lunes, enero 31, 2022

Rafael Nadal

No, no, no he enfermado y me he aficionado al deporte en este fin de semana. El tenis me parece, como el resto de disciplinas, algo bastante aburrido: A los cinco minutos de ver a unos señores pegándole con la raqueta a una pelota empiezo a verlo todo igual, y desconecto. Lo único que me produce asombro es esa extraña forma de contar los tantos, obtusa, incomprensible, digna de ser el resultado de una comisión ministerial destinada a simplificar algo, y que parió semejante lío de números y elementos. No veo heroicidad en la pista mientras dos personas se desloman lanzando raquetazos, sólo cansancio físico y un derroche de energía en algo que no sirve para nada. Entretiene, dirán casi todos ustedes, y ese es su valor, pero no le veo otro.

Debo ser de los muy pocos que viven al margen del deporte en estos tiempos, donde los que a ello se dedican de manera profesional han sido elevados a un pedestal en el que el heroísmo antes citado se queda corto, alcanzando absurdas cotas de endiosamiento. Y en general, el nivel intelectual y humano de las personas que llegan a esos niveles corresponde a la media de la sociedad en la que vivimos, cuando no es directamente el resultado de una selección adversa en la que lo más cafre se ve unido en torno a una pelota, a veces más grande y otras más pequeña. Por eso, en medio de ese erial de vanidades, desplantes y orgullos infinitos, alentado por la masa que los adora y les proporciona la fama, que lleva dinero sin fin, me cae bien Rafael Nadal, el tenista. Principalmente porque me parece un tipo normal. Cuando habla ante la prensa, obligado como otros para aumentar el circo mediático que rodea a su disciplina, no dice tonterías, ni insulta a nadie, ni se mete con nadie, ni chulea. Ya sólo por eso merece algo de atención, pero es que, además, y sobre todo, Nadal ha dicho más de una vez que lo que hace es jugar, entretenerse, divertirse, y que eso que hace no es importante. Es muy consciente de que la sociedad usa a los deportistas como símbolos en los que depositar cosas trascendentes, como la patria, el orgullo, el éxito y otras por el estilo, y eso otorga a esos gladiadores de nuestro tiempo un poder enorme, que la inmensa mayoría desperdician en actos llenos de orgullo y vanidad. La rivalidad que surge entre ellos alienta el espectáculo y los que a cada uno jalean cierran los ojos ante las indignidades que los suyos realizan sin cesar para alcanzar el añorado triunfo (y sobre todo, los millones de euros a él asociados). Siendo una especie de carísimos bufones cuya función es entretener a los demás el deportista, elevado a los altares, se comporta en demasiadas ocasiones como si las normas no fueran con él, como si la sociedad y todo lo que en ella hay estuviera para rendirle pleitesía. Día tras día vemos escándalos en el deporte en el que el comportamiento de sus figuras no es que deje de desear, sino que sería públicamente reprochado en caso de que lo llevasen a cabo personalidades de otras profesiones. Drogarse, defraudar a hacienda, engañar a un contrario, intimidar con violencia, son cosas que se ven con una frecuencia enorme en estadios de fútbol y otro tipo de recintos deportivos, y los “aficionados” no sólo perdonan estos hechos como si no hubieran tenido lugar, sino que los jalean, los ríen, los aplauden con deleite, porque los “suyos” tienen siempre la razón hagan lo que hagan. Por eso, en ese panorama lleno de fango y vacío, alguien como Nadal destaca por encima de todo. Sobrio cuando habla, apela al esfuerzo que le ha servido para llegar desde Manacor al olimpo de su especialidad, con años de trabajo incesante, a lo largo de los cuales no ha insultado, no ha hecho trampas, no ha chuleado ni se ha convertido en un creído de sí mismo. Su afición ha coincidido con el gusto de muchos y eso le ha permitido enriquecerse y llevar una vida privilegiada, pero no hace ostentación de ello y sigue pensando que lo que hace no es importante, o que al menos no es lo importante que tantos hacen creer que es. En un mundo de ególatras y en una sociedad en la que el yo domina desde el primer selfie, Nadal es una muestra de cómo actuar con cabeza, sentido común y responsabilidad. Y eso es lo que vale de él, no sus victorias.

Ayer, tras granar en Australia, Nadal se ha convertido en el mejor jugador de tenis de la historia, y nadie sabe mejor que Rafa lo que le ha costado llegar hasta ahí y lo poco que eso significa, porque otro vendrá, antes o después que lo supere, y a ese le sucederá otro, y así hasta que ese deporte decaiga, como lo hicieron otras disciplinas en el pasado. Sabe Nadal qué es lo que realmente merece la pena de la vida. La alegría que se llevó ayer es enorme, pero a sabiendas de que, cuando el fulgor del éxito pase, y ya no sea más que un extenista, lo realmente valioso seguirá con él, y junto a él. Ese es el gran ejemplo que nos da su figura. Que gane partidos, campeonatos o torneos es algo que, la verdad, a mi no me dice casi nada.

viernes, enero 28, 2022

Francia busca su hueco en la crisis ucraniana

El otro día comentaba el papel de perfil, asustado, que ha adoptado Alemania en todo el conflicto de Ucrania, sin mostrar carta alguna y no ejerciendo el más mínimo liderazgo europeo. Aunque ya no pertenece a la UE, tampoco el Reino Unido está jugando las cartas que le suelen corresponder en este tipo de crisis, sumido como está él mismo en sus propios desastres, de escándalo en escándalo de un Johnson que es un filón para los medios y una vergüenza para todos los demás. Su reciente pacto con EEUU, ese Aukus firmado en verano de 2021, en cierto modo le priva de voz al supeditarse a todo lo que haga EEUU. Londres distribuye información, pero ni lidera ni actúa como parte activa.

¿Quién queda? Sí, sí, Francia, Francia, el eterno imperio que hace mucho que ha dejado de serlo, pero nunca dejará de creérselo. Los ocupantes del Eliseo tienen una fascinación desmedida por el flirteo amoroso y por ser imprescindibles en el orden mundial, y no decepcionan nunca en ambas facetas. Si Macron, al parecer, nos ha salido recatado en sus costumbres privadas, manteniéndose fiel a su mujer Brigitte, no se ha resistido a desempolvar los oropeles napoleónicos y erigirse como el portavoz de Europa ante Rusia. Quizás sea porque desde su residencial el puente de Alejandro III sobre el Sena le queda muy cerca y el recuerdo de las ententes zaristas y parisinas es algo que dejó poso en el país, pero lo cierto es que, desde hace tiempo, Francia abandera un movimiento de contactos con Rusia para destensar la relación entre la UE y el complicado vecino del este. Tras la anexión de Crimea y primera guerra del Donbás, Francia se sumó a las sanciones que se impusieron desde occidente a Rusia, no le quedó otra, pero al poco tiempo empezó a tener un discurso distinto, intentando rebajar el tono occidental y abriendo líneas de contacto con el Kremlin. Sin duda las empresas francesas, con intereses en Moscú, lo agradecían, pero creo que esos movimientos se daban más por la necesidad imperiosa que tiene el país vecino de marcar posición propia respecto al mundo anglosajón que por otra cosa. En la UE, con la retirada del Reino Unido, el proyecto ha quedado aún sí cabe más liderado por Alemania y Francia, y si los primeros son los responsables de las directrices económicas, los segundos siguen queriendo ser los que dictaminen el espíritu político de la Unión, y con él su acción exterior. A esto se debe añadir que en mayo de este año se celebran elecciones presidenciales en Francia, es una de las grandes citas marcadas en el calendario desde hace tiempo, y Macron, que sigue con relativa ventaja frente al elenco de candidatos de extrema derecha, no va a desaprovechar la oportunidad de exhibirse como líder global ante los suyos, sea eso solamente una pose destinada a exaltar su figura y buscar votos o contenga también algunas opciones reales de convertirse en vía de negociación. Con estas ideas de fondo, juzgue usted cuáles cree que pesan más, esta mañana se va a producir una conversación telefónica entre Macron y Putin. El jefe del gobierno galo será el primer mandatario que hable con el presidente ruso desde que éste recibió el escrito de EEUU en el que se contestaba a sus peticiones. Esa respuesta no ha sido vista con agrado desde el kremlin, al considerarla insuficiente en todos sus aspectos, pero la vía diplomática se mantiene, y de mientras sea así las opciones de que esto no acabe mal siguen vivas. ¿Qué mensaje y estrategia tendrá pensado presentar Macron? No lo se, no está nada claro. Lo lógico es que insista en que la posición a la que aspira Putin es inviable pero que trate de ofrecer garantías de que la UE, o sea Francia, tengan posición propia frente a EEUU, tratando de hacer sombra al socio americano, cosa que Putin siempre verá con agrado.

¿Tiene Macron opciones reales de ser relevante? ¿Va a conseguir algo a parte de la conversación? Desde un punto de vista interno el convertirse a lo largo del día de hoy en el interlocutor preferente ante Rusia ya es un tanto, y ciertamente eleva el papel de Francia en todo este lío, aunque realmente todos sabemos que sólo dos naciones, EEUU y Rusia, son determinantes y que es esta última la que dictará cuáles van a ser los siguientes pasos de la crisis. En todo caso hoy el Eliseo y el Arco del Triunfo se van a hincar de orgullo, de “grandeur” reverdecida, aunque sea de postal. En una sociedad marcada por la imagen, Macron logra un tanto para sus intereses internos, ya veremos si es realmente útil o se queda a la altura de selfie de Instagram.

jueves, enero 27, 2022

Los ochenta y su guerra fría no molan

Curiosamente, o no, sigue de moda el recuperar los ochenta como época de recuerdo preferida y elevarla a los altares de lo que era lo mejor en todos los sentidos. Creo que esto se debe a que los que nacimos a principios de los setenta y vivimos ahí la adolescencia empezamos a ser los que ganamos los sueldos más altos y ocupamos el control de empresas (ninguno de ellos es mi caso, ay) y, en general, la sociedad, tras el relevo de las generaciones precedentes, y claro, los ochenta fueron nuestra adolescencia. Cuando decaigamos ya verán como los noventa son lo mejor de lo mejor. Sí es cierto que dos cosas eran mejores entonces que ahora; la música y nuestra juventud, pero el resto, nada de nada.

En 1980 empieza la guerra de Irán e Irak y, casi, la invasión rusa de Afganistán, motivo por el que occidente boicotea los juegos olímpicos de Moscú de ese año. Los chinos siguen siendo muy pobres. La guerra fría entra en su cuarta década y la tensión entre las alemanias y los berlines se mantiene en todo su esplendor. El conflicto nuclear, la guerra absoluta, sigue siendo un pensamiento omnipresente que domina la esfera internacional. El volumen de los arsenales nucleares acumulados y la capacidad de los cohetes para hacerlos colar a cualquier parte del mundo desde las dos superpotencias es aplastante, y donde no hay acuerdo en los medios es en el número de cientos o miles de veces que superan la capacidad para destruir a la humanidad por completo. Hay un género de libros y películas centrado en el apocalipsis atómico, y el tema existe si uno rastrea cualquier aspecto de la actualidad internacional, no tanto la española, que empieza a desperezarse de un pasado gris y dictatorial, y sigue ajena, como hoy en día, a lo que pasa fuera de sus fronteras. La iconografía ochentera sigue muy centrada en la movida, el pop y el lado hedonista de la vida, pero fue una época de reconversiones industriales crudas, de explosión del consumo de drogas que arrasó familias y localidades, y de cumbres entre EEUU y la URSS en las que se palpaba el riesgo en todo momento. Los kremlinólogos eran un subgrupo de expertos que ocupaban plaza fija en las tertulias de los medios, formato que despuntaba y que todavía no producía vergüenza, y su misión era analizar las imágenes de los gerifaltes que se reunían en la plaza roja de Moscú en cualquiera de los actos propagandísticos que se celebraban allí, para tratar de desentrañar cuáles serían sus intenciones. La dictadura soviética era muy buena a la hora de bloquear la información, en ambos sentidos, y en esa época ni se soñaba con algo parecido a internet, por lo que las imágenes eran opacas. Unos viejos con cara de mala leche enfundados en gruesos abrigos y gorros eran escrutados por expertos que, en función de un gesto de su rostro o de la posición que ocupaban entre todos ellos dilucidaban si alguien había caído en desgracia o era una figura ascendente, o si el régimen estaba virando hacia un lado u otro. Era como asistir a una charla de análisis técnico bursátil, en la que el presunto gurú ve cosas que uno no sería capaz de imaginar, y nunca queda claro si son ciertas o no. Las dos superpotencias se miraban con cara de odio, pero mantenían un pacto tácito de no sobrecargar la tensión hasta límites insoportables. Cuando los odios se acumulaban, escogían un tercer país y allí si se peleaban, en guerras interpuestas, golpes, asonadas y guerrillas que devastaron gran parte de Latinoamérica y Asia, convertidas en patios traseros de una rivalidad inacabable en la que la población de esas naciones era convertida en peones sacrificables en aras de intereses supremos. El reguero de pequeñas guerras de enorme crueldad era incesante, y en ninguna combatían los dos imperios, pero en todas apoyaban a uno de los bandos, que trataba de exterminar al otro. Juego sucio por doquier con el mundo como tablero.

Contemplar ahora el conflicto de Ucrania y su tensión asociada es como volver realmente a esa década ochentera, porque lo de la movida madrileña no es algo que se diera en París o Bratislava, por poner dos lugares, pero en ambas ciudades, y en el resto del mundo, se tenía claro quién mandaba en su entorno y donde estaban los misiles que a sus cabezas apuntaban. Era una época peligrosa y desagradable, y hubo suerte, mucha, muchísima, de que no pasase ninguna desgracia inevitable que nos llevase al desastre total. Como en esos años, y los anteriores, no se dio el desastre, contemplamos esa era con nostalgia y olvidando ese miedo permanente. Piense hoy en Ucrania, y sentirá un recóndito temor de que algo muy malo es posible que suceda, improbable, pero posible. Bienvenido a los tensos y sucios años ochenta.

miércoles, enero 26, 2022

Alemania teme al frío

El marasmo de Ucrania le ha pillado a Alemania inaugurando un nuevo gobierno, salido de las últimas elecciones. La coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales ya afrontaba grandes retos desde el momento en que nació, pero ahora uno más, de dimensiones y riesgos difíciles de calibrar, ha venido a complicarlo todo. Como gran potencia económica de Europa, el papel de Alemania es indispensable a la hora de acordar la respuesta, sea la que sea, del desafío ruso, pero su solvencia financiera contrasta con su liliputiense papel militar, su nula ambición exterior y el chantaje energético al que le somete el vecino ruso. Por eso, principalmente, Alemania muestra su total incomodez ante lo que está pasando. Lo teme mucho.

Una de las piezas del juego que se desarrolla en la zona, y que no puede ser eludido, es el llamado Nord Stream 2, un gaseoducto que, bajo las aguas del mar báltico, conecta directamente el territorio ruso con el alemán, lo que sirve para diversificar el flujo de gas que ahora, naciendo desde Siberia, llega hasta Berlín y el resto de ciudades germanas atravesando países del este de Europa como Ucrania o Polonia, en una canalización que sirve para el suministro de todos ellos. El Nord Stream 2 es un proyecto estratégico que se lleva desarrollando desde hace bastante tiempo y forma parte de la compleja relación entre la gasística rusa Gazprom y la política alemana, cuyo mayor exponente es el excanciller Gerhard Schroeder, que forma parte desde hace años del consejo de esa empresa estatal rusa, en un caso de puerta giratoria que deja convertido en juego de niños los que conocemos en nuestro país. Alemania depende completamente del gas que importa de Rusia para su generación eléctrica y el abastecimiento de calor en las casas en los rigurosos inviernos del norte, y carece por completo de una infraestructura alternativa de regasificadoras, como nosotros sí tenemos, que pudieran servir de alternativa, tirando de las compras de gas natural licuado transportado en barco, más caro pero al menos existente. Alemani depende por completo de Putin y de lo que quiera hacer con la presión a la que se bombee el gas. Con el gaseoducto original que ya existe, el destino de Alemania se une al del resto de naciones del este, de tal manera que comparten problema y, por así decirlo, se pueden unir para hacer presión, pero la apertura del Nord Strem 2, además de ser un gran negocio para Rusia, supondría que Alemania se desentendería de lo que pasase en el resto de naciones del este. Ella tendría suministros independientemente de que Putin decidiera reducir el aprovisionamiento de, pongamos, Ucrania. Y por eso la apertura de esa nueva conducción, altamente deseada por Moscú y Berlín, se ha visto desde hace tiempo con mucho recelo por parte del resto de naciones del este, y en parte también por los socios de la UE, que verían como las relaciones entre Berlín y Moscú serían, por amor al gas y el calorcito, mucho más estrechas, dependientes. Visto desde fuera pareciera como si Alemania hubiera jugado muy mal sus cartas a lo largo de los últimos años y se hubiera ido enrollando cada vez más en una soga tejida desde Moscú, de tal manera que la sensación de ser chantajeable sea inevitable. Quizás este movimiento se ha ya producido por lo de siempre, una suma de factores entre los que el interés de lo más fácil, el nepotismo y la falta de perspectiva a largo plazo hayan sido los fundamentales, como pasa en todas partes, pero la situación actual es la que es y, ante la escalada que se vive en Ucrania, el miedo a que unas sanciones impuestas contra Rusia si realiza acciones ofensivas sea respondida con un gas que no llega y un frío intenso en las casas alemanas es algo que aterra al gobierno de Berlín. De ahí que, en los movimientos que vemos estos días, en los que la UE resulta ser un convidado de piedra, Alemania esté entre las naciones que son informadas de primera mano por EEUU (huelga decir que nosotros no) pero serán difícil encontrar posiciones claras desde la cancillería berlinesa al respecto. Su papel parece ser el de no hacer nada, el de esconderse, el de no molestar. El miedo al frío les puede.

Eso es una falla en la actuación conjunta de las naciones de la UE, y lo sabe todo el mundo, Putin también, y probablemente juegue con ello a la hora de tensar la cuerda, adivinando que no es sostenible una posición muy dura desde una capital que depende tanto del suministro de energía. La ocasión está siendo aprovechada por Francia, con las elecciones presidenciales en mayo, para sacar la cabeza y ofrecer perfil de potencia estratégica, con iniciativas de diálogo. Probablemente este ejercicio francés sea, como un vestido vaporoso, tan llamativo como inútil, pero nada emociona más a los galos que hacerse los imprescindibles, aunque hace mucho que hayan dejado de serlo. Como verán, en el tema ucraniano las posiciones son muy complejas.

martes, enero 25, 2022

Ni filomenas ni tonterías

Ayer fue 24 de enero, día bastante cubierto en Madrid, capa de nubes altas que ocultaron el perpetuo Sol de este mes. Frío intenso, pero menos que el riguroso de los pasados días. No cayó una sola gota en la ciudad ni en los alrededores. De hecho, apenas hubo precipitaciones en toda España salvo unas gotas en Huelva y en pocas regiones del Levante, especialmente en Alicante y Murcia. En todo caso apenas mojaron el suelo sin tener relevancia alguna ni, desde luego, servir para paliar la acuciante sequía que arrastran varias regiones desde hace tiempo. Este enero que llevamos, en el que sólo ha llovido con consistencia a primeros, es una pesadilla para el campo y los embalses, y nada parece indicar que, a medio plazo, la cosa cambie.

Sin embargo, desde hace meses, no me pregunten ustedes porqué, varios medios de comunicación, no precisamente emisoras locales, llevaban anunciando la llega de una nueva Filomena para Madrid precisamente para ayer, lunes 24. Se basaban en la predicción que ha hecho un crío de 15 años, al que no voy a mencionar ni referenciar porque no me da la gana, que leyendo uno de esos falsos sistemas de predicción que tienen arraigo en algunas zonas, en este caso las cabañuelas, veía otro temporal de las dimensiones del absolutamente extraordinario que colapsó el año pasado la capital y otras muchas zonas de España. Cuando las noticias empezaron a hacerse eco de esta tontería lo primero que pensé es que había vuelto la tradición de los inocentes, pero al ver que no era 28 de diciembre la cosa me alarmó. Un “pronóstico” elaborado sin ninguna base científica, sin ningún criterio ni rigor, emanado por un chaval, era objeto de atención de radios, prensa y televisión día sí y día también. La cosa pasó de sorprenderme a cabrearme, y cada vez más, porque era evidente, con un porcentaje e precisión elevadísimo, que esa “predicción” no se iba cumplir, pero que los medios ya se habían montado el negocio de la gran exclusiva a cuenta del nuevo temporal que lo iba a colapsar todo. Entrevistas, reportajes, consejos para avituallarse ante la segura nevada, análisis de “expertos” sobre lo que se nos venía encima… incuso pude ver una noticia en la que el ayuntamiento de Madrid reforzaba sus efectivos por si llegaba otra Filomena. Era todo tan patético como infame, pero ahí seguía la noticia, y el bombo, haciendo de esa mentira algo muy rentable. Miles y miles de clicks se habrán dado pulsando a enlaces en los que los medios “informaban” sobre ese peligro inminente y cierto que se nos avecinaba. El chaval que lo pregonaba era la excusa para montar un espectáculo lamentable en el que el rigor y la información era lo que más se echaba en falta. Lo cierto es que era tan probable que llegase ese temporal como que se dijera alguna verdad en todos aquellos artículos y entrevistas. Ante el revuelo creciente, organismos oficiales como AEMET y meteorólogos de verdad empezaron a sacar comunicados diciendo que es imposible prever a meses o semanas vista un acontecimiento semejante, por lo que las informaciones que se estaban dando eran falsas. Filomena fue un acontecimiento excepcional, al que se le calcula un periodo de retorno de un siglo, y eso viene a decir que la probabilidad de que se repita este año es, más o menos, de un uno por cien. ¿Es imposible que pase? No, no, pero usted, ante ese porcentaje, qué cree que es lo más probable. Evidentemente, en tiempos de espectáculo, mentiras, caza de la audiencia a cualquier precio y ausencia general de rigor y profesionalidad, esos mensajes de la comunidad científica no tuvieron el eco que del que sí dispuso el chaval y su “previsión”. Es imposible luchar contra la demagogia cuando es rentable. En fin, llegó el 24, ayer, y como decía la lógica, no pasó nada de nada de nada.

Martes 25 de enero, siguen las nubes altas y medias en Madrid, probabilidad muy escasa, no nula, de que llueva en la ciudad. Falta hace. Durante el día de ayer no vi en ningún medio mensaje alguno sobre el fracaso estrepitoso de su campaña filoménica II, ningún mensaje en sus radios, televisiones y prensa de que se habían equivocado, habían hecho caso a un bulo que es tan fiable como echar una moneda al aire y que habían engañado a los que habían leído so seguido sus informaciones. Cero disculpas, nada de nada. Tanta como nieve recogida. Y hoy la cosa será igual, nada de nieve y ninguna petición de perdón. Eso sí, las arcas repletas con toda esta mentira, que ha rentado durante meses. Donde sí nevó ayer, y mucho, y no es habitual, fue en Atenas.

lunes, enero 24, 2022

Inconsolable

La chica llora, inconsolable, sin que nada pueda parar su congoja. Lleva mucho abrigo y un gorro en la cabeza, pero el frío es lo de menos en un rostro enrojecido, en el que las lágrimas a buen seguro son mucho más gélidas que el aire que nos golpea. Está subida encima de un barco de remo, de esos estrechos, finos, de carreras. De un solo ocupante, dos remos, uno a cada lado, y banco móvil, al parecer participa junto a otras compañeras en un entrenamiento, o carrera, que va y viene en el estanque. Son otras las que siguen ese camino de ida y vuelta, ella no. Quieta, a menos de un cuarto de llegar a uno de los extremos del recorrido, está parada, con las manos en la cara. Y llora.

Desde la barandilla más cercana a la posición de la remera, una amiga, supongo, le grita para darle ánimo, para que termine el recorrido, para que al menos llegue al extremo contrario y de ahí se baje, pero ella se niega. La amiga mezcla gritos con apoyo y comprensión, pero rebotan en el agua. La remera está bloqueada, es la última y no ve más allá de su derrota, que no se si es real en una carrera o en algo menor. Coge los remos y los eleva para dejarlos caer, y al impactar con el agua salpican gotas que hacen juego con las lágrimas que no dejan de recorrer su cara. Es la viva imagen de lo que se entiende por fracaso, así lo ve ella, y no lo soporta. Imbuida en miles de mensajes donde la motivación lo es todo y el poder está en las manos de uno, sospecho que empezó a remar con todas sus ganas pero, cuando las fuerzas se acabaron, la basura de autoayuda que inunda su vida le ha llevado a culparse de no ser capaz de seguir, y eso la hunde aún más. La amiga, en la orilla, sigue gritando, pero cambia de discurso. El ánimo ya no sirve para nada, su compañera es un despojo que ahora mismo es odio hacia el remo y a ella misma, y no hay lugar para fortalezas. La amiga empieza a decirle que le quiere, que sea ella la que renuncie, que llegue hasta el final para mandar a la mierda el barco y todo lo que sea, pero que llegue al fondo. La remera no cambia el gesto, pero sí coge los remos y da un impulso, dos, el barco empieza a moverse en el sentido de la meta deseada, pero no hay nuevas paladas. Otra vez los impulsores yacen bajo el agua y la cara se cubre con manos y sollozos, no puede, grita, no puedo, no valgo, no se, en una secuencia de lamentos que sólo el agua escucha de primera mano. Hace una mañana de río intenso, de Sol débil y algunas nubes deshilachadas, pero a la remera eso le da igual, está en la noche oscura del alma, que dijo el clásico, y no hay esperanza. Su amiga se está poniendo nerviosa y ahora sus gritos son acompañados por los de otras compañeras que ya han dejado de remar en sus, supongamos, entrenamientos, y acuden a donde la compañera para darle consuelo, pero ella no lo quiere. “No valgo” se escucha varias veces desde su boca, sin gritos, sin aspavientos, entre lloros, pero quedamente. No puede levantarse del barco y salir, lo haría de ser posible, pero está encerrada entre su mínima estructura y el agua fría. Entre los gritos, coge los remos y vuelve a dar un par de impulsos que acercan más el barco hasta el extremo, y se vuelve a parar… así realiza algunos movimientos y la inercia empieza a beneficiarle acercándole a la meta, y alejándola de mi posición. La amiga empieza a andar con ganas siguiendo la estela del barco, desde la orilla, y sigue gritándole lo mucho que vale, que la quiere, que no es la peor, que no es sino un día de remo, que no importa nada, que da igual, y ambas, poco a poco, se alejan, camino al embarcadero en el que otras naves ya están paradas y la mayor parte de remeras esperan a que llegue su amiga. Ya no hay ninguna entrenando en el estanque, sólo hay una embarcación que regresa, que termina su recorrido.

Contemplando la escena, que me pilla de improviso, lo he contemplado todo, y no he dicho nada. Se me ocurrían muchas cosas para gritar, animar, tratar de aumentar las ganas de esa chica, que me daba una pena enorme, pero no he abierto la boca en los pocos minutos en los que todo ha sucedido. Durante un par de ellos la amiga que anima ha estado a apenas dos o tres metros de mi, y la remera a tres veces esa distancia, imposible no sentirse en medio de algo que no esperaba, ni buscaba, ni quería, y que sólo me generaba angustia. Como un figurante, he visto toda la escena, sin conocer a ninguna de sus protagonistas, con aspecto adolescente, y me pregunto por qué no he dicho nada. ¿Podía haber ayudado en algo? No se si esa remera volverá a serlo nunca más.

viernes, enero 21, 2022

Guerra fría que arde en Europa

Darse una vuelta por las portadas de los medios de comunicación de hoy es hacer un viaje en el tiempo, una especie de “Regreso al futuro” en el que, sin Delorean, volvemos a los años ochenta, en lo álgido de la guerra fría entre EEUU y la URSS, una época que muchos ven con añoranza, pero en la que la fortuna impidió que se diera el final de todas las épocas. La tensión que ha ido creciendo a lo largo de las semanas pasadas ha explotado en forma de titulares y tratamiento de portada global, síntoma de que se le empieza a dar la importancia debida a un tema que es mucho más grave de lo que demasiados imaginaban. La sensación de preocupación es global, compartida, y hay motivos para ello.

Hoy se reúnen en Ginebra Anthony Blinken, Secretario de Estado de EEUU y Sergey Lavrov, Ministro de Exteriores ruso, en el encuentro a alto nivel más importante que puede darse sin que los mandatarios de ambos países se vean. Esta reunión ha estado precedida de muchas otras en las que el nivel de los participantes ha ido creciendo sin que se hayan producido acuerdos relevantes o que hayan trascendido. Rusia mantiene sus exigencias de mantener una esfera de influencia en las naciones vecinas e impedir que la OTAN se extienda sobre ellas, de tal manera que posean una soberanía limitada. EEUU, es decir, la OTAN, mantiene su postura de no amenaza a la soberanía rusa pero no acepta que terceras naciones sean subsidiarias, de tal manera que sus decisiones puedan ser libres, tanto si quieren asociarse con un tercero como si no. Las exigencias rusas se apoyan en la cada vez mayor concentración de tropas en la frontera con Ucrania y ese contingente militar es su principal baza de negociación. La postura norteamericana parece clara, pero las declaraciones de Biden de hace un par de días afirmado que ve segura una intervención militar por parte del Kremlin y que en la OTAN hay divisiones han sembrado el desconcierto, haciendo que el fantasma de la retirada de Afganistán, es decir, el no compromiso hasta el final de EEUU con sus aliados, esté encima de la mesa. Europa, convidada de piedra en un juego de fuerza militar, de la que carece, mira asustada el escenario y plantea sanciones económicas a Rusia si realiza acciones hostiles, pero con el temor de que, dependiente como es de la energía que suministran los gaseoductos rusos, sea ella la primera gran perjudicada de un boicot decretado por Putin. Las posturas oficiales de la UE son firmes pero, de puertas adentro, domina el miedo y una sensación de intereses nacionales contrapuestos, con extremos entre las naciones que fueron dominadas por la dictadura soviética y saben lo que es eso y los países que dependen del suministro de energía ruso y los que ven esto desde una cierta distancia. Por su parte, Rusia mantiene un discurso firme y duro, en apariencia inmóvil, con unas exigencias claras y un deseo de imponer unas reglas sacadas de siglos pasados, en los que la demanda de “seguridad” aparece por encima de todo pero donde no está nada claro hasta dónde llega ese espacio confortable que Moscú determina como necesario. ¿Basta con una zona de Ucrania? ¿Es necesario todo el país? A medida que las extensiones de influencia rusa se acercan a occidente, ¿es necesario ampliar ese colchón? ¿hoy Ucrania y mañana los países bálticos? La opacidad de las intenciones y estrategias de la dictadura de Putin es total, y eso hace que sea muy difícil asignar probabilidades a escenarios que van desde una intervención militar dura, con invasión de tanques del territorio ucraniano hasta una reactivación del conflicto del Donbás, la región separatista que es frontera entre ambas naciones, pudiendo entre ambos extremos darse situaciones mixtas de intervención en las zonas ribereñas del mar negro. La opinión general es que lo menos probable es la invasión a gran escala, pero en este caso la realidad es una montaña de incertidumbres que no ayuda a clarificar nada lo que pueda pasar, y el que todo dependa de los cálculos que Putin y los suyos hagan resulta, como mínimo, inquietante. Por así decirlo, juega con blancas y es el que mueve la jugada, mientras que el resto responderíamos a sus acciones. Y sí, ya ven que hay dudas sobre cómo responder.

La experiencia de crisis similares en el pasado en el marco de la guerra fría nos dejó la lección de que es difícil que se descontrolen, pero eso nos sirve de poco en el momento concreto en el que estamos. A medida que sube la apuesta y el lenguaje bélico Putin se ve más forzado a hacer algo que le cubra ante los suyos, porque llenar el campo de bravatas para no hacer nada sería frustrante para los ardorosos deseos del nacionalismo ruso. Aunque esa nación es mucho más débil de lo que parece, y su decadencia no cesa, su capacidad de acción y, sobre todo, el ver el recurso a disparar como otro más entre los que dispone, sin recelo alguno, la convierte en peligrosísima. Vienen días complicados en el este de Europa, que habrá que seguir con mucha atención.

jueves, enero 20, 2022

Boris en su laberinto

Sí, también me ha llegado ese meme al móvil que viene a decir que el sábado por la noche, cuando tú estás aburrido en casa con cara de sueño, Boris Johnson se lo está pasando en grande en otra fiesta multitudinaria. Y es cierto, y casi da igual el día en el que mandes y recibas el meme y al que se reciba, porque la capacidad de juerga de Johnson y los suyos deja convertidos a los fiesteros hispánicos en unos monjes cistercienses de maitines. No pensaré en ello este próximo sábado, intentando irme a la cama después de las 24:00, por eso que dice OOM, amigo mío, que sino resulta ser un sábado desperdiciado. Johnson no tiene esos problemas.

Son multitud los memes que circulan sobre Boris, lo que no hace sino acentuar lo ridícula que es su posición y que, como le pasaba al ministro Garzón, el carente de amor propio, debiera irse a casa por el mero hecho de la vergüenza que supone su comportamiento a ojos propios y los de la sociedad en la que se encuentra. Johnson, como el resto de gobernantes, decretó confinamientos y restricciones de derechos y libertades en aras de salvar vidas en los momentos más duros de la pandemia, lo cual era difícil de aceptar, pero inevitable y comprensible tal y como lo reflejaban las cifras de fallecidos, pero es su caso el del policía que delinque, el del célibe ordenado con votos que practica sexo, el del periodista que reclama libertad de prensa pero trabaja sin cesar para cercenarla al servicio del gobierno de sus amores…. En definitiva, el del hipócrita que decreta obligaciones para todos pero es el primero en saltárselas, y a Johnson le han pillado. Habrá habido otros, seguro, que también hayan incurrido en comportamientos semejantes, no tengo dudas, pero en el caso de Boris hay todas las pruebas y evidencias que uno quiera, y reiteradas en el tiempo. Surge la duda de si esta información ha sido filtrada por anteriores miembros del gabinete recelosos de su antiguo jefe, y ahí todas las miradas se dirigen a Domining Cummins, el anterior jefe de gabinete del primer ministro, el poder en la sombra que trabajó con él durante toda la campaña del maldito Brexit y llegó al poder cuando Boris lo conquistó. Un “spin doctor” tan brillante como oscuro, admirado sin duda por Iván Redondo, la versión cutrosa y carente de casi todo que aquí ocupó ese puesto junto a Sánchez. Cummings ya fue pillado saltándose el confinamiento británico en las navidades de 2020 y eso acabó costándole su puesto, cortocircuitado por Johnson, que como todo buen gobernante tiene un gran aprecio a sus colaboradores de mientras le sean útiles para mantenerse él en el poder. ¿Ha contribuido Cummings a saciar sus deseos de venganza dando información detallada sobre esas fiestas una vez que se confirmó su existencia? No es descartable, ni mucho menos, y le introduce una vertiente de vengativo morbo que no deja de ser muy atractiva, ideal parta los guionistas que relaten esto en futuros docudramas televisivos, pero es un tema secundario respecto a la historia principal, la del gobernante que se ríe de sus gobernados y es pillado en falso. Como les decía antes que creo que otros habrán hecho lo mismo, es casi seguro que en el pasado este tipo de comportamientos “hacia adentro” se daban mucho más, pero la principal diferencia entre el pasado y la actualidad no es que ahora seamos más morales o exigentes, sino que ahora todos llevamos dispositivos que graban y guardan pruebas de todo lo que sucede a nuestro alrededor, y lo que antes podía ser una sospecha o intuición ahora son imágenes, vídeos y testimonios irrefutables. Ante ellos la tentación del gobernante de negarlos se mantiene impertérrita, lo que le lleva a momentos tan ridículos como imposibles de entender vistos desde fuera de la esfera del corrosivo poder. En España hemos visto situaciones de este tipo que son absurdas, piense usted en la gestión del Rajoy y el PP de los SMS de Bárcenas, o en las últimas declaraciones de miembros del actual desgobierno diciendo que “realmente no ha habido polémica con las declaraciones de Alberto Garzón.” Es ridículo, sí, pero se reitera.

Johnson se ha visto obligado a pedir perdón, en público, en una intervención ante la prensa que recordaba ligeramente a la que hizo Don Juan Carlos pidiendo perdón, en otro caso en el que el reinante, que no gobernante, fue pillado en un ridículo intenso, con el atenuante en ese caso de que el emérito no violaba normas impuestas por el mismo a otros. Johnosn hará todo lo posible para sobrevivir en el cargo, aunque su partido es probable que trate de cesarlo en el cargo para evitar daños al colectivo, pero pase lo que pase ha demostrado que la residencia oficial que ocupa le queda inmensa a un personaje bufonesco que no es digno del puesto y que, a cada paso, ahonda el bochorno.

miércoles, enero 19, 2022

Cae la bolsa en EEUU

Ayer fue otro día de intentas caídas en la bolsa de EEUU, con un descenso del entorno del 1,7% para el Dow Jones y más del 2% para el tecnológico Nasdaq. Desde que comenzó el año el mercado norteamericano se está comportando peor que el europeo, ya que aquí los índices no caen con esa fuerza, incluso presentan todavía ligeras ganancias anuales. En paralelo, el precio de los bonos norteamericanos, los “treasury” a diez años también cae y su rentabilidad escala con ganas, situándose cada vez más cerca del 20%, valores que eran soñados hace un par de años, en el mundo de las extendidas (y absurdas) rentabilidades negativas. Están los mercados revueltos.

¿Por qué? La explicación rápida es que el ciclo económico allí está más avanzado y que el anuncio de la FED de políticas monetarias más estrictas empieza a calar Recordemos que en sus últimos discursos Powell, el Lagarde de allí, ha indicado tres subidas de tipos para este 2022 y el fin del programa de compra de títulos asociado a la pandemia, todo ello para atajar una inflación que empieza a ser vista como no tan transitoria. Los efectos de ómicron, como freno a la expansión económica y como agudizador de los problemas logísticos globales suponen un nuevo dolor de cabeza para los expertos, que ven como las previsiones y escenarios de hace pocos meses se van a la basura a medida que China cierra ciudades y puertos cuando encuentra “dos o tres casos”. Poco, más bien nada, puede hacer la FED en ese mundo real, pero en su ámbito de actuación ha decidido que se ha acabado la fiesta y va a tratar de enfriar la economía para que, desde ese lado, los precios se moderen. Y eso se traduce en movimientos bursátiles de retirada, acrecentados además porque en EEUU los índices vienen de máximos históricos, y claro, hacer caja cuando el Nasdaq ha batido récords durante años y años es muy tentador. En nuestras bolsas europeas las cosas no son iguales, y menos aún en un Ibex que es el más rezagado a la hora de alcanzar niveles prepandémicos, con los que apenas ya sueña nadie. En EEUU las compras bursátiles a crédito son comunes y los movimientos bruscos para liquidar posiciones y no entramparse son comprensibles cuando el mercado vira. ¿Es de esperar que las caídas sigan? A priori si, aunque luego vaya usted a saber. Una de las causas por las que es probable que estos movimientos bajistas no sean pasajeros es que muchos, yo también, opinan que bolsas y mercados ya estaban sobrealimentados por las inyecciones de liquidez que los bancos centrales hicieron para capear la gran recesión, y que ese efecto de dopaje se ha acrecentado tras los programas de estímulo pandémico, que en parte han sido absorbidos por las cotizaciones. Retirar dinero de la circulación por la política más restrictiva de las autoridades monetarias es como quitar gasolina a un motor muy revolucionado, que bajara de ritmo de giro sí o también. La gran duda que atenaza a todo el mundo es cómo se va a producir ese proceso de aterrizaje del mercado, y quién se va a ver más afectado por el menor estímulo. Hay compañías y compañías, negocios viables y otros que han crecido con enormes dosis de ilusión y deuda, y que en caso de la subida de tipos de interés que vemos pueden verse comprometidos en sus cuentas, en las que hasta ahora la entrada de flujos financieros era segura. Si la situación persiste podemos ver empresas y sectores muy afectados, y en función de eso y de lo que ocurra podremos decir si lo que vivimos hasta finales del año pasado fue un proceso de burbuja o no, y sólo hemos pasado por una corrección necesaria y sana, una poda que elimina excesos. El tiempo y la dimensión de las bajadas lo dirá, resulta imprudente predecir lo que puede pasar y, además, si me arriesgo, es casi seguro que me equivoque por completo.

A todo este cóctel económico financiero hay que sumarle el factor geopolítico. La tensión creciente generada por Rusia en Ucrania es un factor con poder desestabilizante de primera magnitud, y que resulta en sí mismo completamente imposible de prever. ¿Va Putin de farol o realmente invadirá, o atacará híbridamente, o amagará con algo? Sólo lo sabe él, pero en todo caso eso introduce tensiones enormes en mercados como el energético, con el petróleo ya en el entorno de los 86 dólares, que generan inflación y frenos a la recuperación económica, y que ponen nerviosos a inversores y a cualquier hijo de vecino, y eso también cotiza. Como ven, el patio está revuelto, mucho.

martes, enero 18, 2022

Biden naufraga

Para rematar la desastrosa semana que ha vivido la presidencia de Biden, este sábado Trump dio su primer mitin de campaña en Arizona, la primera aparición en este formato ante sus seguidores desde su derrota electoral de hace poco más de un año. Pocas sorpresas. Trump insistió una y mil veces en su mentirosa teoría del fraude electoral, en que le robaron las elecciones de 2020 y rebajó lo sucedido en el asalto al Capitolio a la expresión de la frustración de algunos, no queriendo ver el golpe de estado que alentó. El discurso fue una soflama de bulos y malos modos en medio del constante vitoreo por parte de una masa enfervorizada.

Biden terminaba así la que puede que haya sido su segunda peor semana desde que llegó a la presidencia, dado que el desastre que se vivió durante la retirada, huida, de Afganistán resulta, por ahora, insuperable. La causa principal de su fracaso ha sido la imposibilidad de aprobar una de las normas que más interés tiene la Casa Blanca de sacar adelante, relacionada con la legislación electoral norteamericana. A lo largo de las últimas elecciones se ha visto como, especialmente desde los estados controlados por los demócratas, se han introducido cada vez más normas con vistas a dificultar el acceso al voto; restricciones al sufragio adelantado, que allí está muy extendido, reducción del servicio de los colegios electorales, modificaciones profundas en el diseño de los distritos que determinan cuáles son los electores que escogen a un cargo, etc. La idea de todos esos cambios es que ciertos colectivos se verán más afectados por ellos y pueden ser proclives a disminuir su asistencia a las elecciones, y es sabido que esos colectivos tienden a votar demócrata. Los gobernadores republicanos no están haciendo nada ilegal, o que al menos no lo permita la legislación, pero sí la están estirando hasta el límite con claras intenciones de beneficiarse de ella, cosa que es lo que caracteriza a todo político instalado en el poder, sea cual sea su signo político. En todo caso, los últimos comicios norteamericanos han demostrado, desde el lío con las papeletas mariposa en las presidenciales de Bush de 2000, que el sistema se ha vuelto muy arcaico y tosco, dividido como está con regulaciones dependientes de los estados, y algo habría que ajustar o, como mínimo, modernizar. Con la idea de recortar estas prácticas republicanas, Biden ha elaborado una norma que pretende aprobar y que, a nivel federal, impediría este filibusterismo electoral. Se ha denominado con alusiones a los derechos civiles, cosa muy pomposa e ideal para venderla como mercancía electoral, y su validación sería un éxito para la administración republicana. Pero su derrota sería un fracaso aún más clamoroso, y ahora mismo ese es el escenario. En el Senado los escaños están divididos exactamente 50 50 entre ambos partidos, y las votaciones salen adelante con el voto de calidad del presidente de la cámara, la desaparecida Vicepresidenta Harris, pero la deserción de un senador demócrata supone la pérdida de todo el poder, y ahora mismo no es uno, sino dos los que se niegan a que la norma impulsada por la Casa Blanca sea aprobada por el Senado con un margen tan ajustado. Alegan que la tradición impone que sea 60 40 la mayoría que permita una reforma en un tema tan serio como la legislación electoral y, de paso, le de legitimidad, y es obvio que no va a haber senadores republicanos que se animen a apoyar este cambio, por lo que muy probablemente la norma impulsada por Biden no salga adelante y el esfuerzo que ha supuesto su creación se convierta en nada. O peor aún, en frustración entre los suyos, muy divididos..

Sumen a todo eso una inflación que no cesa, un desabastecimiento puntual en algunos centros comerciales, fruto de los temporales invernales y del problema de suministro logístico, que se mantiene, y el panorama es, como mínimo, alarmante para las expectativas demócratas. Los sondeos de opinión sitúan la aprobación de Biden en el entorno del 30%, un mínimo, a la altura de los peores momentos de Trump, y las expectativas de cara a las elecciones de medio término de noviembre son nefastas para el partido del burro. O los precios se moderan mucho o las cosas cambian o a Biden se le está empezando a poner cara de pato cojo bastante antes de haber “fracturado” una pata en los próximos comicios. Su presidencia navega sin rumbo

lunes, enero 17, 2022

Efecto mariposa en Tonga

El archipiélago de Tonga está en el Pacífico sur, muy lejos de todo, dentro de la inmensa masa de agua que cubre una gran parte de nuestro planeta. Dista unos 1.800 kilómetros de Nueva Zelanda y más de 3.000 de las costas australianas. Viven algo más de cien mil personas en las islas que lo conforman, y no conozco a nadie que sea famoso de esa procedencia, o que me conste. Hay bastante gente nacida allí, o con familiares en ese lugar, en los países de Oceanía antes mencionados y la distancia física hace que cualquier viaje desde costas continentales a ese lugar sea una expedición que lleve su tiempo. Por lo que veo en GoogelEarth hay un aeropuerto internacional, denominado Fua’amouto en la isla principal.

Todo esto viene a cuento de que no estoy seguro de en qué estado estará el aeropuerto, y el resto de las infraestructuras y habitantes de las islas tras la devastadora explosión volcánica que tuvo lugar la pasada noche del viernes al sábado, hora española, que ha volatilizado gran parte de una de las islas pequeñas de la zona, pero que por sus dimensiones ha podido ser destructiva para el conjunto del archipiélago en una dimensión que se antoja difícil de prever. El volcán Hunga Tonga reventó desde el interior de su formación, parte de ella submarina, y produjo una explosión de dimensiones nucleares con un hongo de cientos de kilómetros de diámetro y una columna de gases y cenizas que, se estima, alcanzaron los 20 kilómetros de altura en la atmósfera, atravesando por mucho el límite de la troposfera, allí donde se dan los fenómenos meteorológicos. El sonido de esa explosión se pudo oír a miles de kilómetros, desde luego en los países oceánicos, pero hay noticas de que en zonas como Alaska se pudo apreciar un rumor sordo coincidente con el resto sonoro de esa explosión. Ese fenómeno generó un tsunami que se ha sentido en toda la cuenca del Pacífico, la mayor del mundo, con oleaje no muy intenso, pero sí percibido por todos los países ribereños, que vieron como sus playas y puertos eran desalojados por un aviso que anunciaba el fenómeno. Parece que hay dos fallecidos en Perú víctimas del oleaje, sin que sepa hasta el momento las causas concretas de lo que les ha sucedido, pero el aviso temprano y la magnitud menor de la marejada han permitido que los daños causados sean, en general, muy leves. Es poco frecuente que un volcán genere por sí mismo un tsunami, ya que son los terremotos submarinos los que, con el movimiento que provocan en los fondos, los principales causantes de estos fenómenos, pero ante la dimensión y violencia del suceso no es raro que las aguas se agiten con esta intensidad. La explosión generó una onda de presión que se transmitió por todo el planeta, no sólo el Pacífico, dado que la atmósfera no tiene límites, y en este caso todo es, literalmente, todo. Estaciones meteorológicas de todo el mundo fueron registrando el fenómeno a medida que llegaba hasta sus posiciones, y en España lo hizo a eso de las 21 horas del sábado, por lo que todos fuimos partícipes de los efectos de la erupción, de una manera que sin duda, resulta curiosa y sobrecogedora. De no existir estos sistemas de medición los efectos del fenómeno no habrían sido detectados aquí, o al menos estos, porque resulta que esa variación en la presión detectada por los instrumentos provocó un efecto muy curioso en el Mediterráneo, en forma de pequeñas risagas, que es como se conoce a las bruscas alzas y bajadas de la marea que se producen a veces en zonas concretas de esas costas. En Ciutadella, Menorca, lugar en el que este fenómeno genera algunas de sus manifestaciones visibles más espectaculares, se vivió un alza y baja de la marea no prevista de medio metro, que puede parecer poco, pero es una barbaridad, porque se produce por un cambio de presión atmosférica provocado por una erupción situada a miles y miles de kilómetros, casi en las antípodas. Resulta estremecedor contemplar algo así y, gracias a nuestra tecnología actual, saber la causa que lo provoca.

Esto es un perfecto ejemplo de lo que se llama el efecto mariposa, referido a la influencia exponencial que pueden adquirir los comportamientos livianos en un sistema complejo, retroalimentándose y generando consecuencias enormes en lugares y momentos inesperados. Una erupción en el pacífico el sábado provocó una agitada manera en Menorca casi un día después, lo que no deja de reflejar cómo, aunque no lo percibamos en el día a día, nos afecta todo lo que pasa en el planeta en el que vivimos. Ahora, además de estudiar el fenómeno, hay que saber las consecuencias del mismo en las poblaciones cercanas. Me temo que no serán agradables.

viernes, enero 14, 2022

Ómicron y los centros de salud desbordados

Aunque el gobierno se haya puesto pesado en esa nueva campaña de propaganda, no, no, ómicron no es la gripe. Puede ser la vía para que el coronavirus acabe siendo algo similar, una endemia no estacional con afectación leve y sin generación de colapsos, pero aún queda bastante para que eso se produzca. Si fuera así, sería el final efectivo de la pandemia tal y como la hemos conocido, derrotada por la selección natural que ha favorecido a un virus más transmisible y algo más leve y la resistencia al mismo creada por las vacunas que se han inoculado a la población, pero desde luego queda tiempo para saber si ese es el escenario futuro. Ojalá.

Lo que si tenemos hoy en día es una realidad complicada, con una ola que se está mostrando muy difícil de gestionar, no tanto por su incidencia hospitalaria y de UCIs, donde los datos, pese a ser elevados, son comparables a olas pasadas, y desde luego alejados de lo que vivimos, sin ir más lejos, tras las navidades de 2020, con picos de ocupación en planta y urgencias que duplican a los que ahora tenemos, y con una mortalidad mucho más alta. Pero, si se fijan, cada ola que hemos vivido ha golpeado a una estructura distinta, y esta es, sin duda, la que ha arrasado a la atención primaria, ya maltratada con saña por las olas anteriores, pero que en este caso se está mostrando como la auténtica damnificada de la pesadilla que estamos viviendo. Los centros de salud, repartidos a lo largo de todo el país, abandonados por las administraciones que debieran velar por su estabilidad y vigor, malviven, mejor dicho, agonizan, en medio de una ola de casos, bajas y trámites burocráticos que los tienen ahogados. Da igual a la Comunidad Autónoma a la que uno vaya, importa poco el color político del grupo de necios que se encarga de la gestión de la sanidad en ella, en todos los casos observamos lo mismo. Plantillas desbordadas desde hace mucho, sometidas a una presión intolerable y frustradas por lo que viven en el día a día; falta de recursos materiales; ausencia de reemplazo no ya de las bajas que se están produciendo ahora mismo, no, sino de las plazas que, en muchos casos, no se han cubierto desde hace años, con un grado de interinidad insoportable; sobrecarga de pacientes para cada uno de los titulares disponibles en las consultas; imposibilidad de una mínima atención personalizada; etc etc Se podía estar horas escribiendo sobre el desastre que se vive en esos centros de salud, fundamentales para garantizar un nivel sanitario mínimo en la población y que, de cumplir con su labor, descargarían notablemente a los hospitales y servicios de urgencias de pacientes que no encuentran una atención inmediata a problemas que, muchas veces, no son lo graves que ellos creen. A este desastre se suma en esta ola el caos en el sistema de bajas laborales, porque a esos centros les ha caído también la labor de realizar miles, cientos de miles de partes de bajas, trabajo administrativo sin fin que se suma a todo el sanitario que ya les desborda. El resultado es el caos absoluto, la imposibilidad de realizar ni las labores médicas ni las burocráticas, colas sin fin de pacientes que esperan a que alguien, agobiado y al borde del colapso, les haga un mínimo de caso, y la frustración de todos los que por allí se encuentran. La necedad de los gestores políticos de las Comunidades Autónomas y el Gobierno Central descubrió hace tiempo que puede ahorrarse dinero y esfuerzo en atención primaria tirando meramente de la voluntariedad de los trabajadores que allí se encuentran, sin importarle lo más mínimo su propia salud o el deterioro del servicio prestado. “Nos sale gratis explotar a estos ingenuos y, si se quejan, que se fastidien” han debido pensar en las sedes, bien regadas de medios, de las consejerías de sanidad. Si uno pasa uno de estos días por uno de esos centros de atención primaria podrá observar, con sus propios ojos, el absoluto fracaso de la gestión que se ha producido en España en la pandemia, que ha revelado problemas que venían de antes, sí, pero que ahora es el reflejo del desastre. Un desastre colectivo.

Se han producido, incluso, escenas de violencia por parte de pacientes que, frustrados por no ser atendidos, han descargado su ira ante los que trabajan en esos centros de salud cuando, al final de un día agotador, han terminado su horario de atención. El colmo del fracaso, pacientes indignados con aquellos que no pueden atenderles, que no dan más de sí, y no con los responsables de infradotar al servicio público que no puede hacer su trabajo de una manera mínimamente presentable. Que se pasen por esos centros algunos de los fabricantes de eslóganes publicitarios de Moncloa y otras sedes gubernamentales y, si tienen algo de vergüenza, que lo dudo, que al menos se limiten a mirar. Desde luego, que no se les ocurra abrir la boca para decir que es ómicron y que no.

jueves, enero 13, 2022

El desastre de Alberto Garzón

Poco he aprendido de mis reiterados fracasos sentimentales, si acaso la intención de no seguir produciéndolos de manera industrial. Como lección práctica, la retirada, y es que cuando uno descubre que lo que pensaba que era terreno fértil se transforma en tierra baldía, y no queda ni el consuelo de las palabras de TS Elliot, lo mejor es dejarlo, no insistir, largarse, no pretender que lo que no puede ser lo sea, minimizar los daños, propios y ajenos, y dejar que el tiempo, que no cura pero sepulta, haga su trabajo antibiótico para sanar heridas que siempre dejarán recuerdo. El amor propio se pierde mucho antes de no haber logrado alcanzar el ajeno.

Alberto Garzón, por ese mínimo amor propio que se debe tener toda persona, debiera haber dimitido de su cargo de ministro hace ya bastante tiempo, una vez que hubiera constatado no ya la inutilidad del cargo que le dieron sino la nula relevancia de todo lo que hace, o más bien, el desprecio que despierta entre propios y ajenos sus intentos de sacar la cabeza pretendiendo hacer creer que la tiene. Todas las actuaciones de su presunto Ministerio, un cargo elefantiásico creado a partir de lo que no es más que una Dirección General, para que la cuota de Podemos en el gobierno tuviese una dimensión relevante (e ingresos públicos y posibilidades de colocación a los muchos que lo necesitaban) han bordeado el ridículo y se han saldado con polémicas de mayor o menor calibre que han erosionado por completo su figura, que no era precisamente una mole pétrea de autoridad intelectual, y le han mostrado, a cada paso, que su cargo es una concesión al pacto de gobierno firmado entre el PSOE y Podemos, nada más que eso, y que haga lo que haga a nadie le importa. Evidentemente, con el sueldo que se levanta al mes y lo que le cuesta obtenerlo no va a tener incentivo alguno en dejar el cargo, porque será comunista Garzón, pero no es tonto, y nada le gusta más aun alto cargo de la “nomenklatura” que el privilegio económico. Creía yo, en mi ingenuidad, que la huelga de juguetes que promovió de cara a la Navidad era el colmo, que no podía caer más bajo en su ridiculez y en el menosprecio absoluto hacia su rango, pero no, se ve que en las vacaciones ha sacado tiempo para ahondar en el desprestigio de sí mismo y, por extensión, del bigobierno del que forma parte. Sus declaraciones a The Guardian sobre las macrogranjas y las acusaciones a la mala calidad de la carne que exporta España han sido el colmo para muchos, y han levantado no sólo a los opositores al gobierno (que lo critican cuando acierta, como para no hacerlo ante errores tan gordos) sino a gran parte del propio PSOE, que no entiende como un incompetente de semejante dimensión sigue al cargo de un Ministerio. Sus palabras, erradas en fondo y forma, y sus acusaciones a la calidad de un sector industrial muy relevante en ciertas regiones del país, no tanto en los entornos elitistas donde se mueve Alberto y los suyos, han provocado una bronca monumental y, de cara a las próximas elecciones regionales, y futuras nacionales, una nueva vía de agua en una partido, el PSOE, que es el que se presenta a todas ellas con las intenciones de poder ganarlas frente al PP, dado que Podemos es una carcasa electoral que, cada vez más, empieza a ser vista como una rémora frente a lo que llegó a ser. Los votantes en Castilla y León, los comicios más cercanos, van a castigar a la marca socialista por las palabras de Garzón, tanto por el hecho de la irrelevancia de Podemos en su región como por la obviedad de que es Sánchez, socialista, el que le mantiene en el cargo, y por ello, aunque lo critique en público, le permite seguir cobrando un sueldazo y moverse en contaminante coche oficial, desde el que la carne, y demás productos de consumo, se ven como regalías, sea cual sea su precio y origen.

Resulta enternecedor cómo, ante lo indefendible, la parte morada del gobierno y algunos de los periodistas que no dejan de defenderlos a ellos y a la coalición han tratado de salir al rescate de las ruinas de Garzón, haciendo ver que los presupuestos de un ministerio vaciado también pueden tener margen para comprar voluntades, columnas y espacios de opinión. Es el mercado de los favores, amigo, que diría Rato, que mucho sabía sobre comprar voluntades. Garzón sigue hoy, jueves 13 de enero, como Ministro, y al 99% lo seguirá siendo hasta el final de la legislatura. Su carencia de honra, la mínima que le permitiría decidir marcharse para ser activista sin sueldo público, es sólo comparable al cinismo de su jefe, Sánchez, que no es capaz de cesarle.

miércoles, enero 12, 2022

Un tenista negacionista

Se atribuye a Mark Twain, pero lo he leído de varias fuentes, el dicho de que lo único que se aprende de la historia es que no se aprende de la historia. Casi dos años después del inicio de la pesadilla pandémica es obvio que no hemos aprendido nada de todo esto, y que la sociedad sigue instalada en los mismos patrones mentales que tenía antes de que el coronavirus lo pusiera todo patas arriba. Por no aprender ni lo hemos hecho a la hora de valorar aquellas profesiones que, para una sociedad, son imprescindibles y las que no lo son tanto. Seguimos maltratando, laboral y económicamente a sectores como el sanitario, los reponedores y otros tantos que nos salvan y cuidan. Y antes de que me lo pregunten no, mi profesión no es de las imprescindibles.

Los deportistas son uno de los grupos de trabajadores que más se creen que están por encima de las reglas y leyes de las que nos hemos dotado. Sus desplantes a la norma fiscal y a muchas otras son constantes, y lo hacen encima jaleados por una gran parte de la masa que los aplaude cuando ejercitan actitudes reprobables. Siguen ejerciendo una labor completamente prescindible, que no aporta nada valioso, que entretiene y divierte a muchos, pero nada más (más de uno opinará que nada menos). De entre estos deportistas instalados en la élite de lo social y, desde luego, lo económico, estos días se está hablando mucho de un tenista apodado, con mucha gracia “NoVac YoCovid” que está metido en un lío en Australia por su público esfuerzo negacionista en lo que hace a las vacunas y, hasta cierto punto, a la propia enfermedad. A YoCovid, como a no pocos, nunca le han importado las consecuencias económicas y sociales de esta pandemia, el sufrimiento y la ruina que ha traído. Todo eso le ha dado igual instalado en su burbuja de altos ingresos, vida fulgurante, aplauso fácil y alabanzas abundantes. Ahora, en Australia, país con unos estrictos protocolos anticoronavirus y con una legislación muy cerrada en lo que hace a la inmigración, que algunos han descubierto ahora, por primera vez NoVac se ha visto metido en un lío de verdad que le puede causar, por fin, un perjuicio cierto en lo único que le importa, su carrera como tenista. A pesar de que el juez ha determinado que la entrada de NoVAc en el país fue regular y no tiene potestad para expulsarle, el gobierno de Australia todavía tiene la oportunidad de denegarle la visa que le permite estar en su territorio a cuenta de la no vacunación de la que el tenista alardea, y que está detrás de toda la polémica. Para tratar de esquivar el caso judicial NoVac ha alegado que se ha contagiado más de una vez de la enfermedad, por lo que tendría defensas fruto del paso del virus por su cuerpo y no necesitaría inyecciones, pero como si se tratase de un mal político, de uno de tantos que todos los días nos mienten en sus discursos, por cada uno de los detalles que el tenista y sus abogados han ido dando de sus presuntas infecciones, esas justificaciones para poder estar en Australia, se han ido descubriendo fallas y mentiras, una tras otra, que hacen poco creíble que esas infecciones se hayan producido y, de haberse dado, el comportamiento de NoVac sería un perfecto ejemplo de irresponsabilidad. Si realmente estuvo infectado los días navideños en los que afirma estarlo los testimonios en los que realizó actos públicos durante esas fechas son muy abundantes, y en ellos aparece muy rodeado de personas, sin mascarillas ni distancia ni nada. Lo más parecido a una cuarentena que ha hecho NoVAc en su presunta enfermedad es la cuarentena de trolas en la que los medios le están pillando a cada paso que da en sus alegaciones. Todo ello aderezado con el patético espectáculo orquestado por su familia y cercanos, que lo han erigido en un héroe de la nación serbia, perseguido por el mundo occidental, y del movimiento antivacunas en general, que lo ve como un mártir de la libertad, en una de las campañas de propaganda más chuscas, cutres y falsas que se hayan contemplado en bastante tiempo.

¿Qué hará el gobierno de Australia? Ya veremos, pero todos sabemos que con una sola de las mentiras a las que le han pillado a NoVac a usted o a mi nos deportarían de la isla con una patada digna de canguro enfadado. Aquí los intereses económicos son enormes, el revuelo mediático organizado de los de aúpa y el conflicto diplomático entre la nación de las antípodas y Serbia una absurda, pero cruda, realidad. En cierto modo da igual lo que decidan las autoridades australianas, el personaje de NoVac ha quedado perfectamente retratado, y su calidad tenística, indiscutible, es una faceta más en una personalidad dominada por el egoísmo, la mentira y el cinismo. Reconozco que tiene futuro para esto de la política, puede llegar muy lejos cuando deje de pegar raquetazos en las pistas.

martes, enero 11, 2022

Ucrania

Los sucesos en Kazajistán, cuya historia aún no ha terminado, han llevado nuestra atención muy al este, pero es un poco más cerca donde se dirime gran parte de la tensión e interés de la actualidad internacional, en un punto de fricción que, más o menos, será permanente en lo que hace a generar noticias en este 2022. Me refiero a Ucrania, esa nación sita en un lugar tan estratégico como delicado, a las puertas de Europa y extensión de las estepas rusas, en la que se mantiene una guerra larvada desde hace ya varios años en la zona fronteriza de ambas naciones y que ve como su futuro empieza a no estar precisamente en sus manos.

Ayer tuvo lugar la primera reunión del año entre representantes diplomáticos rusos y norteamericanos con Ucrania como tema fundamental. La acumulación de tropas que el Kremlin ha dispuesto en la zona fronteriza, con cerca de 100.000 efectivos, hace temer a todo el mundo que Putin tiene serias y ciertas intenciones de penetrar en el territorio ucraniano, o al menos de mostrar la agresividad necesaria para que esa sensación sea absoluta. Estos movimientos militares salieron a la luz a mediados del pasado diciembre y, desde entonces, la perspectiva de una intervención rusa en la zona es un tema de debate constante en todas las cancillerías occidentales, especialmente en las europeas que, por lógica proximidad, ven este problema mucho más presente que lo que se pueda sentir en un Washington física, y también políticamente, alejado. Tras semanas de informaciones sobre el despliegue de tropas, Rusia ha ido lanzando mensajes confusos, algunos amenazas directas de ataque, otros referidos a la necesidad de amista y cooperación, negando siempre la mayor de una posible intervención pero no renunciando a ella si lo considerase necesario. Hace no muchos días hizo público un comunicado en el que ponía negro sobre blanco sus exigencias en la zona, que pasan tanto por la renuncia de la OTAN a todo tipo de maniobras en la zona cercana a la frontera, entendiendo como tal todo el territorio de la nación, como por la no presencia de ningún tipo de armamento ni efectivos de los ejércitos aliados en Ucrania. Del comunicado ruso se sobreentiende que, de facto, no se solicita sólo la no incorporación de Ucrania a la OTAN bajo ninguna circunstancia sino, de hecho, la supeditación de la política exterior y de defensa de esa nación a los intereses rusos. Algo así como “dejamos que Ucrania haga lo que quiera siempre que eso sea lo que nosotros queramos. Moscú vive obsesionado con el riesgo de una posible intervención militar contra su territorio, que carece de defensas naturales a lo largo de la extensa planicie que lo conforma, cosa que ha pasado con relativa frecuencia en los dos siglos pasados, y Putin específicamente no puede ni plantearse que una revolución “de colores” tipo Maidán de 2014 le derribe de su trono zarista, por lo que la creación de un anillo de naciones que salvaguarden el territorio e influencia rusa es un propósito absoluto, primordial, obsesivo, en su política. Su planteamiento, muy de la época de Westfalia, es que el este de Europa es un asunto en el que el poder y las necesidades de Rusia están por encima de los derechos de las naciones que ya existen en la zona, y desde luego muy por encima de los de sus ciudadanos, que no cuentan para nada. La idea rusa es la de rediseñar el mapa para contar con esa zona de seguridad que busca, y eso se puede hacer a las bravas, moviendo las fronteras con intervenciones militares duras, como fue el caso de Crimea o el Donbás, o logrando que las piezas, naciones, que ya existen, acaten dictados y políticas impuestas desde el Kremlin. O por las peores o por las malas, esto es lo que busca Putin.

El hecho de que se establezcan conversaciones entre EEUU y Rusia sobre algo así indica tanto la incapacidad de la propia Ucrania para determinar su futuro (todos la ven como una pieza de intercambio, casi nadie como un estado soberano por el que se debe luchar) como el grado de espectador que posee la UE en un tema que afecta a sus fronteras y estados miembros. Piénsese como se ve todo esto desde las repúblicas bálticas, Polonia u otras naciones que, teniendo o no frontera directa con Rusia, estuvieron bajo su yugo medio siglo XX, y ven ahora como un poder militarista vuelve a resurgir en Moscú, cierto que más débil de lo que fue y amenaza ser, pero que, ya lo ha demostrado en Kazajistán, no se corta a la hora de usar la fuerza. La situación en Ucrania va a seguir siendo peligrosa durante mucho tiempo.

lunes, enero 10, 2022

Cambio de poder en Kazajistán

Lo primero de todo es señalar que la información que llega de Kazajistán es sesgada, escasa y confusa. El corte de internet, la represión, la lejanía física con aquella nación, y la emocional, mucho más, hacen que no contemos con fuentes fiables sobre el terreno, pero con lo que se sabe se pueden sacar algunas conclusiones, y ver que la historia del país, corta, y del largo régimen de poder establecido por su fundador, Nazarbayev, han cambiado de manera radical, dado que las revueltas sociales contra la carestía de la energía han servido de excusa para un autogolpe por parte del actual presidente, Tokayev, instaurando así su propia mano de hierro, no tutelada por su histórico predecesor.

El cese del responsable de los servicios de seguridad, acusado de no haber previsto una crisis como esta, es uno de los síntomas de lo alto que ha llegado la revuelta palaciega en la antigua Astaná, ahora Nursultán, veremos a ver qué nombre tiene en el futuro. Otro síntoma es la desaparición de Nazarbayev, del que no se sabe nada de manera precisa. Algunas fuentes apuntaban a que había huido a un exilio en las monarquías del golfo, junto con algunos familiares y hombres de confianza, pero a ciencia cierta nada se sabe ni de su paradero ni de su estado. Tras décadas de control del poder, designó a Tokayev como su relevo y pasó a ocupar uno de esos puestos simbólicos que los dictadores se crean a sí mismos para no abandonar del todo el poder. Desde ese lugar mantenía una influencia clara en las decisiones del régimen, pero manteniéndose en una discreta sombra. Ahora su papel parece haber sido reducido ya a la nada y, esté donde esté, parece que no va a pintar nada en el futuro del país. Tokayev sale fortalecido de puertas para dentro, porque parece que ha hecho la purga necesaria para poner al frente de los servicios del estado a personas fieles que le van a servir sin dudarlo. La represión impuesta ha demostrado que no le va a temblar el pulso para cargarse a quien haga falta con tal de mantenerse en el poder. El relevo se ha consumado y ahora es otro el gran dictador de esa nación, siendo el gran dictador antiguo una sombra del pasado. Sin embargo, Tokayev ha pagado un alto coste por mantener al frente de la nación, y es la pérdida de soberanía de la misma. La decisión de solicitar la ayuda de la OCTS, asociación de algunas antiguas exrepúblicas soviéticas, en la que Rusia es quien manda y decide, ha hecho que miles de soldados movilizados por el Kremlin patrullen ahora mismo por las calles de diferentes ciudades kazajas, impongan la seguridad a tiros y sean realmente la fuerza disuasoria sobre el terreno que ha apagado las revueltas, que van camino de ser totalmente extinguidas mediante la cruel táctica de abatir a sus participantes. De las tropas rusas se sabe cuándo entran en un país, pero el salir es otro cantar, y es probable que aquí se repita lo mismo. Con una amplia frontera compartida entre ambas naciones, con una población de ascendencia rusa que es la segunda etnia del país tras la propiamente kazaja, la nación de la estepa ha caído completamente en la órbita de Putin gracias a una revuelta social que nunca se imaginó pudiera causar este movimiento. La habitual política kazaja de colaboración con sus socios estratégicos, Rusia y China, pero de manifiesta apertura comercial y diplomática hacia occidente, jugando a múltiples bandas, se ha terminado, y ahora el gobierno de Astaná se deberá completamente a los designios que se marquen desde Moscú, por lo que Putin no ha ganado sólo un aliado, sino más bien un vasallo. En medio de la indiferencia internacional por lo que sucede en un lugar recóndito de Asia central, Rusia ha movido sus piezas y se ha hecho con el control de una nación muy rica en recursos minerales y energéticos, lo que le da más bazas de cara a su papel como chantajista global de gas y petróleo. Pese a su debilidad intrínseca, la facilidad con la que Rusia recurre al armamento para solucionar los problemas le otorga, por ahora, una nueva victoria.

¿Y los kazajos? Eso no le importa a casi nadie en este juego. En un país rico en materias primas, la población lleva tiempo empobreciéndose a la vez que, con obscena ostentación, los gerifaltes del régimen muestran la porción que se llevan de la riqueza del país. El alza de la energía ha sido la gota que ha colmado la paciencia de unas gentes a las que no les sobra nada, y que ahora son tratadas por su propio gobierno como bandidos y “extranjeros” por alentar las revueltas. Es Kazajistán un país enorme y en el que viven varias etnias. Lograr la estabilidad del mismo no será fácil, ni a tiros, aunque esta sea la única vía que va a explorar el gobierno y su aliado ruso. Por lo que parece, para sus ciudadanos, hoy están bastante peor que la semana pasada y, muchos de ellos, quizás nunca sepamos exactamente cuántos, ya no están.

viernes, enero 07, 2022

Revuelta en Kazajistán

Kazajistán es enorme y está muy lejos, y quizás eso sea lo que la mayor parte de la gente que usted conoce opine sobre esa nación. De una extensión gigantesca, como casi toda Europa, sita en medio de la planicie de Asia central, enmarcada entre montañas y con unos paisajes planos y desolados, es una de las varias naciones acabadas en “tán” que perteneció a la URSS y que, tras su disolución, pasó a ser un estado independiente sometido a un régimen dictatorial de hombre fuerte. En el caso kazajo el dictador se ha llamado Nursultán Nazarbayev durante casi tres décadas. Ahora, semiretirado, sigue siendo un poder fáctico del régimen, que comanda el país desde su nueva capital, Astaná, rebautizada hace poco como Nursultán.

Hace ya tres días en Almaty, ciudad sita muy al sur del país, la más poblada y la que ha sido capital hasta que el delirio del dictador decidió erigir una nueva en medio de la nada, estalló una protesta social motivada por el encarecimiento de los precios y, sobre todo, por el disparo del gas natural licuado, principal fuente de combustible para la calefacción y otros usos comunes en el país. Kazajistán es un pozo de recursos minerales y energéticos, siendo Rusia y China sus principales socios comerciales, con los que mantiene una amplia frontera terrestre. El disparo de los precios sacó a miles de personas a la calle en un movimiento que, con la excusa económica, demandaba también reformas en un régimen duro que no permite libertades. Años de depauperados ingresos y represión parecen haber colmado la paciencia de muchos de los kazajos. En la distancia, las informaciones que llegaban de Almaty eran confusas, y se mezclaban escenas de protesta urbana con tomas de asalto a edificios públicos en lo que parecía, con el paso de las horas, más una insurrección que unas meras manifestaciones. A lo largo del martes 5 el gobierno de Astana empezó a tomar medidas, destituyendo a dirigentes y ministros, y reforzando las dotaciones de la policía en Almaty, y en otras regiones del país por si los disturbios se extendían, aunque no hay evidencias de que en la capital nacional se hayan dado incidentes reseñables. La noche del 5 la situación en Almaty parecía estar yéndose de las manos y el gobierno del país perdía el control de las calles. Ayer 6, tras una reunión de una asociación de naciones pertenecientes en su momento a la URSS y de otra de las de origen turcómano que también estuvieron en el imperio soviético, se acordó el envío de tropas a Kazajistán para ayudar a recuperar el control del país. Rusia colgó a lo largo del día varios vídeos en los que se ve a efectivos, material y grandes aviones de carga a punto de despegar rumbo a su gran vecino del sur, y ya por la tarde hora española se empezaban a difundir imágenes de las tropas rusas sobre el terreno, realizando lo que mejor saben las huestes de Putin, disparar y matar. El comunicado del Kremlin, una copia literal de pasajes de 1984 de Orwell, habla de las acciones de terrorismo instigadas por el exterior que han socavado la estabilidad de Kazajistán y la obligación rusa de acudir, en misión de paz, para restaurar el orden y la seguridad en la zona. En definitiva, toda una operación militar en la que tropas rusas están, esta vez sin disimulo de uniformes ni de nada, en el suelo de otro país disparando a su población para estabilizar el régimen amigo del Kremlin. Es muy difícil saber lo que pasa en Almaty, epicentro de la revuelta, pero conociendo el carácter del ejército ruso, las órdenes que suele dar Putin y el nulo valor que se le da a la sociedad civil por aquellos lares, la sensación es de desastre en marcha. Hay algunos vídeos en los que las ráfagas de disparos por parte de las tropas del régimen y sus refuerzos son constantes, y es de esperar que no se estén dirigiendo contra bandadas de pájaros. Los balances que han trascendido hablan de decenas de muertos, pero es casi seguro que se quedarán muy cortos. La orden de aplastar la revuelta a sangre y fuego ya se ha dado y se están ejecutando.

Justo cuando Europa y Rusia empezaban a disputar un nuevo pulso en la frontera ucraniana, con el órdago militar que Putin estaba organizando desde el lado ruso, surge un nuevo frente para el Kremlim que le puede distraer de sus ambiciones en el este de Europa y, así, otorgar tiempo a Kiev y occidente en esa crisis. Pero a la vez, la determinación y el más que probable sadismo con el que las tropas rusas actúan en Kazajistán es una prueba, otra más, de que Putin ve la guerra como un mero recurso adicional a su poder, como otro más de entre los que dispone, y que si cree que disparando logrará algo, no dudarán en hacerlo. El nivel de violencia y de “realpolitik” que muestra el Kremlin no parece tener límites, y eso hace más creíbles futuras amenazas, sobre Ucranai o sobre cualquier otro aspecto.

miércoles, enero 05, 2022

Elisabeth Holmes, condenada

Con la sentencia condenatoria de ayer, a numerosos años de cárcel, termina, de momento, uno de los casos más interesantes que ha habido en la historia de las estafas económicas en los tiempos modernos, en los que se han juntado casi todos los ingredientes que uno puede imaginar fruto de la mente de los guionistas televisivos. Si me apuran, poco ha salido el tema sexual, pero no dudo que, cuando esta historia sea llevada a la pantalla, se introducirán algunas escenas subidas de tono, como aderezo a un pastel cargado de ambiciones, mentiras, millones y promesas incumplidas, y todo en la meca de la tecnología de Silicon Valley.

Elisabeth Holmes, la protagonista, es una mujer rubia, bella, de mirada penetrante asentada en dos ojos que quitan la respiración. Hija de pudiente familia, empieza sus estudios de química en una de las universidades de la Ivy League norteamericana, esas que salen en todas las películas con campus preciosos y los mejores contactos del mundo para enriquecerse y poder pagar sus matrículas, pero al poco de empezar la carrera la hija de los Holmes cree que puede hacer mucho más. Imbuida por el sueño del emprendimiento se desplaza a California y monta una empresa tecnológica, una startup, que allí florecen como setas tras las lluvias otoñales, pero no dedicada a la información o los datos, sino al aún incipiente sector de la tecnología sanitaria. Con los estudios científicos que posee, escasos, desarrolla una máquina que, mediante una simple extracción de una gota de sangre, es capaz de realizar un diagnóstico de un montón de enfermedades, el sueño de la biopsia líquida tan anhelado por muchos, permitiendo así detecciones tempranas de cánceres y otros males. La máquina es un sistema de autodiagnóstico siempre disponible para el que la compre, en esto sí que se mostró adelantada a su tiempo, y promete una revolución en la medicina preventiva. Llama a su empresa Theranos, y con su máquina milagrosa, empieza a desarrollar rondas de financiación, entrevistas y exposiciones a inversores de todo tipo ávidos de depositar sus ahorros o los de los que gestionan en proyectos que puedan ser rentables en el futuro. Las posibilidades del invento de Holmes llaman mucho la atención, y empieza a llegar dinero a la empresa, mucho dinero. Ella se va transformando, adopta una pose al estilo Steve Jobs, enfundada en jerséis negros de cuello alto de los que sobresale su bello rostro y rubia cabellera, y despunta como emprendedora y gurú. El valor se calienta, las cifras alcanzan los cientos, miles de millones de dólares, y Holmes acapara portadas de revistas, reuniones con mandatarios y famosos, y se convierte en una estrella. Ha nacido una nueva joya fruto de la infinita cantera de valor del valle prodigioso, la historia es un éxito de esos que se estudian en las escuelas de negocios y la marca Holmes comienza a ser conocida en todo el mundo, asociada en todo momento a su hierático y cautivador rostro. Cuando las cifras de inversión se acercan a los nuevo mil millones de dólares, sí, sí, nueve mil millones, empiezan a surgir filtraciones del entorno de la empresa diciendo que pasan cosas raras, que las máquinas no funcionan, que eso que se vende no es real, y algunos periodistas de investigación, de los de verdad, comienzan a trabajar en torno a algo que les parece tan raro como imposible de ser anómalo. Pero en su trabajo de escarbar la realidad descubren una sombra que no esperaban, no un Balrog escondido en el fondo de Moria, pero sí una estafa de idénticas proporciones. Theranos vende humo, Holmes vende humo. La máquina no existe.

Todo era una enorme mentira basada en la capacidad de Elisabeth de relatarla y la credulidad de los que la compraban. Desgraciadamente no existe hoy en día la tecnología necesaria para hacer lo que ella prometía, menos hace años cuando ella la subastaba por cifras astronómicas. La estafa de Theranos arruinó a no pocos, destruyo esperanzas y sueños, y supuso la constatación de que el fraude puede darse en todas partes, tanto donde uno se lo espera como en la meca de la tecnología, y es posible que sea encarnado por una belleza de ojos tan llamativos y de mirada tan profunda como falsa. El caso Holmes lo tiene todo para ser digno de estudio, y por eso su juicio ha sido casi retransmitido en directo en EEUU. Es de lo poco que ha sido cierto en toda esta historia.

martes, enero 04, 2022

Navidad de verano

Creo que el concepto moderno que tenemos de Navidad en occidente es completamente deudor de lo que dejó escrito Dickens en sus novelas. Los paisajes, personajes y ambientes que asociamos a estas fechas no hacen sino volver y volver a sus cuentos que, con o sin fantasmas, nos lo dejan ya todo perfectamente ambientado. Si acaso la nieve, que es la aportación norteamericana a la escena costumbrista británica. Una blanca Navidad en Europa es algo poco frecuente, ni les cuento ver caer copos en Belén, pero sí algo bastante probable en la costa este de EEUU, donde se sitúan la mayor parte de películas navideñas que ponen escenas a los relatos dickenianos. Anglosajonia nos tiene conquistado el espíritu.

Curiosamente estas navidades han sido todo lo contrario a esas escenas de cuento y película, y sin haberme ido de vacaciones en estas fechas a lugares lejanos, he podido experimentar en el pueblo lo que es vivir una Navidad semitropical o, al menos, alejada por completo del concepto de frío y oscuridad. El persistente anticiclón que se ha situado sobre la península ibérica, junto con su socio en centro Europea, han otorgado a los que residimos en la parte occidental del continente de unos días festivos y de cambio de año dominados por las temperaturas suaves y los cielos despejados. La excepción han sido las zonas donde la niebla se ha hecho fuerte, pero la verdad es que ese fenómeno no ha sido ni tan extenso ni intenso como en otras ocasiones. El sol ha reinado en los cielos casi sin obstáculos, y en el norte, con un régimen casi constante de viento sur, en ocasiones atemporalado, casi siempre mantenido, las temperaturas se han disparado todos los días bastante por encima de los veinte grados, lo que ha permitido batir records de máximas para diciembre y enero en numerosas capitales de la cornisa cantábrica, con registros en el entorno de los 25 grados. Marcas similares se han batido en otras capitales mucho más frías, como Segovia y Ávila, indicativo de lo excepcional de este episodio. En Elorrio, si exceptuamos la tarde noche del domingo 26, en la que el cielo se cubrió por el paso de un frente y llovió, el resto de los días han sido de una monotonía y templanza digna de estudio, con serenos amaneceres y atardeceres, en ocasiones de gran belleza al quedar algunas nubes altas moldeadas por el viento para ofrecer el contraste con el Sol crepuscular, pero en muchas otras ocasiones con los cielos completamente despejados, en una sucesión de días “buenos” que no sólo es que no se haya dado en el pasado verano, que fue horrendo, sino que es muy extraño poder disfrutar en esas latitudes. Tantos y tan seguidos los días con luz intensa, sin nubes, sin lluvia, sin nada que cubra el Sol. Y han resultado ser aún más sonados tras los veintiún días seguidos de lluvia de noviembre diciembre, que provocaron las inundaciones que marcaron el tramo final del año. Se nota que, pese a los días despejados, la tierra aún está húmeda y hay zonas en las que el agua sigue aflorando, síntoma del exceso de lluvia que asoló la zona en esas semanas de diluvio continuado, pero la sobredosis de Sol recibida en estas semanas de festivo ha resultado ser un regalo navideño tras un 2021 que, en lo meteorológico, ha sido anómalo en el norte, con la precipitación concentrada en pocos meses y unos meses de verano que fueron la frustración de propios y ajenos. Al menos, para despedirse, el año nos ha sonreído y se ha puesto sus mejores galas, las que apenas ha enseñado y que, arriba, son tan caras de ver como una familia sin contagios de ómicron.

Pasar la Navidad en las terrazas puede que sea algo habitual en levante o Canarias, pero no deja de ser exótico en una zona del país donde tomar algo sin cubierta es, en sí mismo, un ejercicio de riesgo. Esta vez no, tardes cortísimas pero que se transformaban en noches serenas, en las que a las 19 o 20 horas uno podía seguir sentado con sus amigos en torno a una mesa con la chaqueta puesta, pero sin ninguna sensación de frio. Llegar a casa y casi despedir el año, o recién recibido, y tener la imagen de que el puente de la bahía de Sidney casi se podía contemplar desde casa, dadas las temperaturas de sensación. Sí, esa frase me ha quedado en plan bilbainada. Será el efecto de varios días seguidos en el norte y la insolación. Tranquilos, hoy ya vuelven las nubes, el invierno, y el inicio real del año.