Una de las peores caras de la política actual es la nula asunción de responsabilidades. Nadie es responsable de lo que pasa, todo es imprevisible, ha sucedido sin que se pudiera evitar en lo más mínimo. El morro es infinito. Pongamos, por ejemplo, que la Comunidad de Madrid se gasta seis millones de euros de dinero público en comprarse un ático en Chamberí, que no hace público, que no explica para qué, que cuando se conoce niega la compra y luego anuncia la venta, y que en todo ese proceso nadie asume que ordenó esa compra, nadie explica para qué se compró, nadie justifica ese derroche de recursos y todo el mundo sigue, tras ello, en su puesto, cobrando del presupuesto.
En este arte de la irresponsabilidad el sanchismo se ha erigido como el maestro absoluto. Si recuerdan, cuando llegó al poder, Sánchez hizo dimitir a dos ministros recién nombrados por menudencias fiscales que actualmente ocuparían poco más de un párrafo en los expedientes judiciales de Ábalos, Koldo, Leire, Cerdán, ZP o cualquiera de los relacionados con las infinitas tramas corruptas desarrolladas en torno al poder monclovita. En el caso del asalto a Ceuta, con más de cien fallecidos de por medio, el fracaso colectivo del gobierno a la hora de preverlo, evitarlo y gestionar sus consecuencias se excusa mediante argumentarios banales propios de parvulario y de negación constante. Hemos llegado a la kafkiana situación en la que dos ministros del gobierno, interior y defensa, lo mollar, se contradicen públicamente sobre el relato de lo que sucedió antes de la invasión, y a día de hoy ahí siguen cada uno en su puesto. Moncloa, léase Sánchez, ha ordenado a los suyos y a los medios que de él dependen que defiendan al mil veces mentiroso Marlaska y acusen a Robles de todo lo imaginable, en otro ejercicio de escapismo alucinante, pero a esta hora del jueves ambos ministros siguen en sus puestos, cobrando, después de haber hecho el ridículo monumental ante todo el país y con mentiras obvias en un caso, en el otro o, quizás, en ambos. Ninguno de ellos se ha planteado dimitir, en medio de una de las crisis más serias que hemos vivido en los últimos tiempos. Y claro, luego está la figura del propio Sánchez, el vacacional, el ausente. Acudió a Ceuta al día siguiente del asalto, estuvo un par de horas allí y luego desapareció por completo. Reapareció ante los medios esta semana pero tenía pensado volver a largarse de vacaciones hoy hasta el domingo, esta vez a Andorra, quizás para ensayar como youtuber profesional, pero parece que ha decidido cancelar el viaje una vez que se ha hecho público el lujoso destino al que iba. Ofreció comparecer ante las cortes, y fijó el día 9 de septiembre, sin prisa alguna, y han sido sus socios parlamentarios, a los que ha usado con desprecio evidente durante todos estos años, los que le han forzado a adelantar la comparecencia al próximo jueves 3, hoy en una semana. ¿Qué ha dicho Sánchez de la crisis de Ceuta durante ya más de un mes? Nada, nada, nada. Ni ha dicho ni ha hecho ni ha aparecido ni nada. ¿Cuáles son los ceses que se han decretado tras el desastre producido? Ninguno, todo el mundo sigue en su remunerado y protegido puesto. ¿Qué asunción de responsabilidades se ha hecho ante todo lo que ha pasado? Ninguna. La delegación del gobierno de Ceuta, silente desde el día del asalto, inútil absoluta ante lo que ha pasado, sólo ha emitido un comunicado en este tiempo, este pasado martes por la noche, para recalcar que Robles miente, que no sabían nada, que no hicieron anda porque no estaban informados y unos cuantos párrafos más llenos de excusas de nulo valor y menor vergüenza. Lo cierto es que, viendo cómo se comporta el gran jefe es casi lógico que todos sus subordinados pelotas, que siguen siendo lo primero gracias a ser lo segundo, adopten el mismo tono exculpatorio y traten de escabullirse. Un buen conjunto de necios tratando de salvaguardar sus privilegios es lo que tenemos delante de nuestras narices, es lo que nos desgobierna.
En el fondo, esta forma de hacer política es trumpismo puro, el ascenso al poder de los sujetos más infames y menos cualificados posibles para ejercer el cargo, que se rodean de una corte de pelotilleros, propagandistas a sueldo y mariachis para hacer ruido y tapar su incompetencia, y a cada desastre que se produce por su incapacidad para gestionar se dedican a fabricar excusas tan baratas que no serían de recibo ni en los parvularios. Sánchez es un gran émulo de Trump, no en sus formas degradantes (para eso tiene a Óscar Puente) pero sí en su forma de no gobernar. Qué desgracia nos ha caído con esta generación de necios y su llegada al poder.
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