lunes, diciembre 16, 2019

Lecciones británicas para políticos desnortados


El clarísimo resultado de las elecciones británicas del pasado jueves ofrece numerosas lecciones para políticos de todo tipo, especialmente para las formaciones que, como el laborismo, salieron muy derrotadas de las urnas. Johnson no me cae bien, pero hizo la campaña que tenía que hacer y ha cosechado una victoria incontestable. Su gobierno no va a ser un paseo y, como europeísta convencido que soy, creo que es una tragedia que el continente y el Reino Unido firmen un acuerdo de separación, cuando son dos partes de una misma integridad, pero de momento es lo que hay. Y no es Johnson el principal culpable de que este sea el final de la historia, dado que él era proseparación, sino los que debieron luchar por seguir en la Unión y no lo hicieron.

Resumiéndolo mucho, tres son los errores cometidos por el laborismo para alcanzar el nivel de fracaso en el que vive ahora. El primero de ellos es, precisamente, el Brexit, o más bien su tibia postura ante ese tema. Cuando el país vive completamente dividido entre permanecer o quedarse, cunado la fractura social ha permeado todas las capas que podamos imaginar que conforman el mundo británico, los laboristas adoptan una posición de perfil y eluden el tema, presentándose a la campaña con una idea de renegociación confusa y con la alternativa de la salida blanda frente a la salida dura. La única opción que tenían era la de enarbolar, con fuerza, la bandera del “remain”, permanecer, y convertir estas elecciones en una especie de segundo referéndum en el que se volviera a medir un pulso entre una y otra idea. No lo hicieron, dejaron escapar esa oportunidad y, con razón, hoy muchos europeístas nos sentimos traicionados porque un partido que, se supone, nos defendía, nos dejó en la estacada. El segundo error fue del de acudir a las elecciones con un programa que quizás hubiera tenido sentido para las formaciones eurocomunistas de los setenta, pero que hoy en día es un auténtico disparate. Nacionalizaciones a mansalva, intervención estatal impropia de una sociedad moderna, colectivismo rescatado de trasnochadas ideas comunistas… el programa laborista no había por dónde cogerlo y era una auténtica afrenta no ya al ideario moderno de una Europa social y de mercado, sino un disparo a la línea de flotación de las creencias británicas, donde el sentido de la responsabilidad e iniciativa personal está mucho más arraigado que en nuestras tierras (debiéramos aprender de ellos en estos sentidos). Esas propuestas generaban un terror por parte de muchos votantes y una huida de los mismos hacia otras formaciones o, directamente, hacia casa, a no votar. Con propuestas así el laborismo no va a ir a ninguna parte, bueno, sí, a la ruina, como otras muchas formaciones socialdemócratas que agonizan, como la francesa. El tercer error, que resume los anteriores y los encarna, es la figura de Jeremy Corbyn, el líder del partido, un personaje oscuro, gris, pero no en el sentido de frío y plano, sino en el de negatividad asociada a esos tonos de color. Alguien que vive en un mundo ideológico trasnochado, un personaje que, en el fondo, es pro brexit porque añora tiempos soviéticos y para él la UE no es sino la reunión de mercaderes que se decía en el tiempo de los bloques. Un personaje al que la historia superó hace mucho tiempo pero que, ciego, ha decidido remar contra ella. Y ya se sabe que tratar de remontar ríos y cascadas exige una enorme fuerza, pericia y suerte. Nada de eso contiene un candidato como Corbyn, el gran fracasado de la noche del jueves. No ha dimitido (no sólo en España los políticos no lo hacen) y amenaza con liderar el proceso de búsqueda de un sucesor, por lo que lo emponzoñará. El laborismo debe sentarse en el rincón de pensar y reflexionar sobre lo que le ha pasado.

Corolario. Una de las decadencias laboristas más intensa se ha dado en Escocia, y esta historia sí que nos suena. Cada vez más proclive a flirtear con el nacionalismo local, los votantes han abandonado la copia laborista por el original independentismo escocés, y si hace apenas diez años el laborismo siempre sacaba mayoría absoluta en aquella región ahora es casi inexistente. Piense usted en el socialismo en Cataluña y los paralelismos son más que notables. Y todas esas cesiones al nacionalismo, que es egoísta y de derechas por definición, por formaciones que se dicen de izquierdas. Así es lógico que no les acaben votando ni los suyos.

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