jueves, diciembre 21, 2017

Se acaba el convulso 2017

Se acaba el año, y mañana será la última entrada del ejercicio del blog, por lo que debiera ser mañana cuando hiciera un brevísimo resumen del año, pero dado que hoy tenemos unas trascendentales elecciones en Cataluña y tocará tras ellas hacer reflexión de los resultados y el panorama que dejan, hoy me dedicaré a pensar un poco en lo que ha sucedido en este 2017 que se nos va. Y Cataluña ha sido el centro de la actualidad nacional, tanto por el dolor causado tras los salvajes atentados yihadistas de agosto en Barcelona como el pesar generado por el proceso soberanista, esa exhibición nacionalista desatada y sectaria que acabó dando un golpe de estado, vara en mano, amenazando la legalidad constitucional y la convivencia.

En la política española, con el terremoto catalán de fondo, hay pocos movimientos en la superficie pero sí se mueven corrientes de fondo. El PP no logra rentabilizar ni su actuación catalana ni la buena marcha, mejor de lo esperada, de la economía, y cae en las encuestas, siendo Ciudadanos el que saca más rédito de todo este desaguisado (quizás en los resultados de hoy veamos una versión exagerada, caricaturesca, de este proceso). El PSOE de Sánchez se consolida un año después de su vuelta y Podemos muestra grietas evidentes y síntomas de crisis, azuzada por su esperpéntico comportamiento en la crisis catalana y las divisiones internas en su liderazgo, que sigue ostentado con mano de hierro un iluminado Iglesias. La crisis que ahora se vive en el ayuntamiento de Madrid es otro exponente de la descomposición, en parte, de este movimiento. En la escena internacional, son cuatro los nombres que me vienen de golpe a la cabeza. Macron, que ganó en Francia en mayo, en una campaña sorprendente, salida de la nada, y paró las hordas populistas de Le Pen, aportando un respiro a la UE, que se creía decisivo y, tras la victoria no útil de Merkel se ha mostrado transitorio. Trump, que ha cumplido el primer año de mandato en la Casa Blanca, despejando las dudas que había sobre su comportamiento, mostrando que es un niño mal criado, rencoroso e inestable. La mayor parte de sus decisiones han servido para erosionar la imagen de EEUU en el mundo, debilitar las alianzas internacionales y aumentar los riesgos globales, y de paso la división interna en su país. Aupado a una bolsa neoyorquina que sube como la espuma y su reciente victoria en la reforma fiscal, siente el aliento del caso ruso y del fiscal Mueller cada vez más cerca de su cogote, y está por ver cómo podrá sobrevivir a él, pero descarten “impeachment” en breve o renuncias, el problema Trump persistirá. El tercer nombre es una sigla, MBS, príncipe heredero de Arabia Saudí, que se ha hecho con las riendas del poder en esa monarquía y, a pesar de que sigue reinando su padre, ejerce ya como soberano, al menos de las fuerzas militares. Impulsivo, decidido, arriesgado y sin escrúpulos, MBS quiere alterar la actual estructura de poder en Oriente Medio y disputar la victoria que, de momento, Irán se está llevando de calle. El cuarto nombre es Xi Jinping, el mandatario chino, que ha sido entronizado como nuevo emperador, y que regenta un poder que no deja de crecer en China y en el mundo entero. Si Trump agudiza la decadencia de EEUU, cosa que está por ver, Xi ya ha presentado su candidatura para ser el nuevo dirigente global, el faro, el representante del poder. China sigue creciendo a algo más del 6% anual y su papel en el mundo empieza a ser omnipresente. Frente a ella el resto cada vez pintamos menos, y bien que lo sabe Xi. En 2017 hemos hablado mucho de Corea del Norte y su cada vez más agresivo y efectivo programa de armamento, no tanto como en otros años de Siria, en su séptimo año de guerra, semiganada por Asad y sus amigos rusos, con un DAESH en retirada y desposeído del terreno que llegó a controlar, y apenas hemos dicho una palabra de la crisis de los Rohingyas en Myanmar, otra crisis humanitaria provocada por el sectarismo y al visión fanática, en este caso de los budistas frente a los musulmanes, que se traduce en lo de siempre. Muerte, miseria, huida y sufrimiento.


No se si en 2017 hemos aprendido lo que es una criptomoneda o el blockchain, pero sí parece que algunos espabilados le han sacado rendimiento a estos conceptos en forma de bitcoin, que ha multiplicado por veinte su valor hasta alcanzar una forma de burbuja perfecta a la espera de que reviente, o no. CRISPR, otra sigla, el genial sistema de edición genética, se ha revelado este año como una vía maravillosa para atacar enfermedades ante las que poco se podía hacer. Alphazero nos vapuleo en ajedrez y se ha convertido en la primer Inteligencia Artificial que, glups, parece realmente inteligente, y Juno nos enseñó un Júpiter de ensueño alucinógeno. En 2018 SpaceX de Musk promete lanzar su cohete pesado y acercarnos algo más a la Luna. A saber qué cosas buenas, malas, inesperadas, ocurrirán en ese año nuevo.

No hay comentarios: