jueves, diciembre 12, 2019

Postureo climático


Era de esperar que Javier Bardem la montase. Escogido por no se quién para leer uno de los alegatos en la principal manifestación convocada con motivo de la cumbre del clima, su carácter y formas no debieron sorprender a nadie. Él es famoso, excelente actor e ideológicamente un cegado de sus ideas. En cierto modo su actitud insultante fue un regalo para los (pocos) que están en contra de esta cumbre y el que posteriormente se disculpase no evita la sensación de que, en esto también, el maldito sesgo ideológico que nos posee haya contaminado, nunca mejor dicho, un debate que trasciende ideas, personas y fronteras. Pero así de estúpidos somos, que diría Bardem de todos menos de él mismo.

Una de las consecuencias de la cumbre y del revuelo mediático organizado en torno a ella es lo que denomino el postureo climático, que no es otra cosa que tratar de vender el mensaje ecologista y vestirse como tal llevando una vida completamente ajena a dichos postulados. Millonarios de todo tipo y procedencia, con trenes de vida desbocados que generan emisiones gigantescas pregonan por charlas en todo el mundo la necesidad de que pobres y clase media, como usted y yo, nos apretemos el cinturón y dejemos de contaminar por el bien del planeta, y su discurso estaría bien si fuera coherente. ¿Entra en la coherencia el comportamiento absurdo de Greta a la hora de viajar de un lugar a otro? No, porque, aunque no contamina directamente solo es sostenible si unos cuantos millonarios sostienen su forma de desplazarse. ¿Qué hay del uso de las videoconferencias? Una estrella mediática puede estar hoy en día en cualquier parte del mundo sin tener que usar su jet privado con el uso de tecnologías limpias, que transmiten su mensaje de la misma manera. Pero, ay, qué estrella global va a renunciar a su jet privado, a su yate privado, a sus mansiones y demás objetos asociados a la imagen del lujo, que entre otras cosas son grandes emisores de CO2. El mismo presidente del gobierno, el eterno en funciones Sánchez, mantiene un discurso ecologista para los medios y el electorado, pero usa los aviones privados no sólo cuando es necesario, que no pocas veces lo es, sino para asuntos tan triviales como asistir a festivales de verano. Ese postureo de las celebridades, que visten de verde un comportamiento la mayor parte de las veces aberrante para que su actitud sea comprada por el público se da también en numerosas empresas, que han visto como este año 2019 se ha dado el boom del negocio climático, al que van a acudir como moscas a la miel, algunas con conciencia, otras con mucha hipocresía, todas ellas, como es lógico, a la caza de beneficios económicos en un mercado en el que la etiqueta verde permite subir precios y generar distinción ante la clientela, aunque detrás de ese verde no haya nada. Energéticas y otro tipo de industrias que, por la tecnología actual y la necesidad imperiosa de producir kilovatios se encuentran entre las más contaminante, son las que patrocinan eventos como esta cumbre y esconden sus emisiones en forma de encartes publicitarios y cortinillas en medios de comunicación, necesitados como los que más de inversiones publicitarias para cuadrar sus cada vez más exiguas cuentas. Basta una cintilla, en tono verdoso, con el logo de la empresa y alguna información medioambiental para ejercitar lo que en inglés se denomina “greeenwashing” lavado verde, una forma de esconder debajo de la alfombra ecológica las miserias de cada uno y, de paso, dar un zarpazo a la competencia en este nuevo mercado en el que, como todos, el marketing es el rey y señor. ¿Qué hay de cierto y falso en todos estos mensajes? Sinceramente, créanse la mínima parte de todos ellos.

En el fondo, en este asunto ecológico, como en tantos otros de la vida, funciona más el criterio de la ejemplaridad. desarrollado admirablemente por Javier Gomá en su obra, que cualquier otro. Mira lo que dice el que habla y contrástalo con lo que hace, y quédate con lo segundo, que es lo cierto. Bardem va de ecologista, pero su tren de vida (y su coche y sus chalets y los cruceros que patrocina su mujer, etc) generan una montaña de emisiones de CO2 que se traducen en millones de euros en su cuenta corriente. Él, que es rico, puede usar alternativas no contaminantes y no lo hace, por lo que no puede ser ejemplo de nada. Y así tantos. Usted, casi seguro que obligado a contaminar para poder obtener unos ingresos vitales de los que no puede prescindir, haga lo posible por reducir su impacto, pero desde luego no se deje engañar por personas y entidades no ejemplares.

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