lunes, septiembre 02, 2019

Cada vez huele más a elecciones


Era casi imposible leer la entrevista a Pedro Sánchez que publicaba ayer El País. De hecho, no logré terminarla. Era tal el derroche de seriedad, responsabilidad, altura de miras y sentido de estado que exhala el personaje que los sentimientos de culpa de mi pobre ser mortal iban creciendo a cada párrafo y pregunta. Cómo la fortuna nos ha permitido contar, en este tiempo de tribulación, de un estadista de talla y lustre como el del señor Sánchez y cómo todos no somos capaces de verlo, de postrarnos ante su imagen y rendirnos a la evidencia de que él debe gobernar sea cual sea el resultado de las elecciones. Desde luego, la ingratitud de los españoles con sus próceres es algo digno de estudio.

La táctica que el PSOE, encabezado por Sánchez y su Rasputín Iván Redondo, ha dejado muy clara es la siguiente; o te rindes o elecciones, y el destinatario de la misma es Podemos, bueno, más bien su líder absolutista, otro dechado de virtudes que debe usar crema de protección solar en todo momento para que el brillo que emana de su figura no le cause lesiones cutáneas. Esto es lo que tienen los podemitas encima de la mesa, o apechugan y facilitan el gobierno monocolor del PSOE o habrá elecciones en la que, muy probablemente, su debacle electoral les colocará en una posición de mucha mayor debilidad. El mensaje que no deja de emanar de todas las terminales socialistas es que la confianza con los de Podemos está rota, completamente, tras el desastre de investidura que se vivió en Julio. Dos veces ha logrado Iglesias que no se constituya un gobierno del PSOE, y no estamos dispuestos a que sean tres, pregonan desde Ferraz y sus terminales mediáticas, en un intento clarísimo de establecer claramente quienes son los culpables de la actual situación y que así aparezcan ante la cabreada opinión pública en el caso de que, otra vez, tengamos que ir a votar el 10 de noviembre. Es lo que se llama insistentemente la “construcción del relato” una táctica política, y no sólo, en la que el PSOE es especialmente habilidoso (y por el contrario, el PP sumamente negado). De hecho, el anuncio de que mañana Sánchez presentará en público las trescientas medidas fruto de sus reuniones con la sociedad civil (madre mía lo que hay que oír) no es sino un adelanto de la campaña electoral de noviembre, un nuevo programa electoral con el que seducir a los votantes de izquierda de todo el espectro para que se decanten y escojan la única opción que tiene posibilidades de alcanzar el poder. Es una estrategia muy clara, muy bien ejecutada, y que puede tener resultados, o no, pero que está claro que se desarrolla desde la unanimidad de las filas socialistas, aunque a buen seguro habrá dirigentes a los que la situación actual les produzca un vértigo elevado. Lo sucedido estos últimos días en La Rioja, donde se ha mostrado hasta las claras la descomposición y sectarismo que afecta a Podemos, refuerza el mensaje socialista, y deja muy claros los puntos del debate. El tiempo además no deja de avanzar y al PSOE le basta con quedarse quieto para que los plazos devoren a Podemos. ¿Qué hará Iglesias? No lo se. En un personaje malicioso y sectario, pero es listo. Sabe perfectamente que ha perdido su oportunidad de asaltar los cielos, y es lógico que alguien que posee alma de dictador se sienta frustrado al ver fracasar sus ansias infinitas de poder y ego. Desde su dacha de la sierra contempla el escenario, y si actuara en lógica se rendiría, porque sabe que en unas nuevas elecciones va a perder escaños respecto a lo que ahora tiene. Pero la lógica hace tiempo que no funciona en los partidos. Frustrado, resentido, cabreado, Iglesias contempla como el Podemos que pudo ser todo va camino de convertirse en la Izquierda Unida 2, y que del sorpaso al PSOE no queda nada de nada. Curiosamente, con su actitud, se ha convertido en el mejor ejecutante de las políticas de la derecha, impidiendo a la izquierda gobernar. Probablemente lo sepa, pero eso no quiere decir que condicione su actitud.

¿Y el resto de partidos? Mirando y esperando, con expectativas muy distintas. Ciudadanos, que a mi entender ha cometido enormes errores de estrategia, no lo dice, pero sabe que unas nuevas elecciones le harán daño, como le sucedería lo mismo a un Vox que se ha mostrado con la intransigencia e inutilidad propias de sus delirantes propuestas políticas. El PP no lo dice, pero sabe que con nuevos comicios sólo puede mejorar respecto a los ridículos resultados de abril, por lo que, si hay que votar, encantados estarán en Génova de hacerlo y recoger algunos de los trozos perdidos en el camino que se quedaron en otras formaciones. Y entre todos, la gobernabilidad del país inexistente y la gestión de los problemas, presentes y futuros, nula.

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