Los pronósticos de las encuestas se han cumplido, no ha habido sorpresas, y la formación ultraderechista Alternativa por Alemania, AfD, ha arrasado en las elecciones regionales de la Alta Sajonia, pequeño estado federado alemán. Dos millones de habitantes en una nación que supera los ochenta. Con una participación altísima, cercana al 80% AfD ha conseguido cerca del 45% de los sufragios, por lo que su triunfo es incontestable. El reparto de escaños en la asamblea del estado le deja a dos de la mayoría absoluta, por lo que no podrá formar gobierno en solitario si no cuenta con alguna formación que se lo impida, pero no es imaginable un escenario de gobierno en el que no esté presente.
Si recuerdan, hablamos aquí el pasado viernes de la crisis del automóvil europeo y de los apuros de Volkswagen, una de sus enseñas. En Alemania esta crisis se siente como un mazazo, un golpe muy duro a una de sus industrias punteras y motivo de orgullo patrio durante décadas. El coche alemán es síntoma de prestigio indudable, y eso empieza a tambalearse. Es en este entorno de crisis en el que surgen las alternativas populistas, que tratan de revertir la sensación de declive que experimenta la población, sea cierta o no. Nunca se ha vivido con más comodidades que ahora, eso es cierto, pero la percepción de dónde estamos y lo que nos espera ha mutado, desde la esperanza hacia el temor. Se percibe un futuro sombrío, de decadencia, y esto sume a la sociedad en miedos. Los precios de determinados artículos, como los de la cesta de la compra o, especialmente, la vivida, no dejan de subir y hacen que la capacidad adquisitiva de la gente se vea mermada. El dinero no da como daba antes. Lo de la vivienda, de casi imposible acceso, es una mal endémico de nuestra sociedad y cercena las opciones de emancipación de los jóvenes y coarta proyectos vitales de todo tipo. La presencia de inmigrantes en el seno de nuestras sociedades es creciente, y en no pocos casos genera presión sobre recursos públicos y, para algunos grupos de la sociedad, la sensación de estar viviendo en un país que ya no es el que conocían. En este caldo de cultivo general, y con las particularidades de cada nación, surge la pregunta de cómo solucionar estos problemas, y hay consenso en que los partidos tradicionales no logran encontrar la fórmula, y ahí surge la oportunidad para distintas alternativas, normalmente extremistas, cargadas de demagogia, populismos de izquierda y derecha, Pablemos Y VOX en sus versiones españolas, que prometen ser la alternativa que logrará corregir el rumbo. En Alemania el tema económico y el de la inmigración son los que más sirven de palanca a los populismos, y la especificidad viene de la antigua partición del país entre el oeste occidental y el este soviético. Es en esta parte de la nación donde el populismo de AfD ha arraigado con más fuerza. Es, con diferencia, la zona más pobre del país, y pese a lo mucho que se ha invertido para tratar de agrupar lo más posible al conjunto, los ciudadanos del antiguo este mantienen la sensación de ser agraviados, de ser de segunda frente a la opulencia en la que viven los del oeste. Las estadísticas confirman esta separación, que es mayor o menor según miremos los datos, pero que existe. ¿Es suficiente como para generar sensación de agravio? Sí, si es explotada hábilmente. En el caso de la inmigración Alta Sajonia es uno de los Lander que menos presencia registra de inmigrantes respecto a su población total, pero eso no ha sido excusa para que AfD explote el miedo al extranjero como una de sus principales bazas. De la misma forma actuó VOX en Extremadura, región con problemas muy serios, pero con poco inmigrante, que acude a donde hay oportunidades económicas. En todo caso, la estrategia de los extremistas germanos ha resultado exitosa y se han hecho con un triunfo incontestable.
Los partidos tradicionales, la CDU conservadora y el SPD socialdemócrata, han sacado resultados claramente por debajo de la barrera del 10%, cifras que pueden considerarse como humillantes. La actual coalición de gobierno en Berlín ha recibido un correctivo muy duro, y hoy la preocupación debiera ser intensa en los despachos de la cancillería. La CDU se enfrenta, internamente, a la presión de parte de sus cuadros de dejar gobernar a AfD en el estado ante los resultados que el cordón sanitario impuesto a la ultraderecha ha conseguido. Mal día para Alemania, para Europa. Bonita jornada para Putin, aliado implícito de AfD, y todos los que sueñan con la destrucción del proyecto de la UE.
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