De momento, al menos hasta esta hora de la mañana, la IA no ha acabado con nosotros, por lo que podemos sentirnos satisfechos. Quizás todavía esté planificando cómo hacerlo, de la manera más efectiva y elegante posible. Lo que sí es cierto es que las noticias de ciberataques contra infraestructuras de todo tipo no dejan de crecer, y en muchas está presente la IA, no por iniciativa propia, sino como herramienta utilizada por los hackers para disparar de manera exponencial la capacidad de sus ataques y el número de objetivos. Sí, las capacidades de la IA permiten convertir en vulnerable algo que ya lo era, pero que resultaba demasiado costoso atacar.
Hace unos días se ha sabido de un ataque sufrido por varias cadenas de supermercados franceses, desarrollado durante el fin de semana. La acción no consistía en penetrar en las cuentas del sistema financiero de la entidad y robar el dinero, o listados de clientes, o algo así, lo más habitual, sino en algo mucho más retorcido. Los atacantes, no se sabe claramente quienes, al parecer con el concurso de la IA, lograron entrar en los obsoletos sistemas que controlan la refrigeración de las cámaras en las que se conservan los productos frescos en los supermercados, esos armarios o arcones de puertas de cristal que contienen los helados, yogures y demás. Lograron hacerse con el control de los termostatos y, los muy capullos, no sólo no los apagaron, sino que dispararon su temperatura de trabajo hasta los 50 grados positivos. Como supondrán, cuando los empleados de los centros volvieron el lunes a sus puestos se encontraron con que prácticamente todo el género que estaba almacenado en esos refrigeradores se había podrido, o derretido. Todo echado a perder. Un montón de mierda. Kilos y kilos de comida de alto valor convertidos en pérdidas de una manera aparentemente tonta, pero sin duda brillante. Esas cámaras de refrigeración están conectadas a una central, donde indican si hay fallos de algún tipo, pero no usan tecnología punta que mida sus parámetros de una manera concienzuda. Requieren que alguien supervise en central los avisos que puedan dar en el caso de que algo se estropee. Un domingo no es el mejor día para que haya retenes de empleados en ninguna parte, y los que se encontraban de guardia en esa fecha o no vieron esa información o no les llegó. ¿Qué papel ha jugado la IA en este ataque?. Hay muchas vulnerabilidades conocidas en estos sistemas antiguos, pero simplemente el desconocimiento del software que emplean, su obsolescencia en no pocos casos, las ha protegido de intrusos y de modificaciones. Funcionan, pues no se tocan. Se ha perdido el conocimiento del programa que las gestiona, no hay problema de mientras vaya. Pero claro, par una IA de ahora el que los humanos no sepan cómo funciona un sistema informático no es obstáculo para que ella, que los domina todos, sea capaz de hacer con él lo que sea. Algo como el Mythos de Claude o incluso una IA no tan avanzada es capaz de encontrar vulnerabilidades en todos los sistemas conocidos, incluso aquellos para los que ya no hay personal ni manuales disponibles para ser arreglados. Quizás antes cada una de estas máquinas tenías softwares incompatibles, y atacar a un grupo de ellas requería una estrategia distinta en cada caso, pensemos en función de la marca del fabricante, pero eso para la IA no es un problema, si acaso algunos segundos más de cálculo. Alguien, retorcidamente, puso en su objetivo estos sistemas y es casi seguro que la IA le hizo gran parte del trabajo, y de ahí en adelante llegó el caos en forma de comida podrida.
Los daños causados no son pocos, aunque no suponen un desastre para las cuentas de los supermercados, pero sí dejan sobre la mesa la inseguridad creciente de todo sistema que pueda ser conectado a la red, ese Internet de las cosas que no deja de crecer en el que dispositivos de todo tipo, muchos en los hogares, interactúan en la red como si fueran bots para conseguir actualizaciones o configurar sus tareas, etc. Puede ser gracioso que un hacker mediante IA consiga hacerse con las luces de nuestra casa y nos monte una discoteca sin que lo deseemos, pero el escenario que se abre tiene muchas aristas, peligros, y costes desatados.
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