martes, septiembre 17, 2019

El vértigo electoral asusta a Ciudadanos


Hoy sabremos si, como parece, tendremos que ir nuevamente a votar el próximo 10 de noviembre, tras la incapacidad mostrada por los partidos para llegar a un mínimo de acuerdos a lo largo de todos los días transcurridos desde el 28 de abril. Es vergonzoso. Leí ayer que, además de procastinar, que es un término de origen latino que quiere decir que se dejan las cosas para el día siguiente, la lengua de Virgilio también definía perendinare, que es dejarlas para dos días después, retrasando aún más las cosas debidas e incumpliendo lo que se ha comprometido. Nuestros políticos, que nacen de nuestra sociedad, son expertos en perendinar, son maestros en ese rancio arte.

Como la posibilidad de elecciones empieza a ser muy cierta, ya están en marcha los cálculos en la sede de todos los partidos sobre lo que puede pasar en ellas, y si en unos cunde el optimismo, en otros el pánico resulta evidente. Todas las encuestas señalan tres potenciales perdedores; Vox, Podemos y Ciudadanos. La actitud de estos dos últimos en el proceso negociador resulta tan absurda como lesiva para sus propios intereses y los de la gobernabilidad del país, y por ello es probable que sean castigados en una nueva votación. Si no son útiles, para qué escogerlos. Mucho hemos hablado de los garrafales errores de Podemos, supeditados al infinito ego de un líder mesiánico que, se disfrace o no de corderito, se cree que está siempre por encima de todos los demás. En su pecado llevará su penitencia electoral. No hemos hablado tanto de Ciudadanos, cuyo camino negociador ha sido una copia con retardo del desarrollado por Podemos. Rivera se ha ido creciendo como líder a medida que su formación ha despegado, y se ha ido contagiando del mesianismo de todos los jefes de partido que le rodean, adoptando los mismos tics autoritarios y nefastos que Sánchez o Iglesias ejercitan cada día (Casado no, no porque no quiera, sino porque de momento no puede). Ha ido perdiendo candidatos y personas de alto nivel a medida que su discurso se ha escorado y radicalizado, y el partido centrado y liberal se ha ido convirtiendo poco a poco en una máscara que no ocultaba la aspiración, creo que imposible, de convertirse en la fuerza hegemónica de la derecha. Sacó unos excelentes resultados en las elecciones de abril, pero quedó por detrás del peor resultado imaginable para el PP. Si entonces no lo superó difícil que lo haga alguna vez. Muchos asesores aconsejarían a Rivera que mirase a su flanco izquierdo. Ciudadanos ha recogido votantes descontentos moderados, lo que significa centro derecha y centro izquierda. Su idea de escorar al partido ganando más por el extremo derecho que por el centro izquierda llegó a su máximo resultado en abril, pero desde entonces la formación palidece. La negativa rotunda a negociar con Sánchez, ni siquiera a reunirse con él, es algo que nadie ha entendido. Ayer, sospecho que definitivamente asustado ante unas elecciones que parecen inevitables, y con sondeos que le cuentan a él lo que le cuentan a todos, Rivera decidió dar un volantazo, que llega tarde y mal. Ofreció una alternativa de pacto a “Sánchez y su banda” con tres puntos llenos de lógica, pero ni el entusiasta titular que le dedica hoy El Mundo a esta oferta de Rivera puede esconder la asunción del fracaso que supone a la hora de valorar lo que Ciudadanos ha hecho desde el 28 de abril. una vez fracasada la investidura de julio, como muy tarde, Rivera ya debía de haber hecho esta propuesta, en un mensaje de tipo “no aguanto a Sánchez, pero me importa más la gobernabilidad del país”. Eso hubiera sido coherente con su idea de partido bisagra, abierto a la sociedad civil y enemigo de los extremistas y nacionalistas. Con una oferta de este tipo, sostenida en el tiempo, Rivera hubiera dejado en el tejado del PSOE y Sánchez la obligación de justificar su política de alianzas y los movimientos durante el proceso negociador. Casi al 100% Sánchez hubiera hecho durante este tiempo lo que hizo ayer, rechazar la propuesta, pero al menos los de Rivera podían presentarse como pactistas frente al radical Sánchez. Sería una estrategia mucho más inteligente de cara a elecciones, hubiera o no.

Ahora la situación es mucho más difícil para Rivera y los suyos. El movimiento de ayer es muestra de debilidad y miedo, una acción a la desesperada, y tanto PSOE como PP, que ven bien la repetición, calculan cuántos de los escaños que perderán los naranjas e irán a uno u otro partido mayoritario. Por motivos distintos, Iglesias y Rivera han dado una lección de cómo no negociar las cosas del poder, obteniendo ambos, probablemente, un resultado nefasto de sus movimientos. Políticos jóvenes, muy preparados en teoría, que van camino del fracaso. Se aprende a hacer camino al andar y tropezar, sí, pero el recorrido que llevan hacia ninguna parte es tan asombroso como incomprensible. Y mientras tanto, El Rey, harto, muy harto de todos ellos.

Cojo unos pocos días de vacaciones y subo a Elorrio. Si todo va bien volveremos a leernos el miércoles 25, a mediados de la semana que viene.

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