martes, septiembre 08, 2026

La clase media carece de alternativas

Podemos hacer una y mil reflexiones sobre el auge de los populismos en Europa o, más en general, en occidente, pero no es necesario un sesudo estudio para ver algunas de las raíces que están detrás del malestar del ciudadano que estas formaciones, con facilidad, saben canalizar. Recuerden, uno de estos ultras de derechas no va a arreglar ninguno de esos problemas. Busca que ellos les aúpen al poder para, desde ahí, tratar tanto de enriquecerse como de perpetuarse, pero saben que los problemas que denuncian son ciertos. Mienten sobre las soluciones, pero aciertan en el diagnóstico. Por eso la gente les vota.

Vaya al supermercado a hacer la compra. En los últimos años, especialmente después del COVID, los precios han subido mucho, la inflación ha hecho un roto a la capacidad adquisitiva de muchas familias. Las causas de ello son diversas, pero lo que ve uno al pagar la compra es que el dinero da cada vez para menos. Los sueldos han ido subiendo estos años, pero no han logrado seguir la espiral de precios que, en algunos productos básicos, presenta cifras de ascenso endemoniadas. Para el caso español la mayor parte de las estadísticas muestran que la renta per cápita nacional permanece prácticamente estancada desde hace casi dos décadas, y eso se traduce en una sensación de no avance, de estancamiento. El camino de ascenso hacia la prosperidad se ha bloqueado para millones de ciudadanos, que venían de rentas bajas y aspiraban a altas, y se han quedado en la mitad del camino sin tener opción alguna de avanzar. El incremento desorbitado de los precios de la vivienda supone un enrome problema añadido de grandes, y muy frustrantes, consecuencias. El incremento de la demanda, tanto por inversión como por uso económico como el derivado de la creciente población del país, unido a una oferta cada vez más escasa ha convertido el acceso al piso en un sueño imposible para muchísima gente, especialmente la más joven, que no ve cómo llevar a cabo un proyecto de vida que vaya más allá del cuarto de casa de sus padres. Esto no es ninguna tontería. Ver todo el día a administraciones de todo tipo, escala e ideología, cobrando impuestos por el alquiler o la venta y poniendo trabas sin fin a la construcción de pisos genera un odio colectivo hacia ellas por parte de quienes desean un piso y no lo encuentran. Los sueldos españoles, en general, dan para la vivienda o para vivir, pero no para ambos a la vez. La cada vez mayor presencia de inmigrantes entre nosotros ha venido a paliar el declive demográfico de la población autóctona y a cubrir puesto de trabajo necesarios que muchos de los ciudadanos locales no quieren desempeñar (¿dejaría usted su trabajo actual para cuidar a un familiar? Sea sincero a la hora de hacerse la pregunta) y es inevitable que la sociedad cambie si el número de personas que provine de culturas distintas a la conocida crece. En algunos casos incluso puede ser positivo, porque ayuda a eliminar tradiciones que se hacían desde antaño y carecen de sentido, pero se cambio se está produciendo a alta velocidad, de una forma que muchos no son capaces de asimilar, y en no pocos estratos de la población existe la sensación de que la ley, la asistencia social y otros mecanismos del estado están sesgados para favorecer a los recién llegados respecto a los que ya estaban de antes. Nuevamente, eso puede ser más una sensación que una certeza, pero está ahí, y muchos de los antiguos ven cada vez con más recelo el dominio de los nuevos en sus barrios, y la sensación de que la ley no se aplica. Esto se da más en contextos en los que el islam trata de imponer sus normas sociales frente a la legalidad laica, cosa que no debe suceder, porque la norma está por encima de la creencia, sea esta la que sea. La invasión tecnológica que va a más genera cambios disruptivos en la sociedad y las formas de trabajo que hacen que, cada vez, más personas se sientan excluidas de una corriente que las arrastra y ante la que no pueden luchar….

Son un montón los aspectos de la sociedad en la que vivimos que están cambiando aceleradamente y dejan una sensación generalizada de provisionalidad, incertidumbre y temor. Ante todo eso, la política convencional está fracasando, no sólo en España, con el necio gobierno que padecemos. Todo occidente no logra encontrar una tecla que le sirva para poder anclar expectativas y generar confianzas. Los errores cometidos por los políticos tradicionales en este marasmo son el caldo de cultivo perfecto para los aventureros populistas, que son plenamente conscientes de que no van a arreglar nada, pero que no se han visto en otra como esta para alcanzar el poder y, desde allí, forrarse. Así están las cosas

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