Hace no tanto agosto era una pesadilla para los informativos, apenas había noticias, y se buscaba magnificar las pocas que surgían para darle algo de empaque a unos telediarios o boletines que contaban con audiencias ridículas en comparación al resto del año. De hecho, no eran pocos los chistes sobre qué pasaría en Gibraltar en ese mes, porque esa era una de las recurrencias que se buscaban para encontrar chicha mediática a las noticias. Serpientes de verano se les llamaba a estas noticias, que no eran tales. Creo que, como pasó con las canciones del verano, han ido a parar al desván para ser un mero recuerdo del pasado.
Este mes está siendo duro. Entre el desastre de Ceuta, provocado por Marruecos y la desidia nacional, el calor que no da tregua, los incendios devastadores que se suceden un otras otro por toda la geografía, los terremotos, el disparo de la rentabilidad de los bonos soberanos y las bobadas que no deja de soltar Trump en torno a su fracaso en Irán lo cierto es que los profesionales de los medios no han tenido tiempo para aburrirse ni un minuto. Ceuta, y su desgracia, han sido el eje en torno al que ha orbitado toda la información en lo que llevamos de mes, tras el asalto propiciado por Marruecos y la degeneración de la situación en la ciudad gracias a la inoperancia de un gobierno que, como su presidente, sigue de vacaciones sin que nada ni nadie le importune. Este es el tema río que guiará lo que queda de mes, dado que la semana que viene se van a producir en el Congreso las comparecencias de varios ministros para dar explicaciones (sí, sí, ríanse) sobre lo sucedido y lo que han hecho al respecto. Con el permiso de Ceuta se han colado dos terremotos, uno sucedido a principios de mes en Colombia y otro, bueno, una serie, que está golpeando Granada ciudad y toda su comarca, con dos movimientos muy superficiales de intensidad cercana a cinco que han causado no pocos daños materiales en cornisas y multitud de elementos salientes y que han metido, como es lógico, el susto en el cuerpo a todos los que ahí residen, que ven como el proceso que se vivió en 2021, si no me equivoco, se vuelve a repetir, pero esta vez con una intensidad superior. El último gran movimiento ha dejado unos heridos, pero por ahora, afortunadamente, no hay que lamentar víctimas mortales ni graves daños materiales. El patrimonio artístico de la ciudad, enorme, se ha movido con ganas, pero parece haber aguantado bastante bien la sacudida. En esto de los terremotos vivimos a ciegas, porque sabemos que donde se han dado se darán, pero no hay manera de predecirlos ni de conocer cuándo se va a producir la recesión en el proceso que los causa, por lo que la intranquilidad en la zona está justificada. Es de esperar que, tras las sacudidas serias que se han vivido, las réplicas vayan a menos en intensidad y frecuencia, pero nada garantiza que eso vaya a ser así exactamente. En esa comarca vive mucha gente, y más aún en temporada de verano, como es el tiempo en el que estamos, por lo que hay que mantener la prudencia y confiar en que la cosa vaya a menos, pero dígale usted eso a un residente de un edificio que luce grietas tras lo sucedido, y verá con qué vehemencia le contesta. Si lo de Ceuta es un desastre por causa humana, evitable, provocado, lo de Granada es un infortunio ante lo único que queda es la suerte y la confianza en que las edificaciones se hayan hecho teniendo en cuenta los riesgos sísmicos de la zona y aguanten. Son dos crisis muy diferentes, pero ambas tienen de los nervios a los que residen en las zonas afectadas, y con toda la razón del mundo. Lo que más rabia me da es que, la que está en manos humanas de ser solucionada, se pudre, como lo hace el interior de la falla granadina, y eso sí tiene culpables, por acción y omisión.
Niebla, Peñas de Rilos, Pinofranqueado…. Uno va conociendo parajes del país en función de cómo se queman en los incendios forestales que los asolan, y no deja de ser, probablemente, una de las peores maneras de saber que existen. Un incendio destructor se sucede tras otro, con muy pocos detenidos como causantes, (sí hay uno en el de Huesca) un enorme esfuerzo para poder apagarlos, que ya se ha cobrado la vida de un miembro de la UME miles de desalojados que han pasado días interminables lejos de sus casas, y patrimonio natural que se destruye para no volver en décadas. En este sentido, el balance de agosto es tan duro como el de julio.
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