jueves, septiembre 30, 2021

Crisis energética global

Mientras el volcán de la Palma muestra una energía imparable, todo lo relacionado con esa materia, la de la energía, también parece haber entrado en erupción en los mercados globales. Seguir el precio de la electricidad en nuestro país es asomarse a una sucesión de máximos que, vaya vaya, no se dan en el Ibex. Condicionado por el coste del gas natural o los derechos de emisión de CO2, el recibo eléctrico europeo se está poniendo por las nubes y resulta asombroso comprobar como casi todas las naciones de nuestro entorno tienen tarifas similares. Descontando el hecho, no menor, de que nuestros vecinos del norte son más ricos que nosotros, lo que hace más bajos sus precios relativos, la luz está carísima en todo el continente.

Pero más allá de eso, la tensión en los mercados energéticos no deja de crecer. Al precio del gas, imparable en su subida, se ha unido el del petróleo y el carbón, empezando a generar entre todos una sensación de shock energético que, por ahora, nada tiene que ver con lo que se vivió en los setenta y ochenta, pero que es malo en todo caso. ¿Por qué pasa esto? Hay muchas razones, las más obvias relacionadas con la reapertura de las economías tras el control de la pandemia de Covid, el disparo de la demanda y la incapacidad de hacer frente a ella. El desbarajuste que hay en el comercio global es enorme, y la demanda de productos energéticos, muchos de ellos transportados no sólo por oleoductos, no es capaz de ser satisfecha por una oferta rígida. Se supone que estos problemas logísticos se irán solucionando con el tiempo a medida que todo vuelva a la normalidad, pero en lo que llevamos de 2021 no han hecho sino agravarse y extenderse, a veces mostrando fallas que estaban ocultas, como la que ayer les comentaba de la escasez de camioneros en Reino Unido. A todo esto hay que sumar un grupo de problemas derivados del proceso, incipiente pero alentado por todos los gobiernos, de transición energética que estamos viviendo. Cada vez hay más normativas que prevén un futuro sin el consumo de combustibles fósiles, sin que las tecnologías alternativas estén plenamente desarrolladas. Esto, visto desde la óptica de una empresa gasista o petrolera es un gran problema. Invertir en la perforación para encontrar nuevos yacimientos y explotarlos es caro, requiere tiempo y costosas inversiones y planificaciones. Y si, como dice la corma de la Comisión, para 2035 no se van a vender vehículos con motor térmico en la UE, no va a dar tiempo a amortizar todas esas inversiones en poco más de una década de explotación de los yacimientos. Esto, unido al parón del coronavirus, ha congelado proyectos energéticos relacionados con el gas y petróleo en todo el mundo desde hace un par de años, y ahora la demanda se dispara y pilla a la industria con una oferta que es incapaz de aumentar a corto plazo. Como los agentes que compran en el mercado, empresas y gobiernos, ven que la situación es tensa, tratan de cubrir sus reservas estratégicas cuanto antes y que sea otro el que se vea con problemas a la hora de abastecerse si la cosa pinta mal. Y así, como sucedió en la pandemia con el papel higiénico, las compras superan con mucho a la oferta y el precio se desata. China ha impuesto ya cortes de electricidad en algunas provincias interiores y pueden ir a más, afectando a grandes zonas industriales. ¿por qué? Porque el gobierno quiere reducir sus propias emisiones de CO2 y el carbón es la principal fuente de suministro en las centrales chinas. El gobierno de Beijing está tratando de hacerse con provisiones para el invierno, lo que dispara los precios del mineral, y luego usarlo de manera controlada, buscando entre otras cosas reducir sus emisiones para el momento de la celebración de los próximos Juegos Olímpicos de invierno, que serán allí en apenas unos meses. Así, el desbarajuste en los mercados es total.

Y claro, esto acaba afectando a todo, porque la energía es un insumo necesario para cualquier otra industria o actividad humana, que la necesita disponible y en grandes cantidades. A las puertas del otoño invierno en el hemisferio norte, época de gran consumo de recursos y muy dependientes de las temperaturas para saber hasta qué punto es posible aguantar más o menos, el nerviosismo que existe ahora mismo en todo el mundo es lo suficientemente intenso para provocar que el rebote económico tras el control del Covid se frustre en un marasmo de nervios, demandas insatisfechas y precios y costes descontrolados. Las semanas y meses que vienen serán determinantes para saber si la situación que vivimos, extraña, es un tropiezo que no va a llegar a más o un problema serio que puede complicarnos mucho la existencia. De momento la encarece.

miércoles, septiembre 29, 2021

El Brexit se va a pagar muy caro

Ayer les comentaba que varias eran las sombras que acuciaban a la economía nacional, fruto de problemas propios y del complicado contexto internacional que vivimos, y justo a lo largo del día los mercados financieros, que llevan semanas en rumbo lateral en Europa y alcistas en EEUU, empezaron a tomar conciencia de esas incertidumbres, aderezadas de temores sobre el caso Evergrande y el futuro de la economía china, y se dieron un porrazo en todo el mundo, con caídas algo superiores al 2%. El Ibex estuvo tan mal como el resto, no destacó especialmente. Está por ver si es el inicio de caídas mayores o un tropezón seguido de tumbos pero sin grandes desplomes.

Todos estos problemas económicos que les comentaba ayer también se dan en el Reino Unido, con la diferencia de que allí el brexit supone un enorme problema añadido que lo complica todo, y siempre para mal. La decisión de salir de la UE por parte de los británicos es el típico caso de decisión irracional que sólo ocasiona perjuicios, para el club que es abandonado, que pierde un socio, relevancia y contribución, y para el que se va, que se queda sólo y debilitado en un entorno hostil. El populismo británico, más bien inglés, que lideró aquella campaña, la amañó, y logró llevarse el gato al agua empieza ahora a ver algunas de las consecuencias reales de los falsos eslóganes que vendieron a la población. Es cierto que la pandemia, que ha golpeado a las islas con mayor fuerza que al continente, ha supuesto poner el tema del Brexit en un segundo plano y que sus efectos no se notasen demasiado, pero a medida que el virus queda bajo control (benditas vacunas) el desastre de la salida de la UE empieza a mostrar múltiples caras, todas desagradables. Desde hace meses se suceden las escenas de desabastecimiento de algunos productos en los estantes de los supermercados británicos, especialmente frutas y verduras. Para un país que importa la mayor parte de su comida parece un absurdo ponerse a instalar aduanas, controles, papeleos y burocracias en el proceso de traslado de la comida desde sus lugares de producción, muchos de ellos en España, hacia las despensas de los hogares británicos, pero esa es una de las grandes traducciones del hecho de abandonar un mercado común, el europeo. En estos días vemos cómo el abastecimiento de combustible en las gasolineras se está complicando en aquel país. Muchos surtidores están cerrados, otros racionan la cuantía que pueden dispensar y las colas crecen, y en ellas el hartazgo de muchos conductores, que han llegado a mostrar escenas violentas, con peleas a pie de manguera. Algo absurdo, difícil de imaginar, pero que ahora mismo se está dando en ese país. ¿Por qué? ¿No hay gasolina? Haberla hay, más que suficiente, pero la gasolina no tiene patas y no es capaz de ir andando sola desde las refinerías a las estaciones de servicio, se lleva en tanques arrastrados por camiones conducidos, y lo que no hay son conductores. El Brexit ha supuesto que muchos de los conductores, antiguos comunitarios, hayan perdido derechos respecto a otros no comunitarios, o que no hayan podido regularizar su situación y hayan acabado por salir del país. Como sucede también aquí, la gran mayoría de los camioneros no son nacionales, sino venidos de otros países, y el endurecimiento de las leyes de inmigración con motivo de la salida de la UE y el considerar como inmigrantes a todos los no británicos ha hecho que en la conducción, y en otras muchas profesiones industriales, de la construcción y similar, la mano de obra escasee y se empiece a rifar. Sin conductores los camiones de abastecimiento de gasolina, o los reponedores de comestibles en el supermercado, o tantos y tantos casos como usted pueda imaginar que impliquen grandes cajas con ruedas moviéndose por las carreteras se convierten en destinos no alcanzados, y el consumidor que los desea, o la empresa que demanda esos productos para sus procesos, no puede acceder a ellos. Y todo se para, y se disparan las colas, y surge la violencia, y se da cuenta uno del enorme error que ha supuesto eso que era tan “beneficioso” para los británicos, según les contaban algunos falsos populistas, valga la redundancia.

En medio de un nerviosismo creciente, con llamadas a la calma de un gobierno que no parece controlar la situación, algunas voces reclaman la intervención del ejército, y se están aprobando permisos de residencia para extranjeros de unos meses para aliviar la situación, que no servirán de nada porque nadie va a ir allí a trabajar con una fecha de despido dada tan certera, sin posibilidad alguna de compatibilizarlo con una vida profesional y personal carente de futuro. Lo que vemos es un perfecto ejemplo de ese dicho que reza que toda cadena es tan fuerte como el más débil de sus eslabones, y ha sido el de los conductores el que ha roto el sistema de suministro británico. El gobierno de Johnson tiene una enorme papeleta encima de la mesa, que irá extendiéndose a otros sectores a medida que el Brexit siga generando destrozos, y sabe que la solución a todos ellos es echar atrás la disparatada decisión que el propio Primer Ministro defendió y usó para su beneficio. Eso me hace suponer que no quiera rectificar. El dolor crecerá.

martes, septiembre 28, 2021

El INE ve frenos a la economía

Una de las cosas que casi todos dábamos como seguro era el intenso rebote económico que se iba a producir tras la relajación de las restricciones asociadas a la pandemia. Tras el descalabro absoluto, existencial, del año pasado, las cifras actuales se iban a comparar contra un suelo hundido y el efecto de la demanda embalsada, que no pudo gastarse entonces, iba a tirar con fuerza de la economía, no compensando de manera automática el destrozo del PIB, porque eso no es posible, pero sí metiendo mucha gasolina extra en el motor y revolucionando la economía al máximo. Lo cierto es que algo de eso hay, sí, pero también otras cosas, y no buenas, no esperadas.

La semana pasada el INE dio a todos un baño de realidad estadística al publicar el dato oficial de crecimiento del segundo trimestre de este 2021. El valor, un incremento del 1,1%, es positivo, pero sabe a poquísimo, sobre todo desde que el propio INE diera un dato adelantado, que es una especie de estimación, que situaba ese valor esperado en el 2,8%. La diferencia no son décimas, precisamente, sino una reducción que supone que el valor finalmente alcanzado no llega ni a la mitad del que se esperaba. Decepción, rumores, malas caras, sorpresa… la publicación del INE supuso la semana pasada todo un terremoto entre los analistas y expertos en la materia, que daban por hecho un crecimiento mucho más vigoroso como señal de lo que antes les comentaba y reflejo de una perspectiva de futuro mucho más halagüeña. El gobierno, que ha utilizado esa estimación del 2,8% en sus estudios para la elaboración de los presupuestos, decidió no darse por enterado del recorte del dato y lanzó balones fuera, diciendo que vivimos tiempos volátiles y que, cifra arriba o cifra abajo, la recuperación es intensa y se ha más que consolidado. Voluntarismo no le faltó a una Nadia Calviño que, a buen seguro, sabía hasta qué punto lo que decía chocaba con la realidad del organismo estadístico. ¿Qué ha pasado? Aún es pronto para saberlo, pero todo apunta a que el efecto de algunas restricciones, que seguían en vigor en ese segundo trimestre, han hecho mella y que, sobre todo, se empieza a notar la influencia de frenos económicos que se están disparando por doquier, amenazando el panorama. La subida de los precios energéticos, traducida en grandes facturas de la luz o de la gasolina, no es sino una de las vías por las que la inflación de costes se está colando en la economía y detrayendo riqueza de las familias y empresas, consumiendo parte del ahorro acumulado que se originó durante la pandemia. Las roturas de las cadenas de suministro globales, que está ocasionando estrecheces e incapacidad de abastecer suministros, provoca al cierre temporal de plantas de automoción y dislocaciones en distintas industrias que no pueden dar abasto a sus demandas. El coste de los fletes se ha disparado, y los contenedores que viajan por todo el mundo transportando mercancías de todo tipo lo hacen menos, por problemas logísticos de las propias navieras y de la industria de los contenedores, y a un precio bastante más alto, por lo que nuevamente esa inflación de costes aparece en productos de consumo o de uso intermedio, lo que daña las cadenas de valor y el poder adquisitivo del consumidor. Estas fricciones, algunas de ellas esperables, se están enquistando mucho más de lo previsto, convirtiendo problemas que se esperaba que durasen semanas o pocos meses en incertidumbres que no se ven agotadas en el futuro. Quizás la más grave sea la de los microchips, pero las tensiones en los precios de la energía tampoco tienen pinta de aflojar a corto plazo. En definitiva, más allá de los problemas propios de la economía española, el contexto económico global está empeorando y eso mete frenos a la expansión que todos esperábamos. Pareciera que, como a un motor, le hemos pisado demasiado el acelerador y están surgiendo muchas vibraciones y piezas que dan problemas, y que no soportan tanta velocidad.

¿Este tropezón que ha reflejado el INE es permanente? No se sabe. Todos suponemos, ay, otra vez, que los datos del tercer trimestre, que acaba pasado mañana, serán mejores porque ha sido un verano no normal, cierto, pero mucho más verano que el del año pasado, con un movimiento turístico nacional muy destacable y una primera presencia de turismo internacional que ha podido dinamizar la economía. Por ello, sí estamos ante un exceso de optimismo en el avance y una cura de realidad con el dato cierto, pero queda bastante por saber cuál es la tendencia a corto plazo. Por lo pronto, se impone la prudencia, y dejar en la nevera gran parte del optimismo económico con el que se afrontaba este 2021. Como mínimo estamos en un terreno volátil y complicado.

lunes, septiembre 27, 2021

Alemania huye de los extremismos

Jornada electoral tranquila en Alemania, sin incidentes. Alguna anécdota como la de ese colegio de Berlín que no se podía abrir ni con llave o, la más sonada, el error del candidato conservador Lasech a la hora de doblar la papeleta al introducirla en la urna, de tal manera que se veía lo que tenía señalado como su voto. Hubo muchas coñas en la web germana al respecto y, aunque el voto finalmente fue válido porque acabó en el interior, las autoridades electorales señalaron que el presidente de la mesa no debió dejar que entrara en la urna de esa manera, lo que hubiera sido el colofón a la mala campaña de los conservadores y a lo que anticipaban las encuestas.

Finalmente los resultados han sido muy parecidos a lo que se apuntaba, de tal manera que la victoria, por muy poco, se la han llevado los socialdemócratas del SPD, con Olaf Scholz como candidato, aventajando en poco más de un punto a los conservadores de la CDU / CSU . Es la primera victoria socialdemócrata tras cuatro derrotas consecutivas propiciadas por Merkel. La tercera fuerza son los verdes, que obtienen un gran resultado, pero que les sabrá a poco dadas las expectativas con las que contaban hace no muchos meses. Errores de campaña y de su candidata les bajaron de una nube en la que se codeaban al borde de la victoria, y la subida que han experimentado desde el anterior resultado, cuestión de expectativas, les sabrá a poco. Cuartos han quedado los liberales, en la tierra de nadie en la que suelen vivir estos partidos en toda Europa, con unos resultados similares a los anteriores comicios, y las últimas posiciones se las reparten Alternativa por Alemania, la extrema derecha, y Die Linken, la extrema izquierda. Lo que más me ha gustado de estos resultados es, exactamente, esto último, la bajada de estas formaciones populistas extremistas, su pérdida de representatividad y de poder. Los alemanes han acudido a las urnas a sabiendas de los problemas que tienen y que existen distintas vías para tratar de arreglarlos, pero que ninguna pasa por los extremos, por esos discursos de odio y ruido que ambas formaciones, teóricamente muy enfrentadas pero que, en la práctica, se parecen mucho, ofrecen al electorado. Con todo hay un matiz preocupante, y es que la formación de extrema derecha se consolida en lo que fueron los estados de Alemania del Este, camino quizás de convertirse en una formación regionalista. Los malos resultados de la CDU / CSU en esos estados federados hacen que la distancia entre ambas formaciones sea mínima e, incluso, puede que en alguna región los extremistas hayan superado a los conservadores clásicos. En todo caso el día de hoy es de alegría tanto para los que apostamos sin fisuras por la democracia representativa como por las formaciones clásicas, por la política seria y aburrida, la que huye de estridencias y extremos. Alemania ha dado, en este sentido, una lección. La gran pregunta que queda por responder es cómo se formará gobierno y quién lo dirigirá. El sistema electoral alemán, complicado, determina finalmente que tras cada elección el tamaño del Bundestag (para entendernos, y aunque no sea exactamente así, su Congreso de los Diputados) sea distinto en función de los votos cosechados por cada formación, por lo que hasta que no finalice el recuento no se puede saber cuántos parlamentarios habrá y cómo calcular la composición de mayorías, pero con lo que ya se sabe, sólo hay tres posibles coaliciones que alcancen mayoría en la cámara. De menor a mayor probabilidad, una reedición de la gran coalición entre conservadores y socialdemócratas, que ambas formaciones rechazan como solución general; la llamada coalición Jamaica, unión de conservadores (negro) liberales (amarillo) y verdes, y la coalición semáforo, liderada por socialdemócratas (rojo) liberales (amarillo) y verdes. Tras la victoria del SPD esta parece la opción más posible.

En Alemania, como en España, el canciller lo elige el parlamento, y es nombrado aquel que consigue más votos en la cámara, pertenezca o no a la formación más votada. Tanto el ganador, Scholz como el perdedor Laschet quieren entablar negociaciones con las otras dos formaciones necesarias para lograr un acuerdo de investidura (les suena, ¿verdad?) pero, a priori, lo tiene más fácil el candidato del SPD, aunque será un reto aunar en un mismo gobierno a liberales y verdes, que en algunas cosas coinciden, pero en otras se repelen como agua y aceite. Vienen semanas de discusiones y parálisis en la política germana, y, claro, en la europea. Nos conviene que este proceso no se eternice y, sea cual sea el resultado, se alcance rápido y de estabilidad.

viernes, septiembre 24, 2021

El adiós a Ángela Merkel

Ayer por la noche pasaron muchas cosas. Cayó una intensa tormenta en Madrid, en Cerdeña fue detenido uno de los mayores traidores y cobardes de la historia reciente de España y en Alemania tuvo lugar el último debate electoral de cara a las elecciones legislativas de este domingo. Las encuestas siguen apuntando que el actual partido gobernante, al CDU conservadora, perderá frente a los socialdemócratas, ambas formaciones con candidatos grises, y que los verdes serán la tercera fuerza, desbancando a la ultraderechista Alternativa por Alemania, que cae muchos puntos. En dos o tres días veremos a ver el grado de acierto de los pronósticos.

Lo relevante de estas elecciones no es quién gane y se presenta, sino quién estará ausente. Por primera vez desde hace dieciséis años, cuatro comicios verdaderos, Ángela Merkel no figurará como candidata de su partido, la conservadora CDU, y su gesto, ya universal, de las manos unidas a su manera no aparecerá en cartel alguno ni en las vallas. Merkel lo deja tras una etapa de gobierno en la que ha tenido que afrontar retos enormes, para los que ha demostrado una valía fuera de toda duda, y que ha marcado una huella profunda no sólo en Alemania, sino en toda Europa. Sus gobiernos, varios de ellos en coalición con los socialdemócratas, han sido una garantía de estabilidad en un continente azotado por tormentas electorales que han derribado primeros ministros como si fueran casas prensadas por la lava de La Palma. Seria, discreta, con un toque de introspección que no nunca le ha abandonado, Merkel ha sido rígida en ocasiones, audaz en otras, flexible y dura a lo largo de todos estos años. Tres han sido las grandes crisis que le ha tocado lidiar, y de las que ha sabido salir indemne; la económica tras el derrumbe de 2008, muy leve en Alemania, y su contagio a la deuda soberana y el propio futuro del euro, la de los refugiados tras la avalancha de sirios que huyeron de su país en medio de la cruel guerra civil que lo azotaba y la del coronavirus, global, que Alemania ha sobrellevado con mucha menos crueldad en forma de fallecidos que la mayor parte de los países de su entorno. En todas ellas Merkel se ha mostrado como una dirigente seria, ajena a las modas. En tiempos de velocidad y de populismo rampante, de liderazgos huecos en los que sólo caben los asesores de imagen y los creídos “spin doctor” que viven pendientes del último tuit y sondeo, Merkel ha sido una roca que ha aportado firmeza a la veleta global. No decidía nunca la primera, no se dejaba llevar por impulsos. Preguntaba, recababa informes y datos, y luego decidía. Una vez había decidido, era firme en defender su elección, y no se dejaba amilanar. En la crisis del euro fue dura con los países del sur, lo que le granjeó muchas críticas, desde luego menos de las que justamente merecieron muchos de los responsables de la ruina que en naciones como Grecia o la nuestra causaron años de enorme dolor y sufrimiento, críticas que no fueron emitidas, y que aún hoy, años después, no se oyen ni siquiera como lamento propio solicitando perdón por los errores cometidos. En la crisis de siria se mostró comprensiva con los refugiados y, en medio de las tensiones provocadas por el auge de la extrema derecha, decidió abrir sus fronteras y acogió a miles y miles de ellos, lo que le llenó de críticas entre muchos de sus propios y de elogios comedidos de los ajenos, que ya se sabe que el sesgo político impide elogiar como es debido a los contrarios cuando hacen lo que es debido. Y en el coronavirus se mostró firme, con rigor científico, nunca menospreció la dimensión de la crisis, nunca negó a su sociedad las palabras duras que describían lo que se les venía encima y las muertes que acarrearía, y ha sido estricta con los procesos de confinamiento y desescalada. En todos los avatares sufridos, desde su perspectiva vital y conocimiento del país en el que vive, ha actuado movida por el interés político, obviamente, pero con un sentido de la responsabilidad y de estado tan aplastante como ejemplar.

Basta ver la nómina de mandatarios que han pasado mientras ella gobernaba. Hollande, Sarkozy, May, Cameron, Conte, Renzi, Zapatero, Rajoy, Trump…. Todos ellos absolutos incapaces a su lado, muestrario de egos, prisas, desconcierto y falta de capacidad. Muchos de ellos implicados en escándalos de corrupción, y ella, que sigue yendo por las tardes al supermercado a hacer su compra, ajena a las tentaciones que el dinero y el poder siembran en quienes cerca de ellos andan, y tarde o temprano, la mayoría, caen. Merkel lo deja y, sin duda, será añorada por muchos, al menos por los que pensamos que la política es algo serio, es un servicio púbico a toda la ciudadanía de un país y requiere entrega, honradez y sacrificio. Con sus aciertos y errores, Merkel ha dado una lección práctica de gobernanza en un mundo que la necesita con apremio.

jueves, septiembre 23, 2021

Decepcionados con Biden

Ayer se hizo pública la conversación telefónica mantenida a lo largo de la tarde, hora europea, entre Macron y Biden, que suavizó las disputas surgidas en la llamada “crisis de los submarinos” y concluyó con la decisión francesa de que su embajador retornara a Washington, de donde había sido llamado, por primera vez en la historia, como protesta ante el acuerdo Aukus y la ruptura de los contratos que Australia tenía con la industria militar naval francesa. Se puede decir que, diplomáticamente, esta disputa ya ha sido subsanada, pero el problema de fondo sigue ahí, y la sensación de que el Atlántico se ensancha no deja de crecer.

En la misma tarde en la que se producía esa llamada, Biden se reunía con Johnson en la Casa Blanca, dejando a las claras cuáles son los socios de primera y los de segunda para EEUU. Biden fue acogido con la mayor de las esperanzas en las cancillerías europeas, y en medio mundo, tras los años de Trump, en los que el fondo y las formas de la presidencia norteamericana degeneraron mucho. La llegada del demócrata era una vuelta a la normalidad en lo institucional y personal. Diez meses después de la victoria electoral del anciano Joe la realidad es bastante más complicada y no se puede disimular con los sesgos ideológicos que uno porta y que hace ver a muchos, con el simplismo atroz que ahora nos domina, que todo lo republicano es maligno y todo lo demócrata excelso. Dejando a un lado lo personal, donde, en efecto, no hay color, y Biden brilla frente a la necedad del comportamiento de Trump, muchas de las políticas de fondo se mantienen iguales en la pasada y en la presente administración norteamericana, y en lo que hace al papel de los europeos continentales a sus ojos, nuestra irrelevancia es la misma. Las formas son distintas, si, pero decisiones como el proceso de salida de Afganistán o el Aukus han sido tomadas con una unilateralidad pasmosa que, de haber sido ejercidas por Trump, habrían supuesto que los gritos de la prensa y otros medios internacionales (y nacionales) se escuchasen incluso más que los estallidos del maldito volcán de La Palma. Muchos, anestesiados por sus sesgos, e muerden la lengua para no escribir las duras condenas que se hubieran narrado si Trump hubiera estado en el poder en una situación como el desastre afgano. Hubiéramos visto lo mismo, la misma humillación, el mismo fracaso, pero los articulistas, que sí han coincidido en usar esos términos, hubieran cargado con fiereza contra el magnate. Y, por cierto, con toda la razón. Si fuese la firma de Trump la estampada en un acuerdo exclusivamente anglosajón la causante de la ruptura del acuerdo comercial francés hubiéramos visto, con elevada probabilidad, manifestaciones en los bulevares de París con muñecos de pelo anaranjado insultando a la presidencia norteamericana y cargando contra todo lo que parecieran barras y estrellas. En política migratoria vemos que la administración Biden deporta con igual discreción que la Trump a migrantes que huyen de desastres como el de Haití, que se hacinan bajo puentes en la frontera de México con el imperio, y que en algunos casos son cazados a caballo casi con lazo, como acostumbraban en las películas del oeste a hacerlo los vaqueros con el ganado, o algunos sudistas con los negros en los tiempos de la esclavitud. ¿Qué se escribiría sobre esas escenas de gobernar Trump? ¿cuántos informativos nacionales e internacionales abrirían con esas imágenes y sus corresponsales tratando de acercarse a los jinetes que practican ese siniestro rodeo? Apenas hay reacción, muy pocas palabras, unos breves en las noticias intercalados con otras ínfimas presencias internacionales, poquísima relevancia, y un auténtico ejercicio de morderse la lengua por parte de muchísimos. Más allá de esta denunciable hipocresía por parte de tantos, lo relevante es que las tendencias de fondo de la política de EEUU son profundas, y que un cambio de administración no basta para revertirlas, y menos aún para transformarlas en el buenismo europeo de algunos opinadores que paren creer que dictan agendas internacionales.

Las próximas reuniones que tengan lugar entre Bricen y el resto de países europeos, bien en el marco de encuentros de la OTAN o de cualquier otro tipo, ya no estarán marcadas por una sensación de reencuentro con el amigo americano tras el paréntesis Trump, sino por el recelo de una realidad incómoda, la de saber que el concepto de socio se ha devaluado para Biden y los suyos, y que Europa ha dejado de ser una zona de interés para pasar, en todo caso, a ser u lugar en el que conseguir contratos y ventajas de cara a una rivalidad frente a China. Si servimos como peones en la lucha global Washington Beijing de algo valdremos, sino, nada de nada. Así están las cosas, nos gusten o no.

miércoles, septiembre 22, 2021

Aukus

Si no les suena de nada el término que he escogido hoy para titular el artículo les aconsejo que paren un instante la lectura y vuelvan a él, para repetirlo algunas veces, y que así se les quede en la memoria, porque me da que vamos a verlo mucho de aquí en adelante. Es nuevo. Sí. Es un acrónimo que surge de la unión de las dos primeras letras de Australia, AU, las iniciales de UK, Reino Unido en inglés y las de iniciales de US, EEUU en inglés. El término completo es AUUKUS, pero ya se escribe en medios por los articulistas de la manera en que lo he empleado, convirtiéndolo en una palabra en la que la primera U no es redundante. Esta alianza entre tres países es la puntilla a un verano de desastre occidental.

Las tres naciones que han firmado el acuerdo son anglosajonas, y no hay nada casual en ello. Suele denominarse Five Eyes, cinco ojos, a la asociación no firmada pero sí real que existe entre los cinco grandes países anglosajones del mundo, EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, unidos por el idioma y cierto orgullo de superioridad nunca disimilado. Aukus es otra cosa más profunda, supone una alianza estratégica, principalmente militar, centrada en el área del Pacífico y sureste asiático, de tal manera que las tres naciones se comprometen a la ayuda y colaboración mutua para desarrollar actividades y capacidades de disuasión en ese escenario, con la vista puesta en la contención de China. En ese acuerdo Reino Unido aporta los contactos y el conocimiento de la zona, de la que fue potencia colonial en parte y sigue teniendo una presencia diplomática fundamental (piénsese en Singapur, por ejemplo) pero poco más, dado que su armada y resto del ejército están muy de capa caída. EEUU es la potencia hegemónica y aporta todo, desde capacidad hasta estrategia y liderazgo, y Australia aporta su territorio, sito en la zona de influencia, con acceso marítimo, a través de Indonesia, a todo el sudeste asiático. Se convierte así en la base de operaciones de la alianza, el territorio desde el que se desplegará la capacidad ofensiva y se ejercerá la disuasión visible, quizás menor que la no presencial que se mantiene, poderosísima, en el territorio norteamericano, pero relevante en todo caso. El acuerdo fue anunciado por sorpresa la semana pasada sin que las fuentes oficiales del resto de aliados de estos países lleguen a afirmar que estaban informadas de negociaciones semejantes. Ni la UE ni la OTAN han pintado nada en la creación de Aukus, y es especialmente la organización trasatlántica la que sale muy mal parada de un acuerdo semejante. El desprecio que ha supuesto para esa entidad la actitud de EEUU, el garante último de su existencia, y la clara espalda que Washington da al escenario europeo en sus decisiones han quedado reflejados claramente en la puesta de largo de un acuerdo a tres partes en el que se junta tanto la visión pacífica, por el mar, como la supremacía anglosajona, que deja atrás al resto de socios europeos. El monumental cabreo que ha cogido Francia tras la rescisión de un contrato de compra de submarinos que tenía suscrito Australia, que ahora tendrá acceso a sumergibles de avanzadísima tecnología nuclear norteamericana es sólo la punta del iceberg del desconcierto, frío y sensación de abandono que ha cundido por las cancillerías de toda la Europa occidental, unidas en la impresión de que la fiabilidad del socio americano cae enteros sea quien sea el que ocupe la Casa blanca, con las formas mafiosas de Trump o las amables de Biden. Desde que Obama empezó a darse cuenta de que el gigante chino ya lo era Europa pesa cada vez menos en la agenda de la capital norteamericana, y Aukus es la plasmación de lo que realmente le preocupa ahora a los estrategas de Washington y lo poco que le importamos el resto. Este acuerdo supone, en la práctica, la primera división formal de occidente en dos alianzas ante el escenario global, anglosajonia por un lado y el resto, sin saber muy bien por dónde ir. En el mundo bipolar en el que ya nos encontramos, EEUU ha escogido socios para plantarse ante China, y no, nosotros no estamos entre los seleccionados.

Hoy se termina el verano de 2021, y en lo geoestratégico lo hace en un mundo bastante más distinto, peligroso y descontrolado de como lo estaba cuando comenzó. Nadie podía imaginar a finales de junio que veríamos el desastre de Afganistán en apenas unas semanas y que la imagen de occidente quedaría seriamente dañada por la desastrosa gestión de la retirada de ese país, de la huida más bien. La posición norteamericana es hoy bastante más débil de lo que era hace unos meses (para ser justos, ahora se ve lo que antes era pero no se notaba) y los países de la UE nos hemos dado de bruces contra un escenario muy peligroso en el que empezamos a ser periferia, y en el que carecemos de capacidades, estrategia y medios en lo ofensivo. El panorama se ha torcido mucho, y está claro quiénes hemos salido perdiendo y, por tanto, necesitamos espabilar.

martes, septiembre 21, 2021

Imparables lenguas de lava

Estamos más acostumbrados a las inundaciones, procesos rápidos, bruscos, en los que una ola de agua, barro y lodo se abate sobre propiedades y causa destrozos en un tiempo breve. Lo sucedido este verano en Alemania y en zonas de Castellón, Toledo o Tarragona, o el riesgo de que algo similar pase hoy o mañana en Baleares es lo que se nos viene a la cabeza cuando nos imaginamos algo que arrasa nuestras casas. Es doloroso, cruel, pero al día siguiente el agua ya no está. Quedan sus consecuencias, pero las calles se acaban limpiando, y con esfuerzo, dinero y paciencia muchas cosas se acaban reconstruyendo. Las inundaciones dejan cicatrices en el paisaje, pero lo rompen del todo.

Lo de la lava de un volcán es otra cosa muy distinta, un fenómeno completamente diferente en todas sus dimensiones, y para el que no estamos realmente preparados, no ya en los aspectos técnicos, sino sobre todo en los conceptuales. Vemos las imágenes de La Palma y lo que se ha formado bajando la montaña no es exactamente un río de lava, sino una especie de aglomerado, similar a lo que pasaría si cientos de hormigoneras empezasen a verter su contenido en una calle. Una masa pétrea, no muy viscosa, pero flexible, que avanza despacio, y que como un glaciar, no puede ser detenido de ninguna manera. Llega a las propiedades y las aplasta, carboniza, prensa, quema y destruye con una fiereza metódica y aplastante. La sensación de impotencia que produce es enorme, y se acrecienta por la especie de cámara lenta a la que se desarrolla el proceso. En la inundación muchas veces hay que salir corriendo porque el agua llega de golpe y o tiras de tus piernas y lo dejas todo atrás o estás muerto. Aquí no, los desalojados pueden, como lo hacen los medios de comunicación, acercarse a las propiedades y ver como, a unos cientos de metros, una pared de lava se aproxima. Una masa de varios metros de altura que va sepultándolo todo. Contemplan a su exterminador caminando despacito, a golpe de pedrusco que se desprende del magma y permite que una nueva porción de colada le sustituya, acercarse a sus propiedades. Escuchan el crujido de cada una de las estructuras de lo que fueron sus casas, enseres, arbolados, fincas, en medio del fragor de fondo de la incansable erupción. Esa masa deforme de lava y rocas crea terreno, aplasta lo que existía para sepultarlo bajo varios metros que, cuando se enfríen, se convertirán en sólido suelo pétreo, duro como roca que es, haciendo que lo que existió desaparezca por completo, borrado de la faz de la tierra, que precisamente ve su rostro alterado. La extensión de las lenguas de lava es caprichosa, en función del terreno por el que avanzan, no son excesivamente anchas, pero allí por donde pasan crean un tajo imposible de disimular, en el que su presión y fuego gangrenan el terreno que antaño fue cultivo, pastos, residencial o de servicios, para convertirlo en negrura absoluta, en una especie de asfaltado natural que no tiene alternativa. Cuando la erupción termine, quién sabe cuándo será eso, la imagen de la isla habrá cambiado, imposible decir hoy en qué cuantía y dimensión, pero las zonas arrasadas se encontrarán sepultadas bajo toneladas de roca dura, y muchas de ellas serán completamente irrecuperables. La afección no sólo es superficial, dado que estructuras subterráneas como acuíferos y manantiales también se habrán visto afectadas, por las filtraciones de gases que emanan de la mole que se mueve sobre ellas, por no hablar de bodegas y construcciones subterráneas, al parecer abundantes en la zona, que ahora se encuentran sepultadas a mucha mayor distancia de lo que antaño estaban. El efecto sobre lo que existía es similar a un bombardeo perpetrado por un ejército enemigo, que realizase numerosas pasadas para destruir con saña todo lo que sobre el suelo levantase cabeza. Y aun así la comparativa se queda corta.

A medida que la erupción avanza y nuevas grietas se abren sobre el terreno crece el número de evacuados, que saben que sus vidas ya no serán como las de antaño pero que no tienen manera de conocer cuándo podrán no ya regresar a sus inexistentes hogares, sino simplemente escuchar el silencio que antaño mandaba en la isla en la que vivían y, en muchos casos, nacieron. La evolución del fenómeno tiene mucho de caótico y resulta imprevisible, y lo único que pueden hacer los expertos es medir, ver, tomar datos, usar su experiencia para tratar de atisbar lo que puede ser más probable que suceda, pero nunca mojarse, porque saben que el espectáculo durará lo que la caprichosa naturaleza quiera. Y para los desalojados, ¿qué consuelo les queda? ¿Cómo afrontar una nueva vida desde la nada? Esas grietas que se abren tampoco se sabe cuándo se podrán cerrar.

lunes, septiembre 20, 2021

Erupción en La Palma

Sí, pocas cosas imaginables faltaban para que la actualidad de este año superase a todo lo imaginado. El listón en enero se puso muy alto, con unos extremistas con cuernos asaltando el Capitolio en Washington y una nevada sepultando Madrid, pero a la realidad le gusta superarse. Al poco de empezar el año tuvimos un enjambre sísmico en la zona de Granada Santa Fe, seguro que alguno de ustedes se acuerda, que genero mucho miedo entre la población y alarma por lo que pudiera llegar a pasar. Los movimientos causaron noches de pánico y de estancia al raso, y no pocas grietas en viviendas y otros edificios, pero como vinieron, los temblores se fueron. Ya en su momento los expertos advirtieron que estos procesos no son predecibles.

El fatídico 11 de septiembre, hace apenas una semana, se puso en marcha un nuevo enjambre sísmico en la zona de cerro viejo, en la parte sur de la isla canaria de La Palma. Esta isla, la segunda más joven del archipiélago, posee paisajes propios de las películas de aventuras, con enormes barrancos y cortados cubiertos de vegetación, y es el resultado de dos procesos eruptivos, uno, el principal, que crea toda la zona norte, es la caldera de Taburiente, un enorme cono volcánico desplomado en su flanco suroeste, y otro, en la zona sur, fruto del volcán de cumbre vieja, de menor tamaño, pero mucha mayor actividad. Los sismos que empezaron el sábado 11 adquirieron regularidad e intensidad a lo largo de la semana, y mostraban una clara tendencia a ir disminuyendo de profundidad. Para los expertos la cosa estaba clara, una enorme masa de magma presionaba desde la profundidad de la tierra, intentando salir, y eso generaba una tensión en la superficie. El proceso de deformación de la zona sur de la isla iba a más a lo largo de los días, y la posibilidad de que se produjera una erupción a corto plazo aumentaba. Dado que estos procesos se pueden intuir pero no prever, se decidió por parte de las autoridades la activación del plan ante erupciones que existe en el archipiélago, el llamado Pevolca, y comenzaron las reuniones de los técnicos y responsables políticos con los habitantes de la zona previsiblemente afectada, parte sur y orilla oeste de la isla. El sábado, con movimientos cada vez más superficiales, se decidió que era conveniente evacuar de algunos municipios a las personas dependientes, con movilidad reducida y, en general, las más vulnerables, por si acaso. Fue una decisión muy acertada, porque estos fenómenos avisan, sí, pero son traicioneros, y las cosas pueden ser inminentes y no darse o ser tranquilas y, de repente, desatarse sin control. Ayer por la mañana se produjo un movimiento de intensidad superior a tres con una profundidad de apenas un kilómetro, lo que se parece mucho en vulcanología a una cuenta atrás antes de la puesta de largo de la erupción. Y así fue esta vez. Pasadas las tres de la tarde hora canaria, las cuatro peninsular, en una anodina tarde de domingo nacional, una columna de humo y cenizas se elevó al cielo desde Cumbre Vieja y anunció, con gran estrépito, que el volcán se activaba tras cincuenta años desde su última erupción. El nerviosismo cundió entre la población de los núcleos cercanos, localidades pequeñas, eminentemente agrarias, y con bastante población dispersa, y los planes de evacuación que habían sido puestos en marcha el día anterior se aceleraron, de tal manera que para la tarde noche de ayer era unas cinco mil las personas que habían sido desalojadas de sus casas y conducidas a polideportivos y centros similares de localidades mayores, alejadas de la actividad eruptiva, como Tazacorte o Los llanos de Adeje. Afortunadamente no se ha producido incidencia alguna en el proceso de desalojo y, a esta hora, podemos decir que el balance de la erupción es nulo en lo que hace a muertos y heridos, lo que es todo un logro. Los planes de aviso y desalojo han funcionado correctamente y la profesionalidad de todos los implicados en ellos ha sido muy reseñable, y digna de todo elogio.

No se puede decir lo mismo, obviamente, del balance material de la erupción. Desde ayer la presión magmática ha rajado la montaña en, parece en este momento, ocho puntos en los que se produce la expulsión de lava de manera violenta pero, afortunadamente, no explosiva. Ríos de colada bajan lentos y densos por la ladera de la montaña camino al mar, a un paso de anciano caminante, pero imparables, arrasando viviendas, propiedades, campos de cultivo e infraestructuras, sin que se pueda hacer nada para evitarlo, salvo seguirlo al minuto para saber si esta o aquella vivienda, o ambas, serán destruidas. El espectáculo del volcán es hipnótico, pero para los habitantes de la zona supone la ruina total, la destrucción de su entorno y propiedades. Y es imposible saber cuánto tiempo la actividad volcánica seguirá y hasta dónde llegarán sus efectos. Toca esperar y, asombrados, ver.

viernes, septiembre 17, 2021

Evergrande, ¿el Lehman Brothers chino?

Se agolpan los temas en este agitado septiembre y toca escoger, así que vamos con algo importante y una casualidad nominal. Si recuerdan se montó un lío enorme hace meses con aquel megacarguero que bloqueó el Canal de Suez al atravesarse mientras lo cruzaba. El caso se solucionó tras mucho esfuerzo, y mostró entre otras cosas lo tirante y frágil que es la cadena logística que abastece el mundo, que ahora mismo vive sumida en una crisis por el exceso de demanda, al que no es capaz de hacer frente, con el consiguiente disparo de los precios de muchas materias primas y bienes de consumo. Aquel barco se llama Evergiven.

Pues bien, otro barco financiero, tirando de metáfora arriesgada, un enorme portaconedor de deudas, créditos y devengos llamado Evergrande está a punto de embarrancar en China, en lo que puede ser una de las mayores quiebras comerciales de la historia, y en un proceso que recuerda demasiado a los vividos en la crisis de 2008 2009 en nuestras tierras, todos ellos relacionados con el mundo inmobiliario. Evergrande es una promotora inmobiliaria de enormes dimensiones, una empresa china que trabaja en aquel país y que desarrolla complejos de viviendas centrados en el segmento de clase media alta. Desde hace ya meses corren noticias sobre problemas de liquidez de la compañía, derivados de las deudas contraídas y de la reducción de ingresos, problemas que si se extienden en el tiempo acaban generando una crisis de solvencia. El que la deuda acumulada de la compañía alcance la psicodélica cifra de los 250.000 millones de euros, algo más del 20% de nuestro PIB; es un indicativo del monstruo al que nos enfrentamos, y de su posible efecto de arrastre en caso de que caiga. Su historia no difiere demasiado de tantas otras conocidas en el pasado; empresa inmobiliaria que crece como la espuma al calor de los precios y demanda, que diversifica el negocio queriendo abarcar sectores que no conoce y que se apoya en una deuda creciente respaldada por nuevos proyectos inmobiliarios. Este círculo se convierte en vicioso desde el momento en el que el flujo de ingresos proveniente de las nuevas licencias y operaciones urbanísticas no es capaz de superar a los gastos de las inversiones llevadas a cabo, y la compañía debe empezar a recortar en algunos de sus segmentos de actividad para volver al equilibrio. Ese es el momento en el que la cordura aún puede evitar el peligro, pero la codicia suele triunfar, y la sensación de que los ingresos crecerán y que ya saldremos del apretón suele vencer en los consejos de administración de estas empresas, que están llenos de orgullo por lo mucho conseguido en poco tiempo. No se adoptan medidas restrictivas y las empresas se lanzan a una carrera desaforada para crecer aún más, buscando nuevas fuentes de ingreso, pero que sólo se traducen en incrementos de deuda y costes asociados, que engordan sin cesar hasta ser inasumibles. Les suena, ¿verdad? En España vivimos durante la burbuja muchos procesos de este tipo, que acabaron como suelen acabar habitualmente, en forma de estrepitosas y dañinas quiebras. La quiebra de una empresa es un drama para sus participantes, pero no llega más allá. La quiebra de enormes tinglados empresariales que arrastran a un sector puede ser un desastre lo suficientemente grande como para que la economía de una nación se suma en una crisis generalizada, y sectores que no tienen nada que ver con el quebrado sean arrastrados por el desplome de la demanda agregada nacional, sin contar con los efectos en el sistema financiero, que está imbricado con todos los agentes de una economía. Aquí vivimos las consecuencias de un desplome de ese tipo, en EEUU también, en Japón lo conocieron a finales de los ochenta. No es un caso raro, ni mucho menos.

La gran pregunta es si Evergrande va a quebrar, si es lo suficientemente grande como para que el estado chino la rescate y evite esa quiebra, el “too big to fail” que no se aplicó a Lehman Brothers, y si lo que allí pasa es un hecho aislado en una empresa enorme o el síntoma de un problema de fondo en el mercado inmobiliario que puede llevar a China a meterse en problemas que, como hemos visto, se han dado en otras muchas naciones y que, hasta ahora, aquel país y régimen ha logrado evitar. ¿Puede Evergrande ser el inicio de un derrumbe inmobiliario en China? Muchos han pronosticado que ese escenario se daría en aquel país, desde hace tantos años que se habrían arruinado por completo de haber apostado por la caída. Veremos a ver qué es lo que pasa y si esta inmobiliaria y su “Ever” de inicio también son capaces de causar una crisis global.

jueves, septiembre 16, 2021

SpaceX y el turismo espacial de verdad

Hace unos meses vimos una minicarrera espacial privada entre magnates para alcanzar el espacio por sus propios medios y abrir la puerta al turismo espacial, que sería gestionado por sus empresas. Virgin Galactic, de Richard Branson, lo hizo mediante una nave lanzada desde un avión, que se acercaba a los 80 kilómetros de altura. Blue Origin, de Jezz Bezos, lo hizo con una nave lanzada por un cohete que se separaba a gran altura de su lanzador y, por inercia, llegaba hasta los 100 kilómetros de altura. Todos ellos al borde de lo que se considera el espacio. Ambas misiones fueron exitosas, aunque se investigan algunos desvíos en la trayectoria de regreso de la nave de Branson, y tuvieron mucha atención mediática.

Más de uno se preguntó que estaría pensando Elon Musk de todo esto, el dueño de SpaceX, empresa que ha revolucionado el mundo de los lanzamientos espaciales y que está al borde de ser la auténtica rival de los programas espaciales tripulados nacionales. Musk también anunció que se apuntaba a la carrera del turismo espacial, pero a su estilo, dejando a todos los demás como si fueran pequeños aprendices del gran maestro Elon. Su misión privada consistiría en el lanzamiento de uno de sus cohetes reutilizables Falcon con la cápsula Dragon Crew, ya probada en misiones de relevo de tripulación de la Estación Espacial, con un pasaje compuesto por cuatro civiles ajenos al espacio, sin ningún tipo de piloto o astronauta experimentado entre los viajeros, y lo que ofrecería su viaje no es un pequeño salto al borde del espacio exterior con unos minutos de ingravidez, no, sino una señora misión espacial de tres días, tres, orbitando La Tierra a unos quinientos kilómetros de altura, una órbita algo más alta de la que ocupa la Estación Espacial, de tal manera que esos ciudadanos privados serían, qué cosas, los humanos que más lejos llegarían a estar de La Tierra desde el fin de las misiones espaciales de los Apollo, dado que la órbita baja de la Estación Espacial es la que ha sido usada por todas las naves tripuladas desde entonces y el conjunto de estaciones espaciales que, desde el Skylab a la Mir, la actual estación internacional o la china que está en desarrollo han sido construidas. La oferta, cuando se presentó, suscitó dudas por su ambición, e incluso incredulidad, supongo que, con algo de envidia, por parte de exastronautas, que veían como el desquiciado Musk amenazaba con poner su nivel de viajes espaciales a la altura de excursiones, ofreciendo a unos experimentados algo que no estaba al alcance de las agencias espaciales nacionales. Musk no cambió su oferta y se presentaron muchos candidatos para completar la tripulación, en la que el dinero y el simbolismo han sido las principales vías para poder acceder a la misma. El estreno y uso operativo de la cápsula Dragon por parte de los astronautas norteamericanos en sus misiones de ida y retorno a la Estación Espacial mostró a todo el mundo que la tecnología de SpaceX era capaz de llevar tripulación, ponerla en órbita, mantenerla allí un tiempo y hacerle regresar sana y salva a La Tierra, cumpliendo el cometido del contrato que firmó con la NASA y, de paso, abriendo la puerta a que su oferta de turismo espacial “de verdad” fuera algo más que unos bonitos PowerPoints y dinero de ofertas. El éxito de la cápsula Dragon ha permitido a EEUU volver a tener autonomía a la hora de poner astronautas en órbita, algo que perdió tras la retirada de los transbordadores, y ha hecho que SpaceX se haya convertido en el más fiable de los contratistas que tiene ahora la agencia espacial norteamericana, sobre todo frente al desastre que está suponiendo Boeing, uno de los más veteranos suministradores de naves y equipos, que también tenía que diseñar una cápsula tripulada y que, a día de hoy, tras varios intentos, no ha logrado que su prototipo, que hizo un viaje de prueba no tripulado, supere un sinfín de contratiempos y problemas.

Esta noche SpaceX ha procedido al lanzamiento de la misión turística, denominada Inspitarion4, en un proceso que se ha desarrollado a plena satisfacción, sin el más mínimo incidente. Los cuatro tripulantes ya están en el espacio de verdad y ahora tienen unos días para vernos como casi nadie lo ha hecho nunca. Como Musk es un genio no sólo de la ingeniería, sino también del marketing, ha suscrito un contrato con Netflix para que la plataforma ruede una serie con el proceso de entrenamiento de la tripulación y el momento del lanzamiento y el conjunto de la misión. Como verán ustedes, esto del espacio se puede convertir en todo un negocio. Ad astra per pecunio, que quizás dirían los clásicos

miércoles, septiembre 15, 2021

Joseba Arregi, un referente ético

Ayer, a los 75 años, víctima de una enfermedad que desconocía que padeciera, falleció Joseba Arregi, exconsejero de cultura del Gobierno Vasco, bajo cuyo mandato se produjeron las negociaciones y acuerdo que permitió que la fundación Guggenheim recalase en Bilbao, en una operación que fue vista por muchos como una bilbainada sin fundamento. Yo estaba entre los equivocados. Sólo por eso la figura de Arregi merecería ser recordada, pero la verdad es que su trayectoria y compromiso ético son tan inmensos que, a su lado, la mole del museo que se alza junto a la ría no es sino una modesta casa y el titanio que la envuelve, frágil yeso ante la solidez del pensamiento y el valor que Arregi ha demostrado a lo largo de su vida.

De familia nacionalista vasca de toda la vida, estudió teología en Alemania, siendo el clásico producto de la estirpe sabiniana que mezcla religión y patria de una manera indisoluble, y con ese discurso jesuítico que tan válido es para la compasión como para enmascarar una cómplice cobardía. Asciende en los cargos del PNV y, como les señalaba, llega a consejero de Cultura, una cartera con importancia en el Gobierno Vasco, dada la obsesión por el adoctrinamiento que practica el ejecutivo nacionalista. Arregi vive una realidad que choca con la ideología que ha mamado y considerado como propia desde el inicio de su existencia. ETA mata y sus acólitos amenazan amparados en el discurso nacionalista que todo lo impregna, y el PNV juega a dos barajas de manera constante, mostrando una cara compungida ante la violencia y otra tanto de comprensión como de recogida de beneficios, en forma de esas nueces que tan bien describió el sectario Arzallus. Arregi no puede con ello, ve el dilema y, frente a otras posturas cobardes, que escogen la buena vida que da el poder a cambio de la sumisión, se revuelve. A su estilo, sin bronca alguna, con el estilo jesuítico al que me refería, sin altisonancias, pero con una firmeza que nace de su propio compromiso ético. Es consciente de que el nacionalismo está en la base de la violencia etarra, que ETA no es sino la expresión maximalista, violenta y salvaje de una doctrina que se basa en la concepción de la sociedad como unos, los puros, frente a los otros, los impuros. Arregi es consciente de que el mero silencio del sustrato social nacionalista moderado ante los crímenes de ETA y su entorno es una de las mayores fortalezas con las que cuenta la banda asesina para mantener su actividad, y decide combatir de la única manera que sabe y que es capaz, con la palabra. Empieza a escribir artículos en los que denuncia la deriva absoluta en la que ha caído el nacionalismo de un PNV ensimismado por el poder y anestesiado de toda ética, inmune al dolor que causa el terrorismo. Pone a las víctimas como su referente y en todo momento les respeta, defiende, arropa y consuela, en unos años, no hace tantos, en los que ser asesinado por ETA suponía el dolor infinito de la muerte del ser querido y el rechazo social por parte de vecinos e instituciones, que mostraban afecto a los asesinos y manchaban la imagen de las víctimas y sus familiares. En un contexto en el que ETA practica la llamada “socialización del terror” (matar a todo el que pueda) y el poder nacionalista, encabezado por Ibarretxe, muestra una sintonía total con los objetivos últimos de la banda, Arregi se erige como un faro, como una de las escasísimas voces del mundo nacionalista que denuncia lo que sucede. Su imagen en ese mundo es degradada, sus contactos le evitan, su actitud es vista con desprecio por los que antes le consideraron de los suyos, y sabedor de que su postura le saldría cara, Arregi no cesa en su empeño, y mantiene el pulso ético. Junto a voces como Savater, Azurmendi, Ibarrola, Rekalde, Montero, y otras, no muchas, Arregi se erige en una de las plumas que, desde las páginas de El Correo, denuncia la involución social que vive la sociedad vasca, la enfermedad de desprecio, olvido y complicidad que la devora, y que permite a la serpiente etarra seguir matando y sembrando el miedo. Nunca callará aunque el miedo le cerque, nunca dejará de denunciar la deriva de una ideología que fue la suya, y en la que sólo encuentra ya hostilidad, rencor y furia.

ETA acaba desapareciendo por la valiente y tenaz actuación de la policía y demás fuerzas de seguridad, y la oposición social de una parte de la sociedad vasca, que es capaz de sacudirse el miedo y salir a la calle a denunciar el terror sectario, pero la derrota de ETA no es la de sus miembros e ideología, que hoy mismo, 2021, es vista con admiración por no pocos, que aún festejan la salida de las cárceles de asesinos, a la manera en la que los neonazis celebrarían que uno de los suyos volviera para colgar su esvástica en balcón de su casa. Hasta el último día Arregi ha estado escribiendo en contra de esa podredumbre moral que, con tanta intensidad, ha arraigado en la sociedad vasca. Hasta el último día Arregi ha estado con las víctimas, ayudándoles en todo lo posible. Hasta su último día, Arregi ha sido una luz en medio de la larga noche del terrorismo nacionalista vasco. DEP

martes, septiembre 14, 2021

Incendios pavorosos

Cubierta y amenazante se presenta la mañana en Madrid, donde la previsión de tormentas y lluvias es casi una certeza para el día de hoy. Donde sí está lloviendo es en Málaga, lo que sin duda es una gran noticia, porque así sí se podrá extinguir el incendio de Sierra Bermeja, que lleva ya varios días intratable y ha calcinado una superficie de en torno a 8.000 hectáreas, que es mucho terreno. Un miembro de una brigada forestal ha fallecido en las labores de extinción de este fuego, en lo que es la primera víctima de este año en España por este concepto, y miles de personas de distintas localidades han sido evacuados y movidas por la comarca a medida que el fuego amenazaba uno u otro municipio, huyendo de su destrucción.

Ahora que el verano se acaba, podemos decir que en España hemos tenido mucha suerte con los incendios forestales, aun habiendo sufrido varios. Los dos más graves han sido este de Málaga y el de Navalacruz en Ávila, el más extenso en lo que hace a destrucción de superficie forestal, pero visto lo que ha sucedido en otros países del Mediterráneo nos podemos dar por tristemente satisfechos. Italia, especialmente en Sicilia y, sobre todo, Grecia y Turquía, han vivido enormes fuegos que han arrasado superficies gigantescas, llegando en algunos casos como el de la isla griega de Eubea a devastar un tercio del total de su extensión, en lo que supone un destrozo ambiental absoluto y, también, un tremendo impacto económico para los residentes de ese lugar. El término de catástrofe está muy bien utilizado para definir lo que se ha vivido en esas naciones a lo largo de este verano. Sin embargo, si eso es así, ¿cómo definimos lo que pasa en California desde hace meses? Allí una serie de incendios se propagan sin control desde entonces y han conseguido hasta ser llamados con un nombre propio, muestra del miedo que imponen y del propio comportamiento que generan y les hace dignos de ser reconocidos como entidades. “Caldor o “Dixie” son monstruos que han devorado decenas de miles de hectáreas de bosques, pastos, lugares poblados y todo lo que se ha puesto en su camino. Si las brigadas forestales europeas poco han podido hacer frente a los fuegos que nos han atacado aquí resulta humillante comprobare las imágenes de los miles de personas que, con todos los medios posibles, luchan contra las llamas en California, donde la impotencia es el único resultado obtenido. Los miembros del equipo de extinción de incendios de la Junta de Andalucía han dicho que el incendio de Málaga es de lo que llaman sexta generación, fuegos que, por cuestiones varias, alcanzan una virulencia y potencia tal que son capaces de crear un clima propio en su zona de desarrollo y reforzarse en él. La formación de pirocúmulos, una especie de nubes de tormenta compuestas por vapor de agua y el resultado de la combustión del incendio es uno de los signos de que el fuego se ha convertido en un ente con dinámica meteorológica propia, y esas nubes, que crecen sobre la base de las llamas, suelen ser la fuente de nuevos incendios al colapsar su dinámica ascendente cuando no son capaces de autosostenerse, como le pasa a una tormenta normal. En el caso de las tormentas el desplome se acompaña de vientos racheados, agua y, en su caso, granizo. Aquí se mantienen los vientos racheados pero el agua se sustituye por partículas quemadas y restos, que dispersados en un área más amplia propagan las llamas de manera violenta, caótica y salvaje. Un incendio de estas características no es apagable por los medios de los que se disponen hoy en día, es muy inmune a los cortafuegos y, si el tiempo no cambia y no llueve, sólo se acaba cuando termina el material inflamable que lo alimenta. Los trabajos de los equipos de tierra y medios aéreos apenas son capaces sino de acotar algunas zonas de estos fuegos y tratar de contenerlos, pero poco más pueden hacer.

El Mediterráneo y los incendios son algo que va unido, no es casual que muchas de las fiestas de la zona estén relacionadas con la quema de objetos, hogueras o similares, pero a medida que los veranos son más calurosos, los regímenes de precipitación se vuelven más irregulares y, sobre todo, el terreno se llena de viviendas y personas en él, el peligro de los fuegos crece, y sus daños con él. Lo repito una y mil veces, no hay mayor catástrofe natural que un incendio forestal, nada hace más daño al paisaje, fauna, recursos y estética de un lugar que un fuego, pero aún no parece que la sociedad lo vea así. La persecución a los pirómanos no es intensa y no consta que suela haber detenciones y grandes penas de cárcel por causar semejantes daños. Nos tenemos que poner muy en serio con el tema de los fuegos, nos va el paisaje, la economía y las vidas en ello.

lunes, septiembre 13, 2021

Estados Desunidos

Sobria, formal, seria, la ceremonia de conmemoración del vigésimo aniversario de los atentados del 11S repitió los rituales que ya se han consolidado a lo largo de todos estos años, revestidos esta vez de una mayor solemnidad, presencia de figuras presidenciales casi absoluta y, desde luego, la sensación de amargura de lo sucedido apenas tres semanas antes en Afganistán, donde acabó de una manera lamentable la misión que comenzó hace veinte años con motivo de los sádicos atentados de Bin Laden. En las ceremonias de este año se cruzaban ambos sucesos de manera inevitable, y es imposible que no fuera así, porque el uno se deriva del otro. Quizás fuera en el acto del Pentágono en el que dominase la sensación de fracaso y en el de Nueva York el de duelo, no lo se.

Una constante que ha estado presente en todos los discursos oficiales de estos días, muy escuetos, ha sido la llamada de unidad a la nación para afrontar el recuerdo de lo pasado y los retos futuros, y ya se sabe que si algo se implora es que de ello se carece, si se pide es porque falta. Tras dos décadas, la gran novedad que presenta EEUU en su seno, frente al país que comenzaba el tercer milenio, antes y después del ataque, es la de la desunión en su seno. Pocas naciones tienen tan interiorizado entre sus ciudadanos el de la pertenencia a la misma, el orgullo del patriotismo y la consideración de lo que allí llaman el destino manifiesto, una especie de capacidad para sobreponerse a la adversidad y hacer de la voluntad del país una guía para el resto del mundo. Extender los valores en los que se asienta EEUU es una meta que anida en aquella ciudadanía, y su actuación conjunta es su mayor fortaleza. Sí, siempre han existido allí visiones contrapuestas de cómo organizar su sociedad, luchas ideológicas y partidistas, es imposible que eso no se de una sociedad libre y sana (lo contrario es la unanimidad de las dictaduras) pero esas divisiones no afectaban al núcleo profundo de la esencia del país y al respecto y defensa de sus instituciones. Eso ya no es así. Desde hace varios años, puede que incluso antes del 11S, un movimiento ha ido surgiendo en aquella nación que discrepa profundamente del carácter del país y lo considera extraviado, perdido, alejado de sus esencias. Los años de la guerra contra el terrorismo y, especialmente, la crisis de 2008, abrieron una brecha entre capas sociales, orígenes y creencias, y en 2016 la llegada de Trump al poder, con su histrionismo, formas e ideas fue el reflejo de esa división, que sigue ahondándose. Ahora mismo EEUU se mantiene como el gran país del mundo, la gran potencia en todos los aspectos, pero tiene dos flancos que amenazan su estatus futuro y su posición preminente. Uno, externo, es China, enorme rival que puede llegar a igualarlo en lo económico. China representa un reto formidable, y nadie sabe cómo será la evolución de esa rivalidad, pero no es novedoso en el sentido de que ya antes EEUU ha tenido otros rivales potenciales en su hegemonía global (la Alemania nazi o la URSS, principalmente). El segundo flanco, que es el novedoso, es el de esa división interna que antes señalaba, ese enfrentamiento que ha surgido en el seno del país, y que amenaza con dividir a la sociedad en dos bandos irreconciliables, haciendo que el país se debilite más. Quizás a los españoles esto no nos suena a nuevo, dado que nuestro país es el perfecto ejemplo de una sociedad partida que avanza a trompicones y poniéndose zancadillas sin cesar, lo que en parte es causa de que nuestros problemas no dejen de solucionarse. Por usar un símil desagradable (ya lo aviso) es como si caminásemos con una pierna herida, necrosada (escoja usted si la izquierda o derecha en función del extremismo ideológico que quiera practicar) y eso, claro, te impide correr como lo hacen otros. Lo único positivo de nuestra situación es que nos hemos acostumbrado a este mal, algo anómalo, y convivimos con él.

En EEUU esta situación es nueva, el país no la ha vivido antes y debe aprender a convivir con ese problema, y eso le va a costar esfuerzos, tiempo, recursos y dolores. La polarización, agudizada en tiempos de redes de histeria social, no ayuda en lo más mínimo. El hecho de que Trump no estuviera en las ceremonias oficiales del 11S revela lo que él, y sus muchos seguidores o creyentes, opinan del mundo en el que viven. El hecho de que Bush haya realizado declaraciones en las que admite que su presidencia erró y que la necesidad de unidad y reconciliación es necesaria muestra que parte de la sociedad de aquel país desea reunirse. Si lo lograrán, cuándo y cómo, es algo que aún no hay manera de saber.

viernes, septiembre 10, 2021

11S, veinte años después

Mañana se cumplirá el vigésimo aniversario de los sádicos atentados terroristas de Nueva York y Washington, que destruyeron las Torres Gemelas del World Trade Center, causaron miles de muertos y una conmoción internacional cuyo eco aún retumba en nuestro tiempo. Será un día de homenaje a las víctimas de esa masacre, de recuerdo a los suyos y a los miles que trabajaron en su salvación, no pocos de ellos fallecidos por respirar el tóxico humo que se generó en el incendio y colapso de aquellos gigantes. En su lugar, ahora, hay dos huecos en los que cae agua que cubren el espacio de lo que fueron los edificios, pero sobre todo reflejan el vacío que aquella jornada generó en tantos y tantos en todo el mundo.

Este aniversario va a ser especial porque se produce apenas unos días después del fin de la retirada norteamericana de Afganistán, retirada que puede ser sustituida como sustantivo por derrota. EEUU declaró la guerra a esa nación por ser la que alojaba a Bin Laden, organizador del infame atentado, y tras veinte años de ocupación militar sobre el terreno, los talibanes celebrarán mañana la inauguración de su nuevo régimen de opresión, una especie de versión 2.0 del que existía en ese recóndito país el día en el que las torres fueron derribadas. Dice el bolero que veinte años no son nada, y esa es exactamente la sensación que cunde entre no pocos al ver como los esfuerzos que se concitaron tras la masacre apenas se ha traducido en nada. Los que apoyaron ese atentado siguen al mando de sus naciones, los que lo organizaron y promovieron ya están muertos, empezando por el propio Bin Laden, que yace en el fondo del Índico, en un lugar no determinado, pero la maraña de integrismo islamista que se encontraba detrás de semejantes acciones ha demostrado, a lo largo de estas décadas, no sólo su capacidad destructiva, sino una plasticidad a la hora de adoptar formas de combate y resistencia inversamente proporcional a la rigidez mental que anida en las mentes de sus reclutas y seguidores. Al Queda ha ido perdiendo fuerza como movimiento frente a DAESH, una encarnación del califato integrista en la que se junta lo peor de lo peor, en doctrina y violencia, que ha promovido atentados en medio mundo, empezando por las propias sociedades islámicas, y que llegó a proclamar un califato del terror en el marasmo de la guerra de Siria que elevó a cotas no imaginadas el sectarismo y crueldad de sus actos. Hoy la vanguardia islamista vuelve a estar en manos de los talibanes y, en la sombra, grupúsculos que pertenecen a ese DAESH, que se reorganizan y cuentan con células militarizadas en zonas principalmente de Afganistán, Pakistán, en lo que antes fue Siria y en gran parte del Sahel africano, principalmente. El control de la seguridad de estos grupos es una prioridad para los países en los que anidan, pero los gobernantes de estas naciones buscan, sobre todo, que el islamismo no les ataque a ellos, dándoles bastante igual si decide atacar a terceros países, sobre todo si son occidentales. La estrategia de las células durmientes occidentales, que tan exitosas fueron en masacres como las perpetradas en Londres, Madrid, París, Bruselas o Barcelona, vuelve a estar en el ojo de las policías y servicios de inteligencia de todo el mundo, sabedores que la derrota en Afganistán ha supuesto, sin duda, una gran dosis de moral renovada para todos los que planean actos malvados en nombre de ese islamismo asesino. El riesgo de atentados en occidente ha crecido mucho tras lo sucedido este verano en Kabul y su entorno, y aunque es muy difícil saber cómo y cuándo se podrían materializar, lo cierto es que nadie duda de que los intentos de ataque crecerán y la seguridad colectiva se verá comprometida. Sea cual sea la óptica desde la que uno analice el tema, la sensación de vuelta a una casilla próxima a la de salida resulta casi inevitable. No es exactamente así, pero el peso de esa sensación abruma, y sí, también deprime.

En EEUU el desastre afgano ha llenado al país de dudas y preguntas carentes de respuesta directa. Como principal responsable de las operaciones de combate, y siendo la nación que más soldados ha sacrificado por ello, el por qué que se preguntan las familias de los caídos en las montañas afganas resuena en toda la nación en medio de un silencio avergonzado. Para qué han servido dos décadas de sacrificio de tantos, para acabar siendo retirados del terreno de una manera tan humillante y contemplar la vuelta al poder de los adversarios de antaño. El aniversario del 11S de mañana será muy triste, lleno del habitual dolor de esta fecha, pero sumido en una sensación colectiva de fracaso ante la que los líderes de ese país, presentes y pasados, debieran hacer frente.

jueves, septiembre 09, 2021

El amor no es algo satánico

No es un delito enamorarse, si acaso un milagro, y ni les cuento si resulta correspondido, puede que sea el mayor de los milagros que uno es capaz de imaginar. Esto debiera ser algo tan obvio como para no provocar discusiones, pero la realidad muestra que todo es susceptible de ser interpretado de una manera retorcida. La iglesia basa su fe, o es su deber, en el amor al prójimo y a Dios sobre todas las cosas, de tal manera que propugna una especie de enamoramiento colectivo entre los hombres y de todos ellos con el Dios encarnado. Las lecturas del evangelio se pueden ver de muchas maneras, pero una es comprobar como los discípulos caen rendidos ante el maestro y, tras revelárseles como lo que realmente es, el Espíritu Santo les colma, como una versión arcaica de Cupido que les atravesase con la flecha del amor divino.

Por eso, que Xavier Novell, obispo de Solsona, se haya enamorado de una mujer y ha ya pedido la dispensa de su cargo eclesial no deja de ser algo humano y propio de su sentimiento. El reglamento de la iglesia, discutible, dice que uno no puede ser sacerdote y amar a una mujer, aunque el evangelio explícitamente señale que la incompatibilidad real está entre adorar a Dios o al dinero. Dada la norma de la religión católica, Vendrell no podía compatibilizar su amor a Dios, que es lo que en teoría le llevó al sacerdocio, con el cariño a una mujer, y ha escogido. El caso ha generado revuelo, porque no es habitual que un sacerdote lo deje por una mujer, al menos oficialmente, aunque tampoco es tan raro. Varios factores en esta historia han aumentado el morbo de los medios de comunicación y del púbico, que se ha encontrado de pronto con una historia atractiva y con muchos factores como para hacer chistes y tertulias. Vendrell era el obispo más joven de España y de los más jóvenes del mundo, supongo, dada la edad media de la jerarquía católica. De gran perfil mediático en la Cataluña a la que adoraba por encima de casi todas las cosas, se había distinguido por combinar un discurso teológico duro, una visión social y sexual retrógrada, un independentismo militante de constante lacito amarillo y una obsesión por la presencia del diablo en la vida, habiéndose especializado en exorcismos, eso que sirve para hacer películas de miedo y coña pero que, entre usted y yo, no es sino una pachanga bastante cutrosa. Veía Novell al diablo en bastantes sitios, especialmente entre los divorciados, los gays y, claro, los españoles, sobre todo entre estos últimos, practicasen las relaciones íntimas de una manera u otra. Elevado a los altares del independentismo sociológico como el prelado de la futura república independiente, el que ahora esa estrella haya dejado el alzacuellos por una mujer, que escribe novelas de corte erótico satánico, ha sido para muchos un golpe demasiado duro. Sólo lo hubiera superado dejando los votos religiosos por un escritor o, si me apuran, por un ciudadano de otra CCAA de España, fuera en este caso el objeto del amor hombre o mujer. Lo que empezó como una noticia menor, la renuncia del obispo de Solsona a su cargo por razones personales se ha convertido en un culebrón con suficientes toques picantes como para que no dejen de salir noticias sobre Novell y su novia, que se llama Silvia Caballol, que a sus 38 años es bastante más joven que el camino de ser exobispo, y que según algunas fuentes, le asesoró en el pasado en rituales exorcistas promovidos por Novell, cuando era obispo y nadie sospechaba de su estado mental al hacer semejantes cosas. Ahora, parte del obispado de la ciudad, que se ha quedado sin jefe, dice que es Novell el que ha sido aducido por el diablo y quieren practicar un exorcismo sobre su persona, lo que eleva aún más el grado de incredulidad de la historia y demuestra que si el amor vuelve locas a las personas no son pocas las que ya están muy taradas antes de que el más mínimo sentimiento a los demás anide en su alma.

La oficialía católica no dice nada sobre este caso, lo que contrasta con su locuacidad sobre otros temas. Es interesante que, los que crean en exorcismos, no vieran la posibilidad de practicarlos en el pasado, cuando jerarcas de purpurado cardenalicio llevaban a un dictador bajo palio, o cuando durante décadas monseñores del País Vasco y resto de España han apoyado y defendido la causa de una banda terrorista asesina o, ya en nuestros días, cuando no pocos prelados, como era el caso de Novell, se apuntaban con fervor a una causa independentista basada en el racismo y el odio al que se considera inferior. Todo eso sí es coquetear con lo más parecido que uno pueda imaginar al diablo, pero no, hay no hubo exorcistas escandalizados.

miércoles, septiembre 08, 2021

Botellones y botellazos

Ya durante el verano del año pasado me asombró comprobar la dureza con la que los ayuntamientos, para disimular sus vergüenzas, decían que aprobarían normas para prohibir los botellones callejeros, cuando resulta que no están permitidos desde hace mucho tiempo. Se nota que los adolescentes de ahora no han visto Casablanca y las autoridades no la han olvidado, dado que se escandalizan de que “haya juego” en el local que frecuentan cada noche y del que sacan pingües beneficios. Este año los botellones se repiten, con más fuerza frecuencia que nunca, pero aderezados con una sesión de botellazos a la autoridad que es mucho más grave.

No hace falta irse muy lejos. Viajemos, por ejemplo, a Elorrio, mi pueblo. Allí en las noches de verano se ha implantado el botellón en la zona de San José, una ermita situada en lo alto del pueblo en un paraje muy bonito, al lado del típico escenario de pabellones industriales que, al parecer, llama a la bebida y a quemar ruedas de coches en todas partes. Pasaba por allí en mis días de vacaciones en agosto por las mañanas paseando de camino a las obras del tren de Alta Velocidad, que me encanta ver cómo avanzan, y la decoración de basura esparcida por los alrededores era cada día más o menos de igual dimensión pero distinto colorido, prueba de la juerga de la última noche. Ya hace varios meses estos botellones fueron una de las causas por las que la positividad en el pueblo se disparó, y de la irresponsabilidad de estos, y de algunos otros, el resto tuvieron que pagar con cierres, pérdidas económicas y malestar, además del obvio miedo al ver el disparo en las tasas de contagios. Este pasado fin de semana, primero de las no fiestas, el botellón organizado debió ser monumental, con cientos de chavales. Acudieron las patrullas de la Ertzaina a disolverlo, porque era excesivo hasta para los irresponsables estándares del ayuntamiento local, y algunos de los congregados debieron irse por ahí, pero no pocos bajaron al centro del pueblo, y en la noche del sábado organizaron un episodio de pura kale borroka contra las fuerzas del orden, utilizando para ello todos los medios habituales en estos casos; quema de contenedores, destrozo de mobiliario urbano para ser arrojado, pintadas, etc. Violencia desatada en la que se juntaban algunos amantes de la juerga, varios borrachos descerebrados y no pocos elementos de la infamia batasuna local dispuestos a reverdecer su años “heroicos” y volver a enfrentarse a las fuerzas de la policía. Una noche de disturbios de elevada gravedad, en la que las patrullas de seguridad mandadas al pueblo se vieron superadas en algún momento y en la que se vivieron escenas de auténtica caza por parte de los violentos ante los agentes. Todo de lo más edificante. A lo largo de este verano el espectáculo de borrachos que arrojan cosas a la policía se ha vivido en muchos pueblos, del País Vasco y del resto de España, en un ejercicio de incivismo e irresponsabilidad digno de estudio, pero desde principios de agosto, empezando por San Sebastián, se ha visto que este tipo de comportamientos violentos han reverdecido las ganas de bronca de los batasunos, que llevaban un tiempo hibernando, y se han debido sentir como llamados por la música de los cristales rotos y el golpe de objetos contra los escudos policiales de protección. No es necesario mucho ánimo para que esos indeseables se pongan mano al cóctel y destrocen cosas, y se ve en la cara de los dirigentes de su formación, empezando por el tal Arnaldo, la satisfacción de ver como sus huestes vuelven a la carga amparadas en la sensación de hastío provocada por meses de pandemia y restricciones. No debiera extrañarnos mucho que la maldad de sujetos como ese aproveche estos momentos para sacar rédito y echar más gasolina al fuego social, pero no por ello la repulsión que provoca su actitud es menos intensa.

Este fin de semana que viene son la repetición de las no fiestas, ese fantástico eufemismo creado por la sociedad para amparar que no hay celebraciones oficiales pero si la juerga nocturna asociada, y es de esperar que, tras lo vivido el primer sábado, el segundo cuente con presencia policial preventiva que impida una reiteración de los altercados, pero a buen seguro se mantendrán las ganas de los borrachos y las intenciones de los malnacidos. Más allá de la pandemia y sus nefastas consecuencias en todos los ámbitos, algo profundo sigue muy podrido en parte de la sociedad vasca, que no sólo ve como naturales, sino que respalda comportamientos muy indignos. Y el tal Arnaldo festejándolo.

martes, septiembre 07, 2021

Remite la quinta ola

Esta semana comienza el curso escolar en la mayoría de las CCAA y tramos educativos, y con la vuelta a las aulas en el tercer curso de la pandemia se consolida el descenso de casos asociados a la quinta ola de coronavirus, que ha sido de las más intensas en lo que hace a positividad detectada. Vamos a ver qué efecto tiene el mundo educativo en la propagación del virus, pero lo sucedido el curso pasado, que fue uno de los pocos éxitos en esta historia, nos hace albergar esperanzas. Muchos pensábamos que el cierre de colegios iba a ser una cascada y no, los casos se dieron, pero muy pocos. La escuela fue de los pocos frentes que sí supo combatir al virus.

La característica fundamental de esta quinta ola de Covid ha sido el efecto que la vacunación ha tenido en los datos de mortalidad. Con días en los que el número de positivos superaba los 20.000 con facilidad, la mortalidad obtenida con unas tres semanas de diferencia se ha situado muy por debajo de lo que ha visto en olas anteriores. Si el entorno del 2% era lo que los datos arrojaban hasta entonces, lo que nos hubiera llevado a registros medios del entorno de los 400 muertos diarios semanas después de registra esas cifras de positivos, en esta quinta ola no ha habido día en el que se hayan superado los cien fallecidos, lo que es, dentro del desastre, una excelente noticia, porque toda vida no perdida es un éxito en la lucha contra la enfermedad. Esta evolución de los datos, esta reducción en la letalidad, se ha dado no sólo con incidencias elevadas, sino también con alto grado de ocupación hospitalaria, especialmente en algunas CCAA como Cataluña, que han visto sus hospitales volviendo a escenarios de demanda similares a los que se vieron tras la mortífera ola navideña, pero nuevamente, con una supervivencia mucho más alta. Y este éxito parcial se debe a la vacunación. La semana pasada alcanzamos la cifra del 70% del total de la población del país inmunizada plenamente contra la enfermedad, con lo que se llama la pauta completa de vacunación. Ese porcentaje es de prácticamente el 100% en personas de más de 70 años de edad y a partir de ahí cae hasta alcanzar valores reducidos, pero ya importantes, en adolescentes. La velocidad de la vacunación en España es de las más altas del mundo, y estamos situados entre los diez países que mayor cuantía de su población tienen cubierta, lo que puede considerarse todo un éxito colectivo. La aparición de la variante delta, ya totalmente predominante en nuestro país, hace que el objetivo de la inmunidad de grupo se encarezca, de tal manera que del esperado 70% de cobertura que se estimaba para la transmisibilidad de la variante originaria nos vayamos a cifras del 90%. Como si se tratase de una carrera con trampa, la meta parece moverse y alejarse a medida que nos acercamos a ella, lo que aumenta el agotamiento de la sociedad, que sigue corriendo en esta maratón infinita. ¿es factible alcanzar ese porcentaje de inmunización? Sí, aunque va a costar lo suyo, sobre todo porque ahora mismo en Europa no hay aprobada una vacuna para menores de 12 años. Dado el envejecimiento que se vive en nuestras sociedades, es mucho más fácil que, sin cubrir a los menores de 12 años, se esté cerca del cubrimiento del 90% en países como el nuestro que en naciones como, pongamos, las latinoamericanas, en las que el grupo de población infantil es mucho más alto respecto a su población total. El que Asturias, la CCAA más envejecida de España, fuera la primera en alcanzar el porcentaje del 70% de cobertura no resultó ser ninguna sorpresa, y es casi seguro que allí el 90% se alcanzará antes que en Murcia, donde la tasa de natalidad es bastante más alta y, por tanto, el grupo de los menores de 12 años pesa más sobre el conjunto de la población.

Es de esperar que, en poco tiempo, la agencia europea del medicamento valide los resultados de las pruebas que Pfizer y Moderna realizan en la población menor de 12 años para dar validez a la vacunación en esa franja de edad. Es importante vacunar a los niños, no tanto por lo que les pueda proteger de la enfermedad, que les afecta muy poco, sino sobre todo para evitar que se conviertan en reservorio de la misma, para que no se infecten entre ellos y permitan que el virus se expanda o mute, pudiendo así perjudicar al resto de la población. Limitar la transmisión es una vía para confinar la enfermedad a su mínima expresión. Estamos ganando la batalla al virus, y eso es lo más importante. Y la vacunación es el arma definitiva para ello.

lunes, septiembre 06, 2021

Olatz Vázquez, 27 años

Esta pandemia de coronavirus es una mierda. Nada hay de bueno en ella, salvo cuatro marcas de vacunas. Sólo genera dolor, destrucción, ruptura, desasosiego, muerte y secuelas. Miles, millones de personas en todo el mundo han visto deshechas sus vidas y proyectos por culpa de este maldito virus. Y ni se sabe cuántas, afectadas por otro tipo de enfermedades, se han visto perjudicadas por la aparición de un mal que ha deshecho gran parte de nuestro sistema sanitario, ha convertido la medicina preventiva en un oxímoron y arrasado con los sistemas de atención primaria y de gestión hospitalaria. A ellos el covid les ha supuesto otro obstáculo a añadir a los que ya cargaban, algunos insoportables, no pocos imposibles.

Este pasado viernes, a los 27 años, fallecía Olatz Vázquez, periodista vizcaína, por culpa de un cáncer gástrico. 27 es la edad maldita a la que tantas estrellas de la música o el cine se han ido de este mundo con la inestimable ayuda de sus excesos. No es este el caso de Olatz, aunque ha querido la casualidad de que se una a la nómina de ilustres asociados a esa edad de fallecimiento. Olatz sufrió el cáncer desde tiempo antes de que realmente se lo detectasen, tenía molestias y dolores que eran crecientes y le alarmaban, pero le decían que era joven y que no podía ser grave, que no se preocupara. Cuando ya consiguió cita para que le hicieran pruebas de verdad estalló la pandemia y esas citas se pospusieron varios meses, en medio del encierro y la pesadilla general. Cuando se pudo hacer las pruebas el diagnóstico era tan evidente como cruel, Cáncer, un maldito cáncer, de los agresivos, de los que se extienden con rapidez. Olatz se derrumbó, lloró, maldijo su suerte y su destino. Se vio impotente ante un diagnóstico que muchas veces no es sinónimo de muertes, pero en demasiadas ocasiones resulta ser el anticipo más cercano. Optó por no esconderse, por relatar su padecimiento. En tiempos de postureo en las redes, de exaltación de una felicidad banal, falsa y aparente, de chulear de pose y forma, Olatz empezó a colgar fotos en blanco y negro de cómo su cuerpo, que nunca fue orondo, se iba transformado en una espiga carcomida por el tumor que se desarrollaba en su interior. Contaba sus dolores, sus sesiones médicas y lo deshecha que salía de ellas. Mantenía algo de esperanza, pero en ningún momento se autoengañaba, no se permitía caer en la banalidad que nos impulsa por doquier na abandonarnos en un pensamiento mágico falaz. Sus fotos empezaron a coger relevancia, y en una sociedad que aparta el dolor, el sufrimiento, que casi celebra que la vejez sea arrasada por el virus, que sólo festeja y que esconde lo que no quiere ver, el testimonio de Olatz era de una valentía y, por qué no decirlo, de una transgresión insoportable. Nos ponía a todos delante del espejo de lo real, como queriendo recitar una versión digital de ese mantra medieval que viene a decir, impreso en los cementerios, que como los que ahí se encuentran acabarás tú, visitante de entre los vivos. Manteniendo un sentido de la estética innato, para el que estaba dotada, de una mirada profunda y carácter recio, sus imágenes no estaban destinadas a provocar compasión, a que pensáramos “pobrecita”, sino a narrar una realidad, que es la que le tocaba a ella en ese momento. Si la enfermedad no hubiera existido Olatz seguiría siendo las imágenes que tomara, probablemente muy mal pagadas por los medios quebrados medios de comunicación de nuestro tiempo, pero tan llenas de contenido y sinceridad como las que acabó sacando de sí misma, porque es lo que tocó vivir. No se sintió estigmatizada por tener cáncer, porque eso no es ningún estigma, ni porque su cuerpo se desmoronase, porque es lo que les va a pasar a todos nuestros cuerpos antes o después. Vio la realidad con sus ojos y decidió dar testimonio de ella, sin censuras, sin tapujos, sin heroísmos, llena del miedo natural que supone el ver como la vida se te va y nada puedes hacer para evitarlo. En sus fotos Olatz nos preguntaba sobre lo más profundo de nuestra existencia, su finitud. Y eso generaba incomodidad en muchos. Y por ello era aún más importante que reiterase la pregunta hasta el final.

Durante este tiempo de convalecencia, tratamientos y espera, Olatz ha destrozado por completo toda la basura de autoayuda barata que nos envuelve en el día a día, de la mística del luchador frente a la enfermedad a la que gana, cuando la cura depende de la medicina y sus avances, y del complejo que tanta palabrería crea para culpabilizar al paciente de lo que sucede, de tal manera que el vendedor de humo siga siendo respetado por la sociedad hedonista a la que place su discurso, tan falso como peligroso. El testimonio de Olatz es el de la vida real, que también incluye la muerte. Su familia y allegados han pasado meses horribles, como ella, y ahora lloran su pérdida. Mi más profundo abrazo a todos ellos y el recuerdo a una mujer noble, que llenaba más que cualquiera de las millones de falsas imágenes que nos aturden en nuestro día a día.