viernes, febrero 27, 2026

Cocaína por doquier

Esta semana otra mujer, al parecer actriz, ha presentado demanda contra Íñigo Errejón por abusos sexuales, por haber sido forzada por el que parecía un crío inocente. Sobre el personaje, su hipocresía y demás ya he escrito, y otros lo también lo han hecho mejor que yo. Quiero fijarme en un detalle secundario de la denuncia En ella la demandante describe sucintamente la situación que derivó en abuso haciendo hincapié en el consumo de alcohol y cocaína por parte de ambos, agresor y agredida, en un contexto de fiesta, consumo que, por lo que se intuye, no tenía nada de esporádico ni de mínimo. Lo de ponerse de copas hasta arriba no es algo excepcional, pero por lo que parece, colarse con rayas tampoco.

Y digo esto porque los datos, siempre muy imprecisos en este campo, hablan de una realidad de consumo de cocaína que es más que abundante en nuestro entorno. Las principales estimaciones se hacen en función de los alijos decomisados, cada vez mayores, los que se estiman que no se interceptan, y la mejor de las pruebas, el estudio de las aguas residuales de las ciudades, que sirvió en sus tiempos para prevenir las olas de Covid y ahora también señala que la gente se mete polvos en su interior más de lo que podría imaginarse. A grosso modo se estima en un 7% el porcentaje de la población que consume cocaína, y eso en un país de casi cincuenta millones de habitantes es mucho. Mucho. Los consumos se supone que se disparan el fin de semana, por eso del ocio, pero esta droga está muy vinculada también al trabajo, a la activación máxima del cuerpo ante situaciones de tensión, y es por ello que, aunque sí hay picos, se ve que los valles de los días laborales no son muy profundos. Hay un consumo regularizado y sostenido por parte de cientos de miles de personas que ven en esta droga algo de lo más convencional en sus vidas. Por lo que me cuenta alguna persona bastante joven, en su entorno casi es más frecuente el recurso a la cocaína y a drogas sintéticas que al alcohol en sus múltiples variedades, lo que no deja de ser algo chocante. La cocaína es una droga que mata, que destruye al que la consume, que deja secuelas y que destroza los entornos personales y sociales de los lugares en los que penetra, pero aun así sigue teniendo una imagen positiva. A un consumidor de cocaína no se le ve como un adicto, un enganchado, un drogata. Si me apuran incluso lo contrario, como alguien de éxito que recurre a eso para mantenerse en la cresta. Es una droga que tiene un estatus muy especial y que no ha conseguido perder con los años. Así mismo se ha dado en estos últimos tiempos un fenómeno curioso, que es su abaratamiento. Mientras el precio de la cesta de la compra no deja de subir, el de la dosis de coca ha ido bajando a medida que parte de la producción que era consumida en EEUU se derivaba a Europa dado el impacto que el fentanilo ha tenido en el mercado de los adictos norteamericanos. Europa está invadida de alijos, no cesan de llegar de cualquier manera imaginable y sus efectos económicos empiezan a ser más que serios en naciones como Países Bajos, donde la economía de la droga comienza a tener mucho más poder del debido en un sistema político que no es un narcoestado, pero que empieza a tener algunas de sus características. Lo cierto es que el consumidor accede hoy en día a un producto más barato que antaño y de mejor calidad, en el que la pureza es mucho más elevada de lo que solía ser. Ponerse renta más en todos los sentidos. Fuerzas de uno y otro sentido alientan el crecimiento de un mercado que no parece tener techo, y las noticias en las que sucesos de todo tipo tienen implicados a personas que han consumido cocaína se suceden, y son vistas con la naturalidad que refleja la extensión de su consumo en nuestra sociedad. ¿Cómo no va a tomarla él si yo lo hago, o conozco a alguien que lo hace?

¿Toma usted cocaína? ¿Lo ha hecho alguna vez? No, no me conteste, por supuesto, píenselo en su interior. Les confieso que mi papel de recatado en la vida no es una pose, y pese a que he podido hacerlo, nunca he consumido esa droga (y creo que ninguna otra, salvo alcohol) No me llama la atención para nada, no me resulta atractiva, no me estimula su presencia, no me pone, no….. Nunca la he probado, se lo confieso. Lo cierto es que tenemos un problema social con la normalización de algo que no lo es, con el consumo de una sustancia tan dañina. ¿Cuántos de su entorno de trabajo darían positivo en cocaína si se hiciera un control aleatorio un día cualquiera? ¿Cuántos entre su familia o amistades?

jueves, febrero 26, 2026

Juan Carlos I, Rey

Que se muriera Tejero ayer por la tarde fue como si el destino, que no existe, quisiera lanzar un guiño a los españoles, clausurando por todo lo alto la historia del golpe del 23F tras la desclasificación, al mediodía, de la documentación que seguía considerándose como secreta. Tejero era la imagen viva de esa asonada, su aspecto más chusco y visible, y era de los pocos que vivieron aquello en primera persona que seguía entre nosotros. Su muerte, a los 93 años, cierra un círculo y entierra un pasado que, afortunadamente, no llegó a ser. Tejero hizo todo lo posible para que una oscuridad volviera, pero otros, no pocos, consiguieron que no fuera así.

Poca información relevante ha surgido de los papeles desclasificados. No se esperaban grandes secretos, según decían los expertos en la materia, y así ha sido. Si acaso, de una visión general de lo conocido, emerge aún con más fuerza el papel del Rey Juan Carlos y su inquebrantable compromiso con la democracia. El Rey fue un espolón frente al que chocaron las intentonas golpistas, esta y otras que se fraguaron y no llegaron a fructificar. En aquellos momentos Juan Carlos, aunque la Constitución vigente ya le había desposeído de poder efectivo, conservaba un enorme ascendiente en la carrera militar, que constaba de miles de personas con poder real, y que hasta hacía no muchos años se habían repartido el país a su gusto. El ejército de entonces no era el de ahora, ni mucho menos. El miedo que entonces producían los “ruidos de sables” estaba más que justificado. Pues bien, ante este poder militar sublevado, parcialmente pero con ímpetu, Juan Carlos se planta, pone pie en pared. Universalmente conocida es su alusión en TVE esa noche en la que insta a los sublevados a deponer su actitud y a rendirse, a no causar más daños y a dejar las armas. Esa escena, que consagra a Jun Carlos como Rey constitucional, y que algún conspiranoico de tres al cuarto ha tachado de montaje para defender la figura del Rey, se ve ahora que no es sino la culminación de un día en el que, en todo momento, el Rey está en frente a los golpistas. En esos documentos hechos púbicos se ve como Juan Carlos se niega a renunciar a su corona, se niega a exiliarse, afirma que resistirá como sea y que no se doblegará ante el golpe, triunfe o no. Muestra valentía y creencia en la democracia, y se convierte en el mayor poder no controlado por los golpistas que se revuelve contra ellos. Podía haber algún momento de vacilación, duda, deseo de componenda, intento de diálogo para ver lo que se puede sacar de la situación, cualquiera de esas cosas cutres que ahora vemos en la sucia política que nos domina, pero no. Juan Carlos, desde sus primeras palabras registradas, se pone al frente de la democracia española y se determina a resistir cómo y cuánto sea necesario. Muestra valor, porque frente a una actitud violenta como la que entonces se estaba desarrollando la vida de los que mostrasen oposición podía correr riesgo, y pese a ello se juega el tipo en cada momento. Eso hace que algunos de los golpistas, tras su fracaso, expresen un odio desmedido, con lógica, ante la figura que les frenó, el Rey, y afirmen que, para ocasiones posteriores uno de los primeros pasos debe ser neutralizar al Borbón. En esto, y en no pocas cosas, los golpistas y los etarras compartían destino, y su proyecto totalitario pasaba por hacer caer la monarquía, garante de las libertades constitucionales. Unos lo intentaron el 23F, otros varias veces en atentados felizmente frustrados. Sí, Juan Carlos se doctoró como Rey esa noche, pero durante el día desarrollo la lección de manera espléndida. Su figura queda aún más engrandecida tras lo conocido.

Su hijo, Felipe VI, también ha tenido que hacer frente a un golpe de estado, en este caso postmoderno, sin militares con las calles, pero con civiles queriendo hacerse con el poder de manera ilegítima y desmontando la constitución. En 2017, tras la asonada del procés, también Felipe VI sale por la noche a dar un discurso de importancia máxima, y logra que la situación política se encauce tras lo vivido en Cataluña por los totalitarios, en este caso vestidos de independentistas. Pese a las sucias componendas con las que el actual desgobierno ha tratado de reescribir la historia, en ese momento el hijo, como el padre, vuelve a jurar la constitución delante de todos nosotros, y muestra que las libertades que en ellas se recogen exigen a los poderes públicos sumisión, respeto y creencia. No es poca lección en estos tiempos.

miércoles, febrero 25, 2026

Muchas dudas sobre Irán

Pocas novedades en el discurso sobre el estado de la unión que ha pronunciado hoy Trump en el Congreso norteamericano. Casi dos horas de alocución en su estilo desordenado, faltón, soberbio, lleno de ira hacia los que no son exactamente como él. Se ha enorgullecido de los éxitos económicos que vive su nación, a pesar de las trabas que le impone, y el resto han sido insultos varios hacia todo el mundo, empezando por los jueces del Supremo que el viernes declararon ilegales sus aranceles. En el cuarto aniversario de la guerra de Ucrania su desprecio, en forma de ignorancia, a los ciudadanos atacados por Rusia lo dice casi todo.

Sí ha mencionado Irán, aunque poco más que para soltar algunas amenazas vagas, dejando claro que no consentirá que tenga el arma nuclear. Mientras que hoy se vuelven a reunir en Ginebra delegaciones norteamericanas y persas con el objeto de alcanzar algún tipo de acuerdo, la acumulación de tropas y efectivos logísticos en el entorno de Irán prosigue, en una escalada en la región no vista desde la guerra de Irak y con una forma de actuación que se empieza a parecer demasiado a la que preludió la acción militar en Venezuela. Excesiva acumulación militar para luego no hacer nada. Las demandas norteamericanas sobre el régimen son tres, con una de propina; la renuncia plena al programa nuclear, el recorte masivo de su programa de misiles balísticos, el fin del apoyo a todos los grupos afines que desestabilizan la zona en nombre del chiismo y, ya de paso, la apertura democrática y la liberación de los represaliados por la dictadura. Teherán ha dicho varias veces que está dispuesta a mantener conversaciones sobre todos estos temas, pero que la acumulación de líneas rojas que suponen las condiciones norteamericanas hacen inviable un acuerdo. El gran asunto es todo lo que tiene que ver con el programa nuclear. Si recuerdan, en el verano pasado se produjo un ataque norteamericano contra las instalaciones de enriquecimiento de Natzan y Fordo. Se aseguró que quedaron completamente destruidas y que el plan iraní de hacerse con material radiactivo de alta graduación, por así decirlo, se había convertido en historia. Lo que vemos ahora es un desmentido de esa afirmación. Puede que las instalaciones quedasen dañadas, pero el programa sigue. Irán repite sin cesar que lo que busca es material para la generación de energía, y todo el mundo sabe que enriquecimientos por encima del 4% se hacen para lograr material para un arma nuclear, y esa arma, en posesión de los Ayatolas, además de supone un riesgo, sería su absoluta garantía de inmunidad, por eso del pánico que genera conocer la posesión de la bomba. A partir de ahí el juego de amenazas se ha ido sucediendo en la zona, junto con la pérdida progresiva de poder de Irán en la región a causa de las ofensivas israelíes, que han ido laminando la capacidad de Hamas, Hezbollah o lo que quedaba del poder chií en Siria. Nunca el régimen de Teherán ha estado tan acorralado como ahora, y las últimas revueltas, de principios de este año, sofocadas mediante un uso indiscriminado de la violencia por parte de las fuerzas paramilitares afectas al poder de los clérigos, han vuelto a demostrar que la cúpula del poder en Irán sobrevive gracias a su empleo de la fuerza y al ejercicio de la represión. ¿Tiene futuro el régimen? A priori no, pero ha demostrado que es capaz de todo con tal de mantenerse, a sabiendas de que su alternativa no es pasar a la oposición, sino al otro mundo. Por eso las conversaciones que se tienen ahora en Ginebra, que son importantes, pueden ser sólo un compás de espera antes de que se de un tipo de intervención militar norteamericana, con o sin apoyo de Israel, que precipite los acontecimientos.

En todo caso Irán no es Venezuela. Estamos ante un régimen mucho más poderoso y compacto, con estructuras militares y de gobierno bien establecidas, y la caída del líder no implicaría precisamente el desmoronamiento del poder establecido. Lo que sucedió en Caracas puede otorgar a los norteamericanos una falsa sensación de seguridad respecto a sus opciones militares contra los Ayatolas, pero sería caer en un error. Irán es una pieza de caza mayor, y son crecientes las informaciones de fuentes militares de EEUU que hablan de la dificultad de desarrollar una operación militar quirúrgica en el escenario persa. Parece que en unas semanas podemos salir de dudas. O no, ya se verá.

martes, febrero 24, 2026

Cuatro años de guerra en Ucrania

Hoy se cumplen cuatro años desde que Putin lanzó su invasión contra Ucrania, una guerra de agresión que se suponía iba a ser breve y exitosa para el Kremlin y que se ha convertido en la más larga en más de un siglo para los rusos (hace poco superó a la duración para ese país de la IIGM) y que ha convertido el este de la nación invadida en una ruina en la que una tierra de nadie de más de mil kilómetros de largo se extiende, como una cicatriz de muerte, señalando el límite del avance ruso. Una quinta parte de la extensión del país invadido ha sido conquistada, a una velocidad de reptil inmundo, y los destrozos en el conjunto de Ucrania son considerables, y crecientes.

No hay visos de que la guerra termine a corto plazo, y si lo hiciera sería porque se fuerce a los ucranianos a una capitulación en la que debieran ceder territorio, soberanía y recursos. Durante estos años el pueblo ucraniano ha mostrado una fortaleza muy superior a la que nadie hubiera sido capaz de imaginar, y esa resistencia ha sido alimentada tanto por suministros exteriores como por el desarrollo de capacidades propias. La mayor parte del armamento del que han dispuesto los ucranianos ha sido norteamericano, que es el gran productor de occidente en este aspecto, financiado en su mayor parte con dinero europeo. Hasta la llegada de Trump a la presidencia EEUU ha ido aprobando regularmente paquetes de ayuda militar y de intendencia que incluían tanto donativo como material pagado por europeos que se destinaba a las tropas de Kiev para darles con qué luchar. En ucrania esas ayudas han sido decisivas para resistir, pero lo cierto es que el desarrollo de los combates, el disparo tecnológico que vive la guerra, junto a su configuración estática, en una mezcla de siglo XXI con el XIX que nadie hubiera sido capaz de prever, ha hecho que los ucranianos, poco a poco, hayan ido creando elementos militares de ataque de gran eficacia y en cantidades masivas. Esta necesidad se ha espoleado desde que el magnate naranja ha llegado a la presidencia en Washington y ha impuesto una política de hostilidad hacia Kiev que, con altibajos, parece perfectamente diseñada desde un despacho del Kremlin. Ucrania ha logrado desarrollar una industria de drones que es capaz de poner contra las cuerdas a las tropas rusas y causar cientos de bajas diarias, logrando alterar todos los esquemas con los que se inició el ataque. Los rusos, tristemente, también han aprendido sobre estas nuevas tácticas militares, y después del uso intensivo de drones de origen iraní, los sahel, han sido capaces de crear líneas enteras de producción de aparatos que les sirven tanto para atacar en el frente como para golpear a las ciudades del interior y occidente de Ucrania mediante oleadas de cientos de ellos de una sola vez. Enjambres de drones se destruyen mutuamente en la tierra de nadie y matan a todo lo que se mueva en el entorno en un combate de desgaste de enorme crueldad que no sirve para mover unas líneas de frente que, de hacerlo, se repliegan hacia el interior de Ucrania. Se estiman en varios centenares los muertos y heridos que se causan cada día en los combates, y es obvio que el país más pequeño es el que sufre la mayor sangría de población y recursos. Desde Kiev se contempla el deterioro de la situación con angustia, asumiendo que nadie esperaba que se pudiera aguantar tanto, pero con la duda constante de hasta cuándo se puede seguir así, en un proceso de desgaste constante que no parece tener fin. En Kiev importa la vida y futuro de los ucranianos. Huelga decir que en Moscú no, pero allí tampoco importa para nada la vida y el futuro de los rusos, y eso ofrece, si uno quiere seguir el baño de sangre, una excusa perfecta para mantener la guerra sin fin.

El creciente chantaje norteamericano y la debilidad europea a la hora de suministrar armamento pesan como una losa sobre las opciones de Kiev, que sabe que no puede ganar a Rusia pero que toda cesión será una derrota, preludio quizás de una capitulación total en el futuro. La necedad mostrada durante estos años por el ejército ruso es digna de estudio, pero con la matanza de sus propias huestes está logrando destruir la capacidad de Ucrania para sobrevivir como nación independiente, sobre todo si EEUU no cree en ella y no le apoya. Como dijo el excanciller alemán Olaf Scholtz, Ucrania no puede perder, Rusia no puede ganar. En esas estamos, y parecen que aún seguiremos bastante tiempo.

lunes, febrero 23, 2026

El Supremo para a Trump

Se esperaba la sentencia sobre los aranceles fálsamente recíprocos de Trump desde hace tiempo, desde finales de enero ya la invocaban algunos analistas, y existía un cierto consenso en que iba a ser negativa para los intereses del presidente. El caso lo interpusieron varias medianas y pequeñas empresas norteamericanas, perjudicadas por el gravamen dictado desde la Casa Blanca. Sí, sí, las medidas de Trump nos perjudican a nosotros, pero también les perjudican a ellos. Quizás sea la fortuna personal del sujeto y de algunos de sus secuaces lo único que se vea beneficiado por sus políticas.

La cuestión es que fue el pasado viernes por la tarde, hora española, cuando se hizo pública esa sentencia y, en efecto, era un varapalo a las medidas dictadas por Trump. Se consideraban arbitrarios los gravámenes impuestos e ilegal la norma utilizada para ello, por lo que se estimaba la petición de los demandantes de anularlos y de revertir lo ingresado por ello. La sentencia hace referencia a la dificultad de este último punto, dado que estamos hablando de cientos de miles de millones de dólares recaudados que debieran ser reintegrados, con el inmenso lío administrativo que eso supone y el daño a las arcas públicas. Pero el fondo de la sentencia es nítido. Trump actuó de manera arbitraria e ilegal. Al poco respondió el magnate desde la Casa blanca acusando al Supremo de haberse vendido a intereses antinorteamericanos, insultando a los jueces y mostrando hasta qué punto la degradación de la institución presidencial del país no deja de ahondarse en manos de semejante individuo. Prometió reponer los aranceles, y su equipo jurídico ha buscado nuevas fórmulas, de momento provisionales, para imponer un arancel universal a todo el mundo del 10%, que en la noche del sábado subió al 15%, generando aún más confusión en el tablero económico global ante las dudas sobre si esta nueva medida también será ilegal, o sobre dónde quedan ahora los acuerdos comerciales bilaterales firmados entre EEUU y otras naciones para eludir, o al menos suavizar, los aranceles que se impusieron en la primera ronde de agravios, ahora declarada ilegal. Como es habitual con Trump, ruido y caos a mansalva. Lo relevante de lo vivido el viernes, más allá de las consecuencias económicas, es que, por primera vez, una enorme institución del país, el Tribunal Supremo, le ha llevado la contraria al magnate. Tres de los miembros conservadores del Tribunal, algunos de ellos colocados por Trump, han votado en contra de los intereses del presidente que les llevó hasta esa alta magistratura, lo que es algo reseñable, y envidiable visto desde aquí. Es cierto que la pertenencia vitalicia al tribunal hace que los magistrados no se deban a quien les colocó una vez puestos en el cargo, dado que son incesables, sólo la enfermedad o la muerte les puede quitar el puesto, pero siempre da envidia comprobar como una institución en la que la ecuanimidad se encuentra entre los pilares principales que justifican su existencia la ejerce de esa manera. En el primer año de presidencia trumpista el sistema de check & balance, compromisos y cortapisas, por así decirlo, ha fracasado en aquel país. Con el control de la presidencia y las cámaras apenas nadie ha osado llevar la contraria el ególatra supremo, y su presidencia discurre por un decretismo autoritario que no cesa y que va a más. El viernes, por fin, alguien con poder de verdad en EEUU decidió decir basta a quien amenaza con sumir a la nación en el caos. Y aunque sea sólo por eso, debemos celebrar la sentencia del Supremo.

En su escrito de justificación de su voto, contrario el presidente, el juez Gorsuch, conservador, puesto en el Tribunal por Trump, argumentó que las decisiones legislativas de la nación deben tener un componente deliberativo incuestionable, deben por tanto nacer de una contraposición de ideas entre instituciones, sea la presidencia, las cámaras o similar, y en ningún caso la norma debe responder exclusivamente al deseo de una única persona, a las ambiciones de alguien que se apropie el derecho como uso exclusivo en su propio beneficio. Gorsuch defiende en su escrito la esencia de la república norteamericana y la separación de poderes que consagran las constituciones de las democracias liberales. Y si lo hace es porque sabe que ambas, república y constitución, están amenazadas.

viernes, febrero 20, 2026

¿La IA nos dejará a todos en paro?

Aunque la actualidad vuelve a atropellarme, en forma de ex príncipe detenido, voy a aprovechar el artículo de hoy para enlazarles un comentario en X de hace un par de semanas que tuvo mucho éxito, y que se dedica exclusivamente al impacto creciente, y potencialmente revolucionario, de la IA en el mundo del trabajo. Lo escribió Matt Shumer, un ingeniero informático que trabaja en Silicon Valley y que de esto sabe bastante, y en Le Grand Continent lo han traducido para que, si lo desean, puedan leerlo y entender lo que señala, y así lo puedan valorar en su justa medida.

La tesis de Shumer es simple. Escrita de una manera que trata de impactar al lector y, en cierta medida asustarle, indica que no somos capaces de asumir el crecimiento exponencial que están alcanzando los modelos de IA a la hora de desarrollar tareas intelectuales cada vez más complejas, que su evolución es cada vez más rápida y precisa, y que es probable que en mucho menos tiempo del que imaginamos esas IAs sean capaces de hacer la mayor parte del trabajo que hoy desempeñamos los humanos, y de una manera mucho más precisa, y por supuesto, más rápida. Shumer utiliza el símil del Covid, de cómo a principios de 2020 se hablaba de algo que estaba pasando en China pero que no estábamos muy seguros de lo que era, y que en ningún caso iba a llegar a afectarnos, y un par de meses después teníamos a todo el planeta revolucionado y a gran parte de él viviendo en pijama en casa de manera constante. Así describe la ola que viene, que va a ser, según él, mucho más disruptiva y trascendental, porque viene para quedarse. Es cierto que Shumer de esto sabe mucho y está en primera línea de los desarrollos que luego cada uno de nosotros, como usuarios, acabamos utilizando de una manera u otra, pero él, como todos nosotros, tiene una capacidad escasa para predecir realmente lo que puede suceder en el futuro, y sobre este tema de la IA el debate es tan profundo y disputado que, realmente, se me antoja difícil saber si este experto se ha tirado a una piscina con agua o no. Cierto es que su intención es al de llamar la atención, lanzar un aviso de cara a lo que viene, advertir a la gente de que sus empleos y formas de vida, que cree garantizadas, se enfrentan a un terremoto inmenso que puede trastocarlo todo, y no hace predicciones sobre impactos en PIB o cosas por el estilo. Sólo quiere hacer de señal de advertencia, de letreo luminoso en medio de la carretera que indica PELIGRO ante algo que se aproxima. ¿Es real el escenario que preludia Shumer? No lo se. Varias profesiones sí se están viendo afectadas por el desarrollo de la IA, y no hace falta pensar sólo en el mundo de los programadores y todos aquellos que trabajan con el desarrollo de sistemas informáticos. Su extensión al campo cultural es cada vez mayor y crecen ahí las voces, especialmente en el campo de los guionistas y actores, sobre la probabilidad creciente de que creaciones puras de IA sean capaces de suplirlos dada la cada vez mayor verosimilitud de lo que producen. En nuestro día a día leemos artículos y textos en los que la IA ha participado como apoyo o, directamente, como redactora, y a veces se nota y en otras ocasiones no. El propio internet se encuentra en un momento delicado, al ver como el tráfico de humanos cae y el del bots de IA se dispara, o cómo las búsquedas y el uso de enlaces se reduce a medida que los agentes de IA de las empresas de la red responden a las preguntas que se les plantean sin tener que llevarte a ningún otro sitio. Sí, la IA puede ser disruptiva.

En esto, como en tecnologías pasadas, cuando se descubrieron e implantaron, no es tan relevante el efecto que producen como la velocidad a la que lo logran, de tal manera que se disponga de tiempo para que, individual y socialmente, se puedan dar las adaptaciones precisas para que se acceda a los nuevos empleos y capacidades que suplan los perdidos. Precisamente ahí es donde más incide Shumer en su advertencia, en que la velocidad de lo que viene va a ser mucho más rápida de lo que somos capaces de imaginar, y que no nos va a dar tiempo a ajustarnos. ¿Será así? No lo se. En todo caso, el texto merece la pena ser leído y reflexionado.

jueves, febrero 19, 2026

¿Burbuja de inversión en IA?

A ver si puedo escribir un par de artículos sobre la IA, que está la cosa candente. Hoy vamos sobre temas financieros. Desde hace unos cuántos días las cotizaciones de las empresas vinculadas con la IA, el grupo de los siete magníficos (Apple, Alphabet, Meta, Amazón, Tesla, Nvidia y Microsoft) llevan goteando a la baja en bolsa, en un proceso de rotación de carteras que beneficia a sectores como el de la energía u otros más relacionados con el “value” una forma de inversión muy basada en análisis fundamental de las características financieras de la empresa, y menos en su capacidad innovadora. ¿A qué se debe esto?

El movimiento empezó tras la publicación de resultados de varias de estas empresas, en general buenos, o incluso mejores de lo esperado, pero que iban acompañados de mastodónticos anuncios de inversión en centros de datos y demás parafernalia destinada a la IA. Las cifras que las compañías han puesto sobre la mesa para un plazo que no llega a los dos años se sitúan en el entorno de los 600.000 millones de dólares, una barbaridad, o un disparate, según han querido verlo algunos analistas. Unas cifras de inversión que dejan a los presupuestos nacionales en I+D+i de las naciones europeas convertidos en propina y que comprometen la estabilidad financiera de empresas enormes, actualmente muy saneadas, pero que se han puesto un reto por delante difícil de imaginar. Además de con sus propias cajas, muchas de ellas han hablado de la necesidad de emitir deuda corporativa para hacer frente a semejante esfuerzo, y Alphabet, la empresa matriz de Google, ha sugerido la posibilidad de sacar bonos a un plazo de cien años para lograr conseguir los más de cien mil millones de dólares de inversión que, ella solita, pretende llevar a cabo. ¿Existirá Google dentro de cien años? Es una buena pregunta, y quizás sea correcto empezar a responderla imaginando qué de lo que conocemos lo logrará. En general el mercado ha acogido con prudencia, cuando no temor, estas perspectivas de inversión, porque se consideran exageradamente altas, y porque se corre el riesgo de que la apuesta por la IA alcance unas dimensiones existenciales para el futuro de estas empresas. Visto lo visto, o resulta el mejor negocio de la historia o no habrá manera de recuperar semejantes fortunas invertidas, por lo que muchos de estos planes se enfrentan a un todo o nada que no gusta demasiado. Lo de poner todos los huevos en la misma cesta y esas cosas. Además, como ha sucedido anteriormente en el mundo tecnológico, independientemente de si la IA resulta ser el negocio paradisiaco que se promete, la experiencia demuestra que no son varias, sino una empresa la que se acaba haciendo con el pastel. Hubo muchos buscadores, triunfó Google, Meta es la líder en redes sociales, Amazon lidera el comercio electrónico, Apple la tecnología de teléfonos…. Si la IA se acaba imponiendo es más que probable que alguna empresa, quizás ninguna de las mencionadas, sea la que domine su aplicación y se lleve la mayor parte de los beneficios, lo que supondría que el resto difícilmente serían capaces de recuperar las ingentes sumas invertidas. Lo que ha supuesto esta serie de anuncios es el recrudecimiento de toda una carrera de armamentos tecnológica que se ha desatado en Silicon Valley en torno a la IA, y a una especie de juego de apuestas desatado en el que los órdagos se suceden y las cifras se disparan hasta valores inmanejables. Con ello, evidentemente, también lo hacen los riesgos, en este caso los financieros, y si alguna de esas inversiones sale mal, empresas que ahora son joyas, símbolos globales de riqueza, poder y estatus, pueden acabar arrasadas. No sería la primera vez que sucede, desde luego que no.

Hay cada vez más estudios que relativizan el efecto de la IA en la productividad de aquellas empresas que la han implantado, que muestran ganancias relativas, menores que las esperadas, y que el uso de este tipo de tecnología puede tener más efectos sociales que económicos. El modelo de negocio de entidades como OpenAI (ChatGPT) o Antrophic (Claude) sigue estando en entredicho y no consiguen generar beneficios. Si la productividad no se dispara con la IA, como predicen sus gurús, los problemas de financiación de las inversiones irán creciendo y la paciencia del mercado se puede agotar. ¿Cómo va a acabar esto? Nadie lo sabe.

miércoles, febrero 18, 2026

La economía andaluza, golpeada

Ayer, con algunas incidencias menores, reabrió la línea de alta velocidad entre Madrid Córdoba y Sevilla, suspendida desde que se produjo el trágico accidente de Adamuz, del que hoy se cumple exactamente un mes. Tras todo el trabajo de rescate e indagación judicial se ha podido proceder a la reconstrucción de los cientos de metros afectados por el doble descarrilamiento, y la línea vuelve a estar operativa. No sucede lo mismo con el trayecto hacia Málaga, dado que sigue afectado por un desprendimiento sucedido entre la capital de la costa del sol y Antequera, ahí los plazos de reapertura son más dilatados, y los trabajos más costosos.

Entre el desastre del tren y las intensas lluvias que han azotado a todo el país, pero con especial incidencia al sur, se puede decir que Andalucía ha estado sometida a la tormenta perfecta, aislada en la práctica del resto del país no sólo por tren, sino también por carretera. En lo más crudo de las borrascas que nos han golpeado eran numerosas las vías locales y nacionales que se encontraban afectadas por balsas del agua, desprendimientos o cualquier otro tipo de incidencia y, en general, se desaconsejaba viajar hacia allí y moverse dentro de la región mientras la serenidad no volviera. Esto ha supuesto, como era de esperar, un duro golpe al sector turístico local. De por sí estos meses de invierno suelen ser los más flojos, pero es que sin tren ni visitantes no son pocos los negocios que se han visto completamente vacíos ante la ausencia de unos turistas que no llegaban porque no había manera de hacerlo. La mayor incidencia se vive en Málaga, que sigue sin conexión ferroviaria, y ha sido, junto a Cádiz, la provincia más dañada por las lluvias, pero el parón es generalizado. En BBAResearch han elaborado un análisis de coyuntura para poder medir este impacto, y los datos son claros. Los flujos bilaterales entre Madrid y Andalucía han caído y con ellos el gasto, en un 27,2% interanual, un desplome de algo más de la cuarta parte, lo que es imposible que no genere incidencias económicas. El gasto con tarjetas nacionales ha caído un 6,2% y el de extranjeras un 12,1%. A lo largo de esta semana habrán sido innumerables los eventos planificados en la región, de alcance nacional e internacional, que habrán sido suspendidos dadas las circunstancias. Congresos, ferias, reuniones de todo tipo… decisiones de gran volumen de masas que se han sumado al inmenso número de decisiones personales que, por prudencia, han optado por el repliegue. Muchos negocios, especialmente los ligados al ocio y la restauración, habrán visto caer su facturación una barbaridad y, dado que los costes para mantener sus stocks de productos ya se habrían producido, es de esperar que las cuentas de resultados de estas semanas sean de un rojo pasión nada agradable. Obviamente, a estos daños directos en el espacio y tiempo se les deberán sumar muchos otros, en forma de infraestructuras dañadas que deben ser reconstruidas, y, especialmente, del mundo agrario. Hay miles de hectáreas de todo tipo de cultivo que han sido dañadas de una u otra manera, o que permanecen encharcadas e inaccesibles. Se han perdido cosechas por el simple hecho de ser arrastradas por el agua, junto aquellas a las que no se ha podido acceder a recoger el fruto, mientras que otras se habrán podrido en los barrizales que son muchos campos. Adicionalmente, miles de hectáreas que debieran estar siendo plantadas para el cultivo no son trabajadas porque es imposible, por lo que no sólo los daños afectan a las cosechas presentes, sino a las futuras. Evaluar todo esto será mucho más complicado, y, me temo, costoso, que la medición del dolor del sector servicios.

La reapertura del tren, la vuelta de los vecinos de Grazalema a sus casas y, sobre todo, este fin de semana que viene, que será soleado en todo el país, marcarán el inicio de una recuperación que va a tener que ser sostenida para paliar los daños de cerca de dos meses de agonía y vendaval. El conjunto del país ha vivido una serie de episodios meteorológicos severos que han marcado ya 2026 como un año absolutamente histórico, sea lo que sea que pueda pasar en los meses que restan. Recuperar lo perdido es el principal afán ahora de muchos, esperemos que se pueda lograr lo antes posible, y que el Sol ayude.

viernes, febrero 13, 2026

La no seguridad europea

Hoy comienza en Munich la conferencia de seguridad, el principal encuentro anual en el continente en el que, a lo largo del fin de semana, analistas, dignatarios, empresarios y todos lo que son algo en el juego de poder continental se reúnen en la localidad bávara para debatir sobre las cuestiones más candentes. El año pasado la conferencia tuvo lugar apenas tres semanas después de la toma de posesión de Trump en su segundo mandato, y acudió a ella el ya vicepresidente JD Vance, que abroncó a todos los europeos en un discurso que hasta hizo parecer soleada a una de esas típicas jornadas brumosas alemanas.

Este 2026, con el primer año de mandato de Trump ya transcurrido, el ambiente será lúgubre. Europa va despertando poco a poco de su ensoñación y se encuentra ante un escenario en el que no ya la rivalidad, sino directamente la confrontación, le rodea. EEUU ha optado por el ejercicio de un imperialismo sin restricciones basado en su inmensa fuerza militar y un espíritu nacionalista que se ha hecho con el poder. La alianza trasatlántica se resquebraja y, en la práctica, existe sólo en el papel. Los mensajes que surgen desde Washington dejan cada vez más claro a las naciones europeas que la subcontrata de seguridad que tenían apalabrada ya ha caducado. Por el este, Rusia sigue su ofensiva contra Ucrania sin descanso. Apenas avanza en el frente, pero destruye sin cesar infraestructuras y viviendas en la nación atacada, y en este invierno duro que estamos viviendo la situación de la población civil atraviesa una de sus mayores penurias, con semanas de temperaturas bajo cero y cientos de miles de personas sin calefacción ni nada parecido. No se tiene constancia de cuánta gente puede estar muriendo en sus casas en medio de esta tortura helada, pero es de esperar que no se sean pocas. Rusia ve con alborozo como los intentos de negociación auspiciados por EEUU se han ido convirtiendo en un ejercicio de extorsión coordinado entre Moscú y Washington, en el que Putin no cede absolutamente en nada, Trump abronca con regularidad a Zelesnky y los ucranianos ven que sus únicos aliados reales, los europeos, se encuentran cada vez más divididos y a merced de unos acontecimientos que no controlan. El 22 de febrero se cumplirá el cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa y la guerra no cesa, sus daños siguen creciendo y la herida humana en el este ya es inimaginable. Mucho más al este, en oriente, China observa todo lo que sucede con algo de nervio ante su irracionalidad pero, también, con deleite, al comprobar como las políticas del magnate hunden la imagen de la nación en el mundo. Sus problemas internos quedan opacados por el salvaje espectáculo que despliega cada día Trump desde una desprestigiada Casa Blanca, y aprovecha cada una de las renuncias que EEUU realiza para ocupar espacios, especialmente económicos. La invasión de productos chinos en todo el mundo ya no es sólo lo que se vende en los bazares del viejo “todo a cien” sino que empieza a copar sectores de alto valor añadido como la automoción, las industrias de todo tipo y la tecnología. China inunda Europa con sus productos y lleva a las empresas locales a un dilema de rentabilidades inasumibles, que les abocan o a la reestructuración o al cierre. China ve a Europa débil, se desentiende de sus problemas geopolíticos a la espera de lo que pueda sacar de ellos, echando en todo caso una buena mano a Rusia, y sobre todo, hace negocio sin cesar con los consumidores europeos como buenos compradores de sus productos.

Este es el escenario general al que se enfrenta la seguridad europea, al que se deben añadir factores relevantes como la inestabilidad generalizada de muchos de sus gobiernos, los populismos crecientes, la gestión de la inmigración, el envejecimiento de la población…. Europa se enfrenta a un policrisis, en parte por su culpa, en otra parte por agresiones externas, a la que debe hacer frente de manera unificada, sabiendo que su proyecto corre un riesgo existencial de seguir las cosas así. Como mínimo, lo que se diga este fin de semana en Munich será muy importante.

Este fin de semana subo a Elorrio y me cojo dos días. Nos leemos, si no pasa nada raro, el miércoles 18

jueves, febrero 12, 2026

La disolución del Washington Post

Jeff Bezos es uno de los hombres más ricos del mundo. Es el dueño de Amazon, líder global en las compras por internet y una de las mayores empresas en el sector de la nube, a través de su división AWS. De vez en cuando Bezos se compra cosas, y hace unos años, como quien va al supermercado a reponer su nevera, adquirió el Washington Post, el segundo periódico más importante de EEUU y uno de los más famosos del mundo. Lo hizo, según sus palabras, por lo mucho que le importa la prensa y el mundo de la información. Lo cierto es que en esa compra había mucho interés en usar ese medio como palanca para la propia autopromoción y vía para acceder a personas famosas, influyentes. Los periodistas están cerca del poder.

Tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, Bezos es uno de los magnates a los que el sujeto presidente adula sin cesar, entre otras cosas por el dinero que le prestó para su campaña, y Bezos ya no necesita ni periódicos ni nada para pasearse por Washington con el aura de ser de los que deciden lo que va a pasar, así que ha empezado a olvidarse del medio o, más bien, ha comenzado su desguace. La semana pasada se anunció el despido de un tercio de la plantilla de la cabecera, formada por unos novecientos empleados, principalmente periodistas. El Post tiene unas cuentas precarias, y eso se observa con lupa por parte de un multimillonario que podría permitirse las pérdidas de toda la prensa global sin que su cuenta particular de resultados lo notara en exceso. Secciones enteras, como las de deportes o libros, cierran, y el recorte es muy intenso en internacional, donde áreas completas, como Ucrania o el sureste asiático se quedan sin nadie que las cubra. El Post se jibariza por completo en una decisión traumática para la empresa y mucho más aún para la profesión, que ve como una de las cabeceras más conocidas en el mundo entra en un proceso de achique del que, si nada lo remedia, acabará convirtiéndose apenas en la sombra de lo que fue. Ya antes de las elecciones de 2024 Bezos forzó a que el periódico no publicase su habitual artículo de “endorsement”, de apoyo o aprobación a uno de los candidatos que aspiraban a la contienda electoral. De todos era sabida la animadversión que en el Post suscitaba Trump, y también era más que obvia la sintonía entre el candidato y el dueño del periódico. Finalmente Bezos forzó a que no se publicase el texto que se esperaba de respaldo a Kamala Harris, y eso desató una oleada de cancelación de suscripciones, la vía principal junto a la publicidad con la que las cabeceras encuentran hoy la fuente de sus ingresos. Muchos habituales del Post consideraban que la vuelta de Trump a la presidencia era un error, y un peligro, y que su medio así debía de dejarlo claro en el posicionamiento editorial. Aquí ya se desató una seria crisis en la empresa que se ha ido agudizando a lo largo del primer año del segundo mandato, con algunas dimisiones, cuentas deterioradas y presiones crecientes desde el entorno de Bezos para que el periódico no realizara ataques a las cada vez más delirantes políticas de Trump. Finalmente, Bezos ha optado no ya por la tijera, sino por el hacha, y ha descabezado el periódico alegando las menguantes cifras de ingresos. De un día para otro articulistas que llevaban toda la vida allí o en corresponsalías, y que eran referentes de la profesión, se han visto en la calle, al modo americano, sin apenas indemnizaciones ni respaldos. Muchos simplemente ha recibido un correo notificándoles que ya no forman parte de la empresa y que se las arreglen como puedan. Si ese es el trato que reciben las grandes figuras de un medio más que centenario, ¿qué les esperará al resto?

Además de lo que esto supone para la prensa, para su libertad, y todo lo relacionado con el debate de los medios y la disputa entre los que en ellos trabajan y sus propietarios, este asunto revela que el movimiento de introspección que se vive en EEUU es profundo. Esa nación está cortando sus lazos con el resto del planeta, está demoliendo los puentes que la unen con los demás y que servían para mantener un canal de comunicación y, por qué no decirlo, de admiración hacia lo que pasaba en la gran nación norteamericana. La regresión crece, y la oscuridad en la que muere la democracia parece cernirse sobre los EEUU, rememorando cruelmente la advertencia que el Post incorporó a su mancheta con la primera presidencia de Trump

miércoles, febrero 11, 2026

Epstein y las redes de poder

En el caso Pellicot pudimos comprobar, con asombro y horror, cómo el marido de la abusada había organizado toda una trama en la que su mujer era el centro y decenas de hombres, de procedencias y vidas distintas, compartían un secreto y, ya de paso, ninguna moralidad. En esa situación la obscenidad se daba entre personas comunes, normales, sin fama ni relevancia, sujetos como cada uno de los que, aleatoriamente, usted puede seleccionar una tarde cualquiera en un vagón de metro o en el autobús en el que viaja, o entre los que se cruza por la acera en un momento dado. Maldad sin origen ni distinción. Cuesta imaginar que cosas así pasen, pero sucede.

Epstein nos pone ante una red muy similar, en la que la depravación y delito son equivalentes, con la única diferencia de que aquí nos encontramos ante un club exclusivo formado por personas famosas en todo el mundo, poderosas por sus influencias, cargos o cuentas corrientes, sujetos a los que medio mundo pone cara, nombre, responsabilidad y patrimonio estimado. Millonarios, políticos, personajes de relumbrón…. Como los socios del depravado marido Pellicot pero con todos los posibles imaginables. En la red de Esptein también se da un pacto de silencio, una complicidad para mantener el secreto de lo que sucede cuando los partícipes de la red se juntan, porque ellos saben que lo que hacen no sólo es ilegal, sino también repugnante, pero pueden hacerlo, y lo que les preocupa no es el hecho que cometen, sino que alguien se entere de ello. El secretismo es lo fundamental, el resto no importa. Epstein es el nexo común, el que los pone en contacto, el que dispone de un lugar perfecto para que se desarrollen los hechos lejos de la curiosidad del mundo, una isla privada, un enclave protegido. La socia de Epstein, Ghislane Maxwell es la organizadora de todo, la que se encarga de la logística, del funcionamiento, y también, claro, del abastecimiento de carne, de las chicas que van a ser abusadas por los potentados, que son tratadas como carne al peso, como muñecos sin valor, como objetos de usar y tirar. Ghislane sabe todo lo que pasa y le da igual, es una profesional en lo suyo, la más eficiente, la mejor. Todos le adoran. Los contactos y la red han permitido a Epstein hacerse con una fortuna respetable que le cubre todos los vicios posibles y le hace ser el rey de la fiesta. Es un síntoma de estatus poder accede a su isla, que te reciba, que Ghislane contacte previamente contigo para apalabrar los vuelos y la estancia, lo que deseas, el tipo de vicio que quieres consumir, rarezas y fetichismos que requieres, todas esas cosas necesarias de cara a maximizar la calidad de la experiencia. Sabes que si cas a la isla de Epstein estás en la cumbre del mundo, que las personas con las que contactas manejan información ultraprivilegiada, pueden hacer los mejores negocios del mundo, y escriben, si es necesario, las leyes que los convierten en lícitos. No hay cielo para el ego comparable a acudir a la isla de Epstein, y retozar allí con los sueños más oscuros que uno pueda imaginar. Quítenle todo el dinero, el lujo y el poder y tendrán nuevamente a la banda de malnacidos que abusaban de Giselle Pellicot, sin ostentaciones, sin palmeras ni villas con playas privadas de arenas finas, sin copazos de precio inimaginable ni excentricidades de millonario. Sólo sexo depravado, ilegal y abusivo, sólo violación, sólo abuso, sólo mierda. Ambas historias tienen un decorado muy distinto, casi antagónico, pero unos protagonistas que son de lo más similar. Y, desde luego, unas víctimas que sólo se han podido defender después de haber pasado una pesadilla inimaginable, una situación de horror que, vista desde fuera, es tan incomprensible como despiadada.

En el juicio del caso Pellicot los abusadores trataban de ocultarse, buscaban que no se conocieran sus rostros, rostros que no tuvieron problema de mostrar al marido organizador de la trama cuando se apuntaron a semejante asquerosidad. A medida que salen nombres de invitados a la fiestas de Epstein se repite el patrón de la negación, del callado arrepentimiento, del mea culpa, del “no sabía lo que pasaba” y demás clichés, predecibles y vacíos. Mentían los anónimos franceses, lo hacen los potentados epsteinianos. Ghislane Maxwell se puede cargar la imagen de medio mundo. Y lo sabe. Y los saben. Y, me temo, lo sabemos.

martes, febrero 10, 2026

Epstein y su derivada británica

El caso Epstein es una de los escándalos más profundos, densos y extensos de nuestro tiempo. La cantidad de personas de alto rango implicadas en él y lo que se sabe, y no, es realmente impresionante. Tenía pensado dedicarle algún artículo a este tema desde hace tiempo, especialmente por el uso que ha hecho Trump de él y por su falsedad para, cuando se le ha vuelto en contra, intentar diluirlo, pero la actualidad, ya saben, a veces atropella. Y de mientras pasan otras cosas siguen saliendo documentos sobre las actividades del pedófilo y de la red de amistades que cultivó a lo largo y ancho del mundo y el poder. Y la bola no deja de crecer.

Curiosamente, por ahora no es EEUU el lugar en el que más impacto tiene lo que se hizo al amparo del millonario abusador, sino en Reino Unido. Allí, desde el principio, la presencia de Andrés, hermano del actual rey Carlos III, en todos los papeles conocidos, supuso un escándalo mayúsculo en la casa real y, por extensión, todo el país. Cada vez que el príncipe negaba haber tenido relación con Epstein salía a la luz un documento o imagen aún más escabroso que lo ponía en entredicho. Obligado a renunciar a su distinción principesca, la policía se acerca cada vez más a su figura en medio del repudio popular, y el Rey ha optado, con inteligencia, por separarse lo más posible de su hermano para que todo esto no contamine a la institución, que no está muy sólida que digamos desde que la Reina Isabel II dejó el mundo de los vivos. Pero la cosa ya no es sólo monarquía, no. En la última tanda de papeles aparece muy destacada la figura de Peter Mandelson, Lord, prominente figura del laborismo, que en los tiempos de Tony Blair era apodado como el “príncipe de las tinieblas” por no tener cargo en el gobierno pero ser el que más mandaba por detrás, tano en el ejecutivo y en el partido. Mandelson llegó a ser nombrado embajador en EEUU, uno de los cargos más relevantes de la diplomacia británica, y su aura de poder nunca ha dejado de ser enorme. Pues bien, este señor aparece en el escándalo Epstein no sólo presuntamente en su faceta sexual, sin que de ello se hayan publicado pruebas claras, sino en otras dos vertientes muy feas. Una es la del desvío de dinero, de tal manera que Mandelson habría recibido ingresos de la trama Epstein que no habría declarado, y otro, que es muy grave desde la óptica del estado, es la sospecha de que Mandelson habría suministrado a Epstein y su círculo información confidencial sobre el Reino Unido, se supone que de seguridad y de carácter económico. Esto, desde la posición que representaba en EEUU, es directamente un acto de traición a la corona y al gobierno británico, y convierte al personaje en una de las cosas más repulsivas que en los estados pueden imaginarse, y más en aquel, donde la confidencialidad de la información ha sido siempre una obsesión. Mandelson ha contado, hasta hace muy poco, con el beneplácito de su partido y sus altos cargos, que lo han defendido sin cesar, pero desde hace unas semanas su situación se ha vuelto tan radioactiva que todo aquel que se acerca a él o ha tenido proximidad se arriesga a ser intoxicado. En los últimos días han dimitido dos altos cargos del ejecutivo británico, no dueños de carteras ministeriales, pero sí fontaneros de primer grado, de los que gestionan el poder real. El responsable de comunicación y el jefe de gabinete del primer ministro Stammer han cesado de sus cargos, y en sus renuncias se autoinculpan de haber confiado en la honestidad de Mandelson, y con ello haber respaldado su figura ante su jefe, el primer ministro. Ahora, afirman, al conocerse los hechos, se sienten traicionados y consideran que han errado, y deben irse. Su marcha es un pretendido cortafuegos para impedir que sea Stammer el que se abrase con este escándalo. ¿Funcionará?

Ayer mismo el jefe del laborismo en Escocia solicitaba públicamente la renuncia del primer ministro, que es de su partido, por si había dudas, dejando claro que Stammer no tiene, ni mucho menos, el control de la situación. Posee una mayoría clara en el parlamento, pero si figura, sin que hayan transcurrido dos años desde su elección, está claramente a la baja y sin visos de poder remontar. La crisis política que devastó al conservadurismo se puede replicar en el laborismo, por errores propios de gestión y por las derivadas de Epstein. Supongo que Stammer tratará de aguantar el chaparrón, pero esto le deja muy tocado. Y desde la barrera, Farage y los populistas ven como sus intenciones de voto se disparan sin hacer prácticamente nada.

lunes, febrero 09, 2026

Aragón replica los resultados extremeños

Los comicios celebrados ayer en Aragón no han mostrado unos resultados muy sorprendentes, ajustándose bastante a lo que señalaban las encuestas, y reforzando unas tendencias que vienen viéndose desde hace tiempo y se consolidan a nivel nacional. Se ha vuelto a dar que el partido gobernante de la región, el PP, adelanta los comicios para reducir su dependencia de VOX y logra, sí, la victoria electoral, pero a cambio de unos números que aumentan aún más su dependencia respecto a la formación populista de derechas, de tal manera que la gobernabilidad, que era difícil, se vuelve aún más enrevesada. Y el resto pierden, aunque con excepciones.

Azcón, el presidente regional aragonés, ha salido algo decepcionado de lo que pasó ayer, aunque no quiere exteriorizarlo. Baja dos escaños respecto a lo que tenía, y ve como VOX duplica su fuerza, de siete a catorce, por lo que lo que antes era un grupo minoritario ahora es la tercera fuerza en al cámara y poco se puede hacer sin su concurso. La posición negociadora de los de Abascal en las cortes aragonesas se vuelve mucho más fuerte, y la del PP, más débil, como ya sucedió en Extremadura. También, al igual que allí, el PSOE sufre un resultado desastroso, iguala el peor de sus registros regionales en la comunidad, con el agravante de que, cuando eso se produjo, tenía a un Podemos enorme fagocitándole voto, por lo que se encontraba desplazado en su espectro político, pero la izquierda era la dominante. Ahora el PSOE se desangra en un escenario de crecimiento de la derecha, que si aunamos sus votos tiene un dominio regional como no se si se ha dado alguna vez en las tierras mañas. La candidata del PSOE, ministra y portavoz sanchista hasta el último momento en el que pudo serlo, ha sido, como se esperaba, un fracaso, y ha recibido en carne propia el castigo del electorado regional dirigido al presidente que él trata de eludir a toda costa, poniendo a subalternos fieles que son lanzados a las hogueras electorales en una sucesión de inmolaciones absurdas. Los fieles del PSOE contemplan con angustia como, elección tras elección, su marca y poder se deshace, cosa que no le importa en lo más mínimo al inquilino de Moncloa, únicamente obsesionado consigo mismo, y nada con el partido que utilizó para encumbrarse en el poder y que ahora se volatiliza bajo sus pies. Del resto de formaciones políticas, es muy reseñable el ascenso de Chunta aragonesista, izquierda regional que ha absorbido gran parte de los votos del populismo a la izquierda del PSOE y que duplica representación, por lo que ellos y los de VOX son los que pueden estar más satisfechos tras la noche de ayer. Se confirmó que lo que parecía un ascenso de formaciones provinciales denunciantes del abandono en el que se encuentran muchas de sus comarcas no era sino un espejismo. Teruel existe ha calado como lema nacional y se usa ya en contextos muy distintos al de la política, pero la formación ha perdido un escaño, y su relevancia se va diluyendo poco a poco. IU saca un escaño con un porcentaje de voto poco más que residual y su candidata, lo más gris que he visto en mucho tiempo, presume en su discurso de la estabilidad de su electorado (que va de casi nada a nada o casi) y el PAR, fuerza regionalista de larga trayectoria, no consigue escaño, por lo que ya veremos si la formación logra sobrevivir al desierto electoral y, sobre todo, a la ausencia de ingresos derivada de la pérdida de representación institucional. La participación subió ligeramente respecto a las últimas autonómicas, que también eran municipales, algo que no se esperaba, y eso no se ha traducido en un aumento del voto de izquierdas, sino más bien lo contrario. Los lemas de toda la vida para explicar las dinámicas electorales caducan a la velocidad a la que lo hace el cambio social.

Si Aragón es nuestro Ohio, que algo de eso tiene, lo visto ayer tiene una sencilla extrapolación en el caso de unas elecciones generales. Ahora mismo la suma de PP y VOX alcanza una holgada mayoría absoluta, con una más que probable victoria del PP en unas cifras que parecen haber tocado techo, en el entorno de los 140 diputados, y un VOX crecido que puede romper sus límites y acercarse a los 70, y con un PSOE al que VOX come los talones (Ayer en Teruel ciudad el PSOE quedó tercero) Con unas estimaciones más o menos como estas es lógico que Sánchez quiera apurar su mandato aunque no tenga ni presupuestos ni votos ni nada. Es muy probable que al desastre de su gobierno le siga el caos de la derecha pegándose entre ella.

viernes, febrero 06, 2026

Desalojar un pueblo

La situación de desbordamientos crecientes que se vive especialmente en Andalucía no afloja, a pesar de que hoy las lluvias serán menores. Mañana la borrasca Marta aportará un nuevo chorro de precipitación, con intensidades que podrán superar el centenar de litros por metro cuadrado a lo largo del día en numerosas áreas de la región. Todo lo que caiga se derramará sobre una superficie que no soporta más agua, que no absorbe nada, e ira a crecidas de ríos, desbordes de pantanos y anegación de cauces y riberas, donde ya son miles los desalojados que llevan numerosas horas fuera de sus casas, y lo que aún les queda.

El caso más espectacular, y complicado, es el de la localidad de Grazalema, el lugar donde más llueve de España por el efecto que su orografía genera cuando los vientos atlánticos húmedos impactan sobre él. La zona es un macizo kárstico, rocas de carbonato cálcico, que son solubles en agua. Esto genera paisajes llamativos y multitud de oquedades en el terreno, propiciándose la formación de grutas, ríos subterráneos y acuíferos. El que se encuentra en la zona donde se asienta la localidad está repleto tras el aluvión de agua que le ha llegado, y ha empezado a rebosar. Su nivel freático ha superado el de la superficie terrestre y, aunque no llueva, el agua fluye desde el subsuelo, por lo que lo inunda de manera natural. Si en ese suelo existen edificaciones el agua no tendrá más que reventarlas o encontrar las fugas “naturales” para brotar, por lo que grietas en las paredes, enchufes, agujeros o cualquier otra cosa se convierten en nuevas fuentes de las que mana agua sin cesar. No importa ya si llueve o no, el volumen de agua acumulado fruto de lo que llega desde la cabecera mantendrá el nivel por encima de la superficie del municipio hasta que baje de forma natural, por absorción. Eso llevará su tiempo, y un periodo de gracia sin precipitaciones. Es fácil imaginar que ahora mismo ese pueblo es inhabitable, todas las construcciones tienen sus sótanos inundados y sus bajos cubiertos de aguas hasta el nuevo nivel natural del acuífero, por lo que el desalojo de toda la población es una medida más que lógica. El mayor problema, sin embargo, no es tanto por la inundación como por la estructura. El efecto de la presión del agua y de la erosión acelerada por la potencia del flujo que mana de lo alto de la sierra genera una erosión brutal sobre la formación rocosa en la que se asienta el pueblo, y ya desde el miércoles empezaron a sentirse vibraciones en las casas de la localidad, síntoma de inestabilidades. No es difícil imaginar que al daño que el agua pueda hacer en las estructuras de las casas se le va a sumar un efecto de “hinchado” en el terreno y que, cuando el nivel del acuífero bajo, pueden haberse producido rupturas geológicas que se traduzcan en hundimientos del terreno. Como señalo ayer el alcalde de la localidad, no es que una calle u otra pueda sufrir un mayor riesgo de este tipo de derrumbe, no, sino que todo el municipio puede llegar a verse afectado, y ahora mismo es imposible determinar cuándo y de qué manera, por lo que la mejor de las medidas es sacar a todo el mundo de sus casas, vaciar el pueblo, y esperar a que el temporal pase, luzca el sol, baje el nivel freático y se pueda comprobar qué es lo que ha dejado en forma de movimientos en el subsuelo. Esto, para los habitantes de la localidad, es una pesadilla, porque al contrario de otras zonas desalojadas, en las que la bajada de las aguas, cuando se de, dará paso a una cierta tranquilidad y al proceso de limpieza y reconstrucción, en su caso el descenso del agua puede originar problemas mayores, y de una manera traicionera. Es una situación muy especial, potencialmente peligrosa, pero que ahora mismo nadie puede estar en condiciones de calibrar en toda su dimensión.

Lo de desalojar un pueblo es algo que se da en las películas, y que supone un reto pero, sobre todo, un trauma para sus residentes. En el verano pasado vimos localidades asediadas por el fuego en las que se realizaron evacuaciones masivas, pero, afortunadamente, se trataba de lugares pequeños, escasamente poblados. No disminuye para nada la angustia del suceso para quienes lo viven, pero sí es más fácil de gestionar por parte de las autoridades que se ven obligadas a ello. Grazalema tiene una población cercana a los dos mil habitantes, no son cuatro casas. Y ahora mismo todos ellos, realojados en Ronda, si no me equivoco, viven una pesadilla que se extiende en el tiempo mientras el cielo no quiera dar tregua. Y mañana es seguro que no la habrá.

jueves, febrero 05, 2026

El diluvio sobre Andalucía

Ya enero, mes mitológico, arrancó con una meteorología llamativa, con temporales de frío que hicieron posible que el día de Reyes nevase en Elorrio y pudiera verlo blanco, cosa que no sucedía desde 2021. A lo largo de los días, la situación zonal se impuso en la península y un carrusel de borrascas, alguna de ellas de alto impacto, golpearon sucesivamente la fachada atlántica, de tal manera que las precipitaciones fueron remitiendo en el norte y disparándose en el centro y todo el oeste peninsular, con aislados pero intensos episodios de tormenta en el Mediterráneo central y norte. En Madrid se puso a llover a lo tonto, con nieve el miércoles 28, y así sigue.

La situación, anómala, ha ido derivando en extraordinaria, con el disparo en la intensidad de las borrascas. Kristin, a finales de la semana pasada, ya causó daños significativos en varias comarcas andaluzas y extremeñas, y contribuyó a saturar por completo unos suelos que ya no podían albergar más agua. La llegada de Leonardo, con menos intensidad ventosa, pero con una eficacia llovedora extraordinaria, está suponiendo graves problemas en numerosas comarcas de Cádiz, Granada y, en general toda Andalucía. Se ha configurado un impresionante pasillo húmedo que bebe del Caribe y que, impulsado por Leonardo, llega hasta nosotros, estrellándose de manera orográfica y descargando unas cantidades de agua salvajes. Ayer en Grazalema se superaron los 400 litros por metro cuadrado a lo largo del día. No hay infraestructura, paisaje o suelo que pueda hacer frente a eso. Toda esa montaña de agua caía calles y ríos debajo de manera salvaje e inútil, unida a la que el propio suelo vomitaba tras alcanzar la saturación plena. Casas y estructuras de todo tipo corren graves peligros en una situación como esta, y ha querido la fortuna que la buena previsión de la AEMET ha permitido establecer medidas preventivas, como la suspensión de colegios e institutos en casi toda Andalucía, por lo que los daños personales, por ahora, no son relevantes, salvo una mujer desaparecida en Málaga. La actuación previa de la UME y de protección civil en Grazalema y su entorno es seguro que ha salvado vidas, pero no va a poder evitar una situación en la localidad, y en muchas otras, en las que enseres, viviendas y muchas infraestructuras van a sufrir daños de gran intensidad. Desprendimientos por doquier, entre ellos uno que ha cortado las vías del AVE entre Córdoba y Málaga, derrumbes de muros de contención, presas que desaguan porque se encuentran ya al límite de su capacidad, cauces de ríos y arroyos, habitualmente escasos, convertidos en cataratas propias de zonas selváticas, completamente descontroladas…  prácticamente todos los ríos de la región se encuentran en un estado de alerta roja, con crecidas enormes y que siguen anegando riberas y zonas ya no tan aledañas. El Guadalquivir, que ya es de por sí un buen río, puede alcanzar cotas históricas, y la avenida que puede llegar a Sevilla será de las que hacen época. Con la luz del día se van a poder apreciar mejor las consecuencias del diluvio de ayer, pero se puede suponer que los daños se medirán en muchos millones de euros. Y hay daños que nos e ven, como todo lo que tiene que ver con zonas de cultivo inundadas y el campo olivarero completamente encharcado, con unos árboles que necesitan agua pero que llevan mal semejante aluvión de humedad. Todo el proceso agrario de invierno está detenido en Andalucía, y no sólo. Es imposible sembrar en el fango que es el terreno y lo que se pudiera haber puesto en los primeros días del año es probable que ya esté podrido, o se lo haya llevado alguna riada.

El río atmosférico de Leonardo ha subido unos grados de latitud y, desde la madrugada, afecta plenamente a toda la franja central, valle del Tajo y Castilla y León. Ahí también las alertas por inundaciones se están disparando por todas partes, con el Tajo y sus afluentes como los más peligrosos, pero en la zona de Salamanca y aledaños también el riesgo es elevado. Es de esperar que lo más intenso de las lluvias termine en torno al mediodía, pero mañana, y sobre todo el sábado, tendremos una nueva entrada intensa de precipitación. Jarrea sobre empapado. Máxima precaución en los desplazamientos, gran parte del país ahora mismo es una balsa rodeada de mares.

miércoles, febrero 04, 2026

Cierra Tipos Infames

Cafeterías y librerías son los locales que más frecuento en Madrid, con diferencia. De hecho creo que son los únicos que visito por gusto, ya que el resto suelen estar relacionados con obligaciones que uno debe cubrir (ropa, alimentación, etc) Pasar la tarde en un centro comercial me parece un plan tan absurdo como aburrido. En esos dos establecimientos me dejo bastante dinero, cada vez más dado el coste creciente del café. Por eso, que cierre alguno de esos locales me parece una mala notica, una pena, una pérdida, algo que lamentar. No entiendo la politización de esos hechos, simplemente lo veo como algo que me aportaba y deja de existir, y eso es malo.

Tipos Infames es una librería que está en Malasaña y que abrió en medio de la debacle de la crisis financiera, tras los años más duros del desplome y cuando estábamos en el fondo de un pozo al que no se le veía salida. Tres amigos montaron un local para vender libros y que tenía la cafetería como una forma paralela de negocio. De hecho era un bar con espacio en el que la mayor parte de este se ocupaba con estantes y mesas expositoras con títulos de todo tipo, especialmente novedades y de editoriales no masivas, en los que el gusto personal de los propietarios se notaba mucho en la selección de la oferta. Cuando descubrí el negocio lo anoté como uno de los que debiera visitar con cierta frecuencia, cosa que he hecho a lo largo de estos años. Al principio la cosa debía ir funcionando lentamente, porque era sencillo poder encontrar sitio en sus dos o tres mesitas para poder tomarse un café y leer (soy más de café que de vinos, aunque ellos publicitaban más las copas que las tazas) en una escena que era el sumun de lo que entonces empezaba a llamarse cultura hípster, sólo que yo no cumplía ninguno de los estereotipos estéticos de ese grupo de gente. Era muy urbanita, propio de la capi, por así decirlo, lo de tomarse algo y leer en el mismo local, y me parecía una idea excelente, por la misma razón por la que hay gente que disfruta en esas inmensas tiendas de ropa en las que la música no cesa y siguen llenas. Que se lo pasen genial así, pensaba, yo lo hago de otra manera, y todos contentos. Con el tiempo el local empezó a crecer en audiencia y ya no era posible encontrar sitio para tomar algo, pero sí se podían seguir comprando libros, y lo hacía de vez en cuando, de tal manera que soy de los que ha contribuido a mantener la empresa en pie durante estos tiempos, con mi modesta aportación de cultureta pringado compra volúmenes, que es lo único que soy capaz de hacer en condiciones. Por eso, hace unas semanas, cuando me enteré de la noticia de que van a cerrar el negocio em entró mucha tristeza. Salían entrevistas en varios medios a algunos de los propietarios, en los que comentaban el disparo de precios en los alquileres en el barrio, sometido a una demanda desesperada y constante, y el cómo ya no han podido hacer frente a la marea. Al poco, cosas infames de verdad que suceden en estos tiempos, en las redes sociales empezó una especie de batallita cutre en la que algunos, ante las declaraciones anticapitalistas de los propietarios (creo que erradas) empezaban a acusarles de subvencionados, de falsos y de todo tipo de cosas sin sentido. Se podía percibir un cierto aroma de venganza en esos mensajes, como de “os lo tenéis merecidos, por modernos” en un movimiento áspero y sucio que carecía de sentido. Lo observaba y no entendía nada. La politización basura que nos absorbe y que todo lo enfanga también entró ahí, para buscar rédito o para echar aún más sal en la herida. Y seguía sin entender nada. Lo único que sabía es que una librería que he visitado varias veces, en la que me lo he pasado bien, en la que me han tratado bien, va a cerrar, y eso, para mi, es una pena.

A veces he soñado con regentar yo una librería, dado que me paso tanto tiempo leyendo en mi tiempo de ocio, pero me he desengañado rápidamente porque me da que el negocio no es lo suficientemente lucrativo como para cubrir la hipoteca de casa y ciertas necesidades, entre ellas la de comprar libros. Los que crearon Tipos Infames lograron llegar a ver su sueño cumplido, y durante años les ha permitido vivir de ello, y eso es algo que merece admiración, y, sí, también, un punto de envidia, en este caso sana. Cuando dentro de un tiempo pasee por esa zona y vea que en ese negocio hay obras de reforma, o se abre cualquier otra cosa, me dará pena, por un pasado que se fue. Al menos pude disfrutarlo de mientras existió. Gracias por ello.

martes, febrero 03, 2026

Sin corrección en bolsa

Ayer, tras el desplome de los metales preciosos del fin de semana, las bolsas asiáticas vivieron un día duro, con bajadas generalizadas y superiores al 2%, y el arranque de las europeas tuvo un tono similar, pero luego las cosas se fueron enderezando y, finalmente, los índices occidentales cerraron en ganancias. En el caso del selectivo español, el Ibex35 cerró por primera vez por encima de los 18.000 puntos, en lo que vuelve a ser un récord histórico. El comportamiento de nuestro índice es de los mejores del mundo, sostenido fundamentalmente, aunque no sólo, por el peso de la banca, que sobrepondera en nuestra bolsa, y que está a unos niveles de cotización extraordinarios.

¿Cuál es el techo de este mercado bursátil? Desde hace tiempo se viene insistiendo que hemos llegado a él y nuevos registros no hacen sino contradecir esa idea, por lo que aventurarse a pronosticar se ha convertido en un ejercicio de pura fe, lleno de riesgo. Las tensiones comerciales desatadas por Trump en abril de 2025 provocaron un minicrash que se recuperó con gran velocidad, de tal manera que, si uno hubiera estado quieto durante esas semanas de turbulencias, habría acabado en el mismo punto y se habría podido anotar ganancias adicionales. Si es cierto que los índices norteamericanos, aunque siguen subiendo, lo están haciendo a un ritmo cada vez más pausado. El SP ha llegado a superar los 7.000 en cotización intradía, pero no ha cerrado aún por encima de esa marca, y en lo que llevamos de 2026 la evolución ofrece ganancias, pero cortas. Hay una sensación de que el mercado está muy alto, pero no deja de subir, y los agoreros llevan ya un tiempo medio callados en vista de que sus pronósticos no se han cumplido. Dos son las fuerzas, simplificando mucho las cosas, que tiran del merado. Por un lado, la liquidez creciente que llena de papelitos todo y hace que los precios de los activos suban en su denominación en unas monedas a las que la inflación erosiona sin cesar. El otro impulso es la IA, las enormes inversiones en esa tecnología que, día sí y día también, revientan marcas alcanzadas en acuerdos entre empresas del sector. Este de la IA es el puntal principal para asentar el crecimiento, especialmente en EEUU, y es, a la vez, el gran riesgo económico. La eterna discusión de hasta qué punto las expectativas que se están poniendo en esa tecnología serán capaces de cumplirse es la pregunta que obsesiona a todos, y se están dando respuestas de todo tipo, algunas que hacen ver que la IA es una solucionadora de problemas, como se ve casi a diario en publicaciones científicas de todo tipo, mientras que no son pocos los artículos que cuestionan el uso real de herramientas como Copilot, el asistente de IA de Office, en el día a día de las empresas, habiéndose detectado una reducción de su uso desde el disparo inicial tras su implantación. ChatGPT, la gran empresa que todos asociamos como el culmen de la IA, ejemplifica muy bien tanto las esperanzas en la tecnología como los costes de capital que supone desarrollarla. Sigue sin dar beneficios y consumiendo dinero para mantener un sistema informático colosal que es mundialmente conocido, pero que no sirve, hoy en día, como negocio. Su futura salida a bolsa, principalmente para obtener capital fresco con el que financiarse, ha sido señalada por más de uno como el momento culminante de la exuberancia de la IA, el punto en el que todo el mundo se lanzará a por acciones de esa empresa para subirse al carro de lo que promete ser el negocio perfecto, convirtiendo la expectativa en una burbuja de verdad, que puede ser el colofón de la época. ChatGPT no es Terra, pero no falta quien compara la locura que puede suponer su salida a bolsa con la que se vivió con aquel portal web. ¿Recuerdan lo mal que acabo todo aquello, verdad?

Sí tengo la sensación de que este año puede ser más irregular que los pasados en bolsa, especialmente viniendo de un 2025 con ganancias muy elevadas, pero no me atrevo a hacer pronóstico alguno. Creo que en lo de la IA hay algo de burbuja, de vendehúmos, pero también observo realidades tangibles. Quizás, como pasó con la web, sea necesaria una purga para hacer limpieza y que la tecnología se despliegue con todo su potencial y capacidades, y limitaciones, y en esa limpieza no pocos palmen sus ahorros e ilusiones, pero si eso se produce, a saber cuándo, cómo y por qué será. Lo comentaremos aquí, y si no pasa, no. De momento, las bolsas aguantan.

lunes, febrero 02, 2026

Burbuja del oro reventada

Enero ha sido un mes apoteósico, le ha dado tiempo a todo lo imaginable, hasta el punto de que hemos asistido al disparo y derrumbe de una burbuja en los metales preciosos, un fenómeno que venía sucediendo desde hace tiempo y que en las primeras semanas de 2026 se exacerbó, alcanzando el oro y plata valores nunca vistos, y registrando sus gráficos un ascenso exponencial que sólo podía acabar de una manera. En esto de las cotizaciones, subir como un cohete es peligroso, porque puede pasar como en los dibujos animados, que en plena subida agota el combustible y se queda colgando un instante en el cielo antes de comenzar a caer a lo loco.

El viernes el oro llegó a caer un 12% y la plata un 32%, pulverizando todas las ganancias deslumbrantes que se habían acumulado desde el inicio del año. El metal precioso por excelencia llegó a superar los 5.500 dólares la onza (escribí aquí sobre ello al tocar los 5.000) y terminó el viernes por debajo de ese nivel psicológico, cotizando ahora mismo en los 4.500 dólares la onza, un valor muy alto en la serie histórica, pero a mil dólares del máximo registrado apenas un par de días antes. Con la plata las cosas han sido aún más exageradas. Tocó techo en 119,87 dólares el mismo viernes 30 de enero y ahora cotiza en el entorno de los 75$, un derrumbe salvaje del -37,43% Son cifras propias de burbuja, de las de toda la vida, y cumplen lo necesario para denominarla como tal, dado que se e el ascenso fulgurante y, ay, el derrumbe, que es lo que permite llamarlas así. Desde que la cotización de oro y plata comenzaron a desplomarse se produjo el típico pánico vendedor de quienes se habían subido al carro de las subidas en máximos, junto con la liquidación de espabilados que llevaban grandes ganancias acumuladas, y que este viernes las convirtieron en efectivo, saliéndose de un mercado en el ellos, y pocos más, resultaban ganadores, y una gran masa se convertía en pagana de un movimiento desquiciado de subida que a buen seguro había obnubilado a más de uno. ¿Cuántos se han arruinado con este movimiento? Conozco a más de uno que se ha metido a jugar en este mercado de materias primas, al calor de las subidas, pero de manera prudente por la poca cantidad de dinero que han puesto, como si fuera un juego y uno coloca un par de fichas ahí a ver que pasa. Han puesto poco dinero que pueden arriesgarse a perder sin consecuencias, y alguno de ellos ya estará en pérdidas, pero no les va a quitar el sueño. Sin embargo es bastante probable que al calor del subidón de las cotizaciones no hayan sido pocos los que sí que se hayan metido en estos valores con cifras respetables, con cantidades serias que, en caso de pérdida o de bloqueo para no ejecutar la pérdida, pueden ser realmente significativas para sus economías. ¿Cuántos se han quedado atrapados en este movimiento? La brusquedad del mismo, por su dimensión y velocidad, es la propia de los mercados actuales donde hay muchísimos operadores particulares jugando desde sus apps y un montón de bots, programas automáticos, que actúan de manera fulgurante y pueden amplificar todo tipo de movimientos en manada. Una caída del valor de un tercio, como la de la plata, deja muertos y heridos, financieramente hablando, supone un desplome de mercado de consecuencias inevitables para casi todo el mundo, y destruye valor de una manera absoluta. Sí, valor que no sería cierto, pero era convertible en real antes del desplome. En el juego de los mercados las expectativas son una pieza fundamental, y el viernes por la mañana la sensación de euforia entre los inversores de oro y plata era generalizada, tanto como la del pánico unas horas después. A más de uno este fin de semana le habrá sentado peor que mal.

A otro que le ha ido mal en estos días es al Bitcoin, que ha pasado de rozar los 90.000 el viernes 28 a encontrarse ahora en el entorno de los 76.000. El, a mi modo de ver mal llamado, “oro digital” no ha servido como valor refugio en medio del desplome de los metales preciosos, porque el Bitcoin es de todo menos refugio. Aquí la pérdida ha sido menor que en los metales, pero nada pequeña, aunque es cierto que los que se meten en el mercado de Bitcoin saben que se lanzan a una selva en la que las posibilidades de ser devorado son elevadas. Hay mucho aventurismo, pero no tantos ingenuos. Desde luego sospecho que menos que los atrapados en el oro y plata.