideológicos, pero como ahora gobiernan estos podemos criticarles a ellos, ya tocará criticar con más saña a los otros cuando en el poder estén. Y el que se de en la mayoría de los medios y a todas las ideologías que uno mire no es sino una prueba más del error en el que caen los profesionales de la información, no una excusa para justificar a unos y otros. Desde hace tiempo los medios impresos en España de información general se han convertido en una copia, cada vez con menos disimulo, de eso que algunos llaman prensa deportiva, que yo creo que no es ni lo uno ni lo otro. Ahí se ve como normal que un periódico dado sea de un equipo, y todos los grandes “tienen” uno. Ese periódico alaba día tras día todo lo que haga el equipo de sus amores, le dolerán sus derrotas, pero siempre encontrará justificantes para el consuelo. Lo que hacen esos medios no es información, sino simple propaganda, algo cutre y barato en lo deontológico, que tiene su público, que es comprado por los aficionados del equipo que domina la cabecera de turno, y eso se traduce en ingresos para el editor y sueldo para los que escriben esos artículos, que no los llamaría yo periodistas. Pues bien, la prensa diaria cada vez se parece más a eso. Uno ya sabe perfectamente lo que va a opinar un medio dado sobre lo que sea, con un grado de acierto altísimo, y salvo alguna opinión descarriada, que se mantienen por causas no conocidas, la orden de seguir la consigna del partido es repetida hasta la saciedad por los articulistas de todas las secciones. Esto seguramente reconfortará a los votantes del partido de que se trate, que se sentirán constantemente masajeados, pero para el lector de prensa al que le gusta ver y contrastar opiniones, y que quiere aprender de personas que saben más y escriben mejor que uno, el resultado es deprimente. Cada vez es más costoso ir el fin de semana al quiosco y pagar unos euros por algo que sabes de antemano lo que te va a contar y defender, y resulta embarazoso asistir a ciertas columnas o artículos que, casi casi, parecen haber sido escritos al dictado de asesores del gobierno, que sin duda cobran mucho más que el articulista en cuestión. Supongo que la precariedad absoluta en la que vive la profesión le hace ser mucho más proclive al sometimiento, como vía para seguir ganando unos euros cada vez más caros, pero no sirve de excusa para tirar a la basura la profesionalidad y la dignidad.

Creo que era Indro Montanelli, que de prensa se lo sabía todo, y si fue otro da igual, el que decía que el periódico es la crónica diaria de la lucha por el poder. Y es cierto. Todas las decisiones que toma un gobierno, los indultos a los sediciosos también, se hacen para mantener el poder que se detenta, y nada más. La labor del periodista debe ser desenmascarar los argumentos del gobierno para enfrentarle a esa crudeza de su intención última, y frente a ella las necesidades del país, de sus ciudadanos y demás. Cuando los medios se limitan a adorar a un partido político o a otro dejan de ser medios, se convierten en otra cosa, bastante más inútil y prescindible. Creo que los que en ellos trabajan lo saben, pero no veo que hagan nada para evitar esta deriva.

viernes, junio 18, 2021

Cuatro vacunas exitosas

Las cifras de la pandemia en España siguen a la baja, con un nivel de contagios que gotea a menos, y una incidencia nacional que está por debajo de los 100 casos por 100.000 habitantes en catorce días. Hospitales y UCIs ven como su ocupación Covid cae de manera lenta pero constante y las cifras de fallecidos se han desplomado hasta situarse en poco más de la decena al día, lo cual es doloroso, pero a abrumadora distancia de los registros de hace meses. Estamos ganando la batalla al virus, y no por la actuación de algún político o administración (si de ellos dependiera, todos en el hoyo) sino por el éxito de las vacunas que nos estamos poniendo.

Ayer se supo que los primeros resultados de los ensayos del compuesto desarrollado por Curevac son muy bajos, decepcionantes. Aún es pronto y quedan varias etapas de prueba, pero con unos primeros datos que rondan un poco por debajo del 50%, las señales de fracaso son ya muy relevantes ante este medicamento. Curevac es un laboratorio alemán que desarrolla su vacuna basándose en la tecnología ARN, que es la que emplean los compuestos de Pfizer y Moderna. Allí donde estas últimas han logrado triunfar Curevac parece no haberlo hecho. Esto nos debiera hacer reflexionar, otra vez, sobre la importancia de la ciencia, lo arriesgado de las apuestas de un laboratorio y, sobre todo, la inmensa fortuna que hemos tenido de que, al año de que esta pesadilla comenzase, tuviéramos vacunas de eficacias disparatadas, en el entorno del 95%, algo que ni los más optimista soñaban con tener en un par de años o tres. Visto el destrozo que el coronavirus ha causado en nuestras vidas, sociedades y economías, estremece pensar lo que hubiera sido una perspectiva de, pongamos, tres o cuatro años de cierres intermitentes, incidencias desatadas y mortalidades que, en España, alcanzasen picos de cientos al día en sus momentos álgidos. La llamada fatiga pandémica se convertiría en el mayor de los hartazgos imaginables y no se cómo la sociedad lo llevaría, ni desde luego cómo podrían aguantar nuestras economías, que ya han sufrido de lo lindo. Si lo pensamos fríamente, pocas diferencias hemos tenido a la hora de enfrentar este desastre respecto a situaciones similares de los tiempos remotos. Caos, gobernantes mentirosos, rumores, miedo, y encierro. Lo de siempre, lo que se contaba en la época medieval, o ante las oleadas de cólera o viruela que asolaban las ciudades europeas en los siglos XVIII o XIX. Tenemos ordenadores en la palma de la mano que nos mantienen conectados con el exterior para que el ruido, angustia y mentiras que se asocian a estas desgracias nos lleguen en tiempo real, no semanas después mediante un pregonero o a los pocos días en un diario impreso entregado por un mozo que es personaje de una novela de Dickens. Sólo hay, realmente, una diferencia sustancial respecto al pasado, una que es la que nos permite vislumbrar que, sí, estamos en el siglo XXI, y no en épocas remotas, y es la creación de esas vacunas exitosas. Los miedos sociales y la necedad de los políticos son constantes de nuestra existencia, están grabadas a fuego en las mentes reptilianas que se alojan en lo más profundo de nosotros, pero la ciencia avanza, la investigación no cesa, y en un año, en un año, ha logrado encontrar un remedio a esta pesadilla. Podrá usted argumentar que este es un virus más sencillo que otros, y que éxitos como el que describo palidecen ante fracasos como los de la malaria o el SIDA, y tendrá razón, pero el éxito logrado es innegable, y muestra que la cooperación internacional, la investigación, la financiación pública y privada y el esfuerzo de muchos genios puede llegar a producir éxitos enormes. No, no hay garantía de que esos éxitos se den. El de Curevac es un buen ejemplo, y en esta carrera ha habido varios, de intentos llenos de condiciones prometedoras en lo científico y empresarial, que han fracasado. La vida real es así. Se aprenderá de esos fracasos y qué es lo que en ellos no ha salido bien, pero afortunadamente ha habido éxitos.

Si alguien quiere hacer monumentos alusivos a la pandemia de coronavirus seguro que, con razón, la mayoría se centrarán en el aspecto social de lo vivido, en las muertes y desamparos, y en el sacrifico del personal sanitario y esencial, dejándose la vida, y no sólo como frase hecha, para salvar las vidas de otras personas. Pero me gustaría que, en alguna parte, alguien erigiera un monumento a los “cuatro evangelistas” que nos están salvando de esta pesadilla y que, con muy elevada probabilidad, nos permitirán dejarla atrás para siempre; Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen. Esos son los cuatro magníficos de esta historia.

Subo a Elorrio este fin de semana y me cojo dos días ociosos. Nos leeremos otra vez el miércoles 23, que ya será verano. Cuídense y sean felices.

jueves, junio 17, 2021

Tormentón

Justo en la semana en la que los precios de la luz baten todos los records en el horario pico, que de afilado hiere sólo al rozarlo, las noches madrileñas nos regalan un continuo espectáculo de rayos y descargas, que iluminan el cielo, dejando a las farolas nocturnas convertidas en pequeñas luciérnagas ante los focos celestiales. Desde el lunes por la noche en todas se registra un despliegue de luminarias lejanas, que se ven sin problema, pero no se oyen, de lo distantes que están. Uno mira la aplicación del radar meteorológico y ve que las tormentas descargan no muy lejos, a unos veinte kilómetros de casa, pero la distancia es suficiente como para que el sonido no llegue y, en la extensa llanura local, la luz, a chispazos, lo invada todo.

Hasta el día de ayer, en el que la distancia de la tormenta se convirtió en cero y descargó con todas sus ganas sobre nosotros. La previsión apuntaba a inestabilidad a lo largo del día, y fue una jornada calurosa, de cielos bastante despejados, de treinta grados superados y de nubes crecientes que, como algodones se elevaban sobre el azul recalentado madrileño mostrando la inestabilidad que había en el aire, pero sin que llegasen a descargar. Por la tarde estuve en una terraza cercana al trabajo tomando algo como el buen amigo MLLP, y alguna gota gorda ocasional cayó, pero parecían más viajantes extraviados que copiosos manifestantes. De camino al metro podíamos contemplar nubes negras que nos rodeaban y que, aparentemente, habían dejado atrás el centro de la ciudad y al bordeaban por el sureste. Se oía el rumor del trueno de fondo y uno imaginaba que, esta vez, a pocos kilómetros, la fiesta en el cielo no tenía límites. Cogí el metro y llegué a casa poco antes de las nueve de la noche. En mi barrio habían caído algunas gotas, no muchas, pero el cielo estaba confuso, como si hubiera pasado la cola de la tormenta pero no generando tras ella un claro de luz, sino más inestabilidad. Poco a poco las nubes sueltas se fueron apelotonando y el rumor del trueno crecía como una sombra en el este, que dice el narrador de El Señor de los Anillos, y a eso de las nueve y cuatro estaba claro que las gotas gordas y sueltas que empezaban a caer no iban a estar solas en esta ocasión. Por alguna parte entraba un resol luminoso, que hacía que el color de las nubes no fuera de un negro cerrado, sino algo más confuso y difícil de definir. El continuo de rayos empezó a ser constante, de una forma muy particular que asocio a las tormentas que se producen aquí, que se parecen mucho a las que suelen aparecer en las películas norteamericanas, de fogonazos incesantes que se suceden uno tras otro hasta generar una amalgama de luces y retumbes que lo llenan todo. Arriba, en el norte, las tormentas son fieras en viento y lluvia, pero mi sensación es que sus rayos son mucho más espaciados. Intensos, sí, pero ocasionales, nada que ver con el disparate que se organiza en estas mesetas de interior. Como temía, desde la ventana de mi casa poco es lo que me guarece de la lluvia cuando se pone seria, consecuencia de vivir en uno de esos pisos de juguete en los que los cutres tejados no tienen aleros y el agua, de normal, cae casi al ras de la pared exterior, así que cuando las gotas gordas se convirtieron en un desfile, luego una manifestación y posteriormente un remedo de botellón postpandémico me vi obligado a cerrar la ventana, bajar algo la persiana y contemplar el espectáculo desde el refugio interior, sin poder apreciarlo bien. Las cortinas de lluvia degeneraron brevemente en granizo, no voluminoso, pero el agua caía con un ímpetu enorme, golpeando árboles, setos, edificios y todo lo que hubiera en el suelo con la saña con la que lo haría un niño provisto de una ducha con la que quisiera ahogar a todo lo que le rodea. Las alcantarillas de la zona empezaban a rebosar ya antes de lo más intenso de la lluvia, y en pocos minutos se convirtieron en elementos decorativos anegados, cubiertos de hojas secas fruto de la hierba cortada hace días por los jardineros municipales, que en su mayor parte se quedó sobre el seco suelo, pero que en no poca cantidad saturaba ahora unos imbornales (palabra aprendida gracias a Filomena) que no servían para nada.

No fue el chubasco cosa de un minuto ni dos, sino de casi un cuarto de hora, en la que cayó agua hasta aburrir y, me da, se anegó de todo. A medida que la intensidad de la lluvia bajaba empezaban a oírse sirenas, indicativo de achiques y problemas varios, y en twitter el metro anunciaba la secuencia de líneas que iban sumándose a los problemas causados por el agua, en estaciones como Lago, Marques de Vadillo, Cartagena, etc. La lluvia fue cesando, pero el rumor de los truenos duró aún muchas horas. La tormenta, de gran virulencia, había pasado, y el aire del verano, seco y pesado, se marchó con ella por unos días.

miércoles, junio 16, 2021

Biden y Putin en Ginebra

Curiosamente, el pasado se muestra persuasivo y no nos quiere abandonar. Corremos hacia un futuro desconocido subidos a tecnologías que aún no controlamos, pero fuerzas poderosas nos hacen retroceder décadas a la hora de analizar lo que sucede. Y esto genera desconcierto. Para la cita de hoy en Ginebra de Biden y Putin sería adecuada una señal televisiva setentera, con mucho grano, colores pálidos y trajes grises de la época, que se repetirían incesantemente en los muchos miembros de seguridad y espías que darían vueltas en torno al palacete en el que tendrá lugar la reunión. Y un joven Le Carré tomando notas en su libreta de lo que allí suceda.

Estamos en 2021, Le Carré murió hace poco y la guerra fría en la que ambientó gran parte de su producción literaria se resiste a morir. Cambiada, desde luego, pero con un aire inconfundible de riesgo y tensión. Hoy no se encuentran dos superpotencias, sino una de ellas y una nación orgullosa de lo que fue y que es hoy mucho menos de lo que cree, pero que sigue poseyendo un fabuloso arsenal y la capacidad y astucia necesaria para utilizarlo. Biden es un político a la antigua usanza, de los que vio a la URSS como el enemigo universal de su nación durante décadas, y que hoy dirige el imperio americano viendo cómo crece la sombra de otro rival, China, que ya es mucho más peligroso en lo económico de lo que llegó a ser la URSS, y frente al que lo que se aprendió en las décadas pasadas sirve de poco. Observa la actual Casa Blanca a Rusia como un estado gamberro, a su presidente Putin como un enemigo de la paz y fuente de inestabilidad, y la impresión personal que destila Biden de Putin es, como mínimo, negativa. En esto vuelve al clasicismo tras el interludio de trump, que veía a Putin no se si como el que le ayudó a llegar al poder, pero sí como alguien a quien admirar por su carácter fuerte y su capacidad de saltarse la ley para imponer su voluntad, cosa que Trump envidiaba de todos los dictadores que hay y han sido. Sigue lamentando no haberse podido convertir en otro sátrapa más. Putin, por su parte, ve el mundo desde su posición de preminencia aparente, pero consciente de que gobierna un teatro con poca tramoya. La economía rusa es un desastre, con estadísticas propias de un tercermundista país dependiente de las exportaciones de materias primas, su demografía es declinante y el régimen no hace sino cerrar el yugo contra todo lo que huela a oposición para mantenerse en el poder. Putin se ha convertido en un artista a la hora de violar la legalidad internacional para conseguir lo que le interese, y no recibir especial castigo por ello, dado el miedo que produce su ejército, que sí actúa cuando el líder se lo ordena. Sigue siendo el “coco” para gran parte de los países de la Europa central y oriental, y sabe el sátrapa del Kremlin que recurrir al viejo orgullo soviético mediante actos en el exterior con aire imperial es un recurso muy eficaz a la hora de ganarse un apoyo popular que se le escapa a chorros cada vez que los rusos tienen que ir al mercado a compra lo que sea, que no deja de encarecerse, con unos rublos cuyo valor cae como las hojas en otoño. Así, pudiera parecer que la posición de cada uno presenta un desequilibrio que da mucha ventaja al norteamericano, pero nada más lejos de eso. Rusia se ha convertido en una artista a la hora del desarrollo de la ciberguerra y el uso de estrategias asimétricas para, si no ganar, sí perturbar a aquellos que considera oponentes, y en tiempos de redes el que un grupo de hackers controlados por un estado actúen presuntamente como fuerza de lanza de la nación rusa frente a terceros países es algo que tiene preocupados a muchos, no sólo en EEUU. Se asocia a Rusia con casi todos los ataques conocidos y desestabilizaciones, entre ellas las que no cesan por parte del independentismo catalán, sin ir muy lejos. Y es muy probable que esas acusaciones sean ciertas.

¿Qué se puede esperar de una reunión como la de hoy? No lo se. Me conformaría con que las hostilidades no fueran a más, y que en la distancia corta, los dos líderes acordasen no pegarse patadas ni amenazarse a través de los canales de televisión. En el mundo postpandemia el papel de ambas naciones es imprescindible, e inevitable que haya rumbos que colisionen (Ucrania, gaseoductos, Navalny, Bielorrusia, derechos humanos, Siria, ciberseguridad, etc..). Si se establece una especie de protocolo de avisos mutuos para que la tensión no siga escalando me daría por satisfecho, pero es difícil saber qué se dirán ambas personas en una cita que, a priori, pinta tensa y abocada al desencuentro. Y Le Carré no podrá ni relatarlo ni novelarlo. Pena

martes, junio 15, 2021

Cincuenta segundos de nada

En cierto modo entiendo más de lo que parece a Sánchez tras su fracaso en la cumbre de Bruselas. No le ha pasado nada que no nos haya sucedido a todos nosotros en nuestra vida personal, a veces de manera esporádica, otras como bucle maldito que no deja de repetirse, pero ¿quién no ha fracasado de una manera tan estrepitosa al tratar de entablar relaciones con esa chica que tanto te gusta? Aspiras a todo con ella y consigues apenas cruzar unas palabras en medio de la nada, que te saben a gloria, pero que en el fondo sabes que nada son, que nada implica, que a nada llevan. Sánchez, lo se, guardará la congoja en su interior.

La chica te gusta, te parece atractiva, llamativa, un encanto, sus gestos te atraen, te interesa como mira las cosas, sus ondulaciones en el pelo te parecen insinuantes, su rostro es la encarnación de lo deseable.. en fin, que te has enamorado, o al menos enganchado con ella, pero te da la sensación de que no es un sentimiento mutuo. Te la cruzas en algún pasillo de la oficina, o en los ascensores, o en el metro, o en el cambio de clase, escoja usted el escenario, y sospechas que todos los desvelos y atenciones que pones para captar lo que sea de ella y su vida no son exactamente replicados por una mujer que ve en ti más o menos lo mismo que en un muy limpiado cristal de ventana. Su mirada te atraviesa, y te llenas de gozo por ello, pero lo cierto es que es un atravesamiento literal, porque te da que, para ella, no existes. Intentas forzar un encuentro dado que notas que la situación no avanza, y buscas casualidades que te ayuden, pero te das cuenta de que forzarlas, además de violento, puede ser ridículo. Lo ideal es que, en el contexto que sea, un tercero sea un nexo común entre ambos, un amigo, alguien que trabaje con ella y contigo, o que por lo que sea sirva de enlace. Esa persona intermediaria se convierte en tu segundo foco de atención vital, no por deseo, sino por el crudo interés, por el utilitarismo más ciego y sucio. Haces algunas preguntas inocentes con el objeto de obtener información, quieres saber cosas sobre el ser que te desvela para, en tu mente, conocerla mejor y saber lo que bulle en sus pensamientos. Lo que sea se convierte en valiosa información, aún el mínimo cuanto de datos que apenas dan para esbozar tres ideas básicas sobre lo que se esconde bajo al ondulante e insinuante cabellera. Tu nexo utilitarista puede colaborar o no, ser proclive a tus intereses o pasar de ellos, o aún peor, tomárselos a broma y reírse un poco de tus desvelos, que para ti no tienen gracia, dado que son lo más importante que existe en este momento en todo el universo conocido y observable. Fuerzas el nexo común y, con riesgo de romperlo, obtienes datos de interés e, incluso, la posibilidad de lograr un encuentro casual, esa situación aleatoria de cruce vital de caminos que al principio del texto tratabas de urdir pero que veías imposible y ahora se abre paso como una vía cierta de conocerla, gracias al utilizado nexo, que empieza a hartarse del jueguecito, en el que él no saca nada. Tu conseguidor logra que llegue ese día y hora, señalado en tu mente con una D más grande que todas las playas de Normandía juntas, y pese a que él te ha dicho eso de “yo no te prometo nada” ahí vas, con una mezcla de confianza e ilusión que está llena de miedo. Te sabes lanzado a las entrañas del monte del destino, en forma de belleza sublime, y eres consciente de que en segundos te juegas una vida que te ha llevado años y cuyo objetivo no era la carrera, el trabajo o cosas por el estilo, sino llegar a este punto, a estar delante de ella, a decirle “hola, ¿qué tal? ¿qué casualidad encontrarnos, verdad?2 o algunas frases por el estilo. El encuentro tiene lugar, balbuceas, ella se fija en tu existencia por primera vez desde que es persona humana, y tu transparencia se convierte, por segundos, en cuerpo opaco, ineludible.

A los pocos segundos de estar ahí, que para ti parecen eras geológicas, ella sonríe un poco y aduce el motivo que sea para seguir su camino, que enlosa en oro a su paso, rumbo hacia un destino en el que tu cuerpo, tan sólido, empieza a desvanecerse hasta lo etéreo. Han pasado unos pocos segundos y no has cruzado más allá de tres frases tópicas y vacías, y el miedo te sigue poseyendo. Tu nexo, que está en la escena o cerca, empieza a reírse con ganas a medida que el paraíso se aleja de ti y te deja en el eterno infierno dantiano de la nada. Y tu cerebro empieza a fabricar, a todo correr, un relato en el que puedas venderte a ti mismo, y si se tercia a los amigos, que lo has logrado, que te ha hecho caso, que la has conocido, que le has llegado.

lunes, junio 14, 2021

¿Tiene sentido un G7 sin China?

Este fin de semana ha sido el de la cumbre del G7, celebrada en la Cornualles británica, presencial, la primera tras la pandemia, dada la suspensión de los encuentros previstos el año pasado en medio del derrumbe. El grupo de los países más poderosos del mundo ha escenificado su reencuentro trasatlántico, posible tras la marcha de Trump y la llegada de Biden, bastante más clásico, a la Casa Blanca. También esta reunión ha servido para escenificar las cada vez mayores diferencias entre la UE y Reino Unido, con un tratado de divorcio mutuo que sigue siendo puesto en duda por la parte británica, especialmente en lo que hace a Irlanda del norte.

Ahora que no me lee nadie, lo que sobre todo ha sido esta cumbre es absurda, y es que no tiene ningún sentido que el grupo de países que se dicen a sí mismo los rectores de la economía global excluyan a China, que es de largo la segunda potencia económica del mundo y sigue en ruta decidida a ser la primera. La ausencia de China en un foro de este tipo muestra hasta qué punto algunas de las naciones en él representadas, caso palmario de Canadá o Italia, no son capaces de admitir lo irrelevantes que se están volviendo en la escena económica global, y que el líder del mundo, EEUU, necesita cada vez más un foro en el que se sienta, con diferencia, el más grande, para mantener la imagen de que sigue controlando el mundo, lo que es cierto en algunos aspectos, pero empieza a serlo completamente ilusorio en no pocos. Hasta hace algunos años a estas cumbres se invitaba a Rusia, en lo que se conocía como G8 o G7+1, no por su poder económico, sino por el militar y geoestratégico que supone, pero la creciente fractura entre occidente y el Kremlin acabaron con la expulsión del país de Putin de este grupo de naciones. En lo que hace a China, no me consta que alguna vez se le haya invitado, y menos ganas hay aún de hacerlo, pero su no presencia es algo que revolotea constantemente este foro, como en esa metáfora del elefante en la habitación a la que tanto se recurre. De hecho, uno de los puntos a tratar en este encuentro era el de elaborar un plan de inversiones conjuntas entre los países reunidos que hiciera la competencia a iniciativas chinas como las de la Franja y La Ruta, que ahora mismo son las mayores estrategias internacionales de inversión que han sido desarrolladas por un estado fuera de sus fronteras. Los intereses chinos, sus necesidades de materias primas y alimentos, y el cultivo de las relaciones con vecinos y otras naciones para asegurarse intereses mutuos, todo ello regado con fabulosas cifras de dinero, han logrado que Beijing sea visto por las capitales de medio mundo como un socio comercial imprescindible, que genera suficiente demanda y flujo de negocio como para permitir una prosperidad más allá de las tradicionales reglas de inversión occidentales, más bien norteamericanas. En la práctica, ahora mismo, para muchas naciones de África, Latinoamérica y Asia China se ha convertido en el socio imprescindible, sustituyendo a EEUU en un papel que la potencia americana desempeñó sin apenas oposición en la segunda mitad del siglo XX. En el actual estado de las cosas recuperar la preminencia occidental en ciertas regiones del mundo se antoja como un reto prácticamente imposible. Cierto es que la pandemia, sobre todo su origen, ha dañado la imagen de China, aunque paradójicamente su excelente control de la misma ha mostrado nuevamente cómo su modelo de autoritarismo eficiente es una alternativa interesante frente a las democracias que no logran contener el virus, todo ello observado desde terceras naciones que buscan su camino en el mundo. El poder blando global sigue asentado en el estilo de vida occidental, y el autoritarismo de Beijing es, quizás, una de las mayores rémoras que tiene el régimen para hacerse querido por el mundo, frente al sueño americano, que aún domina en la conciencia global como aspiración (por esto Trump era profundamente nefasto para los intereses de EEUU) pero, si no es con atractivo, China está conquistando mercado mediante el crudo interés, y de momento le funciona perfectamente.

Por eso cumbres como las de este fin de semana empiezan a tener, a mi modo de ver, aspecto de club de autoayuda de naciones en horas bajas, o reuniones que provienen de una estructura de gobernanza global que ya no refleja el mundo en el que vivimos. Ahora que tanto se habla de cambio climático y emisiones de CO2, el mayor emisor del mundo, China, no está incluido en un protocolo acordado este fin de semana que habla de 2050 como objetivo de reducción total de emisiones. De nada sirve que Francia o Reino Unido dejen de emitir si una conurbación china, con una población semejante a esas naciones, lo hace en su misma dimensión. Sí, el mundo está girando hacia Asia, y eso a occidente ni nos gusta ni nos viene bien, pero así es. Más nos vale espabilar.

viernes, junio 11, 2021

Bezos se va al espacio

En los tiempos antiguos, había cierta tradición de, al inaugurar obras consideradas arriesgadas por diseño o tamaño, que el arquitecto o ingeniero que las había diseñado se pusiera bajo ellas cuando la cimbras se iban desmontando y esas atrevidas bóvedas o arquerías quedaban al air. De esa manera, si alguna fallaba, era el responsable de haberlas imaginado el primero que sufría las consecuencias de su desplome. Y por la misma razón, si aguantaban, era él también el que se llevaba el mérito de lo construido, el reconocimiento general y el silencio dolido de quienes no habían confiado en su proyecto. Seguro que esto último era lo que más feliz le hacía.

Algo parecido, en versión muy moderna, va a suceder este verano. Jeff Bezos, el dueño de Amazon, que siempre está en la disputa por ser el hombre más rico del mundo, ha anunciado que él mismo y su hermano ocuparán plaza en el primer vuelo tripulado de la nave de “Blue Origin” empresa de su propiedad. En este vuelo también viajará algún técnico especializado y hay otra plaza libre por la que sigue abierta una puja en internet que ya va por encima de los cuatro millones de dólares de coste. El vuelo que realizará la nave será de despegue y retorno vertical, ascendiendo hasta una altura de 100 kilómetros, lugar en el que se encuentra la denominada línea de Kàrmán, que es considerada como la frontera entre la atmósfera y el espacio exterior. Hay el entorno ya es oscuro y se puede contemplar el planeta con su curvatura y la sensación de estar “fuera”. No se alcanza la cota en la que orbita, por ejemplo, la estación Espacial Internacional, unos 400 kilómetros, que es el entorno de la llamada órbita baja, pero sí es una distancia más que suficiente para sentirse en el espacio. Tras llegar a ese punto la nave comenzará a descender y con un sistema de retrocohetes frenará hasta posarse en el punto de destino. La fecha escogida para esta prueba, el próximo 20 de julio, no es nada casual, porque ahí se cumple el 52 aniversario de la llegada del hombre a la Luna, y evidentemente Bezos quiere unirse, aunque sea de manera numérica, a esos pioneros del espacio que en los sesenta llenaron de sueños a tantos y tantos chavales, uno de ellos el propio Jeff. La ambición del vuelo que planea no tiene nada que ver con una misión espacial convencional, y de hecho supone un paso mucho más corto que el que ya ha logrado su rival espacial, Elon Musk, que son SpaceX ya ha logrado poner astronautas en órbita y llevarlos a la estación, poseyendo su empresa tanto cohetes lanzadores como cápsulas de un estado y prestaciones mucho más avanzadas que las de Bezos, pero eso no parece amilanar al ambicioso dueño del supermercado global, que sigue invirtiendo en su negocio de cohetes y sigue aspirando a la Luna como objetivo a medio plazo. Hace algo más de un año presentó su modelo para un módulo de aterrizaje lunar, moderno y enorme, pero evidentemente inspirado en los diseños y estructuras de la misión Apollo, y aunque aún no posee la tecnología necesaria para embarcarse en un viaje de semejantes dimensiones su fortuna es capaz de financiar la investigación e ingeniería necesarias para ir avanzado hacia ese objetivo. De momento la prueba del mes que viene tiene que salir bien, porque ya se sabe que en el mundo de los lanzamientos espaciales no hay medias tintas, o sale perfecto o el desastre está garantizado. Es un detalle por su parte, y una muestra de confianza hacia su equipo, que se juegue su propio pellejo en este asunto. Sí, también es una presión extra que se ejerce sobre todo el grupo de personas que trabajan en la empresa, no pueden permitirse el lujo de fallar con su jefe.

En el espacio no hay aire, no hay nada, todo es hostil. Y tampoco hay impuestos. Esta semana hemos conocido que varios de los mayores multimillonarios del mundo, Bezos y Musk entre ellos, apenas han pagado impuestos por sus ingresos en estos últimos años. Quizá, tras el despegue, Bezos mire con cierta sorna el mundo que está bajo sus pies, que elude fiscalmente con una maestría mucho más probada que su tecnología espacial, y quizás, si divisa algún edificio de la agencia federal tributaria de EEUU desde las alturas, le haga una pedorreta cósmica, desde su inalcanzable altura. Y en ese momento no estaría jugando con las palabras, ni realizando una poética metáfora. No, se reiría de su fisco desde el mismo cielo de los EEUU.

jueves, junio 10, 2021

Primera dosis de Pfizer

Asombra imaginar la enorme cadena de acontecimientos, las infinitas casualidades, de probabilidades ínfimas cada una, que llevan desde que un virus animal da el salto a los humanos en el entorno de una enorme ciudad china de nombre desconocido para casi todos hasta que una aguja se introduce en tu hombro y te inocula un compuesto de la más avanzada tecnología biomédica existente, capaz de protegerte del zarpazo de una enfermedad que nos ha puesto como sociedad contra las cuerdas, destapado muchas de nuestras miserias, y como individuos, nos ha dejado solos frente al dolor y el miedo potencial a lo que sucedía más allá de nuestra piel.

Cuando el martes al mediodía me llegó un SMS al móvil para la cita de la vacunación comprendí que sí, que mis 49 años, excesivos, demasiados, inasumibles, ya me daban derecho a entrar en la lista de los vacunables. Ya conté aquí las peripecias que tuve para poder realizar el desplazamiento médico temporal, y cómo en el centro de salud que me tocaba me cayó una bronca al respecto, que no existió cuando llamé al sistema de citación de vacunas y me apuntaron en la lista. Al ver el SMS caí en la cuenta de que todo ese proceso se había dado correctamente, cosa que, les confieso, me alivió, porque uno siempre tiene dudas cuando inicia trámites de estos en los que un dato mal copiado o algo por el estilo puede suponer caer en un limbo administrativo de dimensiones siderales. La cita era para el día siguiente, para el final de la eterna tarde del mes de junio, en un céntrico hospital madrileño que se llama como una parada de metro que está bastante lejos de sus instalaciones, en otro lugar de la ciudad. Confirmé la cita sin problemas ni cambiar nada, y el logo verde de conformación y un código QR se hicieron visibles, como pase válido para el futuro pinchazo. Ayer por la tarde, con el calor de julio ya en la ciudad, tras llegar a casa del trabajo, me cambié, y acudí al lugar de la cita con algo de antelación, queriendo ver un poco el ambiente y curiosear, sin molestar en ningún caso. Había gente fuera, pero tampoco multitudes, y pregunté al control de entrada si, pese a llegar con adelanto, podía pasar. Me dijeron que sí y accedí a un pasillo en el que un grupo de enfermeras haciendo labores de secretaría tomaban los datos de los que allí estábamos, comprobaban la certeza de la citación y hacían un par de preguntas sobre el estado del futuro vacunado, sobre alergias posibles y cosas por el estilo. Tras ello te daban una hoja impresa con los datos del día de la vacunación, la marca que iba a ser inoculada, Pfizer en este caso, y el lote al que correspondía. Tras ello uno entraba en una cola corta, de menos de diez personas, que en un pequeño pasillo esperaban a acceder al salón de actos del hospital, en el que se procedía a la vacunación en sí. Cinco puestos de pinchazo, situados en el tramo final de las gradas, junto al estrado, y en el auditorio, gente sentada manteniendo la distancia de seguridad. La cola de los vacunables avanza por el pasillo central y, a medida que cada uno de los cinco puntos de vacunación se queda libre uno de los que espera va y se sienta en la silla correspondiente. Llega mi turno, acudo al puesto, que resulta ser el número tres. Una enfermera negra, gordita, con rizos abundantes, me indica que sólo debo tomar paracetamol en caso de que sienta molestias a lo largo de las próximas horas, pero que no haga nada en otro caso, y en apenas unos segundos introduce una aguja en mi hombro izquierdo y descarga en él una pequeña dosis de líquido que contiene, encapsulado en millones de bolitas de lípido, cadenas de ARN mensajero para enseñarle a mi cuerpo a fabricar espículas coronavíricas y que las células del sistema inmunitario se entrenen para repelerlas en caso de que, en la vida real, se encuentren con el virus completo. Doy las gracias a la enfermera y me levanto del puesto tres, y avanzo por el pasillo en el sentido contrario hasta una de las filas en las que hay sitio, donde me siento a esperar el cuarto de hora prescrito para garantizar que no hay reacción anafiláctica de ningún tipo de manera inmediata. Transcurrido el tiempo prescrito, me levanto y salgo del salón de actos por el extremo contrario por el que he entrado. En la calle sigue haciendo un intenso calor.

Lo más importante que uno puede decir después de haberse vacunado es gracias. Gracias a todas las personas que han trabajado desde el inicio de la investigación que ha permitido en un año tener vacunas de una eficacia asombrosa hasta la enfermera que ayer me la inoculó, pasando por todo el personal del hospital, el del sistema informático que gestiona las citas, el de los sanitarios y administrativos que organizan el proceso de vacunación en esta región y en las demás… ¿a cuántos cientos, miles de personas, se deben dar las gracias, que son merecedoras de ello? Incontables. Y apenas puedo escribir un texto como este para expresarlo.

miércoles, junio 09, 2021

En defensa del Banco de España

Tras la desastrosa gestión de Miguel Ángel Fernández Ordóñez al frente del Banco de España, en su papel de supervisor del sistema financiero local (cajas especialmente) durante la crisis de 2008, el prestigio de la institución quedó tocado. El caserón de la calle Alcalá ha tenido gobernadores de primera división como Luis Ángel Rojo y desastres como MAFO, de todo hay en la vida. Sin embargo, su servicio de estudios sigue siendo de los mejores del país y emite informes en los que la rigurosidad está probada y el uso de las técnicas que la profesión económica considera como las más fiables es constante. Son de lo mejorcito que tenemos.

A cuenta de la decisión tomada por el gobierno antes de la pandemia de subir el salario mínimo en un porcentaje muy elevado, decisión que suscitó muchas reacciones, críticas y favorables, el Banco de España ha elaborado un estudio sobre las consecuencias de dicha subida en el mercado laboral español, mediante análisis de datos, usos de escenarios contrafactuales y otras técnicas para saber qué consecuencias ha tenido, porque medir los efectos de una política es la única manera de poder valorarla, todo lo demás es demagogia. De manera muy resumida, son dos las principales conclusiones de este trabajo. Una es que las rentas de los perceptores de la subida se incrementaron de manera significativa y, con ellas, su consumo, por lo que se produjo un estímulo de la demanda. Una pequeña parte de ese incremento de salarios acabó revirtiendo en la caja pública como mayor recaudación de impuestos y otra porción sirvió para incrementar la demanda agregada. Esto es concordante con lo que dice la teoría, que señala que la propensión a consumir es mayor en las rentas bajas y la del ahorro crece con las propias rentas, de tal manera que un incremento de salario se traducirá mucho más en consumo que en ahorro cuanto menor sea el salario base del que partimos. La otra conclusión del estudio es que la capacidad de creación de empleo de la economía española hubiera sido ligeramente superior si esa subida no hubiera tenido lugar. Es decir, en ese momento de crecimiento económico en el que se puso en vigor la medida se podía haber creado algo más de empleo si la subida hubiera sido menor. Este efecto se da, sobre todo, en sectores que presentan debilidades en el mercado de trabajo, como son los mayores y los jóvenes, sometidos a problemas distintos pero que se acaban traduciendo en forma de precariedad e incertidumbre en sus contratos, si llegan a tenerlos. Con estos datos sobre la mesa ayer se produjeron muchas reacciones políticas que los valoraron. Ambos ofrecen argumentos a los que, en su día, defendieron la subida y la criticaron, cosa que pasa muchas veces en economía. Lo que muestra el estudio, en el fondo, es que, como pasa muchas veces, una medida de política económica genera ganadores y perdedores, sectores y grupos de personas que se ven beneficiados y otros que no. Es muy difícil establecer medidas que beneficien a todos, siendo, ay, mucho más sencillo, hacer cosas que sí que sean perjudiciales para casi todos, pero en general la política económica supone un constante ejercicio de elección entre alternativas, entre beneficiados y perjudicados, y todo en un momento del espacio y del tiempo dado, porque los beneficiados de hoy pueden ser los perjudicados de mañana y viceversa. Por eso es difícil tomar decisiones en estas materias, las ideologías condicionan muchas de las medidas que se toman y los sesgos, imposibles de evitar, están detrás de unas y de otras posturas, tanto las que deciden como las que valoran la decisión. Estudios como este son muy útiles, no sólo porque ponen números a unas percepciones, sino porque nos dicen cómo la medida afecta a muy distintas facetas de la economía. Y sabiendo eso, el decisor político debe escoger qué hacer, a quién favorecer más o menos, a quién perjudicar menos o más. Esa es su decisión y responsabilidad.

Que ayer algún impresentable desde la tribuna del Congreso saliera con un discurso más propio de una dictadura bananera queriendo atizar al Banco de España por la realización de este estudio sólo revela la nulidad intelectual de quien esas palabras necias arrojó a la tribuna. Afortunadamente fue una voz minoritaria, que no fue tenida en cuenta ni por los miembros de su formación política que forman parte del gobierno, pero es seguro que Pablo Fernández de Cos, actual gobernador, debió sentirse molesto al escucharlas. Hombre técnico, sensato, moderado y preocupado por su país, no deja de reclamar día tras día que son necesarios consensos para abordar reformas que tendrán costes, sí, y beneficios futuros. Su mensaje, que otro técnico como Drgahi puede intentar llevar a cabo en Italia, choca con nuestra nulidad política. Y ante eso poco puede hacer un informe.

martes, junio 08, 2021

¿Es esencial pegar patadas a un balón?

Durante los meses del confinamiento, ahora hace un año, tuvimos una pequeña lección social a la hora de saber si los trabajos que desempeñábamos cada uno eran esenciales o no para el funcionamiento de nuestro mundo. Se vio que la mayoría, la verdad, no lo eran. El mío, que sigo sin tener muy claro cuál es, que consisten en generar números en la oficina para todo el que los pida, está entre los no esenciales. Si no lo hago yo otro puede venir a hacerlo, y si no se hace, no pasaría nada serio. Esa sensación fue bastante generalizada entre muchos profesionales que, hasta entonces, se veían como imprescindibles.

Dentro de aquella ola de ingenuidad naif que nos inundó en los meses del horror más intenso se habló mucho de reconocer a los esenciales su labor, de dignificar su tarea en forma de contratos más estables, indefinidos, mejor remunerados. Hubo gente que incluso empezó a saludar a las personas que trabajan en las cajas de cobro de los supermercados, que hasta entonces se topaban no ya con la indiferencia, sino el más absoluto desprecio por parte de tantos clientes que sólo miraban su pantalla del móvil cuando los productos eran pasados y cobrados por el personal encargado de ello. Ahora les hablaban, miraban a los ojos, veían personas que tenían que ir a trabajar todos los días porque sino el resto no comíamos, mientras que la salida a la compra era de las pocas cosas que el común de los mortales hacía en su vida exterior al hogar, en el que tomaban cuenta de hasta qué punto el sentido de la mortalidad de la anterior frase era cierto. Con la llegada de las desescaladas el relajo social, necesario, empezó a mostrar que lo que antaño era normal volvía por sus fueros, y empezaron otra vez las colas en las cajas de las tiendas de clientes ansiosos y quejicas, que empezaban a ver a esos empleados no como sus salvadores, sino como alguien que les molestaba con indicaciones de seguridad que parecían redundantes. Empezó el goteo de despidos del personal de refuerzo sanitario, que tan necesario era, pero que se podía eliminar con la misma facilidad con la engordan las nóminas de asesores y cargos de confianza en las jerarquías de las administraciones públicas de todo pelaje. Algo parecido sucedía en los colegios, donde muchos de los refuerzos implantados al inicio del curso iban cayendo poco a poco, goteando en forma de contratos infames que no es que ya fueran a renovarse, sino que nacían con la caducidad puesta y la calidad de las frutas golpeadas que se exhiben en los estantes del fondo que nadie desea. Los esenciales fueron convirtiéndose poco a poco en coste, lo que siempre han sido para quienes hacen de gerentes de la cosa, pública y privada. Sí, ha habido excepciones, pero no suficientes como para que la sensación sea otra. Al empezar la vacunación se definieron categorías de personal esencial para que fueran inoculados de manera prioritaria, y en ellas entraron sanitarios y docentes, sí, pero no otros trabajadores, como los reponedores o los citados empleados de supermercado, que esperan como todos nosotros su turno para ser vacunados en función de su edad. Acudo una vez a la semana a un super a hacer una compra de juguete, ridícula, propia de mi extraña vida personal a ojos de casi todos, y los que me atienden en las cajas son, en su mayoría, más jóvenes que yo. A mi no me han llamado aún para pincharme, por lo que lo más lógico es suponer que a ellos tampoco. Y me parece mal, muy mal, que ellos que siguen ahí, que ahí estuvieron en los meses en los que para tantos no había mañana, sean vacunados más tarde que yo. Cuando empezaron los pinchazos no tardaron en aflorar los aprovechados de turno, que ponían las excusas más burdas y falsas imaginables para alegar que ellos tenían que pincharse. Abundaron cargos públicos y gente que, en general, ni era esencial por su labor y poseía sueldos más altos de la media, perfecta combinación para definirlos en tiempos de cruda existencia. Su actitud fue vista con recelo y desprecio por gran parte de la sociedad y, con motivo, se les criticó. No me consta que a ninguno de ellos, los que, por ejemplo, cobrasen cargo público, hayan dejado de percibir su nómina.

Hoy la autoridad sanitaria aprobará la vacunación urgente e inmediata de un grupo de millonarios que se dedican a pegar patadas a un balón con la excusa de que representan no se qué de unos colores en un circo organizado entre millonarios a nivel europeo. Todos los que van a ser inoculados de esta manera, saltándose cualquier protocolo, y con las bendiciones de papa estado, ¿tienen derecho por encima de otros profesionales? ¿son esenciales? Su profesión, que genera mucho dinero, sí, pero que no logro ver como trabajo, ¿es más relevante que la de los cajeros de mi habitual supermercado? ¿y del que usted frecuenta? ¿Cuántas personas de riesgo con edades bajas están hoy sin vacunar y tendrán que hacerlo después de que estos privilegiados sean pinchados? Sí, la normalidad ya está aquí. Volvemos a aplaudir a quienes no se lo merecen.

lunes, junio 07, 2021

Un impuesto de sociedades global

No es novedosa la idea de establecer una especie de impuesto de sociedades global, o al menos de tapar los agujeros fiscales por los que se evaden, de manera legal, las recaudaciones que muchas empresas deben a los fiscos de cada país. La lucha contra los paraísos fiscales, otra vertiente del problema, es algo de lo que se habló mucho durante la pasada crisis financiera, pero como bien sabrán poco se había avanzado sobre ello en la práctica, más allá de la maña reputación de esos lugares y la condena social que recibían empresas y particulares si se destapaban cuentas en lugares como, pongamos, Panamá, donde los papeles vuelan y se publican.

Por eso el acuerdo de este fin de semana de los países del G7 para establecer un mínimo de impuesto de sociedades global del 15% y que las empresas tributen por sus beneficios allá donde los generan es un paso importante en aras no ya de una unificación fiscal, algo soñado pero imposible, pero sí en la imposición de normas que permitan que empresas globales no eludan sus responsabilidades. En el fondo, se trata de que todos juguemos con las mismas normas y, si eso en la práctica no es posible, que la distorsión sea menor. Como liberal que soy tengo una visión compleja de los impuestos. Sí creo que son necesarios para la provisión de los bienes públicos, y como dijo alguien alguna vez, son el precio que pagamos por vivir en sociedades civilizadas. Otra cuestión es determinar cuál es el precio y sobre qué se debe pagar, pero lo que es obvio es que si existe una figura llamada impuesto de sociedades, que obliga a tributar a las empresas por los beneficios obtenidos, no tiene sentido alguno que el kiosko de la esquina que vende pipas lo pague y una plataforma de internet que factura millones a mansalva no porque es capaz de montar un entramado societario que opaca los beneficios generados. Esta norma afecta a todo tipo de empresas, pero son las tecnológicas, que poseen un producto lo más etéreo y volátil posible, las más afectadas. También influirá en las industriales y de servicios como los financieros, pero esas tienen que realizar algunas inversiones físicas de consideración para desarrollar sus negocios en los países en los que operan y eso ya les impide eludir completamente la fiscalidad local. No es el caso de entidades como, pongamos, Facebook, que apenas necesita unas oficinas y algunos empleados en España para llevar la representación del negocio, y que puede facturar enormes cantidades de dinero en temas como publicidad, tráfico de datos y explotación de los mismos sin tener infraestructuras en nuestro país. Facebook genera dinero en España pero, por argucias contables y societarias, legales, acaba tributando en Irlanda y por una cuantía mucho menor de la debida, de tal manera que el fisco español ni se entera de lo que la empresa de Zuckerberg hace aquí ni tiene manera de cobrarle nada. Esto es algo que no tiene sentido, porque como toda empresa, sea de internet o de fabricación de maromas, se debe sujetar a una legislación fiscal común en el territorio en el que opere. La virtualidad del negocio que realizan y la buena imagen que poseen ha permitido a las grandes empresas tecnológicas eludir, que no evadir, el pago de impuestos en muchas naciones, y han contado para ello con el visto bueno del gobierno de EEUU, que algo les cobra porque allí están sus sedes sociales, pero que sobre todo se ve beneficiado por el mero hecho de que los grandes gigantes de ese sector son norteamericanos, por lo que la imagen del país como avanzado, moderno y atractivo se consolida en un mundo global, cosa que en sí misma es de un enorme valor, pero este acuerdo también afectaría a plataformas de otras nacionalidades, pensemos en las chinas, Aliexpress, que operan en todo el mundo. Que el acuerdo se haya dado en el G7 es el primer paso, de muchos, para su implantación global.

Como señalaron ayer algunos expertos, como por ejemplo Juan Ignacio Crespo, el diablo está en los detalles y habrá que ver cómo este acuerdo de intenciones se lleva a la práctica y que puede suceder ante naciones que decidan no cumplirlo. La pandemia ha arrasado las economías y elevado los niveles de deuda hasta cotas impensables, y todos los países buscan recaudar como sea para tapar sus agujeros fiscales, y en este estado de cosas es normal que surjan acuerdos como el que comentamos. Plasmarlo en normas reales, verificables, cobrables y no eludibles será otro cantar, pero ya saben, todo camino comienza con un primer paso

viernes, junio 04, 2021

Irse a venus

A este paso va a ser más fácil viajar al espacio exterior que el que los turistas británicos regresen a nuestro país, vista la decisión tomada ayer por el gobierno de Boris Johnson y el afán con el que Musk lanza cohetes sin cesar. Dentro de la NASA existe un programa de sondas baratas, costes del entorno de los 2.000 millones de dólares, que recibe montones de propuestas, interesantísimas, y que debe escoger con qué quedarse. Esta semana ha anunciado que para 2026 se lanzará una doble misión a Venus, a donde la agencia norteamericana no ha apuntado sus misiones desde 1991. Y créanme, Venus es un reto en todos los sentidos.

A veces el conocimiento clásico se equivoca por completo. Marte brillaba rojo ardiente y era el dios de la guerra, y ha resultado ser un mundo frío, relativamente accesible, con una atmósfera de juguete, suelo yermo y pasado muy prometedor. Venus, que billa en el cielo luminoso, el lucero del alba, era la diosa del amor, la Venus de tantas y tantas pinturas. De un tamaño casi idéntico al nuestro, siendo el planeta más cercano a nosotros, es un mundo infame en el que todos los conceptos que asociamos a infierno toman forma. Atmósfera pesadísima, en el entorno de cuatrocientas veces más densa que la nuestra, presión superficial insoportable, temperaturas de cientos de grados, lluvias de ácido sulfúrico…. Las pocas sondas que se han posado sobre ese mundo han sido cosas parecidas a cajas de caudales, y han aguantado unos pocos minutos, para transmitir unos datos que constatan lo insoportable de ese mundo. Poco se sabe de por qué Venus posee esa infernal dinámica atmosférica, que oculta por completo, y siempre, su superficie. La doble misión de la NASA busca hacer frente a los dos retos que presenta el planeta: realizar una cartografía precisa de cómo es Venus y estudiar su atmósfera. La atmósfera de Venus siempre ha sido de interés para los científicos, y muchos han señalado que es ese el lugar interesante del planeta, dada la hostilidad de lo que se encuentra debajo. El hallazgo de trazas de fosfano en las capas altas venusianas, publicado el año pasado, y luego bastante puntualizado, reavivó el interés por tener algún tipo de instrumental orbitando ese planeta y tratando de averiguar si hay capas altas de la atmósfera que pueden no ya albergar vida, cosa que sería más que sorprendente, sino compuestos estables y zonas de habitabilidad, o al menos de condiciones que la pudieran permitir. No pocos han soñado con que Venus puede ser visitable mediante globos, dirigibles, o vehículos por el estilo, que se situasen en las zonas acogedoras de su atmósfera y permanecieran allí estudiándola. La superficie se da por perdida, casi inaccesible, y carente de interés biológico dadas las condiciones que soporta, pero para los geólogos es un reto saber las formaciones que pueden encontrarse allí, conocer si, por su tamaño similar al nuestro, posee una composición interna comparable y algo parecido a nuestra dinámica de placas, etc. Las pasadas misiones a ese planeta tenían una tecnología ya superada que dio de sí todo lo que pudo, que no era poco, pero las sondas actuales pueden recoger mucha más información y de mayor calidad. Una de las ventajas del viaje a Venus es que está mucho más cerca que Marte, por lo que el tiempo necesario para llegar es menor y el desfase temporal entre ambos mundos también lo es de cara a la recepción de la información. Eso sí, es grande, por lo que nuevamente debemos recurrir a sondas robotizadas dotadas de sistemas de decisión y que, además de secuencias de investigación programadas, puedan tomar “decisiones” sobre la marcha, porque nadie podrá teledirigirlas desde aquí. El espacio, además de hostil, es vacío y solitario. 

La dinámica atmosférica de Venus también se ha puesto como ejemplo de un posible proceso de efecto invernadero extremo, de lo que puede llegar a pasar en el caso de que se alcancen concentraciones de CO2 tan elevadas que el equilibrio dinámico de los gases acabe degenerando en una situación límite como esa. No se sabe por qué es así, ni si ha sido siempre o en el pasado el planeta tuvo otro tipo de condiciones que fuesen más razonables. Realmente es muy poco lo que sabemos de Venus, a pesar de tenerlo tan presente desde hace tiempo en nuestra mitología, y los científicos que lo estudian sigue prometiendo que, a varios kilómetros sobre su torturada superficie, podemos encontrar sorpresas que Marte nunca nos ofrecería. Vayamos allí para comprobarlo.

jueves, junio 03, 2021

RTVE en su laberinto

Ayer realizó su primera comparecencia ante los medios Jose Manuel Pérez Tornero con el cargo de presidente de RTVE. Hombre de perfil mediático bajo, aspecto discreto, profesoral, y con voz suave, su intervención tuvo más de presentación y de retahíla de intenciones que de decisiones prácticas, lo que por otro lado era lo esperable nada más haberse producido su aterrizaje en la casa. El mensaje constante de toda la comparecencia fue el de hacer de RTVE un servicio público de información y rigurosidad, huyendo de polémicas. Dijo sentirse ocupado, que no preocupado, por la audiencia, que no deja de bajar, y puso su intención de trabajar sin descanso por lo que antes se llamaba “el ente”. Labor enorme tiene Tornero por delante.

Pocas empresas están sometidas a un escrutinio tan intenso como RTVE y a ser manipuladas a cada paso que dan. Objeto absoluto de deseo por parte de todos los gobiernos que han sido, la colocación de los propios al frente de la corporación ha sido la obsesión prioritaria del poder, con los contenidos y estrategia de las cadenas como aspecto secundario. Ha tenido la casa épocas de mayor o menor manipulación, siempre con un grado, y aunque es verdad que nunca ha llegado a los cutres límites de bombo político que se pueden ver en las televisiones autonómicas, auténticos órganos al servicio del tantas veces corrupto poder local, ha pasado por épocas en las que sólo faltaba el logo del partido del gobierno inserto como marca de agua en algunas de las noticas que se emitían. Actualmente, el barco de RTVE va a la deriva, tras más de un año de administración provisional a cargo de Rosa María Mateo que ha hundido las audiencias y dejado un sabor muy amargo en todas partes. El antaño buque insignia del audiovosual español se encuentra en tierra de nadie, muy lejos en audiencia de las dos grandes cadenas privadas, que casi le doblan, con unos informativos vapuleados por los de la competencia, que han dejado de ser el gran referente de la materia, y con la sensación de que dentro de la empresa hay una enorme bronca entre profesionales de uno y otro signo político, bronca que se transforma en tensión ante las cámaras. El intento durante el tiempo de la administración provisional de que La 1 se transformara en una especie de Sexta bis ha sido un rotundo fracaso. Programas como “Las cosas claras” presentado por un señor que en una privada de su ideología no tendría problemas pero que en una pública chirría por todas partes han marcado un estilo de hacer las cosas que ha terminado por hartar a propios y ajenos. Quizás en punto más bajo de esta etapa se vivió en el programa especial y debate tras las autonómicas catalanas del 14F, que fue una de las mayores vergüenzas emitidas por la tele pública en mucho tiempo. El nivel de los “analistas” que allí se congregaron y las cosas que se dijeron, y en su tono, fue el culmen. Luego otros momentos de “gloria” que ha dejado ese programa del mediodía han hecho que profesionales de la casa denuncien la deriva del infoentretenimiento que se había apoderado de parte de la escaleta por obra y gracia de ciertos directivos nombrados en la época Mateo. Día tras día RTVE ha sido objeto de polémicas por rótulos absurdos y demás anécdotas que dejaban traslucir una manipulación profunda, a la que la audiencia ha dado la espalda por completo. Sigo viendo los telediarios de la casa, los que reúnen al más completo grupo de profesionales y medios, sobre todo en la cobertura internacional, a años luz del resto de canales, pero es evidente que el peso de estos programas, que son los portaaviones de la cadena (y deben serlo) ha disminuido mucho frente a informativos como los de Antena3, que ahora mismo comandan la audiencia y que, pese a que se desfondan a lo largo de su desarrollo, son los que marcan la agenda de las noticias en la televisión.

Además del lío político y la necesidad de reorientar su programación, RTVE debe afrontar un problema particular, que es el de la financiación, dependiente de los arruinados presupuestos públicos postpandemia, y uno que afecta a todo el ecosistema mediático, que es el de la irrupción de las plataformas de pago y el anunciado ocaso de la televisión lineal, la programada y visionada al uso. Este es un cambio sistémico que afecta a todos los medios de comunicación, pero que para un mastodonte como RTVE le puede suponer un problema aún mayor dada su dimensión y presencia en todos los formatos imaginables, lo que le da más opciones de respuesta, pero, a la vez, le obliga a luchar en todos los frentes. Difícil papeleta tiene Pérez Tornero entre manos.

miércoles, junio 02, 2021

Ahora que los chinos pueden, no quieren

La dictadura china es de las más férreas del mundo, pero con la característica de que, frente a las que conocemos en el mundo occidental, se inmiscuye de una manera absoluta en las decisiones muy personales. Quizás los habitantes del este podrían hablarnos de cómo los regímenes comunistas controlaban la vida de las personas de una manera que hasta a los mismos franquistas les parecería abusiva, cegados como estaban con su visión cuartelera cutre. No, estos regímenes llegan a un grado invasivo absoluto, y el control de la natalidad que el gobierno de Pekín ha impuesto en el país, y su éxito, es uno de los mayores exponentes de ese puño de hierro que gobierna y oprime.

Bueno, habría que puntualizar lo del “éxito” de la política china de control natalicio, porque allí se ha cumplido una versión muy sibilina de esa maldición que reza algo así como “cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que se convierta en realidad”: La implantación de la norma del hijo único, puesta en marcha hace ya varias décadas para controlar el disparado crecimiento de la población china fue un logro ante una demografía que crecía sin freno y que hacía de china una bomba superpoblada. Fue la primera nación en superar los mil millones de habitantes, y sus dirigentes tenían claro que ese ritmo de crecimiento demográfico era incompatible con la prosperidad. Solución, mano dura. Represión y vigilancia que se han traducido ya en varias generaciones de hijos únicos y en un freno al crecimiento, que se ha visto en cada una de las ediciones del censo del país, que se estabiliza en el entorno de los mil cuatrocientos millones de almas. Cuando la dirigencia vio que el crecimiento se frenaba, empezó a aflojar la mano, y ya hace algunos años permitió que los chinos pudieran tener “la parejita” y ahora, alarmados, han decidido que, si lo desean, los matrimonios chinos puedan tener tres hijos. ¿Alarmados los dirigentes del politburó chino? Sí, porque lo que tantos planificadores no supieron ver es que la sociedad china se contagiaría de la tendencia natural al freno de la natalidad que se experimenta una vez que el desarrollo económico y la incorporación de la mujer al trabajo cambian el paradigma de la sociedad. En un mundo agrario, de mucha mortalidad infantil y poca productividad, más bocas son más coste, pero traen dos manos que pueden trabajar desde la infancia. En la vida urbana en la que apenas mueren niños, su educación dura décadas y padre y madre están fuera de casa todo el día tener hijos se convierte en una decisión de lo más costosa, y que debe ser meditada con cuidado. Pensaban los gerifaltes que menos hijos seguirían teniendo amplias familias, pero no, resulta que menos hijos tienen familias con apenas hijos, y que la tasa de natalidad de la China actual se desploma a una velocidad mucho mayor de lo que nadie hubiera imaginado. De hecho los escenarios demográficos hablan de dos tendencias, reducción de la población y envejecimiento, que se van a empezar a dar con cada vez mayor fuerza. Esto, en una nación que necesita un gran mercado interior y que carece de sistemas de jubilación mínimamente parecidos a los europeos es un enorme problema no ahora mismo, pero sí en unas pocas décadas, y ya se sabe que las tendencias demográficas tienen una enorme inercia y que son difíciles de revertir. Que se lo digan a ellos, que claramente se han pasado de frenada.

Una de las consecuencias indeseables de la imposición del hijo único, que está acelerando el actual freno demográfico, es que durante las décadas en las que ha estado en vigor esa política muchas familias han practicado el infanticidio femenino, dado que un varón era más rentable económica y social mente, y ahora hay cohortes de población china en edad de ser padres que se encuentran con escasez de mujeres, con diferencias del volumen de población de ambos sexos de bastante millones de personas. Además del enorme crimen que ha supuesto esa elección durante décadas, las consecuencias natalicias que va a generar son enormes, y agudizarán aún más la tendencia recesiva de la población china. No queda nada para que India le destrone como el país más poblado del mundo.

martes, junio 01, 2021

Tormenta en el estrecho

Aunque el titular es metafórico, esta sí ha sido una noche de tormentas frecuentes en el centro peninsular. Pasadas las 22 horas el festival de rayos llegaba a Madrid y, en mi barrio, la lluvia empezó a hacer, aunque no lo hizo de manera torrencial. Por lo que he podido percibir ha habido otras dos tormentas esta noche, pasadas las tres y poco después de las cinco, con rayos y truenos cercanos y breves pero copiosos aguaceros, que han mojado un suelo que ya estaba reseco tras los primeros calores serios de un anticipado verano, que meteorológicamente empieza hoy, con la entrada en el mes de Junio, el de los exámenes finales y las vacaciones.

En el estrecho la metáfora es fácil y la tormenta arrecia. Ayer se cruzaron comunicados y declaraciones desde el ministerio de exteriores marroquí y la propia presidencia del gobierno, dejando clara la idea de que la crisis que vivimos es profunda, y será larga. Marruecos ha puesto meridianamente claro sobre el papel que, más allá de la presencia del líder saharaui en territorio español, el problema de fondo es la postura que nuestro actual gobierno, y los pasados, tienen sobre la antigua colonia española, territorio que desde aquí se sigue viendo como una especie de limbo jurídico sin que su soberanía sea plenamente marroquí, y que desde Rabat se contempla como una provincia más, sin que el derecho que la ONU recoge a los habitantes de esa región a que pueden decidir sobre su futuro importe lo más mínimo. Las comparaciones marroquíes sobre esa región saharaui y Cataluña son, además de insultantes, completamente absurdas, y está hechas para hacer daño, con todo el sentido posible. La respuesta que dio ayer Sánchez a estos comunicados marroquíes es correcta, porque inaceptable es que un país soberano como es Marruecos utilice su población, y la de inmigrantes de terceros países, todos ellos padeciendo los estragos de la pandemia y la crisis económica que antes y ahora existe en el reino alauí, para asaltar la frontera de otro país soberano, en este caso España. Es verdad que el grave incidente ceutí de la semana pasada ha permitido que muchas naciones, especialmente de la UE, vean con sus propios ojos cómo se las gasta el régimen de Rabat, y la imagen de Marruecos se ha deteriorado en las cancillerías europeas. Especialmente interesante es, en este aspecto, los editoriales de periódicos franceses, que criticaban abiertamente la postura de Marruecos, frente a la tradicional posición gala de respaldar las acciones de aquel país. Recordemos que el rey Mohamed VI pasa más o menos la mitad del año en París, alegando cuidados médicos, pero a buen seguro que disfrutando de un lujoso tren de vida en el palacete que allí posee y con su fortuna, fruto en gran parte del latrocinio efectuado al país que regenta. Que la opinión francesa critique a Marruecos es dañino para los intereses alauíes y bueno para nosotros. El problema es que, actualmente, Marruecos tiene dos patas importantes que le proporcionan respaldo político y económico. La primera, dolorosa para nosotros, es el espaldarazo que supuso el reconocimiento por parte de la administración Trump de la visión marroquí del Sahara occidental, decisión sorpresa que no parece que Biden tenga prisa por rectificar, si es que llega a hacerlo. Esto ha envalentonado notablemente a Rabat, que ve como el gran poder le respalda en sus aspiraciones. Este es para nosotros un problema de fondo, que coincide con una etapa de relaciones con EEUU mejorables, si se me permite usar un bobo eufemismo. No consta que Biden haya llamado ya a Sánchez, ni si quiera por la cortesía mutua, y ni por la presencia de las bases norteamericanas en nuestra orilla del estrecho se espera que Washington haga algún gesto para apaciguar las ansias de Rabat. Sin ese apoyo del amigo americano la situación española, y europea, ante este conflicto, se debilita.

La otra pata, económica y a largo plazo, es la cada vez mayor inversión china en Marruecos, que se ve respaldada por acuerdos comerciales cada vez más frecuentes e intensos. Sabido es que la economía marroquí es muy dependiente de las exportaciones a la UE, piense usted cual es el destino de salida de su producción agraria, y eso da a la UE poder de negociación, pero a medida que capitales y mercados chinos vayan adquiriendo presencia y relevancia en la economía marroquí el peso de las decisiones de Bruselas será menor en una economía que dejará de depender de lo que se decida en los consejos comerciales de la UE. Este es un proceso largo en el tiempo, no se cambia de socio comercial en semanas, pero puede ser una estrategia que Rabat busque para cubrirse las espaldas por si hace “algo” que pueda provocar sanciones desde Bruselas. Levante fuerte y tormenta en un estrecho que siempre está agitado, ahora más