miércoles, junio 11, 2014

Uber, blablacar y la huelga de taxis


Hoy será un día complicado para el tráfico en Madrid. Al Pleno en el Congreso para la tramitación de la Ley Orgánica de Abdicación de Juan carlos I, que traerá manifestaciones y cortes en las calles adyacentes se suma el riesgo de chubascos, que de momento se traduce en calor y nubes, y la huelga de taxistas, que protestan por la extensión de varias aplicaciones móviles que les hacen la competencia. Desde luego no es el mejor día para sacar el coche para dar una vuelta… o sí, si usa alguna de estas aplicaciones. En todo caso, viva el transporte público y que nos lleve a todas partes.

Lo de las aplicaciones de transporte es otro magnífico ejemplo de cómo la irrupción de las tecnologías genera ganadores y perdedores en todos los sectores. ¿Pensaba usted que esto sucedía sólo con las discográficas y los cines? Pues no. Ese efecto se extiende poco a poco y, como ha sucedido siempre, creara nuevas oportunidades de empleo y destruirá trabajos que llevaban tiempo consolidados, es ley de vida. Ahora mismo hay dos aplicaciones fundamentales que permiten el uso del coche privado como servicio de transporte, que son bastante diferentes en su concepción y sistema de negocio, pero que sirven igualmente. Blablacar permite poner en contacto a personas que van a hacer un viaje con otras que desean hacerlo. Supongamos que yo quiero ir de Madrid a Burgos y alguien tiene que hacer ese viaje esta mañana, por la causa que fuera. Si a ese viajero no le importa llevar compañía y al que quiere viajar no le importa llegar a un acuerdo con el viajero para sufragar gastos de una manera convenida, blablacar los une y permite viajar a ambos. La aplicación, por tanto, logra asignar de manera más eficiente recursos disponibles con preferencias, y nótese que no hay un ánimo de lucro, porque blablacar no cobra y los que viajen acordarán qué paga cada uno. Uber es un poco distinta, y funciona como una empresa virtual de taxi en la que los taxistas son particulares que, o bien se ofrecen por un tiempo dado o van a realizar rutas prefijadas y pueden llevar pasajeros. En este caso la aplicación dispone de una base de datos de “profesionales” que venden su oferta de transporte y cobra unas tarifas mínimas, por lo que el ánimo de lucro existe en los que gestionan el negocio, y hay una serie de personas que, de una manera u otra, trabajan para uber, cosa que no sucede en Blablacar. Por lo tanto, financieramente los dos sistemas son bastante diferentes, y la repercusión económica también lo es, ya que en el primer caso estamos hablando de una economía de trueque, de intercambio de favores, y en el otro sí existe un oferente que presta servicios remunerados, de una manera original, pero con un aspecto de empresa más consistente. Si Blablacar hace la competencia sobre todo a las empresas de medio y largo recorrido, Uber se lo hace a los taxistas, y a cualquier medio de transporte urbano en general. De ahí la huelga que hoy se ha convocado en Madrid, y en otras capitales europeas, y las movilizaciones que los trabajadores del taxi llevan realizando en Barcelona desde hace bastante tiempo para luchar contra la aplicación, que de momento sólo funciona de manera operativa en la ciudad condal, no en Madrid. Taxistas, transportistas, abogados, empresas de internet, usuarios, todas las partes que uno pueda imaginar discuten acaloradamente estos días sobre el uso, abuso, ventajas e inconvenientes de estas aplicaciones, y sus efectos, que van mucho más allá de lo que parece, y el Ministerio de Fomento ha amenazado con sanciones a empresas y particulares usuarias de estos servicios, por realizar competencia desleal, aunque luego ha aclarado que nunca penalizaría al usuario final del servicio. La polémica, como ven, está servida.

¿Qué es lo que va a acabar pasando? No lo se, pero viendo lo que ha sucedido en otros sectores, parece ingenuo suponer que se podrán poner puertas al campo. Las aplicaciones han llegado para quedarse, y el gremio del taxi, regulado y licenciado hasta el extremo, se enfrenta al mismo problema que viven las empresas que luchan contra las descargas en internet, que no es otro que renovarse o morir. Hace unos días hablamos aquí del coche autónomo. El día que llegue empezará a morir el trabajo de conductor, tal y como lo conocemos, y habrá protestas del gremio, lógicas, y en unos años el empleo será un recuerdo. Así, las nuevas tecnologías vuelven a ser disruptivas en un campo no esperado, y el mundo del transporte, gracias al móvil, ya no será nunca el mismo.

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