martes, diciembre 03, 2019

La cumbre del clima en Madrid


Lo primero, lo obvio, y es que a un país tan aficionado a procastinar como el nuestro no hace falta que le avisen con mucho tiempo de antelación de que debe organizar algo. Basta que le den tres semanas de plazo para lo que otros emplean un año para montar toda una cumbre internacional, gestionar la logística, los medios de comunicación, emplazamientos y todo lo necesario. Si los impresentables del COI, sobornados por otros, acaban dándonos unas olimpiadas, y las aceptamos (que habría que pensárselo) las podemos organizar también en poco más de un mes, y a buen seguro que saldrían de maravilla.

Sobre la cumbre en sí, denominada oficialmente COP25, tengo mis dudas de fondo. Tanto por su utilidad real como por lo incongruente de su propia concepción. El efecto de las emisiones humanas en el clima es algo que va a más, que los científicos llevan advirtiendo desde hace décadas y que provocará cambios en la naturaleza de dimensiones y efectos de muy largo plazo que van a alterar la vida de los que vivimos en el planeta, sin que aún esté muy claro de qué manera y forma. Sólo que, como en todo cambio, habrá ganadores y perdedores y que, como siempre, serán los más pobres los que menos opciones tendrán para salir ganando. Los lemas que se escuchan incesantemente en los medios de comunicación, que giran en torno a “salvar el planeta” se equivocan por completo. No se trata de salvar La Tierra, porque aunque nos creamos tan chulos y todopoderosos de ser capaz de destruirla, no lo lograríamos de ninguna manera. Hace cientos de miles, millones de años, el planeta existía y los humanos no. Dentro de cientos de miles, millones de años, el planeta existirá, y los humanos, casi seguro, no. Se trata de salvarnos a nosotros mismos, de conservar el hábitat en el que podemos sobrevivir, crecer y desarrollarnos. Somos nosotros los potenciales causantes de los problemas a los que nos enfrentamos, por ello creo que hay que cambiar la orientación de todos esos discursos que nos rodean. ¿Son útiles estas cumbres para ello? Lo dudo, porque más allá de los mensajes de concienciación ecologista que puedan calar en algunas capas de la sociedad, la vida de las naciones sigue su rumbo sin pensar en el largo plazo, porque los humanos somos muy malos en esas dimensiones temporales. Lo que no vemos delante de nuestras narices no existe. El hecho mismo de convocar una cumbre de este tipo genera un enorme volumen de emisiones contaminantes, y uno se pregunta si no sería más lógico que un encuentro que busca luchar contra ellas no se realizara por videoconferencia global, con todo el mundo en su casa o lugares de trabajo y conectados gracias a las tecnologías que permiten estar en todas partes con unas emisiones mínimas. Desde un punto de vista medioambiental recurrir a estas tecnologías cada vez más es lo más lógico, y es muy probable que en su trabajo diario se haya reducido el número de reuniones presenciales y aumentado el de videoconferencias, con el ahorro de recursos, tiempo y emisiones que todo ello supone. No se acabarán nunca con las reuniones presenciales, porque muchas son necesarias, pero se trata de acotar, y que algo más de veinticinco mil personas vengan a Madrid para luchar contra el cambio climático tiene sus indudables efectos. No sería mala idea que, dado que se nos pide a todos, los organizadores del evento midieran su propia huella ecológica, vieran las emisiones globales causadas por el acto, el origen de las fuentes de energía que han consumido a lo largo del mismo y se viera el balance global. Sería una manera de dar ejemplo, que es como mejor funcionan estas cosas.

Lo realmente distintivo que veo en esta cumbre, más allá de la histeria contraproducente de los mensajes y el circo que se organizará cuando llegue Greta, es que las empresas han encontrado, por fin, un filón en el negocio medioambiental, y su presencia es omnipresente en la cumbre, medios y mensajes, Ahora hasta las petroleras se van a vender como verdes. ¿Cuánto hay de marketing en todo esto y cuánto de realidad? De momento creo que todo es postureo sin contenido, pero quizás sea esta la vía para que el mensaje del ahorro, la reutilización y la reducción de emisiones vaya calando. De todas maneras, nos queda todo por hacer y, seamos sinceros, ni sabemos cómo en lo tecnológico ni en lo económico ni social.

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