miércoles, septiembre 18, 2013

El fracaso de Obama en Siria


Cuando me fui de minivacaciones a Elorrio Siria dominaba la actualidad y titulares de los medios. Apenas cuatro días después para encontrar noticias sobre esa guerra uno debe rebuscar entre las páginas, esperar a los momentos muertos del telediario o rastrear las webs de los periódicos para encontrar enlaces al respecto, sepultados bajo toneladas de urgencias que, en apariencia, son mucho más nimias y que, igualmente, caducarán en breve plazo. Lo que ha sucedido para que la tensión se relaje en Siria (casi me dan ganas de reír al escribir esto) es que ha habido un acuerdo entre la diplomacia de EEUU y Rusia para eliminar las armas químicas de Assad.

Tras unos minutos de carcajadas por el acuerdo y el relajamiento, vuelve con fuerza mi asombro ante el ridículo en el que ha quedado EEUU en todo este asunto, el fracaso de Obama como líder internacional (y nacional) y la constatación de que Putin es un gran capullo que sabe lo que quiere y hará todo lo necesario para conseguirlo. Esa determinación le ha llevado al centro de la crisis siria y ha sido, junto con su aliado Assad, el gran triunfador de todo este rifi rafe mediático y diplomático, que ha expuesto demasiado las vergüenzas de algunos. La retirada en primera instancia del posible ataque del Reino Unido tras la votación en su parlamento ha impedido que los súbditos de su graciosa majestad sean escrutados por los ojos del mundo y su actitud fuera juzgada. Curiosa miniguerra la que empieza cuando uno de los clásicos contendientes abandona. Aparentemente no influido por este resultado, y con el apoyo de una Francia que veía nuevamente como el ardor guerrero le puede llevar a una posición de liderazgo internacional que ya no ostenta ni en sueños, EEUU con Obama y su Secretario de Estado, John Kerry, a la cabeza, se pasó días repitiendo un discurso bélico que ponía a Assad en el disparadero y se llenaba de argumentos humanitarios y de seguridad global. Impecable y cierto, sí, los cuatro días que duró, porque poco a poco las dudas surgieron en el despacho oval, y en un finta que suponía el primer requiebro, Obama decidió que esa intervención, pese a que podía ser llevada a cabo por su cuenta y riesgo, como sucedió con la caza de Bin Laden, iba a ser sometida a voto en las cámaras para otorgarle mayor legitimidad. Y fue abrir ese melón y empezar a desinflarse el ardor guerrero, bien porque Obama no quería intervenir e iba a usar la oposición de las cámaras como excusa, o porque deseando atacar cometió el error de plantear esa intervención ante un Senado y Cámara de Representantes que deseaban, por encima de todo, dar un revolcón al presidente. Un voto en contra hubiera supuesto, de facto, el final de la presidencia de Obama, deslegitimado como comandante en jefe de los EEUU, algo que aquí nos puede sonar muy peliculero pero que allí tiene un peso y una relevancia enormes. La cuestión es que de mientras en EEUU la posición se embrollaba, en Rusia todo era mucho más sencillo. El objetivo era único, defender a su aliado Assad, y para ello se haría todo lo necesario. Así de fácil. Si tienes una estrategia marcada y no cambias el rumbo poco te importan los acontecimientos que se sucedan, y ante la negativa de unos, la empanada mental de otros y el silencio general, Rusia acabó por dominar unas reuniones diplomáticas en la que los enviados de Putin eran los únicos que tenían poder, influencia y determinación en la mesa. Cierto es que Francia seguía queriendo intervenir, pero, no nos engañemos, el poder de París influye mucho a la hora de negociar las cuotas agrarias y lácteas de la PAC, pero no sirve para nada más.

Por ello, el acuerdo entre EEUU y Rusia para supervisar internacionalmente el desmantelamiento del arsenal químico sirio (jojojojojo) fue alabado por los medios afines a Moscú, recibido con alborozo en medio mundo y admitido como un fracaso por los medios norteamericanos. Seamos sinceros. Ese acuerdo es una gran mentira que va a permitir a Assad seguir en el poder, mantener sus armas, de todo tipo, usarlas cuando quiera y, probablemente, ganar la guerra. Y permite a EEUU salir por patas de un atolladero en el que se metió sin saber cómo salir, con una ingenuidad digna de estudio, que ha dañado su prestigio internacional, capacidad de influencia e imagen. ¿Y la guerra en Siria? Ahí sigue, con cientos de muertos al día, pero, otra vez, no le vuelve a importar a casi nadie…..

No hay comentarios: