martes, diciembre 18, 2012

Las profecías autocumplidas y sus peligros


Ayer comenzaron en Newtown los funerales por las víctimas de la masacre causada por Adam Lanza, en medio de un mar de llanto y pena imposible de contener. A medida que se conocen detalles de lo sucedido aumenta la estupefacción y el asombro. Una de las cosas que más llamó la atención desde el principio es que la madre de Lanza, la primera víctima, guardase en su casa un arsenal suficiente como para ir a la guerra, cosa no muy habitual en unas poblaciones tan pacíficas y tranquilas como las de la costa Este norteamericana. ¿Por qué tenía todo ese armamento en casa? ¿Para qué lo acumulaba?

La respuesta es tan chocante como asombrosa. Nancy Lanza, que así se llamaba la señora, era una firme militante de lo que se denomina, perdón por el palabro, el preparacionismo, que no es sino una corriente de opinión que afirma que la crisis económica acabará por hacer sucumbir a nuestra sociedad en el caos, y que ante ello los individuos deberán autodefenderse dado que el estado fracasará en su empeño de imponer el orden. Alimentada por teorías conspiratorias, miedos y sospechas, la señora Lanza imaginaba al caballo de la hiperinflación desatado sobre las planicies americanas, y a otros apocalípticos jinetes por el estilo destrozando los Estados Unidos, y ante el panorama de desempleo masivo, incobro de deudas y reyertas y venganzas asociadas Lanza se atrincheraba en su casa, convirtiéndola en un fortín custodiado por un ejército formado por ella y su hijo, y un arsenal con el que hacer frente a todo tipo de ataques y asaltos. Parece el fruto de una pesadilla, pero esto que les estoy contando es real, muy real. Probablemente debido a esta concepción de la realidad Lanza entrenaba cada fin de semana en disparar a todo tipo de blancos con muchas armas, y llevaba a su hijo a dichas exhibiciones y entrenamientos, motivo por el que Adam tenía una capacidad de uso del armamento digna de un profesional, y eso explica en parte el aterrador balance de su mortífera incursión en la escuela. Cierto es que con los calibres utilizados el cuerpo de un menor puede hacer poco frente a impactos tan brutales, pero el acto de Lanza es cuasiprofesional, digno de un militar entrenado para matar que realizase una incursión en territorio enemigo. El que la primera de sus víctimas fuera su madre ya es una gran paradoja, porque justo la persona que vivía obsesionada por el temor al desorden y al asalto fue víctima de su propio hijo en su propia casa. Me imagino la imagen de absoluto terror de Nancy al contemplar cómo era precisamente la mano de su hijo, a quien había entrenado a conciencia para la autodefensa, la que iba a acabar con su vida, en una paradoja de lo más trágica y absurda posible, pero seguro que ni en la peor de sus pesadillas pudo imaginar Nancy que el caos al que tanto temía y ante el que se preparaba de manera tan concienzuda iba a ser provocado por su hijo, que el destinado a protegerle a ella y a su comunidad iba a ser el que la iba a destrozar por completo. Al final el temor que alimentaba la vida de Nancy, el fin de la sociedad de la que ella formaba parte, se ha cumplido, pero de la manera más imprevista posible, y más trágica, ya que ese final ha sido causado por ella misma. Tristemente, Nancy logró que su pesadilla se hiciera realidad.

En este caso, como en otros muchos, especialmente en el mundo de la economía, nos encontramos con lo que se denominan profecías autocumplidas, deseos que, si son compartidos por otros, acaban siendo realidad, pero de una manera algo distinta a como fueron imaginados, y eso no tiene que traducirse como algo bueno o malo, simplemente diferente. A veces sólo es un desfase temporal, como cuando todos deseamos ser el primero en comprar algo antes de que el precio suba, y al lanzarnos a por ello, el precio sube y perdemos todos. En tiempos como estos de profecías apocalípticas tan estúpidas como carentes de fundamento el caso de Nancy nos expone el peligro inherente a que podamos hacer realidad nuestros sueños, que pueden acabar siendo horrendas pesadillas.

No hay comentarios: