jueves, junio 12, 2014

Un tetrapléjico y el Mundial de Fútbol


Me temo que, si nada lo impide, y parece complicado que así sea, hoy se inaugurará en Brasil el Mundial de fútbol, apoteosis de la pesadez balompédica que nunca cesa, que todo lo inunda y que mantiene una férrea dictadura sobre los medios de comunicación y las conversaciones humanas del día a día. Como no me gusta nada el fútbol no pienso hablar aquí de lo que suceda en el país carioca, salvo que se produzcan hechos desafortunados que nadie desea pero lo cierto es que en la inauguración de hoy se va a producir un acto que tiene su relevancia científica y tecnológica, y que va a dejar a mucha gente sorprendida. Un tetrapléjico va a realizar el saque de honor.

Antes que nada quiero destacar que hay mucha polémica entre los especialistas sobre lo que realmente se va a producir hoy, y hasta qué punto es un avance, espectáculo, estafa o promesa cumplida a medias. Con rigor y claridad lo cuenta el bueno de Antonio Martínez Ron en su artículo de hoy (léanlo, merece mucho la pena) pero simplificándolo mucho se trata de que un exoesqueleto movido por el control de las ondas cerebrales del paciente será capaz de levantarlo, hacerlo caminar y llevarle hasta el balón, dado una patada al mismo. El tetrapléjico se levantará de la silla, como si de un milagro se tratase, y andará, movido por una estructura metálica con la estructura de unas piernas, que llevará adosada a sí mismo, un casco con electrodos, que serán capaces de captar el pensamiento que señale el deseo de caminar, y un ordenador que procese toda la información y mueva las piernas artificiales, y con ellas al cuerpo, para generar un movimiento de caminar. Más allá de hasta si realmente el caminar será inducido o no, de que el exoesqueleto no está integrado en el tejido medular del paciente, como se había previsto, y que todo se puede quedar en un ejercicio más cercano al ilusionismo que a la ciencia, lo cierto es que la tecnología de los exoesqueletos ha pasado de estar confinada a las películas de ciencia ficción a ser algo que, siendo aún muy novedoso, empieza a aparecer como real. La teoría es muy sencilla, pero la práctica es de lo más complejo. Se trata de crear una estructura que replique la parte del cuerpo que ha dejado de funcionar, especialmente las piernas, adaptarla al cuerpo del paciente mediante correajes y anclajes, y dotarla de un sistema de control que “ande” a voluntad del paciente y que le permita a éste moverse de manera autónoma, abandonando la silla de ruedas. ¿Fácil, verdad? Pues no. Las complicaciones son enormes y han supuesto, principalmente, y simplificándolo todo de manera aberrante, tres retos. Uno, el mecánico, diseñar unas piernas robóticas que repliquen el movimiento natural de caminar, aspecto que está ya bastante resuelto, pero que aún tiene que pulirse y que ha resultado ser más difícil de lo esperado (nos parecerá fácil, pero andar requiere una coordinación muscular en las piernas y unas articulaciones complejísimas). El segundo problema, casi resuelto, es el de la capacidad informática que permita procesar las piezas del exoesqueleto para dotarle de movimiento, equilibrio, estabilidad y dinamismo. Antes era necesario un supercomputador para eso y ahora (la ley de Moore de la que hablaba el martes) lo puede hacer un chip muy pequeño. Y el tercer paso, el más complejo, es el lograr que la máquina actúe a la “voluntad” del paciente. Se puede hacer (cutre) que el artilugio tenga unos mandos y el usuario los maneje con las manos (poco operativo) o conectar el artilugio al cerebro de tal manera que éste lo interprete como nuevas piernas, y las maneje como si fueran las originales. Este es el ideal, que se pretendía mostrar en la inauguración, pero la ciencia neuronal no parece haber avanzado lo suficiente para lograrlo, de ahí el uso del casco que lee el pensamiento neuronal y lo transforma en órdenes, que es un paso intermedio.

Lo significativo, por tanto, del espectáculo de hoy, es la presentación en sociedad de una tecnología a la que aún le falta mucho por recorrer (y abaratarse de precio, claro está) pero que tiene por delante unas enormes posibilidades. Pensemos no sólo en enfermos confinados en sillas de ruedas, sino en personas mayores, de movilidad reducida, o cualquier otra situación en la que los miembros del cuerpo ya no responden y son capaces de actuar como es debido. Las posibilidades de autonomía para los usuarios de estas prótesis, por llamarlas de una manera, son inmensas, y supondrían, como mínimo, el fin de las sillas de ruedas. Aún queda mucho para eso, no hay que hacerse falsas ilusiones, pero por ese camino vamos, pasito a pasito.

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