martes, marzo 03, 2026

Guerra de salvas en Oriente Medio

Lo que contemplamos ahora mismo desde las oficinas y viviendas de gran parte del mundo es la apoteosis de lo que los expertos denominan la guerra de salvas, una batalla en la que no se producen choques de tropas en tierra, sino el intercambio constante de proyectiles lanzados mutuamente sin cesar desde las posiciones seguras de los combatientes enfrentados. Haciendo uso de su superioridad aérea, EEUU e Israel compaginan esta situación con acciones de bombardeo, pero la esencia del combate se parece mucho a una guerra de bolas de nieve en la que dos grupos de escolares se lanzasen bolazos a lo loco pero sin que ninguno de ellos llegara a pegarse con nadie del bando contrario. Cruento, pero menos, y curioso.

Por parte de EEUU, las salvas constan fundamentalmente de misiles de crucero, de alta precisión, y el peso de la aviación, reduciendo a escombros una lista de objetivos previamente planificada en la que los analistas han determinado cuáles son los prioritarios y qué armamento es el adecuado para eliminarlos. Los puntos de ataque son las flotas compuestas por los dos portaaviones que rondan por la zona y sus escuadras de apoyo, junto con acciones de bombardeo que proceden de puntos mucho más distantes. Israel sólo emplea su aviación porque carece de capacidades balísticas relevantes de ataque (ya las ejecuta EEUU en su nombre). Irán recurre a dos tipos de bolas de nieve. Por un lado, misiles balísticos, caros y poderosos, capaces de causar grandes daños en caso de impacto, tanto por su velocidad como por su peso y carga explosiva. Por otro, el empleo de drones, donde su modelo shahed se ha hecho mundialmente conocido por el empleo de una de sus versiones por parte de Rusia en Ucrania. Con su estructura de ala delta, posee un cuerpo de misil con una cabeza explosiva cercana a los 50 kilos de capacidad que causa daños notables en los objetivos contra los que impacta, aunque evidentemente de mucha menor cuantía de lo que es capaz un misil. A cambio, cada shahed le cuesta a Irán poco más de 20.000$, por lo que dispone de una cantidad mucho más alta. Eso le permite, como se ha visto en Ucrania, plantear ataques de saturación contra objetivos en los que un sistema de defensa antimisiles es incapaz de abordar a un enjambre de drones, simplemente porque los objetivos son mucho más numerosos que las capacidades. Además, los interceptores de los sistemas de defensa son mucho más caros que cualquier dron que pueda ser lanzado, por lo que la relación coste beneficio de un ataque con drones es muy ventajosa para la nación que los usa. En Ucrania ambos bandos han visto cómo el empleo de drones en enjambre puede resultar muy efectivo tanto contra plataformas pesadas (tanques, helicópteros, aviones, barcos) como frente a objetivos fijos, civiles o militares. Irán tiene pinta de que puede seguir una táctica similar, tratando de mantenerse en pie y resistir todo lo que sea posible usando para ello el stock de que disponga de drones. Son un arma secundaria respecto a los misiles, pero claro, las baterías que lanzan los misiles son más fáciles de detectar y destruir por parte de los sistemas norteamericanos, de tal manera que una sostenida campaña de bombardeo puede eliminar gran parte de las instalaciones, fijas y móviles, que dan soporte a la capacidad de disparo iraní. Sería una manera de dejarle sin ese tipo de armamento, uno de los argumentos utilizados por Trump a posteriori para justificar el ataque. Sin embargo, esto no tiene porqué suponer ni la rendición del régimen ni su derrota, ya que eso dependerá de la capacidad que mantenga para amenazar a sus vecinos con los enjambres de drones. Irán, en este sentido, ha aprendido algunas de las lecciones de Ucrania y las está empleando. Es probable que, dadas sus limitadas capacidades y la superioridad aérea manifiesta que muestra EEUU, no pueda sostener campañas de intimidación durante mucho tiempo, pero si logra sobrevivir más que la paciencia, escasa, que caracteriza a Trump, no está determinado lo que va ya a suceder.

Desde luego, aunque el régimen está más que tocado, de momento sobrevive. El odioso complejo militar y teocrático que aprisiona a Irán es bastante más compacto de lo que uno pudiera desear, y a corto plazo no se ve a una “Delcy” que pueda hacerse con el poder en Teherán y que ofrezca a EEUU lo que desea a cambio del final de las hostilidades. Ayer Trump no se cerró a la posibilidad de poner tropas sobre el terreno en Irán, pero eso, ahora mismo, es una ensoñación, dad la ausencia de logística desplegada al respecto. Días y días de bolazos pueden ablandar a unos y agotar a otros. Vamos a ver cómo se desarrolla todo este desastre.

lunes, marzo 02, 2026

El ataque fue por la mañana

A lo largo de la tarde noche del pasado viernes se sucedieron los mensajes de alerta lanzados por los ministerios de asuntos exteriores de gran cantidad de países, empezando por China y siguiendo por los europeos, solicitando a sus nacionales que abandonasen Irán. A su vez, saltaban alertas de aerolíneas que decidían suspender sus vuelos a Teherán en un movimiento que, casi siempre, precede a un ataque, aunque a veces se produzca con una antelación muy elevada respecto al momento preciso en el que comienzan las hostilidades. Veía todo eso y mi apuesta de que, tras las conversaciones en Ginebra, Trump había decidido golpear, crecía en probabilidades. ¿Cuándo será el momento preciso? ¿Cómo?

No hubo que esperar demasiado, ya que al levantarse el sábado todo el mundo supo que la acción había sido madrugadora, no nocturna, como suele ser en estos casos, sino de día, iniciada ya la mañana en Irán, pasadas las siete en España, con el alba empezando a asomar en la península en una mañana tranquila, fría y soleada. La operación, denominada Furia Épica, en un intento bastante casposo de copiar a lo que parece más una secuela del universo Marvel que a otra cosa, se desarrolla conjuntamente desde el inicio por las fuerzas de EEUU e Israel. En una primera tanda de ataques, en la mañana del sábado, las fuerzas israelíes se centraron en los objetivos de control y mando del régimen, incluyendo las residencias del líder supremo y de numerosos altos cargos del ejército y la seguridad iraní, mientras que los norteamericanos atacaban, vía aviación y el empleo de misiles desde barcos, instalaciones militares, capacidades balísticas, depósitos de munición, complejos relacionados con el desarrollo nuclear y, en general, todo lo relacionado con la capacidad militar del país. Un doble golpe, muy intenso, que buscaba tanto descabezar el régimen como debilitar sustancialmente sus capacidades ofensivas, degradándolas hasta el punto de que no supusieran un problema. Una guerra intensa, de salvas, como se dice ahora en la literatura especializada, sin desplazamiento de tropas sobre el terreno, sólo de lanzamientos de precisión buscando causar el mayor impacto posible en un tiempo breve, que cause una conmoción en el país atacado, una desestabilización de las estructuras de poder. Lo que en un principio parecía ser una operación de advertencia se convirtió, a las pocas horas, en una clara intentona de derrocar al régimen en su conjunto. Hay muchas dudas sobre el por qué de la operación y el cuándo escogido, pero parece que la inteligencia norteamericana detectó a muy primera hora del sábado una reunión entre el líder supremo y gran parte de su cúpula en las instalaciones oficiales del régimen, no en un búnker o algo similar, y la posibilidad real de cazar a todos ellos de un golpe precipitó la ofensiva. Desde el mediodía las fuentes israelíes daban como probable que Ali KAmenei, el líder supremo iraní, con casi cuatro décadas al frente de la dictadura, había caído, junto con una buena parte de su cúpula de seguridad y control. Los norteamericanos no difundieron esta información hasta ya entrada la noche del mismo sábado, dando entonces por segura la muerte del número uno del régimen iraní, y un presentador de la televisión oficial persa lo confirmó, entre sollozos a lo Arias Navarro, en la madrugada europea. El intento de decapitación había sido un éxito, la dimensión del golpe, enorme, las consecuencias potenciales de la acción, espectaculares. El escenario regional había sido completamente alterado de un plumazo y el impacto de la noticia era, a lo largo del domingo, el monotema en los canales informativos de todo el mundo. Esta vez Kamenei no iba a acompañar a Maduro en una celda de Brroklyn, no. Estaba ya en el mundo de los muertos.

A lo largo del fin de semana se han sucedido los ataques norteamericanos e israelíes, y la respuesta iraní, en forma de lanzamiento de misiles y drones contra objetivos situados en todas las naciones ribereñas del golfo pérsico. Estos ataques han causado daños leves, algunas bajas, el absoluto caos aeroportuario en una de las principales regiones de conexión logística de pasajeros del mundo, el corte preventivo del tráfico de buques en el estrecho de Ormuz y la alerta generalizada en toda la región. A esta hora de la mañana, golpeado, el régimen iraní sigue, no ha caído, y se esperan días de bombardeos, respuestas y contrarespuestas en una nueva guerra desatada en la zona. En esta ocasión, con el destino de Irán de fondo. Alucinante.