miércoles, septiembre 02, 2026

El gobierno alemán no miente

A veces las comparaciones son odiosas, y desatan una envidia que es difícil de controlar. Alemania ha sido atacada este verano de manera híbrida por Rusia. El gobierno alemán lo ha confirmado, denunciado y acusado a Moscú de ser el responsable, y anuncia medidas frente a él. España ha sido atacada este verano de manera híbrida por Marruecos. El gobierno español, ausente por vacaciones, apenas ha respondido ante el hecho, ha tratado de enmascararlo bajo un problema exclusivamente migratorio y defiende a Rabat de manera constante y sin rubor. ¿En qué país preferirían ustedes estar?

Lo de Alemania tiene su miga y ha acabo siendo lo que parecía. Todo comienza con la detección este agosto de un dron bomba en el aeropuerto de Leipzig. El dispositivo, terrestre, estaba cargado con un explosivo de potencia no muy elevada, pero suficiente para poder causar daños considerables en un avión, y más i se encuentra lleno de combustible y preparado para el despegue. El objetivo de este artefacto era un Antonov, uno de esos enormes aviones de carga de fabricación ucraniana, vestigio de la época de la guerra fría, cuyos ejemplares no abundan y son muy llamativos, con esas enormes alas dobladas situadas en lo alto del fuselaje y un tren de aterrizaje que parece una oruga infinita de ruedas. En el momento de la detección del incidente uno de estos aviones se encontraba en ese aeropuerto alemán, y la investigación determinó que era el objetivo. Las probabilidades de que alguien ataque intereses ucranianos y no sea Rusia son realmente escasas. El incidente, serio, obligó a cerrar el aeropuerto de la ciudad en la que yace Bach durante varias horas, y reveló serias fallas de seguridad, porque no hay otra manera de explicar que un dispositivo con explosivos hubiera podido acceder a la zona en la que se mueven los vehículos que trabajan con las aeronaves en las zonas de carga, repostaje, movimiento de equipajes, catering, etc. Se organizó un revuelo en el país por el fallo de seguridad que se había detectado que, afortunadamente, no llegó hasta el punto en el que el ataque, o atentado si lo prefieren, se pudiera consumar por completo. La escena de un avión explotando en la pista de un aeropuerto europeo por una bomba hubiera sido devastadora, y más en las semanas de mayor tráfico aéreo del continente, en plenas vacaciones de agosto. Tras semanas de investigación, ayer los responsables de seguridad germanos hicieron público lo que todo el mundo sospechaba, que Rusia estaba detrás de esa acción, que había podido causar víctimas en suelo alemán, que podría haber tenido efectos económicos serios de haberse producido, y que suponía la existencia de una trama que había manejado explosivos con fines perturbadores en un territorio ajeno a los dominios de Moscú. No tardaron las autoridades germanas en definir lo sucedido como ataque híbrido, atribuido al estado ruso, a sus servicios de seguridad o a ramas de los mismos. Es una acusación muy seria, pero consistente, porque no sería la primera vez que Rusia utiliza la violencia fuera de sus fronteras, sin reparo alguno, para dirimir asuntos propios. La novedad del hecho es que se trataría de una acción enmarcada en la guerra de Ucrania, dado el objetivo a destruir, pero que se desarrollaría en pleno corazón de Europa, y de la OTAN. De esta manera Rusia dice a los países de la UE que su territorio es considerado por Moscú como un campo de batalla, secundario, pero operativo, en el que se ven con derecho de plantear acciones, de la intensidad que estimen oportuno, para lesionar los intereses de Kiev. No es exactamente una declaración de guerra, pero sí una acción que se enmarca en lo que se llama la “zona gris” que es un lugar incómodo en el que parece que está claro lo que pasa pero es bastante difícil decidir cómo responder.

Pero claro, este grave acto ruso se queda en un juego de clase de química frente a lo que ejercitó Marruecos en Ceuta a finales de julio. Las dimensiones, el alcance, las consecuencias directas (más de cien muertos) y el desarrollo de lo que ha venido sucediendo después miden perfectamente la gravedad de lo que nos ha pasado en la frontera sur. En todo caso, parece evidente que la UE en su conjunto empieza a ser sometida a una pinza de presión que atenta contra su seguridad. Con Marruecos por un lado y Rusia por el otro extremo, aumentando la hostilidad de sus acciones según indican todas las fuentes de información serias, la sensación de acoso crece en una UE que sigue sin ser consciente del grave peligro al que se enfrenta.

martes, septiembre 01, 2026

MM (mentiras monclovitas)

Si Sánchez, en la presunta entrevista que ayer concedió a la SER, mintió a la hora de decir que el Rey Felipe VI llega veinte años de mandato (son doce) ¿qué se puede esperar del resto de sus declaraciones? Una montaña de excusas, de vacías presunciones de lo que se ha hecho cuando está a la vista de todos lo casi todo que no y acusaciones a diestro y siniestro para repartir culpas. Nula autocrítica, ningún error cometido, nada de admisión de culpa. Y, claro, en todo momento, adulación constante a Marruecos, el mejor socio, vecino, aliado, compañero y compadre que uno pudiera desear en la vida.

Si se fijan, el manual de Moncloa ante la mayor parte de las crisis que ha tenido que afrontar el sanchismo es el mismo. Sean causadas por su incompetencia o por hechos sobrevenidos ajenos a la gestión política, una vez desatado el problema se comprueba, al poco rato, de que estamos en manos de inútiles que no es que no sepan gestionar un problema, es que dudo que sepan si quiera entender el acta de la comunidad de vecinos en la que viven. El objetivo único que guía los pasos monclovitas en el reinado sanchista es esa palabra maldita que ha corrompido, no solo ella, la política occidental, que es el relato, el XXX relato. Se trata de construir siempre, por encima de todo, un argumentario que cubra al gobierno, que sea lo que sea le permita sacar pecho a Sánchez y los suyos y se convierta en arma arrojadiza frente a todos los demás, especialmente aquellos a los que, ya en el inicio de esta desgraciada legislatura, y en la pasada, califico como los de enfrente, avalando la idea del muro que separa en dos partes a la sociedad. Realmente la metáfora no es exacta, porque el muro es una forma de proteger a Sánchez de la sociedad, a la que desprecia con asco profundo, pero que conoce bien y sabe cómo manipular para que sirva a sus intereses. Siempre es igual, lo único importante es buscar culpables y construir argumentarios que permitan a los medios dependientes del gobierno, públicos y privados, vender una sucesión de hechos que tiene un aire de coherencia, aunque sea falsa, y que su reiteración machacona y disciplinada a lo largo del día y los días sirva para cubrir la nefasta gestión práctica del problema. En el caso de la crisis ceutí la dificultad sanchista es mucha, dado que ha cometido errores de bulto que son imposibles de ocultar hasta para sus más entregados mariachis, como el hecho de irse de vergonzosas vacaciones con más de cien muertos y una ciudad española sometida a la invasión marroquí. El que día tras día defienda con ardor al país que ha alentado la invasión está produciendo en algunos sanchistas un ejercicio de contorsionismo que va a acabar con sus cuellos y las pocas meninges no sometidas al líder que les quedan, porque saben perfectamente quién ha sido el instigador de los hechos que han sucedido en Ceuta, el mismo que realizó una acción similar, a escala, en 2021 sobre la misma ciudad, el mismo que lanza proclamas soberanistas sobre esa urbe y Melilla cada dos por tres, el mismo que manipula y soborna sin freno a políticos nacionales y europeos para que defiendan sus posiciones en los foros en los que estos peones desempeñan su trabajo. Hacer creer a la opinión pública española que Marruecos es un socio leal y fiable es de una estupidez tan inmensa que no hay nadie con dos dedos de frente, y cartera no comprada, que avale esa versión. En este caso, a la incompetencia absoluta que muestra el gobierno para atajar la crisis se une, por tanto, la sensación de engaño ilimitado por parte de Sánchez, de traición si me apuran, de reírse a la cara de quien le escucha sin disimulo alguno cuando recita el mantra que Rabat desea escuchar, de cerrada complicidad con la nación invasora.

Sea por chantaje, soborno, táctica o por simple necedad, Sánchez lleva un mes fracasando en Ceuta a ojos de todo el que los tenga, y ayer se dedicó, en un medio que sobrevive gracias a las prebendas que el gobierno le otorga, a mentir sin freno y a desglosar una sarta de falsedades que el entrevistador no quiso, en ningún momento, rebatir. Probablemente estaba convenientemente advertido de que no se le ocurriera hacerlo. Da igual, la credibilidad del personaje se hunde a cada paso que da, aunque a él le importe lo más mínimo. Sólo su ego infinito es relevante, lo demás y los demás son meros accesorios.