martes, octubre 15, 2024

Corruptelas a lo Sánchez

Parafraseando a Tolstoi, se puede decir que todas las tramas de corrupción son igualmente delictivas, pero cada una lo es sórdida a su manera. Tras la cima alcanzada por la trama de Bárcenas en el PP y su galería de personajes chuscos pensaría uno que los malos aprenderían y se esconderían mejor, usarían la tecnología para disimular sus robos y tratarían de esconder lo más posible los vínculos que los unen, pero no, no. Se ve que el dinero y la codicia forman esa pareja irresistible que, desde el mundo es mundo, enloquece a los humanos y les lleva a cometer todo tipo de actos, brillantes algunos, zafios en tantas ocasiones, para satisfacer sus instintos. Y esta vez no ha sido diferente

De los personajes que acaben componiendo esta trama tenemos ya a los tres principales que se dan en todas, que son los que la permiten. El político corrupto, el conseguidor que actúa de nexo y el que financia a todos y se lleva la mayor cantidad de dinero. Este tercero es el más importante, porque la corrupción no es nada sin dinero, cuando no hay papelitos de colores de por medio no se puede corromper a nadie, es la gasolina del delito. Este papel lo ocupa, en este caso, un señor llamado Víctor de Aldama, que para estar involucrado en una trama corrupta del PSOE ha decidido vivir con una estética más propia de uno de los implicados en la Gürtel que en otra cosa, quizás porque todos los corruptos son iguales en lo ajeno a la ideología, sólo creen en el dinero. Aldama untaba, sobornaba, repartía dinero y se lo llevaba. Koldo, el matón que pone nombre al caso de momento, era una pieza necesaria, pero menor, importante, pero no vital. Era el corre ve y dile de turno, el chulo de barrio que impone y enlaza a unos con otros, hace de recadero, conoce a casi todos, se convierte en la puerta que hay que tocar para acceder, pero no es más que un peón, una pieza de la que se hubiera podido prescindir si llega a fallar. Dadas las pocas luces que ha mostrado hasta ahora es probable que se creyese que era tan valioso como grande su cuerpo, pero estaba en un error. Ábalos es el político corrupto, ya saben, con el presunto delante, el que tenía acceso al poder, a determinar el resultado de contratos y adjudicaciones, el que se podía saltar las normas para que quien la trama deseaba se llevase dinero a espuertas en base a contratos públicos, esas poderosas herramientas por las que medio mundo empresarial y político mataría si supiera cómo esconder los cadáveres para siempre. Por lo que se sabe Ábalos ha sido un político bastante barato a la hora de ser comprado, es un hombre que, nada más verle y oírle, intuye uno que está acostumbrado a la vida callejera, al lumpen. No es de gustos caros, no le va el arte y la sofisticación, es más de “amiguitas” con las que “pasar el rato” y chalets, es el típico sujeto cutre de una peli de serie B, al que se le van los ojos con las tetas de las putillas que desfilan a su lado, un sujeto de los más chusco y torrentiano, que llega a ser Ministro de Fomento y secretario de organización del PSOE, el cargo más importante del partido que gobierna, que amasa una enorme cantidad de poder y que, en todas sus apariciones, ofrece una imagen propia de secundario en una serie cutre de mafiosos napolitanos. El deje de su voz, su pose, su mirada, nada en Ábalos tiene un solo gramo de apostura, de interés, de atractivo. Supongo que su éxito con las féminas se debe a la erótica del poder y, sobre todo, a lo que puede llegar a pagar para conseguirlas, todo muy en el marco de la doctrina feminista que envuelve el discurso de lo que antaño se llamó el PSOE, hoy sanchismo. El cese de Ábalos en 2021, de una manera abrupta, nunca fue explicado, y con lo que se va sabiendo ahora uno puede imaginar que, o bien la mierda llegó a tal nivel que algo había que hacer para cortarla o hubo alguno que decidió cortar por lo sano cuando se enteró de las cosas que pasaban al otro lado de su puerta, antes de que le salpicasen. En ambos casos la responsabilidad de que los presuntos delitos se hubieran cometido es equivalente.

Eso nos lleva a la figura de Sánchez, el número uno para Ábalos y cia, el jefe, el mayor de los mentirosos que han ocupado la Moncloa desde que su inquilino es elegido mediante elecciones democráticas. Ni una sola explicación ha salido de él o de su entorno de todo lo que se está publicando. Agarrado al soniquete de que bulo es todo lo que le perjudique, Sánchez sigue viviendo en su burbuja de soberbia autoalimentada por el presupuesto púbico, y sostenida por lo que antaño fueron periodistas y medios de comunicación, hoy empresas casi quebradas dependientes por completo de la inyección del dinero del gobierno para poder subsistir. El camino del mentiroso acaba mal, normalmente, pero puede tardar mucho en hacerlo. Es la esperanza de Sánchez, es lo que me temo.

lunes, octubre 14, 2024

Enfrentarse a Gaudí en Barcelona

Gracias a un jefe de un amigo del trabajo, este sábado tuve la oportunidad de asistir a un acto relacionado con la Copa América de vela, y con ese motivo, mi amigo, un tercero y yo nos pegamos un viaje relámpago a Barcelona, en lo que ha sido mi primera visita a la ciudad y la segunda vez que, en mi vida, veo el Mediterráneo. Puede que no se lo crean, pero como decía Borges, mi vida es mucho más lo que he leído que lo que he experimentado, y aunque uno sea, entre otras cosas, amante de los clásicos y de todo lo relacionado con Grecia y Roma, el Mediterráneo como realidad física me es casi tan desconocido como la Antártida. Así son las cosas.

Ir a Barcelona es, sobre todo, llegar al centro del modernismo y el Art Nouveau en España y, desde luego, es encontrarse con Gaudí, al que nunca he visitado en obra alguna. Y sí, hay creaciones suyas no sólo en Barcelona, pero recuerden lo que les decía en el anterior párrafo sobre lo que conozco de haberlo visitado. Aunque el horario del día era ajustado, se podían ver algunas cosas relevantes de la urbe, y la más obligada es la Sagrada Familia, un templo como no hay otro en el mundo, y que requiere un ejercicio de introspección para contemplarlo que resulta imposible dada la cantidad de gente y vida comercial que lo rodea. La primera impresión, al verlo, es contradictoria. Se me hizo un poco más pequeño de lo que esperaba, pero al ir recorriéndolo en su perímetro, iba creciendo con volúmenes impropios y desatados, hasta alcanzar una majestuosidad propia de las catedrales que, sin duda, inspiraron a su creador. No pudimos entrar en el interior, por lo que sólo puedo contarles sensaciones de lo que la obra muestra a la calle. Y lo cierto es que consigue ser lo que pretende, un templo grandioso. Gaudí era un artista visionario, no tanto por el futuro, sino por una concepción muy propia de la arquitectura y el arte, una visión propia, en la que la religión ocupaba un papel fundamental. Creyente profundo, la fe era una motivación constante en su obra, y no son pocas las capillas que diseña y construye a lo largo de su carrera, pero planea esa Sagrada Familia como el culmen de toda su creación, como el no va más de lo que es capaz de hacer su ingenio y la técnica en la que se basa. Obsesionado con las curvas catenarias, esas que se forman cuando, por ejemplo, un cable se cuelga de dos extremos y es atraído por la gravedad en todos sus puntos, construye con ellas bóvedas y torres autosostenidas que no necesitan contrafuertes ni apoyos externos, lo que permite levantar naves altísimas sin nada que las esconda ni tape su rotundidad. La profusión de torres, representando apóstoles, evangelistas, Maria y Jesús, se suceden y agolpan, ofreciendo una imagen abigarrada, no de amontonamiento, pero sí de multitud congregada, y generan un acusado perfil vertical que, a medida que la construcción avanza, transforma el aspecto de la iglesia que había sido el más reconocible durante décadas. Las torres terminadas ya hace años que muchos identificaban como las de las portadas no lo son, sino que se encuentran en los laterales del transepto, y a medida que el proyecto avanza quedan convertidas en lo que fueron imaginadas, en acompañantes de la grandiosidad del cimborrio de Jesús, que cuando esté concluido, con unos 170 metros de altura, se convertirá en el techo de la arquitectura religiosa católica del mundo, superando la neogótica torre de la catedral de Ulm. El amasijo de grúas y andamios, que llevan viviendo con la obra desde sus inicios, no impiden hacerse una imagen del conjunto del templo, y los parques del tamaño de una manzana que se encuentran en sus laterales ayudan a imaginarse cómo es la iglesia en su totalidad. Otra cosa es lo que pasa en la calle Menorca, el lugar en el que debe erigirse lo que Gaudí soñó como la entrada principal que está apenas a un par o tres de carriles de una manzana de pisos que, creo, tendrá que ser eliminada para que la construcción, cuando se produzca, proceda a su invasión, no se si física, pero desde luego sí visual. Entonces la imagen del templo cambiará bastante respecto a la actual.

Inmersa en polémicas profundas por el resultado estético de las intervenciones modernas en la obra, sometida al problema de la pérdida de muchos de los diseños que Gaudí dejó hechos, y levantada en una época en la que la religión y fe, la fuente de su origen, han dejado de manar en la sociedad, el templo se convierte tanto en un museo al aire libre como en un lugar de experimentación, en el que cada añadido supone una aportación desde el tiempo en el que es insertado. Resulta inevitable desvirtuar el proyecto original del genio, que hace tiempo que no está, y no me opongo a que la obra siga y se concluya, y me parecen absurdas muchas de las discusiones al respecto. Cuando se acabe, si es que lo hace algún día, será grandiosa. Ya lo es. Ya lo era cuando nació en la mente de quien la soñó.

viernes, octubre 11, 2024

Rafa Nadal como estilo y ejemplo

Creo que habrá días de sobra para comentar las andanzas de Koldo, Aldama, Ábalos y demás presuntos corruptos de este desgobierno, así que vayamos hoy con Nadal, que anunció ayer su retirada. Probablemente sea uno de los españoles más famosos del mundo, su apellido es reconocible en todas partes y, en la historia del deporte, quizás sea el de nuestro país que más alto ha llegado. Ayer, la conocerse la noticia, anunciada por el mismo, los medios de comunicación de todo el planeta la difundían como si fuera un hecho de relevancia global, y en un mundo como el nuestro, obsesionado de manera absurda con el deporte, lo es.

No se si he llegado a ver más de una hora a Nadal jugando al tenis, apenas he seguido su carrera profesional, de la que obviamente me he enterado, porque es imposible no hacerlo, pero su trabajo, el tenis, me es ajeno y nada estimulante, como prácticamente el resto de deportes. No me interesa Nadal como tenista, me interesa como persona y como estilo de comportamiento. Agraciado con el éxito en su tarea, en este caso pegar raquetazos a una pelota, Nadal llegó muy deprisa a lo más alto y, seguramente, se vio tentado por todo eso que rodea a los que se llaman triunfadores, en forma de todo tipo de excesos y derroches, tanto económicos como personales. Te crees que por ser de los mejores en lo tuyo eres de los mejores en todo, y la corte de aduladores que surge a tu alrededor actúa para alentar esa idea, y de paso quedarse con algo del dinero que caiga desde lo alto. Nadal no ha sido así. Desde el principio su carrera ha estado dirigida por personas con cabeza, con estilo, con ideas asentadas, con la filosofía de que el tenis, como todo deporte, es un juego, no es nada importante, en el que uno se esfuerza lo más que pueda, se comporta con educación e inteligencia y obtiene el furto que su trabajo, el de sus oponentes, y la suerte, le otorguen. Nadal nunca se ha creído nada porque quienes le asesoran le han metido en la cabeza que nada debe creerse por el hecho de ganar partidos de tenis. Han sido esas mentes, especialmente la de su tío Tony, las que han forjado la personalidad de un luchador en su especialidad, alguien que se ha ido reponiendo de los problemas y adversidades, y que ha llegado a ser el mejor en lo suyo durante un tiempo, pero sobre todo alguien que sabe que las cosas importantes de la vida no son el tenis, los torneos o los títulos ganados. Nadal no discutía en los partidos, no se enfrentaba a los árbitros o al público. Si algo le salía bien lo festejaba, si algo le salía mal se callaba, rabiaba por dentro, aguantaba el dolor y seguía. Nunca ha echado las culpas a otros por lo que no ha sido capaz de hacer, ha reconocido el mérito de los adversarios y ha soportado derrotas que le han dolido con el estoicismo no de los manuales de autoayuda, sino con el que aporta la serenidad de haberlo hecho lo mejor posible y no haber sido capaz, porque el rival lo ha superado. Frente al comportamiento macarra que es habitual en el mundo del deporte profesional, reflejo en parte de la sociedad en la que vivimos, Nadal ha sido un ser extraño, que ha logrado forjar una profunda amistad y admiración con uno de sus mayores rivales, al que le ha dedicado elogios sin límites, en un gesto que es impensable en especialidades como esa en la que se pegan patadas a un balón o en muchas otras disciplinas deportivas, o de la vida. ¿Cuántos conocemos que alaben a un rival en lo profesional, le reconozcan méritos que el que los relata admite no poseer y lo considera superior? ¿En nuestros trabajos se dan comportamientos de ese tipo? ¿En nuestras familias? Seguramente la respuesta más frecuente sea que no, y eso es algo que hace a Nadal muy especial en nuestro mundo.

Ahora mismo, en medio de la epidemia de egocentrismo tan fortalecida por las redes sociales, en las que la apariencia lo es todo, la mediocridad se fomenta tanto como premia y la incultura ya no produce sonrojo sino orgullo, el comportamiento de Nadal se convierte en un extraño referente que suscita admiraciones declaradas, pero no tanto por lo que es sino por lo que ha conseguido en su deporte. A mi sus títulos me dan igual, lo que me importa es que Nadal, si se hubiera dedicado a cualquier otra profesión, sería igualmente excelente, entregado y generoso. Y, totalmente desconocido por todos, sería igualmente admirable. Ese es su máximo valor.

jueves, octubre 10, 2024

Los Nobel y la IA

Esta es la semana en la que se conceden los premios Nobel, por lo que es probable que hoy se entregue el de literatura alguien que no conozca en absoluto y me haga pasar por iletrado. Es lo que lleva pasando desde hace algunos años de manera reiterada. El lunes se concedió el de medicina a unos avances en el uso del ARN, que todo el mundo entendió como meritorio y premiable, pero ayer con el de física se produjo una gran discusión, porque no se premió ninguna investigación teórica sobre los temas habituales en la materia, no, sino que se premió la tecnología de redes neuronales y el machine learning, que ha hecho posible la actual IA.

Las redes neuronales son una técnica conocida desde hace bastante tiempo. Se trata de combinar una serie de capas de neuronas artificiales, operadores sencillos que pueden hacer un cálculo muy básico con la información que reciben, y la reenvían a otra capa de operadores similares. Las múltiples relaciones que existen entre todos los operadores capa a capa, y las ponderaciones que definimos a la hora de que algunos de esos vínculos sean más importantes y otros menos, genera una complejidad creciente con un número de neuronas no muy elevado, y modelos de este tipo son capaces de realizar predicciones que compiten desde hace tiempo con técnicas econométricas clásicas en el mundo de la economía. Lo que ha revolucionado el mundo de estas redes es la capacidad de proceso que las nuevas tecnologías permiten a la hora de manejar millones de neuronas y miles de millones de vinculaciones entre ellas, y el llamado machine learning, o autoaprendizaje, que no es sino el recálculo constante de las ponderaciones de los vínculos que existen en el modelo de neuronas, de los miles de millones que componen todo el modelo. Así, diseñamos un modelo neuronal complejísimo para, por ejemplo, identificar imágenes, pongamos de gatitos. Entrenar al modelo consiste en suministrarle miles y miles de ejemplos de imágenes en las que pueden salir gatitos, o no, y el modelo irá ajustando sus vínculos y ponderaciones en función de sus aciertos y errores, consolidando cuando acierta y haciendo cambios cuando falla, de tal manera que su precisión se irá haciendo cada vez mayor. Todos los modelos de IA funcionan así, aunque esta sea una manera muy burda de explicarlo. La tecnología que hay en ellos, el trabajo de programación y la necesidad de personal cualificado, datos y energía que consumen son enormes, y cada uno de ellos se especializa en lo que aquellos que los han creado considera es lo más relevante. Chat GPT, el más famoso de todos, utiliza este procedimiento para entender texto y generarlo, bien escrito y hablado. Es un “loro estocástico” en el que, cada palabra que escribe, es el resultado de una gigantesca cantidad de cálculos que otorgan a esa palabra que se nos muestra la mayor de las probabilidades para ser lo que debía en función de lo que se le ha preguntado. Chat GPT no sabe ni leer ni escribir, no entiende lo que pone, y ni falta que le hace. Está entrenado para que sus objetos de cálculo, el texto, se genere cumplido las reglas de probabilidad que ha aprendido. Las IA que detectan tumores observando mamografías hacen lo mismo, generar resultado probabilísticamente lo más ajustados posibles a la secuencia de miles y miles de mamografías, con o sin cáncer, que se les han suministrado. Y aprenden, y logra ser más efectivos en el diagnóstico de lo que lo sería un doctor experto en la materia. Recordemos, no entienden la imagen, no saben lo que se les muestra, no viven en un mundo de conocimiento de conceptos y realidades como el nuestro, sino en otro de ajustes de probabilidad, algo tan abstracto como extraño, pero que acaba por generar resultados fascinantes. Con el uso y abuso de la fuerza bruta computacional, pero es evidente que funciona.

El avance tecnológico de estos modelos es incuestionable, pero la pregunta que se hacen muchos desde el martes es si eso es merecedor de un Nobel de física. Para echar más leña al fuego, el Nobel de química de ayer se otorgó a los desarrolladores de AlphaFold, la IA de Google que logró, por un sistema idéntico al anterior, descubrir todas las posibilidades de plegamiento que puede desarrollar una proteína, una de las bases de la vida biológica, compuesta por cadenas de aminoácidos que adoptan formas espaciales muy complicadas que, en gran parte, son las que determinan sus propiedades y usos. AlphaFold permitirá sintetizar nuevas proteínas, todas las que sean capaces de existir de hecho, pero es el segundo Nobel a la IA en una semana.

jueves, octubre 03, 2024

La huida

Cuando Israel comenzó sus bombardeos en el Líbano, y especialmente en Beirut, se vieron en la ciudad escenas que eran casi idénticas a las registradas en Kiev el 22 de febrero de 2022. Riadas de coches atestando las autopistas que circundan la ciudad y que llevan a su salida, buscando una vía de escape que permita salir del peligro en el que la urbe se ha convertido para millones de civiles, ajenos a la refriega, sometidos a la dictadura de Hezbollah y, ahora, objetivo probable de escombros, fragmentos y restos de explosivos que saltan por los aires en los barrios donde antaño vivían.

¿Cómo huiría usted de su ciudad en caso de guerra? ¿Qué se llevaría? ¿Cómo lo haría yo? Son preguntas que a veces uno se plantea de manera retórica, en tardes de poco hacer y menos pensar, y las ve como algo lejano, supuestos similares a pensar sobre la llegada de los extraterrestres o el placer del amor verdadero. La principal diferencia de este tema es que sí, llega a suceder. Desde la IIGM, y su demo previa de nuestra guerra civil, los frentes militares de batalla se dan en los puntos en los que los soldados de cada bando combaten y, también, en las ciudades de cada lado, que no se pueden mover, pero sí ser atacadas. La búsqueda de víctimas civiles en las urbes es una obsesión de todo ejército atacante, por el impacto que produce en mero número de fallecidos y por el miedo atroz que logra inocular a la población, que se cree segura a distancia del frente, pero que comprueba que es el frente el que llama a su puerta. En los pueblos la huida es relativamente sencilla dado que son estructuras pequeñas, las salidas pueden estar cerca y, aunque sea andando, uno puede emprender la fuga de una manera u otra. En una ciudad grande las cosas son distintas, las distancias son inabordables sin un medio de transporte que te desplace, y los volúmenes de gente, que provocan atascos significativos en una operación salida de fin de semana, se convierten en inmanejables en caso de pánico. En el 11S vimos como miles y miles de personas se ponían a andar tratando de salir del bajo Manhattan, y llenaban puentes como el de Brooklyn o Manhattan, riadas humanas de personas que habían llegado a sus oficinas en transporte público y que no tenían medios propios para salir de allí una vez que metro y autobuses dejaron de funcionar tras el derrumbe de las torres. En ese caso la fuga tenía el pánico de la guerra y la incertidumbre absoluta sobre lo que estaba sucediendo, y el objetivo principal era alejarse del lugar en el que el infierno se había desatado. En casos como el del Kiev o Beirut hay una mayor certidumbre sobre lo que sucede, pero la sensación de miedo es la misma, agravada por su situación, porque el concepto de guerra destruye la sensación de seguridad que otorgamos al entorno que, hasta hace nada, era conocido y familiar. Uno no sabe de dónde puede llegar un ataque, si afectará al edificio en el que vivo o al de los vecinos, o a uno que veo desde la ventana, o todo será un rumor de fondo en un barrio alejado. El campo abierto se convierte en la única seguridad posible, y allí nada está hecho para proteger a quien escapa. El ciudadano, el urbanita, pasa a ser refugiado en apenas minutos, abandonando seguridad y enseres a cambio de no se sabe muy bien qué, dejando atrás no sólo objetos y recuerdos, sino las certezas de lo que fue una vida que no hay manera de garantizar de que vuelva. El pasado es un lugar seguro, porque ya hemos estado en él y hemos sobrevivido para poder contarlo. El futuro es incierto, no sabemos lo que nos pasará ni si seremos capaces de relatarlo llegado el momento. La guerra es la suspensión de todas las seguridades, la presencia de un enemigo que busca destruirnos y la eliminación de lo que entendemos como la sociedad, las reglas de comportamiento habituales, lo que nos hace convivir juntos en las urbes masificadas en las que habitamos, los que nos da certezas sobre que nada nos pasará cuando nos crucemos con otro en una calle, camino o recodo. La guerra apaga la luz que consideramos natural y nos sumerge en sombras en las que nada es certero, todo puede ser hostil.

Supongo que documentación, fotos de recuerdo y poco más es lo que uno se debiera llevar si tiene que escapar apresuradamente del hogar. En estos tiempos el cable cargador del móvil puede ser lo más valioso del mundo, pero, ay, a saber si la electricidad seguirá funcionando cuando la batería diga basta y el mundo analógico del pasado esté esperando tras ella. No quiero saber qué se experimenta en esos momentos, no tengo ganas de pasar por ese trauman, la guerra es un horror, el fracaso absoluto, y sus daños se prolongan en el espacio y el tiempo mucho más allá de lo que indican la historia sobre sus inicios, finales y lugares de desarrollo. Soy cobarde, huiría de los primeros, no tendría demasiadas opciones de supervivencia. No quiero vivir nada así.

Subo a Elorrio unos días de ocio. Si todo va bien, el siguiente artículo será el jueves 10, intentaré que a la hora de publicación habitual.

miércoles, octubre 02, 2024

Irán contraataca

Una de las grandes preguntas que suscitaban los acontecimientos de esta semana es la posible respuesta de Irán. Las opciones que debatían los expertos eran dos. O no lo hacía porque estaba realmente asustado ante el despliegue efectuado por Israel o lo hacía porque era la única manera de seguir manteniendo el estandarte de su presunto poderío militar y de lo que llaman la resistencia frente al sionismo. Ambas alternativas eran peligrosas para Irán, ninguna era buena, pero una de ellas iba a ser la que se iba a dar, con todas las consecuencias posibles. Finalmente, Irán optó ayer por la tarde por la primera, un ataque directo con misiles contra Israel, intenso en volumen, pero no en carga explosiva.

Fue una manera de decir “aquí estoy” pero sin cargar las tintas, pese a que supuso una ruptura de la brecha de seguridad aérea israelí y la constatación de que no hay sistema antiaéreo que pueda sostener un ataque de saturación. Con casi doscientos misiles lanzados, los tres niveles de defensa aérea israelí se emplearon al máximo, pero o lograron evitar que bastantes proyectiles impactasen sobre la nación hebrea, causando daños menores, que se sepa hasta el momento. En sus declaraciones, el gobierno de Teherán anunció que esta era la venganza ante la eliminación de los dirigentes de Hamas y Hezbollah, uniéndolo todo en un pack, de tal manera que quisiera anunciar que considera saldado el golpe recibido con una acción que, a todas luces, es de bastante menor intensidad de lo que se esperaría. Esto puede indicar varias cosas. El miedo que antes señalaba en el régimen de los Ayatolás ante la potencia y precisión demostrada por las IDF y la inteligencia israelí, quizás incluso, si me apuran, que el potencial militar iraní no es el que se presuponía, y que parte de la fuerza que exhibe sea un farol. Lo cierto es que la situación pareciera encontrarse en tablas, pero no es así, porque Israel considera que el ataque recibido ayer requiere respuesta, y que Teherán debe saber que no sólo sus proxies, sino el propio régimen chií debe entender que la impunidad de sus actos respecto a Israel ha terminado. Esto nos mete de lleno en una espiral de respuesta, de acción y reacción, que puede descontrolarse rápidamente. En abril las cosas se pararon en este punto, con una salva de misiles iraníes de menor entidad y efecto, y luego se instauró una calma tensa entre ambas naciones. Los esfuerzos que EEUU trata de hacer desde ayer se dirigen precisamente a una repetición del escenario de abril de un toma y daca y que las cosas no vayan a más, pero espoleado por los éxitos logrados a lo largo de las últimas semanas, y con la sensación de que la ventaja tecnológica y militar está de su lado, Netanyahu puede estar tentado a lanzar un golpe directo contra el patrocinador de todos esos movimientos que buscan destruir Israel, y que ahora se encuentran sumidos en del desconcierto. Si se fijan, parece haber un patrón en el proceso de gestión de Israel de esta guerra. Desde que se produjeron los salvajes atentados del 7 de octubre, primer aniversario el lunes que viene, nada es ya igual. El gobierno israelí determinó que ya no hay límite ni freno a sus actos, que los más de mil ciudadanos hebreos asesinados en esa jornada son la causa que justifica la acción militar sin contemplación alguna frente a aquellos que amenazan la seguridad del país, y que no habrá paz para nadie que busque el enfrentamiento con Israel. Primero Gaza, el feudo directo de Hamas, el atacante primordial, y el más débil de la ecuación. Desde hace unas semanas Líbano y Hezbollah, la milicia más poderosa y activa de todas, y ahora Irán, el patrocinador de todas ellas, junto con golpes intermitentes a las milicias hutíes del Yemen, que hasta ahora, curiosamente, se han mostrado como las más ofensivas y dañinas para la seguridad Israelí desde que comenzó la guerra. Si la secuencia es la que parece, Irán va a recibir un serio ataque por parte del ejército de Israel, y eso nos pondría ante una tesitura muy muy peligrosa. Ayer el miedo empezó a cotizar en los mercados.

¿Opciones de ataque israelí? Una, la más obvia, es Natzan, el complejo donde Irán desarrolla su programa nuclear, un lugar que intuyo más que enterrado y protegido, y que Israel habrá tenido desde hace tiempo sobre la mesa a la hora de planificar un ataque que lo arrase. Otro objetivo puede ser la destrucción de infraestructuras petroleras iraníes, refinerías y lugares de embarque de crudo en el golfo pérsico, por donde exporta la mayor parte de su petróleo (su gran fuente de ingresos). Sin ellas la economía del país se hundiría y el régimen lo iba a pasar muy mal. Si quieren imaginar, pueden hacerlo con un golpe a la cúpula del país, que imagino atrinchera en un búnker desde ayer por la tarde. No se, puede pasar cualquier cosa.

martes, octubre 01, 2024

Israel inicia la invasión del Líbano

Anoche, como sospechaban muchos que acabaría sucediendo, Israel comenzó en serio sus operaciones terrestres al otro lado de su frontera norte, introduciendo tropas y material en el Líbano y comenzando así una incursión de duración e intensidad desconocidas. Las fuentes hebreas hablan de unas operaciones quirúrgicas, destinadas a acabar con la infraestructura de Hezbollah, cuyo alcance sería limitado en el tiempo y espacio, pero ya se sabe que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Subido al éxito de las últimas tácticas contra la milicia, la tentación israelí para entrar sin contemplaciones y hasta donde desee son muy elevadas.

Es de suponer que ahora sí se producirán enfrentamientos entre las tropas israelíes y las milicias chiíes, que tienen la ventaja de conocer el territorio, su armamento y número. Frente a ello, la moral de ese contingente debe estar por los suelos tras los golpes recibidos y no queda naca claro que haya una cadena de mando efectiva que logre reorganizar y volver a hacer operativos los efectivos que ahora deben estar medio descabezados. Así mismo, la paranoia a la infiltración israelí debe de estar en su grado más alto, y a la primera sospecha es de suponer que se celebren juicios sumarios y ejecuciones por parte de unas fuerzas adoctrinadas en el fanatismo. Para los soldados israelíes esto no es Gaza, territorio en el que sólo los escrúpulos morales actuaban de freno ante las operaciones militares, y ya se ha visto lo que han servido para amortiguarlas. Aquí se enfrentan a algo que conocen desde la última incursión de 2006, y que saben puede ser mucho más peligroso. Parten con una enorme ventaja, eso es obvio, tras lo sucedido estas semanas, pero en el desarrollo de los combates puede suceder cualquier cosa, y es sabido que para Israel el valor de las vidas de sus soldados es muy superior al de la de los oponentes para los propios, por lo que un resultado muy asimétrico de bajas puede suponer una especie de empate de dolor entre ambas sociedades. Para la población libanesa, su pesadilla no acaba. Lo que antaño fue un país con un relativo grado de prosperidad, laico y abierto, lleva tiempo siendo una nación desmadejada, sumida en cruentos enfrentamientos internos entre las distintas facciones sociales y religiosas que la componen. Su estado está prácticamente descompuesto, la economía hecha un desastre y muchas de las infraestructuras de la capital, Beirut, aún dañadas por la enorme explosión accidental que se produjo en el puerto hace unos años y que lo arrasó por completo. Lo más parecido a un estado en ese país es la propia milicia de Hezbollah, que actúa como tal para la población chií, una de las más numerosas del país, y que somete al resto a una especie de dictadura caracterizada por el rigorismo religioso y el sometimiento a los dictados de Irán. Durante los últimos años, con la creciente descomposición del estado libanés, el poder ha ido basculando hacia los chiíes y por ello no es de extrañar que los libaneses que no pertenecen a esa creencia hayan visto con buenos ojos la muerte de Nasrallah, el auténtico hombre fuerte del país, y el destrozo que Israel ha generado en la estructura militar que el clérigo comandaba. Esta guerra que ahora empieza puede suponer la ruptura total del estatus actual del Líbano si Hezbollah pierde y es destruida, y la llegada al poder de esa nación de otras fuerzas que la controlen, pero eso es ir muy acelerado en el desarrollo de una historia que acaba de empezar. Pero es verdad que, como parteaguas de la historia, como aceleradores y alteradores de lo existente, nada hay como las guerras, y sus efectos resuenan a lo largo del tiempo. Líbano se enfrenta ahora a otra, que le causará daños, muerte y destrucción. Eso es lo único seguro de lo que va a suceder.

En medio de este lío sigue la fuerza de interposición de la ONU, en la misión FINUL, creada tras la guerra de 2006, con un buen contingente de militares, entre los que se encuentran seiscientos españoles, que llevan ya varios días encerrados en sus bases y, sospecho, desde anoche en sus búnkeres. Con el inicio de la invasión la misión ONU deja de tener sentido y creo que ya es hora de plantearse la evacuación de los que allí se encuentran, para sacarlos de un avispero en el que pueden ser objeto de fuego cruzado por parte de los contendientes y salir muy mal parados. Las declaraciones tranquilizadoras del gobierno de poco sirven frente a la escala de los acontecimientos. Espero que les rescaten ya, a todos.

lunes, septiembre 30, 2024

Israel descabeza Hezbollah

Si recuerdan, la semana pasada escribí algo sobre un posible enfrentamiento entre Israel y Hezbollah, y el reto que eso supondría para las IDF, el ejército hebreo. La milicia chií libanesa no es ningún juguete, sin todo un ejército bien armado y entrenado, y les ponía sobre la mesa el riesgo de una guerra a varios frentes para una nación pequeña como la israelí. Pintaba un panorama difícil para Tel Aviv en caso de confrontación abierta. Como habrán comprobado, mi capacidad para hacer vaticinios es nula, casi la inversa de lo que soy capaz de equivocarme, y es que la realidad siempre nos da lecciones que no somos capaces de intuir.

Tras el golpe causado a miles de miembros de la milicia libanesa con la audaz acción de la explosión de sus buscas y walkies talkies, Israel ha decidido atajar el problema de raíz, y desde el jueves comenzó una operación de bombardeos selectivos en el Líbano, principalmente en Beirut, en busca de la jefatura de la milicia, a la que tenía plenamente identificada y localizada, gracias a sus dispositivos electrónicos y, más que probablemente, datos provenientes de infiltraciones de inteligencia. Los golpes eran duros, letales, una especie de caza al hombre no a tiros, sino a bombazos, y el viernes por la tarde se produjo el ataque crucial. Varias bombas antibúnker, de cerca de una tonelada de peso cada una, capaces de perforar blindajes hormigonados y detonar en lo profundo del subsuelo, fueron arrojadas sobre uno de los suburbios de Beirut, donde Israel había identificado que se encontraba, bajo varios edificios residenciales, el cuartel general de la milicia y las oficinas de su jefatura, con Hassan Nasrallah, su líder, al frente. Las imágenes tomadas desde edificios cercanos no dejan muchas dudas sobre la enorme potencia de lo que se lanzó contra el objetivo, con inmensas detonaciones, hongos amedrentadores y nubes de polvo y fuego. Nada de lo que estuviera situado en el objetivo del ataque podría sobrevivir a algo así, y en efecto, es lo que sucedió. A mediodía del sábado la propia organización chií hacía oficial lo que ya adelantaban las fuentes israelíes desde primera hora de la mañana, el fallecimiento de su líder, y de los que con él se encontraban. Según algunas fuentes ello incluye a altos mandos de la guardia revolucionaria iraní, una de los poderes fácticos del régimen persa y parte de la élite de sus fuerzas armadas. Se supone que estarían reunidos con la jefatura de Hezbollah analizando lo que estaba pasando, los daños sufridos en los ataques de la semana anterior y la capacidad de respuesta que les permitía su situación. Nadie de esa cúpula sigue vivo, todos fallecieron en el ataque del viernes. Desde entonces Israel ha vuelto a golpear algunas zonas de la capital libanesa y aledaños, consiguiendo en cada uno de sus ataques cobrarse la vida de alguien que pertenecía a la estructura de mando de la milicia. La falta de respuesta por parte de Hezbollah ante estos ataques ha sido suplida por el lanzamiento de misiles desde Yemen por las milicias hutíes contra Tel Aviv, con pocos efectos prácticos, pero la respuesta israelí de ayer mismo, con un intenso bombardeo a las instalaciones del puerto de Hodeida, en Yemen, donde se encuentra la principal base de los hutíes, ha vuelto a dejar clara cuál es la estrategia del gobierno de Netanyahu ante todos aquellos que amenazan la seguridad de las fronteras de Israel. La erradicación. El balance de lo que llevamos de ofensiva en el Líbano es ya de varios cientos de civiles fallecidos, refugiados huidos de la ciudad y alrededores que se cuentan por centenares de miles, y decenas de altos cargos de la milicia chií exterminados. Las imágenes difundidas por Israel, en las que se ve el organigrama de Hezbollah con las caras de sus representantes, estando todas ellas tachadas, resulta devastadora. En unas pocas semanas Israel ha descabezado a todo un ejército y lo ha convertido en un caos desorganizado y lleno de miedo.

Si tras los ataques de los buscas en la milicia, y en el propio Irán, debió cundir la paranoia sobre hasta dónde ha podido infiltrarse la inteligencia iraní en los movimientos patrocinados desde Teherán, tras lo sucedido estos días la sensación que debe existir en todo ese mundo es de auténtico pánico. Israel ha mostrado una superioridad tecnológica en lo armamentístico y de eficacia en la inteligencia que ha asombrado al mundo, y ha dejado claro que, ahora mismo, no tiene rival en la zona, que puede golpear cuándo, cuánto y como quiera, y que ni sus proxis ni el propio régimen de los Ayatolas tiene es rival militar para las IDF. Lo de estos días es pura historia militar, se estudiará durante mucho tiempo como una de las operaciones más exitosas llevadas a cabo por ejército alguno.

viernes, septiembre 27, 2024

AMLO y su fracaso en México

Se acaba esta semana el sexenio de presidencia mejicana de Andrés Manuel López Obrador, AMLO, recibido por la izquierda global como un salvador cuando llegó al poder y que, en su ejercicio, ha demostrado ser el populista sectario que ya asomaba a lo largo de toda su trayectoria. Se despide con una toma del control de la justicia tras la horrenda reforma aprobada la semana pasada, con el objeto de convertirla en instrumento manipulable al servicio de los políticos y otros poderosos, y deja perlas impagables, como su conspiracionismo y trabajo antivacunas durante toda la crisis del Covid. En esto, como en muchas otras cosas ha sido un trumpista de libro.

Curiosamente, a lo largo de estos años, la economía mejicana ha crecido bastante, pero no por los méritos de su gobierno, sino por decisiones globales y por estar donde está situado. Los aranceles puestos por Trump a los productos chinos y la búsqueda de acortar las cadenas globales de suministro han convertido a Méjico, la frontera sur de EEUU, en la sede de múltiples inversiones que han hecho de este país el primer socio comercial del gigante norteamericano. Sí, sí, EEUU importa más de Méjico que de China, es de hecho su primer mercado importador. ¿Son productos mejicanos? Legalmente sí, llevan ese sello, pero en la práctica, como imaginarán, no. Se trata del resultado del montaje de muchos productos fabricados en China y otros países asiáticos, que se llevan a territorio azteca y allí son ensamblados en su fase final, consiguiendo de esta manera un sello de fabricación autóctona y eludiendo las tasas y aranceles establecidos para el Made in China. En lo no económico, el país sigue atravesando una profunda crisis de seguridad, que no deja de agravarse. El asesinato está establecido como una manera de solucionar los problemas y la violencia que ejerce el narco se ha vuelto más intratable, si cabe. En la práctica hay zonas del país, en particular varios estados del norte y oeste, en los que el estado no existe en la práctica, no es capaz de imponer no ya la ley, sino un mínimo grado de seguridad pública, y los cárteles de la droga son los dueños y señores de la situación. En las últimas elecciones municipales fueron numerosos los candidatos asesinados de manera salvaje en una campaña en la que en no pocas localidades eran directamente los seleccionados por los cárteles los que se presentaban, siendo esas las zonas donde la violencia era menor, una vez alcanzados ya todos los resquicios del poder. Las promesas de AMLO a su llegada a la presidencia de restituir la seguridad se han quedado en nada, y hoy en día Méjico es uno de los países más violentos del mundo, con una tasa de criminalidad que le acerca, en cadáveres producidos, a zonas en las que se viven guerras civiles. Además, son muertes con un nivel de ensañamiento particularmente elevado, con cotas de sadismo difíciles de entender. Los que no mueren son secuestrados, y el número de desaparecidos sigue creciendo día a día sin que las autoridades parezcan hacer nada ni para evitarlo ni para esclarecer los casos que se pudren en el tiempo. El caso que más relevancia internacional alcanzó fue el de los estudiantes de Ayotzinapa, cuarenta y tres jóvenes que desaparecieron y de los que no se ha vuelto a saber nada. Sucedió hace diez años, bajo otra presidencia, y huelga decir que AMLO utilizó este caso como munición electoral en su campaña, pero hoy, transcurrida una década, nada se sabe de lo que sucedió con esos chicos, dónde están y qué les pasó. Sólo sus madres, y las madres y padres de otros miles de desaparecidos, mantienen el recuerdo de sus seres queridos y protestan ante unas autoridades que no hacen nada para darles consuelo y respuestas, que no investigan, que da la sensación de que están cómodas en el cenagal de violencia en el que se ha convertido la nación. Que siguen cobrando día a día e inventando problemas inexistentes para ocultar su necedad. En fin, populismo basura de primera división, emitido en directo todos los días desde la plaza del Zócalo.

En fin, que AMLO termine su mandato, y dé el relevo a su pupila, reverdeciendo una polémica estéril y absurda no deja de ser poco novedoso, bastante patético, y perfecto reflejo del personaje que es y del mal que ha hecho a su país. Que pablemos, Restar y Bildu anuncien que si van a acudir a la toma de posesión de Claudia Sheinbaum es un perfecto reflejo del poder que allí se ejerce y de lo orgulloso que puede estar uno de mantener las distancias respecto a él. Curiosamente, en esta ocasión, Sánchez ha dicho y hecho lo que debía. Cierto es que no tenía otra opción, pero conociendo al personaje a saber. En este caso, me reitero, lo ha hecho bien.

jueves, septiembre 26, 2024

Desorden global

Septiembre suele ser el mes de la Asamblea General de la ONU, el encuentro de dignatarios de todo el mundo que acuden a Nueva York para disfrutar de la Gran Manzana y que se suben a la tribuna de organización para soltar un breve discurso laureado por los medios de la nación regida por el hablante y, en general, olvidado por casi todos los demás presentes en el hemiciclo. El papel dela organización lleva siendo descendente desde hace bastantes años y, ahora mismo, se encuentra sumida en una gran irrelevancia, olvidada por muchos e ignorada por aquellas naciones que tienen poder para decidir qué pasa en el mundo.

Coincide este declive de la multilateralidad con la retirada parcial de EEUU del foco. La pasada presidencia de Trump fue la del portazo de Washington a muchos de sus aliados y compromisos globales, la que dejó claro a casi todos que lo que se suponía era la potencia dominante y fiable pasaba a ser otra cosa. La llegada de Biden prometía revertir algo las cosas, pero la creciente senilidad de su persona y los hechos han demostrado que si antaño lo que decía EEUU se cumplía ahora ya no sucede. Lo que está pasando en el desastre de oriente próximo es una buena muestra de hasta qué punto el aliado más fiel de Washington en la zona, Israel, actúa por su cuenta y riesgo, sin atender a peticiones que vienen de la capital del poder, deseosa como la que más de una tregua en la zona que le permita sacar esa guerra del foco de la campaña electoral. Los muy frecuentes viajes y propuestas de acuerdo del secretario de estado Blinken a Israel se han saldado con el mismo resultado. Fotos amables, discursos comprometidos y ausencia total de novedades. Las conversaciones desarrolladas en Egipto o Qatar han tenido, según se nos ha contado, más de un momento en el que el acuerdo de tregua estaba ya al alcance de la mano, pero nunca ha llegado a concretarse. Si ampliamos el foco resulta evidente que en el mundo de hoy hay ciertas potencias llamadas revisionistas, encabezadas por China y Rusia, que discuten la manera en la que se ha gobernado el mundo las últimas décadas, y creen que ha llegado el momento no tanto de imponer nuevas reglas, pero sí de no acatar las que surgen de occidente. Y es que desde que se acabó la IIGM, tanto en el capítulo de la guerra fría como todo lo sucedido tras la caída de la URSS, el atentado del 11S y las guerras de oriente medio, la gobernanza global ha sido regida por instituciones multilaterales en las que las naciones occidentales han tenido un peso predominante, mientras que el resto de países existían y formaban parte de ellas, pero carecían de poder real para ejercer un control. Cierto es que el consejo de seguridad de la ONU da derecho de veto a las cuatro naciones que ganaron la IIGM, EEUU, Rusia, Francia y Reino Unido, a las que se une China, pero durante décadas, el poder de verdad, el militar y el económico, ha estado en EEUU y en lo que llamamos occidente. Ya no. Desde hace años China ha emergido como una enorme potencia económica, la segunda del mundo, dejando atrás a Europa occidental en su conjunto, y rivalizando con EEUU en muchas estadísticas relevantes. Recordemos que en la época de la guerra fría la URSS era un enorme poder militar e ideológico, pero en cuestiones económicas su PIB era ridículo. China no es así, y el crecimiento de China, o de India, se está traduciendo desde hace tiempo en movimientos que cuestionan ese orden que, bien o mal, ha funcionado durante décadas. Instituciones como la Organización Mundial del Comercio viven totalmente bloqueadas y sin hacer ninguna de las funciones que se les encomendaron, dado que las potencias han empezado una escalada de aranceles mutuos en busca del proteccionismo que dañan a la economía global. La ONU y sus organizaciones asociadas (UNESCO, FAO, etc) van camino de ser más un símbolo que una realidad operativa, porque dependen de que haya una voluntad por parte de los países que las forman de respetarlas y hacer acatar lo que indican, y esa voluntad se está deshaciendo a marchas forzadas. No es probable que acaben rotas, pero si se convierten en cáscaras vacías su sentido será similar al de la no existencia, y ese riesgo está ahí.

De las próximas elecciones norteamericanas surgirán dos posibles gobiernos. El segundo de Trump, que sería más violento, hostil y proteccionista que el primero, y el de Kamala, candidata de la que apenas sabemos nada, cuyo prestigio internacional es escaso y sus posiciones en casi todos los aspectos no pasan del manual de lo políticamente correcto. Es decir, no está nada claro que EEUU quiera, o pueda, liderar nada globalmente. Y eso abrirá aún más la puerta a los aventureros, a lo Netanyahu, que quieran aprovechar su oportunidad para cobrarse venganzas, revanchas y otras acciones en las múltiples disputas que hay abiertas en el mundo. Sí, el desorden no es sólo una sensación, sino una cruda y desagradable realidad. En eso estamos.

miércoles, septiembre 25, 2024

Problemas económicos chinos

Ayer el banco central chino anunció, sorpresa relativa, una relajación en sus medidas de política monetaria, especialmente en lo que tiene que ver con los tipos de interés. Rebajó el general, y específicamente más aún los que allí sirven de referencia al mercado hipotecario, y también disminuyó las exigencias de caja para bancos y otro tipo de entidades financieras, en lo que se intuye todo un movimiento de expansión, que se puede traducir en muchos miles de millones de yuanes, que podrían entrar en la circulación de la economía china. ¿Por qué ha hecho esto? La respuesta es sencilla y les va a sonar a conocida.

Hablamos mucho de los problemas económicos europeos, profundos y que nos golpean de lleno como ciudadanos que aquí residimos, pero en China también tienen problemas propios, fruto de varias conjunciones. La principal es que, como nos pasó en 2008, allí también se ha producido el pinchazo de una burbuja inmobiliaria. Promotoras endeudadas, gobiernos locales presuntamente sobrefinanciados por la venta de terrenos y los impuestos que se supone iban a dar las nuevas viviendas, bloques de pisos en medio de la nada a precios astronómicos… les suena, ¿verdad? La sobredimensión del sector inmobiliario residencial allí lleva ya un tiempo ajustándose, y es una de las principales causas de que, tras la reapertura por el Covid, la economía de esa nación no haya acabado de arrancar. Quiebras como las de Evergrande, enorme promotora inmobiliaria china, su Martinsa Fadesa, son el perfecto reflejo de ese problemón que, bien lo sabemos, deja daños profundos y digestiones muy pesadas. Para tratar de sortear ese bache el gobierno chino ha lanzado algunos paquetes de estímulo, pero se ha encontrado con el otro problema de fondo de su economía, que es el desajuste entre los sectores productivos. El nivel de inversión en China es altísimo, tanto en infraestructuras como en sectores productivos industriales. Está sobredimensionado para el tamaño del país y su población ya que, en la práctica, sigue pensado para una China convertida en fábrica del mundo. Una de las obsesiones de su gobierno, de todos los de todas las naciones que han logrado superar un cierto estado de desarrollo económico, es mutar de una economía de producción a una de servicios y consumo, de tal manera que sea la demanda interna la que tire de la economía y la inversión se ajuste a las necesidades reales del país. Sin embargo, el gobierno chino no está logrando conseguir este difícil objetivo. El ahorro del ciudadano de allí es altísimo, mucho más que el nuestro, porque tiene incertidumbres tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y las escasas prestaciones sociales que le otorga su gobierno, que es comunista en lo autoritario y nada social en lo asistencial. Ese ahorro estancado se deriva hacia activos seguros, y no sólo en su país, pero lo que no hace es gastarse en consumo. El peso de este factor en la economía china es mucho menor al que supone en las economías europeas, y no digamos en la norteamericana, donde puede llegar a representar hasta casi las tres cuartas partes de la demanda. Con un consumidor chino asustado la demanda interna no carbura y el crecimiento del país es menor de lo que anuncian los distintos planes gubernamentales. Sigue siendo la demanda externa el gran motor de su expansión, con la conquista de mercados como el del coche eléctrico en Europa como estandarte de la competitividad del país, pero es evidente que China tiene aún mucho trabajo para disolver las enormes deudas acumuladas durante el boom inmobiliario, y que eso le atenaza. El partido en el gobierno, la dictadura encarnada en Xi Jining, sabe que no puede permitirse un tropezón económico porque el pacto fáustico que tiene sellado con la población (ausencia de libertades a cambio de crecimiento y prosperidad) corre el riesgo de quebrarse si las perspectivas económicas entran en una época decadente. El riesgo de involución existe.

¿Serán suficientes estas medidas monetarias para salir del agujero? La experiencia reciente demuestra que no. Ayudan, pero no son capaces de movilizar capitales y ahorros que tienen grabado el miedo del desplome reciente. Sólo el tiempo, y políticas fiscales expansivas, pueden ser capaces de virar el rumbo, pero a la manera de un trasatlántico, de una forma lenta y sin brusquedades. En todo caso, el año que viene puede ser ese en el que el gobierno de Xi planifique y ponga en marcha un estímulo de ese tipo. Si funciona puede tener efectos de arrastre global. Ahora mismo la economía china, ahí, lánguida, está exportando deflación, cosa que nos viene bien. ¿Qué sucederá en 2025?

martes, septiembre 24, 2024

Malos PMI en Europa

Ayer se publicaron los avances de PMI de agosto del conjunto de la zona euro y los correspondientes a Alemania y Francia. Los PMI, siglas inglesas, hacen referencia a una encuesta que se hace a gestores de compra de las empresas de sector industrial y de servicios, y sirven como indicador adelantado de por dónde camina la economía. Si una empresa ve que sus ventas van bien preverá producir más en los próximos meses y aumentará el consumo de stocks para su proceso productivo, y si ve que las cosas no van bien frenará gastos y preverá reducir los abastecimientos. Un índice 50 indica estabilidad, por encima expansión, por debajo contracción.

Para el sector manufacturero, el resultado que ha salido para la zona Euro es de 45,8 idéntico dato al registrado en julio. Sigue, por tanto, en terreno contractivo. Lo que señala este valor es que, para el conjunto de la zona euro, las empresas industriales están atravesando una situación delicada, con ventas decrecientes y sensación de que el mercado no se recupera. El valor del índice está condicionado, obviamente, al desempeño de las grandes economías de la región, y aquí el papel de Francia y Alemania es lo relevante. Y los datos en esos países son flojos. En Francia se pudo ver una débil recuperación en julio, que muchos achacaron al efecto de los juegos olímpicos parisinos, pero luego, como las burbujas del champán, que tan rápido suben como bajan, la situación ha vuelto a ser del color gris como pintaba antes de la llegada de los luminosos cinco anillos. En Alemania la cosa es peor. Allí este índice sigue bajando desde hace meses, y se sitúa ahora en el 40,5, muy alejado de ese 50 que señala ausencia de tendencia. Esto no hace sino repetir el diagnóstico que todo el mundo señala sobre los problemas que arrastra la industria alemana, y con ella toda su economía. En la UE, con este panorama industrial, es muy difícil que se alcancen tasas de crecimiento significativas. Los PMI de servicios muestran más fortaleza, con índices que superan el 50 en la mayor parte de naciones, algo coherente con la época del año con mayor movimiento turístico, pero no tiene pinta de que sean capaces de contrarrestar un enfriamiento que no deja de acentuarse en la locomotora de la UE y que, poco a poco, se extiende por toda la región. La persistencia de problemas ya conocidos, como el encarecimiento de la energía, la guerra de Ucrania o la creciente competencia del coche chino están golpeando a una industria alemana que se encuentra en plena angustia existencial, con la sensación de que el futuro se le puede estar negando, y sin tener muy claro cómo responder. En general, todo el sector de la automoción europea se ha metido en un brete de cuidado a cuenta de errores propios (lo de Stellantis y sus motores clama al cielo) y decisiones estratégicas de los gobiernos, especialmente referidas al cambio climático y los objetivos de descarbonización. La eficiencia de la mecánica de motor de combustión alemán no puede correr al ritmo al que en Europa se imponen reducciones de emisiones, mientras que en otras zonas del mundo no se sigue ese proceso acelerado de reducción. Ahora mismo, por todo un cúmulo de causas, gran parte de los tractores de la industria europea no son capaces de funcionar como antaño y la sensación es que el otoño invierno al que nos adentramos tendrá poco de metafórico en lo que a la economía de la UE se refiere. Afrontar estos problemas es una de las mayores urgencias que tenemos encima de la mesa pero, lamentablemente, el ciclo político no ayuda. La debilidad el gobierno alemán es notable, y si salva por la mínima una elección regional es a costa de la sangría de alguno de sus socios y la pujanza, siempre presente, de la extrema derecha. Y en Francia la situación no es mejor, con un nuevo gobierno débil y casi en minoría, con la asamblea en contra, la calle protestando y un presidente Macron que no logra que su mandato se enderece. Hace falta impulso y decisión para tomar medidas serias, y no veo, por ahora, nada que me haga pensar que se acaben adoptando.

En España el PMI de agosto no ha salido malo, 50,5 aunque sí disminuye respecto al 51 de julio. Nuestra industria sigue tirando algo más que la de nuestros poderosos vecinos, pero los vientos fríos que de allí llegan empiezan a notarse y el freno en la expansión es claro. Es el desatado sector servicios el que mantiene el tipo y permite que nuestras tasas de crecimiento sigan siendo significativamente más altas que en otras naciones de la UE. Mucha turismofobia, pero cada vez vivimos más de ese sector y nuestra dependencia empieza a ser preocupante. De todas maneras, será imposible mantener un ritmo de crecimiento como el actual (2,5% – 2,7% al año) su la UE se frena, dado que ahí están nuestros principales mercados. A ver qué es lo que pasa.

lunes, septiembre 23, 2024

La electrónica de consumo como arma de guerra

Lo sucedido la semana pasada en Líbano, esa acción militar organizada por Israel que ha herido a miles de combatientes de Hezbollah haciendo explotar sus buscas y walkie talkies, previamente manipulados, ha disparado los temores a que algo así pudiera suceder a escala masiva y mediante un complot organizado, de tal manera que muchos de los dispositivos electrónicos que nos rodean se convirtiesen, automáticamente, en armas. Titulaba Marta García Aller su último artículo como ¿Puede tu tostador convertirse en una bomba? La respuesta corta y simplista es no, pero como todo, hay una derivada más compleja que abre posibilidades de todo tipo.

Si los buscas y walkies han explotado es porque han sido manipulados, es decir, alguien ha introducido mínimas cargas de explosivos en ellos y los ha hecho detonar. Sino, es imposible que estallasen. Eso nos garantiza que un electrodoméstico casero no va ya a reventar en nuestra casa, junto con otro miles, de manera coordinada, salvo que alguien haya conseguido que todos esos equipos tengan un bomba camuflada escondida en su interior. Alguien podría pensar que no es algo tan descabellado visto lo visto, y si hace un par de semanas me lo hubiera preguntado habría sido mucho más rotundo a la hora de negar la posibilidad. Pero el que no exploten no quiere decir que no estén sujetos a riesgos. Cada vez son más los dispositivos que tenemos a nuestro alcance conectados a internet, que se actualizan en red y adquieren su sentido en esa nube virtual, y por ello las opciones de hackeo se disparan. Quizás los móviles tengan software que les permita defenderse de un ataque, pero a medida que bajamos en la escala de “inteligencia” las contramedidas de seguridad son menores, y más factible que puedan ser usados por delincuentes o estados agresivos. Un ciberataque bien pensado que bloquee sistemas vitales puede convertir cualquier nación de hoy en día en una extraña imitación del siglo XIX, pero con ciudadanos mucho más perdidos e indefensos, y muchos de esos objetos que se conocen vulgarmente como “el internet de las cosas” pueden servir de puerta a intrusiones de este tipo. ¿Se puede con software generar daños físicos a las personas? Sí, y uno puede ser retorcido imaginando cosas. Coches autónomos que pierden el control y reciben la orden de acelerar estén donde estén, ocasionando cadenas de accidentes, bloqueo de sistemas de seguridad de redes ferroviarias, que impida que los trenes reciban las señales adecuadas y se expongan a choques o descarrilamientos en cruces gestionados de manera remota, cortocircuitos en sistemas de señales o similares que consigan apagar redes de metro o aeropuertos, ataques que generen sobrecargas en puntos estratégicos y se traduzcan en apagones masivos… el hecho de que la digitalización se haya extendido de tal manera aumenta los riesgos potenciales de problemas profundos en caso no ya de fallo, sino de ataque buscando crear daños. Hace no muchos meses vivimos una situación de colapso en varios sistemas, sobre todo aeropuertos, a causa del fallo de una actualización vinculada a Windows, el sistema operativo predominante en el mundo. Miles de vuelos se tuvieron que quedar en tierra porque los sistemas de un montón de aeropuertos no funcionaban. Eso se tradujo en caos, retrasos, nerviosismo, pérdidas económicas serias para las compañías, molestias de todo tipo en usuarios y empresas, y una disrupción que, aunque fue breve, no fue nada menor. El cine ha planteado varias veces la posibilidad de que un ataque terrorista no se base tanto en bombas y fusiles como en cibercolapso, y aunque por ahora la realidad no ha ido por ahí, es un riesgo que existe y que no puede ser minusvalorado, ni mucho menos. Muchos son los profesionales que, en todo el mundo, trabajan sin descanso para evitar que los ataques, que se producen de manera constante, no lleguen a ninguna parte, pero el riesgo existe.

Los millones de smartphones que atrapan nuestra vida, y de los que no nos separamos ni un segundo, son la puerta de entrada a toda la existencia y, potencialmente ya son la pieza más delicada y relevante del mundo tal y como lo conocemos. Su inutilización nos dejaría incomunicados, aislados e incapaces de realizar trámite alguno. ¿Pueden explotar remotamente? Sus baterías cada vez son más potentes, y todas ellas tienen un riesgo de incendio por sobrecalentamiento, como bien saben los transportes públicos en el caso de los patinetes, pero la experiencia nos dice que los casos habidos son mínimos dado el ingente parque de móviles. Su riesgo es que dejen de estar operativos. Y, potencialmente, pudiera ser.

viernes, septiembre 20, 2024

¿Empieza la guerra del Líbano?

Las esperadas declaraciones de ayer del líder de Hezbollah, en las que no estallaron ni las cámaras ni los micrófonos, parecen preludiar el inicio de la guerra abierta y extensa entre Israel y la milicia chií, con el Líbano como campo de enfrentamiento. El intercambio de cohetes y bombardeos durante esta noche ha sido intenso y habrá que ver a lo largo de los próximos días si se producen ofensivas terrestres o de algún otro tipo que permitan decir que este 20 de septiembre, a apenas dos semanas del aniversario de los ataques del 7 de octubre, marca el inicio de una segunda guerra regional y la apertura del frente norte.

Hezbollah no es Hamas, ni mucho menos. A pesar de la violencia atroz exhibida por los yihadistas palestinos, la capacidad de ataque de esa fuerza era bastante escasa frente al potencial del ejército israelí. Su principal poder residía en el control del exiguo territorio de Gaza y, sobre todo, de su subsuelo, en el que una red de túneles le permitía moverse, transportar tanto munición como abastecimiento, y la posibilidad de golpear con fuerza y esconderse rápidamente. La mayor parte de ese potencial ha sido arrasado por la invasión israelí de la franja, convertida en la práctica en una escombrera. Milicianos de Hamas y palestinos inocentes han muerto a miles, y lo que queda de ese territorio es un lugar difícilmente habitable y convertido en un extenso campo de refugiados. Hamas como organización está muy debilitada, pero no derrotada como idea, y esa será la esperanza a la que se agarren los yihadistas que quedan y el régimen iraní que los patrocina. En el norte las cosas son distinta. Hezbollah es una milicia armada, un ejército informal de miles de miembros que, en la práctica, supone el poder fáctico que controla un estado, el libanés, sometido a grandes tensiones étnicas y religiosas, y en las que muchos de los grupos se han ido convirtiendo en minorías a medida que la preponderancia de Hezbollah ha ido conquistándolo todo. Posee muchos hombres bien entrenados y pertrechados, y el país libanés en su conjunto como lugar de esparcimiento y retaguardia. Su armamento incluye misiles modernos, vehículos y todo tipo de material militar no precisamente obsoleto, que le da un potencial enorme. En caso de guerra abierta la capacidad de las IDF es superior, pero frente al paseo con bulldozers que ha supuesto la mayor parte de la invasión de Gaza, los propios militares israelíes saben que una ofensiva en el Líbano es otra cosa, y que ahí sí se arriesgan a sufrir bajas propias de manera significativa. Creo que son apenas unos cientos los soldados israelíes que han muerto en las operaciones en Gaza, frente al balance de cerca de cuarenta mil palestinos muertos, lo que permite hacer una simple proporción de lo, valga la redundancia, desproporcionado que ha sido la operación. En el norte las fuerzas israelíes se enfrentan a una situación más peligrosa, de mucho mayor desgaste, en la que su superioridad les otorga una evidente ventaja, sí, pero que no sería un paseo en ningún caso. Además, ahora mismo Siria también sirve como base de retaguardia para las milicias de Hezbollah, y por ello Israel no ha dudado en atacar algunas instalaciones en ese país que pudieran servir a los milicianos chiís en su labor de acopio y entrenamiento, pero no es menos cierto que la extensión del territorio desde el que operan esas fuerzas es mucho mayor que la que las IDF son capaces de controlar por sus propios medios, empezando por la disponibilidad de tropas en un país de la población de Israel, por lo que la estrategia de batalla que esté manejando el alto mando hebreo puede pasar más por una secuencia de golpes duros y significativos, que noqueen al adversario, antes que por una invasión terrestre del territorio libanés y adyacentes. La operación asombrosa de los buscas y walkies explosivos es una manera de “ablandar” el terreno antes de un ataque duro, contando con la ventaja del shock y paranoia en la que habitan ahora mismo las fuerzas de la milicia iraní.

Por esa zona de combate anda una fuerza de interposición de la ONU, que se encuentra allí desde el final de la anterior guerra entre ambos contendientes, en la que la presencia de soldados españoles es abundante. Si las hostilidades se desatan habría que intentar salvar a todo ese contingente y evacuar sus bases de la manera más rápida posible, porque se encontrarían en un grave peligro en medio de un fuego cruzado sin demasiadas contemplaciones. A lo largo de estos años ha habido incidentes crecientes entre esa fuerza de interposición y las posiciones de Hezbollah, y me da que, desde hace un tiempo, la autoprotección es prioritaria para ese contingente. Confiemos en que no haya que lamentar desgracia alguna.

jueves, septiembre 19, 2024

Primero buscas, luego walkies, después…

Aún no recuperados del impacto que ha supuesto el ingenioso ataque israelí a Hezbollah del pasado martes, ayer miércoles por la tarde, casi un día después de la oleada de explosiones de los buscas, se produjo otra secuencia constante de estallidos, esta vez en dispositivos walkie talkie, intercomunicadores personales de tecnología antigua, pero eficaz. Como su uso es menos extendido que el de los buscas menos han sido los afectados, que se miden en unos cuatro centenares, pero como son dispositivos más grandes, y permiten alojar mayor carga, los daños son mayores, con cerca de una veintena de muertos y heridas mucho más graves y extensas.

Ahora mismo la milicia chií está en un estado de paranoia absoluto. No sabe qué es lo próximo que puede estallar en la proximidad de sus militantes (microondas, televisores, despertadores….) y la comunicación entre sus miembros es inexistente. Miles de ellos están heridos de mayor o menor consideración, con amputaciones en manos y rostros deshechos en muchos casos, lo que les incapacita totalmente para ejercer su labro militar. El golpe es de una intensidad y extensión profunda, y esa paranoia que citaba al principio está en todos sus miembros y dirigentes, no sólo entre los directamente golpeados. La operatividad a muy corto plazo del grupo es casi nula. No está desarticulado ni derrotado, ni mucho menos, pero como un mal boxeador de película, camina medio grogui por un ring sin saber dónde se encuentra tras recibir un directo de su oponente. Tiempo habrá para saber los detalles de cómo se ha llevado a cabo esta operación, que pasará a los anales de la estrategia y el contraespionaje, y que a buen seguro inspirará películas y libros, porque es alucinante, pero los siguientes pasos en la región se van a producir mucho antes de que sepamos cómo se las ha arreglado la inteligencia israelí para lograrlo. Ahora mismo el gobierno de Tel Aviv tiene dos opciones sobre la mesa. O lanzar una ofensiva a gran escala sobre el sur del Líbano, y desarbolar a la milicia en la zona, o recuperar el terreno abandonado tras los primeros ataques de Hezbollah y volver a las fronteras anteriores. Y todo con el mensaje claramente lanzado a la milicia del daño que son capaces de hacerle si se lo proponen, con el miedo en el cuerpo inoculado en forma de explosivo plástico camuflado en miles y miles de sus combatientes. En este momento la posición de Israel es de fuerza y la de Hezbollah de derrota. ¿Qué va a pasar? Una de las opciones es que Hezbollah admita que ha sufrido el daño que todos hemos visto y, sin reconocerlo, ofrezca una tregua a Israel y la guerra abierta no se de, y durante un tiempo largo se dedique a recomponerse, a curar a los suyos ya a descubrir cómo les han engañado de una manera tan profunda. Otra opción es la de la ira, la de la rabia, que ante lo que ha pasado Hezbollah decida por eso de “de perdidos al río” y lance una ofensiva de venganza en busca de piezas de caza que le sirvan para volver a ser reconocido entre los suyos, y eso abriría las puertas a una nueva guerra de alta intensidad en la zona, con un Líbano convertido en campo de batalla y unas tropas internacionales apostadas en la región, con un elevado contingente español entre ellas, sometidas a un fuego cruzado en el que tienen todas las de perder. Doy por sentado que el gobierno de Netanyahu tiene pensados planes de contingencia para estos y otros escenarios que uno puede imaginar, y sospecho que ahora mismo Hezbollah no es capaz ni de organizarse para emitir una respuesta coordinada. Si no me equivoco hoy su líder, Hassan Nasrallah, va a dar un discurso a los suyos, no descarten que con un megáfono recién comprado por miedo a que en un micrófono se esconda otra carga explosiva, en el que es probable que hable con ira, deseos de venganza y toda la retórica islamista habitual, pero hay serias dudas sobre qué tipo de iniciativa puede ordenar a los suyos, muchos de los cuales no podrán verle ni oírle, empezando por los que se han quedado ciegos. Que se sepa, él no ha sido afectado por esta oleada, y eso también puede que sea un mensaje que Israel le ha lanzado. Esta vez te has salvado, porque así lo hemos querido, puede que la siguiente no.

Desde que comenzó la guerra en Gaza, tras los crueles atentados de Hamas del 7 de octubre, hace ya casi un año, en la zona se han roto todos los débiles equilibrios que permitían sostener acuerdos, conversaciones y, en general, un escenario de previsión. El caos y la violencia lo dominan todo. Y he mantenido el miedo soterrado a que alguna inteligencia islamista esté planeando una venganza sonada, allí y en occidente, ante lo que está sucediendo. Por ahora ese factor sorpresa lo ha ejecutado Israel de una manera prácticamente inimaginable. Se me antoja muy difícil saber lo que sucederá a partir de, pongamos, hoy mismo.

miércoles, septiembre 18, 2024

Asombroso golpe de Israel a Hezbollah

Es conocida la capacidad de los servicios secretos israelíes, el Mosad, para hacer operaciones arriesgadas e impactantes, que combinan riesgo y un sentido de la inteligencia tan avanzado como, muchas veces, sorprendente. Suya fue la idea y desarrollo de Stuxnet, el virus informático que lograron infiltrar en los sistemas iraníes de enriquecimiento de uranio y que provocó la destrucción física de muchas de las centrifugadoras que los ayatolás usaban para su búsqueda del componente enriquecido para la bomba. Eso retrasó varios años el programa nuclear iraní. Con acciones de este tipo, o de comandos, se ha ganado un prestigio más que merecido.

Pero lo de ayer es, directamente, propio de una película mezcla de acción y ciencia ficción. Por la tarde saltó la noticia en todo el mundo de la explosión de miles de buscas en Libano y Siria, que eran portados por milicianos de Hamas. Los buscas son algo que, a buen seguro, los milenials y demás jovencitos no conocen, pero eran unos dispositivos inalámbricos algo más pequeños que los actuales móviles, que respondían ante frecuencias de radio, y que servían para avisar a quien lo portaba que le estaban buscando, que se pusiera en contacto por teléfono, fijo en aquellos momentos, con los números que sabía eran de interés. Era un avisador, más que nada. Su tecnología es básica y no tiene nada que ver con la de los móviles nuestros, y eso lo hace más difícilmente manipulable. De hecho, Hezbollah ordenó a sus miembros que dejaran de usar los móviles para sus acciones y comunicaciones porque eran mucho más accesibles tanto a interceptación de mensajes como a la instalación de software espía, ofreciendo así una puerta a que Israel los infectara. Y recurrieron a los buscas, en una especie de salto tecnológico hacia atrás tratando de encontrar una mayor seguridad. No les ha salido bien. Un busca no tiene baterías de litio ni componentes que puedan explotar… ¿qué ha pasado entonces? Se disparan las hipótesis, y una de las más alucinantes es que Israel se enteró de este movimiento de Hezbollah y trató de sacarle partido. Las partidas de buscas solicitados por la milicia iraní fueron fabricadas en Taiwán, pero Israel fue capaz de interceptar físicamente los dispositivos y alterarlo, introduciendo una muy pequeña carga explosiva en ellos, 6 a 8 gramos de componente plástico, y un minisistema electrónico que activara la carga en el caso de recibir una señal predeterminada. Esos pocos gramos parecen poca cosa, de hecho lo son, pero como el dispositivo se porta encima, adosado al cuerpo, a veces en el bolsillo, o enganchado al cinturón, está en permanente contacto con la piel y eso hace que la explosión pueda generar efectos intensos. Ni les cuento en caso de que el miliciano esté, en ese momento, con el busca en su mano o mirándolo. Esa carga es suficiente para volar varios dedos y dejar convertida en un muñón inservible cualquier extremidad humana. De hecho, el balance de la acción de ayer es espectacular. A esta hora de la mañana se habla de nueve fallecidos y cerca de tres mil heridos, tres mil, siendo cientos de ellos los que se encuentran en estado grave. Con la emisión de una simple orden desde una de las sedes de la inteligencia israelí, el gobierno de Netanyahu ha infringido a Hezbollah el que puede que haya sido el golpe más duro que ha sufrido en toda su historia. El número de afectados, tanto milicianos, altos cargos, responsables de inteligencia, miembros de la cúpula y, también, personas ajenas a la organización que se encontraban junto a los dispositivos, es enorme. La escena se parece a la ejecución de la orden 69 en el episodio III de Star Wars, cuando los clones se rebelan y pasan de ser el ejército de la república a siervos de Palpatine. Asombroso.

Además del golpe físico y la muestra de audacia, lo sucedido debe haber dejado temblando a la milicia y al propio régimen iraní. ¿Hasta dónde estamos infiltrados? ¿Qué nos tienen intervenidos? ¿Qué de lo nuestro puede Israel usar contra nosotros? La sensación de fracaso, de usurpación, de haber sido violados será enorme en las organizaciones de la constelación iraní y en el régimen que las controla. Su rabia será grande, y el miedo a que la respuesta sea cruda y cruel existe. Desde el 7 de octubre del año pasado el guion de lo que sucede en la zona está roto, y la violencia audaz lo supera todo. Lo de ayer es digno de estudio profundo, es de película.

martes, septiembre 17, 2024

Segundo intento de asesinato contra Trump

Este domingo noche, hora española, se conoció la detención de un hombre apostado en las afueras del club de golf de Donald Trump en Florida. Esa noticia iba acompañada de la decisión del servicio secreto de proteger al expresidente y la sensación, confusa en un principio, de estar ante otro altercado serio en el entorno de la seguridad del candidato presidencial. Después del atentado que casi lo mata en julio cualquier precaución es poca, y el miedo a un incidente similar se disparó. Dos días después sabemos que la situación de seguridad no era tan grave como en Pensilvania en verano, pero sí que era otro intento de magnicidio, afortunadamente frustrado.

Al detenido se le incautó un fusil automático, mira telescópica, bolsas con munición y una cámara con la que, probablemente, pensaba grabar su fechoría y lucirse como un héroe. No llegó a disparar, pero con el arma que llevaba la distancia de algunos centenares de metros que le separaba de su objetivo era algo fácilmente superable. El sujeto es un viejo conocido de la policía, con antecedentes múltiples y que ya hace bastantes años protagonizó un encierro con armas en el que la intervención de las fuerzas de seguridad fue necesaria. Muy involucrado en todo lo que pasa en Ucrania, parece que quiso enrolarse como voluntario en esa guerra a favor de Kiev, pero no se sabe si llegó a lograrlo y si, de hacerlo, participó en combates. Está detenido e ileso, por lo que, frente a lo que sucedió con el abatido tirador de julio, este sí va a poder ser interrogado y sabremos, se supone, las causas que le han llevado a tratar de cometer ese asesinato, y si ha contado con algún tipo de colaboración o ayuda. Una vez sofocada la emergencia, y a expensas de lo que se vaya sabiendo de las motivaciones del personaje, vuelve a la palestra el papel de los servicios secretos de seguridad, que esta vez han abortado un nuevo intento de ataque antes de que se produzca, pero que siguen en entredicho tras el clamoroso fallo de Pensilvania y, sobre todo, ofrecen una imagen de escasa seguridad en el entorno del expresidente y candidato Trump. Dos intentos de asesinato en dos meses no es ninguna tontería, y a dos meses escasos de las elecciones la tensión no deja de subir, y es probable que, visto lo visto, alguno más quiera probar suerte para ver si él lo logra y pasa a la historia. Trump, que ha pasado una mala semana electoral tras el debate en el que perdió (sin admitirlo) y los bulos sobre los perros y gatos, ha visto como una nueva oportunidad este ataque fallido, y desde su red social no ha dejado de gritar en defensa de sí mismo, de los suyos, de su campaña, de que no dejará de intentarlo, que se mantiene fuerte, y que, lo más importante y grave, todos estos ataques se deben al clima sembrado por Biden y Harris. Es evidente que el nivel de violencia política que está mostrando esta campaña norteamericana es anómalo, grave y muy peligroso. Si se considera como normal que cualquier concentración política, en este caso de Trump, pueda ser objeto de un atentado, nos estamos deslizando por una pendiente peligrosa que puede restar valor al resultado electoral. ¿Qué ocurriría si, perdiendo las elecciones, Trump no lo admite y cree que estamos ante un atentado de otro tipo? ¿Hasta qué punto sus fieles serían capaces de responder con violencia ante una llamada de su líder? Hay ciertas preguntas que casi es mejor no hacerse, pero la verdad, el desarrollo de esta contienda electoral muestra tintes muy preocupantes sobre la salud no ya del sistema electoral norteamericano, sino sobre la propia cohesión de su sociedad. Estos atentados pueden acabar consolidando la idea de que el poder no se conquista con los votos, sino con la violencia, y pueden ser la excusa para acciones muy graves. Y Trump no necesita muchas excusas para subvertir el poder establecido, las convicciones sociales y la seguridad pública.

Tenemos en mente el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, unas imágenes horrendas en las que el legislativo de aquel país es invadido por una turba golpista alentada desde la Casa blanca por quien iba camino de ser expresidente. No se lo que va a pasar de aquí al 5 de noviembre, ni quién será presidente electo el 6. A día de hoy kamala tiene algo más de probabilidad de ganar, pero está todo muy muy reñido, pero lo que suceda a partir de entonces puede ser tan delicado como inimaginable. La violencia jamás es un argumento válido en política, ni aquí ni allí ni en ninguna parte. Eso, que EEUU lo ha tenido claro durante siglos, puede empezar a debilitarse.

lunes, septiembre 16, 2024

La dictadura venezolana aprieta

Es triste que, de todo nuestro desgobierno, sólo Margarita Robles, ministra de defensa, se haya atrevido a decir una verdad tan clara y evidente respecto al régimen de Maduro. Al calificarlo como lo que es, dictadura, ha roto una especie de tabú en la tontería ideológica que se mantiene en gran parte del ejecutivo y, desde luego, en sus socios de investidura. La contemplativa actuación de Albares, que hace tiempo que superó el ridículo, ha sido puesta totalmente en evidencia por Robles, que tiene bastantes más arrestos y capacidad para saber a lo que se enfrenta que un segundón cuyo futuro depende sólo de la rosca que le haga al que, es un decir, preside el gobierno de España.

Ayer Borrell, que ya está de salida, lo volvió a reiterar y dejarlo muy claro. Antes de las elecciones fraudulentas Venezuela estaba en manos de una dictadura, después del amaño, el régimen es aún más represivo y cerrado. Es así de sencillo. En el mundo existen dictaduras de derechas y de izquierdas, o que al menos pretenden vestirse de esos ropajes ideológicos, dado que en todas partes son lo mismo, un grupo de sujetos e intereses que se han hecho con el poder absoluto, político y económico, y reprimen con dureza a todo aquel que ose discutir su preminencia. Todas las dictaduras son malas, y todas debe ser vistas con el mismo desprecio moral, pero para gran parte del pensamiento dominante en nuestro país, que vive como millonarios en una sociedad de libre mercado, dictaduras como las de Cuba o Venezuela no lo son. En fin, no se dejen engañar por semejantes falsos. La cuestión es que, tras las declaraciones de Robles el régimen de Maduro ha aumentado la presión sobre España y nuestro desgobierno ya no puede recurrir al cansino comodín del PP para echarle las culpas de todo lo que pasa en el universo conocido. Este fin de semana se ha sabido que aquella dictadura mantiene detenidos a varios occidentales, entre ellos a dos de Bilbao, a los que acusa, sin pruebas, de formar parte de una conspiración para atentar contra la vida de Maduro. Diosdado Cabello, el responsable de las fuerzas armadas y hombre muy fuerte del régimen, ha salido en la televisión anunciándolo, acusando a los españoles de pertenecer al CNI y contando toda una historia que más parece fruto de una buena cortina de huno que otra cosa. Nuestro desgobierno ha salido rápidamente a desmentir que los ciudadanos españoles pertenezcan al CNI o a cualquier otra institución pública, y sus familias, que no han comparecido públicamente, sólo han confirmado que estaban de turismo por la zona y a principios de la semana pasada pusieron una denuncia por desaparición, porque habían perdido el contacto con ellos. Ahora sabemos que se encontraban detenidos por el régimen y que nadie de allí había informado ni a las autoridades españolas, y menos a las familias, que sus seres queridos no habían sufrido un accidente o algo así, sino que estaban entre rejas. Junto a ellos hay ciudadanos norteamericanos y de alguna otra nacionalidad europea, por lo que me da que Maduro y sus chicos acaban de conseguir un botín en forma de rehenes para presionar a las autoridades de estas naciones con el objeto de conseguir que la presión contra ellos disminuya. Supongo que a lo largo de la semana se mostrarán imágenes por parte del régimen de los capturados, con rótulos enormes en los que se indique que reconocen todos los cargos de los que se les acusa, y se empezarán a organizar pantomimas de juicio, de trámites previos, en los que se anticiparán sentencias muy duras. La actitud mafiosa de toda dictadura, que se extiende más allá de su propia población, y que no duda en restringir derechos a todo aquel que ose acercarse al país sometido al arbitrio del tirano.

Es de esperar que la UE avance en el procedimiento para reconocer a Edmundo González como presidente electo de Venezuela, e intensifique las sanciones al sátrapa Maduro y a su camarilla cómplice, lo que pondrá en más aprietos al desgobierno que tenemos, carente de toda ética, cegado por ideologías trasnochadas y muy perjudiciales, y lleno de necedad. La situación de estos rehenes que ahora se encuentran en Caracas es un problema añadido, no menor, pero que no puede condicionar el desarrollo de las decisiones políticas y sociales que deben ser tomadas por nuestras autoridades. Menos mal que estamos en la UE.

viernes, septiembre 13, 2024

Vistas al mundo

Me da que es realmente imposible imaginarlo, pero bueno, hagamos un intento. Piense usted que está en un camarote, en esas buhardillas que en ocasiones coronan los edificios. Coloca una escalera apoyada en la claraboya de lo alto y comienza a subir los peldaños hasta que llega al cristal. Acciona la palanca correspondiente y el ventanal se abre, permitiéndole sacar hasta medio cuerpo por encima del tejado y pudiendo, desde allí, contemplar todo lo que la vista le permite alcanzar, hasta la línea de horizonte que se extiende al fondo. Y todo está bajo sus pies, todo está a su alcance, y tiene la sensación de volar sobre ello.

Algo similar sí lo hemos experimentado muchos desde lo alto de un edificio, de viviendas o de otro tipo, y puede llegar a ser embriagador. Ayer, Jared Isaacman y Sarah Gillis hicieron algo similar, con mucha parsimonia y procedimiento, pero desde una claraboya situada a setecientos kilómetros de altura sobre la superficie de la Tierra. En lo alto de la cápsula Dragon de la misión Polaris Dawn de SpaceX, él, millonario financiador del viaje, y ella, ingeniera del equipo de la empresa y formadora de astronautas, fueron las dos personas que más alto se han posicionado de fuera de su nave, en el espacio, desde las misiones lunares, ya que orbitaban casi trescientos kilómetros más arriba de lo que lo hace la Estación Espacial Internacional. El paseo espacial de ayer pasará la historia por muchas razones. Por la altura comentada, por ser el primero de carácter privado, por ser el primero que se desarrolla desde una empresa comercial, y no desde una agencia estatal, y por ser la primera vez que dos no astronautas, dos personas no dedicadas en su carrera y seleccionadas por agencias nacionales, realizan una maniobra de este tipo. La misión Polaris Dawn tenía dos principales objetivos, además de una serie de labores técnicas algo menos vendibles pero igualmente importantes. Uno era el paseo de ayer, que ha conseguido colarse en los informativos de todo el mundo tanto por el hecho en sí como por la enorme potencia estética de las imágenes logradas. El otro, conseguido el día anterior, fue el de alcanzar una altura sobre la Tierra de unos 1.700 kilómetros, de tal manera que los cuatro tripulantes de esa nave han sido los humanos que más lejos han viajado fuera de nuestro mundo desde los pasajeros del Apollo XVII, la última misión lunar, en 1972. De paso, y es significativo, dado que la misión es mixta, ellas han sido las dos mujeres que más lejos han viajado en el espacio en la historia, porque hasta ahora todas las astronautas lo han sido en órbita baja. La cantidad de marcas batidas en este viaje lo convierte en memorable, y en todo un exitazo para SpaceX, la empresa que lo ha desarrollado, otra de las que pertenece a Elon Musk, que vuelve a demostrar que en lo que hace a lanzamientos en órbita baja y a viajes tripulados en este contorno está en un estadio de desarrollo equivalente al de cualquier agencia estatal. Su programa de viajes tripulados ya es una seria competencia al de la propia NASA, y no digamos el mercado de lanzamientos de satélites, donde ostenta una posición de privilegio absoluto y, gracias a su tecnología de reutilizamiento, unos costes operativos mucho más bajos que los de cualquier otra empresa de la competencia. Simplemente, está más allá. La financiación de este vuelo correspondía al millonario Isaacman, el primero que ayer, enfundado en su traje, de diseño propio de la empresa, se asomó a contemplar el mundo, por lo que en este caso se da un matrimonio casi perfecto entre tecnología puntera y demanda de altísima gama, una de las combinaciones que puede hacer explotar la industria espacial y convertirla en lo que no ha llegado a ser nunca, rentable. SpaceX está rompiendo todo tipo de barreras en ese mundo.

Para los espaciotrastornados Musk está siendo el hombre capaz de volver a insuflar la llama de la ilusión, en medio de desesperantes retrasos en los programas tripulados y de investigación nacionales. Con una NASA de presupuestos menguantes y un proyecto como el SLS convertido en un sumidero de dinero sin fines claros, empieza a ser más probable que sea SpaceX o China quienes logren antes el objetivo de volver a poner un humano orbitando la Luna, y con serias posibilidades de que se pueda llegar nuevamente hasta su superficie. Volver sería el hito de nuestro tiempo. Ir más allá se me antoja, ahora mismo, imposible, pero la visión de Musk, y su inmensa fortuna, pueden ser el combustible perfecto para lograrlo. ¿Por qué no soñar?

jueves, septiembre 12, 2024

El debate Harris Trump, y los gatos

Había mucha expectación sobre el primer debate electoral entre Kamala Harris y Trump, sobre todo tras el desastre vivido con Biden en junio. Para Kamala era la primera vez que se enfrentaba a una prueba similar, ya que el debate que tuvo entre vicepresidentes con Pence en 2020 fue realmente un soso duelo de segundones. La mayor parte de los comentaristas, cierto que poseen un evidente sesgo demócrata, consideran que ella lo hizo mejor que él, y que logró sacar a Trump de sus casillas, siendo esta una de las formas por las que se puede lograr derrotar a un mentiroso patológico como el magnate. Veremos qué efecto tiene en los sondeos en estados decisivos.

Lo más comentado del debate tiene que ver con perros y gatos, y eso es una buena muestra de hasta qué punto la política, allí y aquí, se ha convertido en lodazal en el que las bobadas de las redes sociales son las que determinan de qué se habla. En estos tiempos de complejidad creciente, de retos abundantes, de necesidad de consensos, y con un panorama internacional caótico y hostil, otra sarta de estupideces que enfangan la agenda pública y lo llenan todo de ruido. Un par de días antes del debate, JD Vance, el candidato a vicepresidente de Trump, dijo en algún mitin, y luego lo difundió en sus cuentas de redes, que muchos de los inmigrantes que llegan a EEUU, especialmente los haitianos, raptan los perros y gatos de los norteamericanos, sus mascotas, para comérselos. Así, con un par. Si hubiera dicho que eran alienígenas los que hacían eso la sandez no hubiera aumentado en exceso. Esto generó una enorme polvareda en X y otras redes, y reconozco que, cuando lo vi en inglés, dado mi precario dominio de la lengua, no entendía el significado de la frase, o traduciéndola directamente, no era capaz de saber qué estaba diciendo, si era eso literalmente u otra cosa. Pues no, era eso, eso, eso, lo que quería decir. Y va el jefe de Vance, el desquiciado Trump, y lo repite en el debate, acusando a Harris y a los demócratas de alentar la invasión de inmigrantes que llegan al país y se comen nuestras mascotas. Ante esto lo mejor que uno puede hacer es lo que hizo Kamala, reírse y poco más, porque muestra el tipo de personaje y “argumentario” que está utilizando. Ya no es que las noticias falsas o tergiversadas sean un elemento de toxicidad electoral que se usa para desorientar al electorado, no, es que estamos ante el lanzamiento de burdas mentiras de tamaño estelar a las que nadie con dos dedos de frente haría el menor caso, y que en tiempos de redes sociales son capaces de expandirse como el calor en verano. En España también vemos casos similares, como el del pseudoprograma de actualidad de los sábados por la noche de una cadena de número verde y par que lleva a actores que se hacen pasar por profesionales de sectores afectados por problemas y ahí suelan discursos ideologizados que interpretan con estimable convicción, sobre todo por lo que van a cobrar gracias a ello. Estas porquerías están en todas partes y, dado lo copiones que somos de todo lo que pase en EEUU, no faltará mucho para que alguien que se tache de progresista acuse a los del PP de cenar gatitos a la plancha y desde algún atril de Génova se diga que Sánchez es autófago, cuando la necia maldad de nuestro actual gobernante y la incapacidad de la oposición se pueden argumentar con hechos y decisiones ciertas, sin recurrir a chorradas. En fin, que si lo más comentado del debate fue eso la llevamos clara. La degradación de la política no parece tener fin.

Lo más positivo para Kamala vino, curiosamente, después del encuentro con Trump, porque recibió el apoyo explícito de Taylor Swift, quizás la mujer que ahora cuenta con la mayor influencia en el mundo. En sus redes, y frente al subliminal apoyo demócrata de 2020, manifestó su adhesión a Kamala. Este espaldarazo puede mover voto joven, tradicionalmente más pasivo, y ser vital en aquellos estados decisivos. Recuerden que las encuestas que miden allí la diferencia entre candidatos por voto nacional agregado sirven de poco. Será presidente el que gane estados bisagra como Ohio, Pensilvania y otros pocos más. ¿Decidirán los swifties el resultado final?