lunes, septiembre 14, 2026

Petróleo estrangulado

En este fin de semana, en el que Ceuta sigue hundiéndose en el caos con la precisa y necesaria colaboración del desgobierno, en lo que empieza casi a parecer una estrategia que busca arrasar la ciudad, se han producido varias noticias de alcance que darían para un montón de artículos, por su complejidad y trascendencia. Vamos hoy con el lío de los hutíes, porque la han montado buena. Esto se enmarca en la desastrosa guerra de EEUU con Irán, que mantiene cerrado el estrecho de Ormuz y ocasiona que, cada vez que vaya a repostar, se acuerde de la madre de los Ayatolas, de la de Trump y de todos los que iniciaron esta estúpida y fracasada guerra.

Los hutíes no están en Ormuz, sino en Yemen, al otro lado de la península arábiga, justo en su extremo sur. Yemen lleva en una cruel guerra civil desde hace ya bastantes años, en la que se enfrentan dos facciones por el poder y que se distinguen por su afiliación religiosa, El gobierno dominante sigue siendo el suní, apoyado por Arabia Saudí, y el bando contrario son los chiíes, los hutíes, apoyados por Irán. Si esta no ha trascendido mucho en los medios es porque Yemen es un país pobre, montañosos, carente de recursos petrolíferos, y que importa a poca gente. Pero se encuentra en un lugar muy especial, en la orilla este del estrecho de Bab el Mandeb, que es el que da acceso al Mar Rojo y, de ahí, al canal de Suez. Es una de las rutas marítimas más importantes del mundo. Los hutíes se hicieron conocidos para gran parte del mundo cuando, en el marco de la guerra de Gaza, se apuntaron al bando palestino y, como represalia a Israel, decidieron atacar los buques que transitan por esa zona, creando un problema logístico global. Atacados por Israel, aflojaron su ofensiva, pero no dejaron de intentarlo, y ahora, en medio de la guerra de Irán, han visto que su oportunidad es máxima. Cuentan con el respaldo claro de Irán, que cada vez que lo niega con gran firmeza parece hacerlo con la sonrisilla picarona de quien sabe que miente más que habla. De manera intermitente, atacan Arabia Saudí, la otra gran potencia regional de la zona, un gigante económico que gasta cantidades astronómicas en hacerse con material militar puntero norteamericano, pero que siempre muestra una incapacidad para el combate digna de estudio. Sospecho que ni saben como poner en marcha gran parte de las plataformas que adquieren sin cesar. Sumados a la guerra de drones, los hutíes han logrado más de una vez alanzar el aeropuerto de Riad, humillando a los saudíes ante todo el mundo, y a lo largo de la semana pasada han dado dos golpes muy importantes que, me temo, se empezarán a pagar desde hoy. Uno ha sido el de destruir parte de las instalaciones del oleoducto saudí que permite derivar parte de su producción a los puertos del Mar Rojo, ofreciéndole una salida alternativa a la de Ormuz. La capacidad de este oleoducto no llega, ni de lejos, a lo que puede sacar Arabia Saudí por las terminales del golfo pérsico, pero es un apaño que le permite ir tirando. Pues bien, tras el ataque registrado el jueves viernes, el oleoducto ha quedado muy dañado en una de sus estaciones intermedias y el flujo se ha interrumpido. Ahora mismo los saudíes no tienen capacidad de exportación de petróleo. Sí, sí, como oyen. No pueden sacarlo de su país por ninguna parte. El otro golpe ha sido la conquista de algunas islas que permiten a las milicias hutíes hacerse con el control del estrecho de Bab el Mandeb. Su intención es cerrarlo, atacar a los buques que quieran transitar por ahí y forzarlos a que bordeen África en su camino desde Asia a Europa y viceversa, lo que añade varias semanas de retraso en todos los viajes y, evidentemente, un sobrecoste por todos los conceptos que usted quiera imaginar. Con el estrecho cerrado el canal del Suez sirve para muy poco, y Egipto dejará de ingresar un pastizal en forma de aduanas por el tránsito que por ahí circulaba a diario. Pero lo más relevante es que se cierra la vía natural de comunicación entre Asia y Europa. China y occidente se distancian y sus productos mutuos se encarecen. El golpe a la logística global puede ser enorme, como cuando quedó cruzado el portacontenedores Evergiven en Suez y lo atascó todo, pero esta vez no por un accidente, sino por un ataque buscado.

Es de suponer que los precios del petróleo subirán como respuesta ante todos estos hechos. Ahora mismo el Brent de referencia en Europa está en 106$, escalando más de dos respecto al cierre del viernes. El resto de referencias del crudo y todas las del gas también suben con ganas. Esto sólo se puede traducir en subidas futuras de precios, en la maldita inflación que no cesa, y en subidas de tipos de interés, como la que efectuó el BCE el pasado jueves o la que puede verse forzado a hacer, aunque no quiera, Kevin Warsh al frente de la FED este próximo miércoles. El estrangulamiento hutí y el cierre de Ormuz son disparos a la línea de flotación del ciclo económico, pueden hacer mucho daño.

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