miércoles, diciembre 07, 2016

Trabajé el lunes, ayer no, hoy sí, mañana no, el viernes sí


El otro día escuché a una amiga mía utilizar la expresión de “semana margarita” para definir el absurdo que se produce en España estos días, en los que la coincidencia del calendario y nuestra desidia han generado el mayor de los caos posibles entre laborables y festivos. Una secuencia de días alternos de fiesta y trabajo que destroza calendarios, productividades y planificaciones, genera molestias en los centros de trabajo y hace que, apenas a dos semanas de Navidad, haya quien se puede coger medio mes de diciembre sin tener que sentarse en ninguna cena familiar. Sí, los hay, los hay.
 
Cuando el PP llegó al gobierno en 2011 llevaba muchas promesas en su cartera, que tardó muy poco en incumplirlas. Una de ellas era la de la reorganización de los festivos, la supresión de puentes y el traslado de los días feriados a los lunes, para evitar caídas en la productividad. Poco se habló de aquel asunto y se dejó orillado por la urgencia de otros temas más graves y la polémica que se empezó a barruntar al respecto. Cinco años después de aquellas elecciones, tras un montón de comicios, pocas cosas han cambiado, dado que el PP sigue gobernado e incumpliendo promesas, y nada se dice de los puentes y los festivos. Choca este tema de la organización del calendario con dos problemas, aparentemente rocosos, que no lo son tanto. Uno es la tendencia humana a no trabajar, y el gran negocio que supone para el ocio personal el poder coger libranzas, legales o no, más allá de los días regulados, y se dice que eso en España es sagrado. Hay voces que afirman que puede Rajoy triplicar los impuestos y todavía conseguirá votos, pero que como se cargue unos puentes las hordas se lanzarán contra él y le descuartizarán incluso antes de no volver a votarle. El otro obstáculo es el de la costumbre, palabra que se utiliza cada vez que queremos mantener algo quieto aún a sabiendas de que no tiene sentido de que siga ahí. Hacemos cosas por costumbre, festejamos costumbres y las hacemos de manera acostumbrada, porque antaño se hizo así, aunque antaño sean apenas unas décadas. Y la costumbre es algo que tiene que estar sujeto a la razón, y por ello habrá costumbres que permanezcan, sean útiles y tengan sentido, y otras que deben abolirse y dejarse orilladas en la cuneta de la historia. Si recuerdan había una frase hace años que, referida a festividades religiosas, proclamaba que “hay tres jueves que relucen como el Sol, Jueves Santo, Corpus Christi y Ascensión”. De esas tres fiestas, sólo la de la Semana Santa se mantiene en vigor en la fecha citada, y el resto se han convertido en Domingos, salvo cuando son rescatadas por motivo de ajuste de calendario. Es decir, las fiestas se pueden mover, no son fijas, y el criterio religioso o tradicional no puede servir para que todas ellas se mantengan de manera extraña en el calendario, de tal manera que se puedan producir locuras como las de esta semana, que son completamente absurdas, cuestan dinero y nos enseñan hasta qué punto los calendarios y horarios laborales de este país no tienen sentido alguno y deben reestructurarse del todo.
 
Mi propuesta sería la de mezclar un poco la tradición nuestra con la norteamericana. Algunas de las fiestas pueden mantenerse en su fecha numérica, caigan el día que caigan, como Jueves Santo, Viernes Santo, Navidad, Año Nuevo, Reyes, 1 de Mayo y 12 de Octubre, pero el resto debieran pasarse al lunes, por ejemplo el siguiente al de la festividad que se trate, e impedir que se produzca la existencia del puente. Se pueden incluso fijar varios lunes al año que permitan distribuir esas fechas a lo largo de los trimestres de una manera más racional y proporcionada, para evitar meses medio festivos como diciembre y trimestres eternos como el que viene tras reyes. Es una idea, pero puede haber miles más. Lo que no puede ser es que sigamos como hasta ahora.

No hay comentarios: