viernes, diciembre 10, 2010

Los ídolos en los que creemos

Los niños, adultos, hombres y mujeres, todos jalean los éxitos deportivos. Aplauden con rabia las victorias de los atletas y de sus equipos de fútbol, se alegran cuando ganan y entristecen cuando pierden. Siguen con pasión los avatares de sus equipos del alma y muchos conocen de memoria fechas en las que ganaron a otros, o perdieron. Lo más normal del mundo, solo que yo jamás he entendido este comportamiento, ni he logrado comprender como el deporte puede emocionar tanto, como se llega a idolatrar a alguien porque mete un gol o corre más. No lo comprendo.

La detención ayer de Marta Domínguez, campeona del mundo de atletismo, por estar involucrada en una trama de tráfico de sustancias dopantes llena hoy los periódicos de titulares en los que se habla de decepción, desilusión, mito caído y demás. Bueno, depende, para mi no era un mito porque no había hecho nada que resultara digno de especial admiración. Corría más rápido que otras, sí, pero eso no sirve para nada. Sin embargo es imposible no hablar del asunto del dopaje en el deporte, tema en el que yo siempre he mantenido una postura clara y polémica. El dopaje es universal, está por todas partes, todos los deportistas de élite de todas las disciplinas incurren en él y lo que llamamos juego limpio no deja de ser un ejercicio de hipocresía colectiva en aras de que ganen los nuestros y no los otros. Hoy es Marta Domínguez, ayer fue Contador, otros tantos en el pasado, y nuevas tramas vendrán en el futuro. Y en ciertos deportes no se detecta doping porque económicamente no conviene y, por tanto, no se permite investigar. No tengo duda alguna de cuantas sustancias estupefacientes ilegales se encontrarían en el vestuario del Madrid o el Barcelona si hiciesen una redada a horas intempestivas, como sucede con el ciclismo. Quizás ver un grupo de niños corriendo tras un balón o subiendo una cuesta en bici sea lo único que hoy en día se pueda llamar juego limpio. La profesionalización, el objetivo de rebajar las marcas cada vez más, la competitividad, los patrocinadores y el inmenso montaje financiero que existe tras el deporte (una estafa en sí mismo) obligan a tomar sustancias que mejoren el rendimiento, sí o sí. Es de hipócritas negarlo, y pensar que señores que ganan millones de euros si corren más o meten goles o sacan ajustados a la red o encestan no van a usar fármacos, drogas o demás sustancias. Si no lo hacen pierden la competición, y lo más importante, el patrocinio y el dinero. Al igual que un banco sólo puede ganar dinero a espuertas especulando un deportista de élite sólo puede mantenerse en ese puesto y ganar torneos tomando cosas que le permitan rendir por encima de lo humanamente posible. ¿Qué hay algunos más dotados que otros para ciertas disciplinas y que parten con ventajas naturales? Indudable, pero el punto, la milésima, la diferencia que separa el triunfo de la derrota no se obtiene ni con espaguetis ni con duro entrenamiento. Normalmente se asocia a pastillas de colores, bolsas de sangre y cosas extrañas y nocivas. Siendo serios con el doping lo único que puede hacerse es permitirlo, que todo sea transparente y se acabó. La única manera de eliminarlo es quitar el dinero, los medios de comunicación, el dinero y la atención del deporte. Al disminuir la presión caerán los incentivos a hacer trampas.

Se que predico en el desierto, y de hecho hace unas semanas tuve una discusión con uno de mis jefes, amante del deporte en general, sobre este asunto. Yo defendía mi teoría del doping extendido y él la negaba de plano. Hoy supongo que estará entristecido, y tiene motivos para que su fe en el deporte se haya resentido. En fin, nadie me hará caso, pero si quieren creer en personas y actitudes que realmente merecen la pena, olviden el fútbol y demás deportes y lean
el maravilloso discurso de aceptación del Nóbel que pronunció Mario Vargas Llosa este Miércoles, y piensen hoy, en la ceremonia de entrega, en el disidente chino Lu Xiaobo, encarcelado en China por pedir la libertad. Eso me parece digno de admiración y elogio, no un atleta o futbolista.

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